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Investigaciones geográficas

versión On-line ISSN 2448-7279versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.99 México ago. 2019  Epub 25-Sep-2019

https://doi.org/10.14350/rig.59958 

Trabajo de campo

Propuesta para una lectura comprometida del paisaje. San Luis Huexotla, Estado de México

Gabriela Wiener Castillo* 

* Posgrado de Geografía. Universidad Nacional Autónoma de México


En algún momento de su historia poscolonial, el pueblo de San Luis Huexotla perdió el vínculo entre su organización comunitaria y el paisaje que la sustentaba. Esta pérdida se nota en el poblado actual.

San Luis Huexotla se encuentra en el municipio de Texcoco, al oriente de la cuenca de México, en la llanura noroccidental de la Sierra Nevada, sobre la vertiente poniente, a una altitud entre los 2260 y 2400 msnm, a los 19° 28’ 52” latitud norte y 98° 51’ 59” longitud oeste. Se ubica a cuatro kilómetros al sureste de la ciudad de Texcoco.

Es un poblado que tiene un núcleo urbano bien definido y que aún conserva pequeñas áreas agrícolas en el perímetro exterior. Cuenta con una población de unos 5000 habitantes, entre nativos e inmigrantes. En la actualidad sufre la presión de la conurbación con la ciudad de Texcoco, y desde 1970 no aparece en los censos de población como pueblo diferenciado de esta última, sino como una colonia más de la cabecera municipal.

Esta realidad dista mucho de la grandeza que tuvo en la antigüedad, cuando fue uno de los principales señoríos o altépetl del Acolhuacan, con una población aproximada a los 17 000 habitantes, según Smith (2005, 2011). Algunos académicos ubican su existencia aún antes de la llegada de Xólotl y a la fundación del Acolhuacan en el siglo XII (Brumfiel, 1987; Aguilar y Batock, 2013). La arqueóloga Elizabeth Brumfiel (1987, p. 5) se atreve a afirmar que fue “el pueblo más importante en el oriente del Valle, un pueblo con su propio gobernante, palacios y templos, y presumiblemente, su propio mercado”. De este pasado indígena quedan huellas monumentales del posclásico tardío en el centro del casco urbano y en los campos de cultivo de propiedad privada, situados en la periferia próxima. Sin embargo, la comunidad actual es prácticamente indiferente a la presencia de dichos vestigios arqueológicos.

Son varios los sitios arqueológicos que posee el poblado de Huexotla. Algunos contienen edificaciones sencillas tanto en su factura como en sus dimensiones; sin embargo, hay otros que albergan basamentos arquitectónicos de mayor calidad. Tales son los casos del conjunto que conforman la Estancia y la Comunidad, el edificio circular dedicado a Ehécatl y la ‘gran’ muralla o ‘fortificación’, como la llamó Paul Gendrop (1979, p. 254). A estos sitios se suman la escalinata y la plataforma, que formaban parte del gran teocalli sobre el cual se erigieron la iglesia y el convento en el siglo XVI. Según María Teresa García (1987), este fue el principal centro ceremonial de la región, lo que explica la presencia de varios teocallis y la alta concentración de restos de cerámica utilizada en actos ceremoniales. Se trata de estructuras arquitectónicas importantes que formaron parte de uno de los principales altépetl del señorío del Acolhuacan.

Esta investigación sobre el paisaje de San Luis Huexotla tiene entre sus principales objetivos entender la relación que el pueblo guarda con su patrimonio arqueológico, cuál es el sentido que este tiene (si lo tiene) en las rutinas de la vida cotidiana, qué lugar ocupa y si forma parte del imaginario colectivo que sustenta su identidad, y, finalmente, si todavía existe una relación entre el pueblo y el Monte Tláloc, como sí la mantienen otros pueblos de la región. Se busca explicar por qué tienen esa actitud de aparente indiferencia hacia sus monumentos y, en consecuencia, comprender qué significa (para ellos) su paisaje actual; es decir, qué elementos implica y bajo qué orden existen.

El tema central es el paisaje de San Luis Huexotla. Y por paisaje se entiende la unión, el entramado de relaciones entre la naturaleza y la cultura que conforma un espacio que la comunidad percibe de cierta manera, tanto en lo individual como en lo colectivo, y lo comprende como propio, donde sus vidas transcurren. Así, pues, el paisaje está constituido tanto por elementos materiales como inmateriales y en el acontecer entre lo material y lo inmaterial se crea lo simbólico, a través de las prácticas encauzadas por esquemas específicos que se llevan a cabo en ciertos espacios y con determinados objetos y personas. Ahí es donde se supone que tendrían un lugar los vestigios arqueológicos de esta comunidad, pero no es el caso.

En la Convención Europea del Paisaje, el paisaje es “un área como la perciben las personas, cuyo carácter es el resultado de la acción e interacción de factores naturales y/o humanos”. Las personas que perciben son el observador de paso o externo, así como el habitante cuya vida está aferrada emotivamente al paisaje. Sin embargo, el significado se aplica para ambos casos, aunque una percepción sea menos profunda que la otra, porque, en estricto sentido paisaje, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE), significa “parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar”, es decir, lo que cualquiera alcanza a ver con la mirada desde cierta distancia. Aunque no significa lo mismo para el observador externo cuya apreciación es un tanto superficial, como para el habitante cuya significación es profunda y existencial. Por tal motivo, si se quiere conocer a mayor profundidad un paisaje es necesario andar al lado del habitador, adentrarse con él a su paisaje y ver cómo él lo mira, cómo lo percibe.

Una de las hipótesis de esta investigación plantea que la apreciación del patrimonio arqueológico por parte de la comunidad nativa (y no nativa) sería otra si conocieran el proceso histórico de su paisaje y pudieran identificar en qué etapa de ese proceso se insertan sus propias vidas y experiencias, así como el lugar que ocupan los elementos del paisaje en tal proceso. Si pudieran visualizar la dimensión histórico-geográfica del paisaje tal vez lo percibirían de otra manera, en una escala temporal y espacial más amplia en donde resurgieran no solo los vestigios arqueológicos, sino también los elementos naturales que también han perdido sentido. Suponemos que la elaboración de un mapa podría ser una forma de narrar ese proceso y que aportaría múltiples lecturas de la interrelación de los elementos del paisaje. Al fin, paisaje también significa lo que se ve y el objeto que lo representa. Matless (1992, pp. 44-45) considera que las “representaciones, imágenes, conocimiento y fantasías son asuntos muy concretos… constitutivos de lo que el mundo está hecho, de verdad”.

En palabras de Minca (2008, p. 223), “el paisaje tanto en su representación como en su constitución se rige por una determinada estructura espacio-temporal sobre la que convergen… las ideas de orden y desorden”. Tal estructura se manifiesta en la forma. El orden implica, de manera inevitable, la “diversidad e interacción de una multitud de entidades” (Zimmer, 2008, p. 41) que saltan en la forma y son visibles al observador. Según Zimmer, “el espacio ‘real’ es un orden de sentido” que la comunidad le ha dado a lo largo del tiempo. La percepción de los habitadores está matizada por el significado que el orden y las reglas que lo rigen tienen para el grupo cultural, lo cual asignan sentido a la forma visible. Por lo tanto, puede decirse que cualquier estructura espacial, incluso las prácticas y su expresión física, tienen una composición; es decir, hay intenciones de sentido detrás de ellas que organizan los elementos, su ocurrencia, disposición y combinaciones con base en cierta visión del mundo.

El significado de orden, según el DRAE es: “2. Concierto y buena disposición de las cosas entre sí. 3. Regla o modo que se observa para hacer las cosas… 5. Ámbito de materias o actividades en el que se enmarca algo”. Entonces, orden es, al mismo tiempo, la manera en la que están organizadas las cosas, las reglas que determinan tal organización y el medio socio-político que produce las reglas, la organización y, por lo tanto, las formas. Es por ello, que se puede utilizar al orden como categoría de análisis para “revelar la estructura misma de los objetos y de los fenómenos”.

Consideramos que el paisaje es, como dice J. B. Jackson, “un rico y hermoso libro que está siempre abierto frente a nosotros. Lo que tenemos que hacer es aprender a leerlo” (Jackson, 1951 en Taylor, 2008, p. 2). Aprender a leer a profundidad el paisaje requiere, según Daniels (2004), fuentes primarias, metodologías interpretativas y perspectivas teóricas. Consideramos que el paisaje es la principal fuente, aunque no la única, y por ello creemos que es necesario hacer una lectura involucrada y comprometida en el paisjae -y no sólo de él- a través de las caminatas (Schultz, 2014).

Toda forma de vida tiene una visión del mundo que la organiza, le da sentido y está sustentada en valores; esta visión del mundo es sensible al cambio de percepción que se actualiza constantemente por las relaciones internas y externas de la comunidad, consigo misma y con el mundo (López Austin, 1998). Esto produce multitud de huellas que, en general, se traslapan o se imponen, “desplazando” a las anteriores, que nunca desaparecen por completo. Por lo que, autores como Federico Fernández, consideran que el paisaje es un palimpsesto en donde es posible identificar la impronta de otros pasados que están sumados en la imagen del paisaje actual.

Las presencias de objetos, su disposición en el espacio (ubicación, distribución, frecuencia), cómo están conectados o interrelacionados con otros, así como las ausencias, lo que no está y que debería estar, son indicadores de ciertas acciones sucedidas a lo largo del tiempo. Indagar qué hay y cómo está es una parte sustancial del trabajo que orienta qué es lo que hay buscar y en dónde para dar cuenta de la forma del paisaje, así como de los procesos que lo han configurado. Sin embargo, este trayecto no es lineal, es circular. La lectura del paisaje no se agota en una sola vista, es necesario regresar a preguntarle (a re-leer) a lo largo del proceso de investigación que será cada vez más informada, cada vez más profunda.

Para explicar el trabajo en campo no nos extenderemos en los marcos teóricos de la investigación del proyecto, nos quedaremos con lo que se ha planteado hasta aquí para contar brevemente de qué se trató el trabajo y cómo se realizó, tema de esta presentación.

Las premisas para el trabajo de investigación en campo fueron, en primer lugar, que el paisaje se percibe con la mirada; segundo, que lo que la mirada percibe son las formas, que las formas tienen un orden basado en las dinámicas del medio biofísico, así como en ideales políticos, sociales y culturales, y que tal orden lo gobiernan las formas de mirar el paisaje que están contenidos en él. Esto indica que es fundamental trabajar directamente en el paisaje, y no solo eso, sino de la mano de su gente para aprender a leer el paisaje desde dentro.

El trabajo de campo pasó por diferentes etapas, porque respondió a objetivos específicos de acuerdo con los diferentes momentos en los que estaba el desarrollo de la investigación y el acceso a recursos o apoyos académicos. Conforme avanzó la investigación y se procesaron datos fue necesario regresar al sitio para renovar ideas y tratar de darle nuevos giros a la mirada buscando ser más creativos en la lectura de las formas de los objetos, de los espacios y las prácticas. Se programó cada visita durante el trabajo de campo y se fijaron los intereses y objetivos con base en ciertas suposiciones, preguntas o hipótesis.

La estructura general de las visitas se planteó con una caminata y, al menos, una entrevista. En todas las ocasiones se combinó el andar y conversar con las personas del lugar. Siempre que se pudo se buscó provocar un recorrido con algún miembro de la comunidad para explorar más su percepción de la localidad. El pueblo no es grande, por eso se pudieron programar las visitas combinando trabajo de archivo y ‘de calle’. En este caso particular, se definieron cuatro etapas de trabajo de campo, para abarcar las diferentes estaciones del año y todas sus fiestas, con el fin de identificar las variaciones a lo largo del año, así como los elementos que componen a dichas las fiestas y los simbolismos que utilizan, empezando por la organización, el desarrollo de la fiesta, la indumentaria y las actividades, como las procesiones, los bailes, las estaciones, etc.

Se elaboró un croquis con el trazo de las rutas que ejemplifica seis de las caminatas que se hicieron en el pueblo (Figura 1). Se seleccionaron esas seis porque muestran los recorridos que se siguieron para conocer las diferentes zonas del pueblo. Ahí también están indicados los sitios más importantes, según la percepción de las personas, que representaron en los mapas mentales.

Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo, 2015-2017.

Figura 1 Croquis con el trazo de las seis rutas realizadas en San Luis Huexotla, Texcoco.  

La numeración no sigue un orden específico. Los sitios referidos son:

  1. Gran Palacio. Corresponde a la zona del gran teocalli del postclásico. Aquí se incluyen la parroquia de San Luis Obispo de siglo XVIII, el atrio, los jardines y el convento. Este es uno de los núcleos principales del pueblo en donde se reúne la comunidad para las fiestas del calendario católico.

  2. Deportivo. Corresponde a las canchas de futbol. Espacios que se usan con mucha frecuencia.

  3. Muralla. Corresponde a dos fragmentos del elemento arquitectónico que data del postclásico. Según Pual Gendrop (1979, p. 254), Huexotla es “el único lugar que conserva importantes restos de fortificaciones de estilo azteca”.

  4. Capilla de la Virgen de Guadalupa. Corresponde a la que se erigió a finales del siglo XX para conservar la imagen de la virgen en piedra, y que un vecino se encontró en el río a la altura del “puente roto”, que algunos llaman “puente de la virgen”.

  5. Puente roto o puente de la virgen. Este puente data del siglo XVI, aunque hay quien supone que su base es prehispánica.

  6. Sitio de La Estancia y La Comunidad. Corresponde a donde se encuentran los basamentos de estos edificios.

  7. Sitio de Santa María. Aquí se ubican los restos de un basamento arquitectónico del postclásico.

  8. Sitio de Santiago. También corresponde al sitio en donde se encuentran los restos de lo que suponen un teocalli, sobre el que se construyó una capilla.

  9. Cabaña del Hisch. Corresponde a la pulquería del pueblo. Es uno de los hitos más referido en los mapas mentales.

  10. Sitio del edificio de Ehécatl. Corresponde al basamento de planta circular dedicado a Ehécatl, orientado en sentido oriente-poniente, y que coincide con la orientación del sitio ceremonial en la cima del Monte Tlaloc.

  11. Sitio de San Marcos. Corresponde a otro basamento arquitectónico que suponen fue un teocalli y sobre el cual se erigió una capilla.

  12. Secundaria.

  13. Primaria. Este lugar es importante porque el patio de la escuela se usa para las asambleas generales del pueblo.

  14. Cementerio.

  15. San Isidro. Corresponde a una capilla que levantaron los vecinos.

  16. Delegación. Corresponde al edificio destinado a la representación del pueblo que está encargada de resolver las necesidades cotidianas y de representarlos en el municipio.

  17. Centro cívico. Es un espacio público que ha sido intervenido en varias ocasiones y que tiene poco uso.

Primera etapa

Los objetivos principales de esta etapa fueron conocer el pueblo y encontrar a las personas que pudieran facilitar el acceso a la comunidad, personajes que los antropólogos llaman ‘porteros’ (Taylor y Bogdan, 1994), porque son quienes ‘abren’ la puerta al pueblo. En nuestro caso fue el sacristán de la iglesia la persona que nos dio acceso a la comunidad. Gracias a él conocimos personas de todo tipo y edades que nos derivaron a otras; además, fue el mediador con el presbítero, encargado de la parroquia, para hacer el ejercicio de los mapas mentales, que se realizaron en la tercera etapa.

Las visitas de esta etapa van de noviembre del 2015 a marzo del 2016. Como se mencionó, las primeras caminatas consistieron en identificar los hitos del paisaje de Huexotla, observar pausadamente, tomar fotografías y notas. Ejemplo de esto son las rutas 1 y 2 (en tonos verde oscuro y claro en la Figura 1). Durante este periodo también se hicieron varias entrevistas semi-estructuradas a diferentes personas, que en aquel entonces con diferentes roles dentro del colectivo. Se entrevistó al vigilante de los sitios arqueológicos, cuya sede está en las oficinas ubicadas en el sitio del centro urbano, llamado “La Estancia” y la “Comunidad”, al entonces presidente del agua, al presidente de la asociación “Rescate Arqueológico, Histórico y Ecológico de Huexotla” y a su esposa, quiénes además tienen a su cuidado el archivo histórico de la parroquia (Figura 2).

Figura 2 Primera etapa. a) Espacio ceremonial en la cima del Monte Tláloc. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: septiembre de 2015; b) Capilla de la Virgen de Guadalupe. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: abril de 2016; c) Cementerio. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: septiembre de 2015; d) Sitio arqueológico de los basamentos de La Comunidad y la Estancia. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: septiembre de 2015 y e) Sitio arqueológico del edificio de Ehécatl. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: noviembre de 2015. 

Segunda etapa

Esta etapa va de marzo a mayo de 2016 (Figura 3). En este periodo se introdujo una variante al trabajo en campo, que consistió en realizar una caminata de aproximadamente hora y media antes de tener acceso al archivo histórico los martes a las 10:00 am. Ejemplo de esto son las rutas 5 (en tono naranja en la Figura 1) y 6 (en tono rojo en la Figura 1). La esposa del presidente de la asociación antes mencionada (bióloga de profesión) fue quién nos dio acceso al archivo cada martes.

Figura 3 Segunda etapa. a) Festividades de Semana Santa en el atrio y el jardín del convento. Viernes santo. La representación personificada empieza con la condena y termina en la crucifixión de Jesús. En esta ocasión, personajes y espectadores salimos a las calles del primer cuadro a hacer diez estaciones o caídas, las últimas cuatro en el atrio. Este hecho convierte a los espectadores que acompañan a la procesión, en actores, testigos del vía crucis de Jesús. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: marzo de 2016; b) La Muralla. Son los restos de una muralla que Leopoldo Batres supone pudo haber medido 900 metros de largo, la distancia aproximada entre barranca y barranca. Los expertos estiman que era un elemento defensivo para proteger al gran palacio. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: marzo de 2016; c) Vivienda ubicada en el centro del pueblo. Llama la atención el alegre colorido con vivos verdes, además de la improvisación de un par de bancas en las banquetas para tener un buen lugar en las diferentes fiestas y procesiones del clanedario católico. Es como un “reservado”. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: marzo de 2016; d) Puente Roto o Puente de la Virgen, del siglo XVI. Cuentan los vecinos que es aquí en donde fue encontrada la imagen de la virgen que ahora se encuentra en su capilla. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: abril de 2016 y e) Sitio arqueológico del basamento del edificio de Ehécatl en mayo. La imagen del paisaje cambia radicalmente en tiempo de lluvias y en temporada de secas. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: marzo de 2016. 

Durante este periodo se realizaron entrevistas a personas mayores (entre 87 y 102 años) en sus domicilios y a las señoras que ayudan voluntariamente en las necesidades cotidianas de la parroquia. La visión de los abuelos es importante porque une el pasado, que es casi mítico y siempre mejor, con el presente.

Tercera etapa

Esta etapa se llevó a cabo en dos partes, una en enero, y el ejercicio de los mapas mentales de junio de 2017. En enero se hicieron dos caminatas con vecinos del lugar para conocer la percepción de personas de grupos sociales diferentes a los que había conocido. Se identificaron espacios trabajados y decorados por sectores vulnerables de la población, entre ellos un callejón y la barranca del río Chapingo.

Se decidió hacer el trabajo de campo una vez que se tenía mayor conocimiento del pueblo y de su comunidad. Los mapas mentales se dirigieron a indagar sobre la idea que se tiene de lo que es el pueblo y cuáles son los elementos más importantes y su ubicación. La única instrucción que traía la hoja en blanco que se les entregó decía: “Haz un dibujo del pueblo y localiza los lugares más importantes del pueblo con su nombre”.

La práctica se realizó en el atrio de la parroquia, con el permiso del presbítero, un domingo. Se aprovechó el flujo de personas que asistió a las tres misas de la mañana y se lograron 45 mapas (Figura 4). Una vez que se procesó la información de los mapas regresamos a cada uno de los lugares para buscar los elementos que los relacionan entre sí y la forma que esto tiene.

Figura 4 Tercera etapa. a) Mapa mental elaborado por un hombre de 26 años. Práctica del 11 de junio de 2017. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo; b) Mapa de los sectores del pueblo. Se encuentra pegado en uno de los costados del claustro del convento. En el mapa se indican los 18 sectores del pueblo con sus nombres y los sitios o elementos relevantes. Por ejemplo, panaderías, tortillerías, canchas de futbol, centro de salud, pozos de agua, capillas, iglesia, ruinas arqueológicas, Delegación, salón de eventos sociales, etc.; c) Mapa mental elaborado por una mujer de 21 años. Práctica del 11 de junio de 2017. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo, y d) Mapa mental elaborado por un hombre de 17 años. Práctica del 11 de junio de 2017. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo. 

Cuarta etapa

Esta etapa se extendió de agosto a diciembre del 2017. El objetivo central de las visitas de este periodo fue participar en dos de las fiestas más importantes del pueblo para aprender cómo llevan a cabo esas prácticas, quiénes participan, cómo se organizan e identificar qué elementos ocupan, refieren o simbolizan. Una corresponde a la del santo patrono de la parroquia, San Luis Obispo, cuyo onomástico es el 19 de agosto y la segunda fue de la Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre. En ambos casos se aprovechó la oportunidad para entrevistar a algunos participantes y andar con ellos. A través de la experiencia de convivir con el pueblo en la fiesta de la virgen fue posible ver cómo varios sectores del pueblo se suman en un tramado que convierte a buena parte del pueblo en el escenario simbólico para los honores a la virgen de Guadalupe (Figura 5).

Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: agosto de 2017; b) Pintura mural de la Virgen de Guadalupe, realizada por un grupo de muchachos de secundaria, según cuenta la persona que los motivó y organizó espontánemaente, con el interés de mantenerlos ocupados y alejados de los vicios. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: agosto de 2017; c) Puente antiguo, que se encuentra en el río Chapingo. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: agosto de 2017; d) Muro de piedra y adobe. Algunas edificaciones del centro urbano conservan los sistemas constructivos tradicionales con base en materiales naturales, piedra de canto rodado y adobe. Once manzanas del centro fueron decretadas “Zona de monumentos históricos” en marzo de 2001 por elpresidente Vicente Fox. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: marzo de 2016, y e) Deportivo junto al convento. A un costado del conjunto religioso existe este espacio libre que se utiliza como canchas de futbol y basquetbol. También se usa como recinto ferial. Fuente: Gabriela Wiener Castillo. Archivo de campo: diciembre de 2017.

Figura 5 Cuarta etapa. a) Fiesta patronal de San Luis Obispo en la Parroquia. La fiesta dura una semana y está detalladamente programada. La organización de esta y las demás festividades religiosas se rota en los sectores. Vemos a uno de los sectores esperando para presentarse en el altar y portan la imagen de la virgen de Guadalupe para recibir bendiciones. Se visten con ropa especial para la ocasión y llama la atención no solo el colorido de la vestimenta sino la combinación de símbolos que llevan. 

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Las notas, los dibujos y las fotografías capturan las imágenes de las formas encontradas: calles, barrancas, jardines, edificios, huertos, materiales, acabados, alturas, dimensiones, proporciones, secuencias visuales, texturas, colores, sonidos, olores. Actualmente se está generando material a partir del análisis de las formas con base en el orden ideológico, social y político que las explican y considerando los conceptos de Heidegger (1971) de que las cosas son lo que son por el uso que se les da (o por la necesidad), y la de Bruno Latour (1996) de las redes de asociaciones en donde todo está relacionado en múltiples redes y nodos de acuerdo a su posición. Se invierte el criterio del orden como categoría de análisis en su opuesto simétrico, que lo convierte en una categoría de composición (de integración) para generar un mapa con esta investigación.

REFERENCIAS

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