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Convergencia

Print version ISSN 1405-1435

Convergencia vol.17 no.52 Toluca Jan./Apr. 2010

 

Artículos

 

Nacionalismo e infancia: cambios y permanencias

 

Anna M. Fernández Poncela

 

Universidad Autónoma Metropolitana–Xochimilco. E–mail: jpaml721@correo.xoc.uam.mx

 

Envío a dictamen: 21 de febrero de 2008.
Reenvío: 19 de agosto de 2009.
Aprobación: 03 de septiembre de 2009.

 

"El apego hacia la patria es un sentimiento muchas veces más intenso
que los lazos de clase y que sin embargo ha recibido mucha menos
atención por parte de los sociólogos y estudiosos de la política.
Si llegáramos a comprender cómo se forma ese sentimiento nacional, ese
respeto hacia los símbolos que representan a la nación,
esa identificación con lo que se considera el propio grupo nacional,
comprenderíamos una de las fuerzas más poderosas que unen a los hombres
y también que los separa".

Delval (1989: 303).

 

Abstract

The text reviews the nationalism in childhood in Mexico nowadays. What young generations think and say about nationalism, their perspectives and views. We have information and data from a recent survey, which is compared with the work of Rafael Segovia in 1968. We discuss the children's view on nationalism today and as much as possible he observed changes, without disregarding the geographical and historical differences on both exercises, so it is above things, a general reflection on trends.

Key words: Childhood, politics, nationalism, changes, Mexico.

 

Resumen

El texto revisa el nacionalismo en la infancia en México en nuestros días. Lo que piensan o dicen que piensan las jóvenes generaciones, perspectivas y opiniones. Lo cual se hace a través de la información y datos de una encuesta reciente, que a su vez se inspira y compara con el trabajo de Rafael Segovia sobre la infancia del país en el año 1968. Se analiza la mirada infantil sobre el nacionalismo hoy y hasta donde es posible se observa sus cambios, sin por ello desconocer las diferencias geográficas e históricas de ambos ejercicios, por eso se trata más que nada de una reflexión general sobre tendencias.

Palabras clave: infancia, política, nacionalismo, cambios, México.

 

Introducción

Sabemos que la construcción de la patria y sus consideraciones tiene que ver con lo afectivo, lo intelectual, cognitivo, ideológico y discursivo (Van Dijk, 2000). Lo geográfico–verbal, lo geográfico–espacial, lo lógico–verbal son aspectos que se relacionan entre conceptos y concepciones, con espacios y sentimientos. Y los sentimientos, ahora lo sabemos, entroncan con los pensamientos y se interrelacionan con lo racional (Damasio, 2006). Y es en la infancia donde se socializan las características identitarias e identificadoras, y cuando se forman las nociones patrióticas o nacionalistas. Lo que todavía no sabemos es cómo es el proceso, por ello deseamos bucear en torno a algunas actitudes infantiles sobre el tema, a modo de un primer acercamiento.

El objetivo de este artículo es revisar el nacionalismo en la infancia; esto es, lo que piensan o dicen que piensan las jóvenes generaciones, sus perspectivas y opiniones al respecto. Para ello se cuenta con la información y datos de un cuestionario aplicado en la Delegación Coyoacán del Distrito Federal en el año 2002,1 que se inspira y, en ocasiones con las salvedades y acotaciones pertinentes, se compara con el trabajo de Rafael Segovia sobre la infancia del país de 1968. No sólo se retrata y analiza la mirada infantil en época reciente, sino que a veces hasta donde es posible y de manera orientativa se observan sus cambios, sin por ello desconocer las diferencias geográficas e históricas de ambos ejercicios; por eso se trata más que nada de una reflexión general sobre tendencias.

En cuanto al tema concreto del nacionalismo hay un estudio de los años ochenta, cuyo objetivo fue "aportar algunos elementos a la actual discusión acerca del nacionalismo en México" (Maya y Silva, 1988: 3), entre los estudiantes de primaria del DF. De sus conclusiones destacan la: "actitud de respeto y adhesión a dichos símbolos, himno y bandera nacional, en particular a esta última. Aunque la mayoría de los estudiantes identifica los símbolos patrios, existe una relativa desinformación acerca de sus características precisas". Por otra parte,

en relación con los personajes que han jugado un papel destacado en la historia del país, ya sea positivo o negativo [...] Hay [...] unanimidad [...] los héroes máximos, sin competencia, son Hidalgo y Juárez; no sucede lo mismo cuando se hace referencia a los personajes que han perjudicado al país [...] dispersión de las opiniones estudiantiles [...] Para los estudiantes, los personajes que más han ayudado al país, los máximos héroes son pocos y se ubican lejanos en el tiempo. Los personajes que más han perjudicado al país son numerosos y se distribuyen a lo largo de nuestra historia (Maya y Silva, 1988: 251–254).

Porfirio Díaz es el personaje más controvertido, según esta obra, y Lázaro Cárdenas, el más reconocido.

En cuanto al nacionalismo enfocado desde la soberanía económica, política y cultural se observa "una opinión positiva sobre asuntos que apuntan a una política de defensa de la soberanía económica del país [...] aclarar [...] esta opinión positiva sólo alcanza a la mitad de los escolares [...] un alto porcentaje de 'inseguros'" (Maya y Silva, 1988: 256);2 tal vez por tratarse de cuestiones difíciles, complejas y abstractas para ciertos grupos erarios, o simplemente por su desconocimiento. Se debe considerar el desarrollo psicosocial en las diferentes etapas etarias de la infancia y adolescencia consultada (Kohlberg, 1964; Piaget, 1986; Delval, 1989).

Vamos a ver cómo está la situación al respecto en época reciente, con un estudio más amplio sobre el tema del nacionalismo. Y pasaremos revista, concretamente, a la visión sobre los personajes importantes de nuestra historia, la consideración en torno a la Revolución, las percepciones de libertad y democracia en otras latitudes, la mirada a las relaciones entre los mexicanos, así como entre México y otros países del mundo.

 

En torno a personajes históricos

En la investigación que presentamos en estas páginas también interrogamos en torno de los personajes históricos del país, como el estudio que comentamos con anterioridad, y también como el que Rafael Segovia realizó en su momento. Aquí los resultados señalan a Benito Juárez en primer lugar, como el personaje que ha servido mejor a México con 60.5% de las respuestas concentradas en dicho prócer de la patria. El resto de figuras históricas está muy lejos de acercársele —Morelos con 9.4% es el siguiente— (véase cuadro 1). Recordemos las palabras de Segovia (1975: 89–90) al respecto:

El héroe es tanto un símbolo de la identificación con la nacionalidad como la expresión de una ideología política. Es el mantenedor o creador de la nacionalidad, encarna las virtudes cívicas, representa a la nación en lucha contra la adversidad. Sus virtudes son usadas como guía de los gobiernos del momento y, por ello, se le convierte en símbolo. Es un dios tutelar, un santo intercesor y un héroe en el sentido clásico. Desde la estatua pública hasta los carteles que ornan las calles en las ocasiones ceremoniales y rituales, pasando por las ilustraciones de los textos escolares, los niños se familiarizan con él: reconocerse en él es reconocerse en su pasado, en su país y en su gobierno. Las autoridades públicas suelen colocarse bajo la protección de un héroe particular; elevándole a la cúspide del panteón nacional se manifiesta de paso por un programa político: un Presidente de la República favorable al laicismo se apoyará en Juárez más que en Morelos, de quien echará mano quien pretendía evitar los últimos coletazos de la querella religiosa. En el panteón revolucionario han entrado desde el conservador Venustiano Carranza hasta el permanente insumiso Emiliano Zapata, y en el monumento de la Revolución colgaban hermanados los retratos de Calles y Cárdenas.

Esta larga cita viene a cuento con motivo de la controversia ideológica que ha tenido lugar en los últimos años entre el ex presidente de la República Vicente Fox, quien subraya la importancia de Madero en la historia del país y lo muestra cual bandera de sus principios; mientras que el ex jefe del Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, ondea a Juárez en toda ocasión. Como se observa cada quien reivindica a aquel héroe con el cual se identifica o que utiliza como distinción de otros. El cuestionario que analizamos en estas páginas tuvo lugar en el DF, y Juárez es el héroe más aclamado, como queda claro. Tampoco olvidemos, como sabemos y algunos estudios nos muestran, que en las escuelas primarias Benito Juárez juega con ventaja en cuanto al estudio de la historia, según se observa en los libros de texto y la opinión de maestros/as, en comparación con otros héroes o personajes históricos del país (Fernández Poncela, 2003).

En el estudio de Maya y Silva (1988), por ejemplo, y a una pregunta similar, en torno al personaje que más ha beneficiado a México, Benito Juárez y Miguel Hidalgo recibieron los porcentajes más altos: 75.78 y 74.40%, respectivamente. En tercer lugar, pero a una notable distancia está Lázaro Cárdenas (38.73%), y el cuarto puesto lo ocupa Emiliano Zapata (25.04%). Cabe destacar que se trató de un estudio para el DF.

Por su parte, Segovia, con el mismo interrogante que nuestra guía presenta pero en su trabajo para el país, afirma:

Juárez es el símbolo máximo para el 70.1 por ciento de las escuelas públicas y el 65.2 de las privadas, pero no llega a serlo para la mitad de los niños que acuden a los establecimientos religiosos (49.5): el problema de la Reforma parece jugar en su contra un siglo después de su muerte, y los ritos oficiales no han logrado despejar esta nube (Segovia, 1975: 91).

Así que, ayer y hoy, Benito Juárez aparece como el héroe por antonomasia recordado y valorado entre los personajes que se cree ayudaron y sirvieron mejor al país. En nuestro caso, los niños de primaria valoran más a Juárez que los de secundaria, por ejemplo. Esto tiene que ver con la aparición casi indiscutible de dicho personaje en los programas de estudio desde la más tierna infancia, toda vez el aspecto del pensamiento mítico del desarrollo psicológico infantil, frente a cierto distanciamiento y desinterés que aparece con el paso de los años, y concretamente durante la adolescencia (Delval, 1999). Sin embargo, los porcentajes, tanto en estudios aplicados en el DF como en otras investigaciones para el país, dan a Juárez una popularidad que va de 60 a 75%, esto es, más de un tercio de la población consultada al respecto.

En cuanto al personaje histórico que ha servido peor al país se señala a Maximiliano, Hernán Cortés y Porfirio Díaz; los dos últimos reciben alrededor de 20% de las opiniones recabadas. Hay una mayor diversificación en torno a la figura del "antihéroe", por así llamarlo, como ya señalaron Maya y Silva, cuya investigación situaba en primer lugar a Santa Anna (33.02%), seguido muy de cerca por Porfirio Díaz (32.68%), y a continuación Hernán Cortés (25.86%) y Victoriano Huerta (21.68%). Y también la de Segovia:

Donde tres de ellos se disputan agriamente el primer lugar. Cortés, Maximiliano y Díaz, los tres villanos de la historia de México, apenas dejan un lugar a Iturbide en el pórtico del templo de los héroes caídos y condenados. Un sólo hecho llama la atención: Cortés, aborrecido por los niños de 5° y 6° de primaria, tiende a desaparecer en beneficio de Maximiliano y Díaz, hombres más cercanos en el tiempo, el primero enemigo de Juárez y el segundo de la Revolución (Segovia, 1975: 91–92).

Parece obvio entonces que a mayor edad, escolaridad y conocimiento histórico se matizan y diversifican las opiniones sobre el tema. También en nuestro estudio observamos esta tendencia en general (véase cuadro 2).

Esto último es muy lógico, recordemos de nuevo los libros de texto de historia de la SEP, y cómo aparece el personaje de Cortés en ellos desde temprana edad, frente a las otras figuras históricas que se van introduciendo de manera paulatina con el paso de los grados escolares. Dicha percepción negativa ha sido observada y señalada también en otros trabajos (Espíndola, 1996; Fernández Poncela, 2003). Concluimos este punto con la afirmación de que en muchos países orbita el imaginario social identitario–nacional de las figuras mítico–simbólicas, y éstas constituyen parte de la formación histórica y cívica del Estado; sin embargo, deseamos destacar la fuerza que éste posee en nuestro país y que seguramente se relaciona con todo el andamiaje ideológico del nacionalismo posrevolucionario (Bonfil Batalla, 1989, 2004; Florescano, 2004, 2008; Stavenhagen y Carrasco, 2004).

 

Sobre la Revolución

La Revolución Mexicana ha sido considerada durante décadas el mito constructor del nacionalismo por excelencia, por ello es importante revisar cómo la perciben y qué opinión les merece a las jóvenes generaciones, y si con el paso del tiempo o con la diferente residencia geográfica hay variaciones sobre el tema. "Un hecho histórico mitificado debe ser unitivo, más aún si se trata de un mito nacional y no de uno partidista. Los hechos decisivos del acontecer nacional mexicano —Independencia, Reforma y Revolución— son las vértebras del sistema de creencias histórico–políticas contemporáneo y, por lo tanto, quienes legitiman la distribución actual del país" (Segovia, 1975: 94).

La conclusión de este autor en torno a las preguntas de la Revolución es:

Para los escolares mexicanos la Revolución es, en primer lugar, un movimiento que ha venido a ayudar a quines más habían padecido durante el régimen anterior: obreros y campesinos fueron los más favorecidos de todos. En la percepción infantil aparece como una revolución social destinada a mejorar la vida de los grupos populares, y son los niños procedentes de estos grupos quienes mejor aceptan la idea (Segovia 1975: 96).

El cuestionario que estamos analizando en estas páginas afirma que es cierto que la Revolución favoreció sobre todo a obreros y campesinos: 55.4% así lo opina, más de la mitad de la muestra total. Sin embargo, 26.7% de las personas consultadas consideraron falsa dicha cuestión (véase cuadro 3). Es curioso que comparativamente con la investigación de hace más de tres decenios, el primer porcentaje es mucho mayor, y el segundo menor, que en nuestro caso. Al parecer en esa época y a lo largo y ancho del país había una creencia más consolidada, homogénea y hegemónica de los beneficios revolucionarios hacia los sectores más desprotegidos. Quizás, en parte, por la mayor cercanía del hecho histórico. Pero seguramente por la impronta política discursiva al respecto mucho más contundente y reiterada que en la actualidad, cuando el discurso parece ser de más baja intensidad y no tan central como antaño, y también en el ámbito de la educación.3

En cuanto a la consideración de que los beneficios de la Revolución llegaron sólo a quienes la hicieron, tres cuartas partes de la muestra la considera falsa —un porcentaje similar opina lo mismo, según Segovia, pero en menor número (véase cuadro 4).

Respecto al daño de la Revolución a la gente bien, hoy se considera verdadero por un tercio de la muestra, y falso por algo menos de la mitad de la misma. Segovia también presenta dicha gradación, y el porcentaje de la segunda opción es prácticamente idéntico al del estudio que exponemos aquí (véase cuadro 5).

Finalmente, en cuanto al tema revolucionario, y en concreto sobre la respuesta en torno a si todos los mexicanos se vieron favorecidos por tal acontecimiento, en nuestro ejercicio la mitad de los infantes y adolescentes así lo considera; en tanto, 28.5% dice que es falso (véase cuadro 6). Segovia, mostraba un porcentaje más alto para la primera opción y menor para la segunda.

Como se observa, hay algunos cambios que podrían interpretarse en el sentido del proceso de desmitificación paulatina que ha estado teniendo lugar en nuestro país sobre varias cuestiones históricas y políticas, y ésta es una de ellas. Tendencia que tiene lugar, por otra parte, en diversas latitudes al calor de la globalización y los cambios tecnológicos, comunicativos y culturales, entre otras cosas, toda vez que se reconoce más a las culturas, que con anterioridad al Estado–nacional desconocía u ocultaba.

 

México en el ámbito internacional

Otra batería de preguntas relacionadas con el tema del nacionalismo según la visión de nuestros niños, niñas y jóvenes giró alrededor de la comparación entre países sobre distintos aspectos, con objeto de contextualizar a México en el ámbito internacional. Uno de los subtemas fue el de la libertad. De la enumeración de países que se ofrecía junto al interrogante, la población consultada señaló a México como el país en donde hay más libertad, con más de la mitad posicionada así (53%), y a mucha distancia de los otros países, tales como Estados Unidos que fue situado en segunda posición (17.6%), y el más lejano en porcentaje, Rusia con 1.2%. Como se observa, México es considerado el país con más libertad por excelencia. Quizás sea necesario añadir que conforme aumenta la edad, disminuye el porcentaje sobre dicha opinión, por eso la población de estudiantes de primaria lo creen más que los de secundaria. Ésta parece ser una constante en varios interrogantes, como estamos viendo en estas páginas, y la entrada a la adolescencia es crucial en el cambio de actitudes, en parte por algo más de conocimiento e información, en parte por bastante más distanciamiento y desafección, como ya se señaló (véase cuadro 7).

La misma pregunta en la muestra de Segovia señala también a nuestro país como el que posee mayor libertad con un porcentaje incluso mayor, seguido de Estados Unidos, con un porcentaje mucho menor a los resultados obtenidos a través del cuestionario que trabajamos aquí. Se detecta una mayor polarización en cuanto a las respuestas. En resumen, y a pesar de las diferencias históricas y geográficas, y en cuanto a los porcentajes de los datos dados, México es el país más libre del mundo.4

También se interrogó sobre los países que tienen gobiernos democráticos y los que no. Y el resultado fue en la misma línea que el anterior, ya que 72.5% de los alumnos y alumnas consultadas de primaria y secundaria dijo que México. Seguido por diez puntos porcentuales menos por Estados Unidos —similar a la encuesta de Segovia—. Así que México se considera un país democrático por la mayoría de la muestra consultada. Y lo mismo que en los casos de las respuestas anteriores, la creencia disminuye con la edad, esto es, los de primaria parecen más convencidos al respecto que los de secundaria (véase cuadro 8).

Las Encuesta Nacional de Cultura Política y Participación Ciudadana (ENCUP) de la Segob, y su aplicación en los años 2001y 2003 señala que más o menos la mitad de la población en México opina que se vive en una democracia. Si bien esta misma fuente añade que más de la mitad también se considera nada o poco satisfecha con este sistema de gobierno. Y además, más de 50% también prefiere un gobierno que actúe cuando se le necesite, aunque no consulte antes de tomar decisiones (Segob, 2002, 2003). En la última encuesta de este tipo (2005), sólo 31% dijo que México vive una democracia, y 26% se consideró muy satisfecho o satisfecho de la misma; 56% afirmó que lo mejor para el país es una democracia que respete los derechos de todas las personas, aunque no asegure el avance económico (Segob, 2005). Es curioso cómo disminuye la percepción de vivir en democracia y su satisfacción; mientras relativamente se eleva la consideración de que ésta es lo mejor. Debemos añadir que en este último ejercicio 47% señaló que la democracia en el país será menor o mejor en parte, en el futuro; 22% dijo que será peor; 18%, que igual (Segob, 2005). Así nuestras jóvenes generaciones parecen más convencidas —o quizá instruidas— sobre el gobierno democrático en México.

Juan Delval explica: "El conocimiento y el apego hacia el propio país probablemente se construyen en relación, o en contraste, por no decir en oposición, con el de otros países" (1989: 305). Y esto, al parecer, va más allá de los ideales y sentimientos nacionalistas, se extiende también a los sistemas políticos y a la ciudadanía.

 

México y los mexicanos

"El segundo mito nacionalista5 de gran valor y difusión es la unión nacional" (Segovia, 1975: 100). El cual se conserva hoy en día, con diferencias porcentuales, ya que en la actualidad así lo piensa, o dice que lo piensa, la mitad de la población infantil consultada en el DF (50.4%) (véase cuadro 9); mientras que antaño en el país la infancia que así opinaba era alrededor de 80%. El decrecimiento de dicha aseveración también está en función de la mayor escolaridad, y por lo tanto, de aumento de la edad, como estamos viendo de forma reiterada en el presente texto, y como también pasaba en el ejercicio de hace unas décadas.

Podríamos resumir que hoy como ayer, pero con cierta distancia, relativización y menor convicción, "los niños mexicanos comparten un nacionalismo profundamente enraizado: sienten vivir en un país libre, unido y democrático. Estas creencias, a través de las cuales se expresa el nacionalismo, tienen una forma simbólica o mítica y, por esta razón, con el paso de los años y sobre todo de la escolaridad, van erosionándose" (Segovia, 1975: 103–104). Todo en sintonía con la edad crítica que es la adolescencia para muchos temas, la religión, las creencias, la política, y por supuesto el nacionalismo no iba a ser menos.

No obstante, y sobre el cambio de concepción y percepción con el paso de los años de una generación a otra, y sin entrar de lleno en el tema, podríamos también recurrir a las reflexiones en torno a la globalización o el desdibujamiento de ciertas identidades en los últimos tiempos en el ámbito mundial (Lipovetsky, 1994; Giddens, 1994; Beck, 2004; Bauman, 2006), que bien pueden estar teniendo lugar en México. Repetimos, de la construcción del Estado–nación, no tanto de la diversidad cultural que existe y parece reafirmarse. En todo caso, reiteramos, la mitad de la infancia piensa y siente dicha unión. (Cuadro 10 y 11)

 

Relaciones internacionales

Otra cuestión es cómo México se relaciona con otras naciones. Para ello se solicitó poner el nombre de dos países amigos y dos enemigos. Entre los primeros, mostramos los cuadros de la primera y segunda opción (núm. 11). El país más amigo de México en la primera opción fue Estados Unidos con 71.8% de la muestra, y en la segunda opción apareció Canadá con 19.2%. Queda claro que se trata de los dos países vecinos del norte de México —y que conforman con éste el Tratado del Atlántico Norte—, considerados además amigos y a mucha distancia del resto del mundo. En el trabajo de Segovia, también Estados Unidos aparecía en primer lugar como el más amigo (80%), Guatemala era el segundo (40%), y en nuestro caso dicho país vecino del sur apenas cuenta con 3% en la primera opción, y 12% en la segunda. El cambio es muy destacado, y sin afán de comparar lo incomparable, esto merece ser reflexionado y ver los nuevos tiempos que nos ha tocado vivir, y de cómo algunos gobiernos han dado, en parte, la espalda al sur del continente, a Centroamérica y América Latina, y hoy al parecer se mira más al norte.

En una pregunta similar, pero sobre los enemigos, una gran mayoría de infantes y jóvenes no la respondieron, más de una tercera parte tanto en la primera como en la segunda opción. Recordemos que algo similar acontecía con la personalidad histórica positiva para el país cuya respuesta era clara y contundente, mientras que la negativa se diversificaba en gran medida. Curiosamente, en la primera opción 15.1% de los consultados señaló a los Estados Unidos como el principal enemigo, seguido de Cuba e Inglaterra, pero a la distancia. En la segunda, Rusia y Cuba parecen tener el lugar del enemigo (véase cuadro 12). Con Segovia el enemigo principal, con un tercio de su muestra, es Rusia, seguido de Cuba a bastante distancia. Como se observa en este caso, los tiempos cambian y mucho. Sin duda, la evolución histórica y el contexto de cada ejercicio ha hecho la diferencia, y es que los discursos políticos e ideológicos sobre el tema (nacionales e internacionales) ayer eran otros a los actuales. Ahora no se perciben enemigos; antes éramos reflejo de las creencias de la Guerra Fría. Hoy los países del norte son nuestros amigos, en otra época el sur era mejor valorado. Todo un cambio de estrategia y de ideología.

"La amistad de un país no significa que el niño quiera vivir en él", escribió Segovia (1975:105) en su momento. Aquí también las cosas son distintas. Y es que en otra época sí se consideró a los Estados Unidos el país más amigo, y se prefería —por poca diferencia porcentual, todo hay que decirlo— vivir en Europa. En la actualidad, el amigo es Estados Unidos y si no se pudiera vivir en México, ése sería el destino elegido por 24.3% de las y los consultados al respecto. Curiosamente la segunda opción sí es un país europeo: Francia; y la tercera: Canadá, coincidiendo con el segundo país considerado amigo en nuestros días (véase cuadro 13). La mirada, pues, está en el Norte o en el Este. No olvidemos la historia de desencuentros, ocupaciones y guerras con esas naciones (Estados Unidos y Francia), para darnos cuenta cómo cambian las representaciones sociales y mentales (Van Dijk, 2000), o cómo dejan más huella los encuentros negativos que el no haber tenido ninguno.

Otro reforzamiento de la perspectiva del cambio de los tiempos es ver cómo en otros aspectos del nacionalismo la obra de Segovia apuntaba que más de 80% de niños y jóvenes del país pensaba que aunque ganase poco dinero un mexicano debería vivir siempre en su patria. En nuestro trabajo, a pesar de las distancias espaciales señaladas, dicha frecuencia presenta un porcentaje algo menor: 60% de aprobación, también considerable (véase cuadro 14). Esto no deja de ser curioso, como el cemento nacionalista —interno, añadiríamos— del que hablaba Segovia, sigue bastante actualizado en nuestros días, por lo menos en el espacio de lo ideológico, el discurso y la expresión oral o escrita, otra cosa es en la práctica cotidiana de la vida real, donde hay que reconocer que ha sufrido cierta erosión. Y otra observación por destacar: este estudio que mostramos tiene como sujeto a la infancia y adolescencia, urbana y escolarizada, y en pleno proceso de formación de ideas y conceptos políticas y sociales, así como de socialización educativa, con todo el peso que esto comporta.

Hoy como ayer, el país vecino del norte parece ofrecer mayores oportunidades de obtener un buen trabajo. En la actualidad y en el DF, 56.2% de infantes y adolescentes así piensa, y México ocupa el segundo lugar en el tema de un buen empleo con 13.9% (véase cuadro 15). Para el autor que venimos mencionando en estas páginas era menor el porcentaje de población que pensaba que Estados Unidos ofrecía mayores oportunidades de trabajo, y en su caso con el aumento de la edad y escolaridad más decían creer esto. Por el contrario, los más jovencitos estaban convencidos de que México ofrecía mejores puestos, y con el paso de los años, dicha expectativa iba disminuyendo. En nuestro estudio conforme crece la edad y grado educativo, disminuye la creencia de encontrar un puesto laboral en ambos países. Como que la esperanza y credibilidad se está diluyendo, o en todo caso la desesperanza diversificándose y ampliándose. Son tiempos, no lo olvidemos, de desafección política, especialmente entre sectores juveniles; es época de problemas económicos y de disminución del pleno empleo y de las seguridades que esto comportaba (Sennet, 2006).

 

Reflexiones finales

Segovia concluye su capítulo en torno al nacionalismo con estas palabras:

Que los niños mexicanos sean en su gran mayoría de un gran nacionalismo, que acepten sus símbolos y mitos, que se sientan profundamente vinculados con su patria, es normal. Para ello reciben una educación de contenidos nacionales y nacionalistas. El éxito de la escuela revolucionaria en este terreno no puede ni discutirse y, de cuantos agentes han contribuido a la formación de la nacionalidad ha sido quizás el más eficaz (Segovia, 1975:108–118).

El autor manifiesta su preocupación: los grupos peor socializados al respecto y desde el punto de vista de mantenimiento del sistema son los que más influencia política van a alcanzar a largo plazo; mientras que los de menores recursos económicos parecen los mejor socializados en el sentido de haber interiorizado bien los valores y símbolos nacionales. Dicha postura puede ser discutible y discutida, sin embargo, sí se ha visto la erosión del nacionalismo en muchos aspectos de la vida social de nuestro país, como también ha sucedido algo similar con la figura presidencial (Fernández Poncela, 2001).

Otros autores señalan:

El descubrimiento de la patria es una construcción laboriosa tanto intelectual como afectiva y se supone que ambos aspectos están estrechamente ligados [...] Piaget y Weil encontraron que pueden distinguirse tres estadios que, en líneas generales, son los siguientes. En el primero, el sujeto está centrado sobre sí mismo, sobre aspectos anecdóticos de la situación; en el segundo hay un comienzo de descentración y en el tercero hay una reciprocidad intelectual y afectiva, pero desde el punto de vista de otras naciones el sociocentrismo se opone a la reciprocidad. Con el conocimiento del propio país se forma simultáneamente el apego hacia él (Delval, 1989: 303).

Y ya desde los primeros años escolares, por medio de representaciones sociales, tales como la bandera, se introyecta en la infancia la idea de "nación" y su apego en concreto. Así es como, entre otras cosas, se da un paso de lo concreto a lo abstracto, de la bandera al país o a la patria (Hess y Torney, 1967). Y sobre este último símbolo hay gran apego en nuestro país entre las jóvenes generaciones (Maya y Silva, 1988). Seguramente todas las ceremonias cívicas semanales —y entre otras cosas— en las escuelas no son ajenas a este fenómeno.

Delval (1989) sugiere que el conocimiento y apego hacia el país propio posiblemente se construya en contraste u oposición con otros países, como citamos en su momento. Esto es, hay actitudes hacia diversos países que no se conocen y de los cuales nada se sabe más que el nombre, que suelen ser negativas; mientras que los valores positivos parecen asignados de manera automática al país de pertenencia del niño o niña en cuestión. Esto es lógico, ya que se quiere lo que se conoce al margen de cómo sea lo conocido, y se siente cierta inseguridad hacia lo desconocido, más allá también de las características de esto último. No olvidemos que identidad, reducida a su última expresión, es identificarse con y diferenciarse de (Touraine, 1978). Paralelamente a esta construcción del imaginario social, está la de las y los sujetos donde aparecen los estereotipos y prejuicios sociales y/o nacionales que, poco a poco, parecen irse adosando a las mentes infantiles. Conforme avanza la edad del niño apreciará más los países que conozca o le resulten familiares o considere que se asemejan al propio. Hacia los 10 años ya hay conocimiento y aceptación positiva de otros países, con opiniones amistosas (Delval, 1989). Todo esto lo hemos podido constatar a lo largo de estas páginas.

Los libros de texto, las maestras y maestros, su formación e ideología son claves en la introyección del discurso, sentimiento y prácticas nacionalistas. Y, particularmente, en ocasiones, los encargados del magisterio en nuestro país presentan un discurso más tradicional, nacionalista y conservador del asunto que los libros (Fernández Poncela, 2003). También hay quien opina que es un sistema de aglutinamiento social y que "este nacionalismo expresado en los ritos y los mitos que los maestros anhelan rescatar, reforzar y mantener, en realidad se opone a la posibilidad de formar sujetos críticos capaces de deliberar con los que opinan de manera distinta" (Fernández Alatorre, 2004: 174).

Pero hay más, ahora como antes "del autocontrol a la lealtad y el amor a la patria. Son los renovados valores educativos que se inculcan en las primarias del país. Rasgos que dibujan el perfil moral e ideológico de la educación en el aula" (Gutiérrez Vega, 2006: 16). Todo ello según una encuesta nacional de la SEP en 2005.6 "Los encuestados perciben a la escuela como un elemento esencial para fomentar símbolos nacionales y el amor a la patria entre los menores" (Gutiérrez Vega, 2006: 17). Así, 78.2% consideró que el "orgullo por el país" es un valor impartido en las escuelas, ocupa el octavo lugar en porcentaje de respuestas, detrás de la responsabilidad, limpieza, disciplina, verdad, amistad, honestidad y paz; y está por encima de la igualdad, libertad, respeto a la vida, confianza, armonía, solidaridad, democracia, tolerancia, justicia, autoestima, perseverancia, lealtad, cortesía, bondad, compasión y autocontrol (Gutiérrez Vega, 2006).

En resumen, se cumplió el objetivo sobre la revisión de las percepciones y opiniones en torno a algunas nociones sobre nacionalismo de la infancia y adolescencia de una delegación del DF, y hasta donde fue posible se contrastaron de manera relativizada algunas tendencias con los datos de una encuesta que para el país hiciera Rafael Segovia hace 35 años.

Pero también destacamos aquí por edades —y grados escolares— la comparación. En este sentido la adolescencia —y el cursar, por lo tanto, estudios en secundaria— constituye un parteaguas en las actitudes ante el nacionalismo, y de seguro ante la política en general y ante la vida misma. Grosso modo se puede afirmar que, salvo excepciones, a más edad y escolaridad menos creencias monolíticas y más diversidad de opinión. Todo lo cual, como ya se ha dejado claro, es parte de la construcción de ideas en las mentes juveniles (Kohlberg, 1964; Adelson et al., 1969; Connell, 1971; Delval, 1989; Fernández Poncela 2005), y del quiebre que la socialización política tiene en esta etapa etaria (Hess y Torney, 1967; Greenstein, 1977; Dawson y Dawson, 1977; Segovia, 1975).

En concreto y sobre las preguntas del cuestionario analizadas en estas páginas podemos subrayar cómo Benito Juárez es el personaje histórico que, sin duda, ha servido mejor a México. Hoy piensan así 60.5% de los jovencitos de la muestra seleccionada para el DF. Eso sí, algo más en primaria que en secundaria, siguiendo la afirmación anterior al respecto de la edad.

No está tan clara la respuesta obtenida sobre quién ha servido peor, ya que ésta se diversifica. Y encontramos que en nuestra investigación son Maximiliano, Hernán Cortés y Porfirio Díaz quienes merecen ese honor, o deshonor, según se mire.

La Revolución Mexicana sirvió a los obreros y campesinos, según la mitad de niños y adolescentes consultados en nuestro estudio, aun cuando casi 27% considera que no fue así. También la mitad dijo que la Revolución favoreció a todos los mexicanos, y algo más de 28% que no lo hizo.

México es un país libre para 53%, en segunda posición se encuentra Estados Unidos (17.65). Es también democrático para 72.5%.

Sobre la apreciación de países amigos y enemigos, para el alumnado de primaria y secundaria de la delegación Coyoacán, 71.8% señala como amigo a USA en la primera opción, y en la segunda a Canadá (19%). En cuanto al país considerado enemigo, 15% apuntó a Estados Unidos en primera opción —también Cuba e Inglaterra—, y en la segunda situó a Rusia y Cuba. Otra cuestión es cómo 24% de los mexicanos, según esta muestra, elegiría vivir en Estados Unidos si no pudiera hacerlo en nuestro país; en segundo lugar preferiría Francia, y en tercero, a Canadá.

Finalmente, respecto al tema de vivir en México a pesar de que se gane poco dinero, el porcentaje es de 60%. Eso sí, hoy se ve a Estados Unidos como el país que ofrece mayores oportunidades de empleo (56%), y México se posiciona en segundo lugar.

Repetimos, hemos tratado de ver el panorama en torno al nacionalismo que la población infantil y juvenil del sur del DF posee en nuestros días. Y los resultados arrojan la fotografía del momento de forma nítida, además de ofrecer una borrosa tendencia comparativa con otras épocas y espacios que nos ha servido de contraste, quizás distorsionada, tal vez poco precisa, pero en todo caso mostrando tendencias y diferencias notables en la forma de socialización o formación de ideas y nociones nacionalistas en niños, niñas y adolescentes. Al parecer, en un primer balance el cambio es más notable, sin por ello despreciar, ni mucho menos, ciertas permanencias, a veces no tanto en cuanto a porcentajes pero sí en relación con ordenamiento gradual de preferencias.

[...] la construcción de la noción de país supone la síntesis de múltiples elementos, información de tipo geográfico, un conocimiento de las relaciones lógicas entre los elementos y posiblemente también un conocimiento implícito de la historia y de los problemas culturales implicados. Parece que desde muy pequeños los niños adquieren una serie de fórmulas que resumen una información sobre el país que supera las puras fórmulas verbales, que se convierte en algo mucho más profundo y sentido y que, a menudo, en las expresiones del sujeto aparece teñido de una cierta ambivalencia, de una cierta crítica hacia lo que no parece satisfactorio en el propio país. La descentración de que hablaba Piaget que se produce en la adolescencia, unida al mismo tiempo a ese apego, está limitada por el sociocentrismo, por la valoración predominante de la cultura del propio grupo. Por otro lado, desde el punto de vista cognitivo, los logros fundamentales a que nos hemos referido anteriormente parece que están adquiridos hacia los 11–12 años, lo que vendría a coincidir con el final de las operaciones concretas (Delval, 1989: 308).

 

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Notas

1 El total de la muestra fue de 1,121 infantes y adolescentes, y las edades van de los 9 a los 18 años de edad. El trabajo ha sido el típico de un análisis estadístico descriptivo, y hasta donde es posible se realiza cierta contrastación con la encuesta de Segovia (1975), para el país. Para que la muestra fuera representativa se eligieron: tipo de centro —público o privado—, edad, grado, sexo y número de infantes de la Delegación Coyoacán, con base en los datos que la SEP delegacional nos proporcionó. Se escogió dicha delegación, entre otras cosas, por ser una de las más representativas del DF en cuanto a composición socioeconómica según los especialistas en la materia. El diseño de la muestra para la selección fue realizado por el Dr. Assael Ortiz Lazcano, a quien agradezco de manera particular su colaboración.

2 Otras cuestiones que señala el estudio es la preferencia de la infancia capitalina por programas televisivos de origen norteamericano, si bien los gustos sobre comida todavía se centran en la autóctona, la cual aparece como en transición respecto al gusto por la extranjera.

3 Hoy sabemos que en las encuestas sobre política el factor más importante para obtener diferencias de opinión es el educativo, que siegue siendo fundamental en varias cuestiones.

4 Y respecto a la percepción de Estados Unidos cabe aclarar que Segovia detecta en la infancia defeña una mirada de más libertad para este país que la señalada por otros estados de la República.

5 El primero era el mito de la libertad, según Rafael Segovia.

6 Se trata de "la enseñanza y promoción de los valores y virtudes en escuelas del Programa Escuelas de Calidad" de la SEP (2005), aplicada a miembros de la comunidad educativa, tales como directivos, profesores, supervisores, alumnos, apoyo técnico y familiares de alumnos.

 

Información sobre la autora

Anna M. Fernández Poncela. Profesora, investigadora y docente del Departamento de Política y Cultura, División Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Autónoma Metropolitana–Xochimilco. Doctora en Antropología desde 1992. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores desde 1995, nivel II. Líneas de investigación: participación y cultura política de hombres, mujeres, adultos, jóvenes e infancia, así como lo relacionado con cultura popular, cuentos, leyendas, refranes, canciones, religiosidad. Publicaciones recientes: Canción infantil: discurso y mensajes, Barcelona (2005); Infancia, adolescencia y política, México (2005); Cultura política juvenil en el umbral del milenio, México (2003).