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Perfiles latinoamericanos

versão impressa ISSN 0188-7653

Perf. latinoam. vol.27 no.54 México Jul./Dez. 2019

http://dx.doi.org/10.18504/pl2754-016-2019 

Reseñas

Voting in old and new democracies, de Richard Gunther, Paul A. Beck, Pedro Magalhães y Alejandro Moreno (Eds.)

Isaac Cisneros* 

* Doctor de Investigación en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede México. Profesor-Investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México | icisneros@colmex.mx

Gunther, Richard; Beck, Paul A.; Magalhães, Pedro; Moreno, Alejandro. Voting in old and new democracies. Nueva York: Routledge, 2016. 326p.

En democracia las elecciones son un momento crucial y de alta incertidumbre, pues son muchos los factores que impulsan la decisión de a quién otorgar el voto para un próximo periodo de gobierno. Esto ha generado numerosas investigaciones que se enmarcan en tradiciones y teorías muy diversas que brindan explicaciones a dicho fenómeno en la ciencia política.

Voting in old and new democracies se inscribe en esa ruta con un trabajo que pocas pero destacadas investigaciones han realizado (Carlin, Singer & Zechmeister, 2015; Thomassen, 2005; Gunther, Montero & Puhle, 2007). La contribución principal de este libro consiste en evaluar teorías rivales del voto y del comportamiento político en democracias con niveles de desarrollo distintos entre sí, con lo que valida externamente algunos de los hallazgos principales de la disciplina.

El libro es producto del Comparative National Election Project (CNEP), un grupo conformado por investigadores de distintas partes del mundo, quienes en los ocho apartados de la obra (incluyendo su introducción y conclusiones) analizan los factores determinantes de actitudes y comportamientos políticos tales como los mecanismos de intermediación política, la percepción sobre las elecciones y la democracia, la participación electoral, los determinantes del voto, y la importancia de los valores sociopolíticos en 26 elecciones en dieciocho países en cinco continentes.1

En Voting in old and new democracies se argumenta que los factores de mediano y largo plazo cobran relevancia sobre todo cuando los partidos políticos y sus líderes activan y configuran la discusión política en torno a clivajes políticos y sociales latentes en los distintos contextos políticos, atendiendo a trayectorias históricas particulares. Este argumento se evalúa empíricamente en cada capítulo a través de diferentes ángulos y métodos.

El libro enfatiza que, como producto de la modernización socioeconómica, los clivajes de clase social han decaído como elementos explicativos del comportamiento político, mientras que la orientación ideológica, la identificación partidista y los valores sociopolíticos conservan un peso relevante, inclusive por encima de explicaciones como el voto económico y la evaluación de los principales líderes y candidatos en las contiendas políticas.

En la obra se resalta la importancia de reconsiderar el efecto de las diversas formas de intermediación política planteadas por la Escuela de Columbia (Lazarsfeld, Berelson & Gaudet, 1944, p. 2): “los distintos canales y procesos a través de los cuales los votantes reciben información acerca de la política partidista”,2 tales como la exposición a los medios de comunicación, las redes de discusión interpersonal y el papel de las organizaciones intermedias.

A continuación reseño las aportaciones de los capítulos de Voting in old and new democracies, algunas de sus debilidades y las puertas que abre para futuras investigaciones sobre el comportamiento político en las democracias en el mundo.

Los hallazgos de Voting in old and new democracies

El libro se desarrolla en ocho apartados numerados del 1 al 8 que corresponden a una introducción, seis capítulos y las conclusiones.

El capítulo “Global patterns of exposure to political intermediaries” se dedica a la evaluación de los procesos de intermediación política. En él, los autores sostienen, desde la perspectiva de la modernización, que los ciudadanos dependen de canales intermedios de comunicación como los medios de comunicación (prensa, radio, televisión e Internet), redes de discusión personal y asociaciones secundarias para informarse sobre los candidatos y los temas de las elecciones. Entre sus conclusiones confirman que los bajos niveles de desarrollo limitan la exposición a los periódicos, la televisión e Internet, lo que incrementa el uso de la radio. Lo que se debe a las barreras económicas y tecnológicas en esos contextos y que la modernización impacta en la exposición a los canales de intermediación política. Asimismo, encuentran que la comunicación cara a cara es más factible cuando los bajos niveles de modernización limitan el acceso a otros medios, concluyendo que “las fuentes de intermediación política en el mundo democrático moderno son una combinación de recursos, capacidades y motivaciones. Ciudadanos sin las capacidades de tomar información política de una fuente pueden mirar otra solo si están políticamente motivados” (p. 60) y si existen los recursos tecnológicos y económicos para hacerlo.

Por su parte, en el capítulo “Mobilization, informal networks and the social contexts of turnout”, los autores destacan la necesidad de evitar una concepción puramente individualista y atomizada de los votantes, colocando el punto clave en la intermediación política como determinante en la participación electoral. El argumento es que la “paradoja del voto” (¿por qué la gente acude a sufragar si su voto no tendrá un impacto sustantivo en el resultado final?) puede resolverse solo “si los votantes son tratados como si estuvieran envueltos dentro de contextos sociales y de grupo” (p. 65), pues los beneficios pueden distribuirse en esos entornos. Los resultados muestran que las redes de relación interpersonal incrementan la participación electoral. Cuando los ciudadanos señalan que la persona con la que hablan principalmente de política votó en la elección, se incrementa la participación, y cuando en un matrimonio la pareja (esposa o esposo) sufragó, la probabilidad de participar aumenta sustantivamente. En conclusión, la influencia de las personas con las que interactuamos de cotidiano juega un papel de primer orden al momento de decidir si se participa o no, reforzando el rol que tienen las normas sociales de grupo en el comportamiento político.

El capítulo “Values cleavages revisited” evalúa el clivaje de valores sociopolíticos3 que configuran la competencia partidista. Para ello se sostiene que el clivaje de valores refleja los conflictos histórico-culturales que son integrados gradualmente al sistema de partidos. De esa manera, los valores sociopolíticos definen algunos contenidos aglutinados en posiciones ideológicas de izquierda o de derecha y sirven como vínculo entre los ciudadanos y los partidos. Para que los valores lleguen a ser fuentes de clivajes sociopolíticos duraderos, los conflictos políticos necesitan ser organizados en términos ideológicos por las élites políticas, y articulados por los partidos políticos como parte de una movilización estratégica de apoyo electoral. Los autores del capítulo muestran que los valores ganan relevancia política solo cuando se relacionan con las preferencias partidistas, es decir, cuando los valores de la gente y sus creencias encuentran alguna conexión con un partido político. Así, para la existencia de un clivaje de valores cristalizado es necesario que los conflictos sean politizados por las élites políticas para obtener apoyo, articulándolos dentro de distinciones ideológicas y en filiaciones partidistas claras. Finalmente, se destaca que la plantilla de valores occidentales es limitada, pues no en todos los países opera de la misma manera. De hecho, hay otras dimensiones de conflicto que la configuran.

El capítulo “The changing determinants of the vote” es uno de los más trascendentes del libro pues analiza los factores que explican la decisión de voto. El conocimiento convencional asume que, al menos en las democracias establecidas, los aspectos sociológicos están declinando en importancia, mientras que los determinantes políticos -de largo y corto tiempo, como la ideología, la identificación partidista, el desempeño de la economía y la imagen de los líderes- han mostrado progresivamente mayor peso. Esto ha implicado un desplazamiento en el paradigma orientado hacia explicaciones sobre una evaluación racional y psicológica del cálculo de votar.

En dicho capítulo se examina además el embudo de causalidad (“funnel of causality”) para determinar el peso de distintas variables “incorporando bloques de variables con estatus similar” (p. 160), a través de la técnica de “stepwise regression”. Para ello, los autores analizan primero el efecto de los clivajes sociales; luego se incorpora la orientación ideológica y la identificación partidista, y por último se incluyen los factores de corto plazo como las actitudes hacia los candidatos y las evaluaciones del desempeño del gobierno en la economía, incorporándose en un análisis posterior las variables de intermediación política, y los valores sociopolíticos que discute el capítulo inmediatamente previo.

Los resultados muestran que no hay un modelo genérico de determinantes de las preferencias del voto que ajuste a todos los casos. Sin embargo, los autores advierten que la modernización reduce el papel de los elementos socioeconómicos, los cuales se muestran relevantes en los países menos desarrollados y económicamente más desiguales. En general, la ideología y la identificación partidista son los determinantes más fuertes del voto. El corolario de estos aportes es que no hay evidencia de un completo remplazo de las predisposiciones de largo plazo por los factores de corto plazo. La debilidad de la evaluación de la economía es uno de los hallazgos más notables en la decisión de voto, pues afirman que “no todas las elecciones son un referéndum sobre la economía” (p. 289).

En el capítulo “Parties, elections, voters and democracy”, los autores examinan el rol de los partidos políticos y las élites políticas en la configuración de lo que los ciudadanos piensan acerca de la democracia: si la perciben desde una perspectiva procedimental o sustantiva (en términos de igualdad económica), su nivel de satisfacción con ella, si prefieren a la democracia por encima de otra forma de gobierno, así como el papel de las elecciones y las campañas en democracia.

Los resultados hacen ver que los identificados con un partido político, al igual que los más escolarizados y más expuestos a los medios, miran a la democracia en términos más procedimentales que sustantivos; que en las democracias más desarrolladas la tendencia es hacia una percepción procedimental y no sustantiva; en tanto que la percepción de integridad de las elecciones, cuando hay más experiencias de irregularidad electoral, hay menor tendencia a considerarlas como libres y justas, al igual que cuando los principales partidos políticos lanzan retos legales contra los resultados de las elecciones. El capítulo concluye que los partidos políticos son decisivos, ya que pueden estimular el aprecio por la democracia, evitando elecciones de baja calidad, absteniéndose de cometer irregularidades electorales, y evitando protestas legales innecesarias ante resultados no favorables para un determinado grupo.

Por otra parte, el capítulo “Intermediation, mobilization, voting and citizen participation” se diferencia de los anteriores por centrarse exclusivamente en el caso de España y abarcar el periodo 1979-2004 para desarrollar un análisis basado en cinco encuestas, un panel y entrevistas en profundidad. Es notoria la riqueza descriptiva que explora subrayando la trayectoria histórica de España, lo que permite ver “la transformación del régimen autoritario, desde una nueva e inestable democracia, a un sistema democrático completamente consolidado” (p. 230).

Los resultados de este capítulo muestran que las claves emanadas de los partidos políticos durante las etapas más importantes de la transición democrática generaron en los ciudadanos un desarrollo de actitudes positivas y en congruencia con las posiciones del régimen político. Mientras que en relación con los determinantes del voto, se deja en claro la declinación de los aspectos socioeconómicos y seculares, además de un creciente impacto de la ideología y de la identificación partidista por encima de causas de corto plazo como el desempeño del gobierno y la evaluación de los principales líderes políticos. Se resalta el papel decisivo de las élites dominantes y los partidos en dichas transformaciones.

En conclusión, más allá de la novedosa comparación entre democracias con distintos niveles de desarrollo, tres son las contribuciones de Voting in old and new democracies:

  1. Muestra el efecto de la modernización en democracias de larga data y en las nuevas, evidenciando que a medida que los países se vuelven más modernos la importancia de las variables socioeconómicas se diluye.

  2. Le devuelve el protagonismo a los canales de intermediación política como determinantes del voto -medios de comunicación, asociaciones secundarias y las redes interpersonales de discusión- en adición a los tradicionales factores de corto y mediano plazo.

  3. Enfatiza que la manera como los ciudadanos entienden, perciben y configuran sus posiciones políticas está asociada al contexto y, fundamentalmente, a los esfuerzos de movilización y articulación del discurso de las élites políticas, sugiriendo con ello que las élites, bajo ciertas circunstancias, pueden cambiar la naturaleza de las demandas, expectativas y preferencias de los ciudadanos.

Algunos comentarios críticos: la agenda sigue abierta

Uno de los saldos del libro es que, a pesar de que explica el mecanismo causal a través del cual las élites políticas pueden configurar la percepción de los ciudadanos, no se presenta evidencia que vincule la congruencia entre las posiciones de la élite o los partidos políticos con las de los ciudadanos, y cómo esta puede verse alterada en el tiempo ante algún cambio en el ambiente político. Incluso podría argumentarse que este mecanismo no solo ocurre de arriba hacia abajo como es sugerido en el libro, sino también de los ciudadanos hacia la élite, es decir, que tanto esta última como los primeros se acoplan y se coordinan para establecer posiciones congruentes entre sí, abriendo preguntas acerca de la evaluación en ambos sentidos de la relación.

El libro, por otra parte, evalúa el efecto del voto económico en la decisión de voto y llega a la conclusión de que su importancia es mínima como determinante del sufragio. Sin embargo, el análisis no ocupa la variable dependiente clásica que distingue entre votar por el gobierno o por la oposición (Lewis-Beck & Stegmaier, 2000). Por el contrario, utiliza el posicionamiento de los partidos a la izquierda del espectro ideológico, por un lado, y a los partidos de derecha, por el otro, lo cual no deja en claro cuál sería la expectativa del uso del voto económico para el votante ante esta situación. Una alternativa habría sido presentar los resultados con ambas codificaciones de la variable dependiente para robustecer aún más el hallazgo del efecto mínimo del voto económico. Además, el voto económico no se reduce solo a la evaluación sociotrópica de la economía. El voto económico egotrópico ha mostrado ser importante para cierto grupo de electores (Gomez & Wilson, 2001), al igual que el voto económico prospectivo (Clarke & Stewart, 1994). Pero dichas explicaciones no son consideradas en la obra. Asimismo, deja abiertos cuestionamientos sobre el rol de los factores de corto plazo como los temas (“issues”) que también han sido relevantes en otras investigaciones sobre contextos diversos (Lewis-Beck & Stegmaier, 2000; Greene, 2006; Baker & Greene, 2015).

Respecto a la importancia de la identificación partidista, los hallazgos concuerdan con lo encontrado en otras regiones del mundo (Lupu, 2015); no obstante, aunque es mencionado no se problematiza el fenómeno de causalidad inversa subyacente entre la identificación partidista y factores de corto plazo como la evaluación del desempeño del gobierno o de la economía. Es decir, ¿la identificación partidista impacta directamente en esas evaluaciones, o son quizá estas últimas las que condicionan la identificación con un partido político sobre todo en las democracias más nuevas?

De igual modo, la creciente independencia partidista en el mundo (Dalton, 2000) abre cuestionamientos relativos a la importancia de la identificación partidaria. De hecho, existe una nueva lectura del partidismo previamente entendida como una identidad social (Campbell, Converse, Miller & Stokes, 1960) y ahora como una actitud (Bartle & Bellucci, 2009). Desde el clásico “unmoved mover” (Campbell, Converse, Miller & Stokes, 1960), el partidismo se ha convertido en una actitud más maleable y dependiente de claves de corto plazo (Fiorina, 1981).

En ocasiones los contextos se abordan de manera similar sin tomar en cuenta el rol de las instituciones políticas y las diferencias existentes en los países analizados en relación, por ejemplo, al sistema electoral o al sistema de partidos. Asimismo no se consideran las diferencias entre sistemas parlamentarios y presidenciales en el análisis, lo cual podría tener implicaciones en los resultados.

Una cuestión menor es que los capítulos deberían de tener un anexo con la codificación de las variables analizadas en el documento, ello para facilitar la replicación de los conceptos propuestos con las mismas encuestas de la CNEP o mediante otros instrumentos demoscópicos.

La evidencia presentada en Voting in old and new democracies ensancha la agenda de investigación sobre el comportamiento político-electoral en el mundo, poniendo sobre la mesa la importancia de variables como los canales de intermediación política -que influyen en la relación entre partidos políticos y ciudadanos-, los cuales suelen estar ausentes en el análisis de la decisión de voto. Esta contribución, sumada a la relevancia que se da al proceso de modernización -ahora experimentado a través de cambios tecnológicos que se viven en el mundo con el uso de las redes sociodigitales e Internet-, indican que el estudio comparado del comportamiento electoral es todavía una agenda de investigación abierta a nuevas explicaciones teóricas y hallazgos novedosos. Voting in old and new democracies contribuye a ello.

Referencias

Baker, A. & Greene, K. (2015). Positional Issue Voting in Latin America. En R. E. Carlin, M. M. Singer & E. J. Zechmeister (Eds.), The Latin American Voter. Pursuing representation and accountability in challenging contexts (pp. 173-94). United States of America: University of Michigan Press. [ Links ]

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Lewis-Beck, M. & Stegmaier, M. (2000). Economic determinants of electoral outcomes. Annual Review of Political Science, (3), 183-219. doi: https://doi.org/10.1146/annurev.polisci.3.1.183. [ Links ]

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Thomassen, J. (2005). The European Voter. A comparative study of modern democracies. United States of America: Oxford University Press/ECPR. [ Links ]

1 Argentina (2007), Bulgaria (2006), Chile (1993 y 2000), China (2008), Gran Bretaña (1992), Grecia (1996 y 2004), Hong Kong (1998), Hungría (1998 y 2006), Indonesia (1999 y 2004), Italia (1996 y 2006), México (2006), Mozambique (2004), Portugal (2005), Sudáfrica (2004), España (1993 y 2004), Taiwán (2004), Estados Unidos (1992 y 2004), Uruguay (1994 y 2004).

2Todas las traducciones son propias.

3Los valores sociopolíticos se definen como “las orientaciones actitudinales hacia diferentes conceptos sociales, económicos y políticos como orden, libertad, derechos políticos, igualdad, Estado de bienestar, impuestos, empresas públicas, el papel del Estado, el aborto, la religión, conflicto social, la participación ciudadana, la comunidad, el ambiente, la competencia y la diversidad étnica” (p. 102).

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