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 issue94Benach, N., y A. F. A., Carlos. (eds.: 2016), Horacio Capel. Pensar la ciudad en tiempos de crisis. (Colección Espacios Críticos, núm. 7). Icaria Editorial, Barcelona, 300 pp., ISBN:978-84-9888-718-1Crespo Guerrero, J. M. (2016), Organización administrativa y acción política sobre el recurso caza mayor en España (1939-1975). El caso de la provincia de Jaén. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén, 294 pp., ISBN 978-84-9159-000-2 author indexsubject indexsearch form
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Investigaciones geográficas

On-line version ISSN 2448-7279Print version ISSN 0188-4611

Invest. Geog  n.94 México Dec. 2017

http://dx.doi.org/10.14350/rig.59578 

Reseñas

Ibarra García, M. V. e I. Escamilla Herrera (Coord.). (2016), Geografías feministas de diversas latitudes. Orígenes, desarrollo y temáticas contemporáneas. (Colección: Geografía para el siglo XXI, Serie: Textos Universitarios, núm. 18), México, Instituto de Geografía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. 239 pp., ISBN: 978-607-02-8506-6

Arlinda Garcia Coll1 

1 Departament de Geografia Humana. Universitat de Barcelona.

Ibarra García, M. V.; Escamilla Herrera, I.. 2016. Geografías feministas de diversas latitudes. Orígenes, desarrollo y temáticas contemporáneas. Colección: Geografía para el siglo XXI, Serie: Textos Universitarios, núm. 18, México: Instituto de Geografía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México, 239p. ISBN: 978-607-02-8506-6.

Cuando la perspectiva de género irrumpe en la geografía con sus primeros trabajos, muchos la consideraron como una moda pasajera que finalizaría con el paso de los años, como una aproximación temática sin recorrido académico. Sin embargo, los que apostaron por estos pronósticos erraron totalmente en su predicción. Con el paso del tiempo, la geografía feminista no sólo se ha ido afianzado, sino que ha demostrado con creces proporcionar una mirada enriquecedora para el análisis de muchos de los procesos sociales que tienen manifestaciones espaciales. La ampliación de sus campos temáticos y su diversificación metodológica han contribuido a fortalecerla hasta obtener una identidad propia y una presencia específica en el contexto de esta discipplina. El libro Geografía feministas de diversas latitudes: Orígenes, desarrollo y temática contemporáneas, coordinado por María Verónica Ibarra e Irma Escamilla y publicado por el Instituto de Geografía y la Facultad de Filosofía y Letras, ambas de la UNAM, es una muestra del proceso de consolidación experimentado por esta perspectiva. Su óptica de síntesis, su voluntad de balance y, sobre todo, su interés por apuntar sendas por las que deberían proseguir investigaciones futuras en cada uno de los países analizados, convierten a esta obra en una lectura imprescindible para todas las personas interesadas en la consideración del género como factor de incidencia en los procesos sociales.

El libro se organiza en ocho capítulos, de manera que en cada uno de ellos esboza la trayectoria de la geografía feminista en un determinado país. Cada capítulo presenta una estructura bastante similar que se inicia con un repaso de los orígenes de la geografía feminista en el país analizado, sigue con una revisión de su desarrollo para, a continuación, revisar las temáticas más habituales en las investigaciones recientes. Finalmente, los capítulos se cierran con un balance donde se pone especial énfasis en los logros conseguidos y en las líneas de trabajo a futuro, siempre con espíritu propositivo y, a menudo, autoexigente.

El análisis organizado por países, junto con la ausencia de un capítulo final de lectura transversal de la situación de los casos estudiados, podría llevar a pensar que el resultado obtenido da pie a narrativas muy dispares. Sin embargo, la lectura del conjunto de la obra permite comprobar la existencia de numerosos puntos en común. Así, por ejemplo, las autoras de estos trabajos explican un proceso similar, que se inicia en una fase embrionaria basada en la lectura de trabajos pioneros procedentes de la literatura anglosajona. A esta fase le sigue una etapa que transcurre de forma agria, a caballo entre el menosprecio por su trabajo y el rechazo por parte de la academia tradicional. Tan sólo en una etapa posterior, tras años de trabajo y de investigaciones solventes, se logra cierto reconocimiento y formalización a través de una oferta docente estable, la producción de tesis doctorales, la génesis de grupos de trabajo y de sesiones específicas en congresos de toda índole. Esta trayectoria y sus distintas fases se comprenden todavía mejor cuando se ejemplifican a través de los testimonios biográficos de las propias autoras que el libro incorpora con gran acierto, como es el caso de Caroline Schurr, en las “viñetas” previas al inicio de su capítulo.

Otro eje de conexión entre los capítulos es el posicionamiento sobre la relación entre la escuela anglosajona y la de cada una de los países analizados. En todos los casos, las escuelas se reconocen deudoras de esta literatura, aunque tampoco ocultan la ambigua relación con ella. Así, el débil interés por el estudio de casos de realidades alejadas de las sociedades anglosajonas ha dificultado la aceptación de trabajos en publicaciones internacionales de otros ámbitos geográficos, incluso cuando se intentan publicar en inglés, lo que obstaculiza su difusión. Otro de los puntos en común es la preocupación por la nomenclatura, con la discusión sobre si es más adecuado hablar de geografía feminista o de género, si se pueden considerar como sinónimos o las preferencias por uno u otro concepto. En algunos casos, incluso se aprecia una mayor comodidad para hablar del enfoque queer, como mejor forma de hacer explícita la construcción social del género. Los cambios en las preferencias temáticas o la diversificación metodológica son también aspectos que podrían haber dado pie a una comparación entre los distintos países analizados, como una forma de tender puentes entre distintas escuelas nacionales. Además de cumplir con el encargo estipulado e informar de la situación de la geografía feminista en el país estudiado, cada uno de los capítulos aporta un elemento añadido a la reflexión, el cual merece la pena tener presente para ser incorporado a la agenda de debate presente y futura.

Así, Lisa Nelson, en el primer capítulo del libro centrado en los países anglosajones, adopta una perspectiva muy crítica, no sólo porque la literatura anglosajona ha dejado de lado las realidades e intereses de otras latitudes sino por el fracaso que representa un exceso de atención hacia las experiencias de mujeres occidentales, blancas y de clase media que da la espalda a una parte de la realidad de esas mismas sociedades. En este sentido, habla de la necesidad de “empujar” las fronteras y tener el coraje para articular visiones alternativas a la búsqueda de una geografía verdaderamente global. A ello podría contribuir también la re-teorización feminista de la escala y de lo transnacional, las aproximaciones a la ética del cuidado y la incorporación de las nuevas contribuciones de los SIG y la visualización.

En el caso de Argentina, Diana Lan recuerda que el feminismo es un movimiento que va más allá de la academia y que los cambios políticos (dictadura, llegada de la democracia, crisis y neoliberalismo) han marcado profundamente su evolución. En opinión de la autora, el reto de la geografía del género a inicios del siglo XXI es nada menos que contribuir a identificar las claves de la organización de la sociedad que discrimina a las mujeres y a todas las minorías que no son heterosexuales, así como al acceso del espacio que ha sido utilizado como medio de control social y político.

Susana Veleda da Silva, en su revisión de la aportación de la geografía feminista en Brasil, muestra la contribución que esta ha representado en la lucha por el fin de las opresiones y explotaciones de los seres humanos. Las temáticas de las investigaciones brasileñas se involucran de pleno en la problemática social del país: indígenas, las mujeres de las comunidades ribereñas y los grupos étnicos, los negros y los gitanos en los estudios rurales, el rescate de los saberes de las mujeres agricultoras o las consecuencias de la tecnificación del campo. El trabajo femenino, la participación política de las mujeres, las sexualidades masculinas y la diversidad cultural son señalados como temáticas estratégicas en muchas de las investigaciones recientes de la geografía feminista brasileña y, de hecho, en el progreso social del país.

Ortiz y García Ramón señalan la emergencia en España de temas como la infancia y la juventud, el cuerpo y las emociones, la sexualidad y las identidades, que se suman a los más habituales (urbanas, metodológicas o del trabajo). Finalmente, indican que, en el caso de España, la masculinidad y los aspectos medioambientales han sido olvidados en la producción reciente. Como balance global, las autoras señalan la necesidad de una mayor reflexión teórica frente a una nutrida producción empírica de las investigaciones sobre género en España, a la vez que muestran preocupación por el giro de los planes de estudio en geografía hacia la vertiente más técnica (SIG) y la ordenación del territorio frente a lo que califican como “marginalidad” de la dimensión más social y cultural de la misma.

Por su parte, Claire Hancok y Amandine Chapuis presentan la geografía de género actual en Francia como un campo multiforme y efervescente, con trabajos que reivindican la etiqueta de feminista en temáticas como el desarrollo, la migración, la ciudad, el cuerpo o, incluso, sobre las minorías sexuales. Entre los ejes temáticos más recientes señalan la heteronormatividad, la salud, las prácticas de campo o la geopolítica. No obstante, el capítulo resalta que uno de los aportes esenciales de la crítica feminista que no hay que olvidar es que plantea la posicionalidad, es decir, el lugar a partir del cual se elaboran los saberes geográficos y de las valoraciones inducidas por las características personales, no siempre reconocidas y objetivadas, de los sujetos de la geografía.

Carolin Schurr profundiza en el caso de Suiza, Austria y Alemania, para llegar a la afirmación de que la geografía feminista no existe si no se entiende en plural, debido a la gran diversidad de enfoques teóricos y metodológicos, así como de distintas historias y raíces de cada universidad, país y región. Aunque las investigaciones actuales en estos países se centran en las condiciones de vida de las mujeres, las relaciones de género y el estudio de las masculinidades, Schurr finaliza su capítulo poniendo el acento en la necesidad de propuestas que avancen en modelos de análisis interseccional y en escuchar a las voces feministas de otros lados del mundo. De forma muy significativa, el epígrafe final de su trabajo se titula “Geografías feministas, una pasión” donde define la geografía feminista como un “proyecto fascinante” que tiene que contribuir al cambio de la sociedad y, por supuesto, empleando el plural al referirse a la misma, para ser coherente con su discurso anterior.

El capítulo que se centra en Italia, realizado por Rachele aka Zarra Bonheur, Monica Camuffo y Cesare Di Feliciantonio, retoma precisamente esta voluntad de la geografía del género capaz de incidir en el cambio social, aunque en esta ocasión aludiendo directamente a su incorporación en la praxis política. En este sentido, se habla de la necesidad de queerizar las políticas públicas como un instrumento más para actuar en el territorio y en la sociedad.

El broche final al libro lo aportan María Verónica Ibarra e Irma Escamilla Herrera, quienes abordan el caso de México. La visión de las autoras es muy crítica en cuanto a la necesidad de profundizar en las investigaciones mexicanas sobre el papel de las mujeres en las actividades primarias, así como sobre el cuerpo o lesbianismo. Estas autoras finalizan el libro afirmando que “queda bajo la responsabilidad de quienes nos interesamos en estas líneas de investigación el continuar profundizándolas y enriquecerlas con más y mejores investigaciones, así como despertar el interés de estos temas en la formación de las nuevas generaciones”. A bien seguro que la lectura de esta obra contribuirá a conseguir este objetivo y estimulará nuevos trabajos y logros relevantes.

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