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América Latina en la historia económica

versión On-line ISSN 2007-3496

Am. Lat. Hist. Econ  no.35 México ene./jun. 2011

 

Artículos

 

Las fuentes estadísticas para el estudio del comercio exterior mexicano entre 1920 Y 1947

 

Isabel Avella Alaminos*

 

Fecha de recepción: junio de 2009
Fecha de aceptación: diciembre de 2009

 

Resumen

En este artículo la autora identifica, examina y confronta las principales series estadísticas disponibles para estudiar el valor del comercio exterior de México entre 1920 y 1947, cuando tuvo lugar la transición del país hacia el modelo de sustitución de importaciones. A partir de ello, establece el porqué de las diferencias que existen entre dichas series, así como sus limitaciones, con el fin de que los estudiosos del tema sepan las implicaciones de trabajar con estas fuentes.

Palabras clave: Comercio exterior, México, estadísticas, siglo XX.

 

Abstract

In this article the author identifies, examines and compares the main statistical data which is available to study the value of Mexico's foreign trade between 1920 and 1947, a period when the country entered the import substitution era. Based on this analysis, the author establishes the origin of the differences between the series, and also points out its limitations, so that the researchers interested in the topic are aware of the nature of the data they must deal with.

Key words: Foreign trade, Mexico, statistics, twentieth century.

 

INTRODUCCIÓN

La primera sorpresa con la que se topan, con frecuencia, los investigadores del México contemporáneo, es la dificultad para seleccionar sus fuentes, sea por las limitaciones para la consulta de estas, la desorganización o virtual desaparición de la información, o la abundancia y disparidad de las cifras disponibles.

El presente artículo ilustra este problema a partir de la identificación, el examen y la confrontación de las estadísticas con las que contamos para estudiar el comercio exterior de México entre 1920 y 1947, fase en la que la estructura de dicha actividad se transformó. Hacia 1920, al finalizar la revolución, México exportaba bienes poco elaborados, en particular minerales y vegetales, e importaba bienes de todo tipo, muchos de ellos de consumo final e intermedios; carecía de un programa de financiamiento gubernamental para realizar dichos intercambios y, aun cuando su principal socio comercial era Estados Unidos, llevaba a cabo transacciones más o menos significativas con otros países. Para 1947, cuando inició de manera formal la era de la sustitución de importaciones al introducirse las licencias de importación, su canasta de exportaciones se había diversificado e incluía una mayor proporción de ganado y manufacturas; el país había devenido un importador destacado de bienes intermedios y de capital, con amplia intervención del Estado en la materia y una dependencia absoluta del mercado estadunidense.

La elección de qué estadística de comercio exterior utilizar no es trivial pues, como se muestra en el texto, las diferencias entre los datos llegan, en ocasiones, a órdenes de magnitud de 80%, y no siempre es claro el porqué de ellas. Un precedente importante de esta clase de análisis es la obra de Sandra Kuntz, quien construyó una serie alternativa sobre comercio exterior para 1870–1929 con base en las estadísticas compiladas por los principales socios de México.1 Puesto que dicha serie termina en 1929, resulta pertinente dar a conocer las características de los datos que se generaron entre 1920 y 1947 para que los investigadores interesados en la historia del comercio exterior de ese lapso sean conscientes de las debilidades y posibilidades que presentan dichas fuentes. Si bien no fue posible acceder a las estadísticas extranjeras para comparar la confiabilidad de la información mexicana, se revisaron algunas fuentes británicas y estadunidenses. La documentación se consultó en la biblioteca de El Colegio de México, la Hemeroteca Nacional de México y la Mudd Library de la Universidad de Yale.2

 

LAS FUENTES ESTADÍSTICAS DISPONIBLES

La evolución del valor del comercio exterior de México entre 1920 y 1947 quedó registrada en diversas fuentes de tres tipos: la documentación que generaron las instancias del gobierno mexicano involucradas en dicha actividad, la difundida por instancias internacionales de la época y la elaborada por estudiosos del tema.3

Respecto al primer grupo, la información pormenorizada (valor, volumen, capítulos arancelarios, artículos intercambiados, destino, origen, aduanas y aranceles) de las exportaciones e importaciones mexicanas entre 1920 y 1932, inclusive, fue publicada por el Departamento de la Estadística Nacional (DEN) en su Anuario estadístico. Comercio exterior y navegación.4 A partir de 1934, la divulgación de dichas estadísticas quedó en manos de la Secretaría de la Economía Nacional (SEN) a través de la Dirección General de Estadística (DGE). Entre 1920 y 1940 el valor del comercio exterior se dio a conocer, además, en la Memoria de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

En un inicio, la SEN publicó la información en su Estadística de comercio exterior; en la búsqueda realizada sólo fue posible localizar los volúmenes con los datos de 1929 y 1933. Desde 1941, la DGE incluyó los datos relativos al comercio exterior mexicano en una publicación general, el Anuario estadístico de los Estados Unidos Mexicanos, que incluyó cifras generales desde 1519 y presentó detalles de las importaciones y exportaciones de México de 1939 en adelante. Una versión resumida de estos datos se difundió en Compendio estadístico, publicado desde 1940. Asimismo, en la Memoria de la SEN del periodo 1945–1946 se reprodujeron los valores del comercio exterior de México entre 1934 y 1946. En 1947 la SEN devino la Secretaría de Economía (se) y continuó publicando el Anuario, además de que ese mismo año editó el libro Desarrollo de la economía nacional, 1939–1947, en donde recogió cifras del valor general y por tipos de bienes de los intercambios realizados por México. Ahora bien, desde su creación en 1937, el Banco Nacional de Comercio Exterior (BANCOMEXT) publicó en forma regular información minuciosa sobre la actividad. El primer volumen que editó, México exportador (1939), prestó más atención a las exportaciones (les dedicó una de sus tres partes), pero los siguientes títulos —Comercio exterior de México— abundaron en ambos rubros. El Banco de México y el grupo de trabajo de la Secretaría de Hacienda (BANXICO–SHCP) reprodujeron datos de comercio exterior desde 1939 en el mimeografiado Manual de estadísticas básicas para el análisis y proyecciones del desarrollo económico de México (1964). Años más tarde, el INEGI difundió parte de las cifras oficiales hasta ahora mencionadas en sus Estadísticas históricas.

La información generada por instancias internacionales de la época puede dividirse a su vez en dos grupos: la de los gobiernos de los principales socios comerciales de México y la manejada por organismos multinacionales de diversa índole. Las dos fuentes más asequibles del primer conjunto son las de Gran Bretaña y Estados Unidos. Con base en la información provista por los cónsules británicos, el Department of Overseas Trade publicó varios folletos —al parecer anuales— relativos a la situación económica de México,5 que incluyen datos sobre el comercio exterior del país, en particular, de sus intercambios con Gran Bretaña. Por su parte, el gobierno estadunidense difundió estadísticas sobre la trayectoria general del comercio exterior mexicano en algunos de los reportes comerciales anuales del Department of Commerce; la Tariff Commission publicó cifras más completas de las importaciones y las exportaciones mexicanas en The Foreign Trade of Latin America (1940), pues reprodujo el valor que tuvieron entre 1924 y 1938.

Dentro de las publicaciones de organismos multinacionales destacan las de la Liga de Naciones —cuya disponibilidad en los acervos mexicanos es, desafortunadamente, limitada— y de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). En las décadas de 1920 y 1930, la primera publicó varios compendios estadísticos sobre el comercio internacional, registrado por países, en donde recuperó datos desde 1912 en adelante. Por su parte, la CEPAL compiló información que publicó en varios volúmenes, como América Latina: relación de precios de intercambio, en donde presentó estadísticas comerciales referentes a México desde 1928.

De las reconstrucciones hechas por varios investigadores en el siglo XX, además del trabajo de Sandra Kuntz ya mencionado, cabe recuperar las cifras de J. E. Sterret y J. S. Davis para los años veinte; la serie ofrecida por Enrique Cárdenas, primero en La industrialización mexicana durante la gran depresión,6 y luego en La Hacienda pública y la política económica 1929–1958,7 con datos desde 1925, y el libro colectivo El desarrollo económico de México y su capacidad para absorber capital del exterior,8 en el cual Raúl Ortiz Mena, en colaboración con otros autores, difundió una serie del comercio exterior de México cuyo punto de partida fue 1939.

De esta suerte, la falta de referencias no es, en este caso, escollo alguno para abordar el tema del comercio exterior de México en las primeras tres décadas de la posrevolución. Sí lo es, en cambio, la tarea de seleccionar cuál estadística tomar como base.

 

EL PUNTO DE REFERENCIA

Para cotejar las series existentes referentes al comercio exterior mexicano entre 1920 y 1947 se seleccionó una serie como punto de referencia para comparar los demás datos. Las dos instancias que publicaron series anuales del valor de las importaciones y las exportaciones mexicanas de todos los años del periodo fueron la SEN —luego se— y el BANCOMEXT. Los otros organismos mexicanos e internacionales, así como los estudiosos del tema antes señalados, editaron valores para periodos más cortos. A diferencia de BANCOMEXT, la SEN dio a conocer las series íntegras de comercio exterior en una misma publicación, el Anuario estadístico de los Estados Unidos Mexicanos,9 con criterios muy semejantes para cada año y con datos desglosados (valor y volumen de exportaciones e importaciones, principales mercancías y socios comerciales, entradas y salidas por aduanas). Una ventaja adicional de esta serie es que contiene una explicación pormenorizada de cómo fue elaborada, es decir, sabemos, en términos generales, qué criterios y datos se usaron para armarla. La SEN registró valores de comercio general, por lo que en las exportaciones se consideraron las mercancías nacionalizadas —bienes extranjeros que se importaron y después se exportaron— y los artículos extranjeros que sufrieron alguna transformación en México. En las importaciones no se incluyeron los valores de las compras destinadas a los perímetros libres, áreas con un régimen arancelario excepcional. Aunque entre 1920 y 1928 las importaciones mexicanas se computaron por su valor de factura en oro nacional, la SEN presentó dichos valores en moneda de plata para uniformar los datos y permitir su comparación con las exportaciones, que se valuaron en plata. En virtud de estas características, decidí emplear la serie de la SEN como parámetro para cotejar las demás series, tanto en pesos como en dólares.

La SEN abrevó, a su vez, en varias fuentes para elaborar su Anuario. Recuperó cifras de documentos aduanales de las oficinas mexicanas de pesca en el extranjero, de la Oficina de Impuestos Especiales para el cobro del impuesto de minería de la SHCP, así como del BANXICO para los datos de barras y monedas. El monto de las exportaciones se tomó de las declaraciones de los exportadores en las aduanas, free on board (FOB) —sin incluir los gastos por certificación consular, derechos aduanales, fletes ni erogaciones por carga y descarga en el puerto mexicano de salida—, a las cuales se restó el valor de los impuestos de exportación y el aforo.10 La SEN publicó el monto de las importaciones consignado en las facturas comerciales en puerto terrestre o marítimo mexicano, cost, insurance and freight (CIF), es decir, incluyendo el costo del transporte y el seguro pagado para salvaguardar las mercancías desde su punto de salida en el extranjero hasta su llegada a México.

Pese a que la SEN explicita su metodología, hay que tomar con reserva algunos detalles e inconsistencias. Aun cuando en la introducción de los Anuarios se indica que el valor de las importaciones CIF se basa en las facturas comerciales, para el inicio de los años veinte la SEN manejó los datos de importación de los Anuarios de comercio y navegación, en los que se aclara que la información fue recogida de las facturas consulares, FOB .11 La raíz de esta incongruencia podría explicarse, quizá, por un lapsus de escritura copiado por el Anuario. Al recopilar las series previas a 1939, la SEN pudo haber reproducido tal cual la explicación inicial que aparecía en los informes de la época, como la Estadística del comercio exterior (1934). En esta última se precisa que se emplearon los valores de importación de las facturas consulares, CIF;12 sin embargo, es más factible pensar que las cifras de la Estadística posteriores a 1922 provienen de las facturas comerciales, que sí registraban valores CIF. De ser así, la confusión obedecería a la repetición de la omisión de la Estadística en los Anuarios de la SEN.

Otra debilidad de los Anuarios reside en la discontinuidad en las fuentes a partir de las cuales se construyeron las series de ciertas mercancías. Las cifras de las exportaciones de petróleo y sus derivados que empleó la SEN se valuaron, hasta 1938, según los precios medios mensuales de materias similares cotizadas en el mercado de Nueva York, descontándose los impuestos pagados a Estados Unidos, los costos de transporte y otros gastos. En cambio, desde 1939 los registros del valor del petróleo se basaron en la información del Departamento de Control y Estadística de Petróleos Mexicanos, y no sabemos si con los mismos criterios. Por otro lado, el precio de los metales exportados se obtuvo del promedio aritmético mensual de sus cotizaciones diarias en el mercado de Nueva York u otra plaza importante, convertido a pesos con base en la media mensual del tipo de cambio del dólar. Ahora bien, hasta 1940 los productos minero–metalúrgicos exportados se valuaron de acuerdo con los precios de los metales puros o aprovechables en el ámbito comercial en los mercados de Nueva York y otras plazas de Estados Unidos y Gran Bretaña, pero desde 1941 se aplicó a los contenidos metálicos de dichos productos un valor calculado más acorde con el real.13 Desde julio de 1944 los montos de esta clase de bienes se obtuvieron de los precios fijados por la SHCP para el cobro de impuestos. Esta serie de variaciones en los criterios de registro implica que los datos sobre el intercambio de algunos bienes no son del todo comparables, por lo que sólo podemos tener una idea aproximada sobre cómo evolucionó su compraventa.

Pese a ello, las series que la SEN recogió en sus Anuarios constituyen un buen punto de partida. Con base en ellas, es posible obtener un grupo de datos más aproximado sobre las transacciones mercantiles reales que se llevaron a cabo entre 1920 y 1947 al restar a las cifras de los Anuarios las transacciones no mercantiles, cuyo monto estimé gracias a los registros de dicha publicación, otros documentos de la SEN y del BANCOMEXT (véase cuadro 1). En este sentido, es pertinente advertir que hasta antes de 1931, la clasificación mexicana de exportación no contemplaba una categoría especial para la salida de monedas, acciones, billetes ni otra clase de valores; así, por ejemplo, en la estadística relativa a 1933 la exportación de oro y plata acuñados se incluyeron en el capítulo de materias minerales, en tanto que las acciones, bonos, billetes, etc., pasaron al capítulo de productos manufacturados diversos, para presentar los datos en forma homogénea respecto a los registros por capítulos arancelarios de años anteriores y poder comparar así dichas cifras.14

 

LAS CIFRAS EN PESOS

Los valores de las dos series completas en pesos que tenemos para el lapso comprendido entre 1920 y 1947 —la de la SEN y la del BANCOMEXT—15 coinciden casi en su totalidad, con una excepción: en 1944 el valor de las importaciones asentado por el BANCOMEXT difiere del presentado por la SEN, debido a que el banco omitió la cantidad de 546 500 000 pesos relativa a operaciones no mercantiles, es decir, a la compra de metales cuyo propósito fue de carácter financiero (por ejemplo, la acuñación de moneda) no comercial

En contraste, las diversas series parciales existentes sobre el comercio exterior mexicano presentan divergencias notorias. De las series de la época (véase cuadro 2), comparé los datos de la SEN de 1946, la se de 1947, la Liga de Naciones, el Department of Overseas Trade de Gran Bretaña y los estadunidenses Sterret y Davis. No incluyo las cifras divulgadas por el Department of Commerce de la Unión Americana porque fueron esporádicas. De las series fragmentarias posteriores a 1947 se confrontaron las utilizadas por Ortiz Mena y Urquidi, las del INEGI y las de Enrique Cárdenas (véase cuadro 3).

En relación con el conjunto de datos de la época, en 1946 la SEN publicó cifras distintas a las de los Anuarios para el lapso 1934–1946, y en 1947 la se hizo lo propio para 1939–1946.16 Pese a la cercanía temporal entre la emisión de ambas series, además de divergir ligeramente de la información del Anuario de la propia SEN, son diferentes entre sí. En la obra de 1946 los valores de importación para 1944 y 1945 son menores a los contenidos en el Anuario. El dato de 1944 coincide con el presentado por el BANCOMEXT, que excluyó las operaciones no mercantiles, en tanto que el de 1945 sólo difiere en forma mínima de la información del Anuario. En las exportaciones, la única disparidad notoria es la de casi 5% al alza para 1945, sobre todo porque no es claro el origen de la divergencia; como hipótesis podríamos plantear que el excedente obedece a la inclusión en dicho monto del valor del aforo.

En cuanto a la publicación de la se de 1947, en la mayor parte de los casos las diferencias respecto a los datos de importación de los Anuarios son mínimas, salvo por los datos de 1943 y, en particular, de 1944 (5.4 y 28.9% a la baja, respectivamente). La publicación no especifica a qué se deben estos contrastes, pero en la introducción se precisa que en las series sólo se incluyeron los valores de compraventa de mercancías, no de oro o plata acuñados, oro en barra, ni otros valores. La posibilidad de que este aspecto explique la disparidad en los datos, se reafirma al examinar el registro de 1943, pues es idéntico al que se desprende de restar las transacciones no mercantiles del valor total de las importaciones de ese año. Algo similar podemos decir de 1944, cuyo dato coincide casi con exactitud con el ofrecido por el BANCOMEXT, de manera que es plausible concluir que la se utilizó el mismo criterio de eliminar el valor de ciertas operaciones no mercantiles.

La información sobre las exportaciones presenta diferencias más notorias. Si bien entre 1943 y 1945 las cifras difieren por 1.7% o menos, para 1939, 1940, 1941, 1942 y 1946, la disparidad —siempre a la baja— fluctúa entre seis y hasta 31%. En 1939 y 1940 la caída se debe, en apariencia, y, según sugiere una nota de la propia se, a que para esos años solamente se volvieron a calcular los datos de exportación con el valor FOB de los minerales y metales. Aunque los montos de 1941 y 1942 no se explican en el texto, responden, de acuerdo con mis cálculos (véase cuadro 1), a la exclusión de las transacciones no mercantiles. La cifra para 1946 es, sin embargo, oscura, pues es superior al resultado de restar al total de la exportación de ese año el valor del intercambio no mercantil.

En relación con los datos difundidos por instancias internacionales de la época, los valores de la década de 1920 de La Liga de Naciones incluyeron lingotes y numerario, y prácticamente en todos los años coincidieron con la información del Anuario de la sen.17 Por lo que toca a la información que ofrecen los reportes publicados por el Department of Overseas Trade británico,18 en el rubro de importaciones, sus registros para 1920 y 1921 difieren de los del Anuario en –9.9 y +2.8%; es difícil establecer el origen de la discrepancia porque no proviene de la exclusión del intercambio no mercantil. Otras divergencias se hallan en 1929, 1937 y 1939, pero su orden de magnitud es mínimo. En los registros de exportaciones hay ligeras diferencias en 1927, 1937, 1939 y 1947; por lo menos en 1937 y 1947 se indica que las cifras comprendieron, en el primer año, la venta de monedas, billetes y lingotes, y en el segundo año el numerario oro, pero quizá se haya omitido el intercambio de otro tipo de valores de carácter financiero que, si se sumaran, darían cuenta de la discrepancia. Finalmente, de los trabajos de investigadores realizados entre 1920 y 1947, destaca el de Sterret y Davis, que brinda información numérica del lapso 1920–1927, también casi idéntica a la proporcionada por el Anuario.

De entre los trabajos posteriores a 1947 (véase cuadro 3), el INEGI publicó, en sus Estadísticas históricas de México, una serie de comercio exterior relativa al periodo de 1932 en adelante.19 Pese a que, a decir del organismo, su fuente fue el Anuario estadístico de los Estados Unidos Mexicanos, al cotejar sus cifras con las de esta segunda publicación, se encontraron algunas diferencias para las importaciones de 1942 y las exportaciones de 1943 y 1946. Aunque las divergencias son bastante sutiles (menores a 1.9% al alza o a la baja), al menos para las exportaciones de 1946 —en donde se encuentra el mayor desnivel (1.9%)—, salta a la vista que hubo un error al capturar el dato, de tal suerte que en lugar de 1 915.3 millones de pesos, se registraron 1 951.3 millones de pesos. Ello muestra la pertinencia e importancia de tomar la información del INEGI con cierta reserva y de remitirse a las fuentes originales. Una versión crítica de los datos oficiales fue la presentada por Ortiz Mena y Urquidi a principios de los años cincuenta para la fase de 1939 a 1947. Ninguno de sus valores coincide con los del Anuario. En este sentido, los autores reconocieron la imposibilidad de presentar una serie única del comercio exterior mexicano:

En la mayoría de los casos, las estadísticas son incompletas o inexactas, o bien ambas cosas, y en ocasiones las discrepancias en una misma materia son desconcertantes. Por ejemplo, no menos de tres dependencias oficiales autorizadas publican estadísticas sobre comercio exterior. En realidad, ninguna de ellas basta para tener una idea exacta del comercio exterior y las cifras rara vez concuerdan entre sí.20

En el caso de las importaciones, las diferencias fluctúan entre cinco y poco más de 20% y, salvo por 1944, las variaciones son al alza. El dato de 1944 es el más contrastante; aunque no es del todo equivalente al que se obtiene de sustraer al monto total de la importación de ese año el intercambio no mercantil, se acerca bastante a él, por lo que cabría explicarlo en función de dicha exclusión. Desafortunadamente, y pese a subrayar la heterogeneidad que existe en las series de la época, el texto de Ortiz Mena y Urquidi carece de una explicación sobre el porqué de las variaciones para el resto de los años.

En el campo de las exportaciones, las diferencias se encuentran en un rango de entre uno y poco más de 17%. Los datos de 1939 a 1942 y de 1946 son inferiores a los del Anuario, en los demás años las diferencias son al alza; la mayor disparidad se halla en 1940, seguida de 1946 y 1939. Los autores aluden a varios factores que podrían explicar este contraste. Si bien para el periodo de 1939 a 1945 recurrieron a la información de la DGE, trabajaron con los datos corregidos por el BANXICO; además, de 1946 en adelante, su fuente fue el Fondo Monetario Internacional (FMI). Asimismo, los autores añadieron a las cifras del BANXICO las exportaciones no monetarias de oro y plata que se consignaron en las estadísticas minero–metalúrgicas, y de 1946 en adelante las registradas por el FMI.

Por último, Enrique Cárdenas reprodujo cifras del comercio exterior mexicano desde 1925.21 Mientras que en su libro de 1987 utilizó los datos del BANXICO, que tomaba, a su vez, los del Anuario, en 1994 el autor trabajó con los datos del INEGI, aunque en las importaciones de 1946 incurrió en un error de escritura —en lugar de 2 636.8 millones de pesos asentó 1 636.8 millones de pesos— y omitió la ligera diferencia que hay en el valor de las importaciones de 1942 entre el INEGI y el Anuario, dando esta última cifra. En resumen, el único intento por reconstruir una serie propia a partir de los datos oficiales fue el de Ortiz Mena y Urquidi, quienes, sin embargo, partieron de 1939, además de que no abundaron en su metodología ni en sus fuentes, por lo que resulta complicado rastrear su manera de proceder.

 

LA INFORMACIÓN EN DÓLARES

El valor del comercio exterior de México entre 1920 y 1947 también quedó asentado en dólares corrientes en varias fuentes del periodo y de años posteriores. A diferencia de la información en pesos, todas las series de la época en dólares están incompletas (véase cuadro 4); fueron elaboradas en México por el BANCOMEXT y el BANXICO, y en el ámbito internacional por la Tariff Commission de Estados Unidos y la Liga de Naciones. Para confrontar dichas series con la del Anuario, se convirtieron los valores de esta última a dólares con base en el tipo de cambio que publica Nacional Financiera (véase cuadro 1).22

El BANCOMEXT y el BANXICO sólo difundieron series en dólares para el lapso de 1938 en adelante.23 Los datos publicados por el BANCOMEXT en su informe de 1940–1948 son casi idénticos a los manejados en el Anuario, con excepción de las importaciones de 1944, en virtud de la sustracción —ya mencionada en el análisis de las series en pesos— de 110 300 000 dólares por concepto de transacciones no mercantiles, así como de algunas otras variaciones menores. Empero, los datos del informe de 1949 sí difieren de los presentados en el Anuario. En la categoría de importaciones las diferencias en las cifras son al alza, con la salvedad del año de 1944, cuando el BANCOMEXT registró, de nuevo, un valor menor en más de 20% al asentado en el Anuario. En principio, la disparidad del resto de los registros podría obedecer a que proceden, como se indica en el texto, de las estimaciones de balanza de pagos del BANXICO. No obstante, al comparar estas últimas cifras con las del BANCOMEXT, no se confirma el uso de las cifras del BANXICO, y en las exportaciones, aunque hay algunas coincidencias, también existen disparidades significativas. En efecto, las series usadas por el grupo de trabajo del BANXICO para el lapso de 1939 a 1947 registran valores mucho más elevados tanto para importaciones como para exportaciones. En los datos de importación, salvo de 1944, las variaciones de los datos del BANXICO frente a los del Anuario son de un orden de entre 32 y 64%. En el caso de las exportaciones, todos los valores se alejan en forma considerable de los registros del Anuario y las oscilaciones se encuentran en un rango que va desde 32 hasta 94 por ciento.

Al tomar la serie de comercio exterior de mercancías, sin servicios, las disparidades cobran otro cariz. Lo primero que salta a la vista es que la serie de importaciones es prácticamente idéntica a la que publicó BANCOMEXT en 1949. De nuevo, en este rubro, el único dato inferior al de los Anuarios es el de 1944, por algo más de 20%; las demás cifras son alrededor de entre seis y 17% más elevadas que las de la SEN. En este caso, la diferencia al alza podría originarse en el hecho de que BANXICO contó los montos de importación en los perímetros libres, mientras que los Anuarios registraron estos últimos en una tabla separada. El problema es que esto se comprueba para 1939, 1940 y 1941, pero no para los demás años. Ahora bien, en el rubro de exportación, con excepción de 1944 y 1945, cuando las cifras del BANXICO son un tanto superiores a las del Anuario, casi todos los valores son menores que los empleados por la SEN; si bien en 1943 dicha oscilación es inferior a 2%, entre 1939 y 1942 las fluctuaciones rondan entre 22 y 46%. Asimismo, en 1946 la diferencia es de casi —20%. Una comparación con las series del Anuario que se obtienen al restar del valor total registrado por este las transacciones no mercantiles, indica que las divergencias entre las cifras del BANXICO y las del primero no se derivan de la exclusión de los flujos monetarios, aunque no está claro cuál es el origen de la disparidad.

Por otro lado, en el periodo de estudio hubo dos instancias internacionales que manejaron series del valor del comercio mexicano en dólares. Una fue la Tariff Commission de Estados Unidos, que publicó información para el lapso 1924–1937. Aun cuando sus cifras difieren de las del Anuario en buena parte de los registros, la variación es pequeña. En el caso de las importaciones, sólo 1926, 1928, 1935 y 1938 presentan los mismos valores que el Anuario convertidos a dólares corrientes, los demás datos son distintos, pero en menos de 7%. Para 1931, 1933, 1934, 1936 y 1937, los montos de la oficina estadunidense son inferiores a los del Anuario; sabemos que dicha variación no se debe a la exclusión de flujos no mercantiles —en la publicación aclara que se incluyeron en el valor—, sino al tipo de cambio tomado por la Tariff Commission para convertir los pesos a dólares, que difiere ligeramente del que se usó en este artículo.

Por su parte, la Liga de Naciones dejó datos de 1926 a 1936. Las variaciones significativas para importaciones y exportaciones comienzan en 1929 y van ascendiendo (salvo por 1932). En los valores de importación el lapso de mayor fluctuación corresponde a 1935, 1934, 1936, 1933 y 1931, en ese orden; cabe advertir que para 1936 la cifra de la Liga es una estimación. Algo similar sucede con los registros de exportación, sobre todo para 1935, 1936, 1934 y 1931; en los tres primeros años la diferencia es a la baja y mayor a la existente en la contabilidad de las importaciones (entre alrededor de 31 y 39%). La Liga de Naciones incluyó en sus registros lingotes y numerario, e importaciones por mensajería, por lo que la causa de la disparidad respecto a las cifras del Anuario debe estribar, más bien, en que la información de la Liga fue convertida a dólares oro estadunidenses. Sin embargo, no es factible corroborar esta suposición con las cifras en dólares oro del Anuario, ya que este último excluyó los flujos monetarios.

Hay, por otro lado, varias series en dólares que fueron hechas con posterioridad a 1947: la del Banco de México, la del INEGI, la de la CEPAL, así como las de Ortiz Mena y Urquidi, Enrique Cárdenas y Sandra Kuntz (véase cuadro 5).

La única serie completa para la etapa en su conjunto fue publicada por el INEGI en sus Estadísticas históricas. Dicha serie, que se supone está presentada en dólares oro estadunidenses de 1932, en realidad remite a cifras en dólares corrientes, pues, de haber sido hecha con base en dólares oro de 1932, debería coincidir en su totalidad con la serie en dólares oro que difundió la Liga de Naciones para 1926–1936 y con la del Anuario de la SEN para 1932–1939. Por otro lado, la serie del INEGI tampoco concuerda con la serie en pesos de esta última publicación, lo cual podría desprenderse del hecho de que el INEGI trabajó con las cifras ofrecidas por la SHCP y por las del BANXICO. Empero, la confrontación de la información publicada por el grupo de trabajo del BANXICO para 1930–1947 con la del INEGI, obliga a descartar esta posibilidad en lo concerniente a los datos de importación, pues las cifras del Instituto difieren de las del BANXICO. En contraste, la serie de exportación del INEGI para 1939–1947 es idéntica a la que publicó el BANXICO para el total de exportaciones de mercancías y servicios. Así, puesto que el INEGI no precisa detalles acerca de las cifras que reprodujo, el investigador debe darse a la tarea de identificarlos.

Años más tarde, la CEPAL publicó otra serie que va de 1928 a 1947. Para el lapso de 1928 a 1933, las fluctuaciones en los valores de importación, siempre al alza, llegan a ser de más de 80%; después, las diferencias disminuyen, con la salvedad de 1944. Si bien la Comisión no especifica en qué cifras oficiales se apoyó para elaborar la serie, sus cantidades son casi idénticas a los registros de importación presentados por el BANCOMEXT en su informe de 1940–1948. Asimismo, las fluctuaciones que aparecen entre 1942–1944 y 1947 son prácticamente iguales a las que hay entre las cifras del Anuario convertidas a dólares, y las mismas cifras sin los valores monetarios.

En cambio, los datos relativos a la exportación resultan más desconcertantes. Para empezar, en la mayoría de los años —a excepción de 1935, 1941, 1943, 1945 y 1947— las variaciones tienden a alejarse 10% de los datos del Anuario, y entre 1934 y 1947 las fluctuaciones son siempre a la baja. La mayor discrepancia se encuentra en 1930, año para el cual la cifra de la CEPAL es alrededor de 80% mayor a la del Anuario. Estos registros no se asemejan a los publicados por el BANCOMEXT para el lapso 1940–1948; sus variaciones tampoco coinciden con las diferencias que existen entre las cifras originales del Anuario y los montos derivados de restar a estas últimas los flujos monetarios. Por lo tanto, la fuente original de la que abrevó la CEPAL es un misterio.

Por lo que toca a los valores presentados por diversos estudiosos del tema, la serie de importaciones que incluyeron Ortiz Mena et al. para 1939–1947 discrepa de las cifras del Anuario, pero concuerda con las del BANXICO y es casi idéntica a la del INEGI. No ocurre lo mismo con las exportaciones, cuyos valores son diferentes a los manejados por el BANXICO, aunque, por lo regular, presentan variaciones menores a 10%, con excepción de 1939, 1940, 1944 y 1946. Las diferencias al alza podrían deberse a la inclusión, por parte de Ortiz Mena et al., de las exportaciones de oro y plata no monetarias que los autores tomaron de las estadísticas minero–metalúrgicas y del FMI. En los datos a la baja la disparidad podría provenir, en parte, del tipo de cambio utilizado en las conversiones.

Enrique Cárdenas presentó también una serie del comercio exterior mexicano en dólares. En los valores de importación, la disparidad más significativa en relación con el Anuario es la de 1946, pues la cifra de Cárdenas es inferior en más de 30% a la de este último, debido al error taquigráfico que mencioné al referirme a las series en pesos. Las diferencias en el valor de las exportaciones en relación con la serie del Anuario son menores a 10% al alza o a la baja; la mayor divergencia se encuentra en 1931, cuando el registro de Cárdenas resulta 9% mayor que el del Anuario. Al parecer, las disparidades entre los valores de importación y exportación de Cárdenas y del Anuario tienen su origen en el hecho de que el tipo de cambio utilizado por ambos fue diferente.

Por su parte, con base en el cotejo de fuentes oficiales mexicanas con fuentes oficiales extranjeras, Sandra Kuntz ha realizado estimaciones propias para el comercio exterior mexicano de los años veinte. Se trata, sin duda, del esfuerzo más consistente y explícito por definir una serie estadística del comercio exterior mexicano apegada a la realidad de lo que fue el intercambio de mercancías de nuestro país con otras naciones. En la categoría de importaciones, la divergencia de sus cifras respecto a las del Anuario es mayor a 10% —al alza— para 1920, 1921 y 1924; en los demás casos, las variaciones son mínimas. La autora no abunda en la situación específica de cada año, pero atribuye la brecha a la subestimación del contrabando por parte de las autoridades mexicanas. Las diferencias a la baja para los años de 1926 a 1928 podrían explicarse, según se desprende de las gráficas presentadas por la autora, en función de la exclusión de los flujos monetarios. En las exportaciones hay una disminución importante de entre 20 y 33%, aproximadamente, en los valores de seis años, de 1920 a 1922 y de 1927 a 1929. Para los primeros tres años, la propia autora señala que las cifras oficiales de México sobrestimaron los valores de las ventas de petróleo; la fuente de discrepancia de los últimos años de la década de 1920 no es clara, pues la serie oficial mexicana que tomó Kuntz como base para comparar su reconstrucción difiere, no sabemos por qué, de la que se emplea en este artículo.24 Por otro lado, puesto que la serie de Kuntz se detiene en 1929, es imposible confrontarla con la de la CEPAL; sin embargo, para ese año al menos, la cifra de la autora es más cercana a la serie de Cárdenas que a la del organismo de la ONU.

Por lo tanto, las estimaciones disponibles del valor del comercio exterior mexicano en dólares presentan dos desventajas importantes: una es que, con la salvedad del INEGI, ninguna cubre todo el periodo; la segunda es que, con frecuencia, en dichas series no se explicitan su metodología y/o sus fuentes primarias, y cuando sí se precisan estas, constatamos que el proceder de sus autores es distinto al de otras series existentes con las cuales podrían complementarse sus lagunas.

 

CONCLUSIONES

Las mayores inconsistencias entre las series de comercio exterior de México de 1920 a 1947 se encuentran, por lo general, en los datos alusivos a las exportaciones mexicanas, en tanto que los registros de importación suelen ser más congruentes.

Los vaivenes en los valores de exportación parecen responder, sobre todo, al hecho de que en muchas estadísticas se incluyeron los montos correspondientes a transacciones de plata —en la primera parte del periodo— y oro que no fueron mercantiles, sino financieras (monetarias, intercambios de bonos y acciones).

Otros motivos de discrepancia fueron la inclusión o exclusión en los registros de elementos diversos, como las transacciones realizadas en los perímetros libres, el valor de los impuestos relativos al comercio exterior, o las mercancías importadas, procesadas y luego exportadas desde México. En el caso de las series en dólares, un punto de divergencia relevante es el tipo de cambio elegido para convertir las cifras de pesos a dólares. Hasta donde pudimos indagar, el contrabando no fue una variable que se considerase en la construcción de las cifras relativas al comercio exterior del periodo analizado.

Lo anterior muestra la complejidad que supone trabajar con las fuentes estadísticas del México contemporáneo. Por eso es fundamental que los investigadores se den a la tarea de examinar con detenimiento la naturaleza de este tipo de información. El principal obstáculo para hacerlo radica en el hecho de que muchos autores e instancias que han dejado registros sobre el comercio exterior mexicano entre 1920 y 1947 se abstuvieron de precisar sus fuentes directas y/o su metodología.

Al mismo tiempo, la variedad de fuentes disponibles abre posibilidades, como la confrontación entre fuentes mexicanas y extranjeras, un camino explorado por Araceli Ibarra y Sandra Kuntz para el estudio del comercio exterior en el siglo XIX y principios del siglo XX. Este ejercicio podría servir también para ponderar la confiabilidad de las estadísticas mexicanas de comercio exterior a partir de los estándares internacionales y el porcentaje de discrepancia aceptables hoy en día.25

La elección de qué serie tomar depende, en última instancia, del propósito de cada trabajo. Sin embargo, el Anuario de la SEN resulta la fuente más apropiada para construir una serie de largo plazo, por varias razones: la continuidad de su emisión, el detalle con el que la Secretaría refiere sus fuentes y metodología, la minuciosidad de la información que presenta y su gran semejanza con las series de BANCOMEXT. Este último punto es importante porque los informes del BANCOMEXT —pese a no explicitar tanto los criterios de las series comerciales— contienen, sin lugar a dudas, el recuento más pormenorizado de la actividad a lo largo del periodo porque analizan no sólo su desempeño global, sino el comportamiento de las principales mercancías involucradas y el porqué de él, amén de que incluyen algunas consideraciones sobre la organización del comercio exterior y la relación entre este y la economía nacional. Independientemente de la serie que se seleccione, es indispensable que los historiadores del México contemporáneo sean conscientes de la importancia de seleccionar sus fuentes, sea para apoyarse en las series que estas presentan o para elaborar, a partir de ellas, series propias.

 

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Notas

* La redacción de este artículo fue posible gracias al apoyo de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico (DGAPA)–UNAM, a través de su programa de becas posdoctorales PROFIP. Agradezco también la atenta lectura y las atinadas sugerencias de los dos dictaminadores anónimos del artículo.

1 La primera versión de la serie apareció en Kuntz, "Nuevas", 2002, pp. 213–270; una serie más completa, que es la que se empleará aquí, está en Kuntz, Comercio, 2007, cap. 1, pp. 465–476.

2 Tal vez conviene precisar que mi visita a esta última biblioteca tuvo lugar antes de enfocarme en el cotejo de las series comerciales, por eso no consulté las estadísticas comerciales de Estados Unidos.

3 Para evitar confusiones, la fecha de publicación de la documentación comentada se agrega entre paréntesis.

4 Desde 1923 hasta 1924 la publicación incluyó cifras no sólo de comercio exterior, sino de otras actividades económicas, y en 1930 su título cambió, quedando como Anuario de 1930.

5 Sólo hallé los ejemplares de septiembre de 1922, octubre de 1923, noviembre de 1927, enero de 1931, noviembre de 1933, marzo de 1936 y marzo de 1945, que contienen información del año natural anterior a su respectiva fecha de publicación.

6 Cárdenas, Industrialización, 1987.

7 Cárdenas, Hacienda, 1994.

8 Ortiz, Desarrollo, 1953.

9 Para no confundir el Anuario estadístico de comercio exterior y navegación con este último anuario, me referiré al primero como Anuario de comercio y navegación, y al segundo sólo como Anuario; SEN–DGE, Anuario, 1941, p. 557, y Anuario, 1953, p. 464.

10 Un impuesto extraordinario que se estableció en agosto de 1938 para canalizar a favor del Estado parte de los ingresos adicionales que se obtuvieron al vender bienes mexicanos en el extranjero en virtud de la devaluación del peso, BANCOMEXT, México, 1939, pp. 770–771.

11 DEN, Anuario, 1929, p. III. Las facturas comerciales fueron introducidas, de hecho, el 20 de octubre de 1922, antes sólo existían las facturas consulares.

12 SEN –DGE, Estadística, 1934.

13 Para conocer los detalles de los criterios que se usaron para ajustar los valores de los metales y minerales, véase SEN –DGE, Anuario, 1948, pp. 1132–1133.

14 SEN–DGE, Estadística, 1937, p. 497.

15 Véase de BANCOMEXT, Comercio, 1940, p. 1; México, 1939, pp. 11–12, y Comercio, 1949, p. 24.

16 SEN, Memoria, 1946, p. 85, y SE, Desarrollo, 1947, p. 68.

17 Véanse de Liga de Naciones, Memorandum, 1928, vol. II, p. 516, Memorandum, 1930, vol. I, pp. 88–89, y Memorándum, 1931, vol. III, pp. 9 y 187.

18 King, Report, [1924], p. 21; Buxton, Report, 1928, pp. 55–56; Cleugh, Economic, 1931, p. 36; Rees, Economic, 1934, p. 29, Pyke, Economic, 1936, p. 26, y [Board of Trade], Mexico, 1945, pp. 18–19, p. 26.

19 INEGI, Estadísticas, 1985, v. I, pp. 666–670.

20 Ortiz et al., Desarrollo, 1953, pp. XIII –XIV; las cifras se encuentran en el cuadro 128.

21 Cárdenas, Industrialización, 1987, p. 228, y Hacienda, 1994, pp. 198–199.

22 NAFIN, Economía, 1981, p. 227.

23 BANXICO–Grupo de trabajo de la Secretaría de Hacienda, Manual, [1964], cuadros VII –2 y VII –4.

24 Kuntz, Comercio, 2007, pp. 62–69.

25 Al respecto, véase Antonio Tena Junguito, "Las estadísticas históricas del comercio internacional: fiabilidad y comparabilidad" [documento en línea], Estudios de Historia Económica, Banco de España–Servicio de Estudios, núm. 24, 1992, España, <http://dialnetunirioja.es/servlet/articulo?codigo=838921> [consulta: 11 de noviembre, 2009], capítulos I y II, en donde se comparan los datos de una muestra numerosa de países, que, sin embargo, no incluye a México.

 

Información sobre la autora

Isabel Avella Alaminos: Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestra y doctora en Historia por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Realizó una estancia posdoctoral como becaria PROFIP en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía, UNAM. También es profesora de tiempo completo del Sistema de Universidad Abierta de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde imparte Teoría Económica en la licenciatura en Historia. Sus publicaciones más recientes son "Módulo 7. De la segunda integración a la globalización actual" en Clara Inés Ramírez González (coord.), Conocimientos fundamentales de historia (2009, vol. I), y "Antes del TLCAN: la historia de los acuerdos comerciales entre México y Estados Unidos (1822–1950)", Revista Digital Universitaria. El Quehacer Universitario en Línea, mayo de 2008.