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 número96Vegara Gómez, A. De la Rivas Sanz, J. L. (2016). Supercities. La inteligencia del territorio. Fundación Metrópoli, Madrid, 390 pp., ISBN 978-84-608-4460-0Hatch Kuri, G. (2017). Paso del Norte: la competencia por las aguas subterráneas transfronterizas. El Colegio de Chihuahua, México, 295 pp., ISBN 978-607-8214-48-8. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, ISBN 978-607-520-275-4 índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
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Investigaciones geográficas

versão On-line ISSN 2448-7279versão impressa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.96 México Ago. 2018

http://dx.doi.org/10.14350/rig.59721 

Reseñas

Lefebvre, K. y Paredes Martínez, C. (Ed.) (2017) La memoria de los nombres: la toponimia en la conformación histórica del territorio. De Mesoamérica a México. Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental, Universidad Nacional Autónoma de México. 473 pp., ISBN 978-607-02-9048-0

Lourdes de Ita Rubio* 

* Instituto de Investigaciones Históricas. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

Lefebvre, K.; Paredes Martínez, C.. 2017. La memoria de los nombres: la toponimia en la conformación histórica del territorio. De Mesoamérica a México. Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental, Universidad Nacional Autónoma de México, 473p. ISBN: 978-607-02-9048-0.

Este libro electrónico, de reciente publicación, tiene su origen en un coloquio homónimo que se llevó a cabo en junio de 2015 en el Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental, en el campus Morelia de la UNAM y en el que se dieron cita 45 ponentes de distintas instituciones académicas y gubernamentales dispersas a lo largo de diversos estados del país. De las ponencias presentadas en el coloquio, 21 trabajos fueron desarrollados para conformar los capítulos de la presente publicación.

¿Cómo se originan los nombres de los lugares? ¿Cómo evolucionan estos a través del tiempo? ¿Qué convenciones se siguen al asignar el nombre de un sitio en la cartografía? ¿Cómo se entrelazan el espacio humanizado y la lengua para crear un territorio y su designación a través de la historia? ¿Qué nos dice la toponimia del pasado de un territorio, de un asentamiento? Estas son algunas de las preguntas que se plantean en los ensayos que se presentan en este volumen que, por su carácter de libro virtual,1 se nos ofrece accesible a todos los que, desde distintas esferas y aproximaciones, hemos considerado este elemento cultural, lingüístico y territorial de nuestro espacio geográfico.

La obra que nos presentan Carlos Paredes y Karine Lefebvre ofrece, en primera instancia, una introducción muy completa a los que por primera vez se interesan en el tema.

El libro contiene 6 secciones que organizan los ensayos de acuerdo al mismo número de ejes rectores: I. La Normatividad y motivación en la denominación de los lugares, que contiene tres trabajos; II. El cambio toponímico a través de la historia, con cinco participaciones; III. Los aportes y tropiezos con la toponimia en la arqueología, donde encontramos otros tres trabajos; IV. Toponimia e historia a través de la iconografía y la cartografía colonial, con tres ensayos; V. La toponimia desde el enfoque sociolingüístico, conformado por cuatro ensayos, y la sección VI. Etnohistoria y antropología en el estudio de la toponimia, con tres trabajos.

Los autores de estas contribuciones se distribuyen en un espectro de instituciones nacionales entre los que se cuentan: once participantes del INAH, cinco participantes del INEGI, cinco autores de la UNAM, dos de la ENAH, dos participantes del CIESAS, un autor de la Universidad Pedagógica Nacional, una autora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y una autora de la Universidad Autónoma de Campeche, ubicándose principalmente en la zona centro –incluyendo el centro occidente y el centro sur– del territorio nacional, con extensiones hacia el sureste y noroeste, lo que se relaciona con las áreas que se estudian en estos trabajos y que se presentan en un mapa en la página 11 de este libro.

En la primera sección de este libro se incluyen tres presentaciones, entre ellas la de Carlos Paredes, quien es uno de los editores de la obra. Estos primeros ensayos discuten desde la normatividad que utiliza el INEGI para recabar los nombres de las localidades y asentarlos en la cartografía básica que maneja, hasta el interesante caso de la toponimia purépecha, en el que Paredes discute la dinámica de los nombres puré en el espacio geográfico, entendiéndola como una especie de demarcación de la avanzada en el territorio. En su contribución, Paredes cuestiona algunos presupuestos aceptados desde las primeras décadas del siglo XX, en los que se asumía a la región purépecha como una zona relativamente aislada de otros grupos étnicos y, por el contrario, destaca la ubicación del territorio michoacano como una zona permeada por el paso de muchos pueblos. En este análisis resulta interesante la manera en que se menciona que se repetían o fundaban asentamientos con el mismo nombre de algunos de los sitios principales, en lugares diferentes, como posible estrategia de confusión de los enemigos. Por medio de la toponimia y su contextualización histórica, Paredes logra una exposición de los movimientos poblacionales, la migración y los cambios en el tipo de poblamiento; analiza la sujeción y alianza entre pueblos con rivales comunes como podrían ser los matlatzincas y los purépechas contra los mexicas, donde uno de ellos (los purépechas) sería dominante, pero probablemente haría ciertas concesiones hacia sus aliados, permitiéndoles conservar los nombres de algunos de sus asentamientos.

Tanto el trabajo de Paredes como el de Fernando González de Ávila (este último de la sección II), nos permiten asomarnos al rico mundo de la dinámica histórico-geográfica del territorio mexicano por medio del análisis toponímico, apuntalado con la revisión de documentos coloniales, como relaciones o registros de mercedes en las zonas limítrofes de la Nueva España durante la avanzada hacia el norte, así como con el examen cartográfico de la región, tanto con mapas coloniales como actuales, realizados ex profeso por los autores, lo que permite entender los sucesos a una escala más fina y observar elementos del tejido social de esas regiones, textura que, de otra manera, se perdería en la generalización y en la estadística. Estos dos trabajos, junto con el de Juan Gallardo Ruiz (de la sección I) nos llevan a percibir la complejidad de las relaciones sociales de dominio y de sujeción en el territorio, traslucidas mediante los nombres, sus significados y los cambios de nombre. Resulta muy interesante la manera en la que Juan Gallardo, haciendo uso del trabajo de campo y recuperando narraciones y ejercicios interpretativos del espacio vivido, mediante representaciones gráficas y cartográficas de los pobladores, explora el acto de nombrar y definir el territorio como ejercicios naturales de apropiación.

En la sección III, el trabajo de Karine Lefebvre, la otra editora de la presente obra, constituye una contribución atractiva y novedosa llevada a cabo con fuentes arqueológicas, históricas, geográficas y cartográficas. Este capítulo se muestra enriquecedor y dinámico en su metodología por el uso de los sistemas de información geográfica con un verdadero sentido histórico, como una herramienta de análisis espacial, con una guía que reconoce los documentos coloniales de mercedes, tierras de estancia de ganado mayor y menor en la región de Acámbaro. Esa región fue de suma importancia en el siglo XVI debido a que se localizaba en la zona limítrofe de la frontera del territorio ya asimilado por España, y hacia el norte la zona chichimeca, a la que se procuraba avanzar. Sabemos que el poblamiento de la región, después reconocida como el Bajío, sería catalizado por la necesidad de cuidar el camino de la plata hacia las minas de Zacatecas. El análisis de Karine Lefebvre nos permite entender la dinámica de apropiación hispana de un territorio multilingüe y multiétnico y “la situación social compleja de la zona en la cual convivían poblaciones tarasca, otomí, chichimeca, mazahua y matlatzinca” en donde, aclara Karine, el patrón de las poblaciones parece ser anterior a la conquista. Este trabajo utiliza fuentes diversas, como documentos coloniales para el análisis histórico, objetos de la cultura material para el análisis arqueológico, cartografía actual para el análisis topográfico e hidrográfico y trabajo de campo, de archivo y de gabinete, para el análisis toponímico.

Además de la motivación en la denominación de los lugares y los cambios de dicha designación a través de la historia, el libro coordinado por Lefebvre y Paredes nos presenta una serie de trabajos que exponen las aportaciones para los estudios toponímicos, no sólo de la arqueología, sino también las de la cartografía y la iconografía colonial, la sociolingüística y la etnohistoria, corroborando que son los pueblos mismos que habitan los lugares quienes los nombran en lo cotidiano, los registran, y guardan su memoria al cabo de generaciones.

Los 21 trabajos reunidos en este libro nos ofrecen una panorámica de la toponimia en la actualidad; son investigaciones que desde distintas perspectivas permiten al territorio contar su historia a través de sus nombres: lengua y lugar se corresponden como un sistema binario en el que uno gira alrededor de la otra hasta fundirse en una sola entidad de la que se emiten reverberaciones que se desplazan en el espacio y en el tiempo, alcanzándonos hasta el día de hoy.

Esta obra constituye una referencia sólida en el quehacer geográfico e histórico de quienes consideramos al territorio como un elemento esencial en nuestros análisis, pero no un territorio neutral y desprovisto de habla, sino un espacio lleno de sonidos articulados en las lenguas locales que cuentan su historia.

1El libro es de libre descarga en el sitio: http://www.ciga.unam.mx/publicaciones/

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