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Alteridades

versión On-line ISSN 2448-850Xversión impresa ISSN 0188-7017

Alteridades vol.28 no.56 México jul./dic. 2018

http://dx.doi.org/10.24275/uam/izt/dcsh/alteridades/2018v28n56/poblete 

Investigación antropológica

Identidades liminares. El caso de los escritores tsotsiles y tseltales en Chiapas

Liminal Identities. The Case of Tsotsil and Tseltal Writers in Chiapas

Xóchitl Fabiola Poblete Naredo* 

*Profesora de tiempo completo de la licenciatura en Historia. Universidad Autónoma de Chiapas, Facultad de Ciencias Sociales, Campus III. Presidente Obregón s/n, col. Revolución Mexicana, 29220, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas <fabiolonga_22@hotmail.com>.

Resumen

El eje principal del trabajo gira en torno a la construcción de la identidad profesional de los escritores tsotsiles y tseltales de Los Altos de Chiapas; ésta se entreteje y nutre de las experiencias individuales, que conllevan representaciones simbólicas del mundo, y las colectivas, elaboradas desde marcos sociales e institucionales. La identidad es liminar porque conjunta, no siempre en términos armónicos, las continuas negociaciones y resignificaciones entre lo objetivo y lo subjetivo; en este sentido, lo que se analiza son las diferentes estrategias que pusieron en juego los escritores para construir su identidad profesional, a partir de la articulación de sus trayectorias biográficas y su proceso de profesionalización.

Palabras clave: identidad profesional; literatura; indígenas; oralidad; escritura

Abstract

The main axis of the work revolves around the construction of the professional identity of the Tsotsil and Tseltal writers of Los Altos, Chiapas, which interweaves and nourishes from the individual experiences, which involve symbolic representations of the world and collective representations, which are elaborated from social and institutional frameworks. Then, identity is liminal, because it links, not always in harmonic terms, the continuous negotiations and resignifications between what’s objective and subjective; in this respect, the analysis addresses the different strategies used by the writers to build their professional identity, from their biographical trajectories and their process of professionalization.

Key words: professional identity; literature; indigenous; orality; writing

Introducción

El proceso de apropiación de la escritura por parte de culturas ágrafas como la tsotsil y la tseltal de Los Altos de Chiapas en la década de los ochenta del siglo pasado,1 fue un andar no sólo lento sino sinuoso, en donde confluyeron organizaciones indígenas como la Casa de los Actores y Escritores de la Cultura de los Indios Mayas, A. C., Sna Jtz’ibajom,2 la Unión de Escritores Mayas-Zoques (Unemaz), entre otras, y las acciones estatales, por medio de las políticas educativas impulsadas por el Instituto Nacional Indigenista a través del Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil (1951-1970), la Secretaría de Educación Pública mediante la Dirección General de Educación Extraescolar en el Medio Indígena (1971-1985), que se convertiría -durante el sexenio de José López Portillo- en la Dirección General de Educación Indígena, y la Subsecretaría de Pueblos Indígenas. Esta última, a través de la Dirección de Fortalecimiento y Fomento a las Culturas, encabezada por el doctor Jacinto Arias, promovió la alfabetización y desarrollo de la escritura en lenguas indígenas. Como parte de este proyecto se editó el primer periódico en lengua indígena llamado Kayetic (Nuestra palabra), y se hicieron cartillas, manuales y material didáctico diverso para obtener mejores resultados en cuanto a la lectoescritura. También, debido a la cercanía con distintas comunidades y a la rápida transformación dentro de éstas, se inició la recolección de relatos, mitos y tradiciones, que empezaron a transcribirse en forma bilingüe y a publicarse de este modo en varios libros.

Todas estas actividades son consideradas la primera fase del proceso de apropiación de la escritura3 por parte de tseltales y tsotsiles en Chiapas, y está identificada con la necesidad de los escritores-escribanos de poner por escrito aquellas tradiciones que pensaban estaban cayendo en el olvido; de recopilar mitos, leyendas, rezos y tradiciones para después transcribirlos.

El comienzo de la segunda etapa está marcado por la publicación del libro Palabra conjurada (varios autores, 1999), en donde convergen cinco voces entre poetas y narradores indígenas, con lo que se abre la construcción de textos literarios de ficción. Se va dejando de lado la recopilación para experimentar con la posibilidad de crear textos poéticos y narrativos. Es justo cuando surge la profesionalización del quehacer como escritores-creadores, interesándose éstos en la adquisición de herramientas literarias para hablar del universo sociocultural en el cual estaban y están inmersos.

En este andar colaboran instituciones como el Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas (CELALI)4 mediante la organización de talleres y diplomados que tienen como objetivo fortalecer la lengua y promover la literatura hecha por indígenas. Después entran en contacto con la Escuela de Escritores del Espacio Cultural Jaime Sabines (Sociedad General de Escritores de México -Sogem-), presidida por José Antonio Reyes Matamoros, con quien inician un proceso creativo en la composición literaria.5

En la tercera etapa se presencia el desarrollo de una narrativa sobre todo en cuentos con temas variados, con una postura estética limen en la que conviven características propias de su cultura expresadas a través de artificios literarios occidentales que dan musicalidad, textura, forma y fondo a los cuentos. En esta fase, los escritores no sólo se preocupan por el “rescate” sino además por producir textos, ya no únicamente a partir de la oralidad sino desde elementos particulares de creación literaria. Las narraciones son importantes en el ámbito de lo histórico-social, pero también por los elementos estéticos que integran.

Entonces, se pretende analizar la forma en que, a partir del contexto en el que se desarrolla la literatura tseltal-tsotsil en Chiapas, la construcción de la identidad profesional de los escritores-creadores se muestra como la de una identidad limen, al posicionarse entre dos culturas, la indígena y la mestiza, la oralidad y la escritura, la modernidad y lo tradicional, el español y su lengua materna.

Posicionamientos teórico-metodológicos

En este trabajo se asume la perspectiva constructivista y procesual de la identidad, porque resalta cómo los escritores tsotsiles y tseltales de Los Altos de Chiapas construyeron su identidad profesional, no desde algo dado, sino a partir de discursos, prácticas y posturas diferentes, cruzados y antagónicos, sujetos a una historización, y en constante cambio (Hall, 2003: 17). Este dinamismo de las identidades reconoce la maleabilidad en el proceso y problematiza el acercamiento hacia ellas, primero por las valoraciones y significaciones que se les den tanto a las experiencias personales como a las colectivas y, segundo, porque las experiencias en el terreno de lo cotidiano marcan rupturas que hacen que la identidad se vaya transformando a lo largo de la vida de las personas.

Hablar de identidades es partir del reconocimiento de la interacción con el otro (familia, amigos, escritores, mentores, instituciones), por lo que se consideró que ésta a veces se da en términos de concordia y a veces de discordia, lo cual conlleva rupturas que son significativas en la identidad de los escritores. Esta interacción no es únicamente en cuanto a la relación con los otros sujetos; se inserta asimismo en la intersección entre el individuo (como resultado de las estructuras sociales) y el individuo productor de su propia historia e identidad, de ahí que la identidad en cuanto limen tome relevancia, porque nos posiciona en la frontera de lo uno y lo otro.

Se partió además del supuesto de que la identidad que como escritores fueron configurando está atravesada por diversos discursos, entre éstos el de la reivindicación cultural y lingüística que apunta a otros escenarios vinculados con políticas públicas de reconocimiento de la multiculturalidad, todo ello enmarcado en el contexto de movimientos insurgentes como el del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Se eligió como estrategia de producción de información la entrevista, porque pone de relieve la “tensión que genera la confluencia de distintos procesos heterogéneos -provenientes tanto de la historia individual como colectiva de los actores implicados- en un encuentro intersubjetivo” (Baz, 1999: 78), porque es en el propio decir de los escritores, en sus autonarraciones, en donde podemos adentrarnos a las subjetividades e interpretaciones de las experiencias que dan sentido al discurso de los sujetos. Estos discursos están configurados individual y colectivamente, y en ellos subyacen interacciones simbólicas que nos hablan del proceso de construcción de identidad limen entre escritores tsotsiles y tseltales chiapanecos. Entrevisté en diferentes momentos y periodos, de los años 2012 a 2014, a diez escritores-creadores, cinco tsotsiles y cinco tseltales; el criterio de selección fue que hubieran realizado trabajos de creación literaria y no sólo de recopilación de la oralidad.6

Identidad profesional

En este apartado se visualizan los hilos con los que se unen la actividad escriturística, entendida como un quehacer, una ocupación que nos puede ayudar a entender el proceso de construcción y transformación de las identidades, tanto individuales como colectivas. En el nivel individual, la actividad de escribir y su profesionalización reconfiguran la identidad de los escritores a partir del significado con que cargan dicha actividad y, en lo colectivo, nos permiten ver cómo se está constituyendo una identidad grupal a partir del ejercicio escriturístico.

Las identidades profesionales y ocupacionales, según Claude Dubar (2001: 10-11), son una construcción que atraviesa “lo individual y colectivo, lo subjetivo y objetivo, lo biográfico y estructural, de los diversos procesos de socialización que conjuntamente construyen los individuos y definen las instituciones”.

La profesión es una ocupación no manual, de tiempo completo, cuya práctica presupone una formación especializada y académica (Kocka cit. en Ramírez Rosales, 2008: 48); es decir, mientras más educación tenga el individuo más se aleja de ser un trabajador para convertirse en un profesional. Así, el término profesión pone énfasis en la formación obtenida gracias a una educación especializada y el título asegura que se es un profesional en la ejecución de una actividad, con lo cual se acreditan también prestigio, estilos de vida, estatus social y, por ende, el ingreso a espacios laborales que, de no tener esa profesionalización, no se podrían conseguir. Para considerar la profesión como fuente de significado y, por lo tanto, de identidad, se parte del supuesto de que ésta se construye a partir de la interacción que hay entre el profesional y el contexto sociohistórico en el cual se desenvuelve.7

Por lo anterior, se cree que la actividad de escritores-creadores puede asumirse como una profesión, acción clave e importante en el proceso de construcción de sus identidades. Y se considera como profesión porque a pesar de que los escritores no han tenido una formación académica de nivel universitario como literatos, en el quehacer de escritores sí han pasado por diferentes procesos de profesionalización, lo cual los ha dotado de conocimientos sobre técnicas y estrategias para construir discursos literarios cada vez más especializados. En este proceso de profesionalización los escritores han estado muy vinculados con instituciones estatales que han fomentado el desarrollo y uso de la escritura como otro medio de comunicación, con el fin de impulsar el fortalecimiento de las lenguas indígenas, lo que a la larga llevó a la producción de textos literarios.

La actividad como escritores no es de tiempo completo, porque las regalías y ganancias por libro editado son mínimas, en el caso de que alguna editorial consolidada o algún proyecto de Estado promueva la publicación de estos textos. De no ser así, la difusión es poca y, por consecuencia, la retribución económica también. Al no constituir su principal fuente de ingresos, los escritores tsotsiles y tseltales encuentran su sustento en el magisterio -como maestros bilingües en los niveles básicos-, y otros más como promotores culturales.

No obstante, convergen en espacios comunes como los ya mencionados, el CELALI, Sna Jtz’ibajom, la Unemaz e incluso la Universidad Intercultural de Chiapas (Unich), donde muchos de los escritores trabajan realizando actividades varias, y justamente confluyen en esos espacios porque se han vinculado en su calidad de escritores en diversos proyectos relacionados con el fortalecimiento y promoción del uso de las lenguas indígenas y, en general, de la producción artística de las diferentes etnias chiapanecas. Estos lugares se han convertido en espacios constructores y reproductores de prácticas culturales, escenarios de formación, de socialización, de intercambio y hasta de confrontación y, por ende, de construcción de sentidos de identidad profesional.

El camino hacia la identidad profesional

El proceso de profesionalización se inició, ya se dijo, con la cercanía e ingreso a distintas instituciones; dentro de éstas resaltan las figuras de Jacinto Arias, José Antonio Reyes Matamoros, Carlos Montemayor (agentes de interacción), entre otras. Ellos fueron trascendentales porque encendieron la chispa sobre la posibilidad de la escritura en lenguas indígenas, generando un movimiento de análisis y reflexión, relacionado con la asignación de caracteres occidentales a lenguas ágrafas y con el interés de escribir su historia y la situación en la que se encontraban y encuentran.

Los futuros escritores que empezaron transcribiendo la tradición oral fueron incitados a tomar el reto de escribir cuentos, poesía, a hacer un trabajo más literario, ya no ceñirse a trasladar el mundo de la oralidad al de la escritura. Para llevar a cabo dicha tarea fue necesario que se prepararan, así que tomaron cursos y talleres, ya fueran los diplomados de la Sogem a cargo de Reyes Matamoros o los auspiciados por Montemayor.

Conocí al maestro José Antonio hace años, trabajaba con él en el café de los Amorosos […] después de cuatro años y de ver que llegaba mucha gente que hacía sus reuniones ahí, empecé a hacer preguntas sobre qué era lo que se enseñaba, sobre qué era la literatura […] Hablé con Matamoros, le dije que yo quería entrar al curso que iba a iniciar. Después de un tiempo me dijo que si realmente me interesaba me iba a apoyar con una beca para entrar al onceavo diplomado de la Sogem […] En la primer clase nos preguntaron por qué estábamos ahí, qué queríamos hacer, yo dije que lo que quería era aprender a leer, entonces Matamoros se enojó y me dijo: “Ya te dije que yo no enseño a leer, yo enseño a escribir”; entonces respondí, “ya lo sé, maestro, pero cómo voy a aprender a escribir si no sé leer, primero tengo que aprender a ser un buen lector para después escribir”; lo único que me dijo al final es: “Así me gusta” [Juan Álvarez Pérez, escritor-poeta].

Como puede observarse en la experiencia de Álvarez, y en la de la mayoría de los escritores, el acercamiento al mundo de la literatura, ya no sólo en cuanto a la transcripción de la oralidad, también a la creación literaria, fue fortuito:

Mi acercamiento al mundo literario fue accidental. […] Nos acercamos con Matamoros, fue cuando nos empezó a decir que lo que hacíamos no servía, nos dijo que debíamos escribir mejor. […] debía modificar toda la oralidad, al principio no me agradó mucho. Para Matamoros lo importante era enriquecer, modificar, así que empezamos a tallerear [Josías López Gómez, escritor-narrador].

Este proceso de profesionalización está vinculado con el “esfuerzo subjetivo de aprendizaje” (Guadarrama Olivera, 2008: 209) por medio del cual los escritores adquirieron el conocimiento ya existente sobre la forma de escribir textos literarios y al mismo tiempo desarrollaron colectiva e individualmente su peculiar práctica e identidad; es decir, los aprendizajes adquiridos e interiorizados nos muestran una identidad en continuo cambio que comprende rutinas, identificaciones y experiencias.

Un día llego a CELALI y me dice -Matamoros-, “¿oye, te has puesto a pensar si en tsotsil se puede hacer un soneto?”, pues yo no conozco lo que es el soneto, pero creo que sí se puede. Luego me dijo, “¿crees que alguien se atrevería a hacerlo?” Le dije que sí, y entonces me propuso echar a andar un taller. Invité a otros compañeros, hubo resistencia, porque según las diferentes posturas se iba a descomponer la forma literaria de la lengua. Al final eran nuevos retos.

Iniciamos el taller y yo fui el único que se atrevió a hacer sonetos, de hecho, son los únicos sonetos que existen, hice nueve, fue un trabajo tremendo sobre todo en su forma clásica [Enrique Pérez López, escritor-promotor cultural].

Con estas palabras podemos advertir cómo, a lo largo del aprendizaje, se van poniendo y superando retos que son interpretados positivamente, porque, en parte, gracias a ellos hay un avance cualitativo en el conocimiento de la profesión debido a que se desarrollan técnicas y habilidades relacionadas con la escritura. Esta perspectiva procesual del aprendizaje incluye las experiencias de los individuos, además de los aspectos del conocimiento, las emociones, las percepciones de sí mismo y la situación vivida, “yo fui el único que se atrevió”, “fue un trabajo tremendo”.

Se nota que no hay de antemano una intención meramente racionalizada, reflexiva y calculada en la elección de ser escritores; más bien, en el proceso de socialización en los diferentes espacios laborales en los cuales estuvieron, fueron adquiriendo una serie de disposiciones que les permitieron interpretar de manera positiva, pero a posteriori, su elección profesionalizante, sin que por ello se plantearan desde el principio el propósito consciente de volverse escritores. Digamos que no estaba dentro de sus proyectos de vida.

A la par, en este momento de formación se desencadenan varios elementos y retos específicos de la creación literaria: qué se quiere decir, cómo se quiere decir, para qué se quiere decir. Estos cuestionamientos han llevado a que los escritores-creadores tomen diferentes posturas personales y colectivas, relacionadas con el tipo de literatura que están construyendo.

Lo que los incita a escribir

En primer lugar retomo lo que los induce a escribir. En su mayoría aluden a que realizan esta actividad porque tienen la necesidad de decir algo, y ese algo lo expresan a través de los cuentos y la poesía. Lo que quieren decir versa sobre su cultura, algunos lo hacen con la intención de rescatar y recuperar las tradiciones, esperando que los jóvenes de sus comunidades lean sus cuentos y no olviden aquello que los escritores consideran relevante para la vida comunitaria.

Yo escribo para aportar algo, para enseñar a los incrédulos que sí se puede escribir, de darle un fondo a lo que hago como promotor cultural; también para mostrar que se pueden hacer bien las cosas, eso me motivó a escribir. La importancia de mi lengua, de aportar algo, porque entiendo que la literatura es eso, para mí la literatura maya-zoque, en este caso tsotsil, no solamente es importante porque sea escrita en lengua tsotsil, sino porque debe aportar algo, tiene que recoger estos valores de historia, tradiciones, cosmogonía, todo lo que tiene que ver con el aspecto simbólico, si no, no tiene caso [Nicolás Huet Bautista, escritor-promotor cultural].

Otros escriben con el propósito de que sus textos sean conocidos por un público amplio, para así dar cuenta de la vida de los pueblos indígenas, pues creen que hay mucho desconocimiento de su cultura y de su historia. Hay también la intención de reposicionar la lengua indígena, así como de mostrar sus posibilidades estéticas.

El para qué escribir se inserta como parte del compromiso que sienten los escritores tanto para sí, como socialmente hablando, lo cual evidencia un posicionamiento ético sobre la profesión que están ejerciendo. Este planteamiento de revaloración de la cultura tsotsil y tseltal en general, y de la lengua en particular, ha llevado a los escritores a reflexionar acerca de los problemas mismos de ésta. Se han dado cuenta, por ejemplo, de que faltan discusiones y estudios serios y profundos sobre la construcción lingüística de las lenguas mayenses.

Cuando empecé a trabajar sobre la sintaxis de la lengua, para mí fue mucho más drástico porque yo no sabía escribir y además tampoco hay libros o gente especializada que te pueda orientar. Me acuerdo que le llevé mi trabajo a un compañero y en lugar de que me alimentara de ideas renovadoras me dijo que mi trabajo no servía para nada, eso me dio mucho coraje. Le dije al maestro Matamoros que me estaba costando mucho. […] entonces me dice el maestro: “¿sabes cómo se forma la lengua en cada cultura?, es como si fueras a esculpir una piedra dándole forma. Ponte a leer tu libro y muchos otros y sólo así te puedes formar. Es leer en tu lengua, es escuchar cómo se habla”.

Empecé a ser autodidacta, empecé a traducir. Entonces me decían los demás que estaba mal escrito, porque está al revés, porque la sintaxis está al revés. A mí no me interesaba la forma de escribir, lo que yo quiero es que sea cantado, a mí no me interesa la forma, me interesa que se entienda lo que yo quiero decir, yo no escribo forma, yo escribo literatura [Juan Álvarez Pérez, escritor-poeta].

De esta experiencia se pueden resaltar por lo menos dos aspectos fundamentales: el primero, las dificultades que enfrentaron y siguen enfrentando para la producción de relatos literarios, por la complejidad de la construcción sintáctica y gramatical de lenguas que han sido ágrafas, lo que nos lleva a considerar la juventud de la literatura tsotsil-tseltal y sus características, debido al proceso incipiente de conformación. El segundo, que no debemos verlos como un grupo compacto y homogéneo, porque entre ellos hay posiciones encontradas, rencillas y perfiles distintos, críticas y autocríticas que hacen que se particularice cada situación.

Los encuentros y análisis que los escritores han tenido en foros de discusión con otros colegas y lingüistas los ha conducido a reconocer que hay un gran vacío en la construcción de una postura estética propia del tseltal o tsotsil y que las posibilidades de ésta pueden ser variadas, pero mientras no la conozcan no podrán explotar sus dones.

Se necesita trabajar más porque no solamente se trata de aplicar los modelos occidentales, también hay que explorar en nuestros significados, en nuestro lenguaje. El aspecto estético lo vamos a poder construir solamente a través de un conocimiento profundo de la estructura de la lengua. Esa reflexión se está construyendo, pero todavía está muy verde, es principiante, no puede defenderse.

Es importante formar críticos, dejar escuela […] al no haber una crítica constructiva para mejorar y no haber análisis profundos, entonces parece que todo está bien. Necesitamos no solamente generar críticos sino también lectores analíticos [Nicolás Huet Bautista, escritor-promotor cultural].

En cuanto al tratamiento del lenguaje, los escritores también son límenes, porque crean entre dos mundos lingüísticos: el castellano y el tsotsil o el tseltal. Este limen los está llevando a realizar un desplazamiento del tsotsil o tseltal al español; es decir, piensan como indígenas y tratan de escribir como mestizos o viceversa, lo cual ha resultado en la castellanización de la lengua y, por lo tanto, de la escritura. Se debe, entre otros factores, a que hay un traslape de la estructura sintáctica y semántica del español hacia estas lenguas que tienen una construcción distinta, pero para su escritura se ha tomado el referente más cercano, el impuesto o autoimpuesto por el desconocimiento de otros idiomas.

Las temáticas

Otro debate acerca de la construcción literaria tsotsil y tseltal, y que es parte del proceso de profesionalización, versa sobre las temáticas que debe abordar este tipo de textos. La postura de los escritores de la primera generación8 es muy clara: defienden la idea de que la literatura indígena no puede perder la base y la posibilidad de abrevar de la tradición oral, que debe estar hecha por indígenas y debe hablar principalmente de la cosmovisión, de la relación de los hombres con la naturaleza, del amor, de los animales, de la vida en comunidad:

los cuentos deben estar escritos y construidos desde el seno de la lengua y deben tener y resaltar esos valores, el aspecto simbólico de los pueblos mayas-zoques, si no, no tendría chiste ni razón de ser. Otras características son la identidad lingüística, y lo más fuerte es que la literatura debe estar construida desde el seno propio del conocimiento que le da sustento [Enrique Pérez López, escritor-promotor cultural].

La literatura indígena tiene que reflejar el sentir y la forma de ver de los indígenas. Por eso yo quiero apropiarme de las técnicas occidentales para poder trabajar desde mí, sólo. Yo siento que tengo que liberarme de este pensamiento occidental, que no es malo pero que también tiene su propio círculo […] Pero tampoco puedo decir cómo es la literatura indígena, porque no he recibido crítica de este lado. La asesoría que recibo no es la de aquí, sino externa [Josías López Gómez, escritor-narrador].

La otra postura sostiene que debe experimentarse con herramientas occidentales y con otros temas que se distancian de aquello tradicional. Para ellos, los textos literarios deben contener un fuerte compromiso social. Plantean que la literatura es indígena si expresa el sentir y contiene elementos culturales privativos de los indígenas, por ende, no importa en qué idioma se escriba inicialmente y si el escritor ha nacido indígena o se reivindica como tal. Quienes se posicionan bajo esta dirección son los escritores de una generación más reciente, que son más jóvenes y por ello su contexto es distinto; entre estas diferencias destacan que no tuvieron que librar la batalla por el reconocimiento cultural, ni por la posibilidad de crear una escritura y literatura hechas por indígenas:9

Yo no quiero escribir sólo sobre mi cultura, sobre el universo tseltal, quiero escribir sobre mis preocupaciones inmediatas, por lo que día a día vivo. Para mí, la literatura indígena debe abrir sus temas, me parece que poco se ha hablado de lo social, de lo histórico. La verdad a mí no me interesa hablar sobre los ajaws, sobre la Madre Tierra y el Padre Sol, yo quiero hablar sobre temas novedosos [Marceal Méndez Pérez, escritor-promotor cultural].

La primera postura pretende fundamentar los principios de la literatura tsotsil y tseltal en el vínculo que tienen con la oralidad, se considera que ésta es una de las principales fuentes de inspiración y en ella misma es donde se encuentra la poética de la lengua. No obstante, la poética que se encierra en el mundo de lo oral se ve radicalmente modificada al traspasarse a lo escrito y, sobre todo, al ser traducida al castellano. Es aquí donde toma relevancia el problema de la traducción debido a que si, como se ha dicho, los literatos escriben primero en castellano y después traducen al tsotsil o al tseltal, según sea el caso, el trabajo que realizan estos escritores es triple, porque primero, para poder escribir recurren a ciertos elementos de la oralidad en su lengua materna; segundo, escriben y piensan sobre aquello que desean escribir en español, con la estructura básica de éste, y, finalmente, lo vuelven a traducir.

Yo, cuando me siento a trabajar debo pensar en los contextos. Por ejemplo, si voy a escribir acerca de unos muchachos que están enamorados y se ve que van a hacer el amor, si en la literatura aparece que hay un hotel eso me lleva a otro contexto […] Pero si me dijera en ese cuento que se encontraron, se enamoraron y quedaron en el acuerdo de hacer el amor y se van a la montaña, no me saca de contexto porque me está ubicando en lo mío.

Yo hago la traducción del español al tsotsil […] yo escribo en español y después traduzco porque mis críticos son castellanos [Josías López Gómez, escritor-narrador].

Después de toda esta labor, los textos en ambos idiomas devienen escritos independientes, pues el trabajo que realizan va más allá del cambio de palabras, se convierte en la transformación de un código de significación a otro, volviendo a aparecer su actividad de límenes. Lo interesante es que la musicalidad y el ritmo alcanzados en español no son iguales que los que pueden tener en su lengua materna y viceversa, pues son los mismos escritores quienes hacen la traducción y la revisión de los textos, y al no contar con referentes ni con especialistas de la lengua en tsotsil o en tseltal, en cuanto a elementos literarios, el trabajo se vuelve reiterativo y sin la posibilidad de enriquecimiento desde la parte indígena, lo que no sucede con los escritos en castellano, los cuales son revisados por especialistas en la materia.

Los literatos incluidos en la segunda postura mantienen la idea de que no importa en qué lengua se escriba, siempre y cuando represente elementos particulares de la cultura. Algunos otros tienen como reto escribir desde el inicio en su lengua materna para así tratar de preservar la estructura sintáctica de la misma y que las alteraciones o los desplazamientos lingüísticos, de los cuales hemos hablado, sean mínimos, de ahí que estén creando sus propios diccionarios, haciendo un trabajo de análisis de la lengua desde la morfología hasta la sintaxis.

Los escritores se cuestionan también acerca de las temáticas que deben tratar. Por un lado se sostiene que los temas deben estar vinculados con aspectos tradicionalistas sobre la cosmovisión indígena, pero con elementos de distinción, separación y contraposición al mundo mestizo: el trabajo en el campo y la vida rural en general; la relación y comprensión de la naturaleza en términos de un cosmos dinámico del cual los hombres forman parte, en comparación con la vida de la ciudad; los mestizos explotadores y racistas que ven en la naturaleza no el complemento sino lo externo que pueden transformar, manipular y destruir.

Bajo esta dualidad es como se representan los rasgos culturales, y son justo estos caracteres los que sugieren se tomen en cuenta para que los textos sean considerados literatura tsotsil o tseltal; de lo contrario, se tratará de otro tipo de literatura. Si se deja de cantar a la luna, a la tierra, al sol, a la vida, en términos culturalmente construidos como indígenas, entonces hay una separación con las tradiciones, con las costumbres y, de este modo, se elimina la distinción y pasaría a ser la escritura de los otros, de la minoría, de los marginados, pero no esencialmente indígena.

El otro lado de la moneda se manifiesta en las posiciones que favorecen la idea de que si bien es esencial representar elementos característicos de la cultura indígena, también lo es incluir otras temáticas, tal vez más cercanas a sus nuevos estilos de vida, como la migración, las problemáticas que hay tanto en las comunidades como en la ciudad, los espacios de estudio, la manera en que se enfrentan a la modernidad, entre otras; además, piensan que no es estrictamente necesario que la creación literaria parta de la tradición oral.

De tal suerte, esta perspectiva apuesta más por la literatura, no con la pretensión de que sea indígena o no, sino literatura en términos universales, aunque no renuncia del todo a la idea de que es fundamental que maneje elementos culturales indígenas. Se inclina asimismo por una apropiación y perfección de las estructuras, herramientas y artificios para que la literatura sea de calidad. Se propone la exploración de otras vertientes de la lengua y de la escritura desde horizontes extranjeros que puedan beneficiar a este tipo de discurso.

Todo ello está relacionado con la ficción propia de la literatura, con la plasticidad del lenguaje, con poder decir siempre algo nuevo. En ese sentido, la mayoría de los escritores-creadores concuerda en que la literatura, además de reproducir lo que ven en la realidad, finca el trabajo literario en lo creativo, en la poiesis, que es la posibilidad de crear destellos que rompan lo cotidiano. Estos escritores-creadores mencionan que escribir no sólo es inspiración, sino también un arduo trabajo de investigación, de escucha, de observación, que debe ser varias veces reelaborado para obtener el efecto buscado.

Los diferentes procesos creativos

Las formas de trabajo son distintas, algunos parten de una idea preconcebida que van desarrollando, profundizando e investigando dentro de la comunidad. El proceso es con la finalidad de que sus textos cuenten con verosimilitud para todo tipo de lector, sin importar que viva en una comunidad, o que habite en una ciudad. Se plantean, por tanto, que las acciones, los escenarios y el tiempo en los que se desarrolla su historia sean los más adecuados, evitando empalmes y errores en los cuales los personajes ejecuten acciones o digan frases y palabras que no concuerden con el contexto esbozado.

Una vez que tienen esa estructura base, pasan al trabajo de la forma de la escritura del cuento. Para ello, los múltiples talleres que han cursado, así como las lecturas realizadas sobre la historia de la literatura y teoría literaria, les han ayudado a transformar simples historias en cuentos literarios. Se procede ahora a encontrar el nudo, la fuerza en las acciones a través del lenguaje, se piensa en la historia como un todo que tenga lógica interna y unidad de impresión. Finalmente, cuando consideran haber terminado el cuento, vienen las múltiples revisiones de los compañeros cercanos que lo leen y lo comentan.

Este proceso de realización está dividido en tres partes: investigación, creación y revisión. Es una labor que en su mayoría se hace en soledad, en la oscuridad de la noche. Y aquí vemos otro cambio en la forma tradicional de trabajar de los indígenas: se pasa de la colaboración en colectividad a la reflexión solitaria, por lo menos en las dos primeras fases, ya que en la última, al haber socialización de lo escrito, se da una discusión en grupo.

También, a la hora de escribir piensan en quién será su público lector. Cuando piensan en el público indígena consideran que los jóvenes son a quienes más les va a interesar este tipo de textos; algunos lo hacen con el fin de que por este medio conozcan cuentos y leyendas que ya se han perdido o están por desaparecer; otros, con el propósito de incentivar a este sector de la población a que lean y escriban en su lengua materna, de crear una conciencia sobre la importancia de ésta, de reivindicación de su cultura; y unos más, para mostrar en sus lugares de origen que se puede hacer literatura ya sea en tsotsil o en tseltal. A la par, cuando se dirigen al público mestizo, están pensando también en el reconocimiento.

Los escritores saben que el público que tienen hacia el interior de las comunidades es muy poco, que para que haya un verdadero impacto de la literatura se necesita preparar y sensibilizar a la población sobre la importancia de la lectura, de la escritura y del arte en general. En San Cristóbal tienen un público más amplio, cuentan con el reconocimiento de escritores de manera individual, y por el trabajo que en conjunto han realizado a lo largo de por lo menos tres décadas han extendido sus horizontes al ser invitados a participar en foros nacionales e internacionales, ferias de libros, premios literarios, congresos y demás espacios para difundir y reflexionar sobre la literatura hecha por tsotsiles y tseltales. Ello ha ayudado a su vez a que visualicen y posicionen el tipo de literatura que hacen dentro del concierto mundial literario, donde también son límenes porque, aunque gozan de cierto reconocimiento dentro de sus comunidades y aun en el espacio mestizo de San Cristóbal, siguen siendo marginados desde la perspectiva del contexto nacional e internacional.

Reflexiones finales

La identidad profesional de los escritores tiene varias fuentes de las que abreva: los primeros espacios de socialización en donde la familia toma relevancia,10 su circunstancia migratoria del campo a la ciudad, su inserción a instituciones educativas y después laborales, y los espacios de socialización y profesionalización del quehacer literario son parte de los componentes que configuran su “ser escritores” como límenes.

El proceso a partir del cual construyen su identidad como escritores se gesta en dos vertientes que se complementan: una dada por la interacción en espacios vinculados con la promoción cultural, específicamente los relacionados con el desarrollo de la escritura de la oralidad y, la otra, por la formación profesionalizante que los llevó a convertirse en escritores-creadores.

En lo concerniente a los espacios de promoción cultural, se resalta como sujeto clave a Jacinto Arias, quien deviene un motor para el inicio de la escritura en tseltal y en tsotsil; además, en estos espacios es donde empiezan los encuentros, es decir, ahí comienzan a conocerse, a socializar y a compartir una inquietud en común: la escritura. Ello genera organización y el establecimiento de redes que los ayudarán a crear espacios desde donde pueden producir y mostrar las posibilidades del lenguaje escrito.

Por su parte, la formación profesional de los escritores comprende los múltiples procesos de interacción en los cuales aquélla transcurre. Al respecto, podemos distinguir dos momentos: la transición de la escritura de la oralidad a la creación de textos literarios, que también tiene una figura clave: José Antonio Reyes Matamoros, y aquel en el que se desencadenan reflexiones sobre la identidad de la literatura tsotsil-tseltal, sus posibilidades, propuestas y camino por recorrer. Este proceso de profesionalización es trascendental porque se empiezan a interiorizar características del ser escritor, se integran conocimientos, conceptos, valores, aptitudes y habilidades que constituyen una fuente importante de referentes identitarios en los escritores. Y debido a que la identidad vincula tanto el presente como el pasado y el futuro, encontramos también una serie de rasgos que orientan a éstos a ser buenos escritores, lo que los hace tener nexos con distintos colegas en la república mexicana, buscar becas11 e interrelacionarse con personas cercanas a las letras en el plano internacional.

Tales procesos dan cuenta de cómo la identidad profesional se construye a partir de las experiencias y sus resignificaciones en la interacción con diferentes actores, en contextos socialmente estructurados donde suceden negociaciones y transacciones simbólicas que brindan a los escritores una serie de recursos culturales, económicos, éticos y de conocimiento, a partir de los cuales, siempre en un proceso complejo y dinámico, los escritores definen su identidad, que toma una posición de limen, de hermeneutas entre dos culturas.

Estos escritores conjuntan dos tipos de profesiones: la de escritores y la de promotores culturales o maestros, principalmente; el primero conlleva un trabajo sobre la lengua y sus posibilidades estéticas, mientras que el segundo, uno que puede incidir y transformar las relaciones socioculturales de las que forman parte, digamos, revalorar las lenguas maternas -en este caso tsotsil-tseltal-, promover la lectoescritura y, en general, enseñar a niños y jóvenes. Esto se constata en frases como “yo quiero que los jóvenes aprendan”, “que vean que hay otras cosas”. En conjunto, ambas profesiones son parte de la identidad de los escritores.

Uno de los temas que han aparecido con frecuencia, pero no de manera explícita, es el relativo a la vocación. Y lo hace disimulado justamente porque ninguno de los escritores menciona haber tenido la intención, desde niño o joven, de ser escritor. No conformaba un proyecto a futuro, por lo tanto, la vocación en los escritores puede considerarse como algo adquirido, desarrollado y en aumento, por el gusto que le encuentran a la escritura y a la lengua. Sobre la marcha adquirieron esa vocación, en el mismo proceso de profesionalización, en los talleres, en los diferentes encuentros y, por supuesto, en los espacios laborales:

yo no nací para ser escritor, pero me gusta, me gusta mucho, porque en los talleres con Aldana y otros me decían que mis cuentos eran poéticos porque tenían la combinación de estrofas poéticas, por eso me empezó a llamar la atención […] porque cuando escribo siento que vuelo a otras dimensiones, pensaba que podría hacer muchas cosas, como que te expandes… [Abraham Gómez Vázquez, escritor].

El proceso de significación de los conocimientos adquiridos en el transcurso de la profesionalización, ya sea en los diplomados o en los distintos talleres relacionados con la elaboración de documentos literarios, lleva a los escritores a articular experiencias en las que van tomando conciencia de su ser escritores, tanto individual como colectivamente. En lo individual, porque van eligiendo sus propios posicionamientos como escritores y, además, en este proceso de conocer técnicas y estrategias literarias, están en la búsqueda de una voz propia. En lo colectivo hay también una identificación de grupo, se consideran escritores sin pretender que sea un grupo homogéneo, pues entre ellos hay divisiones, sobre todo generacionales; los jóvenes, como ya se mencionó, tienen otras inquietudes y su escritura otros móviles.

El trabajo y la convergencia de individualidades en colectivos definidos por su quehacer de escritores tuvo un momento de auge en las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX. Fue un periodo especialmente complejo dado el escenario local y nacional, que coincidió con el levantamiento del EZLN, la posterior firma de los Acuerdos de San Andrés y la fundación del CELALI, el reclamo sobre el reconocimiento hacia las culturas indígenas, la orientación de las políticas públicas y la declaración de México como país multicultural. En ese entorno, los textos literarios se percibían además como discursos políticos de reivindicación cultural, porque se posicionaban dentro de una red en la cual se ponían en juego conceptos, construcciones ideológicas y distintos niveles de ejercicios de poder.

En la actualidad, el escenario privilegiado para la reflexión de la cultura, la lengua y la escritura en sus lenguas maternas se ha transformado, habiendo una notable merma en la participación de los escritores, tanto por rencillas personales, como por intereses que se muestran contradictorios.

…al principio éramos como 60, era un trabajo fuerte. Desgraciadamente, ves que los puestos públicos echan a perder a la gente. Jacinto Arias se fue como director de Pueblos Indígenas y Enrique se fue como director de CELALI. Se empezó a descomponer el grupo. De los 60 que empezamos y con los que se fundó la Unidad de Escritores Mayas, con todas las lenguas indígenas de Chiapas en 1991, sólo quedamos diez, algunos siguieron escribiendo, otros tienen sus puestos [Josías López Gómez, escritor-narrador].

No obstante esta situación, se siguen realizando foros, encuentros, diplomados, festivales y talleres auspiciados por el CELALI y otras asociaciones y organizaciones interesadas en el tema. Empero, se observa que la asistencia del público en general ha decaído considerablemente, y quienes asisten son los mismos que desde hace años han estado involucrados en la promoción cultural.

Fuentes

Baz, Margarita 1999 “La entrevista de investigación en el campo de la subjetividad”, en Isabel Jaidar (comp.), Caleidoscopio de subjetividades, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco (Cuadernos TIPI, 8), México, pp. 77-95. [ Links ]

Dubar, Claude 2001 “El trabajo y las identidades profesionales y personales”, en Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo, año 7, núm. 13, pp. 5-16. [ Links ]

Guadarrama Olivera, Rocío 2008 “Cultura, identidad y trabajo. Recuentos, desencuentros y nueva síntesis”, en Roberto Blancarte (coord.), Culturas e identidades, El Colegio de México, México, pp. 330-340. [ Links ]

Hall, Stuart 2003 “Introducción: ¿quién necesita ‘identidad’?”, en Stuart Hall y Paul du Gay (comps.), Cuestiones de identidad cultural, Amorrortu, Buenos Aires, pp. 13-39. [ Links ]

Laughlin, Robert M. 1991 “En la vanguardia: Sna Jtz’ibajom”, en Carlos Montemayor (coord.), Situación actual y perspectivas de la literatura en lenguas indígenas, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, pp. 155-172. [ Links ]

Montemayor, Carlos 2001 La literatura actual en las lenguas de México, Departamento de Historia-Universidad Iberoamericana, México. [ Links ]

Poblete Naredo, Xóchitl F. 2016 “Identidad liminal y representaciones sociales. Literatura y escritores tsotsiles y tseltales”, tesis doctoral, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica-Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. [ Links ]

Ramírez Rosales, Victoria 2008 “La construcción de la identidad profesional de las normalistas tlaxcaltecas. Un estudio sobre los imaginarios y los procesos discursivos que definen el ser maestra en dos contextos culturalmente diferenciados: la Normal Urbana ‘Lic. Emilio Sánchez Piedras’ y la Normal Rural ‘Lic. Benito Juárez’”, tesis doctoral, Universidad Autónoma Metropolitana, México. [ Links ]

Varios autores 1999 Palabra conjurada (cinco voces, cinco cantos), Fondo Nacional para la Cultura y las Artes/Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas. [ Links ]

1 El proceso no fue exclusivo de Chiapas, hay escritores nahuas como Librado Silva Galeana, Natalio Hernández Xocoyotzin, Pedro Barra, Delfino Hernández, Alfredo Ramírez; mayas como Anselmo Pérez, Juan de la Cruz, Miguel Ángel May, Humberto Ak’abal, Briceida Cuebas, Gerardo Can; mazatecos como Juan Gregorio Regino; zapotecos como Víctor de la Cruz, Gabriel López Chiñas, Mario Molina Cruz, entre otros.

2A partir de 1983, con el proyecto Harvard y con la ayuda de Robert M. Laughlin, comienzan la publicación bilingüe de algunos cuentos. El ejercicio puso de manifiesto que la población no leía en tseltal ni en tsotsil, por lo cual se inicia un proyecto para alfabetizar; es así como se realizan manuales tanto para los maestros de Zinacantán como de Chamula, en el tsotsil particular de cada una de las regiones con su traducción al castellano (Laughlin, 1991: 162).

3El surgimiento de la escritura y la reflexión de cómo escribir no fue un suceso exclusivo de tierras chiapanecas, sino un fenómeno nacional. Al respecto véase Montemayor (2001).

4En 1994 en Chiapas se dio el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y después de dos años de negociaciones se firmaron los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, donde quedó estipulada la creación del CELALI, que se funda en 1997.

5Merece mencionarse que la recolección de mitos, leyendas y tradiciones nunca se ha dejado de practicar, ya que para algunos escritores es una actividad esencial por el compromiso que sienten de mantener la memoria viva de la comunidad a la que pertenecen.

6Este artículo fue realizado con base en los datos obtenidos de las entrevistas efectuadas durante el proceso de elaboración de la tesis doctoral “Identidad liminal y representaciones sociales. Literatura y escritores tsotsiles y tseltales” (Poblete Naredo, 2016). Cabe aclarar que, aunque hay escritoras indígenas, son minoría en proporción al número de varones; además, la mayoría se dedica a la creación poética y no narrativa, y las pocas que la cultivan se han concentrado más en el rescate de la tradición oral que en la ficción, es por ello que no figuran en este trabajo, dado que no han llevado el proceso de profesionalización aquí aludido.

7Las relaciones interprofesionales y el contenido de la actividad profesional crean “jurisdicciones” que justifican el dominio exclusivo sobre una actividad, avalado por el prestigio que da un conocimiento especializado y la delimitación de su campo de competencias y de un espacio de acción (Abbot cit. en Ramírez Rosales, 2008: 51).

8Se les puede considerar la generación pionera en el proceso escriturístico de sus lenguas. A esta generación pertenecen todos los escritores aquí tratados. Se diferencian de los de generaciones subsecuentes justamente por los posicionamientos en torno a las temáticas de la literatura tsotsil-tseltal.

9Cabe mencionar que estos escritores no son retomados dentro del núcleo básico de investigación, entre otros aspectos porque su producción es poética y no narrativa, elemento que se consideró fundamental para delimitar este estudio.

10En el caso de la mayoría de los escritores, sus familias viven en municipios aledaños a San Cristóbal de Las Casas, los cuales son de un alto porcentaje de hablantes tsotsiles y/o tseltales. La primera infancia y su estancia en el entorno familiar lo han reconstruido como un recuerdo feliz; gracias a esa convivencia aprendieron sobre prácticas y discursos de su cultura. Una característica a resaltar es que, por interés y empeño propio, los escritores desde muy pequeños tuvieron que salir de sus lugares de origen para poder estudiar, lo cual hizo que el traslado al valle de Jovel fuera una experiencia poco grata al principio, porque sufrieron algún tipo de discriminación y además porque para sobrevivir tuvieron que emplearse como ayudantes en diferentes oficios.

11Por ejemplo, Armando Sánchez fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, en los años 1997 y 1998, respectivamente. Enrique Pérez también obtuvo una beca del Fonca en 1994. Ese mismo año, Juan Benito de la Torre fue becario del Instituto Chiapaneco de Cultura, sólo por mencionar algunos.

Recibido: 19 de Junio de 2017; Aprobado: 09 de Enero de 2018

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