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Política y cultura

versão impressa ISSN 0188-7742

Polít. cult.  no.49 México Mar./Jun. 2018

 

Los conflictos por el espacio urbano

Dinámicas del comercio ambulante en el centro histórico de Oaxaca

Dynamics of the ambulant trade in the historic center of Oaxaca

Noelia Ávila Delgado* 

* Doctorado en ciencias sociales, adscrita al área “Sociedad y territorio”, UAM-Xochimilco, México. [nadcsuamxoc@gmail.com].

Resumen

En este trabajo se analiza uno de los agentes que ha participado de manera protagónica en la actualización de las funciones económicas del centro histórico de Oaxaca: el denominado comercio informal o ambulante. Desde el enfoque geográfico-relacional de la teoría de las geometrías del poder de Doreen Massey, se muestra que la trama de interacciones generadas en su entorno está mediada por una multiplicidad de formas de apropiación que configuran este espacio como un escenario de conflictos y exclusión. La conclusión se orienta a demostrar que dichas apropiaciones igualmente lo dotan de una gran vitalidad, poniéndolo en movimiento como un proceso complejo, dinámico y relacional.

Palabras clave: comercio ambulante; centro histórico; apropiación del espacio; espacio abierto; exclusión

Abstract

This work deals with one of the agents that has participated in a protagonist way in the updating of the economic functions of the historical center of Oaxaca: the so-called informal or ambulant trade. From the geographic-relational approach of Doreen Massey’s geometry of power theory, it is shown that the web of interactions generated in its environment is mediated by a multiplicity of forms of appropriation that configure this space as a scenario of conflicts and exclusion. The conclusion is oriented to demonstrate that these appropriations also endow it with great vitality, putting it in motion as a dynamic and relational complex process.

Key words: ambulant trade; historic town; appropriation of space; open space; exclusion

Introducción

En América Latina, los espacios urbanos centrales -hoy centros históricos- han concentrado durante siglos la diversidad de expresiones arquitectónicas, artísticas y culturales que cada sociedad produjo a lo largo de su historia. Asimismo, son utilizados de manera cotidiana por los pobladores locales como los lugares privilegiados para la recreación, el descanso o el paseo, configurándose como los sitios predilectos para el encuentro y la convivencia social. Más allá de estos usos tradicionales, también ahí se han concentrado las principales funciones y de servicios de la ciudad, destacando entre otras la administración y confluencia de los espacios que conjugan los tres poderes fundamentales de la sociedad: el religioso, el político y el comercial. Este último atributo es heredado a los centros históricos desde su fundación en el periodo colonial, de modo que a pesar de sus transformaciones, su labor como espacios de reproducción económica, centros de consumo o intercambio mercantil ha logrado extenderse hasta el presente manteniendo fuertes vínculos y continuidades con la sociedad actual.

En el ámbito contemporáneo, uno de los agentes que ha participado de manera protagónica en la actualización de dichas funciones ha sido el denominado comercio informal o ambulante. Como señala Caroline Stamm, la dimensión informal del comercio popular mantiene un paralelismo difícil de disociar de la definición del “comercio ambulante”, el cual se refiere estrictamente a “las actividades de venta en el espacio público por medio de un puesto fijo, semifijo, móvil o sin puesto”.1En este sentido, aclaro que en este trabajo utilizo el término “comercio ambulante”, ponderando el criterio de que es la forma más común o generalizada con que se identifica a los trabajadores que ejercen el comercio en las calles o espacios públicos de las ciudades.

En el plano empírico, las referencias serán recuperadas de la observación del centro histórico de Oaxaca (ubicado al sur de México), espacio urbano caracterizado por un enorme dinamismo, resultado a su vez de una multiplicidad de agentes y usos que participan de procesos muchas veces conflictivos y antagónicos, entre los cuales actualmente destacan los generados por la presencia -a veces masiva- de los comerciantes ambulantes.2

Para la exposición de los temas, me apoyaré en una serie de postulados básicos desarrollados a partir del enfoque relacional propuesto por la geógrafa inglesa Doreen Massey en su teoría de las geometrías del poder (1993, 2005), así como en la secuencia metodológica diferencias-escalas-relaciones formulada por la también geógrafa Blanca Ramírez.3 El primer postulado se refiere a la necesidad de reconocer que el carácter complejo y multidimensional que caracteriza al centro histórico de Oaxaca demanda ir más allá de las visiones tradicionales -patrimonialistas, monumentalistas, conservacionistas-, ubicando en principio a los distintos agentes sociales y políticos que actualmente participan en su producción, entre otros: los gobiernos en sus distintos órdenes (local y federal), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), pero también los sectores populares, la protesta y el comercio ambulante (sólo por mencionar a los más significativos); esto con miras a observar sus especificidades, es decir, sus diferencias.

En un segundo momento es preciso identificar sus intereses particulares y la forma como se insertan en las distintas posiciones o escalas del espacio -de lo local a lo global-, considerando que en el centro histórico de Oaxaca se combinan todo el tiempo escalas múltiples. Finalmente, es necesario ubicar el tipo de relaciones o interrelaciones que se desarrollan entre los distintos agentes mencionados, las cuales comúnmente se adhieren al ámbito de la disputa o el conflicto, aunque en su multiplicidad las puede haber también de inclusión o complementariedad, dependiendo de los agentes y procesos que se trate.

Con el esquema anterior intento seguir la secuencia metodológica de Ramírez -diferencias-escalas-relaciones-, para quien esta nueva forma de concebir los procesos o los agentes espacializados implica necesariamente: 1) el reconocimiento de las diferencias; 2) de las ubicaciones diversas de los agentes-procesos diferenciales en jerarquías o escalas, y 3) el reconocimiento de que dichas escalas, posiciones o capas jerarquizadas se traslapan nuevamente a partir de las relaciones que las incluyen y vinculan.4 Al respecto es preciso anotar que la propuesta de Ramírez se nutre en buena medida de los planteamientos de Massey (entre otros autores), para lo cual recupera tres de los postulados esenciales que articulan su teoría de las geometrías del poder: 1) el espacio es producto de interrelaciones, se constituye a partir de interacciones, desde lo inmenso de lo global hasta lo infinito de la intimidad; 2) el espacio es la esfera de posibilidad de la existencia de la multiplicidad, es la esfera en la que coexisten distintas trayectorias, lo que hace posible la existencia de más de una voz; y 3) precisamente porque el espacio es producto de las relaciones que están necesariamente implícitas en las prácticas materiales que deben realizarse, siempre está abierto y en proceso de formación, en devenir, nunca acabado, nunca cerrado.5

Una de las implicaciones más relevantes de esta provocativa teoría es que reconoce abiertamente el carácter político del espacio en tanto lo concibe como la esfera de posibilidad de existencia de la multiplicidad: “sin multiplicidad no hay espacio, la multiplicidad y el espacio son co-constitutivos”.6 De igual modo, Massey revela con claridad la condición del espacio como un sistema abierto, es decir, como un proceso incompleto y en constante transformación, por lo cual, tiempo y espacio no pueden nunca disociarse.7 Otro de sus aportes es que nos permite dimensionar al espacio a partir de una perspectiva de conflicto, pues si la propuesta es que el espacio debe ser reconocido como la esfera del encuentro -o desencuentro- de las múltiples trayectorias que ahí coexisten, es lógico pensar que éstas en algún momento logren influirse y como efecto entren en conflicto. Para la autora, estos conflictos se derivan necesariamente de las interacciones y las complejidades, de los entrecruzamientos y las desconexiones, situación que corrobora, por otro lado, el carácter relacional y abierto del espacio.8

Tomando como base estas ideas, planteo como hipótesis central que el centro histórico de Oaxaca puede ser pensado como el resultado de una “simultaneidad dinámica y abierta, producto de interrelaciones donde actualmente coexisten diferentes trayectorias”, entre las que sugiero, las de los comerciantes ambulantes ocupan un lugar central en el presente. Al final podré mostrar que la trama de interacciones generadas en su entorno está mediada por una multiplicidad de formas diferenciadas de apropiación, las cuales se entrecruzan de manera permanente con las trayectorias de los otrosdistintos agentes con quienes se disputan los mismos espacios. Esta dinámica constituye al centro histórico de Oaxaca como un escenario de conflictos y exclusión, pero también de redes de relaciones o de alianzas establecidas en este caso con quienes, como ellos, se ven en la necesidad de defender los espacios apropiados.

Oaxaca, ciudad-mercado: antecedentes de una práctica histórica

Considerando que el origen del centro histórico de Oaxaca es la ciudad misma, no debe extrañarnos la alta concentración económica y comercial que ahí se localiza y que se manifiesta como resultado de un conjunto de relaciones históricas que lo han mantenido por siglos como el principal centro de consumo e intercambio comercial de la región. Desde la fundación de la ciudad de Antequera (hoy Oaxaca) en 1532, su función ha sido la de servir como punto de encuentro para la provisión y comercialización de los productos locales, pero también para la introducción de otros provenientes de las distintas regiones del país y del mundo destinados a las comunidades circundantes.

Un aspecto estructural y básico de este sistema económico regional es la relación funcional que existe entre los distintos municipios que conforman la región de los Valles Centrales, y que ha dependido de un complejo sistema rotativo de mercados con tianguis semanales en las diferentes poblaciones y en distintos días de la semana. Al respecto, Molina y Campos explican que en la actualidad este sistema pervive casi intacto y se organiza en función de una periodización semanal que muestra cierta jerarquía y cuya trascendencia es que “son centros de intercambio cultural, socialización y reproducción social [... ] una de las más importantes expresiones de la pluralidad cultural, étnica y lingüística de la región”.9

En este sistema, la ciudad de Oaxaca ha mantenido durante siglos un papel destacado al servir como la ciudad-mercado central, pues como señalan Murphy y Stepick: “desde su fundación en la ciudad capital el mercado fue instalado en la plaza mayor que cada sábado se llenaba de indígenas que venían de los pueblos cercanos a vender sus productos”.10 De acuerdo con los autores, aún en la década de 1970 el mercado semanal de la ciudad de Oaxaca permanecía como el tianguis campesino más grande e importante de México:

Hasta mediados de la década de 1970, el mercado de la ciudad estaba situado a sólo una cuadra de distancia del Zócalo y ocupaba las calles adyacentes. Cada sábado las calles de la ciudad se llenaban de actividad y colorido con los vestidos tradicionales y el uso de los idiomas indígenas provenientes de los valles de otras partes; ahí se reunían para distribuir sus productos a los turistas, intermediarios y a otros comerciantes. Los vendedores comenzaban a llegar desde el viernes y trabajaban toda la noche arreglando los puestos y las mercancías, el sábado muy de mañana el lugar estaba lleno de colores y sonidos [... ] Las calles eran cerradas al tráfico vehicular y entre los puestos se formaban estrechos pasillos.11

Fotografía perteneciente al Archivo Luis Castañeda Guzmán, extraída de Danivia Calderón, “Un recorrido por la historia del Zócalo (segunda parte)”, La Gaceta del Instituto del Patrimonio Cultural, INPAC, núm. 2, julio-septiembre, 2005, p. 5.

Mercado Semanal del zócalo a finales del siglo XIX  

A pesar de su importancia, a mediados de esa misma década, y en medio de la euforia por la Declaratoria de Zona de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) decretada en 1976,12 el tianguis fue expulsado del centro de la ciudad y se cambió a la periferia (de aquellos años), al construirse el nuevo mercado conocido actualmente como Central de Abastos “Margarita Maza de Juárez”.

Sobre la intención de expulsar a los vendedores del área central de Oaxaca existen algunos precedentes. Un primer intento se dio en 1824, cuando el Honorable Congreso del Estado “mandó a hermosear la plaza, sugiriendo plantar árboles y empedrar la plaza mayor para restarle esa imagen descuidada y el sobreuso que le daban los comerciantes”.13 Años más tarde, en 1857, el Ayuntamiento solicitó al entonces gobernador del estado, Benito Juárez, construir un nuevo mercado en el ex templo de San Juan de Dios (hoy Mercado “20 de Noviembre”), debido a que la plaza del mismo nombre:

[... ] empezó a ser insuficiente para dar cabida a los vendedores, por lo que algunos locatarios tuvieron que invadir la Plaza de Armas de la ciudad, dando con sus “puestos”, tendidos y barracas un aspecto de villorio [... ] poco a poco la invasión de vendedores creció, al grado de quedar convertido en un zoco, que aunque daba gran animación a la zona, quedaba por las tardes y noches, después del movimiento, convertido en un verdadero muladar, lleno de basura y desechos.14

Las anteriores son percepciones que por la época se tenían del mercado que se instalaba en la plaza central de Oaxaca y que, al parecer, tampoco han cambiado mucho a pesar del tiempo transcurrido. En el presente, su presencia también es observada como una amenaza, especialmente a partir de los discursos de conservación del patrimonio promovidos a escala internacional por parte de la Unesco. Pese a los intentos por reubicar a los vendedores fuera del centro de la ciudad, el tianguis semanal pervivió a lo largo del siglo XIX, junto con el sistema rotativo de mercados regionales que se convirtió en un fenómeno cada vez más endógeno.15

Esto fue así hasta mediados de la década de 1970, cuando los planes para el nuevo mercado se concretaron bajo las presiones de los comerciantes establecidos organizados en la Federación de Mercados, quienes argumentaban que los comerciantes de la plaza eran antihigiénicos y que el viejo mercado era demasiado concurrido y muy “indígena”, razón por la cual los turistas se alejaban.16 En medio de esta disputa, la nueva estructura permaneció vacía por casi cuatro años debido a que los vendedores del mercado antiguo y los que ocupaban la plaza del Zócalo los sábados, se negaban a abandonar el centro. Su traslado fue posible sólo con la intervención de una serie de operativos policiacos que obligaron a su retiro por la fuerza en 1978. Sin embargo, la mudanza no fue del todo consumada pues, contrario a lo planeado, el viejo Mercado “20 de Noviembre” continuó en pie y funciona hasta el presente; no así el tianguis semanal del Zócalo, que fue trasladado a las inmediaciones del nuevo Mercado de la Central de Abastos.

Tendencias globales de la economía y comercio ambulante

Para continuar es preciso señalar que la presencia actual de los vendedores ambulantes en el centro histórico de Oaxaca no se explica únicamente por las razones de una práctica histórica, sino que ésta es también una expresión de las tendencias globales de la economía, es decir, de las políticas asociadas con el neoliberalismo.17 En México, la crisis económica que se manifestó a principios de la década de 1970, sirvió de justificación para emprender el cambio en el modelo económico, cuyas políticas de recorte al gasto social, de fiscalización, de flexibilización laboral y de apertura del mercado, sumadas a los continuos avatares de una economía dependiente, han significado altas tasas de desempleo y el consecuente deterioro y precarización de las condiciones materiales de vida de amplios sectores de la población. De tal manera que a partir de aquella década, la denominada economía informal comenzó a consolidarse como un sector refugio con la capacidad de brindar alternativas de subsistencia a los miles de desempleados que aparecían de forma masiva como efecto de la desindustrialización y de la consecuente incapacidad del aparato productivo incorporado a la economía formal de proporcionar empleos estables y bien remunerados.

En el caso de la ciudad de Oaxaca existe una particularidad respecto a este proceso, pues históricamente el perfil productivo e industrial del estado ha sido en realidad de pequeña escala si se le compara con el del centro o norte del país. Es por ello que el sector económico más afectado por las políticas neoliberales no ha sido el secundario, sino el primario, es decir, el de las actividades agropecuarias. Como efecto, los trabajadores que se integran a la economía informal no provienen de la industria, sino del campo; proceso que por otro lado ha generado el consecuente aumento de las migraciones del campo a la ciudad, así como la acelerada urbanización y metropolización en las últimas décadas.

Igualmente esta circunstancia ha modificado la estructura económica de la ciudad a favor de las actividades no agrícolas, además del incremento del sector informal que hoy en día se concentra en las actividades terciarias, es decir, en los servicios y el comercio. Algunos datos mínimos de la actual situación económica tanto de Oaxaca como de la ciudad capital, confirman la fuerte orientación que existe en el estado hacia el sector terciario. Según datos de la Secretaría de Economía, en el 2015, el producto interno bruto (PIB) del estado ascendió en términos nominales a 244 mil millones de pesos, lo que representó apenas 1.6% del PIB nacional. Las actividades terciarias, entre las que se encuentran el comercio y los servicios de hoteles y restaurantes, aportaron 63% del PIB estatal durante ese mismo año. Por sector de actividad económica, 534 mil personas (32.9%) se desempeñaban en el sector primario; 289 mil (17.8%) en el secundario o industrial; y 793 mil (49%) participaban en el terciario o de los servicios.18 Esta lógica se reproduce en la ciudad capital, donde de los tres sectores económicos, nuevamente prevalece el sector terciario que representa 77% de la población económicamente activa (PEA).19

La situación descrita confirma lo señalado por Ana Luz Ramos, respecto a que los índices de mayor ocupación informal ocurren efectivamente en las entidades federativas con los mercados de trabajo menos desarrollados,20 lo que explica por qué Oaxaca ocupa en el presente el primer lugar de informalidad laboral en el país (81.9%).21

Este es el escenario en el que actualmente emergen los comerciantes ambulantes para apropiarse de las calles y espacios públicos del centro histórico, ejerciendo así su derecho al trabajo, en ocasiones como la única alternativa que les permite hacer frente a la desocupación generada por el modelo económico imperante. Reconocer su derecho al trabajo es reconocer también la condición de vulnerabilidad en la que se encuentran, pues en estas condiciones sólo cuentan con su fuerza de trabajo para satisfacer parcialmente sus necesidades de subsistencia. En Oaxaca existen entre ellos grupos o sectores en condiciones de alto riesgo: discapacitados, adultos mayores, indígenas desplazados por la violencia, mujeres jefas de familia, jóvenes y menores de edad, entre otros, por lo cual es importante ir más allá de las visiones estigmatizadas o estigmatizantes que comúnmente rodean a este tipo de actores.

Así se dibuja la red de relaciones económicas que en el caso de los vendedores ambulantes parece trascender por mucho el ámbito de lo estrictamente local. Como he mostrado hasta aquí, su presencia es también una expresión de lo global, y particularmente de las transformaciones del mercado laboral y la marginalidad social que ha acarreado consigo el neoliberalismo. Señalar lo anterior es importante pues, como sugiere Massey, esta conciencia escalar integra de manera positiva la relación de lo global con lo local, lo cual quiere decir que cualquier explicación adecuada del centro histórico de Oaxaca y sus procesos asociados, tendrá que establecerse en su contexto geográfico más amplio.22

De la multiplicidad a la inclusión/exclusión socioespacial

Como mencioné al inicio, la trama de interacciones generadas en torno a la actividad laboral de los comerciantes ambulantes en el centro histórico de Oaxaca está mediada por una multiplicidad de formas diferenciadas de apropiación, las cuales se entrecruzan de manera continua con las trayectorias de los otros-distintos agentes con quienes permanentemente se disputan los mismos espacios. Esta dinámica constituye al centro histórico en un escenario de conflictos y exclusión, pero también de redes de relaciones o de alianzas establecidas con quienes, como ellos, se ven en la necesidad de defender los espacios apropiados. Así ha ocurrido en los últimos años, concretamente entre una fracción de los vendedores ambulantes y el movimiento magisterial de la Sección XXII.23 Por otro lado (aunque como parte del mismo proceso), se ven obligados a competir o negociar su permanencia con el resto de los agentes que participan en el centro histórico, especialmente el gobierno local y los comerciantes o empresarios establecidos (muchas veces con fuertes vínculos entre ellos), quienes ocupan una posición dominante.

Estas formas diferenciadas de apropiación corresponden a su vez a una gama extensa de agentes concretos cuya presencia real o efectiva, sin embargo, no corresponde a la de un grupo homogéneo o uniforme, sino todo lo contrario. De tal manera que cuando aquí se alude al conjunto genérico “comerciantes ambulantes”, en realidad se hace referencia a una multiplicidad de grupos con intereses contrapuestos e identidades diversas; articulados en distintos grados y que conforman un complejo de interacciones cuyo denominador común es que coexisten en las calles y espacios públicos del centro histórico donde realizan su actividad de subsistencia. Esto confirma en principio lo sugerido por Massey respecto a que los espacios no poseen nunca identidades únicas o cerradas, sino que, a la inversa, están llenos de diferencias y, por lo mismo, de conflictos internos.24

De acuerdo con la Dirección de Normatividad en Vía Pública de la ciudad de Oaxaca, al inicio de la gestión municipal 2014-2016, se tenían registradas en el perímetro del centro histórico 49 organizaciones que aglutinaban aproximadamente a 1 400 comerciantes en vía pública, de los cuales 771 contaban con un permiso de la autoridad y 661 realizan sus actividades registrados como “tolerados”.25 Por su importancia destacan las siguientes:

Cuadro 1 Organizaciones de comerciantes ambulantes en el centro histórico de Oaxaca 

Nombre de la organización Nombre del dirigente Filiación política
Lázaro Cárdenas del Río" (Lazcar) Israel Ramírez Bracamontes y José Luis Aquino Santiago Partido Revolucionario Institucional (PRI)
Nueva Sociedad Siglo XXI Leovigildo Aquino Santiago PRI
Unión Renacimiento de Mercados y Verbenas Eugenia Carmela Luján PRI
Unión Libre Margarita Maza de Juárez Yolanda Ortega García PRI
Unión de Comerciantes Ambulantes y Tianguistas del Estado de Oaxaca "Macedonio Alcalá" Juan Hernández Pérez PRI
Organización 21 de Marzo Estela Mendoza López PRI
Organización 14 de Junio Francisco Martínez Sánchez PRI
Organización 8 regiones Hugo Jarquín Partido de la Revolución Democrática PRD
Comerciantes del Frente Amplio de Lucha Popular Hugo Jarquín PRD
Coordinadora de Organizaciones Sociales (COS) Giovanni Rojas Méndez PRD
Unión de Artesanos y Comerciantes Oaxaqueños en Lucha (UACOL) Adán Mejía López Coordinadora General de Comerciantes. Frente Único de Lucha/Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (FUL-APPO)

Fuente: elaboración a partir de información hemerográfica y datos proporcionados por el municipio de Oaxaca de Juárez en el Informe detallado de las actividades desarrolladas..., op. cit., p. 12-14.

Como se observa, estas organizaciones responden a distintas filiaciones político-ideológicas que van desde su incorporación abierta al PRI o al PRD, partidos con los que establecen relaciones de distinto grado a partir de mecanismos de intermediación como el clientelismo o el corporativismo; hasta las organizaciones de comerciantes identificadas con los distintos movimientos populares que hoy en día existen en la entidad, entre otros, con el movimiento magisterial de la Sección XXII. Este último es el caso de las agrupaciones pertenecientes al “Frente Único de Lucha-Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca” (FUL-APPO), a la cual están adheridas siete organizaciones, entre ellas la más importante es la “Unión de Artesanos y Comerciantes Oaxaqueños en Lucha” (UACOL), creada a raíz del conflicto sociopolítico ocurrido en Oaxaca durante el 2006.26

Identificar estas filiaciones o diferencias político-ideológicas resulta fundamental para observar las posiciones diferenciadas de ventaja o desventaja, en las que se ubican las organizaciones dentro del campo de conflicto abierto por la disputa de las calles del centro histórico para el ejercicio del comercio. Es a partir de dichas filiaciones que las distintas organizaciones establecen formas de interacción-interrelación que muchas veces pueden resultar asimétricas o desiguales, por lo cual se traslapan o yuxtaponen en un mismo espacio de manera simultánea, desatándose fuertes conflictos y confrontaciones entre ellas. Esto es así porque la apropiación material o física de los espacios que pretenden ocupar debe ajustarse a normatividades y controles que no todas las organizaciones están en condiciones de cumplir, lo que las obliga a establecer acuerdos entre sí, pero también a pactar con las autoridades encargadas de regular esta actividad.

En la práctica, estos arreglos suponen que uno o varios grupos específicos quedarán relegados o excluidos en el uso del espacio público, revelándose así que las distintas posibilidades de apropiación no sólo dependen de su capacidad de organización, sino también de la correlación de fuerzas que establecen a partir de los acuerdos generados con los representantes del gobierno. De esta forma se instituye un sistema informal de regulación que restringe el acceso de manera discrecional o diferenciada a determinados grupos a los espacios centrales o estratégicos del centro histórico -particularmente la plaza del Zócalo y el Andador Turístico “Macedonio Alcalá”-, mientras que a otros se les “tolera” o facilita la apropiación bajo ciertas condiciones, todo ello dependiendo de los pactos o negociaciones alcanzadas a partir de la intermediación.

El resultado de esta dinámica de inclusión/exclusión socioespacial es un equilibrio inestable que en ocasiones estalla bajo la forma de confrontación abierta entre los propios comerciantes, quienes afirman sus intereses de manera defensiva u ofensiva, implementando distintas estrategias dirigidas a permanecer en los espacios apropiados.

Conflictos y relaciones en el espacio-tiempo

A partir de las prácticas de apropiación de los vendedores ambulantes, el centro histórico aparece entonces como un lugar de conflictos y enfrentamientos, imprevisible y en desequilibrio constante. Estas ideas aluden claramente al carácter siempre abierto del espacio referido por Doreen Massey. Para la autora, el espacio no debe ser comprendido como una superficie homogénea o plana, sino como una zona de disrupciones, un sistema abierto que contiene relaciones existentes y futuras siempre cambiantes.27 Desde su visión, las múltiples y diferenciadas formas de apropiación de los vendedores ambulantes supondrían en la práctica contratos, acuerdos y compromisos que se entretejen de manera conflictiva como resultado de los desencuentros, de las desconexiones y de las relaciones no establecidas, esto es, de las exclusiones.28 De este modo, el centro histórico se pone en movimiento adquiriendo la forma de una “simultaneidad dinámica y abierta”, resultado de un proceso complejo en el cual las prácticas de apropiación de los vendedores ambulantes, en su multiplicidad, devienen también dinámicas y cambiantes, es decir, flexibles e inciertas, no estáticas ni lineales.

En su necesidad por imponer pautas de ordenamiento a este conjunto abierto de posibilidades espaciales/sociales/relacionales, las autoridades municipales han intentado homologar las prácticas de apropiación de los comerciantes ambulantes a partir de una tipología taxonómica que pretende regular, prescribir y prohibir sus formas de estar y de permanecer en el centro histórico. Con esta intención fue creado en 1999 el “Reglamento para el control de actividades comerciales y de servicios en vía pública del municipio de Oaxaca de Juárez”, vigente al día de hoy. En su artículo 5 clasifica la actividad comercial en vía pública en función del “tipo de puesto o comercio” en que se desarrolla: “fijo”, “semifijo” o “móvil”.29 Sobra decir que esta clasificación no alcanza a capturar la pluralidad y la complejidad de las formas de apropiación que operan en la práctica de manera efectiva. Desde la visión aquí propuesta, lo “fijo” o “semifijo” no tendrían sentido, cuando he mostrado que la característica fundamental de las prácticas de apropiación de los vendedores ambulantes sería justamente lo inverso, es decir, el movimiento constante y la reconfiguración continua del espacio. Ciertamente, dichas prácticas más allá de ser “estáticas” o “fijas”, son dinámicas y cambiantes, situación que revela simultáneamente la fuerte carga temporal que poseen.

De este modo, el tiempo entra en escena restituyendo el contenido del espacio. Como señala Massey, es necesario insistir en la inseparabilidad de ambas dimensiones. Pensar en términos de tiempo-espacio es abrir las posibilidades para la comprensión del centro histórico como un proceso en proceso, “como una combinación de espacio-tiempo en él siendo [... ] un continuo movimiento en donde la multiplicidad de espacios-tiempos, marcados por la diferencia confluyen en múltiples trayectorias y velocidades”.30 De esta forma, las apropiaciones diferenciadas de los vendedores ambulantes implican tiempos y ritmos múltiples que se interpenetran; ritmos que se cruzan y entrecruzan, que se superponen ligados al espacio creando espaciotemporalidades igualmente múltiples y variadas.

Dichas espacio-temporalidades operan en la práctica en función de una distribución horaria elemental, esquemáticamente: mañana, tarde y noche, la cual define las posibilidades de apropiación de los comerciantes ambulantes de acuerdo con los distintos momentos del día. Así, existen, por ejemplo, aquellos que realizan sus actividades durante las primeras horas, coincidiendo con el momento en que la población inicia sus tareas cotidianas (vendedores de comida, tamales, jugos y frutas; vendedores de periódicos, etcétera). Otros que realizan sus ventas un poco más tarde -a partir de las 8 o 9 am, permaneciendo hasta las 6 o 7 de la noche-; horario en el cual se presenta la mayor afluencia de personas en el centro histórico -locales y turistas. La variedad de mercancías que distribuyen es mayor, prácticamente de todo: dulces y golosinas, ropa típica, calzado, aparatos electrónicos y un larguísimo etcétera; además de una gran variedad de artesanías (algunas auténticas y otras de origen asiático) dirigidas principalmente a los turistas. Mención especial merecen los comerciantes dedicados a la venta de discos compactos, música y cine, principalmente, productos conocidos coloquialmente como “piratería”.

Al ofrecer este tipo de mercancía, de bajo costo (y calidad), los comerciantes movilizan la economía de la ciudad incorporando a amplios sectores de la población, ofertándoles simultáneamente la ilusión de pertenecer a la sociedad de consumo. Eso al tiempo que actualizan las funciones del centro histórico como el principal centro de consumo e intercambio comercial de la región. Ya entrada la noche, los espacios apropiados comienzan a desocuparse o a mudar de giro. Así aparecen nuevamente los puestos de comida, esta vez tradicional, muchos de ellos concentrados en la preparación de algunos alimentos típicos como las tlayudas y el chocolate-atole, además de los elotes y esquites, alimentos consumidos esencialmente por la población local.

La variabilidad de estas espacio-temporalidades está sujeta igualmente a una calendarización anual que depende de distintas fechas especiales o festividades de tipo religioso o cívico: al final de julio por la Guelaguetza (la fiesta tradicional más importante del estado), el 15 de septiembre por el Grito de Independencia, el 1 y 2 de noviembre por el Día de Muertos, el 23 de diciembre por la Noche de Rábanos, entre otras. Durante estos breves periodos, los vendedores ambulantes hacen un aprovechamiento extra de las calles del centro histórico para incrementar sus ventas, lo que significa que durante ciertos momentos o temporadas del año su presencia puede incrementarse hasta volverse masiva, concentrándose particularmente en los espacios y momentos de mayor movimiento o afluencia peatonal.

“Limpiar”, “liberar”... controlar el espacio

Toda la diversidad espacio-temporal que acabo de exponer intenta controlarse en un principio a partir de las reglamentaciones y de la imposición de una espacio-temporalidad única y homogénea. Pero cuando las diferencias son percibidas como amenazas, es posible que emerja la violencia y que se reproduzcan dinámicas socioespaciales de expulsión/exclusión, las cuales funcionan muchas veces bajo determinados estereotipos o comportamientos estigmatizados, alimentados por imágenes preconcebidas, social y culturalmente construidas. En el centro histórico de Oaxaca, puede decirse que el clímax de estas dinámicas de expulsión/exclusión ocurrió en noviembre de 2013 (del 18 al 23) en el marco del XII Congreso Mundial de la Organización de Ciudades Patrimonio, momento en que el gobierno en turno impidió que cerca de 900 comerciantes ambulantes se instalaran en las calles del centro histórico durante los días que duró el evento. Este suceso fue duramente criticado y calificado por algunos medios locales como un “vergonzoso pacto de simulación”.31

Además de este tipo de acciones, en las últimas décadas varias han sido las medidas que las autoridades han emprendido para tratar de controlar lo que consideran es un problema que daña y deteriora la imagen del centro histórico y que, por lo mismo, representa una “amenaza” que pone en riesgo la declaratoria de la Unesco. Entre otras destacan las políticas dirigidas al reordenamiento y reubicación de los vendedores ambulantes en plazas comerciales situadas en la periferia del centro histórico (las cuales no se han concretado por el incumplimiento de los propios gobernantes), además del uso reiterado de las fuerzas policiacas que intervienen a partir de la implementación de operativos de desalojo, cuyo objetivo es “liberar” los espacios apropiados por los ambulantes.

Como parte de esta tendencia resultan significativos los operativos policiacos ocurridos el 19 de julio de 2010, efectuado en el marco de la “Guelaguetza del Bicentenario”, cuyo saldo ascendió a ocho detenidos y un par de personas lesionadas; el del 14 de septiembre de ese mismo año realizado para “despejar” el área donde el gobernador Ulises Ruiz Ortiz llevaría a cabo su último “Grito de Independencia”; así como uno de los más recientes, caracterizado por su particular violencia, y que fuera realizado la madrugada del 10 de mayo de 2015 en las inmediaciones de la plaza del Zócalo y la Alameda de León. En esa fecha fueron retirados por la fuerza cerca de 400 comerciantes pertenecientes a la “UACOL” (organización afiliada al FUL-APPO), quienes se encontraban acompañando el campamento de protesta del movimiento magisterial del MDTEO-Sección 22, instalado en el Zócalo desde junio de 2014 en el marco de las jornadas de lucha emprendidas contra la denominada Reforma Educativa (aprobada en diciembre de 2012). En todos estos casos, los desalojos fueron realizados en fechas cercanas a eventos importantes y, luego de su ejecución, fueron colocados cercos policiacos en las bocacalles del primer cuadro de la ciudad con el fin de evitar el regreso de los ambulantes. Sobra decir que esto no ha ocurrido, ya que siempre han respondido retornando a los espacios apropiados, ello a pesar de la persecución y el asedio policiaco que no cesa y que en ocasiones culmina con el encarcelamiento de sus afiliados y con el decomiso de la mercancía cuyo destino nadie conoce con certeza.

Sobre este último desalojo es importante mencionar algunas particularidades que revelan la importancia y complejidad de las formas de apropiación realizadas por los comerciantes ambulantes en el centro histórico de Oaxaca. La primera se refiere justamente a la alianza establecida entre los vendedores ambulantes y el movimiento magisterial de la Sección XXII, pacto que se ha dado con miras a salvaguardar de manera conjunta la plaza del Zócalo y el espacio contiguo de la Alameda de León. Esta alianza o relación recíproca confirma que en ocasiones los vínculos entre los distintos agentes que se disputan de manera simultánea los espacios no son solamente de oposición o conflicto, sino que “en el interior de un mismo espacio los puede haber también de complementariedad, armonía o igualdad, dependiendo de los agentes y procesos implicados”.32 Lo más significativo, tal vez, es que la relación establecida entre los maestros de la Sección XXII y los comerciantes del FUL-APPO, inaugura una singular forma de apropiación en la que se desvanecen por completo las fronteras entre la actividad de subsistencia -asociada con el comercio- y las actividades relativas a la protesta social.33 Es evidente que esta alianza resulta provechosa para ambas partes, en tanto les permite mantener bajo su control y, por largos periodos, los espacios que por distintas razones, tanto unos como otros, consideran estratégicos.

Sobre el tema, debe señalarse, sin embargo, que en este caso es el campamento de protesta de los maestros el que abre el centro histórico para los ambulantes, en el sentido de que ciertas calles o espacios antes prohibidos o restringidos quedan liberados para el ejercicio del comercio. Esta dinámica de reciprocidad es la que les permite mantenerse en estos espacios esenciales por periodos prolongados, tal como sucedió en la coyuntura mencionada, en la cual, los vendedores lograron permanecer en el Zócalo por casi 10 meses -de junio de 2014 a mayo de 2015- bajo la cobertura de los maestros; eso mientras los primeros nutrían con su presencia el campamento magisterial. De acuerdo con esta dinámica, es posible confirmar que uno de los objetivos estratégicos del referido operativo de desalojo era dar un doble golpe y debilitar estas alianzas, con miras a avanzar en la “recuperación” de ambos espacios.

Reflexiones finales

En este trabajo se muestra que los vendedores ambulantes y la actividad comercial en sí misma han sido una parte esencial de la historia de la ciudad de Oaxaca y de su hoy denominado centro histórico. Como una proyección del pasado, su importancia radica en que han devuelto nuevamente este espacio a su función primordial de servir como “ciudad-mercado” o centro de abasto comercial, orientado principalmente al consumo local y popular y, a partir de las últimas décadas, orientado también al turismo. Si como mencioné en la introducción se parte de la hipótesis de que el centro histórico está condicionado por una serie de interacciones múltiples realizadas por una diversidad de agentes, es preciso reconocer que entre ellos actualmente sobresalen los vendedores ambulantes.

Este agente, tan complejo como dinámico, ha representado un componente fundamental en el desarrollo económico no sólo de la ciudad, sino de la región de los Valles Centrales. Pese a ello, con el pasar de los años su presencia se ha constituido en un agravio o una amenaza, particularmente desde los discursos dominantes de conservación del patrimonio promovidos por la Unesco. A escala internacional, esta instancia ha estimulado el retiro de los comerciantes ambulantes como una de las condiciones que en teoría permitirían una mejor inserción de los centros históricos a la economía globalizada.

En el caso del centro histórico de Oaxaca, tanto el decreto presidencial de Zona de Monumentos Históricos del INAH (1976), como la ulterior declaratoria de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco (1987), modificaron significativamente las maneras de entender la presencia de los vendedores ambulantes en sus calles. De una visión “higienista” que -como vimos- predominó hasta la década de 1970, el comercio ambulante pasó a ser, en el presente, una de las principales amenazas asociadas con la pérdida o degradación del patrimonio. No obstante, y pese a los agresivos procesos de desplazamiento a los que se han visto sometidos, la exclusión no ha podido consumarse. En el momento actual su presencia continúa siendo parte esencial del dinamismo político, económico y cultural que por siglos ha caracterizado al centro histórico. Esta es una prueba de que su función económica se ha mantenido constante a pesar de los siglos transcurridos y, por lo mismo, es una de las continuidades que lo caracterizan y que hunden sus raíces en el periodo colonial.

Sus prácticas de apropiación son importantes, sobre todo porque favorecen las condiciones que incorporan nuevos elementos de reconocimiento y legitimidad respecto a los diversos usos que actualmente tienen lugar en el centro histórico. También, porque a través de ellas se reproduce un tiempo social que con sus características y determinaciones -repeticiones, ritmos y ciclos- pone en movimiento al centro histórico como un proceso complejo dinámico y relacional. En este sentido, concluyo, de acuerdo con Massey, que la posibilidad de su reconocimiento depende en primera instancia del reconocimiento de la espacialidad,34 pues “limitar el espacio es limitar las relaciones e interacciones, negar el espacio es negar sujetos e identidades, cerrar el espacio es cerrar las posibilidades de reconstruirlo social y políticamente desde la pluralidad”.35

Bibliografía

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1 Caroline Stamm, “La democratización de la gestión de las plazas de comercio informal en el centro histórico de la Ciudad de México”, Trace. Procesos Mexicanos y Centroamericanos, núm. 51, México, 2007, p. 84. La definición estricta de ambas nociones -comercio “informal” y “ambulante”-, sus diferencias o fronteras es tratada a profundidad en el estudio de Stamm, así como en José Miguel Candia, “Sector Informal ¿treinta años de un debate bizantino?”, Nueva Sociedad, vol. 186, México, 2003, pp. 36-45.

2A pesar de su importancia, este tema ha sido tratado de manera escasa; existen pocos estudios entre los cuales pueden consultarse Daniel Pérez Ruiz, El fenómeno del comercio informal en el municipio de Oaxaca de Juárez y su impacto en las microempresas, México, Facultad de Contaduría y Administración, UABJO, 2011; y Ana Luz Ramos Soto, La desigualdad del ingreso y el papel del sector informal en la zona conurbada de la ciudad de Oaxaca de Juárez, 1980-2000, México, Colegio de Investigadores en Educación de Oaxaca, 2003.

3La propuesta de la autora es desarrollada ampliamente en su texto Modernidad, posmodernidad, globalización y territorio, un recorrido por los campos de las teorías, México, Miguel Ángel Porrúa/UAM-Xochimilco, 2003.

4Blanca Ramírez, Modernidad, posmodernidad, globalización..., op. cit., p. 156.

5Doreen Massey, “La filosofía y la política de la espacialidad, algunas consideraciones”, en Leonor Arfuch (coord.), Pensar este tiempo: espacios, afectos, pertenencias, Buenos Aires, Paidós, 2005, pp. 104-105.

6Ibid., p. 105.

7Ibid., pp. 111-112.

8Ibid., pp. 120-121.

9Nancy Gabriela Molina y Gisela Virginia Campos, “Historia y situación actual de los mercados semanales en los valles centrales de Oaxaca”, Revista Mexicana de Agroecosistemas, vol. 3(2), México, 2016, p. 279.

10Arthur D. Murphy y Alex Stepick, La cabeza de Jano. La desigualdad en Oaxaca, México, Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), 2014, pp. 117-118.

11Ibid., p. 184.

12“La Zona de Monumentos Históricos de Oaxaca de Juárez se publicó en el Diario Oficial en marzo de 1976. Comprende arquitectura civil y religiosa relevantes, construidas entre los siglos XVI y XIX, en una superficie de 252 hectáreas, donde se encuentran 1 200 edificios históricos catalogados, de los cuales 242 son de primera importancia. Esta Zona y el Sitio Arqueológico de Monte Albán fueron declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1987”. Plan Parcial del Centro Histórico de la Ciudad de Oaxaca de Juárez, Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, 1998, p. 16.

13Danivia Calderón, “Un recorrido por la historia del Zócalo (Segunda parte)”, op. cit., p. 7.

14Ibid., p. 8.

15Carlos Lira y Danivia Calderón, “La identidad ‘colonial’ de Oaxaca. Una invención de la política turística y patrimonial”, en Carlos Lira Vásquez y Ariel Rodríguez Kuri (coords.), Ciudades mexicanas del siglo XX. Siete estudios históricos, México, Conacyt/El Colegio de México/UAM-Azcapotzalco, 2009, p. 222.

16Arthur D. Murphy y Alex Stepick, La cabeza de Jano. La desigualdad en Oaxaca, op. cit., p. 159.

17“El fin del desarrollismo que daría lugar a la globalización neoliberal supuso el fin de las políticas económicas de corte keynesiano, la eliminación de barreras para el comercio de mercancías, la desregulación de los mercados, las privatizaciones y la apertura de las economías nacionales a las inversiones extranjeras. Este conjunto de medidas describe lo que se conoce como neoliberalismo”. Immanuel Wallerstein, Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos. Un análisis de sistemas-mundo, Madrid, Akal, 2003, p. 480.

18Secretaría de Economía, Información económica y estatal de Oaxaca: Informe de labores 2015, México, SE, 2016, p. 5.

19Gobierno del Estado de Oaxaca, Plan municipal de desarrollo 2014-2016, 2014, pp. 89-93.

20Ana Luz Ramos, La desigualdad del ingreso y el papel del sector informal..., op. cit., p. 151.

21De acuerdo con las cifras disponibles en el conteo más reciente de la Encuesta nacional de ocupación y empleo (ENOE), al cuarto trimestre de 2016, en Oaxaca 1 290 000 trabajadores formaban parte del subempleo, del autoempleo o del empleo informal en alguna de sus modalidades, lo que representa la tasa de informalidad más alta del país con 81.9%. Boletín de prensa, núm. 66/17, ENOE, 12 de febrero de 2017, p. 13.

22Doreen Massey, “A Global Sense of Place”, Marxism Today, Londres, junio, 1991, p.27.

23La importancia de este gremio -perteneciente al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, SNTE-, se debe esencialmente a que en la actualidad se ha convertido en una de las referencias más nítidas de la protesta social en el estado de Oaxaca, destacándose por su presencia continuada durante más de tres décadas de lucha. Uno de sus rostros más visibles y reconocidos es el que se refiere a su irrupción en las principales calles y espacios públicos del centro histórico, entre ellos el Zócalo; eso a través de un amplio repertorio de acciones de protesta.

24Doreen Massey, “Power-geometry and a progressive sense of place”, en John Bird, Barry Curtis, Tim Putnam y Lisa Tickner (eds.), Mapping the Futures. Local Cultures, Global Change, Londres, Routledge, 1993, p. 69.

25Secretaría de Servicios a la Comunidad, Informe detallado de las actividades desarrolladas en los primeros 100 días de la presente administración municipal, Municipio de Oaxaca de Juárez, pp. 12-14.

26A fines de mayo de 2006, diversas organizaciones sociales constituyeron un frente de lucha que confluyó en lo que más tarde sería conocido como la “Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca” (APPO), esta organización emergió en el marco de un conflicto cuya principal demanda era la renuncia del entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz.

27Doreen Massey, “La filosofía y la política de la espacialidad...”, op. cit., p. 120.

28Ibid., p. 119.

29Ayuntamiento de la ciudad de Oaxaca de Juárez, Reglamento para el control de actividades comerciales y de servicios en vía pública del Municipio de Oaxaca de Juárez, 1999, pp. 1-3.

30Blanca Ramírez, “Espacio-tiempo en la comprensión del territorio”, Ciudades, núm. 70, abril-junio, 2006, p. 7.

31“La farsa terminó, regresan comerciantes ambulantes”, Diario Despertar, 25 de noviembre de 2013; “Regresan puestos ambulantes al centro de la ciudad de Oaxaca”, Quadratin, 24 de noviembre de 2013.

32Blanca Ramírez, “Modernidad, posmodernidad, globalización...”, op. cit. p. 168.

33El estado de Oaxaca es pródigo en protestas sociales, éstas se han convertido en una referencia de su vida cotidiana, no obstante es preciso ubicarlas como parte del funcionamiento anómalo de los gobiernos y de los recursos de control patrimonial y regulación clientelar utilizados para dar cauce a los conflictos. Su irrupción se explica en principio como efecto de una multiplicidad de problemas históricos que han convertido a la entidad en un ejemplo paradigmático de la protesta social en México. Por cuestiones de espacio no puedo profundizar aquí sobre este tema, en cambio sugiero la consulta de Noelia Ávila Delgado, “Militarización y control: espacio público y protesta social”, Ciudades, RNUI-BUAP, pp. 55-62; y Eduardo Bautista Martínez, La política y las calles. Resistencias y continuidades en Oaxaca, México, UABJO/Miguel Ángel Porrúa, 2015.

34Doreen Massey, “La filosofía y la política de la espacialidad...”, op. cit., p. 108.

35Elsy Ortega Eraso, “Conceptualización del espacio físico y social: incidencias en la integración y visibilización de la emigración Colombia-Ecuador”, Revista Académica de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social, Colombia, núm. 79, enero-junio, 2010, p. 6.

Recebido: 03 de Junho de 2017; Aceito: 28 de Fevereiro de 2018

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