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Alteridades

versão On-line ISSN 2448-850Xversão impressa ISSN 0188-7017

Alteridades vol.22 no.43 México Jan./Jun. 2012

 

Investigación antropológica

 

Cáritas y el trabajo común organizado en el desarrollo rural desde el enfoque de economía solidaria*

 

Cáritas and organized collective work from a perspective of solidarity economy in rural development

 

Elena Judith Ortiz Martínez, Aníbal Quispe Limaylla, Tomás Martínez Saldaña, María de Jesús Santiago Cruz, Julio Sánchez Escudero y Mercedes Jiménez Vázquez**

 

** Colegio de Postgraduados, Campus Montecillo. Carretera México-Texcoco km 36.5, Montecillo, Texcoco, 56230, Estado de México <judithom3@hotmail.com>.

 

* Artículo recibido el 27/09/10
Aceptado el 05/09/11.

 

Abstract

This research evaluates the impact of collectively organized labor groups from a perspective of economic solidarity in cáritas sponsored projects on the welfare of indigenous peasant families in San Cristobal de Las Casas in Chiapas and Telixtlahuaca (Antequera) and Ixtepec (Tehuantepec) in Oaxaca. An evaluation model CIPP was used based on focus groups in the communities. The results have been analyzed and compared and showed evidences of how collective organized work offers alternative economic forms to neoliberal ones that could become viable proposals for policy making in rural development.

Key words: indigenous peasant families, popular economics, collectives, Catholic Church, alternative project.

 

Resumen

Esta investigación evalúa el impacto de los programas de los grupos de trabajo común organizado (RCO), con enfoque de economía solidaria promovidos por Cáritas, en el bienestar de las familias indígenas campesinas en san Cristóbal de Las Casas, Chiapas, y en Telixtlahuaca (Antequera) e Ixtepec (Tehuantepec), Oaxaca. El modelo metodológico es investigación evaluativa CIPP, mediante el grupo focal con los colectivos. Los resultados, tratados en un análisis de contenido y un estudio comparativo, evidencian cómo los RCO se traducen enformas económicas alternativas al neoliberalismo. Se enuncian propuestas viables para la elaboración de políticas públicas sobre el desarrollo rural.

Palabras clave: familias indígenas campesinas, economía popular, colectivos, Iglesia católica, proyecto alternativo.

 

Introducción

Este trabajo surge de la reflexión sobre la realidad que viven actualmente los campesinos en México, caracterizada por fuertes tensiones frente a los ajustes de las políticas estructurales económicas y sociales del entorno mundial, que impactan de manera directa al ámbito rural y, en consecuencia, a las comunidades más pobres y desprotegidas del país. Esta situación conduce a los campesinos a buscar nuevas estrategias y alternativas de sobrevivencia, a fin de resistir los periodos críticos en sus familias.

Tal escenario es considerado por las diversas instancias sociales que pretenden colaborar con la realidad del agro mexicano, desde órganos del gobierno e instituciones educativas hasta organizaciones no gubernamentales y la Iglesia, que se vinculan con las distintas realidades campesinas mediante diferentes modalidades de programas de desarrollo rural que buscan el bienestar de las familias, para responder a los embates de los ajustes estructurales.

Dos de las entidades con mayor índice de pobreza son Oaxaca y Chiapas, donde se localizan poblaciones con elevados índices de marginación y pobreza extrema, como el municipio de San Cristóbal de Las Casas, en Chiapas, y las comunidades de Telixtlahuaca (Antequera) e Ixtepec (Tehuantepec) en Oaxaca. En estos lugares puede identificarse una fuerte acción y desarrollo social por parte de la Pastoral Social-Cáritas, organismo de la Iglesia católica (OIC) , cuya intervención implica programas de asistencia social con promoción humana, proyectos productivos, cajas de ahorro, redes de comercio justo y consumo responsable, entre otros.

Los agentes de pastoral han asumido el compromiso de promover el desarrollo de dichas comunidades al procurarles una mejor nutrición; emprender proyectos basados en los principios de subsidiaridad, bien común y economía solidaria; optar por formas alternativas de comercio; generar redes que les permitan la producción, distribución, circulación y consumo responsable de sus productos, usando tecnologías "limpias" que no laceran el medio ambiente, y buscando durante los procesos de mercado la promoción humana de los actores del campo.

Esta acción social de la Iglesia se fundamenta en la economía social, mejor conocida como economía solidaria (ES), la cual se ubica en los ámbitos de la praxis y de la teoría. La ES cuenta con una amplia y prestigiada tradición teórica, propositiva, doctrinaria y científica que va desde la economía humana de Lebret hasta la economía social y la doctrina social de la Iglesia (DSI). Se vincula también con otros enfoques teóricos científicos y religiosos como la teoría de la dependencia, el enfoque de desarrollo local de abajo hacia arriba y la teología de la liberación, cuyo eje transversal es un modelo alternativo al neoliberalismo, sus formas de comercialización y estructuras económicas.

Asimismo, se han generado diversos estudios desde la perspectiva antropológica, social y doctrinaria de la Iglesia y el punto de vista económico, pero en el campo académico no existe antecedente en nuestro país, de ahí la relevancia de esta investigación que pretende analizar y describir el papel de la Iglesia en el desarrollo rural, desde el enfoque de economía solidaria, mediante la intervención de Cáritas (OIC), a través de los grupos de trabajo común organizado (TCO) en los programas de Cáritas San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, y de la Pastoral Social-Cáritas de la Arquidiócesis de Antequera, Oaxaca.

 

Preámbulo. El contexto socioeconómico en el orden internacional

El mundo ha sufrido vertiginosos cambios en los distintos aspectos de la vida social. Los avances cibernéticos, "la quinta ola", han hecho más eficientes las comunicaciones entre las personas, han modificado los canales de comunicación y las relaciones humanas, así como los principios que rigen la convivencia humana, en los cuales prevalece el tener sobre el ser. El mundo de hoy ha fincado su valor en el poder derivado de la riqueza monetaria, en la lógica del mercado internacional, que orienta en la actualidad la interacción entre los países y fortalece las relaciones asimétricas entre ellos.

El mundo también enfrenta serias dificultades: deterioro del medio ambiente, altos índices demográficos, problemas de salud y, entre muchos otros, el lastre de la pobreza de los 6 700 millones de habitantes en el orbe (World Bank, 2006); 1 100 millones viven en pobreza absoluta con ingresos inferiores a un dólar diario; 852 millones carecen de alimento y sufren malnutrición; el hambre mata a 10 millones de personas por año, 25 000 por día y cinco cada segundo (FAO, 2008); es decir, mientras la mitad del planeta consume al día más del doble de las calorías necesarias, el resto se muere de hambre. Por si fuera poco, la riqueza se concentra en unos cuantos gobiernos.

Además, se pueden enunciar cuatro principales crisis que afectan la economía mundial: a) la crisis económica y financiera de Estados Unidos, b) la caída del dólar y los sistemas de pago internacionales, c) la crisis energética que se manifiesta en los elevados precios del petróleo y d) la crisis alimentaria que se expresa en la insuficiencia mundial de algunos alimentos y el alza de sus precios.

Latinoamérica y el Caribe han sobrellevado las recientes tensiones financieras mundiales (fmi, 2008); sin embargo, la pobreza afecta a 222 millones de personas en América Latina, de los cuales, 40% vive en pobreza extrema y una tercera parte de los niños está desnutrida. Una de las preguntas fundamentales es si el mundo podrá multiplicar sus cosechas para proveer de alimentos a los 75 millones de habitantes que nacen cada año en el planeta, y, en el caso de la región, si ésta podrá garantizar la subsistencia de sus habitantes, sobre todo porque la población económicamente activa es bastante menor que la cantidad de pobladores.

Aunado a ello, el contexto socioeconómico global ha fomentado los acuerdos de orden bilateral e internacional, propiciando condiciones poco accesibles para los países menos favorecidos del mundo. Localmente, los impactos se resienten en el área agrícola: los sectores más desprotegidos tienen que enfrentar los desajustes y las familias que participan en ese proceso de producción sufren grandes pérdidas, lo cual les genera un estado de crisis que resienten en su economía doméstica, sobre todo aquellas que se encuentran en extrema pobreza, como las familias del agro mexicano.

 

El referente teórico de este estudio

Frente a la realidad descrita, el interés de la comunidad científica se centra en la reflexión, el análisis y las propuestas acerca de cómo lograr el bienestar de las personas. Así, han surgido diversas explicaciones y propuestas teóricas alternativas al modelo económico neoliberal. En este estudio, la realidad del campo ha sido entendida desde la perspectiva de las necesidades sociales, desde la integración de los aspectos técnico, social y ambiental, así como desde los enfoques sustentable y de desarrollo territorial-local, y la teoría de la economía social.

 

Desarrollo rural

En las últimas décadas ha resurgido el concepto de desarrollo rural sustentable (Carney, 1998), derivado de las reflexiones sobre medios de vida rural estudiados en los ochenta y de los análisis de las hambrunas (Sen, 1981; Swift, 1989) con los lemas: "alivio de la pobreza" en los ochenta, "reducción de la pobreza" en los noventa, y "erradicación de la pobreza" en 2000. El desarrollo sustentable se caracteriza por la búsqueda de un desarrollo centrado en el ser humano, en equilibrio con el medio, e implica transformaciones sociales, económicas y ecológicas al modelo o situación que impera en el capitalismo neoliberal (Casas Cazares, 2002).

El desarrollo sustentable se plantea como un paradigma cuyo propósito es superar las desigualdades sociales y económicas de la población, conservando al mismo tiempo el entorno ecológico. La Comisión Brundtland lo define como "aquel que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades" (Pierri, 2001: 61). Se presenta como un paradigma de desarrollo con implicaciones sociales, ambientales y económicas distinto del modelo de libre mercado.

En síntesis, la sustentabilidad se relaciona con la transformación de ámbitos sociales, económicos y ecológicos o ambientales de la sociedad actual, con el propósito de satisfacer las necesidades del hombre presente y futuro y las estrategias asociadas para tal propósito (Casas Cazares, 2002: 14). Por otro lado, la agricultura sustentable se describe como "aquel sistema que puede satisfacer de forma indefinida de alimentos y sustento, a costos económicos y ambientales, socialmente aceptables" (Crosson, 1995 apud. Casas Cazares, 2002: 48).

Por tanto, en la agricultura sustentable puede diferenciarse a) la sustentabilidad ecológica del agroecosistema en uso, que está dado por el mantenimiento de las características ecológicas fundamentales de sus componentes y las interacciones en forma definida; b) la sustentabilidad económica, referente a que el sistema produce una rentabilidad razonable y estable a través del tiempo para el que la maneja, haciéndola atractiva para continuar reproduciéndola; y c) la sustentabilidad social, que se trabaja en el sentido de que la organización social está en armonía con los valores culturales y étnicos del grupo involucrado y de la sociedad que acepta en sus comunidades y organizaciones la continuidad de tal proceso en el tiempo. Pero se considera además el desarrollo territorial.

 

Enfoque territorial-local

El desarrollo territorial categoriza los recursos no convencionales (notablemente similares a las varias formas de capital intangible de Boisier -1999- y hace hincapié en la utilización de la sinergia como motor de desarrollo; reconoce al desarrollo como un concepto complejo, axiológico, multidimensional, constructivista, cualitativo e intangible. Según Boisier, se entiende por territorio todo recorte de la superficie terrestre; pero no cualquier territorio interesa desde el punto de vista del desarrollo.

El desarrollo territorial se refiere a la escala geográfica de un proceso en la que es posible reconocer los siguientes recortes: mundo, continente, país, región, estado, provincia, departamento o comuna y, en ciertos casos, categorías menores. Posee diferencias respecto del desarrollo regional, pues éste consiste en un proceso de cambio estructural localizado en el ámbito denominado región, asociado al permanente progreso de la propia región, de la comunidad o de la sociedad que habita en ella y de cada individuo de tal comunidad hablante del territorio (Boisier, 1999: 13). Es decir, se concreta en el desarrollo local.

En resumen, el desarrollo requiere una base material, aunque existe también un capital intangible que se encuentra en espacios sociales y territoriales pequeños, donde los contactos cara a cara, las costumbres y las tradiciones son muy importantes; por tanto, es de naturaleza proxémica. De tal modo, el desarrollo comienza por ser un fenómeno local a pequeña escala y endógeno, para lo cual precisa la cualidad previa de ser descentralizado. Es en estas dimensiones donde se cristaliza en lo concreto la teoría de la solidaridad y converge con la perspectiva del desarrollo desde un enfoque de abajo hacia arriba; ya que la economía de la solidaridad tiene por objetivo rescatar las formas económicas alternativas a las meramente mercantiles; formas económicas basadas en valores solidarios, tanto en el plano de la producción como en los de la distribución, el consumo y la acumulación, en un territorio concreto.

De esta manera se favorece la economía popular, formas individuales, familiares, grupales y niveles de sobrevivencia, subsistencia o desarrollo que se dan en los sectores populares para hacer economía, combinando recursos y capacidades (laborales, tecnológicas, organizativas y comerciales) de carácter tradicional con otras de tipo moderno, dando lugar a multiplicidad de actividades orientadas a asegurar la subsistencia y la vida cotidiana de los más pobres, generando ellos mismos los mecanismos necesarios para enfrentar sus fatalidades diarias, es decir, haciendo economía por sus propios medios. En este ámbito rural, la Iglesia ha asumido el enfoque de la economía solidaria, cuyo fundamento se ubica en la teoría de la economía social que a continuación se describe.

 

La teoría de la economía social

A partir de la Revolución Industrial se han ido transformando los estilos de vida de la gente, y ha habido diferentes intentos por hacer economía de manera alternativa: la economía solidaria es una propuesta alternativa al modelo neoliberal y se fundamenta en la teoría de la economía social. La economía solidaria (ES) nace en al terreno de las ciencias sociales en la década de los ochenta, convirtiéndose en referente de diversos movimientos sociales, la Iglesia católica y los Estados; asimismo, ha propiciado el surgimiento de algunas escuelas en el continente, por ejemplo el estructuralismo cepalino, la teoría de la dependencia y la teología de la liberación.

Además de rescatar formas económicas alternativas sustentadas en valores solidarios, en el plano de la estructura productiva tiene por objetivos reinventar la teoría económica y construir nuevos presupuestos y categorías de análisis que puedan dar cuenta de esas formas alternativas: se propone hacer ciencia y elaborar una teoría con base en el referente empírico (Coraggio, 2002).

Desde esta perspectiva, la correcta interpretación de desarrollo es aquella vinculada con el tema de las necesidades humanas, con el desarrollo a escala humana (Max-Neef etal., 1999). El desarrollo, entonces, se refiere a personas (premisa que evoca las elaboraciones de la doctrina social de la Iglesia por medio de la notable populorum progressio de Pablo VI, inspirada en el ideario Lebretiano de la economía humana). Por ende, lo más adecuado sería evaluar el desarrollo con la evolución de la calidad de vida de las personas, lo cual dependerá de las posibilidades y capacidades que ellas tengan para satisfacer adecuadamente sus necesidades (Max-Neef et al., 1999).

Entre las fuentes doctrinarias de la es puede citarse el socialismo utópico, el movimiento cooperativista, el solidarismo francés, el pensamiento libertario, la economía humana de Lebret, el personalismo comunitario, además de la doctrina social de la Iglesia, aunque también recibe influencia de la teoría ética y la filosofía política de corte comunitario. En la praxis, se trata de rescatar y promover aquellas experiencias con sentido alternativo para la economía.

La dimensión política de la economía solidaria entraña un sistema de valores (por lo que ha sido llamada economía social) sostenidos por nuevos movimientos sociales (feministas, ambientalistas, culturalistas, regionalistas), motivados por aspiraciones de democracia, de una sociedad más equitativa y de un desarrollo sustentable (Lévesque, 2003: 243-244). Otros enfoques identifican a la es como economía social e integran a las cooperativas, los fondos de empleados, las empresas comunitarias con sistemas de trueque, comercio justo y consumo ético y responsable. En la dimensión práctica, ha adquirido relevancia con el impulso de experiencias de trabajo concretas: empresas de producción o venta de bienes y servicios, estructuradas desde una base democrática y participativa, que intervienen en la educación de sus miembros, persiguen fines sociales antes que económicos y operan en sectores con bajo nivel tecnológico.

La ES se ubica en la vertiente latinoamericana (Arango Jaramillo, 2003: 93); le antecede una sólida tradición cooperativista, una arraigada cultura asociativa y de participación democrática y la necesidad de amplios sectores populares.

La teoría de la economía social se sustenta en una nueva racionalidad económica y en una manera diferente de estructurar las relaciones productivas, así como en formas de propiedad comunitaria y en la cooperación y la solidaridad recíprocas. Sus elementos centrales son: a) la revalorización del factor trabajo frente al factor capital, y b) la presencia factor comunitario o factor C como categoría organizadora. Este último factor alude a que con la letra "C" inician numerosas palabras como colaboración, cooperación, comunidad, compañerismo, comunión, compartir, confianza; mientras que otras empiezan con el prefijo "co", que expresa el hacer y el estar juntos al hacer algo solidariamente (Razeto, 1988: 29).

El factor C se manifiesta en la cooperación en el trabajo, incrementando la eficiencia de la fuerza laboral; en el uso compartido de conocimientos e información, que da lugar a la adopción colectiva de decisiones, lo cual reduce la conflictividad; en la comercialización conjunta y en la distribución justa y equitativa de los recursos que resultan de la operación económica, utilizados en beneficio de todos. Es necesario, por tanto, abordar otro concepto fundamental el de economía campesina.

La economía campesina es la que destina la mayor parte de su producción a la autosuficiencia; no es especializada y es minifundista (pequeña escala); está fundada en el esfuerzo familiar y en la bioenergía, y está dirigida a la propia reproducción de la unidad productiva familiar. Así, es posible hablar de prácticas sustentables en los sistemas de producción campesinos. O sea, el proceso de producción no es más que un proceso de apropiación de la naturaleza, básicamente una apropiación de los ecosistemas, entendidos éstos como un modelo que integra los procesos geológicos, físico-químicos y biológicos de la naturaleza a través de los flujos y ciclos de materia y energía que se establecen entre organismos vivos y su soporte ambiental (Toledo, 1991: 35).

La ES se plantea como una alternativa de desarrollo: propone otras formas de hacer economía, que involucran a los sectores más pobres, atendiendo a su marginalidad, exclusión y discriminación; propicia nuevas modalidades de acción encaminadas a estimular la capacidad creativa e innovadora de los individuos organizados; potencia el capital humano y la participación social; satisface necesidades y aspiraciones comunes; favorece la autoestima, y proporciona seguridad personal y grupal mediante el desarrollo conjunto de actividades económico-sociales.

La perspectiva de la ES reformula los modelos tradicionales de desarrollo, pues desde tal enfoque cualquier proceso de cambio debe implicar la plena realización de la persona humana (en lo individual y lo social). Y, dado el fracaso de los Estados de bienestar, la activación económica del mundo popular ocurre al margen de los partidos políticos y del Estado, dando origen a la economía popular, ya descrita.

 

La propuesta de la Iglesia en la pastoral Social-Cáritas

La Iglesia participa de manera directa y asume su compromiso social a través de la Pastoral Social, la cual anima y dirige diversos organismos de la Iglesia orientados a varias poblaciones. En México, la Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEPS)-Cáritas acompaña a las Cáritas Diocesanas e impulsa la pastoral integral; coordina las distintas iniciativas mediante las dimensiones Pastoral Social-Cáritas, Pastoral del Trabajo, Pastoral Penitenciaria y Movilidad Humana. La Pastoral Social-Cáritas integra a su vez al Departamento de Justicia y Paz y la Pastoral del Trabajo a la Pastoral de la Salud, a la Pastoral Indígena y Fe y Política.

Mapa 1

La propuesta de la Iglesia respecto al desarrollo rural se fundamenta en la DSI y en la carta pastoral por la dignidad del campo, y sigue los principios de la economía social, al plantear la realización de acciones de desarrollo sustentable, con la premisa del desarrollo integral y humano, promoviendo a la persona.

Las acciones se llevan a cabo mediante la metodología del ver, juzgar y actuar, planteada en el Concilio Vaticano II, la cual consiste en efectuar un análisis de realidad, que conforma el ver -la iluminación doctrinal so criterios de la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia y la DSI-, el juzgar -se confronta la realidad que es con la que debería ser- y el actuar -acciones planeadas que se determinan a partir de lo juzgado y que buscan transformar la realidad, según los criterios evangélicos-. En México, la Iglesia busca solidarizarse y orientar su servicio hacia los sectores más pobres.

 

El referente empírico de la economía solidaria

La pobreza en México

De 107.4 millones de mexicanos, en junio de 2009, 54.8 millones estaba en condición de pobreza, lo que equivale a 51.02% de la población nacional. Nuestro país resultó el más afectado de la región por la crisis económica de ese año, lo que se reflejó en un mayor número de habitantes en pobreza.

De acuerdo con la información de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2008 (INEGI, 2009), 50.6 millones de mexicanos eran pobres de patrimonio, es decir que no cuentan con un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades de salud, educación, alimentación, vivienda, vestido y transporte público, aun si dedicaran la totalidad de sus recursos económicos a estos propósitos.

Asimismo, 19.5 millones eran pobres alimentarios, esto es, quienes no tienen ingresos suficientes para adquirir una canasta básica de alimentos, incluso si los destinaran exclusivamente para tal fin. De los pobres alimentarios en 2008, 7.2 millones vivían en zonas urbanas (localidades de 15 000 o más habitantes), mientras que 12.2 millones residían en áreas rurales. Los estados con mayor pobreza en el país son Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Tabasco y Durango, donde se concentran altos porcentajes de población indígena, y en los que se ubica nuestro estudio.

 

Localización y rasgos etnográficos de los TCO

Unos de los colectivos estudiados se ubican en el estado de Chiapas, pertenecen a la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas y a la parroquia de la zona campesina de Comitán de Domínguez. Son las comunidades de Los Riegos, San Antonio Ogotzil, Los Laureles, Canalum y, del colectivo de Campesinos Fotógrafos del Sureste (Cafosur), Señor del Pozo, San Rafael Jocom, La Concepción Yocnajab y Santo Domingo Las Granadas. Los otros se encuentran en el estado de Oaxaca, uno en la Arquidiócesis de Antequera y el otro en Ixtepec, Tehuantepec.

En cuanto a sus atributos etnográficos, los colectivos pertenecen a diversas etnias, como puede apreciarse en el cuadro 1. Tanto en Oaxaca como en Chiapas los colectivos se ubican en la zona rural.

 

Caracterización de los proyectos estudiados

La Diócesis de San Cristóbal comprende siete zonas pastorales que en 55 municipios atienden a más de millón y medio de personas, que viven en 2 500 comunidades. Cáritas de San Cristóbal de Las Casas fue fundada en 1994 por iniciativa del obispo emérito Samuel Ruiz en respuesta a la emergencia social imperante en ese momento en Chiapas. Como asociación civil y organismo de la Iglesia católica, tiene como finalidad (en el ámbito material) ser mano extendida para los excluidos de los 55 municipios de la Diócesis, así como en la resistencia del pueblo indígena y de la demás población necesitada en su búsqueda y construcción de un mundo donde todos los seres humanos tengan derecho a una vida digna y justa (Cáritas San Cristóbal de las Casas, 2009a y 2009b). En 1999, la organización inició un proceso de planeación estratégica y de evaluación de resultados de proyectos para trabajar de forma sistemática en diferentes programas.

 

Los proyectos

Ejecutados por los grupos de trabajo común organizado (TCO) y animados por Cáritas, los proyectos se rigen por un Plan General de los Colectivos de la Parroquia de Santo Domingo, Comitán, y se orientan por los objetivos y principios de los TCO: constituirse en un medio de concientización, educación y capacitación técnica; mejorar las condiciones de vida; brindar un servicio a la comunidad; disminuir la emigración generando empleos; recuperar tierras para campesinos indígenas; desarrollar la producción agrícola, producir más y mejor. Los proyectos llevados a cabo en la parroquia de Comitán son ejecutados por los colectivos más fortalecidos desde que se conformaron en la entidad, de los cuales hablamos a continuación.

Mapa 2 y 3

a) Colectivo Camino sin Fronteras. En la comunidad de Los Riegos, el colectivo Camino sin Fronteras realiza tres proyectos:

• Proyecto del molino de nixtamal. Se implementó hace 30 años y proporciona a la comunidad el servicio de molienda de nixtamal a precios bajos. La actividad inicia a las cuatro o cinco de la mañana, para lo cual se dan turnos. Se cuenta con dos molinos que son atendidos por los miembros del colectivo, quienes se rotan el día de molienda. Además de nixtamal, también se muele especias y TEC (maíz para pollo).

• Proyecto de tienda. La tienda se ubica en la casa del molino y se estableció con la ganancia del mismo hace 18 años. En ella se encuentran productos de consumo básico, además de algunos chiles secos y artículos de vestir y de primera necesidad que son traídos de Guatemala (ropa, zapatos, baldes). Abre todos los días excepto cuando el colectivo tiene asamblea, pues es atendida por sus miembros, quienes se rotan el día de atención y la surten una vez a la quincena. Además, ofrece precios bajos y evita a los miembros de la comunidad salir a distancias lejanas para abastecerse de un producto.

• Proyecto del terreno de siembra. El terreno fue adquirido por el colectivo para que los hijos de sus miembros tuvieran un espacio independiente para trabajar. Dado que varios de los miembros se salieron, el terreno ha sido empleado para siembra de temporal de maíz y soya, y una parte de la cosecha se reparte entre el colectivo y la otra se vende en la tienda. Únicamente dos de los integrantes del colectivo cultivan el terreno.

b) Colectivo Grupo Acción y Cultura. En la comunidad de San Antonio Ogotzil, el colectivo Grupo Acción y Cultura lleva a cabo los siguientes proyectos:

• Proyecto de cría de cabras. Se originó hace 13 años cuando varios miembros del colectivo consiguieron un apoyo económico para adquirir unas cabras, entonces se integró un colectivo familiar que asumió los costos de la compra de las cabras, y cuyo fin es continuar reproduciendo los animales. Actualmente cuentan con casi 25 cabras (tres machos, un semental y el resto hembras criadoras). Las cabras se destinan a la reproducción, salvo en el caso de alguna venta o cuando la comunidad solicita una para alguna fiesta o defunción. Las cabras tienen un aprisco con corral, tejado y tarima alta en lo alto de la montaña y se alimentan de pastoreo y árboles de forraje; su estiércol es empleado para compostaje. El proyecto surge de la necesidad de consumir alimentos sanos.

• Proyecto de producción de abono orgánico. Se estructuró a partir del proyecto de cría de cabras, ya que se buscaba darle un uso al estiércol que éstas producían. De esta forma, se organizaron varios colectivos para adquirir lombrices y tomar la capacitación sobre producción orgánica, de esta manera, se construyen las composteras con madera e insumos del lugar y se inicia el proceso para producir abono orgánico. Éste se destina para la siembra de frijol y para las hortalizas.

• Proyecto de siembra de hortalizas orgánicas. Se implementó una vez que se contaba con el abono orgánico, es un espacio de terreno cerca del aprisco de las cabras en la parte alta de la montaña, sólo se cultiva en temporal y es una actividad exclusiva de las mujeres y sus hijas, desde la siembra, el cuidado, la cosecha y la venta. Los principales productos son: cebolla, zanahoria, rábano, col y calabaza. De la cosecha, una parte la destinan para autoconsumo y otra para venta en la comunidad.

c) Colectivo grupo de Trabajo Creando alternativas (Crea) S. S. S. En la comunidad de Los Laureles, el colectivo Grupo de Trabajo Creando Alternativas impulsa el proyecto de la tienda desde hace 24 años. Ésta ofrece productos básicos y de primera necesidad; la atención está a cargo de los miembros del colectivo, pero principalmente de las mujeres, quienes se turnan para atenderla y surtirla. El proyecto ofrece diversos servicios a la comunidad, además de precios bajos.

d) Bloque Campesino Democrático de la Solidaridad. En la comunidad de Canalum, desde hace 13 años, 11 campesinos varones (que son los socios), se han organizado y turnado para atender las necesidades y demandas del proyecto de transporte. El colectivo, tiene un camión y una camioneta, en los que transportan hacia el mercado local de Comitán las cosechas producidas en la comunidad, pero también se usan para, cuando es necesario, trasladar a enfermos y sacarlos de la comunidad. Si alguien fallece, el colectivo pone las unidades a disposición de la comunidad.

e) Campesinos Fotógrafos del Sureste. El colectivo de Cafosur está integrado por miembros de distintas comunidades. Dedicados a la fotografía, desde hace 18 años prestan sus servicios a 45 comunidades de la zona campesina, ofreciéndoles precios accesibles y buen trato. Trabajan con equipos digitales y se reúnen en Comitán para realizar los procesos y el reparto de fotografías. Asisten a eventos religiosos, civiles y familiares con el servicio de fotografía o video.

f) Economía solidaria en Cáritas. Cáritas en San Cristóbal de Las Casas forma parte de la Pastoral Social. En la es, la esencia es lo que ellos llaman trabajo común organizado, ya que mediante la formación y praxis de estos grupos se concretan sus principios teóricos, éticos y sociales. Por otro lado, la acción de Cáritas en Oaxaca es la continuación del trabajo de años de la Iglesia sobre sensibilización y espiritualidad, además del fuerte sentido o arraigo comunitario que los miembros de las comunidades poseen desde épocas milenarias. La acción social se entiende como la expresión de un largo proceso de evangelización, acompañado por la celebración y finalmente la expresión de la fe en la vida social.

g) Economía indígena y proyecto indio. Los pueblos indígenas están llevando adelante su proyecto histórico como una alternativa al sinsentido de la modernidad. Este proyecto incluye formas nuevas pero muy antiguas, que sacan de su experiencia y conciencia histórica. En diversos talleres, ellos han compartido los puntos esenciales de cómo piensan la economía: la economía significa la administración de la casa: la casa de la familia, de la sociedad y de la comunidad. Por ESO economía es también el modo de hacer cosas y actividades para satisfacer las necesidades humanas de manera integral. El desarrollo integral se entiende como la satisfacción adecuada de todas las necesidades de una vida digna, incluyendo: trabajo, familia, vivienda, educación, salud, convivencia, cooperación, reciprocidad, relaciones sociales integradoras, política, cultura y tradiciones religiosas. Para satisfacer estas necesidades se requiere la utilización adecuada de los recursos: naturales, humanos, materiales, económicos.

h) Desarrollo indígena. Busca la vida digna de la comunidad, por ende, lucha contra la pobreza. Incluye sobre todo lo referente a la tierra, el territorio, la comunidad, la cultura y las tradiciones religiosas. Desarrollo indígena es un proyecto dialogante, participativo, respetuoso, que hace patente la comunidad, de ahí que la comunalidad sea la forma como toman las decisiones en la comunidad, mediante consenso. Asimismo, es un proyecto alternativo, porque no depende de la proposición capitalista globalizante que excluye a los pobres.

Para animar y apoyar proyectos productivos, el trabajo de la Pastoral Social-Cáritas consiste en: 1) elaboración de un estudio de proyecto; 2) formación y acompañamiento a las coordinaciones de trabajos colectivos por parroquia, con el fin de reforzar la organización, formación y acompañamiento de los grupos de trabajo común en cada parroquia; 3) capacitación para mesas directivas, consejos de vigilancia y comités de educación; 4) capacitación técnica para el manejo de proyectos y otras alternativas que ayuden a sacar el mejor provecho de los recursos con que se cuenta; 5) asesoría contable, para planes de trabajo y para reglamentos internos; 6) créditos.

Respecto al problema de investigación, en el nivel base de análisis se encuentran los programas y proyectos de los campesinos, que toman la forma de prácticas sustentables autónomas, vinculadas o no a ciertas reservas con las instituciones y cuyo centro y vida giran en torno a plataformas culturales y de organización social propias de las comunidades.

La Iglesia católica, a través de la Pastoral Social, pone al servicio de la comunidad programas de desarrollo como proyectos de asistencia social y promoción humana, proyectos productivos de diferentes cultivos, cajas de ahorro y economía solidaria, comercio justo y consumo responsable. Es aquí donde la Iglesia católica desempeña un papel de vital importancia, ya que desde un enfoque concreto busca mejorar las condiciones de vida de los más pobres y lograr su bienestar.

De cara al orden económico predominante, surge la necesidad de una nueva lógica económica, o una lógica alternativa, como la economía solidaria (diferente del modelo neoliberal), que pretende institucionalizar mediante la práctica y normas morales expresas sustentadas en una racionalidad sustantiva de carácter societal que: todos los seres humanos deben tener sus necesidades vitales cubiertas; en ningún caso la búsqueda de bienestar individual, comunitario o nacional puede amenazar las bases de la humanidad.

La nueva economía está orientada por principios basados en la solidaridad, y en la consolidación y promoción de redes nacionales y globales vinculadas a relaciones económicas más justas. Tiene como eje de trabajo la articulación entre diálogo y acción programática. Busca un sistema igualitario, sostenible social, política, ecológica y económicamente, donde el valor de la convivencia humana prevalezca sobre el del lucro, y con estrategias de unificación de las iniciativas, es decir, un sistema global de economía solidaria. Dado que requiere la escala de los intercambios para ser sostenible, mediante mercados regulados y liberados del monopolio, no es una economía antimercado, sino que trata de vincular respetuosamente a las comunidades aisladas y a las iniciativas locales con la solidaridad global; pretende que la economía pública esté permeada de la economía moral, con sistemas de representación política y social, al servicio de las mayorías, por tanto, no es el antiestado.

El enfoque de es ha sido igualmente considerado un tema de reflexión en el problema del desarrollo. En este tenor, cabe preguntarnos, ¿sobre quién descansa la responsabilidad del desarrollo? Creemos que es sobre tres actores principales: los gobiernos, el sector empresarial y el tercer sector o las organizaciones de la sociedad civil. Los primeros han sido estudiados a lo largo de la historia del desarrollo rural y han estado sujetos a las condiciones de la comunidad internacional; el segundo apoya principalmente a los grandes productores, aquellos que favorecen la gran escala y por tanto generan ganancias y beneficios para las mismas empresas ¿Y quién atiende a los campesinos pobres? ¿Quién se dirige hacia los que producen en pequeña escala, los que no tienen grandes porciones de tierra, los no asociados ni reconocidos por los programas gubernamentales? ¿Quién destina sus atenciones a las familias campesinas indígenas en situación de pobreza extrema? Hacia esta población marginada, pobre y muchas veces excluida se orienta el trabajo del tercer sector, mediante las organizaciones civiles, las organizaciones no gubernamentales, entre ellas las pastorales sociales, que llegan hasta estos sectores.

Pastoral Social (ps)-Cáritas actúa con base en el eje de trabajo desarrollo humano, integral y solidario; pone en el centro de su concepción a la persona humana en su integralidad, tanto personal como colectiva.

En México, los estados que se ubican en el más alto nivel de marginación (muy alto) son Oaxaca y Chiapas, con 2.07 y 2.25, respectivamente (Secretaría de Planeación del Desarrollo y Gasto Público, cit. en Sedesol, 2000). De este modo, Oaxaca se ubica en este rango, igual que San Cristóbal de Las Casas. La intensidad de la marginación tiende a ser mayor en los asentamientos rurales, dispersos o aislados y con fuerte presencia de población indígena. Tres de cada cuatro localidades con menos de 2 500 habitantes sufren grados de marginación alto y muy alto, y en ellas reside 61% de la población rural (Conapo, 2006). Menos de 2% de la población de las entidades tiene acceso a educación, vivienda digna, ingresos económicos suficientes y vive en ciudades con servicios básicos (INEGI, 2003). En este contexto es en el cual se establecen los grupos de la Pastoral Social-Cáritas en Oaxaca y los TCO de Cáritas San Cristóbal en Chiapas.

Uno de los servicios que Cáritas ofrece desde su creación son los créditos para proyectos comunes de hombres y mujeres organizados en los llamados TCO. Esta iniciativa pastoral responde a una necesidad económica de diversificación de autoempleos, consumo responsable, economía solidaria y soberanía alimentaria, con el propósito de mitigar la dura situación económica agravada por el modelo neoliberal que se impone con economías que apoyan la agroexportación y las extensiones de monocultivos, asignando un precio a los productos del campo, olvidándose de garantizar la seguridad alimentaria. De tal suerte, la intervención del equipo de Cáritas es muy importante en la práctica, pues acompaña a los grupos de TCO en los proyectos con el fin de buscar el bienestar en diversos ámbitos para sus miembros y sus familias.

Después de más de 30 años de trabajo con los campesinos, hasta la fecha no se han estudiado ni valorado los resultados y los efectos de los programas, por lo que de ahí se deriva el cuestionamiento central de esta investigación: ¿Bajo qué proceso de intervención la Iglesia católica, a través de las acciones de Cáritas, promueve el desarrollo rural y el bienestar de las familias indígenas-campesinas desde el enfoque de economía solidaria en las Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, y Antequera y Tehuantepec, Oaxaca? En concreto, ¿cuál es el resultado de los programas de TCO promovidos por Cáritas (OIC), con enfoque de economía solidaria, por qué se dan y cómo repercuten en el bienestar de las familias indígenas-campesinas en las zonas de estudio?

 

Metodología propuesta para acercarse a la realidad de los TCO

Para aproximarnos a la realidad descrita, se empleó un modelo metodológico de investigación evaluativa conformado por cuatro fases: estudio de gabinete, estudio exploratorio, ejecución, y presentación del informe de resultados. Se aplicó el modelo evaluativo CIPP propuesto por Stuffiebeam (1983) (contexto, insumos, proceso y productos). Los datos se obtuvieron in situ, con ayuda de un censo y un grupo focal, por considerarse éstos los más adecuados para obtener información sobre el impacto de los programas de Cáritas. La muestra se integró con los grupos de Telixtlahuaca, de Antequera, los TCO de Ixtepec en Tehuantepec, Oaxaca, y los TCO en Comitán. Los instrumentos se aplicaron a beneficiarios de los programas y a agentes de pastoral o promotores. Dada la naturaleza del estudio, la investigación es cualitativa, y en un grado mínimo, cuantitativa (nivel de frecuencia y porcentajes). Las categorías de análisis estudiadas fueron el bienestar de las familias indígenas campesinas y el proceso de intervención de la Iglesia católica, a través de las acciones de Cáritas.

 

Resultados de la investigación

Puesto que los proyectos de Cáritas tuvieron como sustento teórico la economía solidaria, se pretendió confrontar los datos obtenidos en la realidad con la propuesta teórica sobre la es, y así verificar el impacto de los proyectos de desarrollo rural en el bienestar de las familias indígenas campesinas. Con ello se quiso avanzar en el conocimiento de los enfoques que conforman el marco teórico, ya que contienen los elementos teóricos, científicos y doctrinarios que ayudarán a una mayor comprensión del problema de investigación.

Los resultados del censo nos permiten conocer las condiciones de vida de las familias indígenas campesinas. Respecto a los colectivos de San Cristóbal de Las Casas tenemos lo siguiente:

• Servicios públicos. De las comunidades, 88% tiene alumbrado público, 100% agua potable, 62% caminos pavimentados, 50% canchas

deportivas, 100% iglesia, 25% clínica, 12% lechería, 12% correo, y ninguna comunidad cuenta con drenaje ni con servicio de taxis.

• Servicios educativos. De las comunidades, 100% tiene preescolar, 87% primaria, 25% secundaria, 12% bachillerato, y ninguna tiene universidad. En 87% de las comunidades asisten todos los niños a la escuela, mientras que en 12.5% lo hace menos de la mitad.

• Servicios religiosos. De las comunidades, 100% recibe servicios religiosos de la Iglesia católica, 12% de los adventistas, 12% de los cristianos, 25% de los presbiterianos, 37% de los testigos de Jehová y 12% de los pentecostales.

• Propiedad de la vivienda. Todas las familias de los colectivos en Canalum, Ogotzil, Cafosur, Los Laureles y Los Riegos poseen vivienda propia.

• Salud. Sólo 25% de las comunidades tiene clínica, en 40% de las comunidades la enfermedad más común es gripe y en 62% gripe y tos. Asimismo, en 25% de las comunidades los habitantes recurren a atención médica particular, 25% va con el hierbero, 25% con el huesero, 12% al Seguro Social y 50% asiste con la promotora de salud, siendo invierno la época de mayor incidencia.

En cuanto a la vivienda en estos colectivos, los resultados fueron:

• Paredes. De las familias de Canalum, 27% posee una vivienda con paredes de madera y 63% de tabique o block. En Ogotzil, el 100% es de madera. En las ocho comunidades de Cafosur, 14% tiene vivienda con paredes de lodo, 28% de madera y 71% de tabique o block. En Los Laureles, 14% tiene paredes de madera y 85% de tabique o block. En Los Riegos, 60% de las viviendas tiene madera y block.

• Piso. De las familias de Canalum, tienen piso de tierra 9% y de concreto 81%. En Ogotzil, el 100% tiene piso de tierra. En Cafosur, 85% tiene piso de concreto y 14% con loseta. En Los Laureles, el 100% tiene piso de concreto y 14% con loseta. En Los Riegos, 20% tiene piso de tierra y 80% de concreto.

• Techo. En Canalum, de las familias del colectivo 9% tiene techo de losa, 9% de madera y lodo, 9% de teja y 63% de lámina. En Ogotzil, todas las viviendas tienen techo de teja. De las ocho comunidades de Cafosur, 14% tiene techo de madera y lodo, 28% de losa y 71% de lámina. En Los Laureles, 57% de las familias tiene viviendas con techo de losa y 42% de lámina. En Los Riegos, 20% tiene techo de losa y el 100% de las viviendas de lámina.

• Espacios de la vivienda. En Canalum, 63% tiene patio, 63% solar, 100% huerta y 18% traspatio. En Ogotzil, todas las viviendas cuentan con patio, solar, huerta y traspatio. En Cafosur, 100% tiene patio, 71% solar, 71% huerta y 57% traspatio. En Los Laureles, 85% tiene huerta y 28% traspatio. Respecto a Los Riegos, únicamente se registró que en todas las viviendas hay patio.

• Número de habitaciones por vivienda. En Canalum, 72% de las viviendas de las familias del colectivo tiene baño, 100% cocina, 54% tres recámaras, 100% sala, 18% un cuarto, 45% dos cuartos y 100% letrina. En Ogotzil, todas las viviendas tienen baño con letrina, dos cuartos y cocina. En Cafosur, 42% cuenta con baño, 100% con cocina, 28% con recámara y comedor, 57% con sala, 28% con un cuarto, 42% con dos cuartos y 85% con letrina. En los Laureles, 14% tiene baño; 28% cocina, recámara y comedor; 14% sala y 71% letrina. En Los Riegos, 60% tiene baño, 40% cocina y 20% letrina.

• Electrodomésticos. De las familias de Cana-lum, 63% posee estufa y refrigerador, 81% radio, 36% teléfono y 9% televisor. En Ogotzil, todas las familias tienen únicamente radio. En Cafosur, 85% tiene estufa, 57% refrigerador y teléfono y 100% radio. En Los Laureles, 85% tiene estufa y refrigerador y 100% radio. En Los Riegos, 20% tiene estufa, radio y televisor, 60% refrigerador y 40% teléfono.

Sobre la alimentación en estos colectivos, se encontraron los siguientes datos:

• Los Riegos y Ogotzil. Los alimentos de mayor consumo en las familias de estos colectivos son tortilla, queso y verduras de temporada; mientras que los menos consumidos son refresco y leche. Alimentos importantes como pescado, pollo y huevo se consumen en bajo o mediano porcentaje, por lo que la dieta básica es baja en alimentos nutritivos. El alimento fundamental es el frijol. Por lo tanto, se consumen vitaminas (en temporada) y minerales, ácido fólico, calcio, hierro y vitamina B, así como fósforo que obtienen del queso; pero se carece de proteínas (pescado, pollo y huevo) esenciales para el crecimiento.

• Los Laureles. Aquí lo que más se consume es tortilla, queso, arroz y verdura de temporada; y lo que menos es pescado y leche. Alimentos importantes como pollo y huevo se consumen en bajo o mediano porcentaje, por lo que la dieta básica de este colectivo también es baja en alimentos nutritivos. El alimento fundamental es el frijol. Se consumen vitaminas (en temporada) y minerales, ácido fólico, calcio, hierro y vitamina B, y un poco de proteínas con el arroz, sin embargo se carece de proteínas básicas para el crecimiento y el fortalecimiento de huesos y músculos.

• Cafosur. Los alimentos cotidianos son tortilla, queso y verduras, y en menor medida pescado y huevo, refrescos, leche, queso, galletas y carne de cerdo. Alimentos esenciales como leche, huevo y pescado sólo se consumen en bajo o mediano porcentaje, lo que representa una dieta baja en alimentos nutritivos, donde el alimento fundamental es el frijol. Se ingieren vitaminas (en temporada) y minerales, ácido fólico, calcio, hierro, vitamina B y fósforo en el queso, pero hay falta de proteínas (pescado y huevo) sustanciales para el crecimiento.

• Canalum. Los alimentos de mayor consumo en la dieta básica de las familias del colectivo son tortilla, huevo y pan; mientras que los de menor consumo son pescado y leche. Pollo, queso, pescado y leche se consumen en bajo o mediano porcentaje, por lo que la dieta básica es baja en alimentos nutritivos. Aquí también el alimento fundamental es el frijol, pero a diferencia de los colectivos tojolabales, en éste se ingieren vitaminas y minerales, ácido fólico, calcio, hierro y vitamina B, así como huevo y pan, que contienen proteínas y carbohidratos. No obstante, son necesarias las proteínas del pescado más los nutrientes de la leche, sin los cuales es imposible fortalecer huesos y músculos.

En cuanto a los resultados del grupo focal, éstos se trabajaron bajo la forma de análisis de contenido. La información y los datos obtenidos se sistematizaron conforme las categorías del modelo evaluativo CIPP. Los resultados -la implementación de los programas y proyectos- han aportado evidencias suficientes sobre las acciones que la Iglesia católica a través de Cáritas o los equipos misioneros ha realizado en las comunidades indígenas del sureste mexicano.

 

Cómo surgen y en qué consisten los programas

La experiencia de los colectivos se da a partir de una necesidad sentida por las comunidades indígenas: la búsqueda de soluciones viables a su realidad, de donde resulta indispensable el trabajo común y organizado de sus comunidades. Así, en los Altos de Chiapas, pertenecientes a la parroquia de Santo Domingo, Comitán, se conformaron cinco colectivos: Camino sin Fronteras, Grupo Acción y Cultura, Grupo de Trabajo Creando Aternativas, Campesinos Fotógrafos del Sureste y el Bloque Campesino Democrático de la Solidaridad. Todos acogidos bajo la figura de sociedades de solidaridad social (S. S. S.), el número de socios va de cinco a diez, y son de distinta naturaleza: colectivo de mujeres, de familias, mixto y ecuménico, mixto de jóvenes e intercomunitario y de campesinos varones, respectivamente. En el mismo orden, los programas que desarrollan son molino de nixtamal, tiendas, cría de cabras, producción de abono orgánico, siembra de hortalizas, colectivo de fotografías y colectivo de transporte: en total, cinco colectivos y ocho programas. Cuatro colectivos pertenecen a la etnia tojolabal y uno a la tzeltal. El tiempo en que han operado oscila entre siete y 30 años, y las edades de sus miembros varían de los 7 a los 64 años.

En Oaxaca, los colectivos identificados como TCO son Cáritas Telixtlahuaca y la Unión de Campesinos Indígenas de la Región Istmo (UCIRI) en Ixtepec, Tehuantepec (actualmente desaparecido). Su integración respondió también a una necesidad: en el primer caso, de soberanía alimentaria (para lo cual implementaron un programa de cría de mojarras), y en el segundo, para hacer frente a las condiciones de pobreza en que vivían los campesinos en la sierra, por lo que desarrollaron un programa de producción de café. El primer colectivo es comunitario (mixteco) y el segundo es intercomunitario (mixteco, zapoteco, mixe y chontal).

Así pues, tanto en los Altos de Chiapas como en Oaxaca los colectivos se organizan para combatir las condiciones de pobreza y marginación en que viven los pueblos indígenas, para lo cual se requiere el trabajo organizado y comunitario, por lo que se integran bajo la forma de grupos de TCO y adoptan como estrategia la economía solidaria. En este tenor, los siete colectivos comparten los objetivos de los TCO y su cumplimiento en la práctica; al asumir esta forma de trabajo, cuentan con una estructura organizativa concreta, una mesa directiva, y toman decisiones a partir del consenso.

La estrategia de la es ha sido posible gracias a la organización colectiva, las asambleas, una mesa directiva con cargos rotativos, la asignación de tareas entre todos los miembros, un liderazgo empoderador y un consejo de vigilancia. De tal modo, las actividades en los colectivos se llevan a cabo bajo los principios de respeto, justicia y equidad, dando lugar a relaciones de apoyo mutuo y sin fines de lucro, y haciendo posible la mutualidad entre los miembros.

Cabe mencionar que en los colectivos de los Altos de Chiapas el liderazgo es endógeno y local, lo cual ha favorecido la animación, la promoción y el seguimiento de los programas en el interior de las comunidades, con enfoque endógeno hacia la protección cultural. En cambio, en el TCO de Ixtepec el liderazgo es externo y se centra en la animación y promoción de los programas, enfocándolos más bien hacia afuera, en busca de vinculación con otros actores y escenarios solidarios, que permita su desarrollo a partir de las relaciones de comercialización, en las que el papel del presbítero Francisco Vander Hoff es primordial para el establecimiento de relaciones con instancias extranjeras, propiciando así un desarrollo ligado a la globalización.

Por otro lado, en los siete colectivos las actividades se realizan de manera planeada en tiempo y forma, favoreciendo además el desarrollo integral mediante la impartición de diversas capacitaciones que van desde producción alimentaria y orgánica, hasta aprender a leer y escribir. Entonces, el enfoque de es permite potenciar la capacidad creativa e innovadora de los miembros organizados. En cuanto a la escala cultural, los colectivos respetan usos y costumbres en sus acciones, así como el consejo de los abuelos, principalmente en las prácticas agrícolas y en la toma de decisiones. En los siete colectivos, todos los miembros se identifican con su grupo étnico, pero sólo el colectivo de la montaña en los Altos de Chiapas habla lengua indígena con discreción, el resto no habla lengua indígena ni usa traje típico. Por último, en los siete colectivos "todos hacen todo", es decir, que las actividades se realizan con la participación de todos, y son aceptadas, validadas, avaladas y respaldadas por sus respectivas comunidades.

En Chiapas, las actividades de los colectivos se desarrollan en la zona campesina, y en Oaxaca en la región campesina indígena, lo cual las constituye experiencias territorializadas.

 

Resultados de los programas

En todos los colectivos, excepto en Telixtlahuaca, los objetivos han sido alcanzados y superados. En el caso Chiapas y Tehuantepec, los beneficios se han extendido de los colectivos a las comunidades donde se encuentran. Entre los resultados significativos están la consolidación de los mismos, lo que ha provocado que algunos "propietarios" promuevan en contra de los colectivos la persecución, órdenes de aprehensión, acoso y en tres casos hasta muertes y desapariciones individuales o colectivas.

Lo anterior condujo a un logro en el aspecto legal: contar con todos los permisos, licencias y figuras jurídicas necesarios para protegerse de la persecución y de las acusaciones de ser comunistas o de servir como campos de adiestramiento paramilitar.

En el campo tecnológico, los siete colectivos usan tecnologías limpias y ecotecnias, y en ocasiones se resisten al uso de tecnología agrícola que dañe el entorno ecológico. De esta manera se trabaja con programas de producción animal sustentable, producción de hortalizas y abono orgánico, entre otras prácticas agrícolas.

En lo que respecta a la capacitación, los siete colectivos han sido capacitados sobre producción sustentable; únicamente en la montaña han prescindido del acompañamiento de los técnicos externos, ya que el presidente del colectivo es también el promotor comunitario y posee los conocimientos necesarios para el seguimiento de los programas. Además han recibido capacitación sobre producción de alimentos sustentables, derechos humanos y otras cuestiones, dependiendo de los requerimientos de cada colectivo.

Con relación al financiamiento, tres de los cinco colectivos de Chiapas siempre han sido autónomos, asumiendo el financiamiento de sus programas; los otros han recibido créditos de Cáritas, Acciones Económicas y otras instancias como Anadej y Edupas, cuyos réditos oscilan entre 1 y 3% anual. Sólo Canalum, ha percibido apoyo del gobierno para el programa de cría de borregos, que no se evaluó en esta investigación, ya que es inexistente. Los dos colectivos de Oaxaca son autónomos, y en Ixtepec se ha recibido apoyo de fondos alemanes para ciertos proyectos.

La participación de las mujeres juega un papel cardinal. En los Altos, el colectivo Camino sin Fronteras está integrado en su mayoría por mujeres (sólo hay un socio varón), por lo que lo identifican como un colectivo femenino. Su liderazgo descansa en una figura femenina que con 30 años de experiencia coordina, anima y da seguimiento a la agrupación. En el colectivo de la montaña, las mujeres participan en la familia, como madres e hijas y en las actividades del colectivo por igual, por ejemplo el pastoreo de las cabras, además de ser las encargadas de la siembra, la cosecha y la venta de hortalizas. En el Crea, las mujeres son las responsables de la tienda, así como de vender y de surtirla. En Cafosur, son únicamente dos mujeres las que representan a sus respectivas comunidades, ambas jóvenes amas de casa, fotógrafas, campesinas y madres. En Canalum, de etnia tzeltal, no existe participación directa de las mujeres, pues ellas se enfocan más a las actividades de orden civil.

En Oaxaca, la participación de la mujer en Cáritas Ixtlahuaca es considerada y promocionada, sin embargo no tienen socias. En el TCO de Tehuantepec, las comunidades son en su mayoría matriarcales, pero las mujeres no colaboran directamente en los colectivos, lo cual implica el retraso en la toma de decisiones, pues hasta que sus maridos las consultan llevan una decisión a la asamblea.

Respecto a la dimensión política, en los Altos los TCO mantienen vínculos con otras organizaciones civiles de la región; sus proyectos obedecen además a acuerdos zonales y regionales, de igual forma Cáritas San Cristóbal de Las Casas mantiene relación con la Pastoral de la Tierra y Acciones Económicas; sólo el colectivo de Canalum manifestó relaciones con el gobierno, mediante el apoyo para la cría de ovejas. En Oaxaca, el TCO de Ixtepec, en su momento, estableció vínculos con las organizaciones civiles de la entidad y con instancias alemanas. Cáritas Ixtlahuaca, por su parte, tiene vínculos con Cáritas Oaxaca y con 17 comunidades más, pertenecientes a su organización religiosa.

En cuanto a la cultura, los colectivos de los Altos respetan usos y costumbres de la comunidad, aunados a la reflexión de la Palabra de Dios. Los colectivos se encuentran con otras culturas y con otros colectivos en la reunión que se efectúa cada tres meses. Lo mismo sucede con Cáritas Ixtlahuaca, que se congrega con 17 comunidades más. En Ixtepec, Tehuantepec, el colectivo tuvo más influencia externa, debido a la presencia de extranjeros, quienes en una cultura matriarcal trataron de implantar un sistema patriarcal, por así convenir a la toma de decisiones y a la realización operativa para comercializar el café.

En este sentido, a diferencia de lo que ocurre en Chiapas, donde resguardan con celo los aspectos de su cultura, en Oaxaca, las comunidades y los campesinos tendieron a abrirse a las relaciones externas, ya que esto favorecía su intercambio comercial, pero sus modos de vida se transforman; ellos aprenden a conducir y adquieren su transporte propio para sacar sus cosechas; también aprenden a establecer comunicaciones por medios actuales como el celular, a usar la calculadora y algunos de ellos hasta otro idioma, en este caso el inglés, para llevar a cabo los programas de café.

 

Insumos y procesos necesarios para el logro de los resultados de los programas

Sin duda, estos logros han sido resultado de varios factores, el primero de ellos la planeación. En los siete TCO existe un plan que ha permitido la organización, coordinación, realización y evaluación de las actividades de los colectivos. Es decir, todos (salvo Ixtlahuaca, que apenas comienza) tienen un plan que ha sido cumplido en tiempo y forma, ya que se han alcanzado e incluso superado sus objetivos, lo cual ha permitido el avance del colectivo.

Otro factor relevante han sido los gastos efectuados para la realización del programa. En cuatro de los siete colectivos se eligió el ahorro como estrategia para reunir fondos y destinarlos a nuevos proyectos; de igual modo, en la mayoría de colectivos los excedentes no fueron repartidos al inicio de los programas con el propósito de juntar fondos para el colectivo, quien es considerado un socio más.

Otro elemento fundamental lo constituye el desempeño del equipo, el cual depende del grado de consolidación de los colectivos. Ogotzil es uno de los colectivos más recientes, con cerca de 13 años de iniciado y es el más sólido, en tanto que Los Riegos es el más antiguo, con 30 años de servicio. El resto de los colectivos tiene entre 11 y 18 años de haberse creado, por lo que cuentan con cierta formación conceptual y práctica. Las actitudes del colectivo son positivas por la realización del trabajo y el beneficio para su comunidad; prevalecen la solidaridad y los principios derivados de la doctrina social cristiana. A excepción del colectivo Crea, el cual muestra cierto grado de fragmentación, el resto son colectivos unidos y fraternos, cuyas expectativas giran en torno a mejorar los programas que ya desarrollan y a generar otros nuevos acordes con las necesidades de sus comunidades.

Respecto a Oaxaca, en Cáritas Ixtlahuaca se hace patente la solidaridad al impulsar la formación de otros colectivos en comunidades cercanas, no obstante, el nivel de consolidación aún es bajo debido a su reciente creación. Por el contrario, en el TCO de Ixtepec el desempeño del equipo permitió en su momento la implementación de los programas de tiendas de abasto para la producción de café.

En los siete colectivos se ha identificado la intervención de la Iglesia católica. En Chiapas, la mediación ha sido por parte de Cáritas, por lo cual los colectivos evaluaron el trabajo del equipo de Cáritas, sobre todo en las dimensiones de animación, promoción y seguimiento. En esta evaluación, se valoró que Cáritas San Cristóbal siempre planea sus actividades y se coordina para efectuarlas, además de que está capacitado para realizarlas; se dijo que brinda asistencia técnica y asesoría y está dispuesto a resolver dudas cuando es consultado; que ofrece cursos de tres días en sus instalaciones o en Comitán; que utiliza material claro y sencillo y lo entrega puntual y gratuitamente. Por otro lado, se destacó que el equipo siempre respeta usos y costumbres de las comunidades y se comunica en su lenguaje, y calificaron el trato del equipo como amable y respetuoso, salvo en Cafosur, que expresó una falta de atención cuando realizaron el pago de un préstamo.

En general, la valoración del equipo por parte de los colectivos siempre ha sido muy positiva. Exceptuando Los Laureles, le otorgan una menor calificación en cuanto a seguimiento, ya que éste no siempre se lleva a cabo. En el caso de Los Laureles no fue así porque se les concedió un préstamo y recibieron visitas constantes. Por ello, se le sugiere a Cáritas acercarse y presentar a su nuevo equipo, no salir de Acciones Económicas, asistir a las reuniones de los colectivos cada tres meses, visitar y apoyar con nuevas metodologías que respondan a la realidad vigente. En este sentido, el equipo de Cáritas respondió que algunos colectivos no reciben seguimiento porque los considera autónomos o autogestivos; empero, según los colectivos, sí hace falta la intervención de Cáritas.

Cáritas Telixtlahuaca recibe apoyo logístico de Cáritas Oaxaca, pero aún no se definen las líneas de trabajo y se encuentra en un momento de transición respecto a los encargados del equipo. En Ixtepec, no ha sido Cáritas sino un equipo misionero liderado por el presbítero Francisco Vander Hoff, partidario de la teología de la liberación, quien ayudó a hacer operativos los programas e impulsó que los colectivos fueran autogestivos; sin embargo, dada la ausencia de seguimiento, que a diferencia de Chiapas permaneció en la comunidad, los colectivos tendieron a diluirse en otros proyectos y programas.

Tanto en Chiapas como en Oaxaca, la metodología del ver, juzgar y actuar, empleada por los TCO ha sido posible gracias a diferentes factores, entre ellos la organización, el proceso y los modos de realización de las actividades, que se llevan a cabo desde la ética y los principios de la es. En los siete colectivos se identifica el ver, juzgar y actuar, que parte de un análisis de realidad confrontado con la reflexión de la Palabra de Dios, lo que hace las veces de diagnóstico; y conduce hacia la acción, concretada en planes e iniciativas de los colectivos que toman diversos rostros de acuerdo con la realidad en la que se encuentran.

En Chiapas, donde priman la marginación y la pobreza, las relaciones entre los colectivos y el gobierno han estado marcadas por la desconfianza, pues han sido acusados de comunistas y han sufrido diversos cateos en sus viviendas, quema de documentos y memorias históricas, así como acoso, muertes, desapariciones y amenazas (situación agudizada con el conflicto de 1994, asociándolos con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional -EZLN-). Con todo, estos hechos han fortalecido la vida de los colectivos, aunque también han propiciado pérdidas significativas y resentimiento en los familiares de los caídos.

En el caso de Telixtlahuaca, las comunidades donde se ubica el proyecto están localizadas en la sierra, en el territorio que la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) utiliza para resguardo, por lo que se

les ha pedido no vincularse con esta organización, sin embargo, Cáritas Telixtlahuaca considera que las necesidades son las mismas para los pobres, pertenezcan o no a la APPO. Es una situación compleja debido al momento político que vive la entidad.

En Ixtepec, Tehuantepec, al buscar redes de comercio justo, los miembros fueron acusados de comunistas y subversivos. De acuerdo con las memorias proporcionadas por la UCIRI, sufrieron represalias e intimidación por parte de comerciantes locales y funcionarios del gobierno. En marzo de 1994, los militares irrumpieron en la escuela de agricultura de la UCIRI en San José el Paraíso, pues el gobierno y políticos de la zona acusaron falsamente a la organización de ser un centro de adiestramiento paramilitar que apoyaba al EZLN.

La UCIRI ha sido víctima de muchas agresiones: entre 1985 y 1992, 39 hombres, mujeres y niños fueron asesinados. Su único crimen fue luchar por medio de la organización social contra la pobreza y la explotación que enfrentaban (Isaías M., 1996).

 

Impacto de los programas

Cada colectivo ha tenido un efecto concreto en sus comunidades, según el servicio que prestan y su trabajo se ha reflejado en la mejora de las condiciones de vida (principalmente vivienda, alimentación, salud, trabajo y convivencia familiar), así como en el acceso a productos de primera necesidad a bajos costos y en el incremento de los ingresos familiares.

Los siete colectivos son de vocación eminentemente agrícola, por lo que su ingreso anual oscila entre los 2 000 y 5 000 pesos, provenientes de la actividad agrícola y de actividades fuera de la finca, como la venta de productos; en este sentido, la existencia del colectivo les ha permitido un incremento de su ingreso de cerca de 30%, un ahorro en diversos productos y un aumento de su poder adquisitivo. Asimismo, la estrategia alternativa de la figura jurídica para protegerse de los embates del gobierno ha fortalecido su conformación como colectivo. Otra consecuencia ha sido la formación recibida de los TCO (12 talleres), que se han convertido en espacios de concientización, educación y capacitación genuinas.

Así, en lo concerniente a la creación del molino de nixtamal y la tienda en Los Riegos, el molino presta servicio a la comunidad a costos bajos. Es casi exclusivo para los miembros de la comunidad. Uno de sus grandes beneficios es que ahorra tiempo a las mujeres para la molienda, de modo que pueden tener ocasión de realizar otras actividades. Además de maíz cocido se muele maíz seco, frijol, especias y elote para tamal. El colectivo también concede préstamos a familias necesitadas.

En el caso de Ogotzil, en situaciones especiales, el colectivo presta a la comunidad animales, o bien se los vende a bajo costo; por otra parte, el abono orgánico ha favorecido la disminución de costos de producción, y las hortalizas han mejorado el nivel de alimentación, al incorporarse a la dieta básica. De esta manera, el colectivo ha ayudado al bienestar social de la comunidad.

En Los Laureles, el colectivo, con 24 años de servicio, ha permitido incrementar el ingreso familiar de los miembros, gracias al trabajo responsable y organizado. De tal suerte, la comunidad puede acceder a productos básicos a precios bajos. El colectivo también establece los precios del mercado en las comunidades. La población beneficiada es de 213 habitantes, más los foráneos de la zona campesina.

El colectivo de Cafosur ha beneficiado a 45 comunidades al ofrecer precios bajos en el servicio de fotografía y video a precios accesibles, cubriendo eventos sociales y religiosos. Los efectos del servicio del colectivo han sido muy significativos, ya que las personas tienen facilidades para pagar sus trabajos y reciben buen trato; igualmente la parroquia de Comitán se ha favorecido con sus servicios. Así pues, se ha permitido tener acceso a servicios más cercanos y disponibles cuando lo necesitan, impulsando el desarrollo de las comunidades. También las familias de los miembros del colectivo se han visto beneficiadas, ya que reciben gratificación por el día de trabajo, de modo que se incrementa su ingreso familiar y su calidad de vida, y se propician espacios de convivencia entre las familias del colectivo.

El servicio del colectivo de Canalum es rápido, puntual y mixto; por ende, pueden sacar sus cosechas a tiempo y a bajo precio, así como los productos que se llevan al mercado de Comitán, donde pueden ofrecer precios justos, además de tener un excedente para alimentación. El transporte puede trasladar enfermos por la noche a la ciudad, en caso de requerirse, y si alguien fallece brinda sus servicios de forma gratuita. Las familias se benefician al recibir su salario por día de trabajo. Los cinco colectivos de los Altos ahora son autónomos económicamente, pues ellos financian sus actividades productivas.

En Ixtlahuaca se ha favorecido a cerca de 200 familias de manera asistencial. El proyecto de cría de mojarras aún no ha sido evaluado, pues se encuentra en fase inicial.

En cuanto a Ixtepec, el impacto de los TCO que en su momento cumplieron con su objetivo de proporcionar abasto de productos para la producción de café permitió que una vez puesto en marcha el programa lograran vincularse a redes de comercio justo en el plano internacional, establecer su propia certificadora e incluso llegar a ser socios de firmas extranjeras, beneficiando a alrededor de 2 349 familias de los grupos étnicos zapoteco, mixe, mixteco y chontal. En promedio, cada familia dedica de dos a cinco hectáreas al cultivo de café y de cinco a ocho hectáreas a la agricultura de subsistencia.

En los cuadros 2 a 8 (3, 4, 5, 6, 7) se presenta el resumen de los resultados de los programas de cada colectivo, bajo las categorías de análisis propuestas.

 

Conclusiones

Economía solidaria

En los colectivos abordados en esta investigación, la es se expresa como iniciativas, experiencias y organizaciones que, con mayor o menor coincidencia en cuanto a sus orígenes, formas jurídicas, principios y propósitos, convergen en un intento por construir y consolidar una forma de hacer economía distinta de la capitalista, concretándose en el TCO.

La ES es una economía al servicio del ser humano y de la sociedad, por lo que integra en su objetivo la eficiencia económica y el bienestar social, pues los colectivos son capaces de crear excedentes con eficiencia económica y distribuirlos de manera equitativa. Además, mediante iniciativas económicas o economías populares, busca superar la realidad de pobreza, marginación y exclusión social que viven los pueblos indígenas. Aunque, paradójicamente, también parte de una situación de privilegios, ya que quienes tienen sensibilidad social donan parte de sus recursos a fundaciones y asociaciones sin fines de lucro. A su vez, la crisis del trabajo asalariado y explotado da lugar a iniciativas y experiencias económicas que bien pueden entenderse como economía del trabajo o como búsquedas del trabajo autónomo y asociado. Asimismo, frente a la situación de la familia y de la mujer, surgen formas de acción que intervienen en la economía y que son coordinadas por redes de mujeres y/o familias.

La constitución de la ES permite tomar conciencia respecto al problema ecológico, identificando cómo se encuentra organizada la economía y así generar organizaciones y prácticas sustentables que permitan revertir los deterioros ambientales.

 

Trabajo común organizado

Los TCO constituyen formas de organización social-comunitaria cuya plataforma son elementos comunes como necesidades y fe compartida, que los conducen a generar acciones a partir de la participación y la autogestión, así como establecer una economía asociativa, solidaria y justa mediante las cooperativas, lo cual se cristaliza en programas concretos para dar respuesta a problemáticas locales. Los TCO poseen una estructura definida y estable, además de una figura jurídica de sociedad de solidaridad social (S. S. S.) que favorece y hace posible la realización de sus programas, lo cual también se consigue gracias a un factor exógeno: el apoyo financiero de instancias extranjeras o nacionales, como el caso de Cáritas o

Anadej. Cuentan además con los valores endógenos, ya discutidos, como el liderazgo, el sentido comunitario, la identidad y la reciprocidad.

En los TCO existe una clara conciencia social sobre la crisis y las consecuencias que ha traído la implementación del modelo de desarrollo neoliberal, que no es integral ni sostenible, lo que mueve a la búsqueda de procesos económicos sustentables que recurran al empleo de tecnologías limpias; al uso racional de los recursos, que permita la satisfacción de las necesidades fundamentales, y al desarrollo local sin comprometer los recursos de las generaciones futuras.

 

Intervención de la Iglesia mediante Cáritas

Los programas del gobierno se quedan en los apoyos de la década de los noventa, por ende, la noción de nueva ruralidad no se aplica ni existe en los contextos de los colectivos estudiados. En ausencia de proyectos sociales y políticos que logren transformar la realidad de las comunidades indígenas surgen iniciativas que se definen a sí mismas como economías alternativas, tal es el caso de los Altos de Chiapas y Oaxaca, economías no capitalistas donde prevalecen los valores humanos y de intercambio sobre los de mercado.

La Iglesia católica busca promover al ser humano mediante la implementación de programas de economía solidaria, lo que se concreta en la intervención de Cáritas o de equipos misioneros que a través de la metodología de ver, juzgar y actuar brindan a los colectivos asesoría, formación, seguimiento, evaluación y apoyos logísticos y financieros para desarrollar sus programas.

La intervención de la Iglesia católica mediante Cáritas o equipos misioneros se basa en el trato respetuoso e inculturación con los pueblos indígenas, generando procesos autogestivos, de concientización y de desarrollo alternativo que, fundados en actos solidarios, se orientan al bien común, la construcción de nuevas estructuras relacionales y la organización de la experiencia psicosocial compartida.

 

Desarrollo y experiencias estudiadas

Las experiencias analizadas muestran de qué manera los proyectos de desarrollo parten de los pueblos originarios que, al experimentar una situación de marginación, luchan, se resisten y trabajan para recuperar y fortalecer sus identidades, validar sus culturas ancestrales y sus propios modos comunitarios de hacer economía.

En los casos analizados, la economía solidaria se da a partir de las búsquedas de inspiración espiritual cristiana, que tienen una filosofía humanista, y que, motivadas por la vivencia de estos valores de fraternidad y coherencia, buscan que la riqueza esté al servicio del desarrollo humano y social, dando lugar a formas económicas solidarias. Es un desarrollo local que vincula capital humano, social y físico (entre ellos, recursos naturales e infraestructura).

La economía solidaria es una realidad social que permite a las familias indígenas campesinas generar estrategias de sobrevivencia ante las presiones de los ajustes económicos estructurales y resistir a sus impactos. Mediante los programas ejecutados por los TCO, se impulsa el desarrollo de sus comunidades, con efectos favorables en el bienestar de las mismas. De este modo, los colectivos trabajan para satisfacer aspiraciones colectivas y mejorar la calidad de vida de las personas.

Asimismo, las experiencias investigadas evidencian que es posible e indispensable generar formas alternativas de desarrollo que, basadas en una ética común, coincidan en la solución de problemáticas sociales y locales. Puesto que el desarrollo indígena busca la vida digna de la comunidad, la lucha contra la pobreza, y es un proyecto dialogante, participativo y respetuoso, donde la comunalidad es la forma de tomar decisiones mediante el consenso, constituye un proyecto alternativo porque no depende de la proposición capitalista globalizante que excluye a los sectores pobres.

Con los elementos descritos en este estudio puede afirmarse que los proyectos de TCO promovidos por Cáritas (OIC), con enfoque de economía solidaria, inciden en los contextos, insumos, procesos y productos, que a su vez repercuten en un mayor bienestar de las familias indígenas-campesinas y en el desarrollo rural en las Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, y Antequera y Tehuantepec, Oaxaca, cumpliendo así los objetivos teóricos planteados.

 

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