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Acta universitaria

versión On-line ISSN 2007-9621versión impresa ISSN 0188-6266

Acta univ vol.25 no.2 México mar./abr. 2015

http://dx.doi.org/10.15174/au.2015.665 

Ciencias sociales y humanidades

 

Panorama socioeconómico de la migración internacional originada en América Latina y el Caribe: estado de la cuestión

 

Socio-economic overview of the international migration originated in Latin America and the Caribbean: state of affairs

 

Víctor Hugo Rentería Pedraza*

 

* Departamento de Sociología, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Baja California. Calzada Tecnológico núm. 14418, Mesa de Otay, Tijuana, B.C., México. C.P. 22390. Correo electrónico: victorhrenteria@uabc.edu.mx

 

Recibido: 7 de agosto de 2014.
Aceptado: 2 de marzo de 2015.

 

Resumen

El incremento en los volúmenes de migración ha sido una de las características más distintivas de la consolidación del capitalismo global. América Latina y el Caribe se han constituido en las últimas dos décadas como una de las principales regiones expulsoras de migrantes. Debido a esta actividad, los migrantes latinoamericanos han transformado no sólo la economía de sus propias naciones, sino también han sido factor determinante para el fortalecimiento de las actividades económicas de los países a donde emigran. En este artículo se expone una visión general de la incidencia en los campos social y económico que la migración internacional originada en América Latina ha tenido tanto en los principales países receptores de esta migración (Estados Unidos de América y España), como en la misma región latinoamericana. Esta investigación se sustenta en los datos estadísticos públicos de organismos nacionales e internacionales.

Palabras clave: Migración; Latinoamérica; desarrollo social y económico.

 

Abstract

Increase in migration flows, has been one of the major hallmarks of global capitalism consolidation. Over the last two decades, Latin America and the Caribbean as a region have become one of the major immigrants' senders. Given this activity, migrants have transformed not only the economy of their own nations, but have also been an instrumental factor in strengthening the economic activities of the countries they migrate. This work provides an overview of international migration originated in the Americas and the impact on social and economic fields, for both the main destination countries (United States and Spain) as well as the Latin American region. The main sources for this research were taken from public statistical data from national and international agencies.

Keywords: Migration; Latin America; social and economic development.

 

INTRODUCCIÓN

La migración, como señalan Castles & Miller (2004), es una constante y no un extravío en la historia. De hecho, es una actividad que la humanidad ha realizado desde sus orígenes y que le ha permitido establecer su presencia en todos los continentes y en casi todas las áreas apropiadas para el desarrollo de la vida humana. Las causas que han originado las migraciones a través del tiempo obedecen a distintas circunstancias, entre ellas se pueden mencionar guerras y hambrunas.

No obstante, diversos autores y organismos, como el Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sostienen que en la actualidad los movimientos migratorios son característicos de los procesos de la globalización, y son el resultado natural del equilibrio entre la falta de oportunidades en los países con poco desarrollo y la demanda de mano de obra en los países con nivel de desarrollo alto (Banco Mundial, 2010; CEPAL, 2006).

A pesar de que mucho se ha discutido sobre los inicios de la globalización, la consolidación de ese fenómeno puede ubicarse entre la década de 1985 y 1995, como producto de una serie de acontecimientos que facilitaron la expansión global del capitalismo, propiciando, entre otras cosas, los altos volúmenes de migración. Uno de los sucesos más importantes que se puede mencionar es sobre las políticas reformistas (glasnost y perestroika) que permitieron una apertura social y económica en los países socialistas y que posteriormente serían decisivas en la disolución del bloque soviético. Por otro lado, el avance en las tecnologías comunicativas y de transportes coadyuvaron a la expansión de las empresas, el desarrollo del comercio internacional y la creación de mercados de trabajo en los países desarrollados, generando un movimiento masivo de personas a nivel mundial, con dirección hacia estos mercados laborales.

Los volúmenes de migración avalan esta hipótesis, ya que entre 1965 y 1985 el número de migrantes a nivel internacional creció tan sólo un 40%, para aumentar de 75 a 105 millones, respectivamente. Sin embargo, en el mismo periodo de tiempo ocurrido entre 1985 y 2005, el incremento fue de 82%, al crecer de 105 a 191 millones de migrantes. En los siete años transcurridos entre 2005 y 2013, la población que vive en un país distinto al de su nacimiento se incrementó a 39 millones, de 191 a 230 millones, según se muestra en la figura 1.

Por lo que respecta a la migración originada en América Latina, el Banco Mundial (2011) estima que hasta el 2010 había más de 30 millones de latinoamericanos viviendo fuera de su país. Esta cifra, por sí misma significativa, se acentúa al considerar la descendencia de los migrantes nacida en sus países de destino; un ejemplo de lo anterior son los 32.5 millones de hispanos o latinos de segunda y tercera generación nacidos en los Estados Unidos de América, hijos o nietos de inmigrantes latinoamericanos.

En principio, la disparidad existente en los niveles salariales de los países de recepción, en comparación con el promedio de los países latinoamericanos, permitiría explicar el flujo y la intensidad migratoria, ya que, de acuerdo con el Banco Mundial (2014), el ingreso per cápita anualizado en 2013 en los Estados Unidos fue de 53 470 USD, mientras que en España se presentó en promedio un ingreso de 29 920 USD y la región latinoamericana en su conjunto promedio apenas 9536 USD de ingreso per cápita anualizado.

A pesar de lo anterior, la gran disparidad en el ingreso es la expresión última de la compleja dinámica que involucra la migración y el sistema global de economía y comercio, ya que, desde una perspectiva teórica, la migración es, por un lado, el resultado del poco crecimiento económico que generan regiones de pobreza en los países con bajo nivel de desarrollo, y por otro, la generación de mercados de trabajo con salarios mucho más atractivos que los percibidos en la región latinoamericana, lo cual incentiva la salida de migrantes que con el paso del tiempo establecen complejas redes migratorias, sociales y laborales, mismas que se han fortalecido con el paso del tiempo y han permitido, hasta la fecha, la salida y el establecimiento de casi 30 millones de migrantes latinoamericanos y caribeños en distintas partes del mundo.

Por otro lado, si bien es cierto que la cara más conocida de la globalización es la intensa movilización trasnacional de personas y el flujo de capital y mercancías a través del comercio, también es verdad que este tránsito continuo ha tenido efectos notables en la economía, la cultura y la sociedad, tanto en los países expulsores como en los países receptores de migrantes.

En este contexto, en el presente artículo se expone un estado de la cuestión de la migración internacional originada en América Latina, principalmente la que ha ocurrido durante las últimas dos décadas, periodo en el que este fenómeno se ha intensificado. El trabajo demuestra, a partir de la información estadística disponible en los organismos nacionales e internacionales, los supuestos teóricos macro-económicos y macrosociales que sostienen que la migración latinoamericana se encuentra, por un lado, inserta en las relaciones históricas entre las antiguas naciones imperialistas y sus colonias en el tercer mundo (migración Sudamérica-España) y, por otro lado, en los flujos globales del capital, que determinan también la dirección del flujo migratorio (migración México, Centroamérica y el Caribe-Estados Unidos de América), ambos enmarcados en la dinámica del capitalismo neoliberal (Petras, 2006). Ello, en tanto que, desde un nivel microsocial, los migrantes han generado complejas redes que les han llevado a constituir comunidades en los países o, por lo menos, en las ciudades de destino, con una presencia cada vez más significativa frente a los grupos de poder económico y político, mientras que mediante el envío de remesas también han logrado incidir en el desarrollo de sus familias, de sus comunidades y en las decisiones políticas y económicas de sus países de origen (CEPAL, 2006).

 

Migración internacional originada en América Latina

América Latina tiene una larga historia en cuanto a la migración. Es menester recordar que, en principio, esta región fue receptora y no emisora de migrantes, ya que a estas tierras llegó un gran número de migrantes asistidos, principalmente, por los reinados de España y Portugal, quienes tenían la intención de colonizar sus nuevas posesiones; junto con ellos arribaron una cantidad importante de soldados y esclavos traídos de África.

Las estimaciones para la migración durante el periodo colonial señalan que arribaron a América unos 750 000 españoles, y para finales del siglo XVIII se contabilizaban unos 2.5 millones de esclavos, mientras que en Brasil a finales del mismo siglo habían arribado un aproximado de 3 millones de portugueses. La migración europea hacia América continuó a pesar de los procesos de independencia que se suscitaron en este continente. Así, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, unos tres millones de españoles se habían asentado en países como Argentina, Uruguay, Brasil y Cuba (Actis, De Prada & Pereda, 2008; Vitale, 1992).

Las últimas grandes migraciones originadas en el viejo continente con destino a la América Latina corresponden al periodo comprendido entre 1936 y 1939, cuando la dictadura del general Francisco Franco exilió a unos 36 200 españoles, quienes se refugiaron principalmente en México, Argentina, Venezuela y Chile (Pla Brugat, 2007). A partir de entonces, la inmigración masiva hacia América Latina comenzó un proceso de disminución, hasta su casi desaparición en los años setenta.

Esta disminución de la migración corresponde con un periodo de inestabilidad política, social y económica de la región latinoamericana. Entre los acontecimientos destacados son los gobiernos de tipo dictatorial, como el de Jorge Rafael Videla en Argentina y el de Augusto Pinochet en Chile; además del surgimiento de un número importante de guerrillas, dentro de las que se destacan el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua (1961), el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador (1980), las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (1964), Sendero Luminoso (1973) y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru en Perú (1984).

En el aspecto económico, el gran endeudamiento en el que incurrieron varias naciones latinoamericanas, además de los altos niveles de corrupción y la ineficacia de sus funcionarios, terminaron desarrollando profundas crisis financieras en países como México, Argentina, Venezuela, Brasil y Perú. Los habitantes de la zona perdieron gradualmente poder adquisitivo, mientras que muchos gobiernos cayeron en déficit fiscal e incumplimientos de pago a sus deudas externas, generando altos índices de inflación e inestabilidad financiera (Reyno, 2011).

Así transcurrió la llamada década perdida para la América Latina de los años ochenta, e inició a principio de los años noventa la implementación del sistema neoliberal, que pretendía orquestar el desarrollo económico de la región bajo los preceptos del Consenso de Washington. En este contexto se intensifica la migración internacional originada en los países latinoamericanos y caribeños, teniendo como principales destinos los Estados Unidos de América y España (de los cuales se hace un análisis más detallado en páginas posteriores), pero diversificando su presencia en cada vez más naciones; tal es el caso de Canadá, país que, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), ocupa el tercer lugar en cuanto al destino de inmigrantes de la región, contando con 700 000 migrantes latinoamericanos y caribeños al 2010.

En años recientes, la migración originada en América Latina y el Caribe se ha extendido a países tan lejanos como Japón, donde hasta el 2010 se encontraban 380 000 migrantes de origen latinoamericano, constituyéndose como el segundo grupo de foráneos, apenas después de los migrantes originarios de la propia región asiática. En cifras cercanas se encuentra Italia, país que ante la crisis española incrementó de manera importante el número de migrantes latinoamericanos y caribeños hasta ocupar el segundo lugar de destino en Europa, contando en 2010 con 306 000 migrantes, seguido por el Reino Unido con 117 000 migrantes (OIM, 2014).

La diversificación de la migración latinoamericana ha dado paso al establecimiento de comunidades latinas, principalmente en los Estados Unidos de América y España, y recientemente en varios países de la Unión Europea, Asia, el Medio Oriente y Oceanía; como ejemplo se pueden mencionar los argentinos y uruguayos en Italia y Francia, los chilenos y argentinos en Australia e Israel, brasileños y peruanos en Japón y caribeños en Holanda y Reino Unido (figura 2).

En concordancia con lo anterior, Pellegrino (2003) sostiene que "en las sociedades latinoamericanas actuales, los migrantes se convierten en nexos entre las sociedades locales y las globales. Además, un fenómeno creciente es la formación de comunidades transnacionales dispersas en diferentes territorios, pero que comparten referencias simbólicas comunes".

Las rutas migratorias y las redes sociales establecidas por los grupos latinoamericanos han sido tan eficientes que han permitido que hasta el 2005 casi 30 millones de personas originarias de algún país latinoamericano o caribeño radiquen fuera su nación (CEPAL, 2006). En la figura 3 se detalla el volumen porcentual de los principales destinos (países y regiones) de la migración latinoamericana.

Como se puede apreciar en la figura 3, los Estados Unidos de América constituyen el principal destino para los migrantes latinoamericanos (en particular mexicanos y salvadoreños), con más de 18 millones, según señala el Pew Research Center (2011). En segundo lugar se encuentra España con poco más de 2.4 millones, y después Canadá con 700 000 inmigrantes (Organización de los Estados Americanos [OEA], 2011).

 

Migración hacia España

Como ya se ha mencionado, la migración latinoamericana hacia España tiene orígenes incluso coloniales, debido principalmente a las rutas marítimas establecidas entre la Corona española y sus colonias en América, mediante las cuales se transportaba un número importante de personas y mercancías. No obstante, la dirección del flujo de la migración se ha revertido en las últimas décadas, debido a la fragilidad económica y a la inestabilidad política y social de algunos países latinoamericanos, pero también al crecimiento económico sostenido que España experimentó desde 1990. Este repunte económico generó el desarrollo de mercados laborales, donde se insertó una cantidad importante de migrantes, la mayoría de ellos procedentes de Sudamérica y el Caribe.

Debido a la expansión de sus actividades económicas y a la consecuente necesidad de mano de obra, España estableció acuerdos y convenios migratorios bilaterales con distintos países latinoamericanos y otorgó, durante varios años, relativas facilidades para que los migrantes procedentes de la región obtuvieran un empleo y accedieran a la seguridad social. Así, el grupo latinoamericano se encontró en los primeros lugares en cuanto al número de naturalizaciones otorgadas por España a extranjeros; de hecho, uno de cada tres migrantes en España era originario de algún país de América Latina (García, Jiménez & Redondo, 2009; Vono, 2011).

Lo anterior ha dado como resultado que España se haya convertido en el segundo destino de la migración procedente de América Latina, contando hasta el 2010 con unos 2.4 millones de migrantes, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2010).

Los migrantes latinoamericanos representan, de acuerdo con la OEA (2011), el 5.1% de la población total de España y el 31.6% del total de la población de origen extranjero en ese país, y han desempeñado un papel determinante en su desarrollo económico y social. Al respecto, Moreno & Bruquetas (2011) estiman que la migración generó el 50% del superávit alcanzado por las finanzas públicas en los años de mayor crecimiento de la economía española, mientras que una cantidad importante de sectores productivos lograron subsistir gracias a la mano de obra migrante.

Sin embargo, la crisis económica mundial iniciada en 2008 desaceleró inicialmente el crecimiento español, llegando incluso a niveles de retroceso a partir de 2009, como se muestra en la figura 4.

Esta recesión generó en consecuencia una contracción en las actividades productivas con efectos adversos sobre los niveles de empleo y los salarios, principalmente entre la población migrante en España. De acuerdo con la OIM (2012), en los primeros cuatro años de crisis (2008-2011) se perdieron 2.2 millones de empleos, generando una tasa de desempleo de 18.4% de la población económicamente activa nacida en España, y hasta un 39.1% entre la población migrante.

La crisis y el desempleo frenaron en principio la migración, logrando incluso saldos negativos en cuanto a la balanza de entradas y salidas. De acuerdo con datos estadísticos del INE (2013), entre 2011 y 2012 salieron de España casi 130 000 migrantes latinoamericanos, la mayoría con destino de retorno hacia sus respectivos países.

Los efectos de esta repatriación todavía no son lo suficientemente claros, sobre todo en las consecuencias que tendrán los países latinoamericanos por la falta de remesas que dejaran de recibir, y también por la capacidad (o incapacidad) para reintegrar a los miles de migrantes de retorno.

 

Migración hacia Estados Unidos de América

Estados Unidos de América continúa siendo el principal destino de los migrantes latinoamericanos y caribeños. Los datos correspondientes al 2013 señalan que en ese país se encontraban más de 21 millones de personas originarias de alguna nación latinoamericana, representando el 55.7% del total de extranjeros (Organización de las Naciones Unidad [ONU], 2013). La presencia de migrantes latinoamericanos en los Estados Unidos es tan significativa que, junto con su descendencia nacida en ese país, constituyen la etnia o raza minoritaria más grande, alcanzando una cifra de 51.9 millones de personas en el 2011 (Pew Research Center, 2011).

Tan sólo el estado de California cuenta con una población mayor a los 14 millones de personas de origen hispano, de los cuales casi 5 millones viven en el condado de Los Ángeles. De hecho, los latinoamericanos en Los Ángeles representaron en 2010 el 45% del total de la población en ese condado (Pew Research Center, 2011; United States Census Bureau, 2011). La región conocida como el este de Los Ángeles o East Los Angeles, es probablemente el barrio o el área geográfica mayormente hispanizada de todo el país, ya que de un total de 126 785 habitantes, un 96.8% son de origen hispano (United States Census Bureau, 2010).

Los estados de la unión americana que cuentan con mayor e histórica presencia de migrantes latinoamericanos son California, Colorado, Nuevo México, Arizona, Florida, Nevada, Nueva York e Illinois. Pero aún dentro de los Estados Unidos, la migración latinoamericana ha diversificado sus destinos, como los estados Alaska, Georgia, Iowa, Arkansas, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Tenessee. La principal razón para el establecimiento en estos últimos estados es, según autoridades estadounidenses (United States Immigration Support, 2010), que tienen un costo menor para el desarrollo de la vida, especialmente en lo referente al arrendamiento de la vivienda, y porque allá encuentran una mayor oferta de fuentes de empleo, lo que permite a los migrantes una posibilidad más alta para acceder a una vida de calidad.

Al constituirse la población latinoamericana como el grupo étnico minoritario más grande en Estados Unidos de América, el idioma español se instauró también como la segunda lengua más hablada en ese país, modificando incluso aspectos de la vida cotidiana en los estados que cuentan con mayor concentración de esta población migrante, tales como las indicaciones en inglés y en español de los servicios públicos y el establecimiento de escuelas con educación bilingüe.

La población latina en Estados Unidos representa la segunda mayor concentración de hispanos en el mundo. En 2010, unos 50.5 millones de latinos vivían en esa nación, siendo superados en este rubro sólo por la población de México, pero por encima de España, Colombia, Argentina y del resto de los países latinoamericanos, como se muestra en la figura 5.

Por otro lado, los más de 21 millones de migrantes latinoamericanos en Estados Unidos, más sus 30 millones de descendientes nacidos en ese país, no han pasado desapercibidos para los grupos económicos y de poder, dado que en su conjunto son un mercado potencial de casi 52 millones de personas, y tienen un poder estimado de compra de 1.2 trillones de dólares, según datos del Selig Center for Economic Growth (2012).

Lo anterior ha generado, entre otras cosas, el surgimiento de medios masivos de comunicación en español, tales como diarios, revistas y una cantidad importante de radiodifusoras y televisoras, dentro de las que destacan Telemundo y la cadena que agrupa a Galavisión, UniMas y Univisión. Esta última señala, en un informe publicado en su página de Internet, que en 1996 el canal 23 fue la primera estación en español que logró durante todo un día mantener una audiencia mayor a la de televisoras como National Broadcasting Company (NBC), American Broadcasting Company (ABC), CBS Broadcasting Inc. (CBS) y Fox, llegando a liderar en momentos la sintonía en el llamado prime time o tiempo de mayor audiencia.

En 2007, Univisión logró situarse como la quinta cadena más vista en los Estados Unidos de América, pero la segunda entre la audiencia de 2 a 11 años, y la cuarta entre adolescentes de 12 a 17 años. Incluso, el 22 de mayo del mismo año logró nuevamente el volumen más alto de audiencia con la transmisión del episodio final de un concurso de belleza ("Nuestra belleza latina"). Los datos más recientes emitidos por la empresa encargada de la medición del rating (nielsen media research) señalan que en julio de 2013 Univisión logró captar durante el horario estelar al mayor número de televidentes entre los 18 y 49 años de edad, logrando desplazar a Fox al segundo lugar (Univisión, 2007; 2013). La importancia de la comunidad hispana ha provocado la generación de canales alternos en español de las grandes cadenas televisivas estadounidenses, ejemplo de lo dicho son Fox en español, CNN en español y Telemundo; esta última propiedad de la NBC.

En el campo político, durante el proceso electoral de noviembre de 2012, el llamado voto latino fue afanosamente buscado por los candidatos tanto del Partido Demócrata como del Republicano. De acuerdo con la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados (2012), unos 12.2 millones de hispanos participaron en la elección presidencial, siendo un factor decisivo en la relección de Barak Obama.

 

Desarrollo social y económico

La migración hacia otro país con diferentes tradiciones, cultura y estructura social enfrenta al migrante al dilema de conservar su cultura y tradiciones, o asimilar las de la sociedad de acogida en detrimento de su propia cultura. Al respecto, las teorías clásicas de la asimilación (Brown & Bean, 2009) señalan que los migrantes de primera generación mantienen una tendencia a conservar su cultura y tradiciones, mostrándose poco abiertos a incorporar los arquetipos culturales y sociales de la sociedad a la que arriban; contrariamente, la segunda generación tiende a mostrarse más receptiva, y así sucesivamente hasta que se logra la total asimilación e integración.

A pesar de lo anterior, estudios como el de Greenman & Xie (2006) han demostrado que el grado de asimilación es distinto entre los grupos étnicos presentes en un país extranjero. Un ejemplo de lo anterior son los migrantes asiáticos en los Estados Unidos de América, quienes han logrado un nivel de adaptación mayor, y cuyos efectos se ven reflejados principalmente en sus ingresos (figura 6). Contrariamente, el grupo hispano demuestra poca integración debido a que en su mayoría las nuevas relaciones que establecen los migrantes tanto en el campo social como laboral suelen ocurrir con personas de la misma comunidad, sin la necesidad de relacionarse con personas distintas y sin la necesidad u obligación de aprender inglés. Esto último es uno de los principales factores que inciden negativamente en sus ingresos, aunque, por otro lado, la poca asimilación ha permitido la conservación de la cultura, en razón de que la gran comunidad latinoamericana continúa reproduciendo sus elementos culturales, evitando una pérdida significativa de la cosmovisión característica de esta diáspora.

Por lo que respecta a los migrantes latinoamericanos en España, el nivel de asimilación es marcadamente distinto en comparación con sus similares en los Estados Unidos. En principio, porque el idioma supone uno de los agentes más importantes para la integración, pero igualmente importante es la actitud que el gobierno español ha adoptado frente a la migración.

Debido a que España se convirtió en el segundo país receptor de inmigrantes en la Comunidad Europea, apenas detrás de Alemania (INE, 2010), el gobierno español optó por el diseño y la implementación de políticas públicas encaminadas a la integración de la población inmigrante. Ejemplo de lo anterior son el Plan para la Integración Social de los Inmigrantes (PISI) (Ministerio de Asuntos Sociales, 1995), el Programa Global de Regulación (PGR) y Coordinación de la Extranjería y la Inmigración (CEI) (Dirección General de Extranjería e Inmigración, 2001) y el Plan Estratégico de Ciudadanía e Integración (PECI) (Ministerio de Asuntos Sociales, 2007).

Moreno & Bruquetas (2011) señalan que el PECI ha sido el programa más efectivo en la intención de desarrollar una política de integración de la población inmigrante, ya que gran parte de sus objetivos se vinculan al estado de bienestar y pretenden conseguir la igualdad de los inmigrantes en correspondencia con la población nativa, particularmente en lo que se refiere a los derechos civiles, sociales, económicos, culturales y políticos, así como en el acceso a la educación, sanidad, empleo y vivienda.

El PECI refleja, además, la posición incluyente que el gobierno español ha adoptado, incluso para su propia población, dado que ésta se encuentra constituida desde sus orígenes por culturas diversas también con lenguas distintas. Al propósito, Moreno & Bruquetas (2011) destacan que junto a los principios de igualdad, no discriminación y ciudadanía, el PECI plantea el principio de interculturalidad como mecanismo de interacción entre las personas de distintos orígenes y culturas, dentro de la valoración y el respeto a la diversidad.

No obstante, los migrantes siguen siendo el grupo más vulnerable en la población de España; por ejemplo, en lo que se refiere a los niveles de pobreza, en tanto que un 18% de los ciudadanos con nacionalidad española reportan estar en esta situación, el porcentaje en los inmigrantes procedentes de otros continentes, incluyendo a los latinoamericanos, se eleva a un índice de casi el 30% (Fundación Catalunya Caixa, 2008; 2009).

La exclusión de los migrantes también se refleja en el acceso a los servicios de salud, ya que éstos acuden 7% menos con el médico (Moreno & Bruquetas, 2011), y la probabilidad en las mujeres migrantes de haberse hecho una mamografía es de 96% menor en comparación con las mujeres nativas (Fundación Catalunya Caixa, 2009).

En lo relativo al ingreso, en ambos casos los migrantes latinoamericanos devengan salarios inferiores a la media nacional tanto en España como en los Estados Unidos, lo que determina, en gran medida, que una cantidad considerable de migrantes latinoamericanos se ubiquen entre la fracción de la sociedad considerada en situación de pobreza, en cada una de estas naciones.

Las expectativas en el rubro del ingreso no parecen favorecer a los migrantes latinoamericanos, especialmente a los que se encuentran en España, ya que, como se muestra en la figura 7, las tasas de desempleo se han incrementado gradualmente entre el 2000 y 2005, hasta alcanzar en 2012 índices del 24% del total de la fuerza laboral en España y 8% en la de los Estados Unidos.

Respecto a los ingresos de los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos, los datos de 2011 muestran que el promedio de la población en ese país fue para los de raza blanca de 47 000 USD anuales, mientras que si se considera sólo a los de origen latinoamericano (nativos y no nativos), el ingreso promedio anual disminuye a 29 000 USD, y hasta de 25 000 USD para los latinos no nativos (Pew Research Center, 2012).

Los niveles menores de ingreso en la población proveniente de América Latina repercuten en su situación de pobreza. Al propósito, el Pew Research Center (2012) apunta que las cifras para 2011 muestran que el 15.9% del total de la población estadounidense de 18 años y más se encontraba en situación de pobreza, pero considerando sólo al grupo de origen latinoamericano en esta situación se encontraba el 25.9% del total.

En cuanto a España, los efectos de la crisis económica han incrementado la tasa de pobreza entre la población migrante hasta un 43.5% (INE, 2012). En el periodo comprendido entre 2007 y 2011, unos 244 000 trabajadores de origen latinoamericanos perdieron su empleo, alcanzado una tasa de desocupación de 28.5%, frente a un 18.4% de la población nativa (OIM, 2012).

Paralelamente, la crisis económica no sólo afecta a los migrantes sino también a los familiares que se quedan en el país de origen y que dependen, en gran medida, de las remesas que reciben. En el informe sobre remesas a América Latina 2011 se señala enfáticamente la importancia que tiene el envío de divisas, ya que sin éstas muchos hogares latinoamericanos caerían bajo el umbral de la pobreza (Maldonado, Bajuk & Hayem, 2012). Por ejemplo, en Honduras y el Salvador las remesas han llegado a representar hasta el 20% y el 19% de su respectivo Producto Interno Bruto (PIB). En el caso de México, a pesar de que las remesas sólo representaron cerca del 2% del PIB en el 2011, cuando este análisis se realiza a nivel de entidades federativas, se observa que 18 estados superaron la media nacional, destacándose los casos de Oaxaca, Michoacán y Guerrero, con el 8.6%, 8.5% y 8.0%, respectivamente (Cervantes, 2012).

Las remesas han transformado la distribución en las clases sociales en América Latina. El caso más notable ha sido su incidencia sobre la clase media, la cual logró incrementar su población hasta un 50% en un lapso aproximado de 10 años, al pasar de 103 millones de personas en 2003 a 152 millones en 2009; mismo periodo en el que unos 50 millones de habitantes en la región lograron salir de la pobreza (Ferreira et al., 2013).

El envío de remesas es tan importante para los países latinoamericanos que incluso la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2010) ha propuesto que los análisis y la programación sobre las tendencias económicas de la región latinoamericana se realicen con especial atención al papel que juegan en la promoción del desarrollo las migraciones internacionales y las remesas.

 

Perspectivas

De conformidad con la evidencia histórica, la evolución de la migración internacional originada en América Latina dependerá principalmente de tres factores. El primero de ellos se encuentra relacionado con la capacidad de los gobiernos latinoamericanos para desarrollar economías más sólidas que permitan la generación de empleos de calidad lo suficientemente atractivos como para retener a la población susceptible de emigrar; además, si bien es cierto que las guerrillas características de las décadas de 1970 y 1980 han dejado de representar un riesgo de seguridad para la población en América Latina, en la actualidad el narcotráfico y el crimen organizado han generado un ambiente inseguro, que en países como México, Guatemala y Colombia han sido un factor decisivo para la migración, por lo que la capacidad que muestren lo gobiernos nacionales para proveer seguridad y mantener un estado de derecho será determinante para la evolución de la migración.

Como segundo factor, el destino de la migración latinoamericana dependerá de las políticas antiinmigrantes que implementen los países receptores. En el caso de Estados Unidos —destino principal de los migrantes de México y Centroamérica—, las medidas han sido drásticas; destacan la construcción de un muro fronterizo de más de 500 kilómetros de largo, la incorporación de miles de agentes federales exclusivos para la vigilancia de la frontera y la utilización de tecnología sofisticada, que incluye aviones no tripulados conocidos como drones, cámaras de visión nocturna y sensores detectores de movimiento.

Estas medidas, además de desanimar a los potenciales migrantes, han incrementado el número de muertes de los que, a pesar de todo, deciden ir en busca de una mejor calidad de vida para ellos y sus familias. De acuerdo con Garduño (2013), el número de migrantes que han fallecido en su intención de cruzar la frontera sur de los Estados Unidos ha alcanzado la cifra de 5595 en los últimos 15 años.

Las tácticas antiinmigrantes también se están implementando desde dentro de los países receptores. En los Estados Unidos, por ejemplo, las políticas de deportación expulsan cada año a 400 000 migrantes. Según estadísticas del Pew Research Center (2012), tan sólo en el primer trimestre de 2011, unas 46 000 personas con hijos estadounidenses fueron deportadas a México; bajo estas cifras, la administración de Barak Obama ha sido la más enérgica en cuanto a los procesos de deportación, ya que ha incrementado el índice en un 30% respecto al periodo de su antecesor, el expresidente George W. Bush. Este incremento ha afectado de particular manera a los migrantes de origen mexicano, ya que éstos representaron el 73% del total de las deportaciones que ocurrieron durante el 2010. Respecto a España y otros países que han sido destino de migrantes latinoamericanos, las políticas se han limitado a la restricción de visas no sólo de trabajo, incluso turísticas.

Finalmente, el tercer y tal vez más importante factor que determinará la evolución de la migración latinoamericana será el comportamiento del mercado global, ya que tanto el desarrollo económico como las crisis financieras establecen no sólo el volumen, sino además el sentido de la migración (CEPAL, 2006). En ese punto es importante señalar que ante las crisis económicas, las estadísticas demuestran que más que disminuir, la migración se diversifica hacia mercados emergentes o con menores niveles de afectación.

 

CONCLUSIONES

El desarrollo histórico de la migración latinoamericana ha dejado varias enseñanzas. En primer lugar, ha demostrado que aunque es sensible a las crisis económicas y a las políticas antiinmigrantes, el afán por buscar una vida de mejor calidad termina siendo de un peso mayor en la ponderación del coste-beneficio de la migración; así, se observa que ante contingencias económicas como la crisis española, si bien existe un volumen significativo de migración de retorno, la migración no se detiene y en cambio se diversifica. Esta transformación en las rutas de destino es quizá el acontecimiento más importante de las migraciones recientes originadas en América Latina y el Caribe; si bien, los Estados Unidos y España se convirtieron en los principales destinos por cuestiones geográficas e históricas, los nuevos destinos parecen tener una mayor incidencia de los mercados laborales y de la dinámica distintiva del capitalismo global.

La prolongación del tiempo de estadía, o en muchos casos la migración sin retorno, es otra característica de los actuales flujos migratorios, principalmente de aquéllos que emigran sin documentos para su estancia legal. La mayor seguridad en las fronteras incrementó, por un lado, el riesgo y el costo de la emigración, y obligó, por otro lado, a estancias más extensas. Esta prolongación ha dado como consecuencia una transformación en el perfil de retorno, ya que las largas estadías propiciaron la formación de nuevas familias de migrantes en el país de destino, bien por la vía de la reunificación familiar o por el establecimiento de nuevas relaciones (McEvoy, 2008; Reanne & Wildsmith, 2005). El nacimiento de los hijos terminó por consolidar una migración sin regreso, o con retornos esporádicos con carácter de visita.

Para finalizar, en este periodo histórico denominado por Castles & Miller (2004) como la era de la migración, el panorama social y económico para América Latina parece advertir una mejora en el lejano plazo, debido principalmente a las remesas que representan un importante motor que imprime movilidad en las economías latinoamericanas. Las remesas, o mejor dicho la gran entereza y el esfuerzo que durante décadas han hecho millones de migrantes latinoamericanos, han permitido un desarrollo en casi todas las áreas sociales y económicas de la población en América Latina; de hecho, su esfuerzo ha permitido un crecimiento sostenido durante los últimos veinte años.

 

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