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Investigaciones geográficas

versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.63 México ago. 2007

 

Reseñas

 

Herzog, L. A. (2006), Return to the center. Culture, public space, and city building in a global era

 

Sergio Tamayo

 

University of Texas Press, Austin, 299 p., 67 fotos b/n, 5 mapas, ISBN 978-0-292-71262-1

 

Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco

 

Regreso al espacio público

Conocí a Larry en 1995, en un taller sobre patrimonio cultural en centros históricos, organizado por Peter Ward en la Universidad de Texas en Austin. Entonces trabajaba en el área de Estudios Urbanos de la Universidad Autónoma Metropolitana. Y desde entonces, mi relación con los geógrafos ha sido cada vez más estrecha y más respetuosa. Pero Larry además de ser geógrafo, es fotógrafo, especialista en diseño urbano y ambiental, en planeación comunitaria y es un cosmopolita. Su biografía dice en primera línea: "Ha vivido en México intermitentemente".

Como geógrafo y estudioso de la cultura urbana, el espacio ha sido fundamental para comprender los procesos sociales. Ha acercado la geografía y la arquitectura, el urbanismo y la economía, la historia y la etnografía. Larry es un híbrido, producto de la posmodernidad, quizá, pero irreverente a ella, crítico de las posturas relativistas que ocultan las verdaderas contradicciones de las ciudades. Por eso digo que Herzog forma parte de la otra corriente estadounidense, y quizá sea él un caso específico. Es el urbanismo norteamericano, dice, el que debería aprender de la historia latinoamericana y de sus conexiones dialécticas con Europa, principalmente de España. Pero su crítica al urbanismo americano, y en parte a esa arrogancia que lo caracteriza, la construye también a partir de una crítica histórica y cultural al urbanismo europeo y latinoamericano. No se trata pues de sentarse en los laureles.

El libro de Larry apunta a debatir algunos temas de la agenda urbana y discutir, a través del tema del espacio público y de experiencia concretas en Madrid, Barcelona, Ciudad de México, Querétaro y Tijuana, las posturas teóricas de algunos investigadores, aunque no necesariamente ubicados en Los Ángeles. La lectura del libro de Lawrence me recreó, por decir, el concepto de edge cities, que podríamos traducir como ciudades límite, o aquellas fronteras que juntan o segregan distintas zonas de una ciudad, la privatización, las culturas de la heterópolis, la ciudad como un parque temático, el régimen de acumulación fordista vs. el post-fordista, la globalización, la política de la naturaleza. La discusión recrea múltiples definiciones de la ciudad: la dudad mundial o ciudad global, la ciudad dual, la ciudad fortificada, la ciudad híbrida, la ciudad del ciberespado, la ciudad de los flujos.

Contrario al urbanismo posmoderno, el planteamiento del libro establece que no debemos desligarnos aún del significado del espacio físico y material que sigue siendo esencial en la distinción de las ciudades. Los lugares urbanos tradicionales, especialmente los centros históricos, todavía son importantes para la comprensión de la estructura urbana. No obstante, la propuesta de Herzog no es imaginarse un regreso a la cuidad preindustrial, como es la idea de conservadores y nostálgicos que buscan un pasado que no vendrá más. Al contrario, su postura es construir una utopía "viable", si se me deja decir esta temeridad. Y esa utopía pasa por la historia y la memoria de la experiencia humana, que se confronta con la crítica de la realidad actual, y que colectivamente se proyecta hacia un futuro posible. Es esta al menos la idea de utopía que Habermas, Lefebvre y Heller comparten, y a la que me sumo, y creo que es la misma idea que Herzog forja en su libro.

Uno de los elementos centrales de la cuidad latina, dice, ha sido el espacio público, las plazas, los mercados, los jardines, los parques, las calles comerciales. En contraste, los espacios tradicionales públicos de las ciudades americanas han perdido su atracción, y quizá su papel central. La hipótesis de este libro es que el papel de la cultura española y latina en el urbanismo americano debe entenderse de mejor manera. Los estadounidenses, dice, deben conocer mejor las dimensiones culturales del urbanismo mexicano como parte de su comprensión del propio espacio urbano norteamericano. Entre otras cosas, ayudará a fortalecer el compromiso con el espacio público en la planeación de sus áreas metropolitanas.

Para demostrar lo anterior, Lawrence discute aspectos cruciales sobre el sentido del lugar, la historia y la cultura como constructor del espacio público, critica por igual a arquitectos y urbanistas, así como a las utopías modernistas tanto de Le Courbosier como de Frank Loyd Wright, describe el impacto diferencial de la globalización sobre el espacio público en distintas ciudades, y analiza, desde una perspectiva política, la plaza como espacio de confrontación.

Para ello hace un recorrido meticuloso e histórico sobre la ciudad y el espacio público en Madrid y en Barcelona. Pero no debe caber ninguna duda aquí de que la postura de Larry al referenciar la articulación histórica entre México y España, quisiera revalorar la ciudad señorial de los conservadores mexicanos. Su perspectiva es la necesaria conexión histórica para comprender mejor la crisis y las alternativas del espacio público como elemento escrutador de la ciudad contemporánea, un aspecto que me parece de fundamental importancia y que regresaré a él más adelante. La historia del espacio público en España ayuda a comprender mejor la modernidad en crisis del Madrid contemporáneo y la llamada "ciudad de arquitectos" en Barcelona. Notorio es que el paradigma del resurgimiento del espacio público para Larry sea la experiencia de Maragall el jefe de la ciudad de Barcelona, quien dijera que "las ciudades son lugares para la reinvención, la creatividad y la libertad". Entonces contrata a Oriol Bohigas como director de la Delegación de Servicios Urbanos con el objetivo de hacer del urbanismo la principal atracción de la ciudad. La refuncionalización de Barcelona se dio a través de tres directrices: en primer lugar, el énfasis en la realización de proyectos tangibles, no en la elaboración de "planes urbanos", que sólo sirven para empolvarse en las oficinas de los burócratas urbanos; en segundo lugar, situar a los barrios en el centro del redesarrollo urbano; y en tercer lugar, la promoción de la descentralización regional, permitiendo que ciertas actividades se relocalicen en otros nodos adyacentes a la ciudad central; 160 proyectos se realizaron en una década, calles comerciales, nuevos parques, plazas y fábricas convertidas en equipamiento público.

La crítica de Francois Tomas, otro geógrafo, a la experiencia de Barcelona vale la pena en el sentido de discutir la relación que pueda existir entre el rescate de un elemento del espacio público como fragmento de ciudad, la perspectiva de proyecto urbano, concepto acuñado por Tomas, y su correspondencia con el proyecto de ciudad. Para Tomas, la concepción de ciudad de Bohigas era como un conjunto de fragmentos, cada uno de los cuales presenta una personalidad propia. "Reconstruir la ciudad a partir de sus huecos", fue la consigna. Pero esta concepción fue de corta duración. Los proyectos se alejaron de la concepción social que pudiera significar el concepto de proyecto urbano, esto es, una propuesta integral, territorial, y barrial con la participación de los actores estratégicos, principalmente sus habitantes. Con la llegada de las Olimpiadas, los dirigentes políticos, continúa François, vieron la posibilidad de afirmar su ambición de convertir a Barcelona en World City, y la participación de las asociaciones de residentes reducía esa posibilidad. Se sustituyó a Bohigas, por el urbanista Busquets y se convirtieron barrios enteros en zonas de servicios terciarios de alto nivel, destruyendo al menos un barrio funcionalmente mixto y socialmente popular.

La experiencia de Barcelona me parece pertinente para compararla con lo vivido en el Proyecto Alameda en la ciudad de México. Como dice Larry, la globalización impacta diferencialmente, y depende de la correlación de fuerzas y el tipo de actores en competencia. El proyecto de refuncionalización y renovación de la zona Alameda por Richmond, no ha podido llevarse a cabo en su totalidad, en parte por la oposición del barrio popular ubicado al margen sur del proyecto, como testimonia el arquitecto Ángel Mercado, uno de sus protagonistas.

De este libro destaco dos temas importantes: el primero es la idea de espacio público, especialmente pensado para las plazas, del propio Larry. El segundo es la idea de proyecto urbano de Tomas al que vinculo con la reflexión que arquitectos comunitarios mexicanos han desarrollado a propósito del Programa de Mejoramiento de Vivienda, impulsado por el INVI en el Distrito Federal.

Veamos. El libro de Larry se titula "Regreso al Centro, cultura, espacio público y construcción de ciudad en la era global". Y en efecto, la intención del autor es hacer conciencia de la importancia de los centros históricos, de su vitalidad, redensificación, y energía cultural. No obstante, las posibilidades del libro en sí mismo, van mucho más allá. El planteamiento de espacio público de Larry permite repensar en la construcción de ciudades, pensarla desde el espacio público, una red articulada de plazas, corredores urbanos, y pasajes. El libro debería llamarse el regreso al espacio público, o mejor, el regreso a la plaza. Katia Mandoki, una colega de la UAM-Xochimilco, escribió en el Anuario de Espacios Urbanos, que las ciudades latinoamericanas se formalizan en una red infinita de plazas y conexiones. Las metrópolis mexicanas, al expandirse, incorporan pueblos originarios y ciudades que aportan su estructura urbana característica de la plaza. El regreso al centro, en realidad es el regreso a todos los centros, la policentralidad. Y no se trata de minimizar la importancia cultural e identitaria del centro histórico, de la plaza mayor, del Zócalo capitalino, sino de reconocer la existencia de otros centros, Coyoacán, Tlalpan, San Ángel, San Pedro Mártir, Totolapan, Iztacalco, Xochimilco, así como parques y espacios públicos donde la concentración y la densidad de actividades han desmentido tajantemente la descabellada idea postmoderna de la muerte del espacio público. El regreso a los centros, que en realidad es el regreso a las plazas, puede convertirse en detonador de proyectos urbanos que le den sentido de lugar a la ciudad toda, a partir de sus propios habitantes.

Finalmente, esa idea de proyecto urbano de Tomas, permea en la reflexión de jóvenes arquitectos que han criticado las limitaciones del programa de mejoramiento de la vivienda en el D.F., al haberse reducido a pequeñas acciones al interior de las casas, aunque con buenos resultados. La consigna "mejora tu casa, no la fachada, que así se reflejará en el mejoramiento de tu calle", no ha sido suficiente. Para las nuevas políticas habitacionales en el D.F., ellos han pensado en ir más allá, al mejoramiento barrial, que incluya la casa, la calle y el territorio. Es la idea de proyecto urbano de Tomas. Puede pensarse también en el sentido del libro de Larry, y aquí termino, como el regreso a la plaza, y en la articulación de una red de espacios públicos que construyan el sentido público de la ciudad.