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Investigaciones geográficas

versão On-line ISSN 2448-7279versão impressa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.53 México Abr. 2004

 

Notas y noticias

 

A la memoria de María Isabel Lorenzo, 1940-2003

 

María Teresa Gutiérrez de MacGregor*

 

* Instituto de Geografía-UNAM

 

El día 10 de diciembre de 2003 falleció sorpresivamente y en plena actividad académica, María Isabel Lorenzo, dejando un enorme vacío en la comunidad geográfica, especialmente en el grupo que se ha dedicado a la enseñanza de esta ciencia.

El afecto que despertó en sus múltiples alumnos durante más de 40 años de magisterio, así como los muchos amigos que acumuló durante su vida profesional, justifica la necesidad de recordar la trascendencia de su vida.

Siempre me llamó la atención su manera de relacionarse con el mundo que la rodeaba, lo mismo en una simple charla, que en clases o en seminarios. Sus comunicaciones tenían la virtud de hacer llegar un mensaje palpitante de entusiasmo e impulso creador, que hizo de ella el modelo de maestro en la más profunda acepción del término. Por si fuera poco, dedicó muchas horas de su vida a la elaboración de libros de textos en los que plasmó sus conocimientos geográficos y su profundo amor por nuestro país.

María Isabel Lorenzo Villa nació en la Ciudad de México en 1940, hija de padres españoles: José Lorenzo y María Villa, originarios de Mieres, importante ciudad minera de la provincia de Asturias. Casada con Manuel García Fernández, asturiano, con el que concibió dos hijos: Gema y José Manuel.

Realizó estudios en geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde fue alumna destacada, acreedora a mención honorífica por sus brillantes exámenes, tanto en la licenciatura como en el doctorado.

Recién terminada su licenciatura, en 1962, fue nombrada maestra de la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM, para impartir la materia de Geografía Política, en esa época, apenas había rebasado los 20 años; cuatro años más tarde fue nombrada catedrática del Colegio de geografía de la Facultad de Filosofía y Letras para impartir la asignatura de Geografía Humana.

También cursó estudios de maestría en antropología social en la Universidad Iberoamericana. Siempre le parecieron insuficientes los conocimientos adquiridos. Consideraba que actualmente los avances en la ciencia en general, y en la geografía en particular, son importantes y se transforman constantemente, lo que la llevó a participar en múltiples cursos de actualización y además a interesarse en las técnicas modernas de investigación y enseñanza, por lo que consideró indispensable cursar, entre otros, un diplomado en sistemas de información geográfica y un curso sobre la computación aplicada a la geografía; además participó en 44 cursos de preparación psicopedagógica. De lo anterior se puede concluir que nunca se sentía satisfecha y deseaba, como maestra de calidad excepcional que era, estar al día y a la vanguardia, como lo prueba su infatigable preparación.

Además de su importante labor como maestra, realizaba obra escrita, participó en simposios, foros y reuniones, y en 30 congresos nacionales e internacionales, presentando ponencia en todos ellos. Entre los internacionales destaca el de Londres y tres en diferentes países de América Latina: Costa Rica, Panamá y Argentina, en los que sus ponencias versaron sobre lo que fue su preocupación máxima, la enseñanza de la geografía.

Elaboró artículos para revistas, pero para mi lo más significativo fue su interés por escribir libros de texto de geografía para estudiantes de enseñanza media. Esta actividad es la que quiero hacer resaltar, ya que no abundan los libros de texto en nuestro país. También elaboró programas y guías de estudio de geografía, especialmente para la Escuela Nacional Preparatoria. Algo que se debe destacar es su activa participación en todas las reuniones en que fue necesario defender la ciencia geográfica.

No nos debe extrañar que una maestra tan destacada recibiera una importante serie de distinciones académicas, a mi juicio las más significativas fueron la Medalla al Mérito Geográfico Jorge A. Vivó, otorgada por la Sociedad Mexicana de Geografía y estadística en 1981. Sé que para Isabel recibir esta medalla la emocionó sobremanera, ya que el Dr. Vivó era el maestro, al que sin lugar a dudas, ella admiraba más, y al que reconocía como su principal formador académico.

Algunos años después, por su labor educativa, recibió la Medalla Jesús Silva Herzog, otorgada en 1987 por la Delegación Coyoacán. Obtuvo también uno de los premios más valiosos que otorga nuestra máxima casa de estudios a universitarios cuya trayectoria académica es excepcional, el Premio Universidad Nacional en 1990. Igualmente, cabe mencionar, entre otras distinciones, la que alcanzó al ocupar la Cátedra Especial "Erasmo Castellanos Quinto" durante dos años consecutivos, 1992-1993 y 1993-1994.

Incluso después de su fallecimiento, sus compañeros decidieron honrarla creando el premio que lleva su nombre para distinguir a las mejores tesis de licenciatura en Geografía en las áreas de Geografía Social, Geografía Económica, Geografía Física y Cartografía. Esta distinción fue establecida por la Academia de Geografía de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística en el IV Simposio de Enseñanza de la Geografía en México, celebrado el 12 de marzo de 2004 en Xalapa, Veracruz.

Uno de sus intereses era destacar el papel de la mujer en la educación, que se refleja en la serie de ponencias presentadas en diferentes congresos, seminarios y conferencias, referentes al tema de género, tan importante en la actualidad.

En el transcurso de los días se acrecienta la sensación de pérdida irreparable por su manera de ser, siempre dispuesta a colaborar con gran entusiasmo en las múltiples comisiones desempeñadas en órganos de gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Asimismo, fue elegida para participar como miembro de la Comisión Dictaminadora del Instituto de Geografía y de muchas comisiones más, que sería prolijo mencionar.

Tanto sus colegas como sus alumnos, sentimos por ella una gran admiración. Su carácter enérgico, pero justo, además de bondadoso y afectuoso, propició el respeto y el deseo de compartir tanto su compañía como sus enseñanzas. La rectitud, la comprensión, la puntualidad y la responsabilidad, fueron algunas de sus cualidades humanas más destacadas.

Isabel fue una maestra de valor excepcional en muchos aspectos, como geógrafa y como pedagoga, y sobre todo por la entrega total a sus discípulos y a la Universidad. Jamás olvidaremos su rigor científico, sus valores éticos y culturales y, esencialmente, su alegría y su gran personalidad humana.

Su labor en la Universidad ha sido de auténtica maestra para numerosas generaciones de alumnos, en especial de la enseñanza media superior.

Hasta el último momento, Isabel dio muestras de su infatigable actividad. Predicaba con el ejemplo. Acabó como muchos desearíamos hacerlo, de forma rápida, por una afección cardiaca, con la mente perfectamente lúcida y trabajando hasta el mismo final. Nos queda el recuerdo y el firme propósito de imitar su ejemplo.

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