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Historia y grafía

versión impresa ISSN 1405-0927

Hist. graf  no.46 México ene./jun. 2016

 

Expediente

La escritura

Preliminares

Ricardo Nava Murcia 1  

1Departamento de Historia-UIA

Desde que hemos superado el error de creer que el olvido, habitual en nosotros, implica una destrucción de la huella mnémica [escritura, impresión, inscripción], vale decir su aniquilamiento, nos inclinamos a suponer lo opuesto, a saber, que en la vida anímica no puede sepultarse nada de lo que una vez se formó, que todo se conserva de algún modo y puede ser traído a la luz de nuevo en circunstancias apropiadas...

Sigmund Freud, El malestar en la cultura.

¿Cuál es el vínculo que la escritura mantiene con la mormeia y el olvido? La impronta freudiana abre el reto sobre los mecanismos que en su contexto refieren al aparato psíquico, para pensar la forma en la que se dan toda conservación, destrucción y transmisión. En otras palabras, Freud ofrece mecanismos distintos para pensar las relaciones entre la memoria y el olvido. Es en la configuración de este espacio en donde la escritura, observada como una traza y un trazo sobre una superficie material, es decir, sobre un soporte de inscripción, se convierte en algo más que la representación de una voz que remite a las ideas de un sujeto, y auxiliar de la memoria. La escritura es el trazo de una huella, pero que al momento de su inscripción sobre un soporte exterior “ya no traza huella” sino a condición de que “sólo trace al perder la huella que ella sigue siendo apenas”.1 Es decir, la escritura hay que situarla en lo que Derrida llama el paradigma de la huella: no es solamente “la pista de caza, el abrirse-paso, el surco en la arena, la estela en el mar, el amor del paso por su impronta, sino la ceniza (lo que resta sin restar del holocausto, del quema-todo, del incendio el incienso)”.2 La ceniza es el movimiento paradigmático que circunda a la escritura. La ceniza es el resto que resta sin restar. Entiéndase: la ceniza es a la vez memoria y olvido. La escritura, en tanto huella, es también ceniza.

Por ello, el expediente que se abre a continuación está dedicado a la escritura en dicho espacio paradigmático que no es posible sin la huella freudiana. En el primer artículo, “Historia, escritura y acontecimiento”, busco mostrar cómo Derrida lleva a cabo una deconstrucción del concepto tradicional de escritura y lo separa de la clásica oposición binaria voz/escritura. Dicha de construcción viene a plantear el problema de cómo pueden leerse los textos, la producción de sentido, así como lo que puede y no puede representar y los efectos performativos que despliega al momento de construir el acontecimiento. Esta problemática abre al menos tres retos a los historiadores. El primero de ellos es el de la escritura como impresión sobre un soporte material, y cómo ella da a ver el acontecimiento, producido y alterado por el soporte de inscripción; el segundo, el de la escritura como impresión, como aquella que no es reducible a la memoria, pues está abierta al porvenir en las múltiples lecturas y reimpresiones de la escritura de la historia; por último, toda inscripción es iterable, esto es, repetible más allá de la intención del autor y más allá de su contexto de producción, lo que plantea que los documentos e historiografías puedan leerse de otro modo. De esta manera, el artículo da cuenta de las condiciones históricas a partir de las cuales la escritura ha sido reprimida en el pensamiento occidental (en Sócrates, veneno para la memoria; en Rousseau, como un peligroso suplemento) y, al mismo tiempo, cómo Husserl y Freud pusieron en escena otro concepto de escritura: el de la escritura como huella. Por tanto, la escritura dentro de la escritura de la historia se sitúa en los problemas de la producción de sentido y en los planteamientos sobre los modos en que pueden leerse los textos y documentos y, a su vez, en cómo toda escritura altera el acontecimiento al estar vinculada al dispositivo de inscripción que lo da a ver.

En “Escritura, archi-escritura e historia. A propósito de Derrida y Stiegler”, Zenia Yébenes presenta las nociones de escritura y archi-escritura, fundamentales del pensamiento derridiano, en su conexión con la historia. Esta unión la muestra en tres momentos. El primero, a partir del concepto filosófico de sucesión, que caracteriza la estructura de la escritura y la archi-escritura, en tanto huella como condición de posibilidad de la historicidad. La escritura debe entenderse como una inscripción no necesariamente lingüística. A su vez, la archi-escritura es la condición de posibilidad de toda inscripción, por tanto, de toda escritura. En consecuencia, la autora muestra cómo la archi-escritura, en tanto huella, hace posible la espacialización del tiempo y la temporalización del espacio. El segundo momento traza el interés que Derrida tiene por la lógica de esta espacialización del tiempo y la temporalización del espacio dentro de la articulación de la escritura como suplemento. Aquí la autora integra este interés de Derrida con el trabajo de Bernard Stiegler, quien se enfoca más en las determinaciones del soporte técnico, entendido como la prótesis, y en la historia de la escritura como suplemento. Ambas lógicas evidencian una diferencia de aproximación desde la lógica o desde la historia, diferencia que es muy importante para la relación que la autora busca establecer entre escritura, archi-escritura e historia en el pensamiento de Derrida. El último momento plantea un acercamiento a la necesidad establecida por Derrida de producir otro concepto u otra cadena conceptual de la historia. Para la autora se trata, desde Derrida, de pensar la historia como escritura, en cuanto inscripción, que registra el pasado con el futuro, y a la archi-escritura como su condición de posibilidad, lo que, por lo tanto, equivale a pensar que no hay historia sino historias que se inscriben de manera diferenciada y desfasada.

El artículo “Impresiones freudianas: aparato psíquico y metafórica de la escritura”, de Fernando Betancourt, tiene como objetivo explorar la forma en que Freud planteó el problema de la escritura en conexión con las descripciones metapsicológicas de la constitución del aparato psíquico. Las cuestiones que se exponen en este trabajo son: ¿cuál es la importancia teórica del uso de la metáfora en la descripción tópica del aparato anímico?, ¿es posible pensar en una ampliación semántica de la función escriturística a partir de las propias deliberaciones freudianas?, ¿cómo se relacionan metáfora y escritura en el saber psicoanalítico? Estas interrogantes son tratadas por el autor desde un marco general de referencia de la teoría de sistemas contemporánea con las implicaciones epistemológicas que de ésta se desprenden. Por ello el aparato psíquico será observado como un sistema operativo de alta complejidad. Así -y aquí radica la importancia del presente artículo como parte del expediente-, la formulación epistemológica de la metafórica freudiana aparece como el esfuerzo para dar cuenta de las cualida- des tópicas y dinámicas de lo anímico. Propuesta trazada a partir de la hipótesis de que la escritura, entendida como comunicación, es la que ofrece las características principales del aparato psíquico, que, al decir del autor, se establecen en una doble constitución: espacial y temporal, por tanto, como un sistema que produce de modo recursivo sus propias operaciones.

El trabajo que cierra este expediente, “‘Nuevas historias’: el mal de archivo”, de Diana Napoli, busca mostrar cómo el libro Mal de archivo: una impresión freudiana de Jacques Derrida reelabora filosóficamente el significado de la “era de la memoria” y lo vincula con lo que el historiador François Hartog ha llamado régimen de historicidad presentista. La autora analiza cómo en su libro Derrida estudia la indisociable relación entre el deseo de archivar y su inseparable “mal”, éste entendido en su referencia a la pulsión de muerte freudiana como el deseo radical de destrucción. De tal manera, lo que este trabajo pone en juego son las relaciones que se pueden establecer entre la noción de impresión, esto es, el signo sobre un soporte de inscripción, como una escritura que conserva, por un lado, y la represión y la supresión, por el otro, operaciones que en el pensamiento freudiano están ligadas a la memoria como conservación, esto es, como una escritura que se inscribe, ya sea memorizar en un acto de olvido (memoria latente, pero reprimida) y en un acto de deseo de olvidar conservando (sofocación o supresión de la huella mnémica). A partir de estas problematizaciones, la autora busca mostrar que la historiografía sólo puede realizar dicha tarea si asume el reto que plantean estas operaciones. En consecuencia, la memoria y la advertencia a un pasado que siempre debe estar presente -sostiene la autora-, sólo son la utopía de un archivo sin su mal, lo que equivaldría a decir que es un eterno presente sin historia.

La referencia que los artículos establecen, tanto a Freud como a Derrida, expone otra forma de pensar la escritura en relación con la memoria y el olvido. En la impronta de ambos escritores, las escrituras de este expediente realizan trazos distintos para problematizar la escritura respecto a la escritura de la historia. Si toda escritura conserva y olvida, puede sostenerse también que, en conjunto, estos textos se encuentran habitados por “un mal de...”, que, dice Derrida, puede significar también otra cosa que padecer un mal o una perturbación. Es padecer una nostalgia, una morriña, un deseo de retorno al origen, a lo más arcaico del comienzo absoluto.3 Pensar la escritura no sería considerarla como el surco en la arena sino como la ceniza que produce su secreto: “El secreto es la ceniza misma del archivo, el lugar donde ni siquiera tiene ya sentido decir ‘la ceniza misma’ o ‘en la mismísima ceniza’”.4

Ricardo Nava Murcia Departamento de Historia-Uia

1Jacques Derrida, La difunta ceniza, Buenos Aires, Ediciones La Cebra, 2009, p. 29.

2Idem.

3Jacques Derrida, Mal de archivo. Una impresión freudiana, Madrid, Editorial Trotta, 1997, p. 98.

4Ibidem, p. 106.

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