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Problemas del desarrollo

versión impresa ISSN 0301-7036

Prob. Des vol.41 no.163 México oct./dic. 2010

 

Reseñas

 

Russia after the Global Economic Crisis

 

Luis Sandoval Ramírez

 

Peterson Institute for International Economics, New Economic School, Center for Strategic and International Studies, Washington, D.C., June, 2010, 287 p.

 

Investigador Titular A de TC,IIEc-UNAM

 

El presente libro es una obra compleja que abarca múltiples aspectos de la realidad rusa posterior a la crisis económica de 2008-2009. Escrito por un conjunto de autores europeos, rusos incluidos y norteamericanos, "los mejores que pudimos encontrar", según señalan los editores, Anders Aslund, Serguei Guriev y Andrew C. Kuchins, destacados especialistas en Rusia. A pesar de que los puntos de vista de los autores son diversos, los une su apoyo a las ideas de libre mercado, lo que podríamos todavía abarcar con el término de neoliberalismo; así como una fuerte crítica a la élite gobernante rusa, a sus políticas económicas y a sus políticas en general. Hay entre los participantes un tratamiento "suave", por no decir favorable, de la potencia norteamericana y sus aliados europeos.

Veamos los capítulos que incluye el libro : 1) Desafíos de la economía rusa después de la crisis, 2) La política rusa en tiempos de confusión económica, 3) Federalismo en Rusia, 4) La corrupción y el imperio de la ley, 5) El papel de las industrias de alta tecnología, 6) El cambio climático y el papel de la eficiencia energética, 7) Gazprom: un gigante que necesita una reforma, 8) La reforma militar con muy poca probabilidad, 9) La política exterior rusa: ¿modernización o marginalización?, 10) La política económica externa en un cruce de caminos, 11) El espacio posoviético: una necrología, 12) Las relaciones EEUU-Rusia: limitaciones de las perspectivas estratégicas no convergentes y, 13) El rumbo de Rusia: viable en el corto plazo pero insostenible en el largo plazo.

Sin embargo, a pesar de la vastedad de aspectos tocados, de la multitud de libros y fuentes examinadas, el libro no logra dar una imagen de conjunto de la sociedad rusa, le falta el examen de aspectos fundamentales de ésta en la actualidad tales como las industrias (la petrolera y las compañías que ahí operan), la forestal (la deforestación actual de Rusia es formidable), la de transformación, las actividades agropecuarias, así como de las fuerzas y actores sociales que actúan en el escenario posoviético, sobre las que se hacen señalamientos parciales a lo largo de la obra, pero que quedan en su sombra.

Un aspecto medular, erróneo, de la perspectiva en que los autores examinan a Rusia es que no consideran el entorno occidental de crisis y la decadencia de las economías centrales actuales así como la propensión a la continuación de la crisis internacional, por ello tienden a ver con una perspectiva sombría únicamente a Rusia y su economía. Es el modelo económico contemporáneo el que está en crisis y no sólo el modelo ruso, parte integrante de éste.

Por otra parte, la solución que ellos proponen para la superación de los problemas en la mayoría de los capítulos, ignora olímpicamente el pasado reciente, pasado en el que algunos de ellos estuvieron involucrados, principalmente Anders Aslund, consejero de los gobiernos de Boris Yeltsin. Proponen más mercado a una sociedad que fue destruida precisamente por la terapia de shock mercantil aplicada por los consejeros extranjeros y nacionales que tuvieron la conducción de la economía en sus manos en los años posteriores al derrumbe de la Unión Soviética, después de 1992.

Dicha sociedad, empobrecida masivamente sobre todo después de ese año, se defendió de diversas maneras, echando a un lado a los "reformistas" como Gaidar y Chubais, que habían abierto, en los primeros años de la transición a una economía de mercado, las puertas de la economía rusa a las mercancías extranjeras para acabar con las industrias nativas, dilapidando también la riqueza nacional para entregarla a un puñado de nuevos oligarcas, especialmente en las áreas del petróleo y el gas natural. La reacción defensiva de las élites rusas consistió en el ascenso a posiciones de mando de personas más identificadas con la industria y los intereses nacionales como Chernomyrdin y, posteriormente, Putin, ahora en combinación con Medvedev, quienes desecharon los consejos y a los consejeros extranjeros y aplicaron una política que incluía cierto proteccionismo a algunas industrias nacionales (las que quedaron después del desastre neoliberal), también renacionalizaron empresas estratégicas y con altas rentas, como las del gas natural, Gazprom, principalmente. La caída del PIB ruso hasta 1998 fue mucho mayor que la baja de este indicador durante la segunda guerra mundial debido a la invasión nazi a la URSS. Igualmente, hubo una formidable hecatombe demográfica, una semidestrucción de las instituciones educativas y de salud, así como de la seguridad social.

La nueva política aplicada sobre todo por Putin ha sido exitosa (contribuyó a ello igualmente el alza de los precios del petróleo), llevando a Rusia a un crecimiento económico alto de 7% anual después de la crisis de 1998, hasta 2008, cuando la recesión internacional derribó a la economía rusa y le impuso un decrecimiento de -8% durante 2009. Los datos de la primera mitad de 2010 indican una reanudación del alto crecimiento.

Pero ahora, nuevamente, los autores del libro de referencia vienen a pregonar como la solución mágica para el largo plazo las reformas de mercado, el neoliberalismo, la mayor apertura de los mercados rusos a la competencia del exterior, la privatización de las empresas estatales, sobre todo de Gazprom. Para ellos, Rusia debe superar su "maldición energética", su abundancia de petróleo y gas natural, que la han llevado a un supuesto escenario de inercia no visto ahí en los últimos diez años (no se sabe de dónde sacan ese "escenario"), con su cauda de corrupción omnipresente, poca diversificación o innovación y lento crecimiento económico.

Rusia, según ellos, se encuentra ante un cruce de caminos y si elige el camino de las reformas de mercado, tendrá un crecimiento económico mucho mayor. En el mundo contemporáneo pocos países tienen un alto crecimiento económico, y precisamente Rusia ha estado entre ellos, formando parte del llamado BRIC, por lo que ofrecerle mayor crecimiento si aplica las reformas de mercado no parece ser un incentivo poderoso, sobre todo si se tiene en cuenta el estancamiento de sus vecinos europeos, ya no se diga Japón, que han aplicado reformas de mercado a más no poder y, sin embargo, se precipitan cada vez más en un mayor estancamiento y crisis. Antes bien, el proteccionismo que Rusia se ha visto obligada a aplicar para favorecer a algunas de sus industrias y servicios y que ha derivado en un crecimiento de las empresas respectivas, le enseña el camino que debe de recorrer en un cierto periodo; camino que, por cierto, recorrieron países como los EEUU u otros europeos cuando sus industrias eran débiles y protegerlas frente al dominador mundial, el Reino Unido, era un paso necesario si querían que éstas prosperaran.

Pero no parece haber claridad al respecto entre los dirigentes gubernamentales rusos, ya que han oscilado en su política económica, privatizando un poco, bajando las tarifas de industrias estratégicas como las de alta tecnología y recurriendo a políticas proteccionistas en algunos casos. Los autores del libro, con todo, muestran un alto grado de conocimiento de los temas examinados, principalmente de las relaciones EEUU-Rusia, Gazprom, las industrias de alta tecnología rusas y la reforma militar.

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