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Investigaciones geográficas

versão On-line ISSN 2448-7279versão impressa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.70 México Dez. 2009

 

Editorial

 

Irasema Alcántara Ayala*

 

* Directora del Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Corría el año 1969, el cual para muchos representó el parteaguas de la era de la tecnología con el primer viaje del hombre a la Luna. En otro tenor, la oposición a la guerra de Vietnam se intensificaba, y en México el ambiente estaba enrarecido en virtud del empleo brutal de la fuerza del ejército contra los estudiantes en Tlatelolco en el año previo y se inauguraba el metro de la Ciudad de México. Todo esto acontecía al mismo tiempo que en la Universidad Nacional Autónoma de México se publicaba el primer número del Boletín del Instituto de Geografía.

En aquella época, los intereses académicos de la comunidad geográfica reflejados en la primicia de nuestra publicación versaban en temas de índole climatológica (García, 1969), meteorológica (Jáuregui, 1969; García et al., 1969), geomorfológica (Coll, 1969), poblacional (Fuentes, 1969), de uso del suelo (Hernández Silva, 1969) y por supuesto del análisis geográfico (Soto Mora, 1969).1

La publicación durante cuatro décadas de setenta números con 560 artículos de calidad ascendente se puede visualizar desde dos vertientes. La primera lleva implícita la creación, la transmisión y la aplicación del conocimiento geográfico no sólo en el ámbito educativo, científico y tecnológico, sino como elemento fundamental en la toma de decisiones y en el diseño e implementación de políticas públicas. La segunda, se relaciona con la transformación que ha tenido, con alguna frecuencia, la valoración de la investigación en México y el mundo debido a intereses creados, no siempre académicos.

Mientras la investigación de los años sesenta y setenta de manera general era expresión inequívoca de creatividad y reflexión científica, en la actualidad y a muchos años luz, una parte nada despreciable de la ciencia se ha volcado en una carrera cuantitativista, cuya esencia se traduce en las variaciones individuales de producción; es decir, el número de papers personales que se publican, sin afectar las variables reales asociadas con la solución de problemas nacionales y frecuentemente tampoco con la generación de conocimientos originales.

Es entonces que en contraste con la época de la conquista de la superficie selénica, nos tocó vivir en la era de la puntitis, la cual por cierto es poco benevolente con nuestra disciplina. Por ejemplo, del conjunto de publicaciones mundiales durante el periodo 1996–2007, 7 034 fueron del área de Ciencias de la Tierra y 1 888 de Ciencias Sociales. El total de citas para la primera fue de 59 279 y para la segunda tan solo de 3 743. Lo anterior se traduce en 9.2 y 3.2 citas por publicación, respectivamente. Para 1996, la producción de publicaciones en Ciencias de la Tierra en América Latina representaba el 23.58% y en Ciencias Sociales el 17.99%. Ambas disminuyeron durante el periodo en cuestión y en 2007 registraron valores de 20.78 y 14.06%, respectivamente. En el caso de México, los porcentajes de publicación con respecto al ámbito mundial evidentemente no son muy alentadores. En 1996 equivalieron al 0.72% en Ciencias de la Tierra y 0.13% en Ciencias Sociales. Para 2007, la numeralia indicaba que dichas áreas continuaban sin llegar siquiera al 1 %, al significar éstas, correspondientemente, al 0.94 y 0.38% de la producción mundial (Fuente: SCOPUS).

Sin omitir la reflexión impregnada con la celebración del Año de la Evolución con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Carlos Darwin, Matthew Ridley —un Darwinista británico— en una entrevista para un diario chileno (El Mercurio, 2009) señalaba que somos la especie dominante gracias a nuestra inteligencia colectiva. Sin embargo, y paradójicamente, aunque los grandes descubrimientos y el progreso de la humanidad se han fincado en las dimensiones del trabajo en equipo, especialmente en los últimos tiempos, en la actualidad los mecanismos de evaluación de la ciencia fomentan que el individualismo científico llegue a su máxima expresión; de esta manera no debiera sorprender el desarrollo creciente de la investigación cubicular (en cada cubículo), con restricciones de creatividad y limitaciones de escala temporal, así como el bajo impacto de este tipo de investigaciones en la solución de problemas críticos para la sociedad. Aunado a ello, la falta de una política educativa, científica, y de desarrollo tecnológico nacional y de innovación coherente con nuestra realidad, propicia el rezago, la inequidad y la incertidumbre social.

A diferencia de los aconteceres de 1969, cuarenta años después, Investigaciones Geográficas, el Boletín del Instituto de Geografía de la UNAM, de la mano de los destacados miembros del Consejo Editorial, le da atención a aspectos tales como la urbanización generalizada (Capel, 2009); el fenómeno turístico en el marco de la globalización (Córdoba, 2009); las repercusiones de los procesos migratorios (García–Ballesteros et al., 2009); el impacto del cambio climático en la Ciudad de México (Jáuregui, 2009); la valoración del espacio y su contribución a las políticas de ordenamiento territorial y de planificación ambiental (Moraes, 2009); la naturaleza de los cambios en las estrategias neoliberales y su relación con los problemas de desarrollo nacional en Latinoamérica (Vellinga, 2009); el desarrollo sustentable y las diversidades locales y regionales (Verstappen, 2009); las escalas y patrones de segregación residencial (Ward, 2009); y la perspectiva política y epistemológica del binomio naturaleza y cultura (Castro y Zusman, 2009); entre otros. Todos ellos temas de profunda trascendencia en los puntos cardinales del análisis geográfico.2

En el siglo XX, ya se advertía el papel de la geografía como un arma para la guerra (Lacoste, 1977). Hoy, en los todavía albores del siglo XXI, la geografía continúa siendo por su naturaleza una disciplina estratégica, cuyos compromisos inherentes la direccionan a transformar las crisis actuales en abanicos de oportunidad, para a través de su enfoque integral de análisis, transmitir y convencer a los grupos de poder y a toda la sociedad, que el recrear la ciencia y apoyarse en ella son parte fundamental para el bienestar presente y futuro de la sociedad misma.

Indiscutiblemente, al ser Investigaciones Geográficas por excelencia el espacio académico de expresión de mayor reconocimiento y prestigio en México y una de las más renombradas revistas, y sin falsas modestias la más reconocida, a nivel Latinoamérica en la disciplina, el reto se multiplica; a sus páginas llegan ahora plumas jóvenes y experimentadas de nuestro continente e incluso de otras zonas geográficas. Actualmente nos toca enfrentarnos al tsunami de la nimiedad académica en el aleatorio desarrollo de la nación; contribuir en el diseño del proceso de revalorización de la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación; así como también ofrecer nuestro pequeño grano de arena para la prevención de la posible ocurrencia de deslizamientos sociales desencadenados por la ausencia de bienestar.

 

Notas

1 Véase al respecto el Boletín, núm. 1, Instituto de Geografía, UNAM.

2 Véanse al respecto los artículos publicados en este número 70 de Investigaciones Geográficas.

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