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Perfiles latinoamericanos

versión impresa ISSN 0188-7653

Perf. latinoam. vol.16 no.31 México ene./jun. 2008

 

Reseña

 

Silvia Dutrénit Bielous (coordinadora), El Uruguay del exilio. Gente, circunstancias, escenarios

 

Silvia Dutrénit Bielous (coordinator), El Uruguay del exilio. Gente, circunstancias, escenarios

 

Karina Ansolabehere*

 

Montevideo, Ediciones Trilce, 2006, 542 pp.

 

* Doctora en Investigación en Ciencias Sociales con especialización en Ciencias Políticas por la FLACSO-México. Profesora Investigadora de tiempo completo en la FLACSO-México. FLACSO-México. Carretera al Ajusco 377, Colonia Héroes de Padierna, C. P. 14200, México, D. F. E-mail:kansola@flacso.edu.mx

 

 

Extraña la gente nuestra
que te habla sin despreciar,
extraña el aire del puerto
cuando anuncia el temporal,
Y, sin embargo, recuerda
las cosas por la mitad,
se olvida las que pasaba
antes de irse para allá.

Uruguayos, uruguayos,
dónde fueron a parar,
Por los barrios más remotos
de Columbes y Amsterdam.

Volver no tiene sentido,
tampoco vivir allí;
el que se fue no es tan vivo,
el que se fue no es tan gil,
por eso si alguien se borra
qué le podemos decir.
No te olvides de nosotros
y que seas muy feliz.

Jaime Roos, Los olímpicos

 

Inmediatamente después de empezar a leer El Uruguay del exilio..., resonó en mi cabeza el "uruguayos, uruguayos,/dónde fueron a parar" que encabeza esta reseña. Estribillo de Los olímpicos de Jaime Roos,1 canción que resume vivencias y sentires del exilio.

Habiendo crecido en el Cono Sur, la experiencia del exilio se transforma en parte de la vida cotidiana: reivindicada o denostada, recordada u olvidada, asumida como un asunto público o reservada al espacio privado. Un hecho presente y sentido pero escasamente reflexionado y sistematizado desde la academia. En tal contexto, esta obra coordinada por Silvia Dutrénit, es una excepción; un intento académico de contar las características del exilio uruguayo en diferentes lugares del mundo.

Definir el intento del libro como contar no es inocente, pues las voces de los protagonistas del exilio, sus historias y testimonios son las que se escuchan en primer plano a lo largo de los episodios/lugares que lo conforman. Es una propuesta que contiene una reflexión desde el presente sobre el pasado reciente de la experiencia del exilio, del destierro o del trastierro; términos todos que se utilizan en el texto. Y, a medida que el trabajo cuenta, a la vez da información, mueve lugares comunes, y conmueve (algo no común en la investigación académicamente rigurosa).

En la lectura de esta obra colectiva, además de las voces e historias de los diversos lugares del exilio, también se escuchan otras voces con sus tonos y matices, las de los propios autores de cada capítulo. De igual modo se conoce más sobre las formas y condiciones de salida del Uruguay ante la situación de violencia política vivida a comienzos de la década de 1970: la elección de los lugares del destierro, las condiciones y estatus de llegada, la vida cotidiana del exilio, la política en el exilio, la relación con el lugar de acogida, las expresiones culturales en el trastierro, las huellas, y cómo el pertenecer a determinada organización política atravesó las experiencias anteriores. Pero asimismo, después de leer, se acepta que son tantas las dimensiones y aristas que toca la experiencia del exilio, que dar cuenta de todas es difícil en un espacio reducido como éste y que, irremediablemente, iluminar alguna, entraña opacar otras no menos importantes.

La obra se divide en tres partes. La primera, "Tierras de llegada", registra las experiencias de salida, entrada, acogida y permanencia de los exiliados en distintos países. Probablemente la sensación inmediata acerca de estas fases del destierro, es que no son fortuitas y que, en todo caso, más que un exilio, lo que se observa son diferentes exilios, según los países de acogida, y según la experiencia dentro de un mismo país.

La historia de las tierras de llegada comienza con el capítulo "Chile, la gran ilusión" de Clara Aldrighi y Guillermo Waksman. Chile, con el gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende, se había convertido en un punto de referencia para las diferentes organizaciones de izquierda y, refiriéndose al Uruguay, en especial para el Movimiento de Liberación Nacional–Tupamaros (en adelante MLN–T). Cuando los gobiernos uruguayos comienzan a mostrarse más autoritarios con las organizaciones revolucionarias desde comienzos de los años setenta, Chile se convirtió en un destino natural, amigable y solidario, en un espacio de encuentro con diferentes movimientos de liberación nacional de otros países de América Latina. Con el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 se rompe la ilusión y Argentina, en el marco de la primavera de Cámpora y el retorno de Perón, se convierte en un destino posible.

El exilio de los uruguayos en Argentina –reseñado en el capítulo "Argentina, algunas escenas posibles" de Cristina Porta y Diego Sempol– es amplio, masivo, y está signado por la cercanía y la familiaridad de la identidad cultural de los rioplatenses. Los vínculos entre las organizaciones políticas de la izquierda uruguaya con sus pares argentinas, el convertir el territorio de Buenos Aires en un espacio cercano de denuncia de dirigentes políticos, la posibilidad de trasladarse con las familias dada la cercanía, así como la vuelta de la democracia con el gobierno de Cámpora en 1973 y el retorno de Perón poco después, convirtieron a este país en otro lugar de acogida que otorgaba facilidades. Tranquilidad que duró poco porque, aun antes del golpe de estado de 1976, la violencia contra las organizaciones de izquierda había aumentado, convirtiendo rápidamente este territorio confiable en peligroso.

Cerradas las posibilidades en Chile y Argentina, fueron México y Cuba –dentro de la región– los que se transformaron en las segundas tierras del exilio. Dichos destinos marcaron su impronta. Las particularidades de la acogida en México pueden rastrearse en el capítulo "México de tres culturas" de Silvia Dutrenit Bielous. La recepción en este país se dio por vía de la figura del asilo, y en este sentido, la embajada mexicana en Uruguay, durante el encargo de Vicente Muñiz Arroyo, se convirtió en una ruta fundamental para abandonar el país natal. Si bien el exilio en México, en su mayoría se constituyó de militantes del Partido Comunista, también hubo integrantes de otras agrupaciones que, en palabras de la autora del capítulo, también llegaron a la tierra del maíz y del nopal. Cuba, por su parte, fue otra opción de llegada tanto para los militantes del Partido Comunista uruguayo como para los miembros del MLN-T. Destino que se caracterizó, en un primer momento, por la escasez de relaciones entre recibidos y receptores y que durante un tiempo largo no facilitó la integración. El capítulo "En Cuba, experiencias con muchos contrastes" de Paola Parrilla Meny y Valentina Curto Fonsalías, es elocuente en el relato del derrotero en la isla.

A la vez que México y Cuba adquirieron el papel de destinos importantes en América Latina, España2, Suiza3 y Francia lo fueron en Europa.4 En general, estos países europeos se elegían como segunda opción después del exilio en Chile o en Argentina, todos ellos caracterizados, aparentemente, por una menor organización de la llegada que en los casos latinoamericanos. Mientras en España el exilio estuvo protagonizado fundamentalmente por militantes socialistas y comunistas vinculados con sus organizaciones homólogas, en Francia y Suiza predominaron los exiliados provenientes de las filas del MLN–T. Diferentes razones y motivos se encuentran en los testimonios sobre la elección del lugar. Decidirse por España y Francia se debía a la familiaridad cultural, si por Suiza era por ser descendientes de suizos, pero también influía la importancia de los organismos internacionales que en este último país se hospedaban.

Otro capítulo de la historia lo integran los países del socialismo real, la URSS,5 Hungría, Checolosvaquia, Bulgaria, y Alemania del Este.6 Este exilio estuvo protagonizado por los militantes del Partido Comunista Uruguayo, y se distinguió por las gestiones de la dirigencia del partido para la recepción de los militantes. Al igual que el exilio en Cuba, en estos casos, la acogida fue un proceso controlado y la integración fue gradual para algunos e inmediata para otros. Los exiliados fueron enviados a residir en provincia. Estas experiencias de exilio, en general, se caracterizan por vivencias disímiles respecto del socialismo real con un común denominador: la adecuación de las expectativas ante la posibilidad de vivir los regímenes idealizados en la militancia; adecuación que no necesariamente supuso una valoración negativa, sino la posibilidad de construir opiniones con mayores matices.

La segunda parte, "Voces y memorias", reúne investigaciones que se podrían denominar de corte exploratorio. A partir de entrevistas a tres exiliados en Venezuela,7 y en Suecia,8 se inicia el proceso de reconstrucción de la experiencia del exilio en esos lugares: la de Venezuela matizada por el quedarse en América Latina para estar cerca, y la de Suecia, atravesada por la necesidad de encontrar una tierra de acogida luego de procesos de desaparición y detención en el país de origen o en la Argentina.

La tercera parte, "Huellas", remite a las secuelas positivas, negativas, y a las transformaciones a las que da lugar el exilio. El primer capítulo de esta parte, "Militancia política y activismo de derechos humanos, 1976–1980" de Vania Markarian, reseña los intentos por reorganizar a la izquierda con el fin de hacer frente a la dictadura del país, acción paralela a un proceso de participación activa de los exiliados en el movimiento internacional de derechos humanos. Este capítulo expone cómo la decisión de agruparse y unirse a otro tipo de organizaciones, contribuyó a modificar la forma de entender el régimen y la lucha contra él.

El segundo capítulo "Como el clavel del aire: cultura y compromiso" de Marina Cardozo y Ana Costa, analiza las expresiones de la cultura uruguaya en el exilio donde política y cultura se tornaron aspectos inseparables, en recreación de la experiencia del exilio que afectaba tanto a los propios exiliados como a los países receptores. Este capítulo es un recuento no exhaustivo de estas manifestaciones, sus características y sus influencias.

El tercer capítulo, "Incertidumbres en el territorio familiar" de Laura Romero, reporta los resultados de un estudio que realizó un grupo de asistentes sociales del Programa de Asistencia a Liberados y Retornados del Centro de Orientación y Consulta entre 1984 y 1992, trabajo que se enfoca a las relaciones familiares –sobre todo en sus modificaciones– luego de las experiencias traumáticas del exilio, el encierro y el retorno. El estudio muestra que las familias salieron al exilio separadas, que los jefes de familia en su mayoría eran jóvenes con menos de 30 años, que poco más de la mitad de las parejas se separaron en el exilio, y que la situación económica del país de recepción es percibida como mejor que la del país de origen al momento del retorno.

El cuarto capítulo "La segunda generación: los hijos del exilio" de Cristina Porta, se ocupa de las huellas del exilio en los hijos, aquéllos que fueron llevados a esa situación por la opción política de sus padres. Estos hijos, por una parte se identifican con las luchas de sus padres y, por otra, han desarrollado una visión propia de la opción de vida de éstos. Trayectorias donde los olvidos constituyeron mecanismos de protección, la inestabilidad la moneda corriente, las separaciones y abandonos, y donde la conciencia temprana del dolor y el horror que signaron el pasado, afectan al presente.

El quinto y último capítulo "Uniendo memorias, creando sentidos. Experiencia de trabajo grupal en Ginebra" de Irene de Santa Ana y Ariel Sanzana, se ocupa de las consecuencias psíquicas del exilio –como experiencia de vida y como fenómeno social no sólo individual– que relatan la experiencia de elaboración grupal sobre el tema después de dos décadas de haber podido volver.

 

¿Qué nos deja este mosaico de testimonios, datos, miradas, experiencias?

En primer lugar, la certeza de que el exilio fue muchos exilios, según las personas, los grupos políticos de referencia, los países de llegada, y las formas de integrarse en los países receptores.

En segundo lugar, queda la impresión de que el exilio es un proceso social complejo y una urdimbre compuesta por muchos hilos que se entrecruzan. Lo cotidiano, lo político, lo cultural, lo familiar, lo individual, la política y el derecho internacionales, configuran las vivencias que constituyen el exilio.

En tercer lugar, la identificación de que asumir la condición de exiliado no fue inmediata; que una característica de quienes tuvieron que salir de su país por razones políticas fue vivir de paso. La decisión de "deshacer las valijas" fue tardía y nada fácil.

En cuarto lugar, el registro de que no todas las acogidas fueron iguales. En este proceso, la relación entre la dirigencia de la organización política a la que pertenecía el exiliado con el gobierno del lugar que acogía, y los mecanismos de derecho internacional suscritos y aceptados por el país de llegada tuvieron un peso importante, no sólo sobre quiénes fueron aceptados sino también en su estatus legal en el país. Ser asilado no es lo mismo, legalmente, que ser refugiado y eso repercute en las formas de inserción. Íntimamente relacionadas con ello es importante resaltar dos cosas: la primera es que la aceptación de exiliados estuvo marcada por la buena disposición del país que recibía –Argentina en 1973, el México de Luis Echeverría, la Cuba de Fidel Castro, o la Unión Soviética–; la segunda es que, una vez recibidos, hubo países que controlaron más que otros las vías por las que los recién llegados se incorporaban a la vida del país. En general, la sección dedicada a los estados del socialismo real demuestra que en ellos la inserción fue mucho más organizada y controlada –con los pros y contras que esto trae aparejado– más que, por ejemplo, en México, Chile y Argentina, cuando estos últimos fueron destinos posibles.

En quinto lugar, queda claro que la experiencia del exilio deja huellas. Más o menos resistidos, más o menos integrados en el o los lugares de llegada, la experiencia marca de manera subjetiva, identitaria, política e intelectualmente, no sólo a los protagonistas sino a sus hijos, a las segundas generaciones, que inexorablemente serán de varios lugares al mismo tiempo. Éstas habrán crecido con la nostalgia del Río de la Plata sin vivir en él, y también habrán resignificado la historia política y social de sus padres.

En sexto y último lugar, muy vinculado con lo anterior, el testimonio de que la vuelta, el "desexilio", cuando hubo esa elección, fue casi tan traumática como la partida. Luego de más de diez años de no estar, al volver, quienes lo hacían no eran los mismos, como tampoco lo era la sociedad y la política del país al que retornaban. Quienes volvieron ya no eran sólo uruguayos.

 

¿Qué nos falta después de este libro?

Cuando se llega al final de la lectura, son tantas las sensaciones que, personalmente, se extrañó la falta de una conclusión o, por lo menos, de comentarios finales. Es probable que la coordinadora haya optado por el "final abierto" porque la apuesta a los senderos de la memoria (y del olvido) es una apuesta al movimiento en la medida en que aquéllos (los senderos) no están demarcados de una vez y para siempre. Sin embargo, luego del bombardeo de vivencias, historias, hechos, personajes y países, el comentario final hubiera fungido como un mirador hacia atrás y hacia adelante.

Con el final, y esto no siempre pasa, quedaron ganas de más y la impresión de que este ejercicio de contar es sólo uno de otros posibles, por ejemplo: qué pasó con el Uruguay que se quedó; qué pasó con los que regresaron; qué caminos eligieron las organizaciones políticas; cómo se relacionan el Uruguay que se quedó, el que volvió y el que nunca regresó.

Ojalá la coordinadora siga regalándonos opciones de respuesta a los interrogantes que produce El Uruguay del exilio.

 

Notas

1 Cantautor uruguayo.

2 Relatado en el capítulo "España de mil destierros" de Enrique Coraza de los Santos.

3 Capítulo "Los uruguayos en la Suiza de Europa" de Javier Gallardo y Guillermo Waksman.

4 Capítulo "Milonga de andar lejos". Los que se fueron a Francia, de Eugenia Allier Montaño y Denis Merklen.

5 Capítulo "URSS: paradojas de un destino" de Ana Buriano.

6 Capítulo "En el socialismo real" de Sergio Israel.

7 Capítulo " Nuestro norte está en el sur: Venezuela" de Isabel Wschebor Pellegrino.

8 Capítulo "En Suecia: descubrimiento, inserción y (des)encuentros", de Magdalena Broquetas de San Martín.