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Alteridades

versão impressa ISSN 0188-7017

Alteridades vol.20 no.40 México Jul./Dez. 2010

 

Investigaciones antropológicas

 

El Centro Histórico de Guanajuato, el iPod y los jóvenes*

 

The historical center in Guanajuato, the iPod and the young.

 

José de Jesús Cordero Domínguez**

 

** Departamento de Estudios Culturales, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad de Guanajuato, Campus León. Calzada de los Héroes 308, esq. Vasco de Quiroga, col. La Martinica, C.P. 37500, León, Guanajuato <jjcorderod@ gmail.com>.

 

* Artículo recibido el 19/11/09
Aceptado el 01/10/10.

 

 Abstract

This paper studies the relationship between the social practices of university students and their use of the iPod in the historical center in the city Guanajuato; which seems to synthesize the "spirit of the time" —individualism and isolation as an expression of their identity.

Key words: iPod, young people, social practices, individualism.

 

Resumen

En este artículo se reflexiona sobre la relación entre el uso del iPod y las prácticas sociales de jóvenes universitarios en el Centro Histórico de Guanajuato, como síntesis del "espíritu de la época": individualismo y aislamiento como expresión de identidad.

Palabras clave: iPod, jóvenes, prácticas sociales, individualismo.

 

Introducción

A partir de los datos empíricos aportados por la investigación "La vida cotidiana en el Centro Histórico de Guanajuato, vertiente de la cultura contemporánea: los jóvenes y el iPod", analizo la relación entre el uso del iPod entre jóvenes universitarios en el espacio urbano del Centro Histórico de la ciudad de Guanajuato y la producción de nuevas prácticas sociales juveniles. Esta comunicación consta de tres apartados: en el primero abordo la metodología cualitativa para reflexionar en torno a las prácticas juveniles que suponen la portabilidad de música en las calles; en el siguiente refiero nuevas pautas de comportamiento entre jóvenes, que se reflejarían en su constitución como sujetos sociales e individuos; finalmente expongo el uso de la ciudad fragmentada: la calle, los callejones y los espacios públicos y su correlato en la búsqueda juvenil de un lugar para ser y estar.

 

Metodología

Este escrito procede de la investigación realizada en 2009 durante junio y julio, de lunes a viernes, de 6:30 a 23:00 horas, cuyas categorías de análisis fueron espacialidad, temporalidad y sentido. Se incorporó observación etnográfica no participante y entrevistas individuales a estudiantes de nivel superior (departamentos de Arquitectura, Ingeniería Civil y Geomática; Facultad de Derecho, Administración Pública, Artes Plásticas e Idiomas) en el espacio vial del Centro Histórico, correspondiente a las calles de Campanero–Sopeña, Plaza de la Paz–Teatro Juárez, y calle Juárez–Mercado Hidalgo. Los contenidos temáticos desarrollados hasta la fecha son: a) los jóvenes estudiantes, b) las rutas urbanas, c) los reproductores de música digital, d) movilidad y permanencia urbana de los jóvenes, e) reflexión teórica sobre los jóvenes y el espacio.

Producto de la observación en ese periodo de trabajo de campo, ubiqué a 707 estudiantes, 53% hombres y 47% mujeres. En este grupo, 37% está representado por 262 alumnos portadores de reproductores de música digitales, 148 hombres (56.5%) y 114 mujeres (43.5%); asimismo, 186 alumnos forman parte de la ruta Campanero–Sopeña–Cantarranas, de los cuales 120 (64.5%) traían reproductor digital de música; en la ruta Plaza de la Paz–Teatro Juárez, 78 alumnos (36%) de 216 llevaban consigo reproductor de música digital; y en el tramo de la calle Juárez al mercado Hidalgo caminaban 305 estudiantes, de los cuales 64 (21%) escuchaban música en su reproductor digital.

 

Los jóvenes

La tecnología representada por el iPod influye los sentidos de los jóvenes cuando éstos hacen uso de ella; tal influencia, mediada por el espacio urbano donde se desarrollan sus actividades, se expresa en la condición subjetiva y social del sujeto; uno de los efectos tecnológicos sobre la identidad es la contradictoria diferencia individual constituida por la multiplicidad social de réplicas de iguales in crescendo.

Se trata de un ordenamiento social de lo individual, según Bauman (2006: 28), en el cual

...todos deben ser individuos; en ese sentido, al menos, los miembros de dicha sociedad son cualquier cosa menos individual, distinta o única. Todo lo contrario: son asombrosamente parecidos, ya que deben seguir la misma estrategia vital y utilizar señas compartidas (comúnmente reconocibles y legibles) para convencer a otras personas de que así lo hacen. En lo que a la cuestión de la individualidad concierne, no existe posibilidad de elección individual. No hay ningún dilema del tipo ser o no ser que haya que resolver en ese sentido.

Carles Feixa (2000: 77) incorpora el tema del consumo a la condición individual y social del sujeto al afirmar que:

El consumo cultural tiene lugar en un espacio nacional, en el que el joven se convierte en sujeto/objeto de mercantilización, una de cuyas expresiones es la emergencia de una subcultura juvenil con grados significativos de autonomía respecto a las culturas parentales y hegemónicas.

A las dimensiones de la identidad y el consumo, Charlot (2000) incorpora la noción de que el sujeto es un ser humano que cuenta con una historia, que lo mueven los deseos hacia otros seres humanos, los cuales también son sujetos. Ese sujeto es un ser social con origen familiar, ocupa un lugar en la sociedad y se integra a las relaciones sociales. Charlot (2000 cit. en Dayrell, 2003: 73) considera que

...el sujeto es un ser singular, que tiene una historia, que interpreta el mundo dándole sentido, así como a la posición que ocupa en él, a sus relaciones con los demás, a su propia historia y su singularidad. [...] el sujeto es un ser activo, que actúa en y sobre el mundo...

Por su parte, Francisco Bernete (2007: 46) coincide con Charlot al asumir que: "Lo que de diferente tengan los jóvenes actuales respecto de generaciones anteriores será fruto de diversas dinámicas históricas y sociales". Los jóvenes tienen "la propia necesidad de abrirse espacio simbólicamente y hasta de crear y recrear los espacios físicamente...". A este respecto:

Lucía,1 estudiante de Inglés en el Centro de Idiomas, camina por la calle Juárez, ve constantemente su reloj y el de la Basílica; son ya las 7:18 horas y se le hizo tarde para llegar a clase. Ella no se despoja de los auriculares, escucha canciones de RBD;2 el reproductor que porta es un iPod nano de 8 GB. Ella dice: "lo compré el fin de semana, en el tianguis de Silao". Señala que lo utiliza para practicar inglés, y para ello le introdujo las lecciones del sexto semestre.

Escobar y Mendoza (2005), al igual que Maffesoli (1999), hacen una importante distinción entre el sujeto moderno y el individuo posmoderno. El primero se significa por la sujeción al entorno familiar y el segundo recalca el individualismo hasta el nivel de egocentrismo fracturando el futuro en inmediatez.

Escobar y Mendoza (2005: 12) enfatizan a este último en el sujeto joven:

las sociedades contemporáneas generan dinámicas y dispositivos para la producción del sujeto joven desde unos órdenes sociales hegemónicos cada vez más globalizados y cualitativamente diferentes del sujeto de la modernidad, respecto de lo cual es posible rastrear las paradojas, fragmentaciones, sujeciones y quizás las resistencias de la experiencia de las juventudes en el momento sociohistórico presente.

Maffesoli (1999: 139) observa al individuo de forma asertiva y destaca de él su ser y estar contradictorio en el mundo:

[Vagando] o errando fuera de las instituciones, o por lo menos no siendo esclavo de ninguna, unos y otros enfatizaban la importancia de la experiencia vivida y el sentido de lo concreto que ésta podía inducir. Esto es lo que está en juego en las tribus postmodernas donde la desconfianza respecto de las ideologías y los grandes valores universales va a la par con una innegable generosidad de ser, inclusive con sus acentos anómicos e inconformes.

La observación de campo mostró que, al medio día y por la tarde, los jóvenes que caminan por las calles del Centro Histórico se comportan más extrovertidos con el reproductor en mano; lo manipulan, lo limpian y lo exhiben deliberadamente a los transeúntes.

Desde la hermenéutica, Alcalá aborda al sujeto moderno y encuentra que está solo, aislado, no necesita de los otros, de la sociedad; en cierto sentido, ésta lo confunde, lo engaña de tal manera que se convierte en un estorbo para la adquisición del conocimiento:

en el mundo actual lo que se nos presenta es una deshumanización a la que nos ha estado arrastrando el neoconservadurismo con su exaltación de la tecnología y el consumismo, con el consecuente abandono de la ética y el humanismo en general, sobre todo por el desplazamiento del trabajo del hombre por la máquina. (Alcalá, 2008: 90).

Un ejemplo de la soledad de los jóvenes y su actitud ante los demás lo testimonia María:

camina sola, se introduce entre los transeúntes que caminan en sentido contrario. Se coloca sus auriculares e incrementa el volumen del iPod y en un tono de fastidio comenta: "No me gusta oír las estupideces que dice la gente". Se aleja pausadamente, esquivando automóviles por la calle Juárez.

El mismo Alcalá (2000: 21) releva –en sentido negativo– la importancia de los medios de comunicación, donde la realidad se somete a un proceso de modificación y sustitución por la imagen, por una máscara desde la cual el neoliberalismo

...ha tomado el símbolo de la libertad llevándolo al extremo de convertirlo en un antivalor, pues es la libertad para luchar por el poder, la libertad para destruir a los competidores sin que el Estado intervenga, y con ello se [caiga] en el deshumanismo del neoconservadurismo.

De acuerdo con Beuchot, Alcalá (2007: 64 y 70) sugiere que para salir de la relación problemática del sujeto con su libertad e identidad, es necesario concebirlo desde su capacidad activa de desear, es decir, como un ser activo y transformador:

podemos conservar un sujeto cognoscitivo–volitivo, necesario para que haya un sujeto moral o artístico, y al mismo tiempo consciente de los límites de su conocimiento y su voluntad, para que pueda ejercer su libertad, para que pueda manifestar una intención y un ímpetu pulsional. Lo que le permite darle sentido al futuro[...] Es pues un sujeto analógico concreto, vivo, pulsional, que no tiene un lugar fijo, definitivo, que transita entro lo universal y lo particular, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la comunidad y el yo; en pocas palabras, un sujeto prudencial que reconoce su identidad en la identidad de los otros...

Paradójicamente, para Bauman (2006: 28) la individualidad está relacionada con el espíritu de masa, ya que se trata de una exigencia cuya observancia está vigilada por el colectivo. Ser individuo significa ser como todos los demás del grupo (en realidad, idéntico a todos los demás). En esas circunstancias, cuando la individualidad es un deber universal y un problema de todos, la única acción que haría a alguien diferente y auténticamente individual sería intentar –ante el desconcierto general– no ser un individuo, suponiendo, claro está, que alguien pueda lograr tal gesta y que se resigne a enfrentarse a sus (muy desagradables) consecuencias.

Un grupo de seis jóvenes caminan hacia el jardín Unión, cuatro de ellos escuchan música compartiendo los auriculares de dos iPod, mientras que otro de ellos escucha música en el altavoz de su celular, y el sexto chico observa a los demás y continúa a su lado.

"En una sociedad de individuos –nuestra 'sociedad individualizada'–, todos estamos obligados a ser eso, individuos (y, de hecho, es algo en que ponemos un gran esfuerzo y que ansiamos de verdad)" (Bauman, 2006: 29). El mundo de las tecnologías de la información y la comunicación, con la posibilidad que ofrece de contactarse y desconectarse, manteniendo el anonimato o incluso inventándose una falsa personalidad para existir únicamente como realidad virtual, es un buen ejemplo de un mundo en el que los lazos interpersonales son muy débiles, cambiantes, fluidos, inconstantes (Torres, 2006: 33). Este carácter movedizo de las sociedades del presente se distingue por la privacidad y la falta de compromiso duradero con proyectos sociales y con otras personas.

Los jóvenes no confían en lo que les depara el mañana, quieren vivir el hoy, estar aquí y ahora, solos con sus juguetes íntimos en las calles de la ciudad.

 

La calle y la fragmentación del escenario

La ciudad contemporánea se encuentra fragmentada; la zona central de lo que hoy es identificado como Centro Histórico, otrora la ciudad misma, es parte de la ciudad fragmentada en zonas centrales, espacios periféricos con nuevas formas de habitación (fraccionamientos campestres, residenciales, cerrados) y de servicios (centros comerciales, servicios financieros y bancarios).

En el Centro Histórico de Guanajuato se han producido espacios fragmentados desde su origen, en la explotación de las minas, las haciendas de beneficio (lugar donde limpiaban el mineral extraído de las minas). La ciudad se edificó y comunicó a través de calles y callejones que seguían los senderos naturalmente labrados por el río Guanajuato.

La minería y las haciendas de beneficio entraron en proceso de decadencia productiva y se fragmentaron para distintos usos; a partir de este proceso surgieron espacios residuales que se emplearon como espacios públicos marginados, característica también aplicable a sus usuarios.

Los nuevos comercios y servicios de tiendas de conveniencia, ropa, zapatos, restaurantes con mesas y sillas en las plazas, calles peatonales, los edificios históricos del Centro Histórico, actualmente atraen a los habitantes de la ciudad, a los turistas y a los jóvenes, quienes se entremezclan en la movilidad humana permanente durante el día y la noche.

Esta transformación urbana nos conduce a reflexionar sobre la transición de los espacios públicos, los escenarios callejeros, de los que Lindón (2006: 60) infiere que "son espacios en movimiento [...] trayectorias de desplazamientos por las calles. En unos y otros (escenarios fijos y trayectorias) [...] Ambos escenarios están marcados por el movimiento".

Lindón (2008) también menciona lo fugaz y efímera que es la construcción del escenario en el que se mueve el individuo y la permanencia en él: "El sentido que adquiere un escenario para un sujeto que forma parte de él, es más complejo que ese instante presente: estas construcciones de sentido –del hacer y del lugar– el sujeto siempre las realiza en relación con ese instante en el cual está protagonizando algo".

Tres jovencitas sentadas en las escalinatas del teatro Juárez observan con apetito a los comensales del restaurante Valadez, a las personas pasar, esperan, platican entre ellas y cuando arriban sus otras amigas se saludan efusivamente y se dirigen alegremente hacia la Plaza de Paz.

Lindón (2008) confiere el concepto de fragmentos de la ciudad a los escenarios callejeros por el movimiento momentáneo que se produce, en lapsos siempre recurrentes. Estos escenarios se construyen en espacios abiertos, en la calles, en la esquina, en un trozo de la ciudad. La autora cita a Edward Relph (1976) para reafirmar que "nos resulta necesario considerar que pueden estar dominados por el sentido de la exterioridad o la interioridad para quienes participen del mismo".

La permanencia y movilidad de los actores en un escenario se debe a un lugar particular que le da un sentido para quedarse o salir. Existen rasgos de permanencia en un escenario mientras el actor considere necesaria su estadía, es decir, es posible la entrada y salida alternada o simultánea de actores al escenario.

La movilidad de los estudiantes por los espacios públicos para llegar a tiempo a tomar clases es rápida y fluida. Se camina por los callejones, son los atajos inesperados. Roberto, en tono de temor, cuenta su historia matinal: "No vayan por Pocitos, ayer me asaltaron tres chavos con cuchillos, me quitaron todo. No se vale, ni un policía se apareció. Ahora me voy a la escuela con los compañeros".

Lo anterior posibilita que los escenarios sean abiertos o parcialmente cerrados, de acuerdo con las actividades de los actores, "siempre existe en ellos un cierto nivel de apertura y de visibilidad, que puede ser limitada parcialmente con barreras materiales, o por la forma misma de actuar de los partícipes, o bien debido a que el escenario es tan visible que termina por no ser visto" (Lindón, 2008).

Las prácticas sociales en movimiento cotidiano dentro del Centro Histórico expresan una relación de lugares y actores. Los actores realizan prácticas recurrentes en el escenario, algunas son transitorias y otras de permanencia, con una periodicidad que el actor fija a partir de su repertorio y de su papel en el Centro Histórico y en la ciudad. Nos encontramos ante "ciertos horizontes culturales, que proporcionan a los actores posibles formas de actuar en ciertas circunstancias, o como dirían los fenomenólogos, 'recetas' para la acción y sobre las situaciones" (Lindón, 2008).

El lugar de uso del iPod (Bull, 2004 y 2007; Boradkar, 2006; Levy, 2006) se finca en la portabilidad y la movilidad tecnológica y urbana. El iPod es el icono cultural de nuestros días, de los jóvenes, de todos los consumidores.

Desde las prácticas "espaciales" de los jóvenes y el iPod, Boradkar (2006: 26–27) recrea la "utilidad" de este dispositivo, pues ofrece la posibilidad de crear especiales "bandas sonoras" (listas de reproducción estudiadas que buscan hacer compatible música y tipo de actividad) que acompañarán la rutina de actividades tales como caminar, estar sentado, conducir el auto: "en términos de género (para la generación del estado de ánimo), así como la longitud de tiempo (para que coincida con la duración de un trayecto, por ejemplo) es una práctica que significa que hace sentido de la tecnología, el objeto, así como la actividad de escuchar música".

Los jóvenes se encuentran sentados en bancas, escalones, parados... escuchando las canciones favoritas previamente almacenadas en el iPod, cambian constantemente la lista de reproducción, sin importar quién está a su lado, sin esperar a alguien. Mario accede a platicar un momento y expresa: "Vengo aquí porque en mi casa los compañeros no dejan que me concentre en la música que me gusta".

Bull (2004: 282) cree que "la calle se convierte en un espectáculo; como un emporio con mucho potencial visual [...] que la noción de la ausencia de estética ha sido potencialmente un gran poder para explicar aspectos como la experiencia urbana". Los jóvenes no tienen ese referente estético del escenario urbano de la arquitectura monumental del pasado. Ellos asocian la estética con la miniaturización de los objetos contemporáneos: teléfono celular, iPod y otros. Esa estética está íntimamente relacionada con su uso.

El autor hace una interesante reflexión acerca de estos productos tecnológicos al referir que "cada vez demandamos la mezcla intoxicante del sonido, la proximidad y la privacidad mientras nos movemos y tenemos tecnologías para conseguir estas metas exitosamente" (Bull, 2007: 200).

Los jóvenes con iPod caminan por la calle principal y las dos secundarias, escuchan su lista de canciones previamente grabada y disfrutan el trayecto en el escenario de los edificios y espacios públicos. Bull (2004: 282) acierta en la idea de que la cercanía de la intimidad y privacidad en "el uso de estos aparatos ha incrementado la ausencia de sociabilización en las ciudades".

Levy (2006: 54) hace varias preguntas acerca del impacto del iPod en el uso urbano, privado y humano:

¿El iPod ha destruido el tejido social? ¿Nos ha transformado en una cultura zombi? ¿La propia música nos atrae en un narcisismo fonético, que nos bloquea en un círculo de amor propio, a través de nuestra mano que escoge la colección de música directamente a nuestro cerebro, a través de auriculares?

Es algo que un observador desconectado podría preguntarse. En algunos lugares –como el gimnasio, el metro, el avión, el patio del colegio– puede parecer que el entorno inmediato, y la gente en él, reciben menos atención que el iPod cada vez más inevitable.

Bull (2007: 38), en sintonía con Levy, en cuanto a las preguntas de la influencia del iPod en la sociedad, discurre sobre la relación espacio–privacidad interior de los sujetos mediante preguntas acerca de la calle, el espacio, la proximidad, la transformación y la comunicación. Las respuestas encuentran eco en cada observación de los jóvenes que usan el iPod en la calle: emerge una reflexión sobre los avatares de una "nueva cultura".

Las personas se van confinando en espacios cada vez más pequeños con el fin de encontrar privacidad. ¿Será que la calle se amolda a lo que yo quiero que sea cuando camino a través de ella usando mi estéreo personal?; ¿será que el espacio en el interior de un automóvil se siente más seguro?; ¿la voz de la ausencia transforma los espacios en la calle influenciando mi proximidad y conexión cuando se trata de los otros?; ¿en qué sentido estos usuarios transforman el espacio de comunicación en una esfera privada de comunicación con la ausencia de otros o con el confort de la industria cultural en la forma de la voz? (Bull, 2007: 41).

 

Conclusiones

La relación entre iPod, jóvenes, espacio urbano y cotidianidad en el Centro Histórico de Guanajuato, que he esbozado en este trabajo, da cuenta de la complejidad social y familiar de la ciudad en la globalización, sintetizada esta última como la pérdida de oportunidades y de calidad vida en el futuro cercano. Las habilidades de los jóvenes –nativos y migrantes tecnológicos– en el uso de la tecnología parecen alejarlos de sus congéneres mayores –tal vez en ello se está fincando su comportamiento.

La tecnología en que se sustenta la producción del iPod es parte del rompimiento de la totalidad, de la unidad. Son las partes provenientes de distintos y necesarios componentes que lo conforman como un artefacto único, revolucionario en su influencia en los jóvenes, que tal vez, como lo expresa Bull (2007), no solamente rompe el tejido social, también desestructura al joven en individuo "distinto a los demás", en un individualismo exacerbado, en la búsqueda de la identidad que se encuentra en los iguales a él. La competencia por poseer el "único" iPod trasciende el consumo, los ámbitos familiares y sociales, al instalarse con un comportamiento de desprecio inconsciente de los valores, de las normas, de la sujeción a la sociedad.

Este proceder de los jóvenes en el espacio urbano a partir del uso personal del iPod construye en sí mismo otros escenarios urbanos: en la esquina, en las escalinatas de los edificios, en los callejones, en las calles. Los escenarios de la muerte, a causa de atropellamiento por automotores, al no escuchar al camión urbano, al no darse cuenta de la movilidad urbana del bulevar. La sociedad, que no comprende el nuevo comportamiento de los jóvenes, profiere calificativos despreciativos, intolerantes, hacia ellos: "zombis", "desadaptados", "autistas"..., una manera de "clasificarlos" para mantenerlos ubicados y no perderlos de vista.

En suma, este trabajo, más que proporcionar respuestas, da pistas para indagar más aristas que nos conduzcan a avizorar nuevas preguntas y continuar por este camino y las orientaciones que nos depare.

 

Bibliografía

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Notas

1 Los nombres de los estudiantes que participaron en la investigación son ficticios, con la finalidad de garantizar su anonimato.

2 RBD significa Rebelde, un grupo de música pop que surge de la telenovela Rebelde, transmitida por el canal 2, de Televisa, en 2004.