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Investigaciones geográficas

On-line version ISSN 2448-7279Print version ISSN 0188-4611

Invest. Geog  n.96 México Aug. 2018

http://dx.doi.org/10.14350/rig.59718 

Trabajo de campo

Metodologías de campo para la evaluación de los impactos del urbanismo en los paisajes de la Amazonia indígena ecuatoriana

Alexandra Magaly Lamiña Luguaña* 

* Instituto de Estudios Latinoamericanos Lozano Long, LLILAS. Universidad de Texas, Austin

Introducción

En las últimas décadas el estudio de los impactos de la urbanización en los paisajes amazónicos ha revelado importantes cambios sociales, ambientales y económicos en las poblaciones indígenas. Algunos trabajos han analizado los cambios del paisaje desde una perspectiva de transición “rural-urbano”, en la que interactúan fuerzas globales y locales (Browder, 2002). Al discutir cómo la geopolítica global se interrelaciona con las dinámicas sociales locales, algunos autores argumentan que el fenómeno de la urbanización, clave para el desarrollo de la frontera amazónica, no ha significado un signo de fortalecimiento social y económico (Ryder y Brown, 2000). Otros estudios han articulado temas de desarrollo comunitario, representación social y política en el estudio del paisaje indígena amazónico (Perreault, 2003b, 2003a; Radcliffe, 1996; Valdivia, 2005). Por otro lado, al analizar los procesos de urbanización indígena amazónica se han incorporado subjetividades relacionadas a la identidad, pertenencia, movilidad y redes sociales en el estudio de los paisajes urbanos indígenas (Peluso, 2015). Estos enfoques destacan la necesidad de un estudio profundo y matizado del paisaje urbano indígena amazónico, incorporando experiencias históricas de las sociedades indígenas en los cambios sociales, políticos y migratorios (Alexiades, 2013). Considerando estas perspectivas, el estudio del urbanismo en territorios indígenas permite la incorporación de diversas nociones de identidad, indigenismo y espacialidad, debilitando cánones dualistas de “rural-urbano” (Alexiades y Peluso, 2015).

Urbanismo y paisaje indígena son nociones que comparten tensiones debido a que el primero es considerado un vehículo para colonizar sistemas de vida indígena, mientras que el segundo puede ser concebido como un espacio de memoria, resistencia y agencia. Sin embargo, los estudios urbanistas están reorientándose e incorporando el género, la raza y la etnicidad, al igual que las experiencias migratorias y el sentido de identidad (Swanson, 2007). El análisis del paisaje indígena puede hacer hincapié entre dos procesos continuos de “desposesión de tierras” (Radcliffe, 2014) y un acto subyacente de “desplazamiento” (Lyall, 2016), con la finalidad de problematizar la noción naturalizada de las ciudades amazónicas como espacios no-indígenas necesarios. Considerando estas perspectivas, se puede avanzar en el análisis crítico del urbanismo y los paisajes indígenas amazónicos, un área de estudio escasamente investigado debido a su “invisibilidad, complejidad y ambivalencia en las políticas de indigenismo, identidad y representación” (Alexiades y Peluso, 2015; Sobreiro, 2015). En este sentido, el tema indígena y el urbanismo están incorporando importantes conceptualizaciones y nociones metodológicas para promover una investigación post- y de-colonial (Porter, 2010; Sandercock, 1998; Ugarte, 2014; Walker, Jojola y Natcher, 2013). Al mismo tiempo, abandonando las yuxtaposiciones epistemológicas y ontológicas que emergen al aplicar metodologías mixtas en la investigación de campo (Lawson, 1995; Matunga, 2013), el fenómeno de la urbanización y el paisaje indígena puede ser comprendido a través de diversas narrativas, subjetividades, infraestructuras, materialidades y evaluaciones micro ambientales.

El paisaje indígena amazónico es considerado como un escenario complejo donde han interactuado elementos humanos y no-humanos, enfatizando que la actividad humana ha manejado, transformado y resistido a las dinámicas ambientales, sociopolíticas e históricas (Clement et al., 2015; Erickson, 2010; Whitten, 2003; Whitten, Scott Whitten y Chango, 1997). Los estudios del paisaje indígena amazónico han contribuido proactivamente a la producción académica y al apoyo a las comunidades indígenas en sus luchas reivindicativas frente a procesos coloniales y occidentales de producción del conocimiento (Aguinda, Dahua, Gualinga, Merino y Guarderas, 2009; Jácome-Negrete, 2013, 2016). Por tanto, es importante destacar que la perspectiva metodológica que se presenta en este trabajo tiene un enfoque crítico y colaborativo que reclama el compromiso del académico para realizar una investigación que promueva y beneficie la auto-determinación de los participantes, enfoque las preocupaciones y visiones de las familias indígenas, y se incorpore el conocimiento indígena, costumbres y ritualidades (Denzin, Lincoln y Smith, 2008; Freire, 2005; Smith, 2013). De esta manera, es posible avanzar en una nueva política de producción de conocimiento al escuchar y aprender de nuestros colaboradores para, al mismo tiempo, ser actores resistentes a lógicas coloniales (Lugones, 2011).

El proceso metodológico que se presenta en este artículo se desarrolló en una comunidad indígena asentada en las riveras del río Napo, en la Amazonia ecuatoriana. Los paisajes y recursos naturales que caracterizan la importancia histórica, sociocultural y ritual para los habitantes (Goldáraz, 2005) contrastan con los altos niveles de pobreza, exclusión social y deterioro ambiental producto de más de medio siglo de explotación petrolera (Gerlach, 2003; Lu, Valdivia y Silva, 2016; Villacís y Carrillo, 2012). El objetivo de la presente propuesta metodológica es la comprensión crítica del urbanismo en los paisajes indígenas con la finalidad de reorientar el ejercicio de la planificación e incorporar a la población indígena como actores de su propia planificación desde sus conocimientos y realidades sociales, políticas y territoriales.

Área de estudio

El área de estudio corresponde al proyecto urbano “Comunidad del Milenio Pañacocha” y se ubica en la Amazonia Norte del Ecuador, a orillas del río Napo. La referencia geográfica del proyecto es de 0°27' Sur y 76° 4' Oeste (véase Figura 1). Este proyecto se edificó en la jurisdicción provincial de Sucumbíos, en una zona de planicies amazónicas y se constituyó como una cabecera parroquial que lleva el mismo nombre, Pañacocha. Esta parroquia tiene una población de 860 habitantes (422 mujeres y 438 hombres) y la población indígena suma, aproximadamente, 669 habitantes, el 77.8% del total (SNI, 2010). Las principales actividades económicas de la población son la producción agrícola, el trabajo doméstico, los fletes de transporte fluvial, el trabajo de jornaleros y el pequeño comercio, así como actividades de subsistencia como la cacería y pesca alrededor de la comunidad.

Figura 1 Mapa de ubicación del área de estudio y de los principales elementos del paisaje kichwa. 

La comunidad indígena Pañacocha, (“Laguna de pirañas”, en su traducción literal del kichwa amazónico) está ancestralmente conformada por familias indígenas kichwas y familias mestizas. Estas últimas descienden de colonos, quienes se asentaron durante los últimos 30 años. Pañacocha ha enfrentado múltiples procesos históricos de colonización y planificación gubernamental. En la actualidad, la comunidad ha cambiado su infraestructura comunitaria por un nuevo modelo de asentamiento urbano: Proyecto Comunidad del Milenio. Este proyecto de vivienda pública se traslapa también con el bloque petrolero No. 12, área de mayor producción petrolera del Ecuador (SNH, 2016). Sin embargo, antes del proceso petrolero, la explotación del caucho y canela, el sistema de haciendas y la explotación de minerales influyeron en el paisaje actual de esta comunidad. Durante el siglo XIX, los indígenas amazónicos fueron subyugados y esclavizados como obreros de haciendas, lavadores de oro y trabajadores de caucho (Peñaherrera de Costales, 1969). Estas formas inhumanas de explotación se exacerbaron y continuaron con la presencia de militares, mercaderes, misiones religiosas y varios aventureros en búsqueda de fortuna (García, 1999; Muratorio, 1998). A pesar que las sociedades indígenas amazónicas lograron navegar y enfrentar estos cambios, las comunidades aún deben afrontar lógicas modernas de disciplina y control a través de los proyectos urbanos de vivienda.

En 2013, el gobierno ecuatoriano inició la construcción de viviendas en territorios indígenas con el objetivo de compensar y remediar las inequidades históricas fruto de la explotación petrolera (Petroamazonas, 2013). Se estima que el gobierno ecuatoriano ha planificado alrededor de 200 proyectos de vivienda para obtener el consentimiento de las poblaciones asentadas en zonas de explotación de recursos naturales, considerados como estratégicos por el Estado (Lyall, 2016). El primer proyecto fue inaugurado en Pañacocha con el objetivo de consolidar una cabecera parroquial moderna. Esta comunidad, en particular, pertenece a la provincia más pobre del país, Sucumbios. La pobreza urbana y rural alcanza un 87% (INEC, 2010; Villacís y Carrillo, 2012). Conocida actualmente como “Comunidad del Milenio Pañacocha”, este asentamiento moderno está dividido en 14 bloques y conformado por 64 viviendas privadas, las cuales tienen una arquitectura similar. El modelo de vivienda tiene dos niveles de construcción. El primer nivel es un espacio abierto donde se ubicaron la lavandería y un servicio sanitario. El segundo nivel esta divido en tres secciones: dos habitaciones y un área común para la cocina, comedor y sala. El complejo de la comunidad consta de un centro educativo, un coliseo, un centro médico, un cementerio, botadero de basura y varios espacios abiertos como principales infraestructuras.

Sin embargo, este proyecto de vivienda no consideró el conocimiento, las capacidades y espacialidades indígenas interconectadas en el paisaje amazónico de Pañacocha. Los asentamientos humanos kichwa, en particular la vivienda, no concibe la propiedad privada familiar como norma de convivencia comunitaria (Vitery, 2002). La organización de las viviendas familiares indígenas tampoco obedecen a sistemas estacionarios en un solo ecosistema. La dinámica de los asentamientos humanos gira en torno a las dinámicas ambientales de la Amazonia, donde las familias no controlan el suelo de asentamiento, más bien lo gestionan colectivamente para un aprovechamiento sostenible (Lamiña, 2014). Estas excepcionalidades, claves para la gestión comunitaria de los asentamientos humanos indígenas, fueron ignoradas e invisibilizadas por la planificación formal del proyecto Pañacocha (Lamiña, 2017). En consecuencia, varias familias indígenas y no-indígenas aun continúan residiendo en las primeras viviendas ubicadas en sus fincas familiares, pues esta estrategia les provee y asegura los recursos necesarios para la alimentación familiar, así como garantiza la renovación cíclica de los ecosistemas en Pañacocha. Sin embargo, tanto las familias indígenas y no-indígenas comparten necesidades en común que no han sido atendidas considerando un acceso justo y sostenido a los espacios que ofrece la modernidad. Por ejemplo, acceso a educación especializada y espacios tecnológicos, capacitación para la tecnificación de sus iniciativas locales económicas, interconectividad a las zonas urbanas, apoyo en la resolución de conflictos socio-ambientales y territoriales, entre otras.

Metodología y etapas de trabajo

Previo al trabajo de campo se llevó a cabo la recopilación bibliográfica de la zona de trabajo en áreas concernientes a geografía indígena, etnocartografía, arquitectura y planificación comunitaria. La metodología aplicada consta de las siguientes etapas:

  1. La primera etapa consistió en la identificación, descripción y etnocartografía de los tipos de paisaje indígena kichwa y de sus usos. Para el caso de los paisajes indígenas se consideró un criterio etnoecológico que identifica al paisaje de acuerdo con su importancia sociocultural, ambiental y espiritual para las sociedades amazónicas.

    Desde la cosmovisión kichwa (Aguinda et al., 2009), el paisaje de Pañacocha puede conformarse principalmente por yacu (ecosistemas acuáticos), sacha (ecosistemas terrestres) y allpa (tierra fértil, que contiene todos los recursos del subsuelo). Estos elementos, y sus correspondientes sub-sistemas, conforman el paisaje indígena kichwa, un espacio geográfico donde las aylluguna (familias) se interrelacionan con el medio ambiente, actores no-humanos y seres rituales protectores de cada ecosistema. Igualmente, se identificaron las principales cosmovisiones que se interrelacionan e interconectan en el espacio de vivienda familiar referidos en el trabajo de Aguinda et al., (2009) y Vitery (2002). El ayllu es la familia ampliada por parientes de consanguinidad, afinidad y ritualidad que conforman una unidad socioeconómica y política dentro de la comunidad. El Napo ayllu llacta (familia del Napo) es un grupo social conformado por diferentes ayllu, quienes interactúan con el espacio territorial comunitario. Este grupo conforma el sistema de control, gestión y manejo de recursos. El Napo runa llacta (kichwa del Napo) es el grupo social constituido por todos los aylluguna llacta perteneciente al pueblo kichwa del Napo. Dentro de este territorio se desarrolla la reproducción e interrelación social, cultural, económica y política del pueblo kichwa del Napo.

  2. La segunda etapa comprendió el diseño metodológico para la evaluación arquitectónica, el análisis de la planificación del proyecto y la aproximación a las capacidades de la población frente al eminente reasentamiento en viviendas urbanas públicas. Para desarrollar estas herramientas de investigación se consideraron tres criterios que corresponden a la evaluación de los ambientes internos de la vivienda pública (Toe y Kubota, 2015), la sostenibilidad de la planificación de viviendas (Fien, Charlesworth, Lee, Morris, Baker y Grice, 2008) y las capacidades de resiliencia de la población reasentada (Singer, Hoang y Ochiai, 2015). El criterio ambiental mide los rangos de temperatura y humedad de la vivienda pública y se comparan con las percepciones cotidianas de las familias reasentadas o en proceso de reasentamiento. La evaluación de la sostenibilidad del proyecto de vivienda analiza los impactos económicos, ambientales, socio-emocionales, así como temas de salud y bienestar, materialidad y espacialidad de la vivienda pública. Finalmente, el enfoque de resiliencia comunitaria evalúa cómo las capacidades individuales y colectivas de la población mitigan los impactos producidos por un proyecto urbano en paisajes indígenas. Los trabajos académicos que informaron el diseño metodológico se desarrollaron entre poblaciones subrepresentadas, donde su colaboración proactiva realzó el análisis y pedagogía crítica en la coproducción de conocimiento.

  3. La tercera etapa consistió en la elaboración de una encuesta semi estructurada, una guía de entrevistas y una matriz de medición térmica y de humedad. La encuesta incluyó 35 preguntas distribuidas en siete secciones: datos poblacionales, demografía, perfil socio-económico, rol del participante en la familia, participación comunitaria, uso y acceso a los recursos naturales, y roles de género. La entrevista constó de dos partes: la primera indagó las principales experiencias durante el reasentamiento, conflictos comunitarios, dinámicas familiares, formas de usos y gestión de recursos naturales, convivencia comunitaria y las visiones a futuro. La segunda parte se enfocó en las familias indígenas para conocer sus apreciaciones de la vivienda moderna y contrastarlas con su visión kichwa de vivienda. Finalmente, la matriz de medición ambiental tuvo dos secciones: en la primera se detallaron los parámetros cuantitativos de temperatura y humedad y en la segunda sección se incorporaron preguntas para conocer las percepciones diarias de las familias respecto de las condiciones materiales y espaciales de las viviendas. De esta manera, el estudio del urbanismo y el paisaje indígena resulta de la interrelación de contribuciones metodológicas desarrolladas colectivamente con familias indígenas y de los aportes académicos generados en colaboración con grupos minoritarios.

Las técnicas de campo para estudiar el paisaje indígena pueden variar de acuerdo con el objetivo del estudio, el enfoque metodológico, las condiciones del área de análisis y el contexto sociocultural de la población. Estas consideraciones deben ser meticulosamente seleccionadas, debido a que no se emplea la misma metodología para aproximarse al paisaje indígena que para evaluar sus cambios cuando existe un factor externo como, en este caso, un proyecto de vivienda urbana.

En esta investigación, el trabajo de campo se dividió en dos fases realizadas en mayo-agosto 2015 y junio-agosto 2016, con estancias que oscilaban entre 5 a 7 días para cumplir con los diferentes objetivos. En la primera fase se desarrolló una visita al área de trabajo, registro fotográfico, entrevista con los principales líderes y lideresas de la comunidad, y búsqueda de colaboradores y voluntarios interesados en participar en el proyecto de investigación. Además de buscar una vivienda para establecerme durante la investigación, contacté y coordiné con autoridades oficiales y comunitarias para procurar el buen desarrollo del estudio. En esta fase se llevó a cabo el registro fotográfico, las entrevistas y encuestas semi estructuradas. La segunda fase tuvo como objetivo ampliar la colección fotográfica, así como completar las entrevistas, las encuestas y las mediciones ambientales del modelo de vivienda pública.

Es común que cada desarrollo metodológico encuentre ciertas variantes en el campo: eventos inesperados que requieren ajustes o incorporación de diferentes aproximaciones para una mejor comprensión de los fenómenos en estudio. En la primera fase se incorporó la observación participativa (Kawulich, 2005). En la segunda fase se incluyeron la metodología “entrevistando-caminando” (Anderson, 2004) y la auto-fotografía (Lombard, 2013) durante los recorridos de las viviendas públicas e indígenas, así como las narrativas biográficas (Bessarab y Ng’andu, 2010; Corntassel, Chaw-win-is y T’lakwadzi, 2009).

Equipo de campo

El equipo de campo requiere una cuidadosa selección de materiales y equipos que faciliten el desarrollo de los métodos en el terreno. En primer lugar, se preparó la cartografía, croquis de referencia, libros, artículos científicos e impresiones de las encuestas, cuaderno de notas, guías de entrevistas y matrices de evaluación de la vivienda. A continuación, se desarrolló un cronograma de actividades para gestionar de manera eficiente el tiempo destinado a cada método. Finalmente, de acuerdo con cada visita al lugar de investigación, se seleccionaron los equipos que acompañaron los trabajos en campo, tales como cámara fotográfica, GPS, computadora portátil, dispositivo portátil de memoria, grabadora de voz, sensores de medición de humedad y temperatura, cinta métrica y baterías extras. También se consideraron otras condiciones logísticas del área de trabajo donde la investigadora permaneció durante el estudio.

La condición geográfica de la comunidad obliga el acceso únicamente por el río Napo, debido a que no existen carreteras y el traslado aéreo es restringido. Pañacocha se encuentra a 5 horas de viaje por río desde la ciudad más cercana, Francisco de Orellana (conocida como El Coca). En la comunidad, las condiciones climáticas predominantes son tropicales con presencia de lluvias. Por lo tanto fue indispensable contar con un equipo adecuado para acampar, ropa ligera, botas de montaña y un kit de primeros auxilios para climas tropicales. Igualmente, todos los materiales y equipos deben estar protegidos contra el agua en caso de algún incidente durante el viaje al sitio de investigación. Una vez en el lugar de estudio, es importante comunicar las razones de la presencia de la investigadora, los objetivos de investigación y las actividades a desarrollar. De esta manera, los miembros de la comunidad procurarán brindar apoyo y vincularse activamente en la investigación, así como dar las facilidades para encontrar alojamiento, coordinar requerimientos logísticos diarios e involucrarse en diversas actividades comunitarias.

El diseño metodológico mencionado consiste en la evaluación de los impactos generados por el proyecto de vivienda pública “Comunidad del Milenio” en Pañacocha y las capacidades de sus residentes para enfrentar consecuentes cambios. Para este fin se desarrolló una esquema de trabajo considerando las preguntas de investigación, datos, métodos y análisis (Tabla 1). No se identificaron indicadores, límites ni se definieron escalas de valoración para la evaluación de los impactos.

Tabla 1 Esquema de investigación. 

Preguntas de investigación Datos Métodos y análisis
¿Cómo el proyecto de vivienda pública dialoga con las visiones y necesidades colectivas de la población considerando las dimensiones económicas, ambientales y socioculturales? Encuestas semi estructuradas
Entrevistas
Evaluaciones ambientales de las viviendas
Observaciones en campo
Fuentes bibliográficas y documentos oficiales
Análisis de los discursos, testimonios y contenido de los textos.
Transcripción, tabulación y codificación.
Investigación colaborativa: inclusión de participantes considerando equidad de género e incorporación de sus requerimientos en la investigación.
¿Cuáles son las capacidades de la población reasentada con las que podrían potenciar su resiliencia para adaptarse y apropiarse del espacio construido evitando profundos cambios socioculturales y económicos? Entrevistas
Observaciones en campo
Fuentes bibliográficas y archivos
Análisis de los discursos, testimonios y contenido de los textos.
Investigación colaborativa: recorridos y visitas guiadas por los residentes.
¿Cómo las sociedades indígenas, desde sus visiones y conocimientos, perciben sus entornos naturales para la construcción de comunidades y viviendas? Observaciones en campo
Entrevistas
Evaluaciones del paisaje indígena y de las viviendas kichwa
Análisis de los discursos, testimonios y contenido de los textos.
Investigación colaborativa: evaluación de las viviendas indígenas en conjunto con las familias.

Fuente: Lamiña (2017).

Trabajo de campo para la evaluación de los impactos del urbanismo en el paisaje indígena

Los trabajos en campo permitieron la recolección de datos, colección fotográfica y un mayor conocimiento sobre el área de trabajo; sin embargo, durante la segunda fase de trabajo se logró recopilar la información más contextualizada y enriquecedora. Cabe mencionar que la ejecución de la primera fase apoyó significativamente al éxito de la siguiente fase. Conforme la identificación de los elementos del paisaje indígena y el diseño metodológico establecido previamente en gabinete, se analizaron cuatro criterios que informarían los impactos del urbanismo en el paisaje de Pañacocha, los cuales reflejan la complejidad y diversidad de elementos interrelacionados como el humano, material, sociopolítico, económico y ambiental. Estos ámbitos de análisis son:

  1. El perfil socioeconómico familiar indígena y no-indígena considerando ámbitos ambientales y socioculturales.

  2. Las capacidades y estrategias empleadas para adaptarse el espacio urbano edificado.

  3. La evaluación ambiental de las nuevas viviendas.

  4. Las espacialidades indígenas en la concepción de la vivienda kichwa.

Antes de iniciar con la descripción de las salidas de campo es importante identificar mis orientaciones al trabajo de campo y posturas académicas. Como mujer geógrafa entrenada en planificación regional y urbana feminista post/decolonial, y también en métodos participativos, mi orientación al trabajo de campo está informada por la necesidad de un cambio epistemológico incluyendo otros actores en la producción académica. Por tanto, reconocer mi postura académica es importante al realizar el trabajo de campo, levantar información y analizar los datos generados. Como investigadora reconozco y valoro la subjetividad cuando observo, mido y filtro los datos a través de mi percepción de una mujer investigadora ecuatoriana. Como mujer profesional trabajando en temas indígenas de representación política y territorial (2009-2017), hablante nativa del castellano y antigua residente de la Amazonia ecuatoriana (2010-2014), comparto ciertas similitudes con las familias de Pañacocha. Estos puntos en común me ayudaron a construir conexiones en la comunidad, sobre todo para incorporar voluntarios al estudio. Durante la investigación, Pañacocha también se convirtió en una vivienda temporal desde donde conecté con varios colaboradores durante el trabajo en campo. Reconozco mis ventajas de ser una estudiante de una universidad en el extranjero y que ocupo un rol de investigadora externa. Así, mi postura académica me permite ocupar un espacio intermedio como investigadora semi-externa.

En la Tabla 2 se detallan las actividades realizadas en Pañacocha, atendiendo a cada una de las metodologías planificadas y otras que emergieron durante el trabajo de campo y de propias experiencias como investigadora.

Tabla 2 Cronograma de trabajo en campo. 

Fase I
Mayo-agosto de 2015
Fase II
Julio-agosto de 2016
Actividades planificadas y emergentes
Trabajo de campo Reuniones preliminares con autoridades locales y comunitarias.
Desarrollo de los lineamientos para el proyecto colaborativo:
 - Socialización y redefinición colectiva de objetivos y metas de investigación.
 - Incorporación de voluntarios.
 - Pruebas piloto de las encuestas y entrevistas.
Entrevistas y encuestas.
Observaciones de campo.
Incorporación de nuevas metodologías:
 - Observación participativa.
 -Visitas guiadas y recolección fotográfica de las viviendas indígenas kichwa.
Entrevistas y encuestas.
Observación participativa.
Evaluación ambiental colectiva de las viviendas públicas.
 - Medición de humedad y temperatura
 - Encuestas y entrevistas
Incorporación de nuevas metodologías:
 - Auto-fotografía participativa
 - Entrevista-caminata
 -Narración biográfica
Investigación bibliográfica y de archivo Visita a los archivos locales de las misiones religiosas, bibliotecas públicas y privadas, centros de estudios e instituciones de gobierno.
Análisis de datos Diseño de la base de datos para organizar y analizar información.
Construcción del sistema geoespacial de datos.
Transcripción, tabulación y codificación.
Evaluación del trabajo colaborativo.

Fuente: Lamiña (2017).

Fase 1: Mayo-agosto de 2015

Para dar inicio a las actividades en campo, la investigadora viajó desde la ciudad capital, Quito, con dirección a Francisco de Orellana (conocida también como El Coca), donde es la sede de la Federación de Comunidades y Comunas Kichwa de la Amazonía Ecuatoriana (FICCKAE). La investigadora se entrevistó con las lideresas y líderes con la finalidad de explicar los motivos, objetivos y resultados esperados del estudio en Pañacocha. Después de obtener el consentimiento y contar con el apoyo de la organización indígena, la investigadora continúo su viaje en canoa a la comunidad de Pañacocha desde el Puerto del Coca.

Durante la primera visita al lugar de trabajo se logró conceptualizar espacialmente el proyecto Comunidad del Milenio (Figura 2, Imagen 2012). También, se logró recolectar un importante acervo fotográfico y realizar la primera prueba piloto de las encuestas semi estructuradas y entrevistas. Una metodología emergente y necesaria fue la observación participativa. Como investigadora también pude coordinar satisfactoriamente los requerimientos logísticos para apoyar las actividades en campo, tales como hospedaje, alimentación, apoyo comunitario, socialización del estudio y búsqueda de participantes y colaboradores. Se logró incorporar a dos jóvenes voluntarios para apoyar en la traducción del castellano al kichwa durante las encuesta o entrevistas, siempre y cuando el o la participante no dominara la primera lengua. El hospedaje seleccionado fue en una de las nuevas viviendas disponibles en la Comunidad del Milenio. Esta experiencia, en particular, contribuyó en la inclusión de un método adicional ejecutado en la siguiente fase de trabajo: medición de la humedad y temperatura en las viviendas.

Fuente: Lamiña (2017).

Figura 2 Mapa de la zonificación urbana de la Comunidad del Milenio Pañacocha. 

Durante las primeras semanas en campo se probaron las encuestas y entrevistas con 4 participantes seleccionados al azar. Los participantes fueron 2 hombres y 2 mujeres, una pareja indígena y otra no-indígena, sin ningún parentesco entre ellos y ellas. Esta prueba piloto permitió modificar ciertas preguntas, eliminar otras, así como incluir nuevas que surgieron con base a la experiencia y sugerencia de los y las entrevistadas. Las encuestas semi estructuradas y las entrevistas se llevaron a cabo entre junio y julio de 2015, en un estimado de 5 semanas con intervalos de 4 o 5 días libres para trabajar en la tabulación y la transcripción de los datos. En esta primera fase se entrevistaron 10 participantes y se levantaron 18 encuestas semi estructuradas. También, se realizó la observación participativa de las dinámicas cotidianas de los residentes de Pañacocha entre julio y agosto de 2015.

Con las encuestas y entrevistas se logró obtener una primera aproximación de las percepciones acerca de los aciertos, deficiencias y conflictos en la implementación del proyecto de vivienda Comunidad del Milenio, y su impacto en una parte del paisaje indígena y en la gestión comunitaria de Pañacocha (Figura 2, Imagen 2017). Las encuestas y entrevistas revelaron importantes similitudes y diferencias entre la población indígena y no-indígena. Por ejemplo, durante las entrevistas, la preocupación de los residentes indígenas no sólo se centraba en la materialidad de las viviendas, sino en cómo el proyecto de vivienda impactaría en su cultura, vida familiar, dinámicas comunitarias y gestión territorial. Las familias no-indígenas centraban su atención en cómo el gobierno debe continuar apoyando a Pañacocha con la finalidad de convertirse en una cabecera parroquial moderna, con acceso a educación, fuentes de trabajo y una mejor conectividad. Los conflictos socio-ambientales y territoriales fueron un tema presente durante el desarrollo de las encuestas y entrevistas con participantes indígenas y no-indígenas. Por otra parte, algunos servidores públicos responsables de la gobernabilidad en la parroquia Pañacocha también participaron en las entrevistas, y dieron su opinión sobre el estado actual del proyecto de vivienda. También se incluyeron entrevistas con líderes y lideresas indígenas de organizaciones comunitarias y regionales, quienes proporcionaron datos relevantes acerca de la planificación territorial desde la perspectiva indígena. La mayor parte de las encuestas y entrevistas fueron grabadas y transcritas para facilitar la codificación de los datos y su respectivo análisis. Las encuestas y entrevistas oscilaban entre 1 y 2 horas de grabación.

Los primeros datos de las entrevistas y encuestas se iban complementando con un análisis de datos secundarios, tales como documentos políticos, reportes técnicos, planes territoriales, mapas, artículos periodísticos y publicaciones académicas en el tema de la planificación indígena, políticas públicas y vivienda. La revisión de estos documentos no sólo contribuyó a la triangulación de los datos de las entrevistas y encuestas, sino que también reveló importantes analogías, diferencias e incongruencias entre los discursos oficiales, declaraciones y vivencias que experimenté durante el trabajo en campo. A medida que convivía con la comunidad, sutiles realidades diarias requirieron un análisis desde mi perspectiva de investigadora semi-externa. En tal virtud, se incluyó una metodología adicional, la observación participativa.

El desarrollo de la observación participativa permitió tener un mejor contexto del proyecto de vivienda pública para comprender críticamente su impacto en el paisaje indígena de Pañacocha, y también analizar cómo los residentes están adaptándose a los cambios. En esta primera fase de la investigación, la observación participativa fue enfocada y selectiva, manteniendo un registro detallado y sistemático (Kawulich, 2005) de los ambientes y encuentros que mantenía en la comunidad, con las infraestructuras del proyecto de vivienda y durante varias actividades en las que me fue permitido participar. Con esta metodología se logró comprender cómo las familias indígenas difieren de las no-indígenas en sus capacidades de adaptación al nuevo ambiente urbano, utilizando sus conocimientos kichwa y prácticas culturales. Por ejemplo, varias familias indígenas se resisten a cambiar sus modos de vida por una noción urbano-privada en la Comunidad del Milenio. Sin embargo, estas prácticas conllevan enormes esfuerzos físicos, económicos y emocionales por parte de las mujeres para gestionar y administrar simultáneamente dos viviendas: la primera localizada en sus fincas (fuera del proyecto de vivienda) y la nueva vivienda moderna ubicada dentro de la Comunidad del Milenio. Igualmente, la materialidad de las viviendas y de las infraestructuras públicas condicionan la dinámica social de las familias indígenas y no-indígenas en Pañacocha. En días y noches calurosos, las familias tienen dificultades para permanecer dentro de las viviendas. Al haber estado también alojada en una de estas viviendas puedo afirmar esta realidad, pues el diseño y materiales de la vivienda son inapropiados para el ambiente tropical amazónico. A partir de estos hallazgos, en la siguiente fase, se incorporaron metodologías cuantitativas y etnográficas que, por un lado, apoyaron técnicamente la corroboración de las problemáticas referidas al diseño, y por otro lado, demostraron ser culturalmente apropiadas para investigar las capacidades de las familias. La combinación de estas perspectivas metodológicas supera las mediciones del estándar gubernamental, tales como números de viviendas, medición de pobreza por hogar y niveles de satisfacción post-ocupación.

Fase 2: Junio-agosto de 2016

En la segunda fase de trabajo se incorporaron tres métodos adicionales: auto-fotografía participativa, entrevista-caminata y narración biográfica. Estos métodos en conjunto con las encuestas, las entrevistas y las mediciones ambientales conformaron una metodología más robusta en las que se incorporaron más voluntarios en el trabajo de campo. Desarrollar la combinación de estas metodologías requirió aproximarse al espacio comunitario de Pañacocha fuera de los límites del proyecto urbano (Figura 3). Al retornar a la comunidad al cabo de un año, las familias residentes en Pañacocha se encontraban consternadas por los nuevos retos que diariamente iban encontrando en las dinámicas de la Comunidad del Milenio. En esta etapa, se completaron 10 entrevistas, 7 encuestas semi estructuradas adicionales y varias entrevistas informales. A las entrevistas se incorporaron las aproximaciones metodológicas de las narraciones biográficas y la auto-fotografía participativa. Se realizaron también, en conjunto con 16 familias de Pañacocha, evaluaciones ambientales de las 64 viviendas e infraestructuras de la comunidad. Durante estos estudios se incluyeron la auto-fotografía participativa y la entrevista-caminata durante los recorridos dentro del proyecto de vivienda y por los alrededores de la comunidad. La observación participativa continuó siendo un importante método durante la segunda fase de investigación.

Figura 3 Mapa de los principales sitios y rutas de investigación en el paisaje comunitario de Pañacocha. 

Las encuestas y entrevistas aumentaron en rigor y credibilidad al contar con el apoyo de las narraciones biográficas y la auto-fotografía participativa. Las narraciones biográficas fueron aplicadas a manera de conversaciones informales, dejando de lado la formalidad y orden que otros métodos occidentales demandan. Varios temas abordados durante estas conversaciones informales favorecieron el uso del propio lenguaje de los y las participantes, resaltando su experiencia personal y los conocimientos dentro de los procesos de entrevistas (Bessarab y Ng’andu, 2010). Por otro lado, la auto-fotografía participativa, como herramienta colectiva, capturó las propias percepciones de los residentes acerca del significado de los espacios y materialidades en el paisaje. Este método ayudó a destacar las capacidades de los y las participantes al facilitar una forma de representación visual de los espacios considerados como ordinarios, pero que son significativos para las familias en términos de significado, pertenencia, afectividad y uso diario. La experiencia y conocimiento sobre un lugar puede tener múltiples significados y diferentes valores emocionales para quienes saben de, pasan a través, usan o viven en estos lugares (Lombard, 2013). El uso de estos métodos participativos e informales, en conjunto con las encuestas semi-estructuradas y entrevistas, demostraron ser culturalmente pertinentes, pues permitieron establecer un relación complementaria entre la investigadora-participantes-espacio basada en la sensibilidad, ética y respeto por otros saberes, conocimientos y experiencias que deben formar parte del entendimiento y compromiso de la investigadora.

De la combinación y aplicación de estos métodos se obtuvo la elaboración de un perfil económico de las familias, la identificación de capacidades en el proceso de adaptación en el nuevo espacio construido y el análisis de ciertas espacialidades indígenas presentes en el paisaje comunitario de Pañacocha. Para el análisis económico se registraron las prácticas agrícolas de las familias, la existencia de chacras o huertos familiares y sus productos, fuentes de ingreso y egreso económico, entre otros. Estas respuestas fueron tabuladas, codificadas y cuantificadas para diseñar un perfil económico a nivel familiar (indígena y no-indígena) y comunitario (véanse ejemplos en la Figura 4). Las capacidades y recursos sociales se organizaron considerando componentes humanos, sociales, culturales, comunitarios, ambientales, políticos y económicos (Tabla 3). Respecto de las espacialidades indígenas, se enfatizó el conocimiento kichwa respecto de la vivienda, su tipología y los principales elementos que se incorporan en el paisaje indígena amazónico (véanse ejemplos en la Figura 5).

Fuente: Lamiña (2017).

Figura 4 Tabulación y sistematización de los datos obtenidos en campo: A) Promedios por ingreso mensual familiar y número de hijos y B) Uso y comercialización de productos agrícolas. 

Tabla 3 Capacidades comunitarias y recursos sociales de las familias de Pañacocha. 

Capacidades Residentes en general Familias indígenas Familias no-indígenas
Humano Salud, nutrición sana y educación. Conocimiento y habilidades. Capacidades para trabajar, emprender y adaptarse. Niñez y juventud, familia y organización de base. Redes familiares
Familias ampliadas
Conocimientos y saberes
Organizaciones barriales y regionales.
Familias nucleares
Profesionales
Organizaciones barriales
Social Redes familiares, relaciones entre los nuevos vecinos, liderazgo, cosmovisión, creencias religiosas. Cultura kichwa
Lengua
Identidad
Ritualidad
Prácticas colectivas: minga, compadrazgos, comadrazgos.
Cultura
Religión
Amistades
Identidad y cultura Conocimientos y saberes, prácticas tradicionales, salud ancestral. Conocimientos y saberes kichwa, prácticas tradicionales, salud ancestral, ritualidades cotidianas. Conocimientos
Prácticas en comunidad.
Comunitario Tiendas, huertos, fincas, negocios, iniciativas productivas. Chacras o huertos familiares.
Fincas e iniciativas productivas.
Tiendas
Fincas
Natural Territorio, chacras, recursos de la selva, biodiversidad, atractivos turísticos, servicios ambientales. Territorio y ecosistemas kichwa Fincas
Monocultivos
Físico Comunidad del milenio, infocentros (centros con acceso a internet), fincas, puesto de salud, lotes, canoas, botes, herramientas de construcción Infraestructuras kichwa (viviendas, senderos, rutas fluviales)
Casas del Milenio
Canoas tradicionales y a motor.
Casas del Milenio
Botes y lanchas
Negocios
Económico Ahorros, remesas, salarios, créditos, prestamos informales, ingresos Ingresos por venta de productos agrícolas.
Remesas (migración temporal a la ciudad por trabajo)
Remesas
Ahorros
Político Organizaciones y asociaciones Organizaciones comunitarias y regionales.
Asociaciones productivas.
Organizaciones barriales y asociaciones productivas.

Fuente: Lamiña (2017).

Autora: Lamiña. Archivo de campo, junio de 2015 y julio de 2016.

Figura 5 Tipología del espacio de una vivienda kichwa en Pañacocha con sus principales elementos. 

Las viviendas kichwa en Pañacocha aún conservan parte de la arquitectura tradicional. Con la casa en el centro, rodean las chacras (huertos familiares) y construyen los caminos hacia el río interconectando también con otras viviendas y con la sacha (selva). Ciertas casas en los alrededores aún conservan las formas circulares en su arquitectura así como el techo tejido con hojas. Antes, el diseño y geometrías de las viviendas familiares del runa (ser humano en kichwa) evitaban los ángulos rectos, resaltando formas circulares; al mismo tiempo aprovechaban la disposición de las chacras y senderos como espacios que no limitaban la vida de la selva, más bien estos son espacios donde el runa es uno de varios elementos (Vitery, 2002). Durante el trabajo en campo se apreció que el ‘valor comunitario’ es el más sobresaliente en la construcción de las viviendas. Cada miembro de la comunidad aporta, con su mano de obra, alimentos, materiales, entre otros valores no monetarios que realzan la visión comunitaria kichwa en la construcción de llactaguna (asentamientos humanos comunitarios).

Finalmente, las mediciones ambientales (encuesta y medición de humedad y temperatura) se combinaron con las entrevistas-caminatas para afinar la percepción crítica del proyecto público con base en la cuantificación de las condiciones climáticas internas producto de la materialidad y diseño de las viviendas. La entrevista-caminata permite usar al cuerpo como un medio y capacidad de acceder a la relación entre la gente, el lugar y el tiempo; es decir, acceder al conocimiento con el movimiento y respuesta sicológica del cuerpo (Anderson, 2004). Con las entrevistas-caminatas y las mediciones ambientales se pudo trabajar proactivamente con las familias para evaluar las viviendas y medir sus condiciones ambientales al tiempo que se recorría la comunidad. Se registraron datos de temperatura y humedad en el primer y segundo nivel, usando simultáneamente dos equipos Data Loger THC-4 InkBird. Las variables de medición fueron tomadas a 1 m de altura sobre el suelo. Cada equipo se ubicó en la parte central del primer piso (área común) y en el segundo nivel. Las mediciones fueron registradas durante varios días; sin embargo, se trabajó con datos de las jornadas lluviosas. Una vez registrado los valores, se descargaron los datos y se procesaron en el software THC-4 para tabular y graficar el perfil de humedad y temperatura de la vivienda. Igualmente, para corroborar las mediciones ambientales, se complementaron y triangularon con las valoraciones cualitativas y percepciones que cada participante respondió durante las encuestas y entrevistas-caminatas. En la Figura 6 se expone un esquema de las principales secciones de una vivienda en la Comunidad Pañacocha.

Autora: Lamiña. Archivo de campo, julio de 2016.

Figura 6 Esquema de las principales secciones de una vivienda en la Comunidad Pañacocha. 

Como parte final, se presenta una sección de los datos levantados en campo. En esta actividad participaron 16 familias quienes valoraron, desde su experiencia cotidiana, la funcionalidad de las adecuaciones de las viviendas (primer y segundo piso). Los criterios considerados fueron: ventilación, iluminación, facilidad para la limpieza, comodidad para los niños, temperatura y ambiente (Figura 7). Luego, en una vivienda se registraron 163 datos durante 2 días de medición. En el primer piso se registraron valores de temperatura y humedad menores que en el segundo piso. Por ejemplo, en el segundo nivel los valores máximos de temperatura registrados son de 33.3° C, mientras que para el primer piso se mantiene un rango entre los 30-33.3° C. También, los valores de humedad en el segundo piso registran un máximo de 100.2% RH en comparación con un 90.4% RH del primer piso (Figura 8).

Fuente: Lamiña (2017).

Figura 7 Evaluación de la funcionalidad de las adecuaciones de las viviendas (piso 1 y 2). 

Fuente: Lamiña (2017).

Figura 8 Registro de temperatura (° C) y humedad (% RH) de una vivienda. A) 1er piso y B) 2do piso. 

Con este análisis se confirmó que la baja calidad de la vivienda, así como su diseño y espacialidad afectan directamente a la calidad de vida de las familias de Pañacocha. Al no haber existido un proceso de participación de la comunidad en el diseño e implementación, los niveles de sostenibilidad sociocultural, económica, ambiental y comunitaria tienen debilidades. Un proceso colectivo de diseño y construcción ofrece una significativa oportunidad para una interacción sociocultural desde la concepción indígena. Esta noción no ha sido evidenciada en el caso de estudio de la Comunidad del Milenio Pañacocha. Sin embargo, las capacidades de los habitantes implican nuevas oportunidades para los procesos de adaptación y superación a modelos urbanos de vivienda.

Finalmente, los aportes presentados en esta sección pueden contribuir a la comprensión de los conocimientos indígenas en la coproducción de sus viviendas resaltando el valor espiritual, cultural, económico, ambiental y territorial como elementos interconectados que responden a una cosmovisión kichwa en constante transformación e innovación. Las nociones modernas de planificación y construcción de vivienda deberían aprender y adoptar los conocimientos y tecnologías kichwa para el interés de las necesidades ambientales y de subsistencia de futuras generaciones.

Conclusiones

Estudiar el impacto del urbanismo en los paisajes indígenas amazónicos, a través de diversas metodologías cuantitativas, espaciales, pedagógicas y etnográficas, es una alternativa sociocultural proactiva y atenta a las sensibilidades de las familias indígenas y no-indígenas. Abandonado las métricas de evaluación estatal post-ocupación en viviendas urbanas, el estudio del urbanismo y paisaje indígena se centró en la cotidianidad y experiencias personales que viven los residentes de Pañacocha. Estas experiencias favorecen la incorporación de otros saberes y conocimientos de poblaciones subrepresentadas en la interpretación crítica de impactos generados por proyectos modernos en territorios indígenas. Por otro lado, los participantes del estudio destacaron con facilidad sus demandas de reivindicación gracias a la flexibilidad que ofrecen la combinación y desarrollo de las metodologías descritas en este trabajo.

En la investigación se analizaron cuatro ámbitos para aproximarse al estudio del urbanismo y el paisaje indígena. La socio-economía familiar, las capacidades de adaptación, la evaluación ambiental colectiva de viviendas modernas y la comprensión de la vivienda kichwa resultaron pertinentes y adecuados para no solamente cumplir con los objetivos de investigación, sino también para incorporar las visiones y saberes de las familias participantes, principalmente mujeres, en la coproducción de conocimiento considerando sus reivindicaciones sociales. Es necesario destacar que no solo se logró cumplir con la agenda de investigación; el desarrollo del presente estudio fue una importante oportunidad para profundizar la perspectiva crítica de la investigadora, adquirir nuevas habilidades sociales y académicas, y continuar afianzando un nexo solidario y de reciprocidad entre las familias y la investigadora.

Este estudio no pretende presentar una exclusiva metodología para el estudio del urbanismo y sus impactos en el paisaje indígena amazónico. Mi propuesta metodológica es una alternativa en la que interactúan relaciones entre la materialidad, el tiempo, la espacialidad y los saberes y conocimientos indígenas. Durante esta interacción aleatoria, busqué explorar sinergias, analogías, desconexiones y subjetividades a diferentes escalas y desde diversas perspectivas. En el caso particular de Pañacocha, la propuesta metodológica permitió visibilizar cómo las epistemologías indígenas están mediadas por principios y visiones que se reflejan en la vida cotidiana, así como en la gestión y práctica colectiva de los modos de vida de las comunidades y familias. Por tanto, la metodología desarrollada destaca el rol activo de los y las participantes en la coproducción de conocimientos al tiempo que empodera sus capacidades y prácticas diarias en la adaptación y superación a las nociones occidentales de vivienda.

Agradecimientos

La presente investigación fue posible gracias al apoyo del Instituto de Estudios Latinoamericanos Lozano Long LLILAS, la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Texas en Austin, el Gobierno Ecuatoriano (Beca SENESCYT) y el programa de becas ARENET BJM (Betty J. Meggers Grant Program). También expreso mi profundo agradecimiento al Profesor Dr. Bjørn Sletto por su apoyo y guía durante esta investigación. En Ecuador, mi eterna gratitud a las familias de Pañacocha, en especial a la mujeres y jóvenes, quienes me inspiraron una nueva visión para contribuir a la coproducción de conocimientos revitalizando los saberes y capacidades indígenas colectivas.

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