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Historia y grafía

versão impressa ISSN 1405-0927

Hist. graf  no.53 México Jul./Dez. 2019  Epub 10-Dez-2019

 

Reseñas

Entre el antisemitismo y el sionismo: el gobierno de Luis Echeverría, los judíos de Estados Unidos y el Estado de Israel

Boycott between Antisemitism and Sionism: the Government of Luis Echeverría, American Jews and the State of Israel

María Luisa Aspe Armellaa 

aDepartamento de Historia. Universidad Iberoamericana. Correo: maria.aspe@ibero.mx.

Katz Guggenheim, Ariela. Boicot. El pleito de Echeverría con Israel. México: Ediciones Cal y Arena, Universidad Iberoamericana, 2019. 487p.

Creo que no puedo enfatizar lo suficiente cuánta importancia abriga Boicot. No sólo es un libro correctamente construido en todas sus dimensiones, desde su redacción hasta la narrativa tan bien entramada, que no puede menos de absorber la atención de sus lectores. También es un estudio muy meticuloso, innovador y congruente. Presagio un destino muy favorable a Boicot, tanto por la utilidad que ofrece a diferentes especialistas, como por la claridad que manifiesta a toda clase de lectores en relación con el gobierno de Echeverría y el México de los setenta.

Entre los internacionalistas y los politólogos, la recepción de Boicot será fecunda porque explica las dinámicas mexicanas del diálogo internacional en una época de tensiones rutinarias, en medio de los conflictos de la Guerra Fría. Mediante la consideración de esferas particulares, como lo son México, Israel, Estados Unidos y el bloque árabe-soviético, Ariela Katz encarna y vuelve concretos los conceptos geopolíticos ya tan gastados que se suelen usar para describir esta época. Me refiero a conceptos tales como los “países alineados”, los “no alineados”, los países “satélites”, las “zonas de influencia”, entre otros. Pero el análisis que ejecuta Ariela está lejos de quedarse en aquellos lugares comunes que parecerían flotar en las abstracciones politológicas. Al contrario, la autora pone de relieve la participación de otros personajes que tienden a desaparecer en los estudios convencionales de este tipo. Boicot no sólo atiende la importancia de los embajadores, de los oficiales de los gobiernos y de los delegados de la ONU. El libro da cuenta de cómo la ciudadanía -y, en particular, la ciudadanía judía- pudo, también, ser partícipe de los procesos globales en los hechos durante la Guerra Fría. Quizás en la actualidad ya se toman en cuenta las protestas de la ciudadanía afroamericana, o a las movilizaciones estudiantiles. Sin embargo, dichas protestas se distinguen diametralmente del tipo de protesta que Ariela nos expone en Boicot. La complejidad de la organización de los judíos estadounidenses y la sofisticación de la presión económica del boicot contrastan con las otras protestas pacíficas del momento. Creo que la descripción que la autora hace de este suceso abre muchas posibilidades para que, en el futuro, se estudie con mayor profundidad los impactos de las ciudadanías en las decisiones gubernamentales durante y después de la Guerra Fría.

Desde luego, la importancia de Boicot no se queda ahí. Este análisis está lleno de procesos poco usuales: como las negociaciones de embajadores mexicanos con ciudadanos judíos estadounidenses, o las correspondencias entre oficiales del gobierno israelí y judíos mexicanos, o las regulaciones de organismos internacionales que tienen efectos insospechados en las economías domésticas. Y son, precisamente, estas relaciones insólitas y sus consecuencias políticas, sociales y económicas las que brindan un ángulo de observación poco estudiado entre los especialistas.

Hasta aquí, he señalado el atractivo que puede presentar el libro de Ariela para los estudiosos de los procesos políticos. Pero también hay otra clase de importancia. Por ejemplo, para los historiadores la incumbencia es flagrante. Boicot nos aproxima de un modo muy peculiar a la era del presidencialismo mexicano. Conocemos de sobra el protagonismo que tuvieron las decisiones oscilantes de Luis Echeverría en el seno de la actuación del Ejecutivo. Pero en Boicot, este asunto alcanza una claridad implacable porque delata el verdadero impacto que tuvieron ciertas aspiraciones personales del expresidente, como su pretensión a ocupar el cargo de Secretario General de la ONU. Además, el caso que Ariela nos expone es muy elocuente para conocer las consecuencias mundiales del sistema presidencialista mexicano.

Los historiadores que han trabajado esa década tan prolífica en discursos disidentes y en narrativas decoloniales tienen, en Boicot, una fuente igualmente imprescindible. Su lectura sería muy provechosa para entender ese momento histórico que se ha entendido a la luz de las guerrillas comunistas, de las denuncias contra el capitalismo, y del surgimiento de identidades rebeldes, como los movimientos estudiantiles, las comunidades eclesiales de base, o las múltiples exaltaciones de las autoctonías. Ariela nos ayuda a comprender cómo este grupo de narrativas fue el motivo que desembocó, necesariamente, en la fórmula que igualaba al Sionismo con el racismo. Así pues, la bandera de la disidencia, las denuncias contra la opresión del Tercer Mundo, los oponentes al imperialismo, se aliaron con los intereses del bloque soviético para generar esa ecuación peyorativa sobre el Sionismo. Una ecuación que era realmente difícil de sustentar. Esa circunstancia histórica fue reuniendo otros factores, tales como las aspiraciones de liderazgo latinoamericano del expresidente Echeverría y las crecientes dificultades aparecidas en el Medio Oriente, que llevaron necesariamente al boicot turístico impuesto sobre México. Y he sacado a colación este asunto porque, todavía en nuestros días, prepondera un acento decolonialista cuando se alude a esta década. Y a menudo predomina una especie de simplificación que insinúa dos llanas facciones: los rebeldes progresistas contra los reaccionarios tradicionalistas. Y la verdad es que un maniqueísmo tan reduccionista, sencillamente, no funciona. Por eso, pienso que la autora nos brinda una alternativa para estudiar ese momento. Las denuncias contra el racismo de dicho periodo adquieren otra dimensión cuando Ariela Katz nos revela que surgieron denuncias (la de los judíos estadounidenses y los sionistas) contra aquéllos que asumían el papel de denunciantes. Aun las protestas eran objeto de otras protestas, lo cual es indicio de la verdadera complejidad del período.

Existe también otro género de historiadores a los que Boicot parecerá atractivo. Están, por un lado, quienes elaboran análisis de historia cultural, cuyos focos de interés se centran en las prácticas cotidianas y en la conducta del humano en sociedad. Pienso que la indagación tan escrupulosa en archivos que presenta Boicot revela una faceta interesante para la historia cultural. Podemos percatarnos, en el libro de Ariela, de las preocupaciones y la relevancia de la comunidad judía de México. Esos intercambios que Ariela nos describe, entre organizaciones e instituciones de judíos mexicanos, así como las comunicaciones que entablaban con las esferas oficiales del gobierno y con las comunidades judías de Estados Unidos son objeto de mucho interés porque refieren a los lazos globales entre judíos y, desde luego, a su activa participación ciudadana. Y es que cuando se habla de la historia del judaísmo mexicano, automáticamente emergen temas ya muy indagados, como la llegada de inmigrantes judíos en la primera década del siglo XX. Ariela nos proporciona un acercamiento muy minucioso a esa comunidad de la década de los setenta, que ya estaba conformada por judíos que nacieron en México y que ya se definían, a sí mismos, como mexicanos. Pienso, por tanto, que los historiadores culturales y los historiadores de la religión encontrarán muy estimulante el libro por ese motivo.

También quiero llamar la atención sobre otro elemento constitutivo del libro de Ariela. Una lectura atenta fijará su mirada sobre el manejo irreprochable de fuentes. Además del buen uso que hace de fuentes primarias y de una extensa bibliografía, añade otras fuentes poco convencionales entre los historiadores. Ella misma señala, en su “Ensayo bibliográfico”, la trascendencia que tuvo el uso de internet para la elaboración del estudio. No solamente aprovechó con admirable maestría el desplegado de noticias y de fuentes periodísticas disponibles en la red. También echó mano de la información de Wikileaks, accesible al público, de documentos oficiales filtrados, entre correspondencias personales e informes confidenciales. No puede pasar desapercibida esta labor investigativa, pues nos permite ver el alcance casi ilimitado que tiene la información digital para reconstruir el pasado. Sin la tecnología del presente, los estudios sobre este boicot turístico habrían dejado muchos huecos difíciles de llenar y múltiples incógnitas irresolubles.

Como historiadora, puedo decir que el mérito de Boicot es muy elevado porque conjuga varios géneros de información y logra dar una imagen inteligible y plausible de los sucesos del boicot. Y quiero ser más explícita sobre este punto. Cuando me refiero a varios géneros de información, estoy pensando, en primer lugar, en las fuentes que fueron pensadas para ser leídas, para ser consumidas por el público, como el diario publicado del embajador Emilio Rabasa, o los artículos periodísticos. Es evidente que las expresiones y las afirmaciones ofrecidas en esas fuentes tienen una intención deliberada de dar a conocer los hechos al público. Los autores de esas fuentes son conscientes de que sus palabras tendrán lectores y, por eso, han tenido que seleccionar qué información sí quieren hacer pública y qué información no. Ariela echó mano, también, de otras fuentes menos voluntarias, como las documentaciones que hoy reposan en los archivos históricos. Este material fue destinado, en su momento, a cierto tipo de público, y no a la gente en general. Algunos informes que usó la autora del Comité Central Israelita, por ejemplo, originalmente fueron destinados a los miembros internos del comité, o a las autoridades de comunidades judías estadounidenses, y a nadie más. Las afirmaciones que encontramos en esos informes, obviamente, se distinguen de las otras fuentes, en cuanto a la intención de comunicar ciertos hechos. Pongamos una comparación: puede ser que algún periodista, digamos, del New York Times tuviera que seguir las pautas requeridas por la columna y obedecer las líneas del periódico por lo que, entonces, su narración de los hechos habría sido regulada: algunas cosas se habrían enunciado y otras no. Por otro lado, los informes que hoy son documentos históricos también seguirían reglas tácitas de comunicación que son propias de los informes oficiales. Está claro, así, que los hechos comunicados en un periódico y en un informe oficial son divergentes. Por último, las fuentes de Wikileaks que analizó la autora son asimismo contrastantes. Los documentos confidenciales no tenían ninguna intención de hacer públicas las afirmaciones ahí vertidas; acaso su público se restringía a un único destinatario, y a veces incluso a nadie. Es por eso que, en ocasiones, es más plausible encontrar mayor verosimilitud en esa clase de documentos que en los anteriores.

Ya decía antes que Ariela Katz conjugó muy bien todos estos tipos de fuentes. Usó publicaciones, documentos archivados, documentos confidenciales, pero también recibió información en entrevistas. De modo que su labor de reconstrucción, casi, casi detectivesca, logra dar una imagen global y convincente de esos sucesos.

Roland Barthes escribió alguna vez que los libros clásicos se caracterizan por sugerir diferentes significados a un único lector.1 En este comentario que he venido exponiendo, he mencionado cuántos significados palpitan al interior de este libro de Ariela Katz. Y tengo la seguridad de que mis descripciones son apenas unos rudimentos del verdadero alcance que puede tener Boicot. Pienso que el interés que puede cobrar entre los estudiosos de distintas disciplinas ya está dado. Y no me cabe duda de que adquirirá tantos otros lectores por la habilidad que tiene de comunicar ideas. Así que, sin ser intrépida, puedo confiar en que el libro cumple con ese requisito que Roland Barthes llegó a subrayar.

Bibliografía

Roland Barthes, Crítica y verdad, Buenos Aires, Siglo XXI, 1972, p. 53. [ Links ]

1Roland Barthes, Crítica y verdad, Buenos Aires, Siglo XXI, 1972, p. 53.

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