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Revista mexicana de investigación educativa

Print version ISSN 1405-6666

RMIE vol.14 n.43 México Oct./Dec. 2009

 

Editorial

 

Seguir trabajando con fe en lo que creemos*

 

Amigos que me acompañan en este presidium:
Amigas y amigos todos:

Estoy profundamente emocionado y profundamente agradecido. La presencia y el cariño de todos ustedes me abruma y me enternece.

Agradezco al CINVESTAV este reconocimiento que considero altamente honroso, dada la calidad académica y el prestigio nacional e internacional de la institución que me lo ha otorgado.

***

Doctor René Asomoza: usted ha puesto un gran esmero en la preparación de esta hermosa ceremonia, histórica para el CINVESTAV e histórica también para mí. Gracias por sus generosas palabras sobre mi persona.

Maestro Juan Carlos Romero Hicks y doctor Enrique Villa Rivera: interpreto su presencia, con la representación nacional de sus instituciones, como una alta distinción que me honra, y la agradezco.

Maestro Alonso Lujambio, secretario de Educación Pública: su presencia y las significativas palabras que me ha dirigido son, además de un testimonio de afecto personal, un reconocimiento de la Secretaría de Educación a la labor profesional de toda mi vida, procurando con los medios de que disponía, mejorar la educación de mi patria. Esto me llena de satisfacción; muchas gracias. A lo que usted ha dicho, se suma la presencia hoy de dos exsecretarios de Educación: Fernando Solana y Miguel Limón, que han querido manifestarme así, además de su generosa amistad, su reconocimiento por mi labor. Otros dos ex secretarios, el doctor Reyes Tamez y el licenciado José Ángel Pescador me llamaron en estos días con el mismo objeto.

Gracias también a mi buena amiga Susana Quintanilla y a su eficaz colaboradora, Verónica Arellano, por haberse hecho cargo de todos los detalles de esta emotiva ceremonia.

***

Veo este auditorio lleno de rostros: de parientes, de amigas y amigos.

Una nutrida representación de mis familiares, encabezada por Guadalupe, mi hermana mayor, ha querido acompañarme. Su presencia me hace evocar a mis padres y hermanos, pues fue mi hogar el que me transmitió los valores humanos y cristianos que siempre me han guiado.

También ha querido hacerse presente otro también nutrido grupo: el de mis colegas y amigos de mi Instituto en la UNAM, encabezado por nuestra secretaria académica; manifiesto mi agradecimiento a esta institución y la generosidad que siempre me ha dispensado.

Muchos de ustedes representan instituciones que me son muy queridas, como el Consejo Mexicano de la Investigación Educativa (COMIE), el Instituto de Investigación para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana, el Observatorio Ciudadano de la Educación, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, el Colegio de México y otras muchas.

Varios de ustedes, no pocos, han venido de lejos para acompañarme. Veo, por ejemplo: a un buen amigo de la Universidad de Colima, a otro de Hermosillo, otro del CETYS de Mexicali, a personal del CREFAL, de Pátzcuaro, también a viejos amigos de Guadalajara, León y Aguascalientes, a otros que han venido de Xalapa y de Coatepec, Veracruz, y otros más que proceden de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

Aprecio también por lo que significa la presencia de numerosos investigadores del CINVESTAV, que subraya la importancia de este primer doctorado honorífico que otorga su institución.

No podría hacer una enumeración completa, y me disculpo por las omisiones.

La presencia de todos ustedes hoy, repito, me conmueve: en los rostros de muchos veo una expresión que es mezcla de alegría y de tristeza: como que saben –como también lo sé yo– que "ya atardece, y el día va a terminar pronto". Desde mi perspectiva de "espera cierta e incierta" en que me encuentro, agradezco a todos ustedes su afecto y su cariño en estos momentos.

***

El Doctorado Honoris Causa que se me ha conferido merece mi especial estimación por varias razones. Además de ser el primer grado honorífico que otorga el CINVESTAV (como se ha dicho), esta institución ocupa un lugar de vanguardia en el panorama nacional de la investigación científica y de la formación de investigadores: su prestigio acompaña naturalmente al reconocimiento que he recibido.

Por otra parte, el CINVESTAV, al elegirme a mí, ha dado una clara muestra de que la educación –y la investigación educativa– constituye para él una alta prioridad. Al reconocerme, sé que también está reconociendo a todos los investigadores de la educación del país, que simbólicamente de alguna manera represento. Mis colegas y yo hemos recorrido arduos trayectos, durante muchos años, para roturar y legitimar un nuevo campo de investigación científica: el de la educación como objeto de estudio interdisciplinar; y me alegra que así se reconozca.

Hay otro hecho que también agradezco de corazón: me he enterado de que mi candidatura fue presentada por el Departamento de Investigaciones Educativas (le llamamos siempre el DIE). Me une al DIE una historia de casi cuarenta años cuando, desde el Centro de Estudios Educativos que había yo fundado en 1963, di la bienvenida a la fundación del DIE en 1970. Fuimos instituciones gemelas que nos complementábamos en la tarea común de realizar investigaciones sobre la educación y formar investigadores. Con su fundador, Juan Manuel Gutiérrez Vázquez, llevé una amistad ininterrumpida, fincada en mi admiración por él como ser humano excepcional, científico y educador, amistad que no se ha desvanecido por su muerte hace ocho meses. Hoy evoco a Juan Manuel, que fue mi principal nexo con el CINVESTAV, y lo siento aquí presente, como testigo gozoso de esta ceremonia.

Sólo me resta mencionar a la persona más importante en mis pensamientos en estos momentos: Sabes muy bien, María Matilde, que este Doctorado es también tuyo, por tu apoyo incondicional, por tu cariño y por cuanto significas para mí.

***

Esto es lo que quería yo decir al expresar mi agradecimiento por el Doctorado Honoris Causa que he recibido.

Por lo demás, estoy convencido de que hay que seguir trabajando con fe en lo que creemos. Lo que nos corresponde a todos –creo que para eso es la vida– es construir esperanza, abrir horizontes, tender puentes hacia un futuro mejor, sembrar alegría. Y se construye esperanza invocando nuestras utopías y trabajando tenazmente por realizarlas, hasta el último día de nuestra vida.

 

Muchas gracias
Pablo Latapí Sarre

 

 

Nota

* Palabras del doctor Pablo Latapí al recibir el Doctorado Honoris Causa del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, el 18 de junio de 2009.

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