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Revista mexicana de investigación educativa

versión impresa ISSN 1405-6666

RMIE vol.15 no.45 México abr./jun. 2010

 

Reseña

 

Experiencias educativas entre los mayas de Yucatán. Retos y debilidades

 

Salvador Sigüenza Orozco

 

Lizama Quijano, Jesús (coord.) (2008).Escuela y proceso cultural. Ensayos sobre el sistema de educación formal dirigido a los mayas, México: CIESAS.

 

Investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Pacífico Sur. Dr. Federico Ortiz Armengol 201, Fracc. La Luz la Resolana, col. Reforma, CP: 68050 Oaxaca, Oaxaca, CE: salvadorsgz@yahoo.com

 

El libro Escuela y proceso cultural contiene, en su mayoría, textos de antropólogos; pero también presenta una mirada filosófica, educativa e histórica de un tema que ha sido discutido desde antes del siglo XIX: lo que durante mucho tiempo se llamó el problema indígena. Particularmente, los siete ensayos se refieren al sistema de educación formal que recibe la niñez maya en Yucatán. Un elemento importante para comprender el proceso de educación que actualmente se dirige a los indígenas mexicanos, es el conocimiento de los antecedentes históricos del mismo, tema abordado en los ensayos de Jesús Lizama, Gabriela Solís y sobre todo por Martha Patricia Mendoza quien en "Historia de la educación rural en Yucatán (1915–1940)" se refiere al proceso de construcción de la identidad nacional a través de mecanismos escolares, en los que la castellanización y la alfabetización se consideraron fundamentales para homogeneizar la nación.

Recuperando algunos de los criterios de la gestión educativa de los gobernadores Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto, la autora señala ciertos elementos y características de la incipiente escuela mexicana: la necesidad de improvisar maestros (aunque algunos se contrataron fuera de Yucatán o jóvenes yucatecos se enviaron a la ciudad de México a estudiar para docentes), la cualidad racional que debería tener la enseñanza, el ejercicio de la docencia sólo por personas liberales, incluso las sanciones a los padres que no enviaran a los niños a la escuela. Junto con las campañas sociales impulsadas desde las aulas, también se manifestó la complicidad de maestros con hacendados, quienes los nombraban a cambio de ciertas omisiones en el cumplimiento de sus responsabilidades, lo que motivaría el establecimiento de Consejos de Maestros en sustitución de los directores de escuela. De estos años data también el proyecto de la Escuela de Agricultura en la Quinta San Pedro Chuminópolis, de efímera vida (1915–1916).

A finales de los años veinte empezaron a llegar a Yucatán las escuelas de la SEP, aunque al principio su acción fue marginal y se hará evidente a partir de los treinta. Sin embargo el panorama era de escuelas en condiciones deplorables, funcionando en "cabañas mayas antihigiénicas", lo que hizo apremiante la construcción de escuelas y anexos, responsabilidad encomendada a los padres de familia y autoridades locales. En este contexto se practicaba la enseñanza de español y existían grupos preparatorios, cuyo objetivo era precisamente "preparar" al niño para su ingreso a la escuela primaria. Dicho ensayo concluye con la escuela socialista de los años treinta, la que propició el trabajo material, educativo, social y económico. La idea de que las actividades laborales cotidianas de la población impulsaban la construcción y la grandeza de la nación, provocaron la organización de cooperativas y de sindicatos, labor en la que los maestros participaron activamente, así como en la solicitud de dotación o restitución de tierras.

Una vez considerado este antecedente, los demás ensayos son información parcial de investigaciones que incluyeron trabajo de campo entre diferentes grupos de población: fundamentalmente maestros y familias; además de ubicarse en contextos urbanos y rurales. Asimismo, son resultado de la observación directa, del muestreo y de la aplicación de entrevistas. Por ello presentan cuadros e indicadores que permiten una mejor comprensión de los temas abordados y profundizan más en el análisis.

Para seguir un orden de edad biológica, me referiré primero al trabajo de María Dolores Cervera Pacheco: "La construcción cultural de los niños mayas en Yucatán". A partir del estudio de "criaturas" de 4 a 36 meses, la autora se refiere a distintas formas de socialización y a la construcción de la diferencia cultural, específicamente entre población de Popolá, Kiní, Yotholin, Pustunich, Xaya y Pencuyut, de la que establece sus particularidades económicas y productivas. Cervera señala, con base en literatura de prácticas de crianza y desarrollo, la importancia de los saberes maternos para que los niños entiendan y "terminen de recordar su viento" (responsabilidad). Es decir, sean abusados al insertarse adecuadamente en la sociedad a la que pertenecen. La construcción cultural que las madres enseñan en esta etapa se fundamenta en el respeto: aprender a saludar es parte esencial de las formas de relación del niño. Sin embargo, este proceso temprano de socialización va a suscitar las posteriores quejas de algunos maestros de primaria, para quienes el rezago educativo se da porque los padres no entienden y mandan a los hijos a trabajar la milpa.

Este rechazo nos conduce al texto de Jesús Lizama: "Un panorama del sistema de educación intercultural bilingüe en Yucatán", que entre otros temas aborda, precisamente, las continuidades y rupturas entre el proceso de socialización primaria (el de la casa) y el de socialización secundaria (el de la escuela formal). Con algunos datos el autor señala la situación actual de un modelo educativo surgido en la Revolución, con un modelo nacional al que paulatinamente se le han ido "arrancando" cesiones hacia las diferencias regionales. En la actualidad los mayas son entre 30 y 60% de la población de Yucatán (según lengua y auto–adscripción); 8% son monolingües; el promedio de escolaridad es de 4.1 años. Los espacios de reproducción de la lengua maya —y de la cultura— se reducen al ámbito comunitario y familiar. Esta población recibe —o debería recibir— una educación bilingüe, al menos en los niveles de enseñanza inicial, preescolar y primaria. Sin embargo, la educación en general —y en particular la dirigida a los indígenas— presenta muchos problemas: primarias unidocentes, improvisación o ausentismo de profesores, incumplimiento del horario escolar, inoperancia de programas compensatorios, escuelas en condiciones materiales deficientes o lamentables. Mientras estas condiciones no sean debidamente analizadas, encausadas y comprendidas, hablar de educar en la diversidad o de educación bilingüe, bicultural o, ahora, intercultural; no dejará de ser más discursivo que efectivo. Entre otros elementos de reproducción, la educación ha generado una sociedad jerárquica. ¿No acaso el sistema educativo dirigido a los indios se llama indígena y el "otro" recibe el calificativo de formal? Así, el lenguaje es uno de los primeros elementos que transmite y genera desigualdad.

Esto nos lleva a preguntar: ¿cuál es el papel del maestro? Más aún, ¿quiénes son y qué problemas tienen estos docentes? En parte, el trabajo de Jesús Lizama y Gabriela Solís titulado "Los maestros indígenas frente a su ejercicio docente" nos permite ciertas aproximaciones a este universo. A partir de una serie de entrevistas realizadas a cincuenta maestros (la mayoría entre 40 y 55 años) y a igual número de padres de familia, durante el ciclo escolar 2005–2006, Lizama y Solís detectaron los principales problemas en el ejercicio docente así como la motivación para abrazar esta profesión. Las razones para ser maestro bilingüe son: el origen propio similar al de los alumnos; la intención de mejorar las condiciones de vida de alumnos y ser una opción laboral.

Los principales problemas que enfrenta el nivel educativo están en la lecto–escritura, los índices de reprobación, la deserción, el desplazamiento de la lengua maya, la renuencia de los alumnos a aprenderla. Además hay otros de comunicación con padres mayahablantes, muchos docentes son de avanzada edad, se carece de materiales didácticos, faltan maestros especializados (educación física, artística y especial), la infraestructura es deficiente y las escuelas son de grupos multigrado. De manera sintomática se señalan problemas en la lecto–escritura pero no en el habla; para enfrentarlos se parte de que "todos los niños hablen maya". Teresa Pool señala que la formación de docentes debe profesionalizarse, exigiendo ciertos requisitos: ser licenciados en educación, mayahablante, tener el español como segunda lengua así como los conocimientos pedagógicos o experiencia frente a grupo. También será necesario recibir cursos de capacitación en los que se incluyan conocimientos sobre elaboración de materiales, estrategias de enseñanza y evaluación. Para revertir o intentar subsanar la insuficiente formación de los docentes, se sugiere el impulso más decidido a la labor de instancias como la Universidad Pedagógica Nacional, que surgió localmente a finales de los ochenta.

Los tres estudios que completan el libro tienen que ver con la vida cotidiana y con el uso de la lengua maya. En "Vida cotidiana, cultura y socialización entre los niños y jóvenes de un albergue escolar indígena", Virginia Noemí Prieto estudia el albergue indígena Santiago Pacheco Cruz, al que asisten niños de 5 a 14 años; la institución se ubica en Tiholop (Yaxcabá) y la autora lo caracteriza como un espacio social intermedio entre el hogar y la escuela, que permite regularizar la asistencia, mejorar la alimentación, así como estimular la permanencia y participación infantil en la escuela. Al ser una institución subsidiada recibe apoyos oficiales (SEP, CONAFE, LICONSA, DICONSA, CDI, IMSS, Oportunidades); pero los padres de familia están obligados a cubrir las actividades del internado, particularmente las productivas. Desde una mirada antropológica interesada en los niños, la autora señala no sólo la importancia del albergue como elemento de socialización y de reproducción cultural, en el que se tiene acceso a un nuevo espacio, complejo y organizado; también refiere elementos que influyen en la percepción social de lo que es un albergue, poniendo énfasis en la baja escolaridad de las madres de familia.

Por otra parte, Juan Carlos Mijangos y Fabiola Romero realizan algunas propuestas, tal vez un poco utópicas, para mejorar la educación indígena: el personal docente debe conocer la lectura y la escritura maya para enseñarla; impartir el español como segunda enseñanza; extender la educación bilingüe en secundaria y preparatoria, entre otras. En este último caso, me atrevo a sugerir que primero debe consolidarse el sistema en primaria, pues los retos y debilidades apuntados a lo largo del libro permiten considerar que es necesario afianzarlo. Las propuestas de Mijangos y Romero, contenidas en "Usos del español y el maya en la educación primaria bilingüe en Yucatán. Un aspecto de la desigualdad", se basan en el estudio realizado en nueve primarias indígenas mediante descripciones etnográficas de las prácticas sociales, el mundo cotidiano y los procesos de socialización. Los autores enfatizan el uso del lenguaje como artefacto cultural que, además de otorgar significado a las cosas, se convierte en elemento de mediación cultural. Y al hablar de lenguaje hablamos de la oralidad maya, de experiencias de escritura indígena y de relaciones sociales, inequitativas en la medida que el bilingüismo no deja de ser enunciativo.

Existe un libro que se llama Porque hablar dos idiomas... es como saber más. Tal vez a eso se refiera Teresa de Jesús Pool al comentarnos a través de "Que todos los niños hablen maya. El programa Ko 'one' ex Kanik Maaya a 15 años de su implantación". Dicho programa inició en 1990, considerando que la escuela formal transmite prejuicios y estereotipos y sobre todo que era importante recuperar la lengua y la cultura mayas; empezó en los suburbios de la ciudad de Mérida, con la finalidad de implantar en niños no hablantes de maya el uso de cuatro habilidades comunicativas: comprensión auditiva; producción oral; comprensión de la lectura y producción escrita. A pesar de la renuencia de padres y de profesores, el programa llegó a trabajar en 66 primarias y 25 secundarias, convencido de la necesidad de revalorar la lengua maya con el apoyo de los maestros. Los objetivos del mismo fueron: favorecer el pluralismo cultural y la equidad social, así como garantizar la vigencia de la lengua maya. La autora señala que el principal logro fue tomar conciencia del valor de la lengua maya.

Me he referido a algunos aspectos presentes en los ensayos: la marginación y pobreza, la desigualdad, el analfabetismo, la deserción, la reprobación y la discriminación; en general, las carencias del subsistema de educación indígena. Indudablemente no son temas nuevos, la cuestión es, ¿por qué siguen teniendo vigencia? Es importante decirlo, porque no se han logrado cambios significativos y porque hay que realizar más cambios. Las necesidades comunicativas actuales tienden a la riqueza y a la diversidad, pero esto no debe ser sólo un discurso sino un ejercicio cotidiano. Conocer más permite comprender mejor. Este es un problema actual, en un contexto en el que el concepto intercultural no se comprende cabalmente.

En términos históricos, el desplazamiento de la lengua maya ha transformado los usos y repertorios locales, modificando la relación entre lenguaje y experiencia cultural acumulada. Dicho desplazamiento, a través de un proceso de sustitución, tiene que ver con el discurso público transmitido, fundamentalmente, por la escuela, el cual se puede caracterizar por: su valor simbólico, su ejercicio, su manipulación y sus consecuencias. Estas características permiten una primera aproximación a los procesos y tensiones que se presentan cuando una lengua —en este caso, escrita— desplaza a otra —generalmente oral—, propiciando el surgimiento de la categoría de discurso oculto y de fenómenos de discriminación y proscripción. En tanto las lenguas no tengan una relación si no de igualdad por lo menos de equilibrio, las relaciones sociales seguirán reproduciendo y ahondando desigualdades. Por ello textos, como el coordinado por Lizama, construidos a partir de la experiencia diaria y del sentir y saber de los directamente involucrados en las tareas educativas y en la conservación y reproducción de la lengua maya, brindan elementos para reflexionar sobre el tema, sobre todo en una cultura tan pródiga.

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