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Investigaciones geográficas

versión On-line ISSN 2448-7279versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.100 México dic. 2019  Epub 27-Feb-2020

https://doi.org/10.14350/rig.60014 

Artículos

El planeta Tierra y la humanidad1

Planet Earth and Humanity

Herman Verstappen* 

Traducción:

María Elena Sánchez Salazar

*Instituto Internacional de Ciencias de la Geoinformación y Observación de la Tierra, Universidad de Twente (Países Bajos). Email: hergraverstappen@planet.nl


Resumen

La Tierra, una futilidad en el espacio, es el único hogar para todos los seres humanos, y en la actualidad, el escenario de la globalización de la sociedad. La humanidad siempre se ha preguntado acerca del origen de nuestro planeta azul; sin embargo, esto es bastante irrelevante para la vida cotidiana. Lo que realmente importa es que todos podamos vivir en armonía y diversidad en la “madre Tierra” y preservar el medio ambiente para las generaciones futuras. Nuestro planeta está habitado por una increíble variedad de criaturas vivientes, entre las cuales se cuentan 7 mil millones de seres humanos en la actualidad. Este número ha aumentado a un ritmo alarmante durante más de un siglo y llegará a los 10 000 millones en 2100. Pero no existe la certeza de que los recursos de la Tierra puedan hacer frente a las crecientes demandas. ¿Cuál será nuestro futuro común? Este problema global ha sido el foco de los reportes del llamado Club de Roma (Meadows, Randers y Behrens, 1972), el Informe Brundtland (World Commission on Environment and Development, 1987), entre otros, pero las respuestas de la sociedad son todavía insuficientes. Actualmente, la ciencia y la tecnología pueden desentrañar las múltiples y sutiles interrelaciones entre geosfera, atmósfera y biosfera, y supervisar el creciente impacto global de las actividades humanas en el medio ambiente (Stel, 2013). La observación de la Tierra desde el aire y el espacio y los sistemas de información geográfica han abierto nuevas perspectivas en este campo. Es evidente que existen límites al crecimiento y que la actual “violación de la Tierra” debe detenerse y desarrollar un plan maestro para la sostenibilidad global. Este plan no debe ser impuesto de arriba abajo, sino estar enraizado en nuestra libre voluntad y, por consiguiente, tener una estructura policéntrica. La agenda política para la globalización no debe sustentarse exclusivamente en el crecimiento económico, sino orientarse en tres ejes: sustentabilidad-balance social-requisitos económicos. ¿Podemos hacer que esto suceda?

Palabras clave: crecimiento demográfico; globalización; sustentabilidad; balance social; requisitos económicos

Abstract

The earth, a futility in space, is the only home for all humans and, at present, the theatre of the globalization of our society. Humanity has always been wondering about the origin of our blue planet. This is rather irrelevant for everyday life however. What really matters is that all of us can live in harmony and diversity on ‘Mother Earth’ and preserve our environment for future generations. Our planet is inhabited by an amazing variety of living creatures, among which at present are 7 billion humans. This number has risen at an alarming rate for more than a century and will reach the 10 billion mark around the year 2100. But whether the earth resources can cope with the growing demands is most uncertain. What will be our common future? This global issue has been the focus of the Reports of the so-called Club of Rome, the Brundtland Report, etc, but the responses of society are as yet inadequate. Science and technology can now unravel the many subtle interrelations between geosphere, atmosphere and biosphere and monitor the worldwide growing impact of human activities on the environment. Earth observation from aerospace and geoinformation systems have opened new vistas in this field. It is evident that there are limits to growth and that the present ‘rape of the earth’ should be stopped and a master plan for global sustainability be made. This plan should not be imposed topdown but be rooted in our free will and thus have a polycentric structure. The political agenda for globalization should not be a flywheel for economic growth but be oriented to the tripartite: sustainability-social balance-economic requirements. Can we make this happen?

Key words: population growth; globalization; sustainability; social balance; economic requirements

LA HUMANIDAD: EXPLORACIÓN Y POBLAMIENTO DEL MUNDO

La vida en la Tierra comenzó mucho después de la formación de la corteza terrestre y ha evolucionado desde entonces. Los seres humanos representan un elemento muy recinetes en este contexto. Los restos humanos más antiguos se hallaron en África y tienen casi 7 millones de años de antigüedad; algunos de estos grupos primitivos abandonaron ese continente, en una etapa temprana, desde el noreste, donde la placa africana choca con Eurasia, y distintos restos humanos confirman que llegaron al Extremo Oriente hace alrededor de un millón de años. La relación entre estos grupos humanos primitivos y el moderno Homo sapiens aún no está totalmente clara, pero sí sabemos que este último salió de África y se extendió por Eurasia en dos oleadas a partir de aproximadamente 180 000 años a. C. en adelante. El hombre llegó al Nuevo Mundo hace sólo 14 000 años viajando de isla en isla en el archipiélago de las Aleutianas y el estrecho de Bering. Sin embargo, estas impresionantes exploraciones prehistóricas no dieron por resultado la globalización. Las tribus errantes perdieron contacto con las que se quedaron atrás y dispersas en regiones vastas y prácticamente despobladas de nuestro planeta. Los primeros contactos regionales se remontan a miles de años, pero nuestro conocimiento de ellos es incompleto. También existieron contactos a través de los mares, si bien la navegación costera era la modalidad dominante y los océanos, que hoy en día constituyen las grandes vías de transporte marítimo, representaban obstáculos mayúsculos. El arroz, que se cultivó hace más de 13 000 años en China y Corea del Sur, se convirtió en un importante alimento básico en el sur y sureste de Asia. La caña de azúcar, que había sido cultivada durante 10 000 años en Nueva Guinea, fue exportada hacia el Oeste a la antigua Persia, para llegar posteriormente a África del Norte y el sur de Europa con la conquista islámica (Mintz, 1985). En 1974 (París) y 1992 (Ulm, Alemania) se encontró que la cocaína y la nicotina se usaron para la momificación de Ramses II y Henut Tani. ¿Es posible que hayan existido contactos precolombinos no conocidos hasta ahora entre Sudamérica y África?

Sin embargo, la globalización real comenzó alrededor de 1500 con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492 y los descubrimientos náuticos en todo el mundo que le siguieron. Colón murió creyendo que había llegado a China; sin embargo, poco tiempo después se llevó a cabo la exploración y la travesía del Océano Pacífico. Las islas Filipinas fueron descubiertas por Magallanes en 1521, donde murió en la isla de Cebú. Después de varias expediciones infructuosas, los barcos españoles llegaron a Cebú en 1543. Los primeros contactos con comerciantes chinos ocurrieron en 1570 por dos marineros vascos, López de Legazpi y Urdaneta. Ellos habían salido de México en noviembre de 1564 y, ayudados por los vientos alisios, llegaron a Filipinas en febrero de 1565. El anillo global se cerró y se acortó considerablemente más tarde por la construcción de los canales de Suez y Panamá. África estaba un poco fuera del escenario principal y la Ruta de la Seda había perdido importancia. Uno puede preguntarse por qué la iniciativa para estas audaces travesías sucedió en el conglomerado de países de Europa Occidental y no, por ejemplo, en el gran Imperio chino donde la flotilla de Zheng He navegó a lo largo de las costas de Asia Sudoriental, África Oriental y las Américas alrededor del año 1400 (Mann, 2012). Diferentes técnicas de construcción de buques y métodos de navegación, aunados a factores ambientales como las corrientes marinas, los sistemas eólicos y la travesía más corta del Atlántico (en comparación con el Océano Pacífico) son factores importantes, aunque también se han mencionado diferencias en el ámbito cultural: se presentó un contexto más dinámico en las diversas sociedades europeas que en la tradicional China imperial caracterizada por un gobierno centralista (Wesseling, 2009).

En sus inicios, la globalización fue un proceso lento. Por supuesto, los tesoros de oro y plata que llegaron a España eran espectaculares, pero el comercio y la política en Europa continuaron enfocados en asuntos preexistentes. El principal interés de España era el Mediterráneo: la influencia del papa, el auge del Imperio otomano, el comercio del trigo, etcétera. Al mismo tiempo, el comercio costero alrededor del mar del Norte y el mar Báltico, y las luchas resultantes entre los países en competencia, dominaron los patrones comerciales en la Europa Noroccidental. Cuando el centro europeo del comercio con los nuevos mercados de ultramar migró de la península ibérica al noroeste de Europa y el volumen y la variedad de las mercancías aumentaron, se desarrollaron gradualmente patrones globales de cambio. Los primeros efectos de la globalización fuera de Europa resultaron desastrosos. Las armas de fuego utilizadas por los intrusos hicieron que el combate fuera extremadamente desigual. El saqueo de las ciudades, los trabajos forzados en las minas de oro o plata y otros abusos trastocaron las sociedades existentes. La mayor calamidad, sin embargo, fue la muerte masiva causada por la introducción involuntaria de enfermedades contagiosas contra las cuales la población indígena no tenía resistencia natural. Las epidemias de viruela, gripe, fiebre tifoidea, escarlatina, tuberculosis, etcétera, diezmaron o incluso erradicaron poblaciones enteras de grandes zonas, dejando sus tierras yermas y extinguiendo sus civilizaciones.

Inicialmente, los efectos positivos de la globalización fueron menos espectaculares, pero gradualmente fueron adquiriendo una importancia creciente en todo el mundo. Hoy nuestra vida no es posible sin intercambios a nivel mundial. El suministro alimentario es un ejemplo notable de estos beneficios. Europa no puede alimentar a su población actual sin las papas procedentes de América del Sur. El mercado de una aldea africana ahora es impensable sin la mandioca, el maíz y muchas verduras de raíz, todos traídos desde el Nuevo Mundo. ¿Y qué hubiera sido de la cocina del sureste de Asia antes de que la mandioca fuera introducida desde Brasil por los portugueses, y sin los chiles, la base del sambal, que llegaron desde México? ¿Y qué hay del plátano y el café que proceden de África? Incluso los pigmeos de la Edad de Piedra en el centro de Nueva Guinea fumaban tabaco introducido en la costa por los portugueses. A su vez, los portugueses y los holandeses llevaron la pimienta negra y otras especias desde las islas Molucas a Europa. El arroz, cultivado en un principio en China, es ahora un importante cereal en todo el mundo. Los animales domésticos también fueron objeto de la globalización, incluyendo los caballos domesticados originalmente en el antiguo Egipto y las ovejas procedentes de Asia Central. Los efectos de la globalización en la vida cotidiana son realmente impresionantes.

El intercambio del patrimonio cultural es un resultado aún más importante de estos contactos. Ha estimulado nuevas ideas y actitudes que han ampliado la capacidad humana y puede dar lugar a sociedades de mentalidad más abierta en las que podemos aprender a comprender y apreciar diferentes contextos y perspectivas sociales. Este es un proceso importante, pero no siempre es fácil. La falta de contactos externos hace poco probable la introducción de nuevos conceptos; esto se aplica particularmente a algunas partes remotas del mundo. Un ejemplo es Asia Central, donde la Ruta de la Seda durante milenios representó un vínculo entre China y el sur de Europa. La ruta marítima, mucho más segura, de Europa Occidental al Extremo Oriente a través del cabo de Buena Esperanza, y que reemplazó la Ruta de la Seda, originó aislamiento y estancamiento en estas zonas montañosas.

Los cambios introducidos por estos contactos siempre en aumento en todo el mundo son diversos y varían notablemente de un lugar a otro. Fueron acompañados por muchos abusos. La esclavitud ha existido en muchas partes del mundo en todas las épocas (Mann, 2012). Sin embargo, en ningún caso se le compara con la masiva y cruel esclavitud que siguió a la conquista de las Américas. Fueron tan numerosos los esclavos de ciertas tribus africanas que fueron transportados por el Océano Atlántico, que sus dialectos aún existen en algunas partes de América donde las personas de origen africano actualmente representan un sector considerable de la población. El colonialismo también produjo efectos traumáticos en las personas y las sociedades afectadas. Ambos fenómenos sociales han cesado, pero su eco sigue presente en el mundo actual. El colonialismo tuvo una corta duración en América, donde los colonos se independizaron rápidamente de sus gobernantes europeos; sin embargo, solo un fenómeno generalizado en Extremo Oriente hasta mediados del siglo XX, como una continuación de los puestos comerciales y monopolios de las empresas europeas en competencia (Wesseling, 2004).

En el siglo XIX África también se convirtió en un escenario del colonialismo. La expansión china en el sureste asiático se estructuró de una manera muy diferente. Se basó principalmente tanto en iniciativas personales como en estructuras familiares. Entre la caída de la dinastía Manchú en 1911 y la Segunda Guerra Mundial, unos 50 millones de campesinos chinos migraron a Manchuria en lo que probablemente ha sido la mayor migración terrestre del siglo XX. La expansión rusa en Asia fue igualmente por migraciones terrestres.

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y LOS CENTROS CAMBIANTES DEL PODER MUNDIAL

La globalización comenzó como un éxodo a pequeña escala desde Europa. Alrededor de 3 millones de europeos emigraron a América entre 1500 y 1800, pero 60 millones les han seguido a partir de entonces (Emmer, Bussé van Oud-Alblas y Pietschmann, 2011). Cabe recordar que el tonelaje total de la flota mundial en 1600 equivale a sólo un buque superpetrolero moderno y aumentó a siete u ocho de dichos superpetroleros hacia 1800. La Revolución Industrial del siglo XVIII, la cual se propagó rápidamente de Inglaterra hacia el mundo occidental, especialmente con la llegada de los buques de vapor y los ferrocarriles, facilitó el acceso al transporte masivo a través de los océanos y en el interior de los continentes. Esto detonó una expansión sin precedentes del comercio y el poder mundial, que llevaron a un periodo de imperialismo europeo, primero en Asia (donde Estados Unidos y Japón también jugaron un papel importante), y en el siglo XIX, en África. Pero las circunstancias comenzaron a cambiar después de la Primera Guerra Mundial. Se fundó la Liga de las Naciones, precursora de las Naciones Unidas; el presidente estadounidense Wilson habló de “autodeterminación”, y Lenin, “de antiimperialismo”.

Treinta años después de la Segunda Guerra Mundial, la hegemonía de los países occidentales en Asia y África llegó a su fin. En Europa se ha perdido incluso el control sobre los propios territorios, cuando los vencedores de la guerra, la Unión Soviética y Estados Unidos, se enfrascaron en la Guerra Fría y la Cortina de Hierro dividió el continente. Cuando se hizo evidente que el sistema de producción centralizada dictado por Moscú llevó a un fracaso económico, la Cortina cayó repentinamente en 1989 y los países de Europa Oriental se unieron a la zona de libre mercado diseñada por Estados Unidos y adoptada en Europa Occidental desde 1945 (Hoen, 2011). La introducción repentina del libre mercado causó una onda expansiva para estos “países en transición”, que luego no participaron en la competencia mundial y el neoliberalismo desenfrenado con sus multinacionales, la sociedad de consumo y el desprecio por los problemas sociales a los que nos enfrentamos hoy. El sistema ha tenido éxito durante varias décadas, pero depende totalmente de un crecimiento económico continuo. La crisis actual demuestra, sin embargo, que este impulso artificial de la economía mundial ha terminado en colapso. La hegemonía estadounidense en el mundo es reemplazada por una estructura de enfoques múltiples. Los países de bajos salarios, liderados por los llamados BRIC (Brasil, Rusia, India y China), se han convertido en poderosos actores económicos y políticos. Esto podría llevar a una distribución más balanceada de la riqueza en el mundo si los países pequeños pueden organizarse a nivel regional a fin de obtener su posición legítima, el cual no es un proceso fácil, dadas las viejas enemistades y la necesidad de renunciar a parte de su soberanía. Es improbable que un sistema capitalista orientado únicamente al crecimiento económico sea un instrumento adecuado en este nuevo contexto, ya que también son necesarios el equilibrio social y la sustentabilidad ecológica (Delwaide, 2011).

Los prolongados debates acerca de la integración europea ejemplifican las dificultades que deben afrontarse para lograr la cooperación regional necesaria para la globalización multifocal. Los contactos europeos y las migraciones que prevalecieron durante siglos fueron severamente golpeados por una ola de nacionalismo acentuado alrededor de 1800, cuando muchos países multiculturales se dividieron para formar diferentes Estados-nación. El mayor obstáculo para la renovación de los antiguos lazos no es tanto la sangrienta guerra del pasado, sino, más que nada, la renuencia psicológica a aceptar que los días de hegemonía global han llegado a su fin. La Unión Europea debe reforzar sus lazos de solidaridad y lograr la renovación de la coherencia europea. Poco después de la Segunda Guerra Mundial había un enorme entusiasmo por el ideal europeo, pero ha disminuido en los últimos años, sobre todo debido a la actual crisis económica. En 2007 se presentó un primer proyecto de Constitución Europea (Lisboa), cuya denominación legal tuvo que ser rebajada a tratado debido a la fuerte oposición, e incluso en estos términos fue rechazado en varios de los referendos nacionales requeridos. ¿Dónde están los europeos de 1945? ¿Hemos olvidado ya las sangrientas guerras que asolaron Europa y la Cortina de Hierro que volvió a ese continente impotente durante medio siglo, con el Este oprimido por la Unión Soviética y el Oeste bajo el control de los Estados Unidos? En el presente y en el futuro, una Europa dividida no tiene voz ni voto en los asuntos mundiales.

Los temores de los opositores a la globalización son principalmente la pérdida de la propia identidad y el riesgo de ser aplastados por las superpotencias. Pero la diversidad y el libre intercambio de ideas son igualmente importantes para la sociedad, así como la adecuada distribución de los ingresos. Es por ello que el proceso de globalización de enfoques múltiples constituye un desarrollo prometedor. No obstante, se requiere una gobernanza adecuada para crear un futuro sostenible y pacífico para la humanidad. Los bancos y empresas multinacionales ya están plenamente globalizados, y se requieren urgentemente estructuras intergubernamentales para controlarlos en los niveles regional y mundial. Deben realizarse todos los esfuerzos posibles para reducir las causas de descontento en el mundo. Las intervenciones militares estimulan el terrorismo y pueden reducir nuestra seguridad en lugar de mejorarla. La cuestión es si hemos aprendido de la historia o si vamos a permitir que el pasado pueda enrarecer nuestro futuro.

LÍMITES DEL CRECIMIENTO Y ESTRATEGIAS DE MANEJO

Actualmente existen más de 7 mil millones de personas en el mundo. La Organización de las Naciones Unidas marcó el 31 de octubre de 2011 como el “día de los siete mil millones” (Opten, 2011). Cada segundo nacen cinco personas y mueren dos, lo que se traduce en un aumento neto de tres personas. En 1950 había sólo 2 500 millones de personas y en el año 2000, alrededor de 6 000 millones. Las estimaciones para el futuro son 9 000 millones hacia el año 2050 y, de continuar esta tendencia, la cifra alcanzará los 10 000 millones en 2100. Y todos los habitantes del planeta necesitan alimentos, agua, refugio y trabajo a fin de vivir y construir un futuro seguro y feliz para sus hijos (Halle, 2002; Newell, 2002). La realidad en este momento es que 90% de los habitantes viven en los países económicamente menos desarrollados, 43% carece de servicios sanitarios básicos y 14% padece hambre o desnutrición. Además, 20% de los seres humanos posee 75% de los ingresos mundiales. El mejoramiento de esta situación debe ser un aspecto prioritario en todo el mundo, no sólo por razones humanitarias, sino también porque una comunidad mundial feliz nos beneficia a todos. Sin embargo, gastamos 900 000 millones de euros anuales en gastos militares sin mayor problema, pero nos quejamos de los 78 000 millones de euros asignados al desarrollo pacífico. Los profetas catastrofistas predicen que el desastre está por llegar, pero esto no es necesariamente cierto si tomamos las medidas adecuadas de inmediato. Este es el mayor desafío que ha enfrentado la humanidad hasta ahora.

El sistema económico actual está amenazado por una bomba de tiempo social, ya que una buena parte de la sociedad carece de empleo y las clases bajas viven en condiciones marginales. Inevitablemente, esto abona el camino para la discordia, la envidia y la rebelión. Los beneficios obtenidos por las empresas y las cotizaciones bursátiles resultantes no son una buena medida del éxito económico si se arraigan en despidos masivos de trabajadores. Algunos de los adinerados viven actualmente en zonas residenciales cercadas con rejas, protecciones y dispositivos de vigilancia. A nivel nacional, algunos países desarrollados tratan de frenar la inmigración ilegal por motivos económicos o de seguridad mediante la construcción de muros en sus fronteras (Jones, 2011). Israel intenta evitar la migración de los palestinos; Estados Unidos, de mexicanos; India, de los pakistaníes, etcétera. Europa y Australia intentan detener el arribo de barcos con refugiados. Estas medidas claramente no son una solución duradera y llevan a situaciones inhumanas. El desplazamiento de la producción a países donde predominan los salarios bajos, facilitado por los medios de telecomunicación modernos, es una respuesta más eficaz que producirá una mejor distribución de la prosperidad en el mundo. En la actualidad, la gran mayoría de los equipos electrónicos de alta tecnología se fabrica en Asia y están disponibles a precios accesibles en el Oeste. Este proceso de globalización multicéntrico es promisorio a futuro. Los intentos por mantener la producción en los países desarrollados mediante la importación de mano de obra barata de otras regiones han sido motivo de quejas justificadas de privación de los medios de subsistencia de los trabajadores locales, los cuales temen la pérdida de sus empleos.

Al mismo tiempo se ha generado una bomba de tiempo ecológica como resultado de la búsqueda del crecimiento económico desenfrenado de nuestra sociedad de consumo. En lugar de cambiar nuestro estilo de vida y prioridades, se siguen saqueando los recursos de nuestro planeta a expensas de las generaciones futuras. El cambio climático recibe mucha atención en este contexto, tanto por el público en general como por los líderes de todo el mundo (Knip, 2012). Pero el calentamiento global es sólo uno de los síntomas de esta degradación (Heap, 2004). El enfoque en este problema distrae la atención de la causa de fondo: hay demasiadas personas que están consumiendo en exceso. Esto se asemeja a un mal médico que aborda los síntomas de una enfermedad en lugar de atender las causas y sus remedios. El grupo de opositores a la globalización es diverso; el control de la natalidad es un tema delicado en muchos países y la planeación orientada a reducir el consumo es percibida como una iniciativa suicida por muchos políticos.

La actual crisis económica que enfrenta el mundo después de décadas de crecimiento excesivo muestra que el espejismo neoliberal de un mercado totalmente libre ha llevado a la inflación desenfrenada de la economía. Se requieren cambios importantes. Las bombas de tiempo sociales y ecológicas ya mencionadas son elementos fundamentales para resolver nuestros problemas. Son pocos quienes han previsto que todo esto ocurriría sólo dos décadas después de la debacle de la economía dirigida en Europa Oriental. Necesitamos nuevas estructuras económicas para satisfacer las necesidades presentes y futuras de la humanidad.

LA CRISIS ACTUAL: ¿INDICIO DE LA CATÁSTROFE O RETO GLOBAL?

En el caos que siguió a la estafa hipotecaria Madoff y el colapso del banco Goldman Sachs en Estados Unidos, diversos bancos de todo el mundo se han visto involucrados en una serie de fraudes, incluyendo manipulaciones de las tasas de interés EURIBOR y LIBOR (Tamminga, 2012). Hedge Funds busca en la Bolsa de Valores para identificar empresas que tienen problemas económicos, y las organizaciones autodenominadas calificadoras de crédito fuerzan a los países con grandes deudas a pagar tasas de interés excesivamente altas. Es evidente que esta avaricia corporativa no puede continuar.

Los acelerados aumentos en el desempleo asociados al inicio de la actual crisis económica hicieron imposible para muchos estadounidenses pagar sus hipotecas. Como consecuencia, los bancos embargaron sus casas y las personas afectadas tuvieron que desalojarlas y unirse a las masas de personas sin hogar que viven en las calles, bajo los puentes, etcétera, en las llamadas “ciudades carpa” (Valk, 2012). Otros están a sólo un paso de caer en esta situación, en ausencia de un sistema de seguridad social. Unos pocos afortunados han recibido el apoyo de sus familiares o amigos, mientras que otros dependen de la solidaridad de su comunidad. La situación de los grupos discriminados, como los afroamericanos y los inmigrantes ilegales (mexicanos), es especialmente precaria. Oficialmente, existen 750 000 personas sin hogar en Estados Unidos, pero los trabajadores sociales estiman que esta cifra es de 3 500 000. Las protestas organizadas por el Movimiento Occupy Wall Street en todas las principales ciudades estadounidenses son señales de este descontento creciente. Respuestas comparables en otros países industrializados muestran que estos gobiernos también afrontan problemas propios.

A nivel nacional, la mayoría de los países europeos ha mantenido un cierto equilibrio social a través de negociaciones entre el gobierno, los patrones y las organizaciones sindicales. Sin embargo, en cuestiones internacionales los gobiernos y sindicatos tienen influencia marginal. Las multinacionales son los actores dominantes y no están a favor de estructuras políticas regionales y globales. Su objetivo es obtener ganancias en el corto plazo y alcanzar altos índices en la Bolsa de Valores para satisfacer a los accionistas. Mientras tanto, persiste la dominación hostil por parte de empresas y bancos, y la concesión de bonificaciones elevadas a los grandes industriales es una práctica común, incluso si sus empresas terminan en la quiebra por una mala administración. Así pues, la globalización no se limita al sector económico, sino que también moldea los sectores políticos y sociales como parte del ámbito ecológico de nuestro planeta. ¿Cuáles son las opciones remanentes después de la debacle de la economía centralizada y el libre mercado? Ya no son aceptables nuevas dictaduras y, por tanto, no constituyen una opción. Para que las soluciones sean duraderas se requiere un amplio arraigo en discusiones democráticas entre todos los involucrados. Sólo así podrán desarrollarse nuevas ideas y estilos de vida modernos sustentables. Algunas personas promueven el regreso a un liderazgo religioso en la sociedad. Sin embargo, esto inevitablemente se traducirá en luchas entre los grupos religiosos o en su represión. Además, el fundamentalismo no necesariamente crea puestos de trabajo, pero puede orillar a los jóvenes a realizar actos desesperados de terrorismo. Por ello, es mejor que trabajemos a favor del bienestar sustentable de la humanidad en nuestra casa, el planeta azul (Lesage y Vermeiren, 2011). Erasmo dijo una vez: “El mundo es su patria”.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington, D. C., provocaron una onda expansiva que repentinamente hizo consciente a todo el mundo del odio internacional generado por las tensiones políticas internacionales, particularmente en el Oriente Medio (Dalby, 2011). También marcaron el inicio de la guerra contra el terrorismo lanzada por el presidente Bush (Smith, 2011). Las razones por las que Bin Laden decidió realizar esta acción espectacular no han sido estudiadas detenidamente. ¿Fue la ira por el papel geopolítico de Estados Unidos en la región, la discordia con el poderoso imperio de petróleo acumulado en cooperación con los dirigentes regionales (Rice y Tyner, 2011) o la envidia por la riqueza de los decadentes no creyentes occidentales? Las razones por las que Bush tuvo que atacar Irak, con tanto poder desplegado en la búsqueda de armas de destrucción masiva inexistentes, también han sido discutidas en raras ocasiones. Nunca se han demostrado los vínculos entre el gobierno iraquí y Al-Qaeda. El orgullo herido como resultado de los acontecimientos del 11 de septiembre podría haber desempeñado un papel importante. Las inquietudes relacionadas con los intereses petroleros y la presión por parte del complejo militar estadounidense son otros factores que también hay que considerar. La invasión no fue la operación fácil pronosticada por Bush, y la idea de que Irak podía transformarse en una democracia occidental por medios militares resultó ser un fracaso. La guerra contra el terrorismo y la búsqueda de Bin Laden en Afganistán siguieron, con un costo enorme, pero tampoco tuvieron éxito. Los daños en las zonas de combate son cuantiosos, pero el daño a las relaciones internacionales es mucho más importante. De hecho, todos vivimos en una especie de “guerra generalizada” (Gregory, 2011), dominada por el síndrome de “el Gran Hermano te vigila” (Coleman y Kocher, 2011), un miedo creciente al terrorismo y un “eje del mal” inventado.

EL CAMINO POR RECORRER

Estamos agotando los recursos del planeta Tierra y hemos alcanzado los límites de crecimiento. Afortunadamente podemos hacer un uso más eficiente de los recursos existentes, crear nuevos materiales e inventar nuevos métodos de producción de energía mediante la ciencia y la tecnología modernas. Las últimas décadas han generado avances interesantes en esta área, pero todavía son muy insuficientes para resolver los problemas mundiales actuales. La creciente preocupación de la opinión pública es positiva y ha impulsado la participación de jefes de Estado y otros tomadores de decisiones en reuniones mundiales acerca del tema. De cualquier manera, aún queda mucho por hacer.

Por ello, la cooperación mutua y una gobernanza adecuada en los niveles regional y mundial son imprescindibles para el futuro. Este proceso de globalización de enfoques múltiples, también conocida como “glocalización”, no debe limitarse exclusivamente al ámbito económico, sino también abarcar aspectos sociales y ambientales. La lucha de Europa en este sentido constituye un ejemplo prometedor, pero también demuestra cuán difícil es establecer y mantener la solidaridad necesaria. Deben evitarse los Estados-nación monolíticos, ya que privan a los ciudadanos de la posibilidad de vivir con personas que tienen otras formas de vida en un ambiente de respeto. Las dictaduras, que surgen a raíz de problemas políticos o religiosos, tienen efectos negativos similares. Además, tarde o temprano pierden el apoyo de su comunidad y, por lo tanto, sustentabilidad. Pueden alcanzarse resultados duraderos sólo cuando las decisiones están enraizadas en la libre voluntad de las personas en un sistema democrático. Debemos regular el libre mercado y evitar una liquidación económica y cultural en todo el mundo (Verstappen, 1995; 1996; 2001). Además, debemos hacer frente a los límites del crecimiento de manera urgente y mediante enfoques innovadores. La humanidad debe retomar un nuevo curso para crear una sociedad habitable (Wilde, 2011) y estar preparada para defenderla. Pero ¿tendremos éxito? Por supuesto, es imposible predecir el futuro: una súper plaga pandémica o un desastre natural de grandes proporciones pueden cambiar el panorama completamente. Sin embargo, continuar con el rumbo actual puede conducir a la autodestrucción de la humanidad. Prevenir que esto suceda es nuestra responsabilidad común. El futuro está en nuestras manos.

REFERENCIAS

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1Publicado originalmente en European Review, 25(4), 688-697. DOI:10.1017/S1062798717000230.

Traducción de María Elena Sánchez Salazar. Permission Licence reference Q 11798, Cambridge University Press.

Recibido: 30 de Junio de 2019; Aprobado: 19 de Agosto de 2019; Publicado: 01 de Diciembre de 2019

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