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Investigaciones geográficas

versão On-line ISSN 2448-7279versão impressa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.71 México Abr. 2010

 

Geografía humana

 

Perspectiva territorial de la pesca en la Costa Chica de Guerrero

 

Geographical perspective of fishing in the Costa Chica, Guerrero state, Mexico

 

Salvador Villerías Salinas* y Álvaro Sánchez Crispín**

 

* Unidad Académica de Ecología Marina, Universidad Autónoma de Guerrero, Gran Vía Tropical No. 20, 39390 Acapulco, Guerrero. E–mail: svilleriass@gmail.com

** Departamento de Geografía Económica, Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México, Circuito Exterior, Cd. Universitaria, 04510, Coyoacán, México, D. F. E–mail: asc@igg.unam.mx

 

Recibido: 7 de noviembre de 2008.
Aceptado en versión final: 17 de diciembre de 2008.

 

Resumen

Este trabajo examina la actividad pesquera desde un punto de vista territorial, en uno de los litorales más marginados del trópico mexicano: la Costa Chica de Guerrero. La idea central de investigación relaciona y concatena la existencia de recursos pesqueros medianamente importantes, la falta de infraestructura adecuada y de eslabonamientos hacia delante de la pesca con la industria alimentaria y la presencia de canales de comercialización monopolizados por intermediarios; se asume que estos factores inciden en forma directa en las condiciones de vida de la población de los sitios estudiados, caracterizadas como poco favorables y que alientan la emigración. Entre los hallazgos de investigación relevantes se pueden indicar los siguientes: el predominio de explotación referido a unas cuantas especies con alto valor comercial, como el ostión; la primacía de Acapulco como centro de acopio de los productos pesqueros y una débil organización de las cooperativas pesqueras que se manifiesta en una incapacidad para resolver los problemas derivados de la comercialización de sus capturas, lo que abre una ventana de oportunidad para los intermediarios.

Palabras clave: Pesca, cooperativas pesqueras, Costa Chica, Guerrero.

 

Abstract

This paper examines, from a geographical point of view, fishing in one of the poorest regions in the Mexican tropics: the Costa Chica in the state of Guerrero. Our central research questions is aimed to relating the existence of mediocre fishing grounds in these waters, the absence of both adequate infrastructure and forward linkages of fishing, particularly referred to the food industry, and the existence of trading channels monopolized by intermediaries; we assume that these factors have contributed significantly to the actual poor living conditions prevalent in the region, which in turn have stimulated notable migration movements in recent years. Among the significant findings of this study, worth mentioning are: fishing in this part of Mexico is based on the catching of selected species, particularly those with the highest commercial value, such as oysters; Acapulco is the major trading post for the Costa Chica fishing products; finally, we found out that a weak organization among fishermen and cooperatives results in their inability to resolve problems associated with the commercialization of their catching, leaving the door open for intermediaries.

Key words: Fishing, fishing cooperatives, Costa Chica, Guerrero.

 

INTRODUCCIÓN

Este trabajo tiene como finalidad revelar, desde una perspectiva territorial, la situación social y económica por la que atraviesa la pesca en la Costa Chica de Guerrero. Se parte de la presunción de que la infraestructura existente en la región no es adecuada para la actividad pesquera, que la comercialización de los productos del mar está muy controlada por intermediarios y que la extensión del área de influencia que se genera por tal mercadeo no es muy amplia. Estas circunstancias trascienden, en forma clara, en nivel de vida de los pescadores de esta parte de México.

El territorio estudiado se caracteriza por tener altos índices de marginación socio–económica (CONAPO, 2007); se trata de una de las regiones con mayor atraso en el estado de Guerrero. Es una parte del litoral pacífico mexicano que centra sus actividades económicas en el sector primario, en particular, la agricultura tradicional; la pesca, en este contexto, tiene un papel hasta cierto punto complementario en la dinámica económica regional y sólo se lleva a cabo en quince localidades asentadas sobre la línea de costa en la que se capturan distintas especies marinas y estuarinas.

La Costa Chica guerrerense tiene como extremos, por el lado occidental, al puerto de Acapulco y, por el oriental, al límite entre Guerrero y Oaxaca. Para los efectos de este trabajo de investigación, el litoral considerado se extiende por cinco municipios de la región: San Marcos, Florencio Villarreal, Copala, Marquelia y Cuajinicuilapa (Figura 1), donde se ubican quince localidades que se dedican a la actividad pesquera; de ellas, trece viven sólo de esta economía y en dos, San Marcos y Marquelia, la pesca coexiste con el comercio y los servicios. En cada uno de estos sitios hay, por lo menos, una cooperativa, eje de vertebración de la economía pesquera.

Por el medio natural en el que se desarrolla la pesca, ésta se puede dividir en la que se realiza en aguas marinas y la que se lleva a cabo en las dos lagunas costeras de la región en estudio: Chautengo y Tecomate. Al primer grupo corresponde la extracción pesquera en San José Guatemala, Boca del Río, Colonia Juan Nepomuceno Álvarez, Barra de Copala, Marquelia, Playa La Bocana, Barra de Tecoanapa y Punta Maldonado. Por lo que respecta a la pesca en aguas lagunares, se pueden indicar las comunidades de Tecomate Pesquerías, Nuevo Tecomulapa, Las Ramaditas y San Marcos, vecinas de la laguna Tecomate y las de Pico del Monte y Las Peñas, próximas a la laguna Chautengo.

 

MARCO CONCEPTUAL Y METODOLÓGICO

Aunque parezca paradójico, por la longitud de costa que tiene el país, la pesca es uno de los sectores económicos menos estudiados desde una perspectiva geográfica–económica. Al hacer una revisión bibliográfica de las obras publicadas en este sentido, es notable la ausencia de investigaciones sobre la estructura territorial de la actividad pesquera en México. En otros campos del conocimiento se ha abordado el tema de la pesca y los pescadores desde diferentes perspectivas: económica, sociológica, antropológica, pero se deja de lado la dimensión territorial del sector. Algunas obras y autores se dedican a examinar el proceso de extracción y transformación de especies, de importancia vital para la pesca nacional, como el camarón y la sardina (Blancarte, 1979; Ochoa, 1988; Valencia, 1988). Asimismo, se hace referencia a la historia de vida de los pescadores de zonas específicas del país (SEPESCA, 1986), entre ellas la misma costa de Guerrero que interesa a este estudio (García y Rodríguez, 1985). Sin embargo, la expresión de las relaciones entre la naturaleza y la sociedad pesquera no se concreta, en estos trabajos, en la elaboración de cartografía temática. Los procesos de relación entre la presencia de recursos naturales (cardúmenes) y su explotación por parte de la población costera no se examinan desde una perspectiva territorial (flujos generados, nodos de concentración de la captura, redes de abastecimiento y comercialización). Así, el propósito de esta investigación es revelar la configuración espacial de esta actividad económica en una de las regiones más marginadas de México.

En esta investigación se considera que una comunidad de pescadores se compone de elementos naturales y culturales que se plasman en el paisaje y que sirven de soporte a la actividad extractiva (de recursos marinos o estuarinos) en la que está basado el modo de vida de sus habitantes. Esta idea está sustentada en lo propuesto por Estébanez (1986), quien indica que una comunidad está formada por personas que viven dentro de determinadas estructuras, de las que derivan formas objetivas y tangibles a partir de sus relaciones y actividades cotidianas. Esto último es de relevancia para este trabajo porque el análisis de la actividad económica permitirá comprender las variaciones espaciales que adquiere la pesca en esta parte del litoral pacífico mexicano.

Una segunda consideración conceptual, de interés para este trabajo, tiene que ver con la distinción del pescador ribereño o artesanal de otros actores sociales de la economía de esta región de Guerrero. El pescador no es igual al campesino, ni al artesano, en términos de sus habilidades como trabajador, de ingreso, de organización social, de capacidad para su inserción, como fuerza de trabajo, en mercados distintos al suyo propio o de adaptación a cambios medioambientales, de negociación política o de integración social. Sin embargo, en muchas ocasiones se suelen extrapolar modelos derivados del estudio de comunidades agrarias a las pesqueras, sin reflexionar sobre los contrastes sociales, de organización y culturales que existen y separan a ambas (Cernea, 1995). A pesar de esto, los pescadores, al igual que los campesinos, en la actualidad se definen y conciben a sí mismos en el contexto de una relación de libre mercado, integrados y articulados al sistema de economía mundial.

Otra dimensión que hay que tomar en cuenta se asocia con que la pesca a pequeña escala, realizada en forma tradicional, se caracteriza por tres condiciones que revelan su situación real: las artes de trabajo con que se realiza; el espacio ribereño donde se ejecuta y los volúmenes capturados. Estos elementos también intervienen en la conformación territorial de la actividad pesquera. Para abundar en este punto, hay que resaltar que la pesca ribereña o de pequeña escala contribuye, en forma importante, a la seguridad alimentaria y al alivio a la pobreza en las regiones donde se le practica (FAO, 2003).

En cuanto a las condiciones de trabajo y de vida de los pescadores, es importante anotar que éstos se encuentran asociados en comunidades de oficio y que, en general, intentan ejercer un control territorial sobre la línea de costa adyacente a sus localidades. Como en otros tantos sitios del litoral mexicano, los pescadores guerrerenses obtienen bajos ingresos por su actividad y viven en una situación de marginación social y económica, hecho que los hace vulnerables a riesgos globales que afectan el medio geográfico–físico del que extraen los recursos pesqueros, a lo que hay que adosar la presencia y competencia por el uso del suelo del más reciente competidor de la pesca: la actividad turística (Palma, 2002; SEMARNAT, 2006; Marín, 2007). A pesar de estas amenazas, la pesca ribereña o de pequeña escala produce beneficios económicos, si bien en forma limitada, y contribuye a la generación de empleos directos e indirectos en los lugares donde se le lleva a cabo.

Método de trabajo para este estudio

Para poder llevar a cabo esta investigación, se recopilaron datos, en forma directa, en la zona en estudio, por medio de encuestas que se realizaron a mediados del 2005. El objetivo de aplicar este instrumento de acopio de información fue obtener una aproximación a los problemas ambientales, sociales y económicos a los que se enfrentan los pescadores de las quince localidades ya señaladas; asimismo, se tenía por finalidad, después de haber procesado la información derivada de las encuestas, distinguir y representar en forma cartográfica la organización territorial de esta actividad económica. También, como estrategia de recopilación de información relevante, se hicieron entrevistas no estructuradas a permisionarios en localidades con mayor actividad pesquera: Barra de Tecoanapa y Punta Maldonado.

Así, 76 personas que viven en las poblaciones referidas, que son pescadores y que están agrupados en cooperativas o que realizan su actividad en forma independiente, contestaron la encuesta. El procedimiento para determinar el número de informantes por localidad se basó en el método estadístico de conglomerado. En forma mayoritaria, la encuesta fue respondida por hombres jóvenes dedicados a la pesca; sin embargo, también hubo adultos mayores encuestados. Algunos de los permisionarios que fueron contactados son dueños de embarcaciones, medios de transporte y que realizan parte del proceso de comercialización de los productos del mar procedentes de las localidades seleccionadas para este estudio.

Una vez finalizadas las encuestas, se procedió a verter la información en una matriz codificada cuyos datos relevantes se computaron con el fin de obtener algunas correspondencias indicativas. Después de haber obtenido los resultados, se procedió a representar en forma cartográfica algunos elementos que inciden en la conformación territorial de la pesca en esta parte de la costa guerrerense: infraestructura carretera, industria asociada con la actividad pesquera, tipo de pesca con base en las especies explotadas y existencia de cooperativas y permisionarios en cada una de las localidades.

RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN

Los niveles de educación formal entre los pescadores

La educación es un proceso que lleva implícita la idea de avance y progreso. En teoría, la instrucción recibida genera, entre los seres humanos, capacidades para comprender la realidad y transformarla de manera consciente, equilibrada y eficiente, lo que les permitiría actuar como personas socialmente responsables. En consecuencia, la educación formal es un aspecto decisivo para quienes puedan tener condiciones conducentes al desarrollo de habilidades y mejorar sus proyectos de vida. El nivel educativo es un factor básico para el progreso y mejoría de las condiciones socio–económicas de cualquier lugar del mundo (Díaz, 2002).

En consideración de lo anterior, y en el contexto regional de la Costa Chica, para el 2000, poco más de una cuarta parte de su población aún era analfabeta (INEGI, 2001). De los cinco municipios costeros que interesan a este trabajo, Cuajinicuilapa tiene el porcentaje más alto de analfabetismo (30%). Esta circunstancia es reveladora de la situación desventajosa de los habitantes de esta región respecto a su educación formal, en particular entre los pescadores. El analfabetismo entre estos últimos tiene valores por encima del 25%. Esta condición no ha mejorado, en forma sustancial, a pesar de los esfuerzos hechos en los últimos veinte años para alfabetizar a la población regional, por parte de actores federales y estatales. En el nivel de localidad, los porcentajes de analfabetismo son menores, por ejemplo, en Marquelia, el 80% de la población sabe leer y escribir (Figura 2).

En este mismo orden de ideas, y con base en los datos derivados de las encuestas, el 75% de los pescadores no tiene instrucción primaria completa y el 22% apenas finalizó esos estudios. Entonces, se puede afirmar que el nivel de educación entre los pescadores de la zona en estudio es mínimo, referido a algunos años de instrucción elemental. Más aún, de acuerdo con INEGI (op. cit.), el número de años promedio estudiados entre la población, de 15 años y más, que habita en localidades pesqueras de Guerrero es de cuatro, muy por debajo de la media estatal que es de seis. Con base en los datos de la encuesta, el número promedio de años que los pescadores encuestados dijo haber estudiado es de tres.

La organización de la actividad pesquera

En la actualidad, las cooperativas pesqueras ribereñas en México tienen frente a sí un panorama poco alentador como resultado de la aplicación de políticas inadecuadas cuyo sustento ha sido la reproducción de estrategias externas delineadas para circunstancias y necesidades diferentes a la nacional (Alcalá, 2003). En este contexto, en las 15 localidades pesqueras estudiadas hay 24 Sociedades Cooperativas de Producción Pesquera y diez permisionarios; en conjunto, estas asociaciones totalizan 1 090 personas dedicadas a la actividad pesquera (SAGARPA, 2005). De ellas, el 70% pertenece al sector cooperativo y el resto al privado. Los integrantes de estas organizaciones laboran bajo un esquema individual en cuanto al proceso de captura, a la vez que realizan la venta de ésta a un intermediario. En algunas ocasiones, los pescadores se organizan para gestionar y obtener financiamiento a sus actividades o para ingresar a programas de apoyo social; una vez conseguido esto, se produce una distribución equitativa entre agremiados.

Existe una federación de sociedades cooperativas de la industria pesquera y acuícola de la Costa Chica de Guerrero, que desempeña funciones de gestoría para obtener apoyos económicos gubernamentales como el Programa de Empleo Temporal al que podrían allegarse los pescadores de esta región guerrerense. En este contexto, y por mediación del presidente de la federación, se ha planteado a las autoridades la necesidad de establecer cursos de capacitación pesquera y de realización de proyectos en el campo de la acuicultura, todo esto con el fin de mitigar la pobreza en la que viven los pescadores de la región. En 2003, la Fundación Produce Guerrero apoyó un proyecto en esta parte del estado para el cultivo de tilapia; no tuvo éxito esta empresa por varios motivos, entre ellos, la falta de capacitación entre los beneficiados por la inversión, el no seguimiento del proceso de implantación de la especie y la no apropiación de esta nueva actividad extractiva por parte de los pescadores locales. No obstante esta circunstancia, éstos siempre han manifestado su necesidad de apoyo financiero para emprender nuevas formas productivas en el sector pesquero con miras a elevar el nivel de vida de la población que vive de esta actividad económica.

A través del acopio de información en la zona, se identificaron 46 permisos para la captura; su distribución correspondió a 30% para escama marina, 26 para escama de agua dulce, 17 para ostión y 15 para tiburón, respectivamente; la almeja, caracol y jaiba representaron menos del 4%. La principal zona de captura se localiza frente a los municipios de Cuajinicuilapa y Marquelia, y son dos los factores que influyen en la mayor dinámica pesquera en esa porción de la costa (Figura 3). El primero se asocia a la presencia de una plataforma continental más extensa y un área rocosa considerable frente al municipio de Cuajinicuilapa donde se captura huachinango; en las aguas someras que van desde el municipio de Marquelia hasta Copala, donde se captura ostión, también hay un banco rocoso de consideración. El segundo se relaciona con la contribución de nutrientes al medio marino que hace el río Quetzala durante todo el año y principalmente en la época de lluvias, como lo señalan Tovilla y Orihuela (2000). Estos dos componentes naturales hacen que localidades pesqueras ubicadas en Marquelia y Cuajinicuilapa obtengan mayores volúmenes y beneficios de la pesca, sumada a la importancia de las dos lagunas costeras Chautengo y Tecomate, que también contribuyen en forma significativa a la captura regional.

Las localidades con mayor dinámica pesquera son Punta Maldonado, Barra de Tecoanapa, Marquelia, Playa Bocana, Las Salinas y colonia Juan Nepomuceno Álvarez, cuya actividad extractiva está referida a diversas especies marinas. Las cooperativas ubicadas en los márgenes de las lagunas de Chautengo y Tecomate pescan escama de agua dulce, escama marina y, con menor frecuencia, algunos crustáceos y moluscos (Figura 4).

Las 24 cooperativas pesqueras de la zona en estudio trabajan en forma desorganizada; esto se deriva de una conducta individualista entre los pescadores ribereños que genera indiferencia respecto a perseguir un desarrollo económico y social en las localidades en las que se practica la actividad pesquera. Esta situación no es exclusiva para la Costa Chica de Guerrero y se presenta en otras regiones litorales de México, como las que han sido estudiadas por Villaseñor y García (1990), Esquivel y Plascencia (1999) y Castañeda (2002). Los pescadores de la costa guerrerense, lato sensu, desconocen sus derechos y obligaciones como socios de las cooperativas a las que están asociados (Astudillo, 1989). Finalmente, habría que indicar que a esta situación se adosa la deshonestidad de los directivos de tales agrupaciones.

En las localidades estudiadas, la pesca se realiza en grupos de tres a cinco pescadores, generalmente unidos por lazos familiares; este nexo permite el establecimiento de relaciones solidarias y de cohesión de grupo, lo que facilita la realización de la práctica pesquera y resolver situaciones de riesgo en una forma más adecuada. De regreso en tierra, quienes participaron en la extracción de productos del mar reciben el reparto de lo obtenido, en forma equitativa, a lo que se denomina sistema de retribución "a la parte".

Algunas condiciones socioeconómicas de la fuerza de trabajo pesquera

En consideración de los recursos naturales existentes en la Costa Chica de Guerrero, referidos a biodiversidad terrestre y marina, disponibilidad de agua y las condiciones climáticas imperantes, se puede afirmar que ésta es una región de México con un potencial económico singular que podría generar empleo e ingresos en forma satisfactoria para la población que ahí vive. Sin embargo, la realidad indica que ésta es una región de alta marginación, donde las actividades económicas predominantes son la agricultura y la ganadería que no generan riqueza, en forma amplia, para quienes se dedican a ellas o para la población en general; así, no es de sorprender el abandono del campo y el proceso emigratorio constante hacia diferentes lugares del interior del país (Acapulco, Chilpancingo, estado de Oaxaca, Ciudad de México) y hacia Estados Unidos (particularmente las ciudades de Chicago y Los Ángeles).

En las localidades pesqueras estudiadas, todas ellas no urbanas, la marginación social y económica es innegable. De un total de 1 553 viviendas registradas por INEGI (op, cit.), sólo el 16% dispone de agua entubada y drenaje, y un 15% utiliza gas para cocinar. A esto se puede agregar que, en materia de salud, también hay un rezago enorme: de los poco más de 8 mil habitantes de estos lugares, el 3% son derechohabientes de algún servicio de salud. Esto revela las condiciones precarias de vida de los pescadores de la Costa Chica.

Respecto a los ingresos generados por la actividad pesquera, se puede indicar que son variables y dependen del volumen de captura que se realice. En promedio, y con base en la información derivada de las encuestas, un pescador recibe cerca de 66 dólares por semana, cifra que aumenta en forma considerable cuando llega la temporada alta de pesca en los meses de noviembre a mayo. Como en otras regiones del país, los pescadores de la Costa Chica complementan su ingreso con lo que provenga de actividades como la agricultura (principalmente cultivo de maíz) y la ganadería de traspatio; un 12% de los encuestados afirmaron que también participan en actividades distintas de la pesca. Sin embargo, la totalidad de los pescadores encuestados dijeron que la actividad pesquera les genera mayores ganancias que cualquiera otra. Esto contrasta con las aseveraciones hechas por el 18% de los pescadores acerca de que la pesca ya no es una actividad productiva generadora de ingresos importante, que la población local ha crecido (lo que aumenta el número de pescadores) y que esto fuerza, principalmente a jóvenes varones, a migrar con el fin de mejorar ingresos y calidad de vida.

La captura pesquera

Con base en estadísticas obtenidas en documentos oficiales, como el Anuario Estadístico de Pesca, la captura total registrada en la Costa Chica de Guerrero, entre 2000 y 2003, fue de 1 229 toneladas (SAGARPA, 2004), lo que representó un valor de 1.96 millones de dólares. En esta cantidad se incluye una gran variedad de especies, entre crustáceos, moluscos y peces, como el huachinango (Lutjanus peru), el ostión de roca (Crassostrea virginensis), la lisa (Mugil sp), la bandera (Ariidae), el jurel (Caranx caninus), el pargo (Lutjanus argentiventris) y las rayas y similares (rajiformes); en conjunto, éstas constituyen el 80% de la captura regional, lo que revela la existencia de una actividad pesquera que se desarrolla bajo el contexto multiespecífico, por el número de especies que la componen. En consideración de la longitud de costa involucrada y de la diversidad de vida marina que en ella habita, este volumen de pesca es muy poco, como lo han referido algunos autores (Amezcua, 1996).

En el área en estudio, con base en la importancia relativa del volumen y valor de la producción registrados, la pesca se puede agrupar en especies objetivo y las asociadas con la captura. En las localidades estudiadas, y de acuerdo con la propuesta de Hylsop (1980) y modificada por Díaz y Ramírez (2002), las más importantes son las del orden Ragiformes (rayas y similares) y la familia Lutjanidae (huachinango y pargos) catalogadas como especies objetivo; por su parte, las asociadas con la captura, propiamente dicha, incluyen siete tipos de peces considerados como alternativos y 28 especies como secundarios, entre ellas la sierra, robalo, cocinero y jurel, con ello se reafirma la diversidad íctica que se localiza en las aguas del litoral de la Costa Chica de Guerrero.

En el nivel de localidad pesquera, las dos más importantes por su volumen de captura, Barra de Tecoanapa y Punta Maldonado, registraron un total de 238.8 y 162.4 toneladas, respectivamente, en el periodo ya indicado. La especie más extraída es el huachinango que representó el 20 y el 69% del volumen registrado en los dos lugares, con un valor respectivo de 154 y 309 mil dólares. Estas cifras revelan el significado que tiene esta especie de escama para la economía pesquera regional; con base en esta consideración, debería explotársela dentro de un marco regulatorio como el propuesto en las unidades funcionales de manejo (Díaz y Ramírez, 2002).

Aunque existen estas estadísticas oficiales, es necesario señalar que se presenta, en forma ordinaria, un subregistro de los volúmenes reales de captura porque los mismos cooperativistas lo propician debido a que creen que, de realizar un reporte completo de la captura, tendrán que pagar más impuestos. A esto se suma el hecho de que, generalmente, los productos del mar se venden en forma directa a intermediarios, sin dar aviso a agrupaciones o permisionarios. Así, las cooperativas pesqueras de esta parte de la costa mexicana no reportan a la SAGARPA el total de sus capturas, en sentido estricto.

En cuanto a la captura pesquera por razón social, en el bienio 2000–2002, los registros indican un total de 871 toneladas, con un valor de 1.4 millones de dólares; seis cooperativas (Bahía de Tecoanapa, Barra de Copala, Pico del Monte, Salinas de Apozahualco, Porvenir Social y Playa Bocana), de las dieciséis que hay en la zona en estudio, concentraron dos terceras partes de la captura y 56% del valor de la misma (Figura 5). En los casos de Barra de Tecoanapa y Copala, además de contribuir en forma importante a los totales regionales, se lleva a cabo una actividad variada, a diferencia de Punta Maldonado que solamente se dedica a la extracción de huachinango, pero cuyo peso contribuyó con el 5% al total de captura regional y 7% del valor respectivo.

En cuanto a los permisionarios, los siete existentes en la Costa Chica fueron responsables del 9% del volumen extraído pero cuyo valor aportó casi la cuarta parte del total en ese periodo. Esta situación revela la posición de ventaja, en términos económicos, que disfrutan los pescadores que trabajan por su propia cuenta. Se puede agregar que los seis permisionarios radicados en Tecoanapa y Punta Maldonado obtuvieron, cada uno, un promedio de ingresos superior a los 18 mil dólares anuales de 2000 a 2002, sin duda una cantidad importante dentro del contexto regional. En contraste, el pescador agrupado en la cooperativa que más ingresos tiene, como el caso de cooperativa de Barra de Tecoanapa, percibe al año menos del doble que un particular.

La actividad pesquera en la Costa Chica de Guerrero está dividida en dos temporadas: la de secas, que comprende de noviembre a mayo, y la de lluvias, de junio a octubre. La primera es más adecuada y productiva debido a las condiciones meteorológicas estables, que permiten mejores condiciones para navegar en el mar y así, utilizar diversas artes de pesca. La segunda constituye una temporada menos propicia, debido a la presencia de tormentas y ciclones generados en el Pacífico; comentan los pescadores que es un periodo difícil para entrar al mar por lo que se deja de pescar y se dedican a sembrar maíz en sus parcelas.

Al igual que en otros lugares de México, existe la pesca ilegal no declarada y no reglamentada, como se puede constatar en los medios impresos y electrónicos. La actividad pesquera en la Costa Chica de Guerrero enfrenta problemas de esta índole. Los pescadores que habitan en las localidades de Punta Maldonado y Barra de Tecoanapa, enfrentan una dificultad relacionada con el uso de artes de pesca indebidos en la captura de huachinango, en consecuencia no hay una captura selectiva (tallas adecuadas). Esto debido a múltiples factores, como mayor demanda de producto, problemas de empleo y cultura, así, con este tipo de actitudes, el recurso pesquero puede entrar en un estado de desequilibrio.

Esta práctica de pesca ilegal también se efectúa en la captura de Litopenaeus Vannnamei (camarón de Castilla) en estado juvenil en las lagunas de Chautengo y Tecomate. Generalmente se utiliza una atarraya construida de hilo de nylon. Además, en estos mismos cuerpos de agua, en la desembocadura de la laguna hacia el mar, algunos pescadores colocan redes de gran tamaño que cubren en su totalidad la anchura de la salida. Con esta práctica capturan una gran cantidad de peces sin ninguna selección de tallas.

Puede haber varios argumentos en relación con los derechos de pesca y las buenas prácticas; no es causal que la FAO, en 1992, haya planteado el Código de Conducta para la Pesca Responsable, que indica la necesidad de elaborar un ordenamiento de la actividad pesquera como parte insoslayable para alcanzar una pesca sostenible. México fue uno de los países impulsores en la promoción y aprobación de dicho código, en Cancún, en 1992 (FAO, 1995). Para resolver esta serie de problemas se requiere de equilibrios entre las decisiones técnicas y sociales, pero realmente se necesita de un arduo trabajo con los pescadores y que las autoridades asuman su responsabilidad como reguladores.

Un aspecto sobresaliente de la pesca en la Costa Chica de Guerrero es la ausencia de una industrialización de los productos del mar. Esto deriva de una serie de situaciones, entre ellas, la falta de impulso (financiamiento, propaganda, publicidad) apropiado por parte de administraciones federales y estatales en los últimos decenios. El problema de la capitalización de la actividad pesquera con fines de eslabonarla hacia el sector industrial es difícil de resolver pues las inversiones necesarias para modernizar la actividad son cuantiosas, la banca privada considera a la pesca como actividad de alto riesgo y el acceso a los créditos es complicado, a lo que se suma la percepción de los pescadores (cooperativistas o permisionarios) en cuanto a su capacidad para solventar los gastos que pudieran significar una posible capitalización del sector por parte de la iniciativa privada. Una solución a este problema tendría que ser planteada en términos de un modelo de crecimiento de la actividad distinto al que ahora predomina.

Embarcaciones e infraestructura para la actividad pesquera

En la Costa Chica de Guerrero, las artes empleadas para realizar la actividad pesquera son adecuadas tanto en lo que se refiere a captura en aguas interiores como oceánicas, con uso generalizado de redes agalleras. El palangre se emplea para extraer huachinango y pargo; la cimbra es utilizada para el caso del tiburón; mediante un gancho se atrapan langostas y pulpos; para el ostión se recurre a una barreta, así como para otras especies se hace uso de trasmallos de diferente apertura y atarrayas para la pesca de camarón. La pesca en aguas marinas se produce, en su mayoría, en embarcaciones de fibra de vidrio de ocho metros de eslora, con capacidad de una a una y media toneladas, con motor fuera de borda de 45 o 69 caballos de fuerza. En aguas interiores se emplean canoas, también llamadas pangas, que pueden arrastrar hasta 300 kilogramos de captura, impulsadas por remos. Estas embarcaciones tienen poco tiempo de autonomía para navegar, en consecuencia, deben desembarcar su captura lo más pronto posible y las compele a producir un amarre en cualquier lugar de la playa.

En 2005 se encontraban inscritas en el registro nacional de pesca ribereña, un total de 184 embarcaciones pertenecientes a la Costa Chica de Guerrero (SAGARPA, op. cit.). El 82% de éstas correspondía al sector social y el resto al privado. Esto, sin embargo, no significa que los cooperativistas tuvieran un papel preponderante en el sector pesquero regional, sobre todo en términos de valor de la producción. En tres localidades de la costa estudiada, Punta Maldonado, Barra de Tecoanapa y Las Peñas, se concentraba un poco más de la mitad de esas embarcaciones. Finalmente, hay que agregar que la capacidad de captura no está en razón de la cantidad de unidades sino de las características técnicas de las embarcaciones utilizadas, generalmente en un estado de deterioro, y del tipo de artes de pesca empleadas.

La falta de un puerto pesquero en la zona en estudio es muy clara. En esta forma, todos los pescadores de la Costa Chica desembarcan su captura frente a la playa de la localidad a la que pertenecen, ya sea sobre la línea litoral o sobre la costa lacustre, porque no existe un muelle u otra variante de infraestructura que pueda atender esta necesidad. La presencia de fábricas de hielo está directamente asociada con la pesca regional, por ser éste un medio de conservación único utilizado para almacenar y transportar la captura; la única localidad pesquera que cuenta con su propia elaboración de hielo, con capacidad para generar hasta tres toneladas por día, es Barra de Tecoanapa; en el caso de las otras poblaciones, todas tienen que abastecerse de hielo que procede de otros lugares como puede observarse en la Figura 4, lo que incrementa el costo de la captura realizada. La comunicación terrestre desde cada una de las localidades pesqueras examinadas es deficiente, aun cuando se cuenta con una carretera principal (la que liga Acapulco con la frontera entre Guerrero y Oaxaca); para acceder a estos lugares hay que circular por terrecerías y caminos en mal estado que, en tiempo de lluvias, pueden ser intransitables, lo que explica el complicado proceso de hacer llegar los productos pesqueros a los mercados regionales más importantes. Por último, ante la falta de transportes especializados en la comercialización de productos pesqueros, en forma refrigerada, se recurre al uso de vehículos que llevan termos cubiertos con hielo, manera en que se realiza la totalidad de los envíos desde las 15 localidades a sus respectivos mercados.

La comercialización

Los pescadores de la región se insertan en el proceso de comercialización de los productos del mar en la forma siguiente: primero se produce una venta al por mayor de lo que capturan a intermediarios locales que, a su vez, tienen su modus vivendi en la reventa y distribución de los productos pesqueros. Sólo en casos aislados, la captura se oferta directamente al consumidor, como ocurre en San José Guatemala donde los pescadores, en forma ocasional, venden su pesca a restaurantes de la comunidad de Barra Vieja, al este de Acapulco, lo que les significa ganancias relativamente mayores.

Las especies capturadas se comercializan tanto frescas como congeladas. La venta, como se indica líneas arriba, se realiza a intermediarios que pagan precios subvalorados a los pescadores, sin embargo, éstos no tienen otra alternativa que seguir enhebrados en esta red pues no disponen de alternativas para movilizar su captura hacia los mercados regionales, por sus propios medios de transporte. El mercado principal es Acapulco, seguido por Chilpancingo, Tecpan, Chilapa y Tlapa (Figura 6). Acapulco es el centro principal de comercio, no sólo de productos del mar sino de gran parte de los bienes que integran el intercambio regional de ambas costas de Guerrero.

La comercialización de la pesca en la Costa Chica de Guerrero sigue un patrón tradicional en el que los pescadores desembarcan sus capturas en playas, separadas unas de otras por distancias considerables; en general, lo desembarcado es de poco volumen, lo que implica gastos importantes en el momento de su movilización y traslado hacia otros lugares. En este escenario es que actúan los intermediarios quienes controlan el proceso de comercialización, ya que cuentan con lugares de almacenamiento adecuados (refrigerados y especializados), créditos bancarios y pueden proporcionar dinero en efectivo a los pescadores, sobre todo en tiempos difíciles cuando la captura es reducida (por diversas cuestiones, entre ellas de carácter meteorológico). En esta forma se ha generado un proceso de dependencia de los pescadores con respecto a los intermediarios para que aquéllos puedan realizar la venta de sus capturas. La tendencia es a mantener este esquema porque, por una parte, se asegura la salida de los productos del mar desde la zona de captura y, por la otra, se garantiza un abasto relativamente sostenido de productos del mar para los comerciantes en lugares como Acapulco, que tienen una demanda significativa de estos bienes a lo largo del año. El papel que desempeñan los intermediarios, no obstante que ello signifique ingresos muy bajos (aunque continuos) para los pescadores, es necesario para encauzar la producción pesquera hacia los mercados correspondientes. Una alternativa a este sistema tradicional de compra–venta de productos del mar tendría que tomar en cuenta el proceso complejo que significa elaborar convenios, comprometer volúmenes de captura por periodos fijos, y tener un acercamiento, por parte de los pescadores, a comercios y restaurantes ubicados en la región.

Los precios a los que se venden las distintas capturas están basados en la escasez y la abundancia. Si el producto se asume, escasea, tendrá un precio elevado y viceversa. Los precios promedio fluctúan entre 2.5 dólares por kilo para especies como el huachinango y el pargo y 0.84 dólares por kilo para los júreles y el cocinero, mientras que el robalo alcanza una cifra muy alta para los estándares regionales, que lo fija en hasta 3.37 dólares por kilogramo. En este marco, es evidente que los pescadores no cuentan con el poder de negociación suficiente para decidir el precio al que pueden vender su captura. Los ingresos generados en esta forma son bajos y sólo se fomenta más la dependencia pescadores–intermediarios en el proceso de comercialización.

 

CONCLUSIONES

En el contexto regional de la Costa Chica de Guerrero, los pescadores son un grupo social diseminado en varias localidades, separadas unas de otras y con poca accesibilidad entre sí. Los recursos pesqueros que sustentan esta actividad económica en la región, aunque son variados, se explotan, en forma preferencial en razón de su valor comercial. De los sitios estudiados, ocho se dedican a la captura en aguas oceánicas, y siete a la actividad pesquera en aguas lacustres. Las localidades que sobresalen por su actividad pesquera son Punta Maldonado y Barra de Tecoanapa, tanto por la captura pesquera registrada como por los ingresos obtenidos.

A pesar de que, en números relativos, la presencia de estos pescadores es reducida en comparación con la totalidad de la población económicamente activa regional, si se les examina en el nivel de localidad, su presencia es importante en cuanto a los ingresos generados (aunque sean exiguos) y los eslabonamientos hacia adelante de la pesca regional. Respecto a la reproducción social de la fuerza de trabajo, se puede indicar que la población asentada en las localidades pesqueras se inicia a una edad temprana en este oficio, situación que dificulta su inserción en otros sectores económicos. Los indicadores socioeconómicos prevalecientes en esta parte de Guerrero señalan condiciones de pobreza y marginación graves, que no han podido ser erradicados, ni siquiera paliados, en los últimos años.

Las cooperativas pesqueras de la Costa Chica de Guerrero deben ser reforzadas a través de la instauración de aspectos gerenciales que ayudarán a fortalecerlas y contrarrestar su débil organización en términos de capacidad de negociación frente a intermediarios para la comercialización de sus productos, y ante representantes de los gobiernos federal y estatal para obtener financiamiento y apoyos de diversa índole. Los mecanismos asociados con la intermediación de terceros para que los pescadores puedan vender sus productos son complejos y difíciles de erradicar; aquéllos se convierten en deudores cautivos, porque aceptan los términos de los intermediarios respecto a la compra de su captura al no disponer de medios de transporte adecuados o de recursos financieros para expandir y mejorar su actividad. A esto hay que agregar que, en todas las localidades pesqueras examinadas, la infraestructura de apoyo en tierra (frigoríficos, fábricas de hielo, muelles), no es un respaldo firme para realizar y comercializar los productos extraídos; éstos tienen como mercado principal al puerto de Acapulco. Los primeros pasos de este proceso de comercialización se registran en las propias localidades pesqueras donde el producto es eviscerado y almacenado para su posterior traslado en contenedores con hielo hacia su destino final. También existen otros centros de mercado, todos dentro de la misma entidad guerrerense.

En suma, la pesca en esta parte del país enfrenta retos serios. Hay que hacer respetar la normatividad para un mejor aprovechamiento del recurso pesquero. La sostenibilidad misma de la actividad queda en entredicho ante los procesos que dan paso a la extracción actual de productos del mar, se cimientan sobre las bases poco sólidas: falta de embarcaciones adecuadas, explotación aparentemente regulada pero que en realidad no respeta muchas veces las épocas de veda; presencia de intermediarios y ausencia de financiamiento para la actividad pesquera, entre otros. En este escenario, lo que se genera es un empobrecimiento generalizado de la fuerza de trabajo pesquera y una expulsión de población, no sólo del sector de actividad sino de las mismas comunidades estudiadas.

 

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