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Investigaciones geográficas

versión On-line ISSN 2448-7279versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.59 México abr. 2006

 

Geografia humana

 

Contribuciones al análisis del concepto de escala como instrumento clave en el contexto multiparadigmático de la Geografía contemporánea

 

Contributions an analysis the concept of space scales like fundamental instrument in the context of the amplitude of approaches of contemporary Geography

 

Cristina Ofelia Valenzuela* 

 

* Instituto de Investigaciones Geohistóricas-CONICET, Universidad Nacional del Nordeste, Argentina. E-mail: cvalenzu@bib.unne.edu.ar

 

Recibido: 26 de julio de 2005
Aceptado en versión final: 14 de octubre de 2005

 

Resumen

La determinación de las escalas espaciales más adecuadas para el estudio de un problema geográfico concreto es compleja. Significa básicamente la selección inicial de una escala por sobre las demás. Esto, a su vez, sugiere la consideración de dos cuestiones: cómo se define una escala y cuál es la "adecuada" para el estudio de la realidad, ya que lo que parece significativo o tiene sentido en una escala no tiene porqué registrarse en otra con la misma intensidad o importancia. El objetivo de este trabajo es contribuir a la discusión sobre el tema, subrayando la importancia de las conceptualizaciones sobre las escalas espaciales y su aplicación en las distintas corrientes de pensamiento geográfico contemporáneo.

Palabras clave: Escalas espaciales/teoría geográfica.

 

Abstract

The determination of the suitable space scales more for the study of a concrete geographic problem is complex. It basically means the initial selection of a scale by on the others. This as well, suggests the consideration of two questions: how a scale is defined and which is the adapted one for the study of the reality, since what it seems significant or it has sense in a scale does not have why to register in another one with the same intensity or importance. The objective of the present work is to contribute to the discussion on the subject, emphasizing the importance of the conceptualizations on the space scales and their application in the different currents from contemporary geographic thought.

Key words: Space scales/geographic theory.

 

INTRODUCCIÓN

La selección de una escala como punto de partida del trabajo geográfico determina la relevancia de los fenómenos, su impacto y significado, y supone considerar a la escala elegida como la más apropiada, al mismo tiempo que se presenta como inevitable e implícita a todo estudio que parta de acontecimientos específicos que suponen coordenadas espacio-temporales concretas.

El concepto de escala ha sido tradicionalmente asociado al nivel de generalización. A medida que se toma distancia de la realidad, se generaliza, siendo posible establecer niveles de análisis. Gutiérrez de Manchón y De Civit (1993:14) señalan que "La escala o nivel de resolución es un fenómeno consustancial a todo análisis geográfico, ella condiciona la profundidad de los temas abordados". Sin embargo, y a pesar de su innegable importancia en la Geografía, Gutiérrez Puebla (2001:89), resalta acertadamente que "se ha teorizado sorprendentemente poco sobre la escala en comparación con lo que se ha teorizado sobre otros conceptos como lugar y espacio" (Howitt, 1998). Posiblemente sea el creciente interés por la interacción entre los procesos globales, regionales y locales, lo que renueve la reflexión geográfica sobre las escalas espaciales y temporales.

El objetivo de este trabajo es contribuir a la discusión sobre el tema, subrayando la importancia de las conceptualizaciones sobre las escalas espaciales y su aplicación en las distintas corrientes del pensamiento geográfico contemporáneo.

 

LAS DEFINICIONES DE ESCALAS GEOGRÁFICAS

Gutiérrez Puebla (2001:90) señala la necesidad de distinguir en primera instancia a la escala como categoría ontológica y como categoría epistemológica. En la primera, la idea de escala se asocia a la perspectiva que adopta el ser humano para aprehender y contextualizar la realidad; en la segunda, la escala significa la adopción de un nivel (magnitud, dimensión) a partir del cual se ha de analizar la realidad.

Para precisar el concepto y los alcances del término "escala" este autor establece cuatro concepciones: la escala como tamaño, como nivel, como red y como relación. La primera se corresponde con la escala cartográfica, y establece órdenes de magnitud y de nivel de detalle o resolución. El segundo concepto alude a la escala como nivel jerárquico (local, nacional, global), mientras que la escala como red rechaza la idea de escala asociada a determinadas áreas y niveles y plantea la idea de redes de agentes que operan a distintos niveles y profundidades de influencia. Por último, el concepto más rico y de mayor potencial para el análisis geográfico es la escala como relación, apoyada en la idea de que cuando se cambia de escala, los elementos que se contemplan pueden ser básicamente los mismos; lo que cambia son las relaciones entre ellos y el modo en que destaca el papel que juegan algunos de esos elementos en las distintas escalas, donde adquieren una importancia distinta. Esta relatividad en la visión de un mismo hecho desde distintas escalas genera "conflictos verticales" (entre la escala local con la regional y ésta con la nacional) y "conflictos horizontales" (entre localidades, entre regiones, entre naciones; Ibid.).

La escala como tamaño puede ser definida por el número de veces que la realidad es reducida para su consideración. Es el concepto de escala cartográfica, en la cual esa reducción se expresa mediante una fracción, por ejemplo 1: 500 000, donde 1 es la realidad y 500 000 es el número de veces en que la realidad ha sido reducida para su representación cartográfica. Estas últimas se denominan planos (de 1:1 a 1: 10 000) cartas de 1: 10 001 a 1: 500 000 y mapas de 1: 500 001 en adelante, y las escalas se clasifican según el grado de detalle que admitan en la representación. Los planos tienen grandes escalas que permiten un mayor grado de detalle, los mapas tienen escalas pequeñas por su menor grado de detalle.

La escala como nivel jerárquico implica admitir que entre la escala mundial y la puntual existen toda una gama de niveles insertos unos en otros y asociados muchas veces a las divisiones políticas. Estos niveles son generalmente denominados como supranacional, macro, meso, micro y puntual (Bozzano, 2000:71). Dice Ortega (2000:509).

... entre lo local y el espacio terrestre, el espacio geográfico se configura como instancias o sistemas de relaciones cambiantes. En su materialidad las denominamos sistema-mundo, "mercado mundial", Estados, regiones, lugares, terrazgos, ciudades, mercados locales, lugares centrales, periferias, áreas industriales, centro urbano, city, suburbio, barrio, aldea, ciudad dormitorio, conurbación, megalópolis, entre otros muchos términos, que definen la trama conceptual de la Geografía (Brunet et al., 1993). Constituyen la materialidad del discurso geográfico y son los elementos, el material con el que construimos la imagen compuesta del espacio geográfico como un "conjunto de conjuntos" o clases que se interpenetran... Cada ámbito define y constituye un espacio geográfico, pero forma parte, a su vez, de otros espacios geográficos, y engloba o vincula espacios geográficos específicos.

Al nivel escogido se revelan distintas realidades. Al respecto Gutiérrez de Manchón y De Civil (1993:14), resaltan a la pequeña y a la gran escala, las cuales pueden ser identificadas por sus cualidades. Las de la primera son información estructurante, datos agregados, fenómenos latentes, tendencia a la homogeneidad y al modelo, valor de la organización y comunicación. En tanto que la gran escala se caracteriza por la información factual, datos individuales o desagregados, fenómenos manifiestos, tendencia a la heterogeneidad, valoración de lo vivido y de lo existencial.1

Dentro de la conceptualización de la escala como red y como relación, Santos (2000:122) propone una interesante y original alternativa: en lugar de partir de una escala referida a una porción del espacio, aplica la noción de escala a los acontecimientos (Santos, 2000:122),2 siguiendo dos acepciones: la primera es la escala del "origen" de las variables involucradas en la producción del acontecimiento. La segunda es la escala de su impacto, de su realización.

Los acontecimientos no se dan aisladamente, sino en conjuntos sistémicos -verdaderas "situaciones"- que son cada vez más objeto de organización en su instalación, en su funcionamiento y en el respectivo control y regulación. De esa organización dependerán, al mismo tiempo, la duración y la amplitud del acontecimiento. Del nivel de organización depende la escala de su regulación y la incidencia sobre el área, en el que tiene lugar el acontecimiento (Ibid.:126).

Además, los acontecimientos históricos no se dan aisladamente. Esto se traduce en dos tipos de solidaridad. El primer tipo tiene como base el origen del acontecimiento, su causa eficiente, cuya incidencia se produce, al mismo tiempo, en diversos lugares, próximos o lejanos. Se trata aquí de acontecimientos solidarios pero no superpuestos: su vinculación procede del movimiento de una totalidad superior a la del lugar en el que se instalan. El otro tipo de solidaridad tiene como base el lugar de la objetivación del acontecimiento, su propia geografización. Aquí los diversos acontecimientos concomitantes son solidarios porque están superpuestos y ocurren en un área común. En el primer caso se tiene la escala de las fuerzas operantes y en el segundo, el área de incidencia, la escala del fenómeno.3

Así, la escala de origen del acontecimiento se relaciona con la fuerza de su emisor. Es poco probable que el gobernador de un Estado o el intendente (alcalde, administrador comunal) de un municipio tengan condiciones para generar otra cosa que acontecimientos regionales o locales, respectivamente. Mientras tanto, en el ámbito geográfico de una región o de un lugar, las escalas superiores de acción están frecuentemente enviando vectores. Estos vectores de diferentes niveles jerárquicos, se combinan para construir solidariamente "un área común de incidencia, que es su escala de realización".

La complejidad se acrecienta al considerar las escalas temporales diferenciales de los elementos involucrados en la realidad observable a escalas variables. Como señala Bozzano (2000:45):

En un mismo territorio, en una ciudad y más aún en una región, podemos leer e identificar tiempos geológicos, meteorológicos, hidrológicos, biológicos, sociales, políticos, psicológicos, económicos, cada uno con sus ritmos, sus duraciones.

Son los "tiempos de respuesta" de la Teoría General de Sistemas, la simultaneidad de diversas temporalidades sobre un trozo de la corteza terrestre, la concordancia de su existencia, que expresa Santos (2000:134-135) quien distingue:

... por un lado, una asincronía en la secuencia temporal de los diversos vectores y, por otro, la sincronía de su existencia común en un determinado momento. La comprensión de los lugares en su situación actual y en su evolución depende de la consideración del eje de las sucesiones y del eje de las coexistencias.

Las distintas temporalidades permiten entender también los "sesgos" las inclinaciones que adquirirán los distintos estudios geográficos según pongan el énfasis en aspectos de la realidad con respuestas "lentas" (décadas, siglos, milenios) o bien resalten aspectos de respuestas más veloces, como la volatilidad de los movimientos de capital a escala mundial.

 

LA PREFERENCIA POR CIERTAS ESCALAS DE ANÁLISIS, SEGÚN LAS DISTINTAS CORRIENTES TEÓRICO-METODOLÓGICAS DE LA GEOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA

Partiendo de un cierto eclecticismo paradigmático que considere a los paradigmas no en el sentido que les diera Kuhn (1963) sino más bien como un conjunto de creencias y actitudes, una visión del mundo compartida por un grupo de científicos, que implica metodologías, problemas y normas de resolución preferenciales (Pérez, 1994:25), la Geografía se presenta hoy con un carácter multiparadigmático, como una disciplina donde coexisten concepciones, enfoques y discursos diferentes, unos complementarios, otros opuestos, pero que constituyen la sólida tradición de las distintas escuelas y corrientes del pensamiento geográfico del último cuarto del siglo XIX y todo el siglo XX, (Rodríguez, 2002:39). La Figura 1 constituye una esquematización de estos enfoques, indicando las flechas abiertas su continuidad y simultaneidad en el tiempo.

Las perspectivas coexistentes, que han enriquecido la evolución de la Geografía particularmente en la segunda mitad del siglo XX, conllevan sus propios supuestos filosóficos subyacentes, sus enfoques teóricos con una determinada concepción del espacio geográfico y sus especificaciones en relación con el objetivo de la disciplina, así como también ciertas tradiciones temáticas y preferencias metodológicas. Si bien en todo trabajo de investigación es el problema de estudio el que determina cuál será la escala más apropiada para su tratamiento, en estos enfoques es posible advertir cierta preferencia por temáticas que implican, a su vez, la adopción de determinadas escalas de análisis. Esa inclinación por ciertas escalas es relativa y discutible e implicaría una larga fundamentación, pero a título ilustrativo es posible mencionar algunos ejemplos.

El posibilismo historiscista de la corriente regionalista francesa en la primera mitad del siglo XX privilegió la escala regional, corográfica, en el marco metodológico inductivo-historiscista para analizar el espacio absoluto. Los estudios en geografía a escala regional partían normalmente de la selección de una porción de la superficie terrestre, cuyos límites podrían ser fundamentados a posteriori, ya que la singularidad tornaba a ese espacio una entidad irrepetible y a la superficie de la Tierra en un mosaico de paisajes únicos. El enfoque posibilista buscaba la comprensión del paisaje como un producto original y suponía básicamente que cada comunidad se acomodaba a través de génres de vie a las condiciones naturales dejando su impronta espacial, y el resultado de este ajuste reflejaba siglos de actuación del hombre sobre el medio -milieu-. Por ello, cada comunidad tenía características propias e irrepetibles e incluso éstas podían no producirse en otros territorios de condiciones naturales semejantes. A lo largo del tiempo, el grupo humano y la naturaleza se adaptaban armónicamente como un caracol y su coraza, de tal modo que sus relaciones eran tan íntimas y sutiles que resultaba inútil tratar de delimitar la influencia del hombre sobre el medio y la de éste sobre aquél. Ambas influencias se fundían en un todo que se cristalizaba en un paisaje, una región con su propia personalidad resultante de una trayectoria histórica determinada. Como totalidad, en el sentido de las filosofías existencialistas, no podía ser analizada de forma fraccionada. Su entendimiento era intuitivo, comprensivo, (Ortega, 2000:340). Se podía describir pero no analizar, e independientemente de las objeciones que pudieran plantearse a su "excepcionalismo" en términos neopositivistas, estos enfoques, de notable exquisitez narrativa, constituyeron ejemplos elocuentes de una comprensión cabal, acuñada lentamente por sus adeptos luego de años de elaboración.

La Nueva Geografía, cuantitativa, teorética o neopositivista, al concentrarse en la organización formal, estructural y en muchos casos abstracta del espacio relativo, con metodologías hipotética deductiva o inductiva probabilística para la búsqueda del orden en el espacio y los modelos de organización espacial, osciló entre las escalas regional y mundial, primordialmente. Si bien la región es vista como "una realidad observable a diferentes escalas, en cuanto áreas organizadas por los grupos humanos y dotadas de una cierta cohesión" (Méndez y Molinero, 1994:27), la clasificación del espacio en regiones según criterios cuantitativos depende de las modalidades de expresión numérica (estadística) de la información. Como la mayor parte de ésta generalmente se refiere a porciones particulares de territorio derivadas de la organización política del mismo (provincias, estados, distritos, departamentos), el nivel de resolución está dado y no se discute como tal, por el grado de desagregación de los datos estadísticos, pasando la región a ser asimilada con toda naturalidad, a sus límites administrativos.

Los enfoques resultantes exhiben fundamentalmente las formas y los patrones de distribución, expresados a través de distintas técnicas cartográficas. Cada unidad estadística se define en su relación con una unidad mayor, que le otorga su importancia proporcional. Cuanto mayor sea el grado de detalle estadístico, mayor será la precisión en la delimitación de las regiones. Las técnicas para ello suponen el análisis del comportamiento espacial por medio de representaciones cartográficas (como por ejemplo, isolíneas y grisados), determinando grados de predominio de las variables seleccionadas. Cada una de éstas puede ser clasificada internamente en términos de homogeneidad o funcionalidad. El criterio dominante en la definición de la homogeneidad descansará directa o indirectamente sobre los rasgos físicos. La funcionalidad apelará a los flujos, fundamentalmente económicos, que determinarán la conformación de un núcleo regional y su respectivo hinterland (área de influencia).

El espacio aparece como un plano vacío y en él se contemplan las formas de la distribución que las prácticas humanas presentan. Es un espacio isomorfo apto para el análisis de la localización e interacción espacial, en términos geométricos. El estudio de su organización supone la identificación de formas, estructuras, patrones de distribución e interconexión que permiten explicarlo a partir de su apariencia objetiva, independiente de los sujetos, (Abler et al., 1971).

El uso del concepto de región en este enfoque responde a la noción de un espacio delimitado de acuerdo con los objetivos de quienes lo estudian. Las regiones se reducen a territorios ad hoc definidos según el criterio circunstancial del usuario, constituyéndose en una clase de espacio delimitado con base en criterios específicos. La clave, y dificultad no menor, en esta concepción de la región radica en el establecimiento y la especificación de un criterio de delimitación "no arbitrario", que tenga carácter objetivo y ya que el énfasis analítico se ha centrado más en perfeccionar las pautas metodológicas de delimitación, que en superar esa dificultad.4

La Geografía del comportamiento y la percepción ha manifestado una preferencia metodológica por la escala local, (localidades, poblados, centros urbanos) al enfocar las percepciones individuales y grupales en espacios acotados (pero a este nivel exploró a su vez, la percepción del espacio personal, local, regional y lejano), partiendo del concepto del espacio geográfico como un espacio relacional. Aquí para el geógrafo, la imagen percibida es el filtro que se interpone entre el hombre y el medio y su preocupación es analizarla. Las percepciones individuales corresponden al espacio personal, las rutas habituales, la información que le brindan los medios de comunicación, las áreas de visita ocasional y los lugares "lejanos". En estas representaciones existe un componente idiosincrásico y otro compartido con el grupo o formación social donde el individuo se inserta. Se indagan los patrones espaciales del comportamiento humano derivados de las correlaciones entre fenómenos y objetos, para representarlos mediante modelos matemáticos.

La Geografía Radical o Crítica, desde su concepción del espacio como el escenario de los innumerables conflictos derivados de la dinámica del capitalismo a escala global, regional y local, ha explorado la dialéctica entre las diferentes escalas, al enfocar las relaciones económicas asimétricas, el intercambio dispar y los procesos de desarrollo desigual, identificando la inserción y fragmentación de los espacios, las redes y flujos, como formas de interrelaciones múltiples. Este enfoque adquirió particular importancia ante la consolidación de los procesos de globalización económica, política y cultural y la aceleración del desarrollo científico y tecnológico. La homogeneidad del marco capitalista y su creciente universalización no contradice sino que estimula o acentúa las diferencias y los contrastes en los procesos sociales de construcción del espacio.

Por último, la Geografía Humanista, en sus distintos enfoques (fenomenológico existencial, e idealista) ha enfatizado el concepto de "lugar", y con él la escala local. El lugar es construido por la propia experiencia humana y es posible indagar acerca de los significados y los vínculos emocionales existentes entre éste y sus habitantes para descifrar las implicancias del "espacio vivido".

En estas dos últimas visiones (Crítica y Humanista), el espacio geográfico es entendido como un producto social, como producto humano obra de múltiples agentes individuales y colectivos. Los procesos que lo modelan exhiben una dimensión material, una dimensión discursiva y una dimensión perceptual y las manifestaciones de esa multidimensionalidad operan constantemente como recreadoras y reconfiguradoras del mismo. En esta dinámica, las acciones individuales enfrentan instancias colectivas de mediación, en un conjunto de marcos sociales que se manifiestan en escalas espacio-temporales muy diversas.

 

LA VISIÓN DE UN MISMO HECHO DESDE DISTINTAS ESCALAS

A esta altura resulta clara la necesidad de estudiar los hechos geográficos en distintas escalas, como una garantía de amplitud en cualquier enfoque y para evitar sobredimensionar un solo nivel de análisis, la importancia puntual de factores o elementos.

Un error común tanto de la interpretación analítica como de la acción política se produce porque demasiado a menudo nos encerramos en una sola escala de pensamiento, tratando las diferencias en una escala como si fuesen la línea fundamental de la división política ... El resultado final es que todas las formas de pensar que operan sólo en una escala se vuelven al menos cuestionables, si no directamente engañosas (Harvey, 2003:101).

El análisis de la realidad geográfica en una sola escala (entendida como tamaño o nivel) lleva a centrar la atención en las formas, en las distribuciones, en la organización y en la estructura, suponiendo su persistencia material y formal. La concepción de la escala como relación, concentra más bien la atención en la dinámica de las relaciones entre los elementos que se contemplan y las jerarquías variables que algunos de esos elementos adquieren, su importancia relativa en los distintos niveles.

De todos modos, cualquiera que sea el concepto adoptado, la relatividad en la visión de un mismo hecho desde distintas escalas constituye una opción sumamente enriquecedora para los estudios geográficos. Supone centrar la atención sobre los procesos que generan las formas, la materialidad y la dinámica del espacio geográfico en un instante determinado. Procesos que implican prácticas y representaciones de una gran variedad de agentes que construyen el espacio geográfico a distintas escalas y se derivan de procesos anteriores, (Ortega, 2000: 508) y que contribuyen a dotar al enfoque de la disciplina, con una complejidad que le brinda originalidad y utilidad.

 

EL ESTUDIO DE LOS PROCESOS GEOGRÁFICOS EN ESCALAS CAMBIANTES. AGENTES, PRÁCTICAS Y REPRESENTACIONES

Los procesos que modelan el mundo moderno, asociados al capitalismo y la sociedad industrial -o postindustrial en términos postmodernos- están relacionados con prácticas específicas, con representaciones particulares y con agentes determinados (Ortega, 2000:515). El examen de este vasto y complejo conjunto impone una selección, dada la complejidad de los procesos derivados de una realidad cada vez más volátil, fruto de acciones múltiples, de efectos inestables y que operan a su vez, en escalas rápidamente cambiantes.

Los procesos de producción del espacio geográfico revisten dimensiones dada por los agentes intervinientes, que operan en distintos niveles o instancias (escalas) con sus prácticas materiales y sus representaciones mentales (imágenes y discursos). Como resultado de esta dinámica en el espacio geográfico se manifiestan los procesos de desarrollo desigual y diferenciación espacial, como se ha esquematizado en la Figura 1.

En la elaboración de una teoría del desarrollo geográfico desigual, Harvey (2003:95-100) señala que el concepto genérico del mismo comporta la fusión de dos elementos: las escalas cambiantes y la producción de diferencias geográficas. La variedad de escalas implica en su esencia discordancias entre fuerzas de magnitudes e impactos diferenciales. Dentro de este vasto y complejo espectro de posibilidades es posible centrar la atención en los procesos de producción de diferencias geográficas a partir de la selección de un cierto "nivel de generalización". A la escala escogida se revela inmediatamente toda una serie de efectos y procesos que producen diferencias geográficas en los modos y niveles de vida, en el uso de los recursos, en las relaciones con el medio ambiente y en las formas culturales y políticas. Estas diferencias geográficas, que resultan de legados históricos y geográficos, se sostienen y reproducen o reconfiguran por procesos diferenciadores que tienen lugar en el presente5 y que pueden ser procesos tanto políticos, ecológicos y sociales como puramente económicos.

Los procesos de producción de diferencias geográficas adquieren particular relevancia a partir de la consolidación de los procesos de globalización6 económica, política y cultural y la aceleración del desarrollo científico y tecnológico. Estefanell et al. (1997) precisa que la globalización económica está caracterizada por la ampliación de los mercados a escala mundial, el desarrollo de actividades económicas y financieras por parte de empresas transnacionales que operan simultánea y coordinadamente en varios países y el fuerte crecimiento de la inversión extranjera directa. En lo institucional, frente a la concentración del poder por el aumento de escala de empresas y mercados, se difunde la descentralización de las actividades del Estado. Estos procesos ponen de manifiesto lo que Harvey (2003:102) denomina, la vulnerabilidad selectiva que expone de manera desigual a las poblaciones a efectos tales como el desempleo, la degradación de los niveles de vida y la pérdida de recursos y de opciones y de calidades ambientales, en diversas escalas espaciales, así como al mismo tiempo:

concentra la riqueza y el poder y más oportunidades políticas y económicas en unas cuantas localizaciones selectivas y dentro de unos cuantos estratos restringidos de población .... La intensidad de los efectos positivos y negativos varía de un lugar a otro.

La relación entre las condiciones particulares de un área geográfica y la dinámica global de acumulación capitalista implican siempre una vinculación problemática que normalmente está mediatizada, en grados diversos, por agentes de muy variada índole, con un poder relativamente "independiente" en medio de esta pugna. En la dialéctica extrema entre lo planetario y lo local, se ubican las entidades que median entre la particularidad y la universalidad para dar un cierto aspecto de orden y permanencia a lo que, por lo demás, Harvey (2003:51) concibe como "arena movediza".

Los bancos centrales, las instituciones financieras, los sistemas de intercambio, las monedas locales respaldadas por el Estado, etc., se convierten entonces en poderosos mediadores entre la universalidad del dinero en el mercado mundial y las particularidades de los trabajos concretos realizados aquí y ahora a nuestro alrededor.

Los desarrollos geográficos desiguales, según este autor, plantean graves obstáculos a la "adecuada reunión" de múltiples intereses particulares en un marco que exprese el interés general. Este autor señala que hay muchos conflictos, por ejemplo, en los que los intereses locales sobre el acceso a los recursos, la apertura de mejores oportunidades de vida y la obtención de formas elementales de seguridad económica tienen más peso que todos los esfuerzos por cultivar el respeto hacia intereses globales sobre cuestiones tan importantes como, por ejemplo, los derechos humanos, la emisión de gases de invernadero o la regulación de los usos de la tierra para prevenir la deforestación o la desertización.

Conflictos similares se dan, por ejemplo, entre los excepcionales rendimientos obtenidos por la agricultura con la expansión en algunos casos vertiginosa de variedades trans-génicas, un ejemplo de la relativa irrelevancia de los frenos sectoriales ante la fuerza de vectores de escala global y la blandura de los "filtros" que regulan estas prácticas. O los efectos de la fuga masiva de capitales de una región/país a otra/o. Son los "conflictos verticales" (entre la escala local con la regional y ésta con la nacional) que menciona Gutiérrez Puebla (2001:98).

La vulnerabilidad selectiva obedece a las condiciones geográficas particulares, varía de un lugar a otro; por ejemplo, Ortega (2000:518) al analizar las concepciones del espacio como producto social, resalta el papel que, en las relaciones de producción reviste la "ubicación" relativa a un contexto, la especificidad y la "inercia histórica" inherentes a una situación espacial particular, como factor de desarrollo diferenciado. A ello se agrega el desigual reparto cuantitativo y cualitativo de recursos, naturales y humanos, que genera contrastes en el volumen y tipo de actividades existentes en cada área y, por último, pero no menos importante, la acción mediatizante que ejercen ciertos "filtros" como son los agentes colectivos de control social (Estado, Instituciones políticas y jurídicas, etc.).

 

CONSIDERACIONES FINALES

El análisis de la realidad, en los distintos niveles de expresión permite apreciar como la magnitud de los efectos positivos o negativos de los distintos acontecimientos varía según las distintas escalas. Cuando éstas cambian, los elementos que se contemplan pueden ser básicamente los mismos; pero cambian las relaciones entre ellos y el modo en que destaca el papel que juegan algunos de esos elementos, su particular importancia. Es esta relatividad en la visión de un mismo hecho desde distintas escalas, uno de los principales aportes que pueden ofrecer los geógrafos, para un mayor conocimiento de los problemas del mundo actual.

La interacción entre los procesos globales y los regionales y locales, la inserción de éstos en la escala mundial, aparecen como fenómenos de creciente interés que otorgan sentido a la reflexión geográfica como una visión original de esa dinámica oscilante. El fenómeno de la globalización creciente de la vida en el siglo XXI, lejos de disminuir los efectos geográficos, ha potenciado su influencia, en la medida en que cada lugar, cada región y cada país, exhiben dinámicas particulares, combinaciones originales, procesos y problemas específicos y compartidos, cuyo análisis desde el marco de la Geografía, favorece la comprensión integral, básica e indispensable para facilitar la identificación de alternativas y soluciones concretas y posibles a las problemáticas identificadas.

Entender y explicar el espacio geográfico, resultante de las escalas espaciales en que se desenvuelven las relaciones sociales, es la contribución y la responsabilidad de los geógrafos, a fin de favorecer el diseño de políticas que respeten la idiosincrasia de cada ámbito territorial y sus relaciones a distintas escalas, con el sistema global.

 

NOTAS:

1 Citado de Racine, J. B. et al. (1980), "Echelle et action, contributions a une interpretation de mecanisme de l 'echelle dans la practique de la geógraphie", en Geographica Helvética, no. 5.

2 De acuerdo con Santos: cada autor califica el vocablo (acontecimiento) en el interior de su sistema de ideas. Allí donde Lefebvre escribe la palabra momento, Bachelard habla de instante y Whitehead de ocasión. Para Russell un hecho resulta de una serie de instantes..., siendo el instante una estructura compuesta por una selección adecuada de acontecimientos. Cada acontecimiento será parte integrante de muchas de esas estructuras, que serán instantes durante los cuales él existe: él existe "en" cada instante, que es una estructura de la cual el acontecimiento forma parte.

Según Lefebvre el "momento" es la tentativa con vistas a la realización total de una posibilidad... Si consideramos el mundo como un conjunto de posibilidades, el acontecimiento es el vehículo de una o alguna de esas posibilidades existentes en el mundo. Pero el acontecimiento también puede ser el vector de las posibilidades existentes en una formación social, en un país, en una región, o en un lugar, considerados como un conjunto circunscripto y más limitado que el mundo.

El lugar es el depositario final, obligatorio, del acontecimiento.

3 Por otra parte, la palabra escala debería estar reservada al área de incidencia y en este sentido se puede decir que la escala es un dato temporal y no propiamente espacial; o aún mejor, que la escala varía con el tiempo, ya que el área de incidencia viene dada por la extensión de los acontecimientos.

En cuanto a la escala de las fuerzas operantes, debemos considerar la posición geográfica, económica o política desde donde actúan las variables. Por ejemplo, un acontecimiento mundial se origina en una empresa multinacional, en un banco transnacional, en una institución supranacional. El Banco Mundial y el FMI crean acontecimientos mundiales. Y en las respectivas dimensiones territoriales existen acontecimientos nacionales, regionales, locales (Santos, op. cit.:129).

4 El tema del límite de una región admite una interminable discusión, pero siguiendo a Méndez y Molinero (1994:28), es posible considerar que cada región se diferencia de las restantes por discontinuidades que generalmente adoptan la forma de áreas de transición o indeterminación. Entre el centro regional y la periferia se desdibujan progresivamente los rasgos que distinguen a la región. La necesidad del trazado de un límite regional obliga a introducir cierta artificialidad en su trazado, lo que siempre conlleva un componente subjetivo.

5 Es igual de importante considerar cómo se producen las diferencias geográficas aquí y ahora que contemplar las materias primas histórico-geográficas que nos han legado anteriores rondas de actividad (Harvey, 2003:101).

6 Estefanell (1997 et al:9.) define a la globalización como un proceso de alcance internacional consolidado en la década de los noventa producido por la concurrencia de varios factores tales como el avance tecnológico de las telecomunicaciones (con una homogeneización cultural y política implícita) y el crecimiento de la inversión extranjera directa y de las transacciones financieras internacionales, procesos que no ocurren sin conflicto.

 

REFERENCIAS

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