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Problemas del desarrollo

versión impresa ISSN 0301-7036

Prob. Des vol.42 no.165 México abr./jun. 2011

 

Reseñas

 

Crisis en el campo mexicano, Bernardo Olmedo Carranza

 

Crisis in Mexico's countryside, Bernardo Olmedo Carranza

 

Ernesto Bravo Benítez

 

IIEC, UNAM, México, 2a edición correg. y aum., 2009, 192 p.

 

IIEC, UNAM.

 

Lo primero que hay que comentar de esta obra es su visión panorámica del tema siempre complejo del campo mexicano ya que su enfoque es económico, histórico e institucional pero también social; en este sentido el diagnóstico alrededor de la crisis estructural que actualmente se vive en el campo mexicano es acertado y vigente, lo que se confirma con la actualización que se hace para los años de 1994 al 2006 en el marco del Tratado de Libre Comercio (TLC). La obra comienza planteando el problema del campo como estructural, cuyo origen es la centralización, a nivel mundial, de la riqueza, de los recursos materiales y de las condiciones técnicas de la producción y productividad (nivel económico), así como de las capacidades y procesos de decisión (nivel político), fenómeno que se replica a escala nacional y en el que el neoliberalismo es la última fase de los complejos mecanismos que tiene el capitalismo para renovarse.

En el caso de la economía mexicana el Estado, a través del despliegue de sus potencialidades interventoras, pretendió atemperar el proceso actuando por el lado de la producción y el consumo generó dos tipos de agricultura: la moderna de tipo capitalista con todos los apoyos y alta rentabilidad, y otra de carácter social, atrasada, poco mecanizada y rentable pero funcional a los intereses del capital en términos del suministro abundante de mano de obra con bajos salarios. Sin embargo, debido a lo dinámico del proceso concentrador, el Estado mexicano acabó abdicando a su función estabilizadora, lo cual ha sido más evidente a partir de los presidentes neoliberales De la Madrid y Salinas de Gortari.

El proceso concentrador de la riqueza a escala global ha derivado en una creciente dependencia agrícola y alimentaria del tercer mundo y de América Latina, y es producto también de los cambios en la división internacional del trabajo en general y del agrícola en particular. En este sentido y para el caso concreto de México, la crisis agrícola se visualiza en dos niveles. Por un lado, ubica el rol que juega la economía mexicana en la división internacional del trabajo agrícola y, por otro, en la aplicación de políticas económicas para este sector que han reforzado la dependencia del campo con relación a otros sectores de la economía mexicana y con el exterior, que se visualiza en el capítulo uno dedicado al análisis de la estrategia imperialista centralizadora, que tiene como base la integración subordinada y acelerada de los países subdesarrollados a la economía mundial y apoyada por los organismos internacionales, los flujos internacionales de capital y las empresas trasnacionales (ET), fenómeno agudizado desde fines del siglo XX y en lo que va del XXI.

El análisis de los cambios en la división internacional del trabajo se analiza en el capítulo dos subdividido en tres subtemas: el primero en donde se ubica a Estados Unidos como el principal país agroexportador del mundo; en el segundo se aborda el tema de los nuevos países agroexportadores en el contexto de la desnutrición, malnutrición y dependencia alimentaria que llevó a países anteriormente autosuficientes a que se convirtieran en altamente importadores, orillándoseles a trasnacionalizar sus sistemas agroalimentarios, caso de América Latina y México; el tercero es la internacionalización de la agricultura, como el resultado para los países subdesarrollados de una estrategia implementada en la década de los cuarentas por Estados Unidos para tecnificar y mecanizar aceleradamente la producción agrícola, para hacer frente a sus necesidades y poder utilizar dicho proceso como arma de dominación mundial.

Las estrategias de las ET se analizan en el capítulo tercero subdividido en dos temas: el primero es el de la agricultura y la agroindustria en el tercer mundo, que han sido sujeto de una amplia dominación a raíz de la emergencia como potencia de los EU; el segundo es el de la agricultura en América Latina, que junto con México se ha visto sujeta al proceso de concentración y subordinación con sus efectos en términos de pobreza y subalimentación.

La agricultura y el sistema agroalimentario en México son analizados en el capítulo cuatro, subdividido para su tratamiento en cuatro subtemas donde se evidencia un mayor grado de integración de nuestro sector agrícola con el de EU en sectores prácticamente dominados y/o beneficiados por ET; así, en el primero se analiza el proceso anterior a la fase de la agricultura que es el de la producción de bienes intermedios y de bienes de equipo; el segundo es el de la fase de la actividad agropecuaria y forestal; el tercero es la fase de la elaboración y transformación industrial de materias primas agrícolas, integradas por las industrias agroalimentarias y no agroalimentarias que en más del 90% son trasnacionales; el cuarto y último es el de la distribución y comercialización de productos finales.

Las nuevas formas de dependencia alimentaria se analizan en el quinto tema de esta primera parte. En él se analizan los cambios en la división internacional del trabajo agrícola en el que la agricultura se estaría desintegrando de este nuevo sistema alimentario mundial como resultado del desarrollo avanzado de la biotecnología, la ingeniería genética y la enzimática ante el fracaso relativo de la revolución verde, y los beneficiados siguen siendo las ET, particularmente en el caso de las semillas que han monopolizado el conocimiento y los avances tecnológicos, dificultado el avance para nuestro país en esta materia y acrecentado el poder de las ET. Ante ello los científicos sociales pueden plantear soluciones a estas problemáticas.

La segunda parte del libro analiza las tendencias centralizadoras del capital en el sector agrícola aplicado al caso de México e identifica que dicha tendencia explica la acelerada dependencia alimentaria, y en el capítulo seis se analiza en función de las dos formas de producción agrícola que han existido en nuestro país: la agricultura empresarial basada fundamentalmente en la propiedad privada de la tierra, pequeña propiedad y latifundios disfrazados que ha contado con el apoyo presupuestal de los gobiernos federales en turno, y la agricultura campesina basada en la propiedad social, comunidades agrarias, ejido y colonias agrícolas y ganaderas, que históricamente tuvieron exiguos apoyos por parte de la federación a excepción del gobierno genuinamente reformista del presidente Cárdenas que avanzó en la distribución de la tierra y el impulso que dieron los presidentes Echeverría y López-Portillo, en términos de la organización cooperativa de la producción y del establecimiento del Sistema Alimentario Mexicano, pero que no fueron capaces de sacar de la crisis al sector.

Uno de los factores que explican el deterioro del campo mexicano se hace en el capítulo octavo. Radica en las políticas e instituciones oficiales erigidas a lo largo de varias décadas en materia de financiamiento y aseguramiento que hicieron que el crédito fluyera de manera preferencial hacia las grandes explotaciones empresariales capitalistas y en menor medida hacia el ejido o los pequeños propietarios, y que ha configurando al actual esquema de desarrollo dual de nuestro sector agrícola, evidenciando el fracaso de las políticas agrarias centralizadoras en términos de la pérdida de autosuficiencia y soberanía alimentaria, lo que finalmente se comprueba en el capítulo noveno en donde se analiza, con el apoyo de diversos indicadores, la caída sistemática e ininterrumpida de la participación del sector agrícola y agropecuario en el PIB de México.

La caída productiva del sector primario mexicano pretendió revertirse oficialmente, según el apéndice actualizador 1994-2006, con la firma del TLCAN pero lo que hizo fue acelerar la privatización del ejido perpetuando la dualidad productiva del campo mexicano, sin que esto se haya reflejado en incrementos de las condiciones de producción y vida en el sector. Esta situación se ha proyectado a los gobiernos de transición del PAN que, ante la inconformidad social del resultado de este proceso, sólo han firmado acuerdos nacionales para el campo o programas electoreros que no se corresponden con políticas concretas pero que tienden a agudizarse con motivo de la apertura total del sector a partir del 2008 y de la permanencia de las políticas neoliberales, no obstante las científicamente comprobables potencialidades de los productos agropecuarios.

En las conclusiones y perspectivas, con datos proporcionados por organismos internacionales, se constata el crecimiento de la pobreza a nivel mundial, ello como resultado del proceso de centralización de los capitales vivido en la etapa del neoliberalismo global de la que México no se escapa, que refleja la óptica individual y privatizadora en la que se mueve el capitalismo contemporáneo que ha gestado las condiciones de estancamiento que vive el campo, lo cual se revertirá sólo si se fortalece el mercado interno, se reforma democráticamente al Estado mexicano y se revalora el papel del ejido como palanca de desarrollo del campo mexicano dado su virtuosismo como forma de organización social.

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