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Investigaciones geográficas

versión On-line ISSN 2448-7279versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.66 México ago. 2008

 

Geografía física

 

Identificación de los servicios ambientales potenciales de los suelos en el paisaje urbano del Distrito Federal

 

Identification of the potential soil environmental services in the urban landscape of Mexico City

 

Silke Cram* Helena Cotler** Luis Miguel Morales*** Irene Sommer* Estela Carmona***

 

* Departamento de Geografía Física, Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México, Circuito Exterior, Cd. Universitaria, 04510, Coyoacán, México, D. F. E–mail: silre@servidor.unam.mx; irenes@igiris.igeograf.unam.mx.

** Instituto Nacional de Ecología–SEMARNAT, Av. Periférico Sur No. 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, 04530, México, D. F. E–mail: hcotler@ine.gob.mx.

*** Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA), Universidad Nacional Autónoma de México, Antigua Carretera a Pátzcuaro No. 8701, Col. Ex Hacienda San José de la Huerta, 58190, Morelia, Michoacán. E–mail: moraman@servidor.unam.mx; ecarmona@ciga.unam.mx.

 

Recibido: 26 de febrero de 2007.
Aceptado en versión final: 28 de noviembre de 2007.

 

Resumen

El crecimiento y expansión de las ciudades ha ocasionado un fuerte deterioro de la salud e integridad de los ecosistemas in situ disminuyendo su posibilidad de ofrecer servicios ambientales. El suelo constituye uno de los primeros componentes alterados que dejan de proporcionar numerosos beneficios necesarios para el mantenimiento de la calidad de vida de la población urbana.

En este trabajo se lleva a cabo una primera evaluación de la situación actual de los suelos en el Distrito Federal y sus servicios ambientales potenciales. Para ello, se utilizaron mapas e imágenes de satélite recientes para la construcción de un mapa morfoedafológico. Con base en esta información se detectaron como prioridades: a) el cuidado y atención de suelos sobre pendientes > 10° indicando las delegaciones implicadas; b) el incremento y/o mejora en la atención de los espacios no sellados que aún se mantienen en cada Delegación; c) la necesidad de elaborar políticas y propuestas de manejo para el Distrito Federal que consideren la diversidad de usos y de sus unidades morfoedafológicas. Además se identifican algunos de los servicios ambientales que deberían incorporarse en las políticas y el manejo de los suelos.

Palabras clave: Suelos urbanos, servicios ambientales, Distrito Federal, México, unidades morfoedafológicas.

 

Abstract

Ecosystems health and integrity has been affected due to the growth and expansion of the cities reducing their capability to offer environmental services. Soil is one of the first components altered, diminishing the provision of  numerous benefits linked to the citizens quality of life.

In this work a first analysis of this situation in Mexico City is carried out. Maps and recent images were analyzed and processed to build a morphoedaphic map. Based on this information, the following priorities were derived: a) care and attention to soils on slopes > 10° pointing out the implied delegations; b) increase the extension and/or improve the quality of the remaining not–sealed soils in each delegation; c) the need to elaborate a management and political proposal for the whole watershed and a set of delegational level programs considering their own different combination of soil uses and morphoedaphic units. Some of the potential environmental services to be considered in construction–free soils management policies are also suggested.

Key words: Urban soils, environmental services, Mexico City, morphoedaphic units.

 

INTRODUCCIÓN

Los servicios ecosistémicos también llamados ambientales constituyen todos aquellos beneficios que la población obtiene de los ecosistemas (Millennium Ecosystem Assessment, 2005).

Como parte de los ecosistemas terrestres, los suelos cumplen importantes servicios ecosistémicos, el más conocido es el soporte y suministro de nutrimentos a las plantas, de ahí que la degradación del suelo esté considerada como el mayor problema ambiental que amenaza la producción mundial de alimentos (PNUMA, 2000). El suelo, además, constituye el medio donde se realiza una parte importante de los ciclos biogeoquímicos necesarios para el reciclaje de los compuestos orgánicos; se estima que el contenido de carbón almacenado en el primer metro del suelo es 1.5 veces mayor a aquél acumulado en la biomasa (Sombroek et al., 1993), constituyendo la tercera fuente más importante de carbón (Lal, 1999). Este "secuestro" de carbón por el suelo, reduce su liberación a la atmósfera como CO2, uno de los principales gases con efecto "invernadero" responsables del cambio climático (Kern y Johnson, 1993).

Otras funciones no menos importantes, son captar el agua que permite la recarga de los acuíferos, lo que influye en la calidad de la misma, filtrando, amortiguando y captando ciertos contaminantes, impidiéndoles llegar a las reservas de agua (Brady y Weil, 1999). El suelo contribuye indirectamente a modular temperatura y humedad, lo cual mejora la calidad del aire (evitando polvaredas y/o favoreciendo la producción de oxígeno), factores todos relacionados con la calidad de vida del habitante urbano.

En ambientes propiamente urbanos, además de su contribución a la recarga de acuíferos, la infiltración del agua en el suelo no urbanizado reduce los niveles de escorrentía, evitando inundaciones y arrastres de basura hacia las partes bajas de las zonas urbanas, almacena agua (a la par que nutrimentos) para la vegetación y evita la sobrecarga de drenaje artificial (Sanders, 1986; Blume, 1990; Blume et al., 1997, Lal, 2002). Finalmente, en los ecosistemas urbanos, Brady y Weil (1999) mencionan al suelo como proveedor de servicios para material de construcción o como cimiento para la infraestructura urbana.

Para que el suelo pueda preservar sus funciones, es necesario garantizar su contacto con el agua, la vegetación y el aire del entorno, conservando las propiedades que regulan su calidad,1 condición que tiende a perderse a medida que avanzan los procesos de urbanización.

Los servicios ambientales que provee el suelo son poco valorados en las zonas urbanas. Básicamente se concibe al suelo como soporte de construcciones o infraestructura, lo que favorece prácticas para su aislamiento o "sellamiento" dando origen a problemas de encharcamientos, inundaciones, pérdida de biodiversidad, déficit en la recarga de acuíferos, entre otros. Estos problemas demandan altas inversiones para ser resueltos y esto, en muchas ocasiones, sólo puede realizarse provisionalmente.

Los suelos urbanos se distinguen de los naturales esencialmente por estar mezclados con materiales de relleno con presencia de residuos de construcción, balance ácido–alcalino con tendencia a la alcalinización, tendencia a la contaminación con metales pesados y derivados del petróleo, propiedades físico–mecánicas particulares tales como alta compactación, condiciones que en cojunto limitan la aireación, el drenaje y el almacén de humedad disponible a la planta y crecimiento de raíces. Esto también afecta la composición de las poblaciones de organismos degradado res y los mecanismos químicos frente a diversos contaminantes (Stroganova y Agarkova, 1993; Jim, 1998; Stroganova y Prokofieva, 2000; Beyer et al., 2000; Lal, 2002).

Cuando la ciudad tiende a crecer y complicarse, se vuelve necesaria una planeación detallada, articulada, armónica y dinámica que contemple los usos de suelo permitidos, el balance y equilibrio deseable en los procesos ecológicos–naturales vs. los urbanos y la identificación de espacios que deban y puedan ser recuperados y rehabilitados como áreas verdes (Breuste et al., 1998). Cada vez, se reconoce más la importancia del suelo antrópico como soporte de las áreas verdes urbanas y con ello de la calidad de vida del habitante de la ciudad (Bullock y Gregory, 1991; Verter, 2007). El manejo del suelo en zonas urbanas debe tener como meta disminuir el sellamiento de la superficie e identificar los servicios ambientales que provee para asegurarlos o mejorarlos. En trabajos como los de Stasch y colaboradores (1999 y 2000) se muestra que el uso del suelo juega un papel importante en el desarrollo de las características propias de suelos urbanos y enfatizan la preservación de las funciones ecológicas al interior de los ambientes urbanos.

Otra estrategia propuesta por Huinink (1998) se basa en la necesidad de obtener tierra o material de relleno después de construir, arreglar, preparar para construcción, etc., en áreas urbanas; asimismo, propone una serie de criterios de calidad que tendrían que tener estos materiales de relleno frente al uso al que se les destinará, así se controlaría el uso de "sustratos sanos" desde la compra–venta de dichos materiales.

Los procesos de urbanización de la Ciudad de México, aunado a sus condiciones geoecológicas, conllevan una severa degradación ecológica consistente en la eliminación de vida silvestre, deforestación, erosión y contaminación de agua y aire; subsidencia de tierras y desequilibrios en las recargas de los mantos freáticos en algunos sitios (González–Morán et al., 1999), eliminación y fragmentación de los bosques y la vulnerabilidad a incendios de los bosques remanentes (Fenn y Bauer, 1995). Asimismo, son importantes los efectos originados por la contaminación atmosférica, en particular la lluvia ácida y la depositación seca, que contienen metales pesados que por sus características de toxicidad y facilidad de transporte hacia zonas distantes se consideran uno de los factores de deterioro ambiental y de la calidad de vida de la población en la Ciudad de México (GDF, 2000).

El crecimiento acelerado de la Ciudad de México ha tenido muy poca previsión en cuanto a la contribución de los suelos al bienestar de su población. En ese sentido, la amplia y diversa bibliografía referida a esta ciudad y a su cuenca (Fenn y Bauer, 1995; Marín et al., 1995, González–Morán et al. 1999; Garza, 2000; Gutiérrez de MacGregor et al. 2006; Ezcurra et al., 2006) hace escasa referencia a este componente esencial del paisaje urbano.

Como un primer paso para identificar los servicios ambientales potenciales de los suelos urbanos del Distrito Federal se realizó i) una regionalización morfoedafológica del área, ii) se evaluó la superficie de suelo no sellado por Delegación y iii) se realizó una primera aproximación del tipo de servicios ambientales potenciales de los suelos del Distrito Federal.

 

ÁREA EN ESTUDIO

El área en estudio comprende la zona urbana del Distrito Federal localizada geográficamente en el sureste de la Cuenca de México, entre los meridianos 98°57' y 99°22'W, los paralelos 19°36' y 19°03'N a una altitud entre 3 930 y 2 230 msnm, con un área aproximada de 1 320 km2 ocupados por 16 delegaciones políticas (Gutiérrez de MacGregor et al., 2006; Figura 1).

En la Cuenca de México, las condiciones geomorfológicas y climáticas que promueven la formación y evolución de los suelos son diversas. Varios autores sintetizan la diversidad de los paisajes en cuatro grandes unidades: a) relieve montañoso, b) piedemonte, c) planicies proluviales–lacustres y d) planicie lacustre, cuyos suelos cumplen con funciones disímiles y por ende proveen distintos servicios ambientales.

a) El relieve montañoso localmente denominado sierras, es de origen volcánico y forma el parteaguas de la cuenca, está sujeto a severa erosión; las cárcavas y barrancos son comunes en esta unidad. En algunas sierras más recientes como la del Chichinautzin y Tezontepec, el agua se infiltra rápidamente y no modela rasgos superficiales (Ibid.), pero si genera manantiales (De la Lanza y García, 1995). En sus puntos más elevados, las sierras observan un clima de tundra (ET; Ibid.). Entre los 2 800 y 4 000 msnm se encuentran suelos propiamente forestales (Andosoles, Leptosoles y Phaeozem) que soportan bosques de pinos, oyamel y/o encinos, bosques poco densos y fragmentados para los que se reporta una alta vulnerabilidad a incendios (Ibid.).

La zona montañosa tiene como principal función la captación del agua para recargar los acuíferos, aunque su gradual urbanización merma esta capacidad y aumenta el riesgo de convertirla en potencial vía de entrada de contaminantes al acuífero (González–Morán et al., 1999); al respecto, ya se han reportado altas concentraciones de plomo y otros metales (tanto en suelos como en la vegetación) producto de procesos atmosféricos (Benavides, 1990).

b)  Los piedemontes son superficies inclinadas en la parte basal de las sierras. En la sierra Chichinautzin se presenta un piedemonte muy estrecho. Esta superficie es sumamente permeable, se encuentra muy alterada por construcciones y viviendas y basureros a cielo abierto (González–Morán et al., 1999), por lo que se considera la vía de contaminación más importante del acuífero.

En el piedemonte se sitúa parte de las delegaciones de Milpa Alta, Tlalpan, Magdalena Contreras, Álvaro Obregón y Cuajimalpa, que ocupan altitudes entre los 2 250 y 2 800 msnm, con pendientes de 7 a 15%; los suelos son Leptosoles y Phaeozem, que en ciertos sitios pueden estar sembrados con cultivos de maíz, frijol o frutales. Estos suelos son sumamente sensibles a la erosión (Marín et al. 1995).

c)  Las planicies proluviales–lacustres presentan pendientes menores a 3%, están formadas por materiales transportados por ríos estacionales (proluviales). Se consideran superficies de transición entre el piedemonte y la planicie lacustre. Van "reduciendo" el lago y lo transforman en tierra firme con una humedad constante propia de la vegetación hidrófila. La mayor parte de esta zona está urbanizada (Gutiérrez de MacGregor et al., 2006). Ocupan altitudes entre 2 250 y 2 270 msnm y albergan suelos de tipo Phaeozem no salino, son suelos profundos limosos o arcillosos con pH entre 7 y 7.5, con materia orgánica de 1 a 2% en la capa arable, propios para la agricultura, aunque actualmente esta actividad es prácticamente inexistente (Marín et al., 1995).

d) La planicie lacustre presenta las altitudes más bajas (< 2 240 msnm), una topografía casi horizontal con pendientes < 2%, que abarca una superficie de 1 431 km2, es decir, 23% del área de la Cuenca de México (González–Morán et al., 1999), con un clima templado lluvioso con lluvias en verano (Cwbg). Los sedimentos que la conforman son impermeables, lo que permitió que en su superficie se formaran los sistemas de lagos: Zumpango–Xaltocan–San Cristóbal (al norte), México–Texcoco (al centro) y Xochimilco–Chalco (al sur).

Sus suelos son Phaeozem, Solonchak y Gleysol salinos y/o sódicos, que se forman de materiales aluviales o coluviales y de sedimentos acumulados en los antiguos lagos. Tienden a concentrar sales y sodio como resultado de procesos de evaporación a largo plazo. En el vaso de Texcoco los suelos presentan altos pH (> 8), elevada conductividad eléctrica (> 9 mS/m) y alta saturación de bases (mayor de 85%; Marín et al., 1995). Su morfología original ha sido muy alterada por diversas actividades antrópicas encaminadas al drenaje y control de inundaciones de la ciudad, alberga las delegaciones Gustavo A. Madero, Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Benito Juárez, Iztacalco, Iztapalapa, Tláhuac, así como una superficie considerable de Coyoacán y Xochimilco.

 

METODOLOGÍA

Para integrar la información arriba mencionada e incorporar a los suelos considerando sus factores formadores y así obtener unidades de territorio homogéneas con una estructura, dinámica y problemas comunes, y de esta forma analizar los servicios ambientales que pueden cumplir, se utilizó un enfoque morfoedafológico (Geissert, 2002).

El análisis y tratamiento de la información se realizó mediante el programa Arcview versión 3.2 (ESRI, 1999a) y ArcInfo versión 8.0 (ESRI, 1999b). Las coberturas utilizadas fueron:

1.  Curvas de nivel digitalizadas provenientes de la carta topográfica (cartas E14 A39, E14A28, E14A38, E14A48, E14A29, E14A49, E14B211, E14B31 y E114B41) escala 1:50 000, INEGI (1997).

2. Mapa geológico, escala 1:100 000 (Mooser et al., 1996).

3. Mapa edafológico, escala 1:250 000, INEGI (1984).

4.  Base de datos climática de CONABIO a escala 1:1 000 000 (García, 1998).

5.  Fotomosaico del área en estudio escala 1:50 000, elaborado por el Instituto de Geografía de la UNAM (2002).

6.  Límite del Distrito Federal.

Las etapas metodológicas consistieron en determinar unidades homogéneas a partir de características morfográflcas, como la pendiente, la amplitud del relieve y la densidad y diseño de curvas de nivel. En una segunda etapa se infirió la génesis considerando la litología y la edad de las rocas. Estas dos primeras etapas dieron lugar a unidades morfogenéticas. Posteriormente se afinaron los pisos bioclimáticos y, por último, se integró el mapa edafológico, realizando un análisis de los resultados cartográficos (Cotler et al., 2002).

 

Mapa de suelos y cambios inducidos por el desarrollo urbano

Se procesaron imágenes de satélite LANDSAT 7 (enero del 2000), con una resolución espacial de 30 m. A la imagen se le hizo una clasificación supervisada y se obtuvieron cinco clases de acuerdo con su valor digital en las seis bandas del espectro (azul a infrarrojo medio), éstas fueron: agua, concreto, materiales inorgánicos (que abarca láminas, pero también rocas, superficies salinas, etc.), vegetación escasa o seca y vegetación verde. Las áreas selladas se estimaron por diferencia, después de haber sobrepuesto las dos clases que indican áreas no selladas (vegetación escasa o seca y vegetación verde).

El margen de error de contenido por clasificación (ya que pueden confundirse las clases) puede ser de hasta 10% y el error de posición es de 30 m, porque los pixeles son relativamente grandes. Estos errores se consideraron como aceptables para la escala y el objetivo de comparar las áreas selladas entre las diferentes delegaciones.

En las áreas de conservación, sobre todo en las zonas montañosas con pendientes pronunciadas donde hay mucha sombra en la imagen, el error de clasificación es más alto (hasta un 20%), ya que marca algunas áreas como selladas, que en las fotografías aéreas se notan no selladas, esto sucede sobre todo en zonas desprovistas de vegetación que muestran tonos muy obscuros (Figura 2).

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Mapa morfoedafológico

Se determinaron 18 unidades morfogenéticas del relieve (Figura 3), las cuales incluyen 64 unidades morfoedafológicas (Figura 4), en su correspondiente anexo se presenta una descripción completa de cada una de ellas. Tres de las 64 unidades morfoedafológicas cubren casi el 50% del área (47.3%) del Distrito Federal y son:

1.  Las superficies planas acumulativas de la llanura (plana a suavemente ondulada, lacustre–acumulativa), formada por depósitos lacustres del Cuaternario superior que cubre el 23.94% del Distrito Federal. Dominadas por una asociación de suelo que incluye: Phaeozem háplico, Solonchak háplico y Gleysol mólico (Unidad I–1).

2.  Las superficies acumulativo–erosivas (ligeramente inclinadas (1–5°) de los lomeríos y colinas volcánico–estructurales, ligera a fuertemente diseccionadas), formadas por brechas, tobas basálticas, brechas volcánicas basálticas, rocas ígneas extrusivas básicas y brechas volcánicas intermedias a básicas del Cuaternario que cubren 8.18% de la superficie. Con una asociación de suelos constituida por: Andosol mólico, Phaeozem háplico y Leptosol lítico (Unidad X–27).

3. El complejo de cimas y laderas erosivo–denudativas (medianamente inclinadas 5–10°) de las montañas volcánico–estructurales, ligera a medianamente diseccionadas, formadas por basalto, brechas volcánicas básicas, brechas volcánicas intermedias a básicas, rocas ígneas extrusivas básicas y tobas basálticas del Cuaternario que cubren el 15–17% de la superficie. Con asociación de suelos compuesta por: Leptosol lítico, Phaeozem háplico y Andosol mólico (Unidad XIV–46).

 

Estas tres unidades cubren amplias zonas de la planicie lacustre, la planicie proluvial–lacustre y del relieve montañoso. Las unidades morfoedafológicas restantes se diferencian esencialmente por sus intervalos de pendientes y/o origen geológico.

Si bien cada una de estas unidades morfoedafológicas comparten características biofísicas semejantes, difieren en su dinámica que es resultado de las modificaciones realizadas por el manejo y el tipo de apropiación del territorio. En este trabajo se recurrió a la superposición del mapa morfoedafológico con el fotomosaico para, a grandes rasgos, reconocer las principales modificaciones del área en estudio. Se distinguieron tres condiciones contrastantes que alteran la posibilidad del suelo de proveer servicios ambientales: los suelos en barrancas, los suelos sellados por la edificación de construcciones urbanas y los suelos que mantienen áreas verdes.

 

1. Suelos de barrancas con pendientes mayores de 10°

Como consecuencia de la expansión del área urbana, hoy en día la mayor parte de los suelos que no se encuentran sellados están ubicados en barrancas de las unidades morfoedafológicas XII, XIV y XVII (véase Anexo). Las delegaciones que presentan un alto porcentaje de suelos en estas condiciones son: Álvaro Obregón (44.9%), Cuajimalpa (71.1%), Magdalena Contreras (71.4%), Tlalpan (22.5%), Milpa Alta (23.5%) y Gustavo A. Madero (20%; Tabla 1). Los suelos ligero a medianamente profundos de estas zonas posibilitan el funcionamiento potencial de soporte de cobertura vegetal y de conducción de agua para recarga del acuífero; sin embargo, son suelos con un alto riesgo de degradación por erosión hídrica, si son desprovistos de la vegetación o si se manejan inadecuadamente.

 

2. Suelos sellados

Se clasificaron como suelos sellados, aquéllos que se encuentran cubiertos por algún tipo de infraestructura (casas, edificios, vialidad, patios, estacionamientos, banquetas, industria, etc.). En la Tabla 1 se muestran los porcentajes de suelo sellado por delegación. La superficie total del Distrito Federal que está sellada es de 713 km2, que equivale a un 47% de su territorio, y que afecta todas las unidades morfoedafológicas, sobre todo las superficies planas acumulativas de la llanura (Unidad I). Las delegaciones con los porcentajes más elevados de suelos sellados (> 80% de su superficie sellada) son: Cuauhtémoc (95), Iztacalco (94.5), Benito Juárez (93.2), Azcapotzalco (91.2), Venustiano Carranza (89.8), Iztapalapa (89.1) y Gustavo A. Madero (79.8). Coyoacán presenta un alto porcentaje de suelos sellados (75.2%), las demás delegaciones presentan menos del 50% de su superficie sellada, en gran medida porque coinciden con aquellas delegaciones que tienen parte de su territorio bajo la figura jurídica de suelo de conservación. Sin embargo, se puede apreciar en el mapa de la Figura 1 que el avance de la mancha urbana, y con ello los suelos sellados, ya abarca una parte de esta área.

 

3. Suelos con vegetación

En observaciones puntuales de sitio se pudo apreciar que los suelos naturales son una minoría, en la mayoría de los casos los materiales naturales se hallan mezclados con materiales de desecho de diversas fuentes y tipos. Por ejemplo, grava y escombros en el Parque las Águilas, basura en la Alameda del Norte, en San Lorenzo Tezonco y en el Parque Deportivo Xochimilco, lodos residuales o azolves en el Parque Deportivo Xochimilco, composta en la Alameda Central, arena y suelos importados en el Parque México (Figuras 5a y b). La magnitud de esta situación no se pudo cuantificar, debido a la dificultad técnica que representa esta heterogeneidad típica de los suelos urbanos (Stasch et al., 1999 y 2000).

La identificación y clasificación de suelos urbanos es un tema de estudio emergente, con propuestas parciales como la de la WRB (Rossiter, 2007; IUSS Working Group WRB, 2006; Effland y Pouyat, 1997) que recientemente incorporó en su sistema de clasificación dos tipos de suelos urbanos, los Antrosoles: suelos modificados profundamente por actividades humanas, debido a adiciones de materia orgánica y residuos; y los Tecnosoles que contienen una cantidad significativa de artefactos ajenos al suelo o que están sellados por materiales creados por el ser humano, lo cual correspondería con los suelos "sellados" identificados en este trabajo y algunos más.

 

3.1 Índice de áreas verdes/habitante

La presencia y la salud de las áreas verdes en el Distrito Federal constituyen una respuesta de la calidad de los distintos tipos de suelo y el mantenimiento de sus funciones y, por ende, la provisión de servicios ambientales.

En la Tabla 2 se muestran los porcentajes de áreas verdes por habitante que mantiene cada Delegación. Se puede constatar que las delegaciones Azcapotzalco (6.7), Benito Juárez (5.0), Cuauhtémoc (3.2), Iztacalco (3.1), Iztapalapa (7.1) y Venustiano Carranza (7.4) presentan los índices más bajos del Distrito Federal, incluso menores a los valores recomendados a nivel internacional que fluctúan entre 9 y 16 m2/habitante (Guevara y Moreno, 1987). Esta situación indica una pobre calidad del ambiente para el habitante urbano de esas delegaciones con la consecuente pérdida de servicios ambientales.

El análisis de las áreas verdes también ha sido determinado por Ezcurra et al. (2006) quienes mencionan que todos los espacios abiertos dentro de la Ciudad de México han disminuido (entre 1950 y 2005) a diferentes tasas, manteniendo un cambio anual de –1.5%. Así los parques, jardines y espacios públicos que cubrían 13% de la zona metropolitana en 1950, se redujeron a 9.5% en 1995.

Por otro lado, es notoria la distribución desigual de las áreas verdes en relación con la concentración poblacional; algunas delegaciones, como Milpa Alta, cuentan con 2 260 m2/habitante (considerando el suelo de conservación), mientras que otras delegaciones, como Iztacalco, tienen apenas 3.1 m2/habitante. Sin embargo, como lo menciona Pisanty (2000) la desigualdad metropolitana también se refleja en el tipo de áreas verdes; en ese sentido, a pesar de la gran extensión de áreas verdes de Milpa Alta, esta delegación no reconoce ningún espacio bajo la categoría de parque.

 

Usos del suelo

En la Tabla 3 se presenta la superficie de suelo por delegación, destinada a diferentes usos, conforme a lo reportado en los programas delegacionales. En ellos se censaron los siguientes usos: habitacional, mixto, comercio y servicios, industria, equipamiento, vialidad primaria, recreación y no urbanizado (Grajales, 2000) y se comparan contra el porcentaje de área sellada obtenido en este estudio.

Las delegaciones más urbanizadas (0% categoría no urbanizado en Tabla 3) son Azcapotzalco, con el más alto uso industrial a nivel delegacional; Benito Juárez, con el más alto uso habitacional; Cuauhtémoc, con usos dominantes mixto y de vialidad primaria; Venustiano Carranza, dominando en equipamiento y uso mixto; Iztacalco, Miguel Hidalgo y Coyoacán. En tanto que Contreras, Xochimilco, Tlalpan, Tláhuac, Milpa Alta y Cuajimalpa, el área no urbanizada sigue siendo dominante, por lo cual es urgente hacer uso de los instrumentos de planeación de uso del suelo, incorporando criterios de conservación y calidad de vida del habitante urbano. Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón presentan un intenso uso habitacional del suelo pero mantienen áreas de recreación. En sus áreas no urbanizadas se tendría que privilegiar al suelo como cuerpo natural, permitiendo así que provea servicios ambientales, entre ellos, el mantenimiento de vegetación.

Las delegaciones con los más altos porcentajes de superficie cubierta con usos de suelo para habitación, comercio y servicios, industria o equipamiento y vialidad primaria, así como mezclas de estos usos (mixtos), (clases 1 a 6) presentan lógicamente, bajos porcentajes de usos de suelo "no urbanizado" y de recreación (clases 7 y 8).

En la columna 9 de la Tabla 3 se muestran las diferencias entre los valores reportados de uso de suelo (Ibid.) y las áreas selladas, obtenidos en este trabajo; el signo positivo indica una subestimación de las áreas selladas con respecto a los de usos del suelo y los signos negativos indican sobreestimación; estas disparidades pueden adjudicarse a las diferencias propias de los métodos utilizados. Por ejemplo, las diferencias positivas podrían explicarse, en función de que en los registros oficiales de uso del suelo no se cuantifican los jardines particulares que sí se consideran en las imágenes utilizadas en este trabajo, diferencia que resulta relativamente significativa en las delegaciones Coyoacán (+13.2), Cuajimalpa (+12.6) y Magdalena Contreras (+11.0), pero sobre todo en Miguel Hidalgo (+26.6). Las diferencias negativas indican una discrepancia entre lo reportado y lo observado, posiblemente debido a invasiones de suelos, misma que llega a ser considerable en ciertas delegaciones como Tlalpan (–10.9), Tláhuac (–14.5) y Milpa Alta (–16.1).

En estos resultados, aunque preliminares, se puede reconocer una relación entre los usos de suelo y sus características (grado de sellamiento), de manera que la identificación y estudio de características similares pudieran ayudarnos en el entendimiento y definición de los suelos urbanos.

 

Servicios ambientales de los suelos

En función de las características morfoedafológicas del Distrito Federal, del origen y la calidad de los materiales de formación de los suelos y de sus extensiones se pueden inferir algunos servicios ambientales que los suelos estarían ofreciendo a la población (Tabla 4). Esta primera aproximación permite reconocer que los suelos urbanos ofrecen servicios muy diversos y multi–escalares, que benefician tanto a la población del Distrito Federal como a sus áreas aledañas.

Los servicios considerados guardan una estrecha relación con la calidad de vida de la población. Entre los principales servicios se pueden mencionar el mejoramiento de la recarga y el filtrado que mejora la calidad del agua, en una ciudad caracterizada por la escasez y contaminación de este recurso. Tal es la importancia de este servicio, que ante la escasez de suelo que posibilita la infiltración y recarga, actualmente se buscan técnicas artificiales (pozos de recarga) para suplir esta función.

El servicio de regulación, retención y amortiguamiento de contaminantes depositados a partir de la atmósfera también es importante en la ciudad, donde la quema de combustibles fósiles origina metales pesados que, aunados a la presencia de ozono, acidifican las lluvias de la región. La concentración de estos contaminantes en la atmósfera suele ser mayor en la zona sur–oeste de la ciudad (GDF, 2000).

La regulación de la erosión del suelo evita tolvaneras que aumentan la contaminación del aire y reducen el aporte de materiales (basura, desechos) que impiden el funcionamiento adecuado de drenajes y alcantarillados, incrementando el riesgo de inundaciones en las partes bajas de la ciudad.

La presencia de suelos profundos, que permiten un buen enraizamiento y la conservación de su calidad, asiste en la mitigación y prevención de la incidencia de enfermedades y plagas en plantas, y contribuye a preservar la biodiversidad que caracteriza la parte central de México.

En las áreas en que aún persiste la agricultura (área de suelo de conservación), un suelo sano contribuye a la productividad y agrodiversidad, así como a la captura de bióxido de carbono que redunda en beneficios para toda la población. Los servicios ambientales otorgados por los suelos sólo pueden ser proveídos cuando éstos no se encuentran sellados, por lo cual su evaluación se realizará a partir de los suelos no sellados, que mantienen algún tipo de vegetación.

 

CONCLUSIONES

El crecimiento acelerado y poco planeado del Distrito Federal ha propiciado la urbanización y sellamiento de sus suelos. Por otro lado, la planeación urbana no ha considerado el mantenimiento de las áreas verdes como fuente de servicios ambientales que permitirían mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Los suelos se sellan indiscriminadamente en función de criterios inmediatistas para dar solución a presiones sociales, de vivienda o de fluidez de tránsito.

En esta región existe un alto porcentaje de suelos en barrancas con pendientes > 10°, muchos de los cuales presentan asentamientos irregulares o son utilizados como tiraderos a cielo abierto, eliminando así la posibilidad de que los suelos permitan recargar el acuífero, mantener una vegetación ribereña propia y estabilizar los taludes. Los riesgos por una alta susceptibilidad a la erosión hídrica son comunes en delegaciones como Magdalena Contreras, Cuajimalpa y Álvaro Obregón.

En los últimos 50 años, con la acelerada urbanización del Distrito Federal, se ha perdido gran extensión de suelo producto del sellamiento, llegando a una situación en la que hay seis delegaciones prácticamente sin suelo libre, y en el caso de las áreas libres de construcción el suelo se presenta como un mosaico de fragmentos aislados formado por pocos suelos naturales y muchos con caracteres antrópicos.

Prácticamente la mitad de las delegaciones cuentan con un elevado porcentaje de áreas selladas, donde el suelo y sus respectivas funciones han sido eliminados. El proceso de sellamiento ha alcanzado tales niveles que no cumplen con los valores mínimos recomendados a nivel internacional de áreas verdes/habitante. Tales como Azcapotzalco, Benito Juárez, Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Iztacalco, Iztapalapa y Venustiano Carranza.

A pesar de que el 50% del Distrito Federal se localiza en tres unidades morfoedafológicas principales, la heterogenidad morfoedafológica del Distrito Federal es muy grande. Esta riqueza edáfica constituye un gran potencial en relación con la planeación de posibles servicios ambientales que la población podría recibir de sus suelos, aun los no sellados. Las delegaciones que cuentan con esta posibilidad, como Tlalpan, Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, deben considerar la necesidad de mantener y valorar este recurso, más si son suelos todavía sin influencia antrópica.

Las delegaciones Álvaro Obregón, Coyoacán, Cuajimalpa y Magdalena Contreras, que se han desarrollado sobre las laderas y el piedemonte del Distrito Federal y cuya función principal es la recarga del acuífero, debieran dar énfasis al control y/o regularización de esta situación.

Además de la urbanización, otra consecuencia del escaso entendimiento y valoración de los servicios ambientales de los suelos se refleja en los materiales de relleno utilizados para parques y jardines, los cuales no sólo impiden el buen funcionamiento del suelo en estas áreas, sino que pueden llegar a constituir fuentes de contaminación. Esta situación puede deberse en parte a que no se cuenta con una normatividad específica a este respecto.

Aun así, los suelos antrópicos todavía tienen potencial para brindar servicios ambientales para contribuir a un ambiente urbano sustentable (Verter, 2007; Craul, 1999) y se considera que sería importante continuar con las investigaciones conducentes a la identificación, tipificación y valoración de este recurso mediante cartografía más fina, para establecer un plan de manejo óptimo. Este plan tendría que considerar la gran diversidad de tipos y asociaciones de suelos que se lograron identificar en este trabajo a través del mapa morfoedafológico y que representan a la vez una riqueza y un reto en la administración de tan escaso recurso.

Hoy día, algunos de los servicios ambientales básicos, como la purificación del aire o el filtrado del agua en las zonas urbanas, son atendidos mediante políticas ambientales diseñadas ad hoc. Sin embargo, uno de los componentes básicos de todo ecosistema terrestre, como es el suelo, se atiende de manera desarticulada y parcial (Cotler et al., 2007).

Conforme a los resultados obtenidos en este diagnóstico, el manejo más recomendable debiera orientarse a la protección de los fragmentos de suelo libre de construcciones adjudicándole la función de área verde, esto incrementaría su potencial en la captura de carbono, la producción de oxígeno, la cantidad de sombra, el control de humedad y temperatura, y en algunos casos, incremento del área urbana de recreación.

 

AGRADECIMIENTOS

A Estela Carmona e Hilda Rivas por su apoyo en la búsqueda y análisis de información sobre uso del suelo y el apoyo logístico. A Bernardo Soto Ramos y Celia López Miguel por la elaboración de los mapas. A Patricia Balvanera y a los revisores anónimos que enriquecieron el documento final con importantes sugerencias y comentarios.

 

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Nota

1 Calidad del suelo, entendida como la capacidad del suelo para funcionar dentro de los límites naturales, para sostener la productividad de plantas y animales, mantener la calidad del aire y del agua y sostener la salud humana (Karlen et al. , 1997).

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