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Alteridades

versión On-line ISSN 2448-850Xversión impresa ISSN 0188-7017

Alteridades vol.17 no.34 México jul./dic. 2007

 

Clases medias y espacios urbanos

 

Transformación urbano–regional y migración de clases medias de la Ciudad de México hacia Querétaro*

 

Urban–regional transformations and middle–class immigration from Mexico City to Querétaro

 

Enrique Pérez Campuzano**

 

** Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CIIEMAD–IPN), calle 30 de junio de 1520, Barrio La Laguna, Ticomán, 07340 Gustavo A. Madero, D.F. <enriperez@hotmail.com>

 

* Artículo recibido el 04/05/07
y aceptado el 16/10/07

 

Resumen

En este artículo se estudia la emigración de la clase media de la ZMCM hacia la ciudad de Querétaro. Con base en un marco analítico que intenta ligar los factores económicos con los no económicos, se muestra cómo estos últimos son también importantes en los desplazamientos. La oferta de empleo es un incentivo para migrar, pero, en el caso de las clases medias, esto también implica considerar aspectos como la vivienda, y la calidad y las perspectivas de vida.

Palabras clave: clases medias, migración, reestructuración urbano–regional, Zona Metropolitana de la Ciudad de México, Zona Metropolitana de Querétaro.

 

Abstract

In this paper, a study of immigration from MZMC (Metropolitan Zone of Mexico City) to Querétaro City is presented. Using a theoretical framework that intents to link economic and non–economic factors, it is shown the way in which these factors are important to the immigration decision. Labor markets are important to explain the immigration process; however, for middle classes, the expectancy of better quality of life: housing and prospective live expectations are equally important.

Keywords: middle classes, immigration, urban and regional restructuring, Metropolitan Zone of Mexico City, Metropolitan Zone of Querétaro.

 

Introducción

Los trabajos sobre clases medias y migración Interna en contextos de transformación regionales son escasos, principalmente en países no desarrollados,1 en donde la mayor parte de los estudios relacionados con la migración se han focalizado en los movimientos de personas desde ámbitos rurales y hacia las grandes ciudades y, recientemente, ponen especial atención en los movimientos transfronterizos. En ambos casos, los sectores más pobres han sido estudiados de manera más o menos exhaustiva,2 por lo que las clases medias y los estratos superiores han sido poco atendidos.

Para contribuir al conocimiento de la relación entre migración de clases medias y reestructuraciones urbano–regionales, este artículo plantea la necesidad de un marco analítico aunado a un trabajo empírico. Por un lado, los procesos de transformación urbano–económicos en el ámbito regional se ven acompañados de nuevos patrones migratorios; pero, por otro lado, son los sujetos quienes a partir de sus acciones cotidianas de empleo, desplazamiento, consumo, etcétera, construyen esos contextos. Es por ello que se concibe a la migración como un integrante del fenómeno de reestructuración urbano–regional, construido por diferentes actores en distintos niveles.

En los estudios sobre migración, el mercado de trabajo hajugado un papel determinante, pues se ha considerado a la migración como un medio para que la población obtenga un ingreso superior. Sin embargo, esa conceptualización puede ser aplicada en general a los grupos de menores ingresos. La migración de clase media ha estado ligada a factores como la búsqueda de mejores condiciones de vida y no sólo a cuestiones laborales. Es decir, existen factores no inmediatamente económicos que también cumplen una función cardinal en la migración.

La migración de población calificada (por lo común de clase media) está fuertemente incentivada por la capacidad que tienen los mercados de trabajo para absorberla, pero también está marcada por la búsqueda de espacios más ligados a un estilo de vida particular (aunque signifique costos de vida mayores).3 En este sentido, el mercado de vivienda, las posibilidades de entretenimiento, el acceso a servicios públicos y privados y la infraestructura que pueda ofrecer el lugar de destino son importantes estímulos para la movilidad de ese grupo (Stockdale, 2006; Ferguson et al., 2007; entre otros).

En este ensayo se presentan los resultados de las entrevistas a profundidad realizadas a 16 individuos (13 hombres y tres mujeres) que dejaron la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) entre 1996 y 2004.4 Aunque el instrumento de captación se centró en las características demográficas, la decisión de dejar la ZMCM, la elección de la ciudad a la cual dirigirse y la forma de integración al nuevo ambiente, este artículo solamente se enfoca en la decisión de abandonar la Ciudad de México.5

El texto está dividido en tres grandes apartados. En el primero se muestra un breve panorama del planteamiento analítico propuesto para el estudio de la relación entre clase media, reestructuración urbano–regional y migración. A continuación se expone el caso de la emigración de la ZMCM6 a Querétaro. El artículo termina con algunas consideraciones finales.

 

Reestructuraciones urbano–regionales y migración

Las transformaciones urbano–regionales han sido vinculadas con diversos procesos de carácter económico–espacial y social. Entre los primeros, la espacialización del sistema productivo resulta en patrones específicos de localización de empresas y mercados de trabajo. En la geografía económica regional ha sido ampliamente discutido cómo es que los sistemas productivos suelen organizarse en espacios más o menos delimitados por una o varias ciudades de distinto tamaño y un hinterland que las rodea (Ortega, 2000). Desde las teorías del lugar central hasta las actuales que analizan el proceso de globalización y su influencia en los sistemas productivos regionales, la constante ha sido revisar la forma en que las ciudades construyen "su espacio". En este sentido, los mercados de trabajo y la localización de las empresas han sido los fenómenos más importantes en la estructuración de los espacios regionales.

Entre los elementos sociales se encuentran sobre todo los asentamientos (por lo general urbanos) y los patrones migratorios. El tamaño de las ciudades muestra qué tan igual/desigual puede estar estructurado un sistema urbano–regional. Por su parte, los patrones migratorios hablan de qué tipo de movimientos se dan de manera señalada en el interior de las regiones. Éstos pueden ser definidos grosso modo como campo–ciudad, ciudad–ciudad, ciudad–campo o campo–campo.

Geyer y Kontuly han propuesto un modelo analítico que intenta evidenciar las transformaciones regionales desde un punto de vista de ciclos (Geyer y Kontuly, 1993; Geyer, 1996 y 2003) . Para los autores, las regiones pasan por procesos de concentración–desconcentración de población y actividades económicas. Los sistemas urbano–regionales pasan por seis grandes etapas, que van desde la concentración en una ciudad hasta la desconcentración en ciudades pequeñas.7 En las primeras etapas (las de concentración), las economías de aglomeración y de escala juegan un papel decisivo, mientras que en las últimas, gracias a la innovación tecnológica, éstas (al menos industriales) no son tan importantes y se puede tener un sistema urbano–regional desconcentrado. Sin embargo, no sólo las economías de aglomeración y de escala inciden en la organización regional. Los mercados de vivienda, la oferta de servicios y la migración también son relevantes para entender el proceso. En el presente artículo nos centramos en este último aspecto.

En el siguiente apartado se realiza una introducción a cómo se concibe la relación entre migración y reestructuración urbano–regional. Por falta de espacio se presentan únicamente los lineamientos generales de la postura (Boyle, Halfacree y Robinson, 1998; Champion, 1989; Izazola y Marquette, 1995 y 1999). Más que una relación entre procesos económicos y movilidad, el marco analítico propuesto puntualiza que los mercados de trabajo regionales, las opciones recreativas de las ciudades y los procesos de crecimiento también repercuten en la movilidad de las personas.

En un primer momento se presentan algunos datos sobre la importancia de la migración entre ciudades en México dentro de procesos de reestructuración urbano–regional, en particular de la emigración de la ZMCM. Los dos últimos subapartados están dedicados a la exposición breve del marco analítico que guió esta investigación.

Transformaciones urbanas y desplazamientos en México. Algunos datos

En México, como en buena parte de América Latina, las grandes ciudades han ido disminuyendo sus tasas de crecimiento (CEPAL, 2000; Garza, 2003). Aunque se ha insistido en que la crisis económica ha sido en buena medida la causante de la modificación de estos patrones, no es del todo claro que pueda explicar en su totalidad el cambio en la distribución por tamaños y la localización de las ciudades (Cuervo y González, 1997).

A consecuencia del cambio del modelo de acumulación, desde la década de los setenta el sistema urbano mexicano pasa por un proceso de transformación. Las ciudades de mayor tamaño perdieron peso relativo, mientras que ciudades de tamaño intermedio, especializadas en la industria y los servicios, lo ganaron. Al presentar un crecimiento económico y urbano, éstas últimas se han convertido en lugares de llegada de población. Según Anzaldo (2003), en México las ciudades grandes contribuyeron con 38% al crecimiento demográfico nacional entre 1990 y 2000, en tanto las ciudades medias y pequeñas lo hicieron con 42.1%.

A la repercusión espacial del agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, la crisis económica y las reformas estructurales se suman dos factores demográficos: la disminución de la natalidad, sobre todo en esas ciudades, y la modificación de los patrones de movilidad de la población. Al decrecer la tasa de natalidad, la migración pasó a ser el componente fundamental de la distribución de la población. Al mismo tiempo en que se convierte en el modelador primordial de la distribución de la población, la migración experimenta la reformulación de sus principales características: a los movimientos de carácter rural–urbano se sumaron aquellos urbano–urbano (CONAPO, 1999). Así, buena parte del crecimiento de las ciudades medias estuvo marcado por este cambio en la dirección de los movimientos de la población.

Anzaldo (2003: 32) calcula que del total de movimientos realizados en México entre 1995 y 2000, 34.9% tuvo como destino una ciudad de tamaño intermedio y a las ciudades grandes se dirigió 28.8%. De entre todos los movimientos internos, los más importantes son los de tipo urbano–urbano. Con ello, la migración se convirtió en la bisagra que unía la modificación del modelo de acumulación y la del sistema urbano.

En un estudio previo (Pérez, 2006a y 2006b) mostré que la emigración de la ZMCM se relacionaba con la transformación urbano–regional en lo que se definió como Región Centro (Distrito Federal, Estado de México, Morelos, Tlaxcala, Puebla, Morelos y Querétaro). Los principales cambios se relacionaban con la desconcentración de las actividades económicas (industria y servicios) y con la emergencia de un mercado de vivienda en las ciudades que rodean la ZMCM. Aguilar (2002 y 2003), por su parte, muestra que la relocalización de las actividades industriales y la "terciarización" de la economía de la ZMCM incentivan la desconcentración de la población en la misma región. Es por ello que ciudades como Querétaro, Pachuca, Toluca y Cuernavaca han crecido de manera importante en las dos últimas décadas.

En este contexto, la zona Metropolitana de la Ciudad de México, no obstante seguir siendo la que más población neta atrae, se convierte en la ciudad que más pobladores expulsa (véase cuadro 1) y la que influye en gran medida en la totalidad de los movimientos internos en México (CONAPO, 2000; Santos y Pérez, 2006). La migración hacia y desde la ZMCM ha tenido consecuencias concretas tanto para ella como para una porción significativa de las ciudades que la rodean (Pérez, 2006b), pues la mayoría de los movimientos tienen su origen o destino en su área de influencia. En un trabajo anterior (Pérez, 2006a) señalé que la ZMCM tiene balances migratorios negativos netos respecto del total de las zonas metropolitanas y los municipios urbanos de la región centro. En otras palabras, más población deja la ZMCM y se dirige a las zonas metropolitanas que la que llega a ella.

La emigración de la ZMCM hacia la Zona Metropolitana de Querétaro (zmq) fue de poco más de 27 mil individuos entre 1995 y 2000. Ahora bien, si se compara con los cinco mil que llegaron de la segunda a la primera, el saldo migratorio neto de la ZMCM es negativo en poco más de 22 mil personas. Del total de la inmigración que recibió la zmq, 41% provenía de la ZMCM. Aproximadamente 25% del total de la población que dejó la ZMCM para residir en Querétaro contaba con bachillerato o licenciatura. Además, 30% del total de la población ocupada que se mudó de la primera hacia la segunda puede ser considerada como calificada (Pérez, 2006b).

Reestructuración urbano–regional: consideraciones económicas

A partir de la transformación productiva internacional (o la tercera revolución tecnológica, como algunos la llaman) de la década de los setenta, los sistemas urbanos pasan por un proceso de ajuste. Las grandes ciudades comienzan a experimentar una desconcentración de su población. Ciudades pequeñas y medianas que se encuentran en el área de influencia de las primeras tienen un auge importante debido a la desconcentración de la industria y de los servicios.

Cuando los costos de producción en la industria sobrepasan cierto límite y se encuentran disponibles innovaciones tecnológicas en los sistemas productivos, las industrias tienden a desconcentrar sus actividades desde las grandes ciudades hacia otras de menor tamaño. Sin embargo, las únicas ciudades que reciben la actividad económica desconcentrada son aquellas que disponen de infraestructura y de un mercado de trabajo consolidado (o en proceso de consolidación), las cuales suelen atraer las inversiones.

Por otro lado, la distribución espacial de los servicios presenta una doble tendencia: las actividades ligadas al mercado mundial, por ejemplo los servicios financieros, tienden a concentrarse en las grandes ciudades, mientras que las actividades de servicios que acompañan a las personas, por ejemplo los servicios personales, presentan cierto tipo de desconcentración. Así, se presencia una modificación del número de establecimientos comerciales y de servicios instalados en las ciudades de tamaño medio.

La desconcentración de las actividades económicas incrementa o modifica los mercados de trabajo locales. En el primer caso, determinados espacios (generalmente ciudades) ven crecer el número de empresas y trabajadores; en cuanto al segundo, la demanda y la oferta de empleo presionan para que las características de la mano de obra se transforme según los requerimientos de las compañías. En ambos casos, la oferta–demanda de la fuerza de trabajo está mediada por la acción del Estado. No se trata de "mercados perfectos" en el sentido de la economía clásica y neoclásica, sino que tanto la oferta como la demanda están mediados por las regulaciones del Estado y aun por su participación en otras esferas como en el adiestramiento de la mano de obra o la planeación urbana.

Aunado al crecimiento de las actividades económicas y del empleo, comúnmente las ciudades que rodean a la principal también experimentan cierto desarrollo inmobiliario. Así, la transformación de los mercados de trabajo se vincula con una considerable oferta en materia de vivienda, condición necesaria para que exista un crecimiento poblacional. Es por ello que factores como la acción del Estado, sobre todo mediante la planeación, suelen ser muy significativos a la hora de analizar los procesos de ajuste regional. Acompañando a estos fenómenos se observa una modificación de los movimientos de las personas. Los flujos campo–ciudad, a pesar de ser aún importantes, ceden su espacio al creciente número de desplazamientos entre ciudades. Aunque no como regla, la transformación de los patrones migratorios está acompañada por una disminución de la tasa de crecimiento media de la población.

Reestructuración urbano–regional: factores no económicos

Lo presentado hasta este momento también tiene una cara no económica. Generalmente, los trabajos que tratan temas no económicos en materia de migración se basan en dos perspectivas. Por un lado, los estudios demográficos se enfocan en el tipo de migrante, el tamaño de la unidad doméstica (cuando está formada), la condición de actividad, la calificación laboral, etcétera, con lo cual se tiene una amplia visión sobre formas y clases de migración. La intención, la mayoría de las veces, es conocer cómo se presentan esos tipos de migración dependiendo de los lugares de origen y destino así como su relación con otros fenómenos tales como la fecundidad y el crecimiento de la población. Por otro lado, en estudios de corte cualitativo, éste entre ellos, se recurre a preguntas como la forma en que experimentan los migrantes las transformaciones regionales, cómo se construyen las redes sociales y cómo se distribuye el capital cultural–social para que se presenten los movimientos de las personas. Esta perspectiva puede establecer una relación entre experiencias y transformaciones macro mediante el análisis de lo que la gente tiene que decir de su movimiento. Además de ser un proceso que se construye de manera inductiva (desde los relatos), también lo hace de forma deductiva (sobre el establecimiento de hipótesis en el nivel teórico que se operacionalizan en preguntas concretas).

Además, se concibe a las experiencias de quienes se mueven como socialmente construidas a través de contextos económicos, sociales y discursivos específicos (Lawson, 2000). Esto es, las condiciones en las que los individuos se desenvuelven influencian la manera en que perciben la realidad, pero también las condiciones propias de cada uno de ellos (edad, sexo, nivel educativo, entre otras) determinan el modo en que esa realidad es "decodificada", argumentada y, sobre todo, sirve como una guía para sus acciones. Los individuos toman decisiones y actúan de acuerdo con la forma en que se estructura la realidad ante ellos y la forma en que la decodifican.

Los estudios sobre migración (Lu, 1999; Boyle, Halfacree y Robinson, 1998) puntualizan la importancia que tienen tres momentos de un mismo proceso: a) la decisión de cambiar de lugar de residencia, b) la elección del lugar a donde mudarse y c) el momento en que se hará. Sin embargo, habrá que tomar con cuidado estos elementos pues, como afirma Lu (1999), existe una confusión al momento de analizar los movimientos de la población desde la vertiente de los estudios cualitativos. Ésta se refiere a que los deseos de moverse no se transforman necesariamente en acciones. En otras palabras, las condiciones objetivas de la unidad doméstica o de las personas se combinan con sus deseos. Aquí se presenta una interrelación entre la(s) condición(es) social(es) de los migrantes, las negociaciones en el interior de la familia además de las formas en que la práctica se lleva a cabo (Izazola y Marquette, 1999; Findlay, Short y Stockdale, 2000).

Otra cosa que hay que recordar, dice Lu (1999), es que los movimientos no son necesariamente planeados con mucha anticipación. En este caso, las circunstancias que rodean a los individuos influyen de modo determinante (por ejemplo, incrementos en los precios de las rentas, desempleo o desastres) produciendo desplazamientos. Con ello el autor pone en el centro de la explicación la condición sociodemográfica de los individuos y las contigencias, pero al mismo tiempo es útil para reconocer que éstos toman decisiones sobre si se mueven o no. Desde nuestra perspectiva, esto nos permite evaluar las condiciones anteriores y aquellas que posibilitaron el desplazamiento, pero además conocer cómo se tomó la decisión de trasladarse de un lugar a otro.

Los trabajos más recientes sobre la migración se inclinan a considerar factores como la búsqueda de tranquilidad, menor contaminación, menor estrés, acceso al mercado de vivienda, entre otros, como condiciones específicas de los movimientos de la población desde grandes ciudades. Conceptos como migración según estilo de vida (lfestyle migration) y calidad de vida indican la importancia cobrada por aspectos que van más allá de la utilidad marginal monetaria obtenida por el cambio de residencia (Hoey, 2005). Aunque es importante aclarar que el aspecto económico/laboral no desaparece, sino que se entrelaza con las aspiraciones de los migrantes.

En general, la migración ha sido ligada a la búsqueda de una mejor calidad de vida. En este contexto, calidad de vida es entendida en un sentido amplio, que incluye factores medibles y no medibles. Entre los aspectos más resaltados se encuentran: contaminación ambiental, tráfico, delincuencia, oferta de servicios públicos y privados, cercanía a espacios no urbanos, así como percepciones sobre el lugar de residencia y al cual se dirigen los migrantes. Esto es relevante debido a que existen diversas formas de analizar el término calidad de vida. Para algunos es una medida "objetiva" y que puede ser medible a través de estadísticas, mientras que para otros es una cuestión eminentemente intrínseca y que sólo puede ser aprehendible en términos cualitativos. En el caso de este trabajo, se plantea una construcción intermedia que privilegia tanto los factores "objetivos" de reestructuración urbano–regional como los "subjetivos" de percepción. Por esta razón se planteó que la migración únicamente puede darse cuando existe ese "deseo" de migrar y las condiciones se presentan.

Además, la movilidad de la población está estrechamente vinculada con las representaciones que se tienen de los espacios a los que se pretende llegar. Parece haber una consideración común: existe cierto tipo de "visiones" que hacen a las ciudades de menor tamaño más atractivas en términos de calidad de vida y más accesibles para determinados grupos sociales, en especial para las clases medias (Boyle, Halfacree y Robinson, 1998; Champion, 1989; Henderson, 2005; Ferguson et al., 2007), sin duda por la oferta de servicios y empleo. Así, la conformación de un discurso sobre la migración desde las grandes ciudades tiende a estar cruzado por la búsqueda de ciudades más pequeñas y con frecuencia ligado a un modo de vida "menos urbano".8

En el caso mexicano, desde la década de los ochenta se ha encontrado que ante las condiciones de deterioro ambiental y social de la ZMCM una parte considerable de la población ha pensado o ha intentado mudarse de la ciudad (Cantú y Luque, 1990; Pérez, 2006a). Por lo común, los individuos que dejan la ciudad buscan mejores condiciones ambientales y un mercado de trabajo que pueda absorberlos.

Para destacar la interacción entre condiciones macro y micro junto con aspectos no económicos de la migración, este trabajo aborda el tema de la emigración desde la ZMCM, tomando como grupo de análisis a una parte de la clase media. Ésta es uno de los sectores sociales que mejor representa este nuevo tipo de estilos de movilidad, pues debido a sus niveles de calificación laboral y educativa y sus aspiraciones de vida tiende a cambiar de residencia con mayor frecuencia y busca la calidad de vida que sólo las ciudades medianas y grandes pueden ofrecer.

 

Migración de las clases medias de la ZMCM hacia Querétaro

Características de los migrantes entrevistados

La población entrevistada fue en su mayoría del sexo masculino (véase cuadro 2), jóvenes y generalmente en la primera etapa de formación de la unidad familiar o todavía no se unían, situación que se refleja en el número de ocupantes por hogar.9 Dadas sus características educativas y ocupacionales, gran parte de los entrevistados puede considerarse como empleados calificados y labora en el sector servicios y en la industria. El grueso de ellos ganaba más de diez salarios mínimos, mientras que ninguno tenía un ingreso menor a tres.

Trayectoria de vida y unidad doméstica

El primer elemento que hay que tomar en cuenta a la hora de analizar la decisión de migrar es el curso de vida de los individuos o de la unidad doméstica (Nivalainen, 2004; Boyle, Halfacree y Robinson, 1998). Si bien es cierto que el hecho de encontrarse en determinada edad o fase del desarrollo "propicia" o no que las personas se muevan, esto no predice en sentido estricto los desplazamientos. Diversos estudios en el ámbito internacional hablan de la importancia de la trayectoria de vida de los individuos como un factor que desemboca en la diferencia de patrones migratorios (Boyle, Halfacree y Robinson, 1998). Por ejemplo, se pueden distinguir grosso modo tres etapas. La primera es la salida de la casa de los padres. La segunda, aquellos movimientos realizados en la etapa de formación y consolidación de la unidad familiar; y, la tercera, la etapa de retiro (Champion et al., 1998). Sin embargo, este último tipo de movimientos es más común en países desarrollados. En naciones como la nuestra, dada la importancia que tiene la familia en el desarrollo de los jóvenes y la falta de planes de retiro adecuados para que los adultos mayores puedan costear una casa de campo, no necesariamente se presentan estas pautas. Por ello, la migración más importante en México es aquella que se presenta en la etapa temprana de la formación del hogar o, bien, al inicio de la vida económicamente activa (o ambas).10

Las formas que adquiere la migración están vinculadas con la necesidad de un espacio propio (usualmente expresado como una vivienda propia). En general, tenemos dos formas de migración: la primera es aquella en donde los planes se construyen al inicio o, incluso, antes del matrimonio:

Nosotros tomamos la decisión de manera consensuada. Ya teníamos la idea de migrar desde tiempo atrás, después de casarnos. Así que después fue fácil (contador público, 32 años, licenciatura terminada).

Nosotros comenzamos a andar como novios a inicios de la década de los noventa. En ese momento ya teníamos la idea de migrar. Claro que no sabíamos que sería Querétaro; queríamos un lugar cerca, un lugar cerca de la familia (empleado bancario, 31 años, bachillerato terminado).

La segunda forma de migración la representan los casos en donde la decisión es tomada como respuesta a la necesidad de construir un espacio propio:

Lo que quería era estar lejos de mi familia (...) En mi caso, el núcleo del problema fue que el ambiente familiar no concordaba conmigo. El objetivo era salirme de mi casa (planeadora territorial, 34 años, licenciatura terminada).

Esa búsqueda de espacio tiene que ir acompañada de un empleo que permita a los individuos insertarse en el mercado de consumo y satisfacer sus necesidades, al menos las básicas. La existencia de un mercado de trabajo más o menos maduro puede brindar las oportunidades para que esta clase pueda incorporarse a él.

Mercado de trabajo

El matrimonio o la salida de la casa de los padres o parientes está estrechamente relacionado con el mercado de trabajo. Mientras que el seno familiar permite disponer tanto del espacio como de los medios para adquirir habilidades e insertarse en el mercado de trabajo, la salida de la casa de los padres produce un doble fenómeno: por un lado, la búsqueda de una vivienda y, por el otro, de un trabajo (para aquellos que no lo tienen). Entonces, entran en operación al mismo tiempo estos dos mecanismos: los mercados de trabajo y de vivienda.11 Sin embargo, ¿qué pasa cuando la salida de los jóvenes del hogar de sus padres coincide con la migración? En este caso, la búsqueda tanto de vivienda como de empleo tiene que realizarse en otra ciudad. Respecto a los emigrantes de la ZMCM hacia Querétaro, encontramos experiencias en donde la búsqueda de empleo se hizo desde la primera, esperando tener las suficientes oportunidades para integrarse a un mercado "menos competido":12

Yo quería salirme de mi trabajo y no intenté buscar otro en la ciudad de México. De hecho comencé a buscar trabajo en Querétaro desde que estaba allá, aunque no encontré. Afortunadamente mi jefe me apoyó con la liquidación, pero nos venimos sin trabajo (contador público, 32 años, licenciatura terminada).

No obstante, otros solamente han cambiado de ciudad y ahí comienzan a buscar empleo, esperando que el crecimiento del mercado de trabajo les permita sumarse a él de la mejor manera:

Yo trabajaba para el banco Banorte, pero renuncié y me vine sin trabajo. Ahora estoy buscando uno. Independientemente de que tengo oportunidades en el banco Santander, pero hay que buscar. Ésta es una de las ventajas de la provincia, aquí no hay tanta rotación ni competencia. Aquí es más estable el trabajo (empleado bancario, 36 años, licenciatura incompleta).

En las teorías de la migración se pone especial interés en la forma en que funcionan los mercados de trabajo como uno de los factores más importantes en los movimientos de la población. No sólo se trata de la diferencia salarial sino también de las condiciones en que se trabaja (condiciones laborales) y la oferta de trabajo especializado según las necesidades de cada uno de los espacios. Las condiciones laborales cumplen un papel cardinal en tanto se constituyen como ese elemento añadido al trabajo y con el cual se pueden tomar las decisiones. Entre los factores más relevantes de ese plus están la flexibilidad de horario, las prestaciones, la buena relación con el jefe y los compañeros, la facilidad de desplazamiento hacia el lugar de trabajo, entre otros.

Asimismo, encontramos pocos casos donde la migración haya sido forzada por la desocupación laboral (los cuales se analizarán más adelante), pero sí hallamos ejemplos en donde la demanda y el nivel de preparación de esa fuerza de trabajo calificada convergen. Es una suerte de engranaje que permite a la población que busca acomodo en el mercado de trabajo insertarse en él y, al mismo tiempo, cubrir la necesidad que éste tiene de personal con cierto perfil. La migración de población con estas características se ha concebido como una de las formas en que las ciudades de menor tamaño pueden proveerse de los empleados necesarios para transformar sus respectivas economías, lo que para los individuos representa, a su vez, una forma de incorporarse de mejor manera en el mercado laboral. Así lo expresa uno de los entrevistados:

Lo que pasa es que venía a ver a mi hermana y entonces se presentó la oportunidad de tener un trabajo. Mi cuñado me presentó con gente, que, por decirlo así, necesitaba empleados. Lo que pasa es que vi la oportunidad de entrar a una empresa internacional, con un sueldo más o menos competitivo y, pues, no deseché la oportunidad. De hecho, yo no nunca tuve el plan de vivir en Querétaro. Simplemente mi hermana vivía y trabajaba aquí y cuando yo vine a visitarla se presentó la oportunidad de trabajo (ingeniero en sistemas, 36 años, ingeniería completa).

Los relatos anteriores muestran la migración de personas que estaban empleadas, pero ¿qué sucede con aquellas que no lo estaban? Al respecto, las teorías de la migración hacen énfasis en los agregados de empleo/desempleo. En este caso, nos encontramos con las experiencias de dos personas que estaban desempleadas y que decidieron migrar:

Sí, como te decía, no encontramos trabajo allá y decidimos venirnos para acá. Me vine por trabajo. Sé que aquí hay más chances de trabajar. En realidad yo soy contador público pero me dediqué más al comercio (comisionista, 35 años, licenciatura completa).

Así, se concibe a la migración como una oportunidad de mejorar laboralmente o como un medio para insertarse en el mercado de trabajo, que los expulsó del lugar de residencia anterior. Pero, incluso para los desempleados, la búsqueda de empleo no es el único elemento a evaluar:

Yo trabajaba para la aduana. Se me acabó el contrato y tardé mucho para conseguir que me recontrataran. Después me ofrecieron un menor salario y decidí renunciar. En ese momento surge la posibilidad de venirse a Querétaro y no lo pensé dos veces. Fueron dos las razones principales: no tenía trabajo y años antes había comprado casa en Querétaro. Es una ciudad con menos violencia, con menos inseguridad, con más tranquilidad. Pero el cambio no fue fácil, fue una decisión drástica. Nos venimos con mucha incertidumbre porque los dos estábamos sin trabajo y teníamos que mantener a la familia. Ya teníamos un hijo (bibliotecario, 41 años, licenciatura completa).

La forma en que se presentan los relatos indica la importancia de la coexistencia de dos elementos: empleo y calidad de vida. Las teorías de la migración más recientes tienden a poner especial atención en los factores no económicos cuando se decide migrar. En este sentido, los movimientos de la población son una respuesta al deterioro/búsqueda de mejor calidad de vida,13 factores que en múltiples ocasiones habían sido olvidados en la literatura económica y regional.

Calidad y perspectiva de vida

Las narraciones permiten acercarnos a elementos que aparecen con mayor frecuencia a la hora de la racionalización y la explicitación de los motivos del cambio de lugar de residencia: la calidad y la perspectiva de vida.14

La mayoría de los entrevistados mencionaron como uno de los motivos principales del movimiento las condiciones de inseguridad/violencia, el tráfico, la contaminación ambiental y la falta de acceso a la vivienda en propiedad.15 En el caso que nos interesa en este momento, la movilidad de la población está claramente influida por la búsqueda de esos espacios que se escapan a la anarquía prevaleciente en la gran ciudad. Este grupo de entrevistados considera a la Ciudad de México caótica, violenta, contaminada, individualista y donde la capacidad de crear relaciones afectivas se ve severamente restringida.

Estos factores mantienen una relación que difícilmente puede separarse, puesto que las circunstancias ambientales (en este sentido, ecológicas, de percepción de la inseguridad y del incremento del tiempo perdido en los trayectos cotidianos) se conjugan con la dificultad de estas familias para insertarse en el mercado de vivienda.16 La migración, desde este punto de vista, es un intento de escapar de las condiciones medioambientales imperantes en la ZMCM:

Fíjate que comentábamos hace rato lo de los asaltos pero afortunadamente no nos tocó ninguno. La decisión de venirnos para acá fue el tráfico, tanto tiempo perdido en el tráfico. Otra cosa fue la inseguridad, el niño estaba chiquito y nos daba miedo porque escuchábamos que los asaltantes te bajaban del coche y te asaltaban. Y otra razón eran los sismos. La guardería estaba abajo del edificio y me llegó a tocar uno, dos o tres. En dos ocasiones hubo amenaza de bomba. Eso nos llevó a pensar ¿en dónde estás viviendo? Eso nos llevó a pensar en la calidad de vida que le das a tus hijos. Pero, en realidad, lo que nos llevó a pensar en salirnos fue que Joaquín se enfermaba mucho. Aunque ya teníamos la intención de salir de la Ciudad de México e irnos a provincia, no importaba el lugar [...] Algo que también nos impulsó a salir fue el hecho de que no podíamos comprar un departamento en la Ciudad de México, pero empezamos a ver opciones. Pero en cuanto comenzamos a buscar nos dimos cuenta de que íbamos a vivir en un huevito y ¡estaban carísimos! (contador público, 32 años, licenciatura terminada).

Dentro de los aspectos medioambientales, la vivien–dajuega un papel medular. Tener acceso a ella en ciudades como México suele estar claramente sesgado hacia determinados individuos, en particular aquellos con un ingreso superior a los cinco salarios mínimos. Aunque, en teoría, buena parte de la clase media podría obtener una vivienda, esto no necesariamente es así, pues su precio supera el monto promedio de lo que podría pagar.

Tienes ciertos sueldos, tienes la oportunidad de comprar, tienes los requisitos que te piden. La gente de mi edad no puede comprar casa. Si yo compré la casa fue porque tengo un sueldo que me permite comprarla, pero otras no pueden (planeadora territorial, 34 años, licenciatura terminada).

Entonces, la racionalización de los motivos por los que decidieron dejar la ciudad pasan tanto por las condiciones materiales (falta de espacio, precio de la vivienda, calidad del aire, empleo) como por las formas en que se establecen las relaciones sociales y familiares (en este caso, una fuente importante de información) y las valoraciones respecto al futuro de la familia (un mejor futuro para los hijos, por ejemplo).

No obstante los entrevistados en general indicaron que su calidad de vida había mejorado, tenían que limitarse en ciertos aspectos. Es decir, mejoran las condiciones de vida, pero mudarse implica algunos costos, aunque al final resultan menores que los beneficios:

Es lo que te decía, el precio de la vivienda es menor aquí en Querétaro, pero el costo de la vida es mayor aquí. Es como te decía, hay ventajas de vivir aquí, como la tranquilidad, las vías están más fluidas, pero en la Ciudad de México hay otras cosas como las compras, la diversión, museos. Por ejemplo, la comida. En México en cualquier tiendita compras cosas de la mejor calidad, aquí no (ingeniero en sistemas, 36 años, ingeniería completa).

Como ya he mostrado en otro lugar (Pérez, 2006a), los movimientos hacia ciudades de mayor tamaño se caracterizan por la búsqueda de mejores condiciones laborales, mientras que los que se dirigen hacia las más pequeñas (o incluso pueblos o ámbitos rurales) ocurren como respuesta a la inconformidad con la situación ambiental. Las experiencias de los migrantes tienen ambos aspectos: la búsqueda de mejores condiciones de vida y de empleo. Es decir, el deterioro de las condiciones de vida presiona para que se produzcan pensamientos sobre la necesidad de migrar; sin embargo, éstos no son suficientes para que la gente se mueva. Solamente se puede producir el desplazamiento cuando toda una serie de circunstancias que rodean a los individuos (o a las familias) son propicias. Con ello sostenemos que muchos de los procesos pertenecen a un mismo fenómeno denominado reestructuración urbano–regional: los cambios en la localización de las actividades económicas, el impulso de la urbanización por fuera de las grandes zonas metropolitanas (que se compone de los mercados de vivienda y de diversos servicios que se expanden en el territorio) y ciertos cambios en la estructura familiar. Más allá de una línea causal que vaya de la transformación económica a los fenómenos urbanos, sociales y demográficos, cada uno de estos procesos se concatenan produciendo espacios regionales específicos. La forma de articulación del capitalismo incentiva la desconcentración de la actividad económica, pero únicamente cuando los otros factores se presentan (incremento de la oferta de vivienda en ciudades secundarias, mayor movilidad de la población, cambios en los patrones demográficos) sobrevienen los procesos de reestructuración regional.

 

Consideraciones finales

En este trabajo intentamos conocer cómo es que la migración tiene una cara regional y otra individual/ familiar, las cuales pueden ser analizadas conjuntamente: por un lado, que las experiencias de los migrantes (en este caso la decisión de migrar) se encuentran inmersas dentro de un contexto social, económico y regional particular, y, por el otro, la forma en que las acciones de los sujetos cambian de manera importante el fenómeno estudiado.

La migración interna como objeto de investigación se ha modificado con los años. A las posturas de corte económico y geográfico que privilegiaban las condiciones de equilibrio de los mercados de trabajo, por una parte, y la migración en búsqueda de mayor salario, por la otra, se le han sumado diversas perspectivas antropológicas, sociológicas e incluso psicológicas. Este hecho ha traído consigo nuevas formas de mirar los desplazamientos y suele considerárseles, hoy en día, un fenómeno multidimensional de tiempos y factores cambiantes. No se trata de olvidar que la migración tiene una cara económica sino cómo a ésta se le añaden otros factores y, lo más importante, cómo éstos se interrelacionan, borrando muchas veces los límites entre cada uno de ellos.

El trabajo que queda por realizar es mucho. En este artículo se presenta una de las vertientes que pueden ser exploradas con mayor profundidad: la relación entre cambios regionales y el papel activo que juegan los que se mueven. Explicar que la migración es un fenómeno multidimensional llevó a la necesidad de plantear que, si bien es cierto que la oferta de empleo cumple una función central, la oferta de vivienda, mejores condiciones de vida y la trayectoria de vida son igualmente importantes.

 

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Notas

1 Por ejemplo, en Estados Unidos de América hay una escuela de trabajo consolidada en estudios sobre movilidades urbanas, la cual abarca desde los estudios clásicos sobre migración internacional a ciudades como Chicago, Nueva York o Los Ángeles, hasta aquellos en torno a la contraurbanización y urbanización del campo, pasando por la suburbanización.

2 El estudio de la migración internacional de individuos calificados ha tomado auge en los últimos años gracias a la necesidad de saber qué es lo que sucede con la "fuga de cerebros" y la forma en que este segmento se inserta en los países receptores; pero, en la escala subnacional, este tipo de estudios son escasos.

3 Esto explica, según Gianetti (2003), por qué la población más calificada suele ir a las regiones más ricas y con mayor desarrollo.

4 Éstas fueron llevadas a cabo entre noviembre de 2004 y febrero de 2005. El trabajo no tuvo la intención de hacer un análisis del discurso sino simplemente conocer cómo se tomó la decisión de migrar y cuáles fueron los elementos más importantes para ello. En particular, el interés se concentraba en conocer la forma en que cada uno de estos factores se relacionaba con los otros, destacando los distintos niveles (o escalas) que intervienen. Se destacaron los aspectos económicos (mercado de trabajo, salario), los individuales (edad, sexo, etapa de la vida) y los urbanos (vivienda, servicios, medio ambiente).

5 Hay que hacer notar que las entrevistas fueron realizadas después del traslado, por lo que los factores positivos de éste pueden estar sobrevalorados.

6 En este trabajo se toma la definición de zonas metropolitanas hecha por el Consejo Nacional de Población, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, y la Secretaría de Desarrollo Social; así, se considera que la ZMCM está integrado por las 16 delegaciones del Distrito Federal, 58 municipios del Estado de México y uno del estado de Hidalgo.

7 Para una exposición más a fondo, véanse Geyer y Kontuly (1993) y Geyer (1996 y 2003).

8 Este tipo de factores fueron puestos en discusión desde que a inicios de los años setenta, en Estados Unidos de América, se percataron del denominado éxodo urbano. En realidad, lo que se buscaba era tener los beneficios de la vida urbana (servicios e infraestructura) junto con un mayor espacio, "cercanía con la naturaleza", mayor capacidad de realizar labores de esparcimiento a espacio abierto, etcétera.

9 De los 16 casos, cinco no estaban unidos. El promedio de ocupantes por hogar esconde una situación particular. De los cinco solteros, cuatro vivían en hogares donde los ocupantes eran familiares cercanos y únicamente uno vivía solo.

10 Esto es particularmente cierto si tomamos en consideración lo que afirma Partida (2003): el crecimiento demográfico en las ciudades en México, en especial las de tamaño medio (de cien mil a un millón de habitantes), está altamente influenciado por la migración de población joven (15–29 años). Esto viene a confirmar los resultados aquí presentados.

11 Con todo, habría que resaltar que esto es un modelo ideal, porque en la realidad nos encontramos con una variedad más amplia de situaciones que van desde el trabajo anterior a la salida hasta vivir en hogares extensos, lo que implica la cohabitación de más de una familia en un mismo techo. Ambos extremos son más que comunes en México.

12 Es importante mencionar que 13 de los 16 entrevistados indicaron que en la ciudad de Querétaro era más fácil encontrar un empleo debido a que no existía la competencia que había en la ZMCM.

13 En México, no se ha explorado mucho el tema. Quizá los trabajos de Izazola y Marquette (1995 y 1999), aunque dedicados al estudio del papel del deterioro medioambiental en la migración, sean los que más se acercan a este tratamiento.

14 El concepto calidad de vida adoptado para este trabajo indica que se trata de un fenómeno multidimensional/temporal en donde intervienen factores económicos (empleo, ingreso), vivienda, acceso a servicios y bienestar social, además de una parte subjetiva–aspiracional que solamente puede ser determinada por individuos concretos, todo ello dentro de un marco de desigualdad regional que implica un acceso diferencial al bienestar. Para una discusión sobre el concepto de calidad de vida, véanse Sirgy (1998); Beckie y Hayduk (1997); Diener y Suh (1997); y Cramer, Torgersen y Kringlen (2004). Un estudio aplicado a la Ciudad de México es el de Palomar (2000). Un trabajo seminal en la búsqueda de la relación entre migración y calidad de vida fue el de Porell (1982).

15 Del total de entrevistas, 11 reportaron que la razón principal se relacionaba con factores no económicos, lo que indica la importancia que tiene este tipo de desplazamientos.

16 Según la agrupación Metrópoli 2025, ocho de cada diez personas económicamente activas no poseen la capacidad económica para acceder al mercado de vivienda en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (El Universal, 27 de mayo de 2005, disponible en http://estadis.eluniversal.com.mx/ciudad/68392.html).

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