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Investigaciones geográficas

versão impressa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.77 México abr. 2012

 

Reseñas

 

Herrejón Peredo, C. (coord.; 2011), La formación geográfica de México

 

Martha Chávez Torres

 

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, vol. I, 312 p., ISBN 978–607–455–621–6

 

Centro de Estudios de Geografía Humana, El Colegio de Michoacán

 

La creación de la idea de la diversidad geográfica y de la construcción del territorio que hoy sustenta a los mexicanos es la preocupación central de este volumen coordinado por Carlos Herrejón Peredo.1 De manera sucinta, Herrejón plantea que La formación geográfica de México no busca una reconstrucción de la historia de la geografía en nuestro país, sino una descripción de la forma en que se desarrolla la idea del espacio de la nación2 durante los siglos XIX y XX, desde la academia, los viajeros, las instituciones, el gobierno y la escuela. Para tal fin, esta obra reúne trabajos de geógrafos e historiadores que tienen la misión de responder cómo la geografía ha contribuido a forjar el ideario del espacio de la nación en los siglos antes mencionados.

Sobrepasar la reconstrucción de la historia de la geografía en México para que los autores de los textos que componen este volumen lleguen a describir la forma en que se desarrolla la idea del espacio de la nación, objetivo que plantea el coordinador del mismo, impone retos importantes que no se explicitan pero que están de fondo: unir las ideas del tiempo, del espacio y de la vida sociopolítica. Si en el desarrollo del conocimiento geográfico e histórico del siglo XIX hasta los años setenta del siglo XX (una geografía matemática vinculada con la astronomía y una historia serial y estructural) se privilegiaron para su generación, los métodos positivistas y los esquemas rígidos del materialismo histórico que profesan "la sumisión pura y simple a los hechos", ahora, para identificar cómo se ha asimilado este conocimiento en la construcción del territorio que sustenta a los mexicanos y de su significado como parte del patrimonio nacional, éste debe buscar el diálogo entre las ciencias sociales y nuevos métodos de análisis que permitan identificar las ideas, creencias e imágenes colectivas sobre el territorio nacional en el lapso de tiempo señalado.

En efecto, una descripción de la forma en que se desarrolla la idea del espacio de la nación durante los siglos XIX y XX, mínimamente remite, por un lado, a la historia de las formas de pensar, creencias y sentimientos específicos de este periodo, en tanto que constituyen un conjunto de aprensiones del mundo dotado de una cierta coherencia (historia de las ideas). Y por el otro, a la corriente humanística de la geografía de finales de los años setenta –encabezada entre otros por Butimmer (1992)–, que al fundamentarse en la fenomenología y en la sicología social, toma en cuenta el universo de los valores y de las creencias de los seres humanos y evidencia las estrategias que retienen en su vida social, política o cultural.

La historia de las ideas, por su parte, busca descubrirlas en el contexto socio–histórico en el que emergen, es decir, relacionándolas con lo que las hace posible; optando así por una historia no entendida en su continuidad, sino en función de sus cambios, transformaciones, renovaciones o derivadas según los datos espacio–temporales; tomando en cuenta el carácter múltiple de la verdad a través de la historia. Según Skinner (2000), las ideas varían en función de las culturas y para dar cuenta de ello, hace falta tomar en cuenta los efectos de la ruptura de la historia, las diversas formas de pensar de los actores y las variaciones semánticas del lenguaje que no permite concebir una historia de las ideas homogénea y continua.

Por tanto, la construcción de la idea del espacio aquí planteada debe poner en juego la intervención de lo imaginario y de lo concreto, de lo individual y de lo colectivo, de lo social y de lo cultural, en el contexto socio–histórico en el que emergen sin ignorar los efectos de las rupturas de la historia. El interés no está sólo en la función que esta idea ha tenido en el desarrollo geográfico de la nación, sino también en su valor funcional y significante, al crear una conciencia nacional que permite conducirnos y significarnos (identidad y cohesión social) como mexicanos.

Luego de la introducción del coordinador de la misma, el contenido está compuesto por los textos de los seis académicos encargados de cumplir con el objetivo planteado. Salvador Méndez Reyes abre con el trabajo "Instituciones, obras y viajeros"; le sigue Salvador álvarez con "Patrimonio territorial y frontera: la visión del estado mexicano en el siglo XIX" y Luis Felipe Cabrales Barajas presenta el texto "Las panorámicas urbanas mexicanas. Representación del paisaje cultural". Por su parte, Carlos Téllez Valencia participa con el trabajo intitulado "Conocimiento geográfico, organización territorial y educación en el siglo XX"; Omar Moncada Maya y Patricia Gómez Rey con "Patrimonio geográfico de México" y Pastor Gerardo González Ramírez cierra este volumen con "El INEGI, la población y la cartografía". Estos textos, que van entre las treinta y las cincuenta páginas, permiten conocer los principales acontecimientos nacionales que han forjado nuestro espacio geográfico a lo largo de los siglos XIX y XX, sin embargo, apenas vislumbran algunas ideas sobre el espacio nacional quedando aún mucho camino por andar en la identificación de su ideario e imaginario.

Este tipo de conocimiento aportado desde la academia, los viajeros, las instituciones, el gobierno y la escuela, requiere del diálogo de la historia y de la geografía con otras ciencias (filosofía, antropología) y del apoyo de métodos de análisis más finos como la hermenéutica y el análisis del discurso, para llegar a la comprensión de las obras y autores retomados, así como desentrañar su intencionalidad y significado en su espacio, tiempo y sociedad. Diálogo interdisciplinario y metodologías que no son explicitadas por la mayoría de los autores.

Por tanto, con toda la riqueza de información que da cuenta de la geografía del siglo XIX y principio del XX y de la diversidad geográfica del país, los documentos aquí presentados sólo llegan a enunciar algunas afirmaciones o propuestas sobre el ideario e imaginario sobre nuestro espacio durante los siglos señalados: Salvador Méndez, historiador del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM, por ejemplo, al mismo tiempo que aborda las instituciones, obras y viajeros que produjeron el conocimiento geográfico del México decimonónico, resalta las necesidades de este conocimiento sentidas por intelectuales de la época. También da testimonio de valoraciones, percepciones, imágenes sobre los lugares, recursos naturales, clima, relieve, paisajes, distancias atravesadas por los viajeros durante sus trayectos y estancias. Por su parte, Salvador álvarez, historiador del Centro de Estudios Rurales de El Colegio de Michoacán, muestra algunas visiones e ideas sobre el espacio de la nación: la visión que se tenía en el siglo XIX de la Nueva España como una de las "joyas de la Corona"; la conciencia nacional de un territorio difuso e impreciso del recién México independiente; la idea geográfica de la jurisdicción de la provincia de Nuevo México como muy extensa, entre otras.

Luis Felipe Cabrales, geógrafo de la Universidad de Guadalajara, fundamentándose en una geografía cultural, analiza las panorámicas urbanas mexicanas para identificar los patrones de significación del paisaje y su papel en las relaciones sociales, acercándose significativamente al objetivo de esta obra. Plantea, entre otros interesantes aspectos, que "las representaciones paisajísticas son creaciones culturales que desarrollaron un destacado papel en la construcción de un imaginario nacional", que dotan de una memoria colectiva ligada a un sentimiento de identidad que conserva en su paisaje signos que conforman territorios, esto de suma pertinencia una vez que el país se había independizado de España y aspiraba a construir las bases para lograr mejores condiciones sociales y materiales.

El texto de Carlos Téllez, geógrafo del Centro de Estudios de Geografía Humana de El Colegio de Michoacán, a partir de los "conocedores y hacedores" de geografía afirma, entre otras cosas, que una de las grandes virtudes del campo de la geografía ha sido la posibilidad de ordenar, sintetizar y representar la realidad en un mapa, lo que ofrecía comodidad para el ejercicio de poder y las políticas de gobierno en los distintos territorios del país. J. Omar Moncada y Patricia Gómez, geógrafos del Instituto de Geografía y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, enuncian el valor y significado de la producción geográfica académica positivista que se plasmó en la identificación y reconocimiento de los bienes naturales que conforman parte del patrimonio geográfico de México. De igual forma, Pastor Gerardo González, geógrafo del INEGI, manifiesta que los mapas han servido para generar conciencia y sentido de pertenencia respecto a nuestro territorio y nación, están llenos de símbolos con significados para cada uno de nosotros.

La formación geográfica de México es una obra obligada para cualquier mexicano, en especial para estudiantes y académicos dedicados a las ciencias sociales e interesados en la geografía e historia de nuestro país y, fundamentalmente, para todo interesado en profundizar en cómo se desarrolla la idea del espacio de la nación durante los siglos XIX y XX. Es un esfuerzo por unir las ideas del tiempo, del espacio y de la vida sociopolítica. Va progresivamente de menos a más, con congruencia y complementariedad. Lo que no aborda un autor lo hace el otro, abarcando entre todos desde el periodo virreinal hasta el año 2010. Inicia evidenciando la necesidad sentida en el siglo XIX (entre 1822 y 1832) de contar con estadísticas aplicadas y de poseer un plano topográfico, astronómicamente trazado y descrito con exactitud en la parte geológica y física del país, y termina con la presentación del INEGI que permite que México cuente ahora con la mejor cartografía de la historia y estadísticas que fundamentan distintos estudios y toma de decisiones.

 

REFERENCIAS

Buttimer, A. (1992), "Fenix, Fausto y Narciso", en García Ballesteros, A. (ed.), Geografía y humanismo, Oikostau, Barcelona, p. 19–55.         [ Links ]

Herrejón, C. (2009), "El espacio y otros actores de la historia", en Chávez, M., O. González y C. Ventura, Geografía humana y ciencias sociales, una relación reexaminada. El Colegio de Michoacán, México, pp. 133–159.         [ Links ]

Skinner, Q. (2000), "Significado y comprensión en la historia de las ideas", en Prismas: revista de historia intelectual, núm. 4, México, pp. 149–191.         [ Links ]

 

Notas

1Luego de su doctorado en París, se interesó en la historia urbana de Tlalpujahua y de Morelia y posteriormente centró su investigación en la insurgencia a partir del estudio de Morelos y de Hidalgo, dándole especial atención a la cartografía histórica. Como presidente de El Colegio de Michoacán fundó el Centro de Estudios de Geografía Humana del cual es profesor–investigador y participa en la línea de investigación "Procesos en el paisaje" interesándose en los "paisajes de la insurgencia" y en la relación de la geografía con la historia (Herrejón, 2009). La formación geográfica de México es el primero de los seis volúmenes, bajo la dirección de Enrique Florescano, publicados por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes para conmemorar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana.

2 Las cursivas son de la autora.