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Gestión y política pública

versión impresa ISSN 1405-1079

Gest. polít. pública vol.22 no.2 México ene. 2013

 

Posiciones e ideas

 

Propuesta de un esquema de seguimiento y evaluación para programas de recuperación de especies en riesgo

 

Proposal for a Monitoring and Evaluation Framework for Recovery Programs of Species at Risk

 

Alejandro Ortega-Argueta* y Armando Contreras-Hernández**

 

*Adscrito a El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), Unidad Villahermosa. Carretera Villahermosa-Reforma km. 15.5, Ranchería Guineo 2a. Sección, 86280, Villahermosa, Tabasco, México. Tel. 993 313 61 10 ext. 3412. Correo-e: aortega@ecosur.mx.

**Adscrito al Instituto de Ecología, A. C., Red de Ambiente y Sustentabilidad. Carretera Antigua a Coatepec 351, El Haya, 91070, Xalapa, Veracruz, México. Tel. 228 842 18 47, fax: 228 842 18 09. Correo-e: armando.contreras@inecol.edu.mx.

 

Artículo recibido el 14 de febrero de 2011;
Aceptado para su publicación el 19 de diciembre de 2012.

 

Resumen

Se propone un esquema de monitoreo y evaluación (MyE) para medir la eficacia y los resultados de los proyectos de recuperación de especies en riesgo de extinción. Esta propuesta se basa en el análisis de la documentación de un programa federal en México que implementó 14 proyectos de manejo durante una década, la revisión de once proyectos pertenecientes a un programa posterior, la observación participante y el análisis de proyectos similares en otros países. El esquema propuesto es adecuado para cubrir las necesidades de MyE de los proyectos de recuperación de especies vigente en México. Se proponen criterios e indicadores que cubren aspectos ecológicos, socioeconómicos y de gestión explícitos en las acciones de manejo y conservación que se prescriben en los proyectos. El MyE involucra la participación de varios sectores sociales que colaboran con iniciativas de conservación. Los indicadores fueron estandarizados para que la información recabada, analizada y comparada se integre al sistema de información ambiental para el manejo de especies en riesgo.

Palabras clave: conservación de la biodiversidad, monitoreo y evaluación, programas de recuperación de especies en riesgo, manejo adaptativo.

 

Abstract

A monitoring and evaluation (M&E) framework is proposed for evaluating the effectiveness and results of recovery programs for species at risk of extinction. The proposal is based on analysis of a Mexican governmental program that implemented 14 recovery projects over a period of ten years, revision of eleven projects from a subsequent program, participatory observation and analysis of similar programs in other countries. The proposed framework is suitable for addressing the M&E needs of the current species at risk recovery projects in Mexico. Criteria and indicators are proposed that address ecological, management and socioeconomic aspects explicit within the conservation and management actions prescribed in the recovery projects. M&E activities involve the participation of several social sectors that collaborate in conservation initiatives. Indicators were standardized in order that the information obtained, analyzed and compared can be integrated into an environmental information system for the management of species at risk.

Keywords: biodiversity conservation, monitoring and evaluation, recovery programs for endangered species, adaptive management.

 

INTRODUCCIÓN

En 1997 se inició la preparación y desarrollo de 14 proyectos de recuperación1 de especies prioritarias inmersos en el Programa para la Conservación de la Vida Silvestre y la Diversificación Productiva del Sector Rural (PCVS). Este programa del gobierno federal de México estuvo a cargo de la Dirección General de Vida Silvestre (DGVS) en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), (INE/Semarnap,2 1997). Los Proyectos de Recuperación de Especies Prioritarias (PREP) se elaboraron con el fin de definir la gestión y las acciones de manejo necesarias para la recuperación de un grupo de especies en riesgo de extinción (Semarnat, 2009a) (cuadro 1). En los PREP, las acciones de manejo implementadas por la Semarnat estuvieron agrupadas en seis temas estratégicos: 1) educación y difusión, 2) conservación y manejo, 3) investigación, 4) rehabilitación y manejo en cautiverio, 5) inspección y vigilancia y 6) recursos financieros. Este conjunto de líneas estratégicas de acción varió en los temas de los PREP dependiendo de la problemática que afectaba la especie o grupo de especies de interés.

A partir de 2007 la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) toma la batuta en la recuperación de especies amenazadas y comienza a desarrollar el Programa de Conservación de Especies en Riesgo (Procer)3, (Conanp/Semarnat, 2009). Este nuevo programa tiene un enfoque estratégico similar al PCVS, ya que incluye la preparación de una colección de documentos, ahora llamados Programas de Acción para la Conservación de Especies (PACE)4, que detallan las estrategias de manejo y conservación, y las necesidades de inversión financiera para el rescate de un grupo de especies en riesgo. La Conanp definió como meta la elaboración de 35 PACE antes de terminar el año 2012. De manera similar al PCVS, el objetivo general del Procer es la recuperación de un grupo prioritario de especies en riesgo de extinción, además de promover y desarrollar alternativas productivas sustentables para zonas de alta marginación social (Conanp/Semarnat, 2009). Los PACE se convirtieron así en un instrumento para la planeación, operación y evaluación de la política pública federal orientada a la conservación y recuperación de la biodiversidad amenazada.

 

LAS NECESIDADES DE EVALUACIÓN DE LOS PROGRAMAS DE ESPECIES EN RIESGO

A 15 años de iniciados los PREP (que operaron entre 1997 y 2007), la información sobre la implementación y sus impactos en la recuperación de especies en riesgo se encuentra principalmente en forma de minutas de reuniones, algunos estudios de caso y anecdotario, lo que resulta en información incompleta y dispersa (Allen-Amescua, 2012). En la actualidad no hay una evaluación formal e íntegra que permita verificar la eficacia y resultados de los proyectos PREP y PACE. Según nuestros conocimientos, la excepción es el Programa Nacional de Tortugas Marinas, que permanece desde 1964, y sobre el cual se tiene documentación más completa de sus avances y logros a través de informes periódicos (e.g. Semarnap/INE, 1999). Para determinar si los objetivos y metas de los PREP se cumplieron y extraer lecciones que pueden incorporarse a los PACE actuales es necesario contar con un mecanismo de monitoreo y evaluación (MyE) que esté inmerso en los sistemas de gestión institucional de la Semarnat y la Conanp.

De acuerdo con varios autores (e.g. Cardozo-Brum, 2003; Cortina-Segovia y Zorrilla-Ramos, 2009), la escasez de información sobre los resultados de los programas se debe, en parte, a la falta de una cultura de evaluación de la acción gubernamental en México. Esto está relacionado con la falta de esquemas institucionalizados de MyE y rendición de cuentas para la mayoría de los programas sobre el tema de biodiversidad. También se debe a lo difícil y complejo que es evaluar los programas ambientales. Estos programas implican, por un lado, la implementación de proyectos múltiples con objetivos que atienden aspectos ecológicos, sociales y económicos relacionados con la conservación del capital natural y el desarrollo sustentable y, por otro lado, a que requieren de la participación de actores sociales diversos. En esta complejidad, el MyE de los programas y la disponibilidad de sistemas de información ambiental son una necesidad generalizada en la gestión gubernamental (Semarnat, 2006; Universidad Autónoma Metropolitana, 2008; Cortina-Segovia y Zorrilla-Ramos, 2009) y una línea estratégica primordial por atender en el Programa Sectorial Ambiental 20072012 (Semarnat, 2007).

Ante la falta de evaluación, las dependencias y organizaciones ambientales tienen poca oportunidad de examinar si las metas y objetivos de sus programas se cumplieron, y si las intervenciones de gestión fueron adecuadas y eficaces para la conservación de la biodiversidad. Esto limita la retroalimentación de los grupos de trabajo y la documentación de iniciativas exitosas que pueden contribuir al mejoramiento de los programas y al aprendizaje institucional. Las dependencias ambientales tampoco cuentan con información completa para estimar sus avances en el cumplimiento de los compromisos y objetivos internacionales, como la Convención sobre el Comercio Internacional y Tráfico de Especies Amenazadas y la Convención de la Diversidad Biológica (Conabio/Semarnat, 2009).

Los sistemas de MyE son ahora una parte indispensable de los programas de conservación que pueden ayudar a mejorar su funcionamiento a través de la revisión de los avances y resultados, y la identificación de las fortalezas y debilidades de los esfuerzos en el corto, mediano y largo plazos (Margoluis y Salafsky, 2001; Salafsky y Margoluis, 2003; Stem etal., 2005). En este sentido, la evaluación de programas ofrece varias bondades. Puede verse como un proceso continuo de aprendizaje que ayuda a fortalecer las instituciones y a mejorar los programas. Este aprendizaje puede iniciarse en la fase de planeación de un programa y continuar a lo largo de la implementación hasta su culminación. El MyE también es crucial para refinar y adecuar las estrategias de manejo y mejorar la toma de decisiones de las dependencias (Kleiman et al., 2000; Wallace, 2003). Los resultados de estas evaluaciones pueden incorporarse al ciclo del manejo adaptativo para mejorar la gestión, optimizar recursos y tiempo, y evitar duplicar esfuerzos (Salafsky et al., 2002). La evaluación de los programas ambientales y de desarrollo es ahora un requisito indispensable de las fuentes financieras como el Banco Mundial, el Fondo Mundial para el Medio Ambiente y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Baker, 2000; Bellamy y Hill, 2010; Global Environmental Facility, 2010; Lamhauge et al., 2011), por mencionar algunos ejemplos.

Sin embargo, los enfoques tradicionales para medir la eficacia de los programas de recuperación de especies en riesgo enfrentan limitaciones metodológicas y de información. Generalmente las evaluaciones están basadas en algún criterio ecológico; por ejemplo, los cambios del estatus de conservación de las especies. Para hacer válido y útil este criterio se requiere un monitoreo periódico de la abundancia, distribución, densidad o estimaciones poblacionales de las especies, y una revisión de los cambios temporales (Block et al., 2001). Este criterio está incorporado en los indicadores de desempeño ambiental en materia de biodiversidad de la Semarnat, que se apoya en una lista nacional de especies en riesgo para identificar los cambios de estatus (Semarnat, 2009b). Este criterio también es utilizado por otros países, como Estados Unidos, Canadá y Australia con el mismo fin (NRWG, 2005; NMFS/USFWS, 2010; Australian Government, 2012). Desde el punto de vista ecológico, el enfoque es pertinente porque los cambios observados en las poblaciones se pueden utilizar como un indicador proxy de las medidas de manejo; es decir, las prácticas de manejo exitosas influirían en un incremento en la población de una especie, visto como una relación causa y efecto. Sin embargo, de acuerdo con varios autores (Possingham et al., 2002; Quayle y Ramsay, 2005; Ortega-Argueta et al., 2011) este enfoque es limitado porque:

1. El número de especies en riesgo es grande (más de 2500 en México) y el porcentaje de especies que cuentan con estimaciones poblacionales o de abundancia es relativamente pequeño. Esto requiere la colecta continua de estimaciones y censos para muchas especies en el país, lo cual es muy costoso y demanda esfuerzos enormes.

2. Se requieren datos poblacionales exactos e históricos sobre los cuales evaluar posibles cambios como resultado de las intervenciones de manejo. Estos tipos de datos no existen para la mayoría de las especies en riesgo.

3. Es difícil mantener actualizadas las bases de datos y el listado del estatus de conservación de las especies; estos listados generalmente presentan cambios relacionados con correcciones taxonómicas, de nomenclatura y acceso a nueva información, más que reflejar cambios en el estatus debido a fluctuaciones poblacionales.

4. Los indicadores ecológicos no son lo suficientemente sensibles para medir cambios poblacionales y tendencias claras en el corto plazo (considerando los periodos de los programas gubernamentales).

5. El incremento de la abundancia de una especie puede ser multicausal; por lo tanto, si solamente se miden los criterios ecológicos, los resultados, sean positivos o negativos, son difíciles de interpretar como relaciones causa-efecto y de asociar a las intervenciones de manejo.

6. Los resultados basados únicamente en criterios e indicadores ecológicos no pueden compararse entre los proyectos de recuperación que son implementados paralelamente como los PREP y los PACE.

7. La recuperación de especies en riesgo implica aspectos de gestión que van más allá de los meramente biológicos. La mayoría de las especies en peligro de extinción están en esa condición como resultado de las prácticas humanas no sustentables. Así, los programas de recuperación plantean acciones dirigidas a cambiar las actitudes y actividades humanas hacia las especies y ecosistemas (véase "Diseño conceptual del esquema de MyE", p. 13). Estos aspectos sociales de la conservación pueden conformar una evidencia importante de la eficacia y repercusión de un programa; sin embargo, han sido ignorados frecuentemente en los criterios de evaluación (Kleiman et al., 2000; Mathevet y Mauchamp, 2005; Munro y Moore, 2005; Wilder y Walpole, 2008).

De esta manera es necesario desarrollar estudios que articulen la información ecológica con las necesidades de información de los sistemas gestores de la biodiversidad. Nuestro estudio atiende esta necesidad en materia de MyE (Cortina-Segovia y Zorrilla-Ramos 2009). Aportamos las bases teóricas y prácticas para mejorar la planeación, implementación y evaluación de los programas y proyectos para la conservación de la biodiversidad. Los objetivos de este trabajo son: 1) analizar los aspectos de planeación e implementación de los programas gubernamentales para el manejo y conservación de especies en riesgo y 2) formular un esquema metodológico conceptual y práctico de MyE adecuado para cubrir las necesidades de los programas vigentes. El esquema de MyE propuesto, aunque se construyó para apoyar la gestión de especies en riesgo, tiene relevancia para otros programas gubernamentales que inciden en el manejo y conservación de la biodiversidad (e.g. Áreas Naturales Protegidas, Unidades de Conservación de la Vida Silvestre). Esta contribución también puede tener relevancia internacional ya que atiende las necesidades de información y evaluación de los programas oficiales para la biodiversidad de otros países firmantes del Convenio de Diversidad Biológica.

 

MARCO CONCEPTUAL Y METODOLÓGICO

El marco teórico de análisis se basó en los métodos de investigación evaluativa de políticas públicas y programas ambientales (e.g. Susskind et al., 2001; Patton, 2002; Mickwitz, 2003; Crabbé y Leroy, 2008). La evaluación de programas generalmente integra una serie de procedimientos, por los que se pueden analizar las fases durante el desarrollo de un programa, determinar su mérito y valor, y encontrar áreas de mejoramiento (Scriven, 1997). Para este estudio se evaluaron las fases de diseño, planeación e implementación de los programas y proyectos oficiales de manejo y recuperación de especies en riesgo. Primero, para la fase de diseño y planeación, realizamos un análisis de la teoría y diseño conceptual del programa. Este tipo de evaluación consiste en examinar la construcción conceptual de un programa, los elementos que lo integran y los supuestos de cómo una intervención ayudará a obtener los resultados anticipados (Chen, 1990; Rossi et al., 2004). Al evaluar la teoría y el diseño conceptual de los PREP y PACE tratamos de determinar la coherencia en las relaciones causales entre los objetivos del programa, las estrategias y acciones prescritas y los resultados esperados. Para esto analizamos los programas estratégicos del PCVS y Procer de la Semarnat y la Conanp, respectivamente (INE/Semarnap, 1997; Conanp/Semarnat, 2009). Revisamos también el contenido de los 14 PREP que fueron publicados por la DGVS desde 1999 hasta 2006 y los once PACE finalizados y publicados de forma electrónica por la Conanp hasta diciembre de 2011 (cuadro 1). Esto permitió evaluar la calidad de los programas y proyectos como instrumentos de planeación y gestión, basándonos también en un análisis de la cobertura de atributos clave comparado con guías y estándares internacionales de planeación (e.g. NRWG, 2005; IUCN/SSC, 2008; Dietz et al., 2010), (cuadro 2). El trabajo se complementó con un análisis de las acciones de manejo que están prescritas en los proyectos PREP y PACE para estimar el grado de cobertura de los temas estratégicos, con el fin de establecer los tópicos de los criterios e indicadores para la evaluación. Este enfoque de evaluación ha sido aplicado para determinar la calidad de los programas de recuperación de especies en riesgo en Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda (Hoekstra et al., 2002; Holzapfel, 2005; Stratos, 2006; Ortega-Argueta, 2008).

La fase de implementación y operación de los proyectos se abordó como un proceso de observación participante (Patton, 2002; Comboni y Juárez, 2007), en el que los autores documentaron sus experiencias de participación en proyectos sobre manejo y conservación de la biodiversidad: el primer autor (AOA) colaboró durante diez años en el Subcomité Técnico Consultivo para la Recuperación del Manatí (corresponsable de uno de los 14 PREP). En este marco de indagación se trabajó de cerca con los diferentes miembros del subcomité para determinar el tipo de información que fue generada a partir de la implementación y seguimiento de los PREP y definir el tipo de información que podría documentarse sistemáticamente para informar sobre los avances y resultados del proyecto. Este proceso de investigación incluyó la participación en: reuniones de planeación y gestión con el gobierno federal, reuniones anuales de coordinación del subcomité (para asesoría, revisión y discusión de los avances del proyecto), y una reunión nacional de presidentes de los diferentes subcomités de especies en riesgo (reunión organizada para intercambiar las experiencias entre representantes de los 14 PREP).

El segundo autor (ACH) realizó estudios para la conservación y aprovechamiento de una especie vegetal endémica en riesgo (Beaucarnea recurvata): evaluó el estatus de conservación de esta especie en fragmentos de selva seca que muestran tasas elevadas de transformación por actividades agrícolas y pecuarias, facilitó la organización social para el aprovechamiento legal de la especie en viveros comunitarios y apoyó la gestión para la comercialización de individuos cultivados en unidades de manejo de vida silvestre (Contreras y Barrera, 2007; Osorio et al., 2011). La experiencia combinada de los autores permitió establecer los mecanismos y procesos institucionales y organizacionales para la implementación de los programas de especies en riesgo, los temas y acciones prescritos en las agendas de gestión de los proyectos individuales (PREP), los procedimientos para el seguimiento y revisión de las actividades de los subcomités y la disponibilidad y necesidades de información para la gestión, evaluación y mejoramiento del programa. La investigación fue apoyada con entrevistas a miembros del subcomité del manatí y funcionarios de la Semarnat y la Conanp, además de la revisión de minutas, comunicados e informes de trabajo de las reuniones del subcomité del manatí, y de un acervo de correspondencia enviada entre los miembros de dicho subcomité y las autoridades de la Semarnat entre 1997 y 2007. En la investigación documental se revisaron publicaciones que enfatizan las necesidades de MyE de los programas de conservación similares en el contexto internacional (e.g. McGowan, 2001; The Royal Society, 2003; CMP, 2007; Vaessen y Todd, 2008; Jenks et al., 2010). Mediante este análisis integral se establecieron los elementos que sustentaron el diseño conceptual y práctico del esquema de MyE propuesto. Este esquema cubre las necesidades de información identificadas en los programas oficiales y puede adaptarse metodológicamente a los proyectos de recuperación de especies en riesgo como los PACE, aunque también puede aplicarse a otros programas de conservación similares que contemplan iniciativas con proyectos y objetivos múltiples.

 

EL ESQUEMA DE MONITOREO Y EVALUACIÓN

A continuación se abordan los principales aspectos y elementos necesarios para construir el esquema de MyE.

 

Aspectos preliminares del seguimiento de un programa

Los proyectos de recuperación son documentos oficiales de manejo que contienen las estrategias y acciones necesarias para recuperar las especies en riesgo, además de anticipar los beneficios y costos potenciales de las intervenciones. Estos proyectos son desarrollados e implementados por el personal de la Semarnat y la Conanp, con la colaboración de grupos de especialistas en biodiversidad, manejadores de vida silvestre, representantes de organizaciones no gubernamentales, propietarios de tierras y voluntarios, guiados por las acciones de manejo prescritas en los proyectos mismos. El esquema de MyE propuesto es parte integral de la planeación e implementación del programa (Procer) y los proyectos (PACE). Para que el esquema opere adecuadamente es necesario asignar recursos y personal de tiempo completo para realizar esta tarea, ya que las actividades de monitoreo, colecta y análisis de información y la evaluación requerirán tiempo y recursos suficientes (e.g. actividades de monitoreo en campo, reuniones periódicas de los coordinadores de todos los proyectos). Por eso el esquema de MyE debe considerarse en el planteamiento de los componentes básicos del programa y en la definición de las necesidades presupuestarias de operación. También deben establecerse acuerdos interinstitucionales para la transferencia continua de información basada en los criterios e indicadores que se explican a continuación. El esquema está diseñado para aplicarse desde el inicio de la implementación de cada proyecto; así las actividades de seguimiento se deben realizar en forma paralela a la implementación. Las actividades de monitoreo que acompañan todo el proceso de implementación de los proyectos facilitan la documentación de los resultados y logros que vayan surgiendo y conformarán la evidencia en la que se basarán las evaluaciones anuales.

 

Diseño conceptual del esquema de MyE

Como toda política pública, el Procer y los PACE siguen un ciclo. Dentro de este ciclo, las políticas públicas se formulan como primer paso, posteriormente se implementan y monitorean al mismo tiempo y, por último, se evalúan para determinar sus efectos (Clark, 2002; Rossi et al., 2004). De esta manera, la Conanp y la Semarnat (dependencias responsables del Procer y los PACE) necesitan un mecanismo de autocontrol de su gestión para documentar y revisar la implementación del programa. El esquema de MyE que planteamos ayuda a definir un grupo de criterios e indicadores de eficacia, desempeño y resultados que son necesarios para evaluar los proyectos individuales y el programa en su conjunto.

La construcción conceptual de los programas de recuperación de especies en riesgo implica la elaboración de una serie de documentos oficiales que ayudarán a revertir los procesos de deterioro y contribuirán a un manejo sustentable de la vida silvestre. Los supuestos del Procer como política pública implican que la implementación de un grupo de proyectos de recuperación de especies en riesgo a escala nacional mejorará el estatus de estas especies y su hábitat, y se brindarán mejores oportunidades a la sociedad para el manejo sustentable de la biodiversidad (Conanp/Semarnat, 2009). Los resultados esperados de la implementación de los proyectos y de las intervenciones de manejo son una reducción del número de especies en peligro de extinción o por lo menos su reclasificación hacia categorías de menor riesgo ("vulnerable" o "sujetas a protección especial"). De igual manera se espera la mejoría del hábitat de las especies en términos de un incremento en la cobertura de los espacios naturales conservados. Por último, se esperan cambios de actitud de la sociedad mexicana hacia la vida silvestre y la mejoría en su bienestar socioeconómico a través de la adopción de esquemas y prácticas de uso sustentable de los recursos naturales.

Con estos supuestos, los proyectos tienen un carácter prescriptivo, es decir contienen ciertos elementos y directrices que fueron diseñados para apoyar la toma de decisiones respecto a la conservación y manejo de las especies en riesgo. Cada proyecto establece un grupo de temas estratégicos y recomienda un conjunto de acciones que pueden dirigirse a la restauración del hábitat, la investigación o el fomento de la cultura de conservación, entre otros.

A partir del análisis de los temas estratégicos y de las acciones de manejo que están establecidas en los PREP y los PACE, y de la revisión de proyectos similares en otros países, identificamos que las acciones recomendadas van dirigidas al manejo biológico de las especies y del hábitat, y en una mayor proporción, a fomentar una mejor relación de los seres humanos con la biodiversidad. Entre 70 y 80 por ciento de las acciones recomendadas en cada proyecto de recuperación van dirigidas al trabajo de gestión con grupos sociales (e.g. propietarios de tierras privadas y comunales, pescadores como usuarios de un recurso marino, zoológicos privados como empresas dedicadas a la conservación de la vida silvestre) (gráfica 1). Esto implica que los proyectos tienen un componente importante de gestión social, lo cual se debe a que la mayoría de las causas que llevan a las especies a enfrentar un riesgo de extinción tienen un origen humano (Brooks et al., 2006).

Entre las principales causas antropogénicas de la pérdida de la biodiversidad se encuentran la sobreexplotación de las especies, la caza ilegal, la introducción de especies exóticas, la destrucción y contaminación del hábitat por desarrollos urbanos, costeros e industriales, la erradicación de especies consideradas nocivas (e.g. el lobo mexicano), y las prácticas de manejo de recursos no sustentables (e.g. agricultura y ganadería extensivas) (Challenger y Dirzo, 2009; Naranjo y Dirzo, 2009).

De esta manera, los proyectos de recuperación recomiendan estrategias y acciones dirigidas a fomentar conductas, actitudes y actividades humanas más sustentables para la vida silvestre. Como ejemplos, encontramos acciones para disminuir la sobreexplotación de una especie, restaurar el hábitat deteriorado y mejorar las prácticas agrícolas sustentables de una región, convencer a propietarios de predios privados o comunales para que participen en esquemas de conservación de tierras, o realizar actividades de educación ambiental que logren una percepción distinta de la sociedad hacia una especie de interés.

Se espera que las intervenciones logren cambios de actitud y conducta humana que lleven en el corto, mediano y largo plazos a mejorar el estatus de las especies y su hábitat. De igual manera se pretende que las acciones de manejo biológico de las especies, como puede ser la reproducción asistida y la restauración de ecosistemas, también ayuden a mejorar el estatus de las especies. La meta última de los proyectos es la restauración de las especies en su tamaño poblacional, distribución o abundancia, a un grado de magnitud que ya no se consideren en riesgo de extinción.

Por otro lado, las metas y objetivos de los proyectos están dirigidos no solamente a cubrir los aspectos biológicos de la conservación de las especies, sino que también se enfocan en mejorar el bienestar de los grupos sociales involucrados mediante el fomento de actividades productivas sustentables, la capacitación y organización comunitaria y la suma de sinergias institucionales (Conanp/Semarnat, 2009). En este contexto, los criterios e indicadores que proponemos para el esquema de MyE se basan en los aspectos ecológicos y socioeconómicos implícitos en las acciones de manejo y conservación de los proyectos, como se observa en los cuadros 3 y 4 construidos a partir de temas identificados en la revisión de los PREP y PACE. Así como es necesario monitorear la condición de las especies y su hábitat, también es preciso revisar la implementación de los proyectos y la influencia que tienen en la conducta humana, especialmente en los intentos de revertir aquellas actividades y procesos que pusieron a las especies en peligro de extinción. En esta vertiente, el gobierno de Canadá (NRWG, 2005) propone una serie de aspectos para el MyE de los proyectos de recuperación de especies en riesgo: 1) el cumplimiento de las metas y objetivos señalados, 2) los cambios en el tamaño poblacional de las especies, las tendencias y productividad (con una explicación de las razones de estos cambios), 3) la restauración y protección del hábitat, 4) el éxito en la mitigación o control de amenazas, 5) el grado de consulta y participación de los actores sociales pertinentes, 6) el éxito de las actividades de educación ambiental realizadas en el proyecto y 7) el grado de apoyo del público para la implementación de las acciones del proyecto. Estas intervenciones requieren un seguimiento cuidadoso, a la par del monitoreo ecológico de las especies y el hábitat.

Sólo mediante el reconocimiento integral de los aspectos que conforman un programa de recuperación de especies en riesgo (e.g. ecológicos, socioeconómicos, técnicos, políticos e institucionales) y el establecimiento de criterios e indicadores ecológicos y socioeconómicos acordes, se podrá construir una base sólida y completa para evaluar su eficacia y resultados. En la bibliografía académica sobre manejo ambiental, sustentabilidad y desarrollo humano existen varios ejemplos de indicadores ecológicos y socioeconómicos (e.g. Nelson, 2004; Pomeroy et al., 2004; Fenton, 2006; Plummer y Armitage, 2007; Schreckenberg et al., 2010) que pueden incorporarse a un esquema de MyE como el de los proyectos de recuperación (véanse ejemplos en el cuadro 4). Con esta diversificación de criterios para el MyE también se resuelven las limitaciones de información que se mencionaron anteriormente ocasionadas por usar sólo criterios ecológicos.

Para el establecimiento de los indicadores se debe revisar cuidadosamente la consistencia entre los objetivos de cada proyecto, las estrategias y acciones prescritas, los indicadores de desempeño y los resultados, y las actividades de monitoreo. En el cuadro 5 se muestran algunos ejemplos de indicadores y su marco lógico de MyE.

Debido a restricciones logísticas, de personal y financieras, no todas las acciones de los proyectos podrán recibir seguimiento. Habrá entonces que identificar las acciones más relevantes para el monitoreo, que sean factibles y fáciles de medir, y que aportarán una evidencia mayor de la implementación y resultados de los proyectos.

 

SISTEMA DE INFORMACIÓN PARA EL MANEJO

Es importante aclarar que las tipologías de las estrategias, acciones y sus indicadores de desempeño y medición de resultados deberán ser, en la medida de lo posible, homogéneas entre los proyectos. Esto se logrará desarrollando protocolos estandarizados para la colecta de información. A su vez, permitirá almacenar información sistematizada para comparar los avances y resultados entre proyectos ejecutados paralelamente como son los PACE, y el intercambio de experiencias entre los grupos de trabajo (o subcomités), la Conanp y otras dependencias gubernamentales. Para ayudar a los coordinadores de cada proyecto a establecer los indicadores estandarizados es necesario elaborar una guía metodológica para el MyE, que incluya un catálogo de criterios e indicadores que se adecuen a las circunstancias de cada proyecto. Esta guía también servirá como formato para elaborar el contenido de los proyectos, que apoyará el uso de una nomenclatura común y facilitará el cumplimiento de los estándares de planeación (véase el cuadro 2). Esto es esencial para medir y comparar los avances y resultados entre los proyectos.

Los coordinadores de cada proyecto o grupo de trabajo recabarán la información del seguimiento de los indicadores y resultados en un informe de formato estándar y lo enviarán a un sistema de información (SI) del programa (diagrama 1). Este si se alimenta de una base de datos que proveerá la información para apoyar la toma de decisiones de manejo, incluyendo la información que fundamentará la evaluación y guiará el mejoramiento de los programas (Allen et al., 2001; Bosch et al., 2003). El si incluirá también un acervo de resultados cualitativos y cuantitativos que facilitará el seguimiento de los indicadores y que deberá estar accesible para las demás dependencias gubernamentales, los grupos de trabajo, los usuarios y otras organizaciones involucradas. El acceso a la información y la retroalimentación entre los grupos participantes de los proyectos se puede facilitar a través de un sitio web en internet (como referencia se puede ver la página ConPro de la organización The Nature Conservancy, http://conpro.tnc.org). El si permitirá identificar y entender las problemáticas similares, mejorar la comunicación y transferencia de información de manera vertical y transversal entre las dependencias gubernamentales y los grupos de trabajo, y aprender continuamente de la operación de los proyectos. Este si puede ser incorporado al Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación para la Conservación (SIMEC) que administra actualmente la Conanp (Conanp/Semarnat, 2010b).

 

REVISIÓN PERIÓDICA DE LOS AVANCES Y RESULTADOS DE LOS PACE

Es recomendable que se elabore un informe anual de avances para cada proyecto, utilizando el formato estandarizado que contenga la información del seguimiento de los indicadores y los resultados destacables. Estos informes anuales podrían analizarse y compararse en un foro nacional con los representantes de cada proyecto y los grupos de trabajo, junto con representantes de la Conanp, Semarnat y otras dependencias involucradas (diagrama 1). Así, las estrategias y acciones pueden revisarse para establecer los avances e intervenciones exitosas, identificar los desafíos y obstáculos por resolver, redirigir enfoques, evitar la duplicación de esfuerzos y la repetición de los errores documentados en otros proyectos. Con esto también se logrará una mejor apreciación de los problemas comunes a escala nacional y los impactos de las estrategias y acciones implementadas para el cumplimiento de metas y objetivos de los PACE y el Procer en su conjunto. Este análisis integral ayudará a mejorar los programas a través del manejo adaptativo, que contempla un proceso cíclico continuo de autorreflexión y evaluación que conduce a un refinamiento de las intervenciones (Salafsky y Margoluis, 2003; Smith et al., 2007; Cundill y Fabricius, 2009). De acuerdo con Priddel y Carlile (2009), el manejo adaptativo es necesario para atender la complejidad e incertidumbre asociadas a la recuperación de especies en riesgo, con un enfoque que revisa y evalúa la respuesta de las especies y hábitats manejados.

 

PARTICIPACIÓN DE LOS ACTORES SOCIALES

El esquema de MyE contempla inicialmente el establecimiento de redes de colaboración y compromisos de participación entre las dependencias gubernamentales y actores sociales diversos (Conanp/Semarnat, 2009). Estos compromisos de colaboración pueden incluir la participación de grupos de trabajo diversos, como los subcomités técnicos de expertos, las dependencias de los tres niveles de gobierno, zoológicos y acuarios, organizaciones no gubernamentales, asociaciones de productores, propietarios de tierras de conservación, comités de vigilancia ambiental participativa, habitantes de comunidades rurales, empresas y voluntarios (Conanp/Semarnat, 2009). El marco operativo se plantea dentro de un esquema de manejo participativo (Allen et al., 2001; Schusler et al., 2003; Cundill y Fabricius, 2009) que está dado por los criterios de corresponsabilidad y la participación de colectivos sociales en la implementación y evaluación de los proyectos y la validación de sus resultados (Conanp/Semarnat, 2009).

Actualmente los actores sociales locales están más involucrados en la gestión ambiental, proponiendo esquemas tradicionales de uso, manejo y conservación de la biodiversidad (Boege, 2008; Ortega-Argueta y Contreras-Hernández, 2013). Las organizaciones no gubernamentales y grupos de la sociedad civil están impulsando iniciativas de manejo comunitario con enfoques participativos más eficaces que los centralistas tradicionales (e.g. Paré y Sánchez, 1996; Guerra et al., 2010). Este enfoque participativo puede verse como una oportunidad, ya que ayuda a subsanar las limitaciones presupuestarias y de personal de la mayoría de los programas gubernamentales (Cortina-Segovia y Zorrilla-Ramos, 2009). Así, en el manejo participativo, un número importante de acciones prescritas en los proyectos y las actividades de monitoreo y evaluación podrían ser realizadas por los actores locales participantes (McDufff, 2001; Evans y Guariguata, 2008), coordinadas por la Conanp, en colaboración con los funcionarios de los tres niveles de gobierno.

Este enfoque está explícito en la mayoría de los nuevos proyectos (PACE), que fomentan la participación y organización social a través del monitoreo biológico de un grupo de especies prioritarias, dentro y fuera de las áreas naturales protegidas (Semarnat, 2010; Semarnat/Conanp, 2011). Para esto se desarrollan protocolos de monitoreo para diferentes grupos taxonómicos de especies. Con ayuda de los grupos de especialistas se ha capacitado a grupos de voluntarios y pobladores para que realicen el monitoreo y colecten la información con el rigor técnico necesario (Semarnat/Conanp, 2011). También se han conformado comités de vigilancia comunitaria que ayudan a supervisar que no se realicen actividades ilícitas que afecten la vida silvestre, y se mantenga una comunicación entre los habitantes y los tres niveles de gobierno (Chávez y Ceballos, 2006). Varios grupos de la sociedad civil se integraron a mecanismos de seguimiento y evaluación comunitarios para evaluar los indicadores de gestión propuestos en los proyectos y promover las actividades sustentables para la conservación de las especies (Chávez y Ceballos, 2006; Semarnat/Conanp, 2011).

En los proyectos se deben definir claramente los papeles y el grado de participación de los colaboradores en las actividades de seguimiento. Una vez que se haya identificado a los responsables, a través de talleres de capacitación se verificarán los protocolos, métodos e indicadores del monitoreo para estandarizarlos y que sean validados por los grupos colaboradores. Mediante este proceso de coparticipación en el seguimiento y revisión del avance de cada proyecto, los actores involucrados podrán aprender de las acciones de conservación aplicadas y de sus resultados, mejorarán sus capacidades de acción y verificarán por sí mismos la eficacia de sus esfuerzos en el desarrollo de los proyectos (McDuff, 2001).

La evaluación participativa también podría fortalecer la colaboración de la sociedad a través del reconocimiento de su participación cívica. Los subcomités técnicos consultivos y los comités de vigilancia ambiental participativa son un componente fundamental de estos proyectos, por lo que necesitan el reconocimiento de las autoridades ambientales mediante la documentación y publicación de iniciativas exitosas (e.g. Allen Amescua, 2012). La comunicación permanente entre los grupos de colaboración y las dependencias gubernamentales es crucial para mantener el intercambio de información y hacer los ajustes necesarios a los proyectos. De esta manera, tanto el gobierno como los grupos civiles compartirán el proceso de aprendizaje de la gestión.

 

INFORMES PERIÓDICOS, EVALUACIÓN FINAL Y DIVULGACIÓN DE RESULTADOS

El análisis de la información procesada del MyE de cada proyecto puede documentarse en informes anuales y un informe final al término del proyecto. En algunos países como Estados Unidos, Canadá y Australia se recomienda realizar evaluaciones de estos programas en periodos de cinco años. Un análisis general de los indicadores de desempeño y los resultados de todos los proyectos aportará la evidencia para evaluar la eficacia del Procer. Las evaluaciones no sólo irán enfocadas a generar información sobre el número de proyectos elaborados y de proyectos en operación, o la cantidad de dinero invertida, sino que deben ir más allá; deben indagar las estructuras, arreglos y procesos institucionales, organizacionales y de planeación, intentando determinar si los proyectos lograron sus metas y objetivos, y por qué unos proyectos lo lograron y otros no. Otras preguntas que podrían responderse con la evaluación de los proyectos se muestran en el cuadro 6. La formulación anticipada de este tipo de preguntas durante la fase de planeación de los proyectos ayudará a determinar qué tipo de información está disponible y cuál hace falta para apoyar la evaluación. Este diagnóstico también ayudará a definir el tipo de datos que se incorporará a los sistemas de información a partir del seguimiento de los proyectos.

El acervo de la evidencia de los proyectos también ayudará a cubrir las necesidades de información en diversos formatos y para varios usuarios (diagrama 1). Esto obedece a que las dependencias gubernamentales pueden necesitar informes periódicos para diferentes instancias, como los convenios internacionales sobre la conservación de la biodiversidad, las fuentes financieras involucradas en los proyectos, las dependencias gubernamentales encargadas de la rendición de cuentas, y las organizaciones conservacionistas y civiles que colaboran con los proyectos. Así, el esquema de MyE propuesto puede cubrir y adecuarse a esas diferentes necesidades de información y facilitar su divulgación en diversos foros y publicaciones.

 

CONCLUSIONES

La recuperación de especies en riesgo de extinción requiere la consideración de varias dimensiones del problema, que incluyen los aspectos científicos, sociales, institucionales, económicos y políticos, ya que la mayoría de estas especies están en riesgo como resultado de actividades y prácticas humanas no sustentables. Estos aspectos, muchas veces ignorados, tienen una gran influencia en el éxito o fracaso de los programas de especies en riesgo (Boersma et al., 2001; Hoekstra et al., 2002). Con la implementación del esquema de MyE propuesto, las dependencias gubernamentales y las organizaciones conservacionistas y civiles podrán contar con información sistematizada para examinar si los objetivos se cumplieron y si las intervenciones de manejo fueron adecuadas y efectivas.

La retroalimentación constante de los grupos de trabajo aunado a la documentación de las iniciativas exitosas, puede contribuir a mejorar y elevar el perfil de los programas sobre la biodiversidad. El esquema de MyE que proponemos puede servir de referencia para el diseño y adopción de un esquema similar en el Programa de Recuperación de Especies en Riesgo (Procer). Esta aportación atiende una necesidad prioritaria en México y en otros países, puesto que los programas de conservación necesitan mejorar su eficacia en el cumplimiento de metas y objetivos, su eficiencia en la asignación y uso de los recursos y lograr mayor acercamiento a la sociedad.

Apéndice

 

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Notas

Los autores agradecen a Clara E. Pérez Sánchez y a Arturo Hernández Huerta (Inecol), quienes amablemente revisaron y aportaron sugerencias para mejorar el documento. Asimismo, a los revisores anónimos que contribuyeron al mejoramiento del manuscrito.

1 De acuerdo con la Ley General de Vida Silvestre, "recuperación" se define como el restablecimiento de los procesos naturales y de los parámetros genéticos, demográficos o ecológicos de una población o especie, con referencia a su estado al iniciar las actividades de recuperación, así como a su abundancia local, estructura y dinámica en el pasado, para retornar a cumplir con su papel ecológico y evolutivo con la consecuente mejoría en la calidad del hábitat.

2 Antes de 1998 se denominaba la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca.

3 Cabe señalar que la política pública diseñada para la conservación de especies en riesgo en México ha sufrido cambios administrativos en los tres últimos sexenios; primero, en la administración del presidente Ernesto Zedillo (1994-2000) se formuló el PCVS, una política federal que estuvo administrada por la DGVS de la Semarnap, y que por primera vez en la historia define específicamente una línea de gestión para el manejo y la recuperación de un grupo de especies amenazadas y su hábitat. Después, durante la administración del presidente Vicente Fox (2001-2006) se dio continuidad al PCVS, sin embargo el programa enfrentó limitaciones presupuestarias, por lo que se consideró finalizarlo en la DGVS y "emigrarlo" a la Conanp, dependencia descentralizada de la Semarnat. Por último, para el sexenio del presidente Felipe Calderón (2007-2012), el programa de especies en riesgo se conformó como el Procer, ya bajo la administración de la Conanp. Es en esta dependencia donde el programa ha recibido mayor presupuesto operativo para la formulación e implementación de los proyectos de acción conocidos como PACE.

4 A través de los periodos administrativos observamos inconsistencias en el lenguaje de planeación de la Semarnat y la Conanp que se ven reflejadas en el uso indistinto de los términos "programa" y "proyecto" dentro de la documentación para el manejo de especies en riesgo. De acuerdo con varios autores (OGC, 2008; PMI, 2008), un proyecto es un documento en el que se planifican las actividades con el fin de alcanzar determinados objetivos y resultados. Así, un proyecto es la unidad más pequeña de actividad que puede planificarse y ejecutarse administrativamente, en forma independiente. El programa es un conjunto organizado y coherente de proyectos de naturaleza similar. Un programa implica un nivel superior de planeación al del proyecto. Por lo tanto, para fines de uniformar el lenguaje de planeación de este articulo utilizamos el término "programa" para referirnos a las políticas generales para las especies en riesgo (PCVS y Procer) y el termino "proyecto" para referirnos a los documentos de planeación particulares para las especies (PREP y PACE).

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