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Investigaciones geográficas

versión On-line ISSN 2448-7279versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.48 México ago. 2002

 

Los polos de consolidación electoral: el caso del PAN en Guanajuato

 

Electoral consolidation poles: the case of PAN in Guanajuato

 

Liliana López Levi* 

 

* Departamento de Política y Cultura, Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad Xochimilco, Calz. del Hueso 1100, Col. Villa Quietud, Coyoacán, México, D. F. E-mail: liliana@servidor.unam.mx; levi_lili@yahoo.com.mx

 

Recibido: 12 de marzo de 2002
Aceptado en versión final: 23 de julio de 2002

 

Resumen

Este artículo analiza la conformación y dinámica de una región política en el estado de Guanajuato, desde la perspectiva de la Geografía electoral. Para ello, se abordan los elementos que conforman al sistema político, es decir, el territorio, la sociedad y sus actores políticos; así como también la dinámica electoral de los últimos veinte años, retomando tanto los comicios federales como los locales. A partir de lo anterior, se analiza el espacio territorial como un polo de consolidación electoral panista.

Palabras clave: Geografía electoral, región, polos, PAN, Guanajuato.

 

Abstract:

This article analyzes the conformation and dynamics of a political region in the state of Guanajuato, from electoral geography's perspective. The case study presented here describes the political system's elements, namely: territory, society and political actors, and studies the electoral dynamics during the last twenty years, based on data from federal and local elections. As a result, Guanajuato's political space is typified as an electoral consolidation polo favoring the PAN (National Action Party) political party.

Key words: Electoral geography, region, growth poles, PAN (National Action Party), Guanajuato.

 

INTRODUCCIÓN

La Geografía electoral, como disciplina que se ha ocupado de la manifestación espacial del poder político-electoral, tiene una historia relativamente reciente en México. Esto se debe principalmente a que las elecciones mexicanas durante la mayor parte del siglo XX han tenido una naturaleza no competitiva y, además, existía una falta de credibilidad en sus resultados. Sin embargo, las reformas que permitieron la autonomía del Instituto Federal Electoral y el acceso al poder por parte de los partidos de oposición durante los últimos años (hasta llegar a las importantes victorias del PRD en el Distrito Federal en 1997 y del PAN en la presidencia de la República en el 2000), permitieron el incremento y desarrollo de los estudios electorales. Uno de los signos fue el surgimiento de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales (SOMEE), impulsada por el sector académico dedicado a este campo del conocimiento. Dicha asociación surgió a partir de un grupo especializado del Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO) y se ha desarrollado durante casi 15 años.

De acuerdo con Gómez Tagle, durante este período, las investigaciones en Geografía electoral se han abocado, particularmente, al análisis de entidades políticas dominadas por una estructura de poder y de gobierno y, por otro lado, a estudiar las unidades geográficas que sirven como marco para preguntarse por quiénes, cuántos y dónde votan (Gómez Tagle y Valdés, 2000:21). En este sentido, gran parte de las investigaciones giran en torno a la correlación entre variables socioeconómicas y los resultados electorales.

A pesar de lo anterior, poco se ha avanzado hacia el reconocimiento de patrones territoriales de la dinámica política y que puedan servir de modelos para estudiar la conformación territorial del poder político-electoral en México.

El análisis geográfico de la estructura político-electoral que aquí se presenta tiene su origen en el estudio de Guanajuato como espacio político. Durante la investigación del comportamiento espacial de las diversas variables que conforman el sistema político-electoral local, se pensó que su estructura y funcionamiento se podrían explicar retomando el análisis regional y, de manera específica, un esquema semejante al de la región nodal o polar.

En este contexto, se planteó como objetivo analizar los elementos que permiten explicar la dinámica y consolidación del PAN en el estado de Guanajuato en su dimensión espacial, a través de los conceptos y métodos del desarrollo regional, para proponer un modelo espacial que permita explicar la dinámica del sistema de partidos desde la Geografía electoral.

 

Regiones político-electorales y polos de consolidación

El concepto de región desde el punto de vista teórico, acompañado de sus implicaciones metodológicas, ha cambiado a lo largo de su historia para dar respuesta a las diversas interrogantes académicas y de gestión administrativa. Sin embargo, independientemente de los criterios que se usen para definirlas, se distinguen áreas geográficas con sus fronteras, similitudes y diferencias; se analizan sus elementos, características, patrones y procesos, además de su relación con el entorno.

En la actualidad, y como producto de la historia del concepto, se ha considerado que la estructura de una región puede caracterizarse como homogénea, nodal o funcional. La primera, es decir, la denominada homogénea, se conforma en función de uno o varios elementos, bajo el principio de que el elemento central es homogéneo en todo el espacio; la segunda es la polarizada o nodal, se caracteriza a partir de un centro y su zona de influencia y la tercera es la región plan o funcional, que se construye a partir de un criterio administrativo con la finalidad de organizar un territorio. De acuerdo con Pereyra (1977), la región homogénea se concibe generalmente inspirada en un ambiente agrícola y se basa en el paisaje natural con sus elementos, entre los cuales, a veces, retoma elementos sociales como la densidad de población. La región polarizada se aboca al funcionamiento del espacio a partir de un sistema compuesto por un polo de crecimiento, generalmente urbano, y se concibe inspirada en un ambiente industrial. Las regiones funcionales o región plan se definen con base en la dinámica económica y social de un país y se concretan en un espacio donde se instauran ciertos objetivos o metas programadas, que son el producto de las decisiones administrativas o gubernamentales.

En términos generales, dentro del concepto de región está implícita una cierta homogeneidad interna que la distingue del espacio circundante, ya sea por las características de los fenómenos que las integran, por la estructuración de sus partes dentro de un sistema funcional o por ser la proyección espacial de ciertas metas programadas que se derivan de decisiones políticas o administrativas.

Guevara (1977:8-9), por su parte, afirma que existen dos enfoques para abordar la región, mismos que no son excluyentes, sino complementarios. El primero consiste en identificar a la región en función de un elemento homogéneo y el segundo, con una perspectiva sistémica, se basa en el planteamiento de un problema en el área de estudio, define los criterios relevantes, y asimismo busca las relaciones espaciales existentes. En el contexto político mexicano, donde la heterogeneidad es un elemento central del ámbito territorial, podría tener más sentido hablar de regiones como espacios sistémicos. Como ejemplo de lo anterior, se puede citar el caso de la zona de conflicto chiapaneca, donde el movimiento zapatista añadió una mayor complejidad a una región de por sí fraccionada y heterogénea en términos sociales, políticos y culturales. Otro ejemplo es el ámbito de los distritos electorales, donde por lo general se agrupan ciudadanos con diversas preferencias. Es así como se puede afirmar que, a partir de las diferencias, los grupos políticos y sociales se relacionan para conformar una dinámica territorial.

En este sentido, el ámbito local no es una circunstancia casual en donde se ubican los procesos y fenómenos que caracterizan la dinámica de un sistema político, sino que es el producto de una serie de combinaciones y relaciones entre diversos elementos tales como los sistemas de producción, intercambio y consumo, las redes de comunicación, la cultura política, las relaciones entre los diversos actores y la percepción ciudadana, entre otros. La combinación de estos elementos y las relaciones interregionales le confieren una especificidad a la región.

En el contexto político, donde es raro que exista una homogeneidad en las preferencias ciudadanas y donde las fuerzas políticas se conforman a partir de relaciones que trascienden el ámbito local, es difícil hablar de una región aislada. Dicho en otros términos, la región ha quedado dentro de una dinámica social, política, económica y cultural generada por el capitalismo actual, que hace necesaria la redefinición de la estructura de su espacio social, con la finalidad de enmarcar a la región en un contexto complejo, en donde el territorio es un elemento esencial del sistema político y no únicamente el lugar donde se ejerce el.

En el marco de la globalización se afirma que los Estados nacionales han perdido fuerza y han emergido las localidades y las regiones como unidades territoriales de desarrollo y de inserción en el mercado mundial. Sin embargo, es difícil reducir el análisis de la región únicamente hacia el interior de un espacio delimitado. Es importante considerar que las relaciones con el resto del mundo, a diversas escalas, moldean los resultados concretos. Por lo anterior, las regiones, además de entenderse como homogéneas, nodales o polarizadas deben analizarse como sistemas abiertos en los cuales las relaciones espaciales no se establecen sólo en el interior del mismo, pues se generan vínculos con otras regiones y a diversas escalas.

A partir de lo anterior es pertinente hablar de un sistema de regiones o de sistemas regionales, donde las dinámicas particulares se insertan como parte de un sistema nacional, en el que se presenta una intersección entre las regiones conformadas por las relaciones territoriales de cada uno de los partidos, aquéllas derivadas de los vínculos entre los gobiernos locales y el gobierno federal, las que provienen de las organizaciones, algunas de ellas internacionales, las fuerzas económicas que en sí mismas conforman territorios, así como otros grupos específicos que contribuyen a conformar un complejo mosaico político-territorial.

La dinámica espacial de la región se da en función de sus relaciones, especialmente las de vecindad y las funcionales. Las primeras se desarrollan a partir de aquellos lugares en los que existe una colindancia y las segundas no necesariamente implican una vecindad física, pero sí una constante comunicación, interacción e intercambio, en los cuales las ideas, las sinergias, la solidaridad o la cooperación, entre otras, serán transmitidas de un lugar a otro. Para ello, los medios de comunicación (infraestructura aérea, carreteras, ferrocarriles, televisión, radio, periódicos, etc.) ejercen un papel importante.

A partir de lo anterior y con la finalidad de analizar la dinámica regional del Partido Acción Nacional en Guanajuato, este trabajo retoma la base conceptual de la escuela de análisis espacial y considera a la región como una forma de clasificación espacial, en donde los problemas territoriales se enfrentan mediante un enfoque sistémico.

De manera específica, se retoma el esquema nodal o polar para ahondar en el territorio político local y analizar la estructura espacial del poder panista en Guanajuato, a partir de un centro o polo de consolidación político-electoral y su zona de influencia.

Un polo de consolidación político-electoral está conformado por un conjunto de actores, fuerzas políticas e instituciones en un espacio geográfico, donde se ubican ciudadanos, partidos políticos y organizaciones sociales que se encuentran en constante interacción, con diversas características y fenómenos de índole económica, cultural, política, administrativa y demográfica, entre otros. Entre los actores mencionados se cuenta principalmente con los partidos políticos, los grupos y las organizaciones, el gobierno y la sociedad civil.

Los polos de consolidación político-electoral son una expresión de la dinámica político-territorial y de las relaciones a partir de las cuales se van creando, modificando, consolidando, fortaleciendo o debilitando las fuerzas políticas.

Esta expresión territorial se origina a partir de ciertas fuerzas políticas que encuentran su expresión a través de un grupo o institución y que, dependiendo de la sociedad donde están insertos y de las relaciones con otros grupos e instituciones a diversas escalas, se van consolidando en un centro regional.

En el entorno del polo se localizan instituciones y mecanismos que son relativamente secundarios, por lo que pueden estar dentro o fuera de su territorio.

El entorno se define respecto a las variables territoriales. El perfil económico del polo se caracteriza a través del tipo de actividad (primaria, secundaria y terciaria), así como de la organización y estructura de las empresas (Corona, 2001:19). Desde la perspectiva política, el polo se conforma en función del gobierno y de las diversas asociaciones, empresas o instituciones que tengan un impacto en la correlación de fuerzas en el ámbito local.

En este sentido, es importante mencionar las políticas que promueven y fomentan el fortalecimiento o debilidad de las fuerzas políticas locales, o que a través de políticas explícitas e instrumentos pueden facilitar, promover y fomentar el desarrollo de un entorno favorable para determinado grupo político.

Como parte del entorno territorial se consideran, además, otros elementos como la existencia de infraestructura de comunicación, la situación social, económica y cultural de la región, así como la manera en que ésta se inserta en el ámbito nacional e internacional.

Los agentes del polo de consolidación político-territorial y de su entorno se integran mediante las relaciones institucionales. Por otra parte, el proceso de consolidación y dinámica política ocurre en el ámbito local y regional donde se conjuga el conjunto de actores, como parte de un sistema nacional y dentro del marco internacional, en el caso en que los partidos políticos o gobernantes de un partido mantengan relaciones de intensidad con grupos políticos o económicos de otros países.

 

EL CASO DE GUANAJUATO

Territorio y sociedad

La región política que representa el estado de Guanajuato debe entenderse en el contexto de un espacio con múltiples características, con una combinación única de elementos y relaciones que lo conforman, y que se inserta de manera particular en un contexto regional, nacional e internacional.

Guanajuato tiene una población que se compone de empresarios grandes, medianos y pequeños, por obreros altamente calificados, subempleados, industriales agrícolas, pequeños propietarios, jornaleros, asalariados rurales y trabajadores de comercio y servicios. Desde el punto de vista político, el grupo de los empresarios es importante, ya que se organiza en cámaras y asociaciones, y participa en las contiendas electorales, ya sea postulado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional) o por el PAN.

La población es predominantemente católica (en un porcentaje que rebasa el 95%), de ideas conservadoras y se encuentra en una región que fue cuna de la cristiada y del movimiento sinarquista. Entre los grupos religiosos destacan la Unión Católica Mexicana, la Acción Católica de la Juventud Mexicana, la Compañía de Jesús, la Congregación de los Hermanos Lasallistas, la Tercera Orden de San Francisco, los Legionarios de Cristo, la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, el Seminario Mayor de Maristas o de la Divina Infantita, Madres del Sagrado Corazón y las Madres Guadalupanas (IFE, 2002).

Guanajuato está constituido por un espacio económico que incorpora principalmente los sectores agrícola, minero e industrial, en donde los procesos socioeconómicos y demográficos varían a lo largo y ancho del estado. De esta forma, los espacios desarrollados y urbanos en torno al Bajío difieren de aquéllos situados en la parte norte del estado, mucho más rurales y menos comunicados.

Rionda (2000:291-303) caracteriza al estado de Guanajuato a partir de sus contradicciones, ante lo cual señala que hay una convivencia entre bajos índices educativos y gran cantidad de instituciones de educación superior y docencia; existe, además, un sistema de ciudades medias, mientras que otras comunidades están mal comunicadas y, por tanto, con una prestación de servicios deficiente; coexiste un modelo de producción agrícola altamente eficiente y capitalizado, con formas de producción marginales del tipo de la agricultura de subsistencia y la de temporal. Entre los problemas más importantes mencionados por el mismo autor, cabe destacar la marginación, la pobreza, la violencia y la migración ilegal a Estados Unidos.

La parte sur del estado, es decir, el Bajío guanajuatense, se ha ido consolidando y modificando a lo largo de su historia. En un inicio la zona se conformó con base en los recursos mineros de Guanajuato, el suelo rico de los valles del Lerma y su posición estratégica que permitía la vinculación entre la Ciudad de México y el norte del país. Posteriormente, la industria fue adquiriendo un papel fundamental.

El espacio rural del Bajío se encuentra dominado por grandes empresas, que influyen sobre el proceso de desarrollo regional, de manera tal que definen las políticas de cultivo, orientan los cambios y hacen propuestas para las políticas de desarrollo. En la zona hay riego, las parcelas son mayores, hay más posibilidades de obtener crédito bancario, está localizada cerca de los principales centros de distribución y puede participar con superávit en el mercado nacional. Lo anterior ocasiona que el área sea menos dependiente de los programas de desarrollo del gobierno.

El nivel de vida es más alto que en la mayor parte del resto del país. Los agricultores de la región tienen la posibilidad de utilizar al máximo los recursos a su alcance, lo que permite que haya una relación diferente entre los campesinos, los poseedores del capital y los monopolizadores locales. Esta situación más privilegiada se debe a que se han roto los modelos tradicionales del cultivo, al haberse introducido y difundido innovaciones, así como a que están ligados a grupos agroindustriales, lo cual les da acceso a crédito.

Por otra parte, es importante destacar que el Bajío guanajuatense tiene una importante infraestructura de comunicación, entre la que se cuenta con un aeropuerto internacional en Silao, una red ferroviaria y una red carretera, la cual se encuentra en excelentes condiciones y tiene un flujo intenso de tránsito en el tramo que va de Querétaro a León.

La población del estado asciende a 4 656 761 habitantes, de los cuales 2 591 846 (es decir, un poco más de la mitad) se encuentran en el corredor del Bajío y, de esos, 1 133 576 están en León (INEGI, 2000). La situación del Bajío guanajuatense contrasta con la parte norte del estado, donde hay municipios más marginados. De manera específica, en el noroeste la agricultura representa la actividad económica de mayor importancia, por la extensión territorial que ocupa. Sin embargo, y a diferencia de la parte sur, los habitantes enfrentan serios problemas por la falta de agua, de insumos y asesoría técnica que limitan su desarrollo, además de estar sujetos a las inclemencias del tiempo, pues el 80% de las tierras son de temporal.

En el noreste se desarrollan principalmente la agricultura y la ganadería, aunque existe un corredor industrial en los municipios de San José Iturbide y San Luis de la Paz, donde se han instalado importantes empresas. En el centro norte hay un espacio turístico importante, a nivel nacional e internacional, con infraestructura hotelera, gastronómica y recreativa. San Miguel Allende destaca dentro del ámbito regional guanajuatense porque ahí habita un grupo social de inmigrantes (principalmente norteamericanos, canadienses y asiáticos). Dicha población influye sobre las políticas de desarrollo y promueve cambios enfocados en el uso del tiempo libre, las industrias, la propiedad residencial y, en general, en el consumo. En este tipo de lugares las actitudes y decisiones tienden a ser una reproducción de la forma de vida que ha tenido en las áreas urbanas de origen.

Si se analiza el espacio guanajuatense como región inmersa en el proceso de globalización, es importante caracterizar a los lugares concretos y su valor económico, en función del capital territorial. En este sentido, destaca la importancia no sólo de los centros industriales y agroindustriales, sino también de las regiones de innovación tecnológica que han desempeñado una función estratégica.1

Corona (2001:21) señala al corredor industrial que va desde San Juan del Río, Querétaro, Celaya, Salamanca, Irapuato, Silao, Guanajuato y León. Ahí se ubican 18 centros de investigación, 73 empresas de base tecnológica, dos encubadoras de empresa de base tecnológica y un parque tecnológico. La presencia de centros de investigación, ubicados en su mayoría en la región del Bajío, es importante no sólo en el contexto del nivel educativo regional, sino que para el caso de Guanajuato tienen cierta influencia en la transferencia de tecnología a las empresas.

Guanajuato tiene una importante tradición empresarial. De acuerdo con el padrón empresarial de la Secretaría de Economía, el estado tiene 21 834 empresas, de las cuales el 77.4% se encuentran en el corredor industrial mencionado. El estado ocupa el octavo lugar a nivel nacional en cuanto a número de empresas.

El corredor industrial del Bajío guanajuatense es una región funcional que, de acuerdo con Corona (2001:96), "es la región económica más dinámica del estado de Guanajuato. Esta región basa su economía en los sectores de calzado, agroindustria, química, alimentos e industria automotriz. Las nuevas inversiones, en particular las inversiones extranjeras, absorben en parte a la industria local de proveedores de materiales, partes, equipos y servicios ayudando en ciertos casos a generar espacios de innovación para algunas empresas". Lo anterior es importante en el contexto de una población que demanda empleos y que valora de manera positiva el hecho que el gobierno promueva la inversión de capital externo en la región.

 

Resultados electorales

En el contexto de esta investigación se analiza la historia electoral de Guanajuato a partir de la década de los ochenta, para el caso de los gobiernos municipales, y la década de los noventa, para el caso de las elecciones para diputados federales. Aunque el PAN obtuvo su primer triunfo en 1964 y su presencia se hizo más patente desde mediados de los ochenta, en realidad el cambio político en el estado se concretó durante la última década del siglo XX.

En la Figura 1 se muestra cómo se ha desarrollado la presencia de los partidos en el estado en el ámbito municipal. En ella se puede observar una importante caída del PRI, en cuanto al número de municipios que se encontraban bajo su poder; un aumento considerable del PAN en ese sentido y otro aumento, apenas palpable, del PRD en la región. La gráfica señala un momento de máxima competencia en las elecciones de 1997 que, a pesar de las tendencias posteriores, podría volverse a repetir.

En este sentido, es necesario considerar que las elecciones presidenciales de 1994 y 2000 pudieron afectar de manera importante el voto guanajuatense. Como ya se sabe, en 1994 el PRI fue favorecido por los ciudadanos mexicanos y en el 2000, el hecho que Vicente Fox fuera originario de Guanajuato fue un factor importante en las preferencias electorales de los ciudadanos de este estado.

Es importante señalar que existen ocho municipios del estado en donde el PRI ha mantenido su poder: Atarjea, Victoria, Xichú, Santa Catarina, Jerécuaro, Manuel Doblado, Santiago Maravatío y Yuriria. De estos municipios, los primeros cuatro se encuentran contiguos en la zona noreste, donde la marginación es mayor.

Por su parte, el PRD (Partido de la Revolución Democrática) parece estar en proceso de consolidación en Acámbaro, donde ganó los últimos tres comicios electorales (1994, 1997, 2000). Cabe destacar que Acámbaro se encuentra en la frontera con Michoacán, estado con el cual dicho municipio guarda estrecha relación sociocultural.

En cuanto al PAN, éste ha logrado una presencia continua en el municipio de León, a partir de 1988; en el municipio vecino de San Francisco del Rincón ha habido una alternancia PRI-PAN desde 1985, en donde el PAN ha ganado cuatro de seis elecciones (1985, 1991, 1997 y 2000) y el PRI, dos (1988 y 1994). Durante las últimas cuatro elecciones (1991, 1994, 1997, 2000) el PAN triunfó en tres de cuatro comicios en los municipios de Allende, Celaya, Cortázar, Moroleón, Salamanca y Pueblo Nuevo. En este último municipio lo ha hecho de manera continua desde 1994.

Existe otro grupo de municipios que vale la pena resaltar y éstos son los que en los últimos cuatro períodos han tenido gobiernos municipales de tres partidos diferentes. Estos son Coroneo, Dolores Hidalgo, Salvatierra, Tierra Blanca, Valle de Santiago y Villagrán, con una combinación de PRI, PAN y PRD, así como Huanímaro, San José Iturbide y Santa Cruz, donde, además, han intervenido el PARM (Partido Auténtico de la Revolución Mexicana) y el PVEM (Partido Verde Ecologista de México).

Como lo muestra la Figura 2, en lo que respecta a la cantidad de población gobernada por cada uno de los partidos, se puede observar que el PAN tiene bajo su cargo a casi el 55.82% de los habitantes de la entidad, mientras que el PRI tiene al 37.17% y el PRD al 7.01%. Sin embargo, si se compara con los datos del corredor Celaya-León, que se muestran en la Figura 3, se puede observar cómo la presencia del Partido Acción Nacional se incrementa en forma considerable, mostrando su fuerte influencia en la región del Bajío guanajuatense.

El incremento de la presencia panista se manifiesta también en las elecciones para diputados federales y se hace patente en el contraste que muestran las Figuras 4 y 5 de distritos electorales, mismos que reflejan los porcentajes de votos a favor del partido blanquiazul en 1994 y 2000. En ellos se puede observar la hegemonía del PRI hasta mediados de los años noventa. En las elecciones de 1991 y de 1994 el PAN fue favorecido con un porcentaje de votos entre 30 y 50% sólo en los distritos de Celaya, Irapuato y León. Sin embargo, su competitividad en 1997 se incrementó y le llevó a triunfos en la mayor parte de los distritos, a excepción del 1 (con cabecera en Dolores Hidalgo), el 4 (Guanajuato y Silao) y el 14 (con cabecera en Acámbaro). En el 2000 la Alianza por el Cambio, encabezada por el PAN (y conformada también por el PVEM), ganó en todos los distritos del estado de Guanajuato, menos en el 1, conformado por los municipios de Dolores Hidalgo, Ocampo, San Diego y San Felipe (región noroeste).

 

Actores políticos

Los principales actores políticos del polo de consolidación electoral y de su región de influencia son las autoridades que conforman el gobierno local y estatal, los partidos políticos, los líderes, la sociedad civil, las organizaciones y los grupos sociales.

 

Los gobernantes y líderes

Con respecto a los grupos en el poder, es de gran relevancia el hecho de que en Guanajuato y, especialmente en León, se registró un movimiento empresarial neopanista que seguía a la figura del sinaloense Manuel J. Cloutier. Su liderazgo en la región se vio fortalecido ante sus protestas en 1988 por el fraude electoral en Guanajuato y otros estados del centro occidente como Jalisco, Zacatecas y San Luis Potosí. En la actualidad, los líderes regionales surgidos en ese entonces han alcanzado un poder en el ámbito nacional.

En el caso anterior se encuentra Carlos Medina Placencia, egresado del Tecnológico de Monterrey y posteriormente empresario. El actual senador, fue director y presidente del Consejo del Grupo Medina Torres, empresa curtidora altamente exportadora. Además, fue miembro de consejos de administración de institutos educativos, financieros y empresariales.

De 1995 a 1997 fue presidente del consejo y socio-consultor de la firma Medina, Cordero, Martín y Asociados, S. C, despacho dedicado a la asesoría y consultoría en administración pública. Durante su carrera en la administración pública fue presidente municipal de León (1989 a 1991), gobernador del estado (1991 a 1995), diputado federal (1997-2000, cuando fue coordinador parlamentario), y fue electo senador (para el periodo 2000-2006).

Asimismo, está Vicente Fox, quien vivió desde pequeño en el rancho San Cristóbal, cerca de León, Guanajuato. El actual presidente de la República realizó sus estudios universitarios en la Universidad Iberoamericana y un diplomado en Alta Gerencia en la Universidad de Harvard. En el ámbito laboral trabajó en la Coca Cola, donde ocupó varios cargos hasta ser el presidente de la compañía para México y América Latina, con ello se convirtió en el gerente más joven de la empresa. Posteriormente, regresó a Guanajuato y se dedicó a la agricultura y a la fabricación de calzado. En su carrera política fue diputado federal (1988-1991), gobernador de Guanajuato (1995-1999) y actualmente es presidente de la República (para el periodo 2000-2006).

Luis Felipe Bravo Mena, otro de los líderes nacionales del PAN, actual presidente de su partido (1999-2002 y 2002-2005), es también originario de León, Guanajuato, aunque su trayectoria política regional se desarrolló primordialmente en el Estado de México. Bravo Mena fue educado por lasallistas y posteriormente realizó sus estudios universitarios en la Universidad de Guanajuato y en la Universidad Panamericana. Profesionalmente ha fungido como asesor de empresas e instituciones; Director de Estudios de Entorno Político en COPARMEX y Coordinador del Consejo Empresarial.

Cabe destacar que los anteriores, además de haberse desarrollado como empresarios, son personas que se consideran religiosas y que dan una gran importancia a la Iglesia Católica.

Los diversos movimientos y partidos políticos se conforman a partir de su gente y de ciertos liderazgos. En un territorio industrial y de innovación tecnológica no es casualidad que sean los empresarios mismos, o personas vinculadas con ese medio, los líderes de los grupos políticos de su estado.

 

El Partido Acción Nacional

El PAN como partido político ha venido desarrollando una importante trayectoria a distintos niveles, a partir de la última década del siglo XX. En el ámbito regional fue el primer partido de oposición (al PRI) en obtener una gubernatura en Baja California, 1989. A esta victoria electoral le siguieron la de Guanajuato en 1991, una tercera en Chihuahua en 1992; en 1995 Jalisco se agrega a este conjunto de gobiernos estatales panistas, en 1997 se unen Nuevo León y Querétaro, en 1998 el PAN pierde Chihuahua e incorpora a Aguascalientes dentro de la lista de estados por él gobernados. En 1999 una alianza insólita con el PRD, PT (Partido del Trabajo) y el PRS (Partido de la Revolución Socialista) triunfan en Nayarit (Espinoza, 2000:9-11); en el 2001 se unen Morelos y Yucatán a la lista.

En esta expansión del poder del Partido Acción Nacional en el territorio nacional, Baja California y Guanajuato desempeñan un papel importante, pues tienen ya una historia mayor a los diez años bajo su gestión. El caso de Guanajuato es, además, de gran relevancia, pues su influencia ha traspasado el ámbito local y se ha colocado en el ámbito nacional. De manera específica, no se puede dejar de resaltar la conformación de una región de poder panista en el corredor Querétaro-Guanajuato-Jalisco.

En el contexto del desarrollo y consolidación del PAN a lo largo del país resalta el hecho de que los estados que actualmente tienen un gobernador de dicho partido son los mismos en los que Leonel Corona (1997, 2001) localiza los polos de innovación tecnológica, es decir, el triángulo Tijuana -Ensenada- Mexicali, el corredor Querétaro-Bajío y las zonas metropolitanas de Guadalajara, Monterrey, México y Cuernavaca.

La única excepción es el caso de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, donde la fuerza del PAN no ha llegado a la gubernatura del D. F. ni a la del Estado de México. Sin embargo, el partido tiene una fuerza considerable en la segunda entidad mencionada, en particular si se toma como centro a Naucalpan y Tlalnepantla. En este caso en especial, es importante considerar que el PAN se encuentra en un territorio donde hay un fuerte bastión priísta con sede en Atlacomulco.

El Partido Acción Nacional, como actor que forma parte de un sistema político, tiene vínculos importantes, entre los que vale la pena resaltar, por un lado, aquéllos con instituciones político-religiosas, como la misma iglesia Católica nacional e internacional y la organización internacional de democracia cristiana; por otro lado, tiene relaciones con empresas y empresarios.

De acuerdo con Soledad Loaeza (1997), la capacidad del PAN para expandir su influencia a una gran parte del territorio nacional se debe a sus alianzas con fuerzas locales, de manera tal que ha promovido la autonomía local, presionando al poder federal para descentralizar el poder político, y ha sido un trampolín para que líderes y fuerzas locales tengan presencia nacional. En este sentido, las políticas públicas implementadas por el gobierno de Fox en Guanajuato son un claro ejemplo de un ejercicio de descentralización del poder.

En cuanto a la influencia del PAN en el ámbito municipal guanajuatense, a pesar del antecedente en 1964, cuando ganó un distrito en León y otro en Ocampo (Rionda, 2000: 303), Valencia (1994 en González y Cadena: 72) considera que dicho partido inició su presencia en el estado en 1976, con la candidatura de López Sanabria a la presidencia municipal de León.

A partir de entonces, el partido ha ido aumentando poco a poco su influencia durante la última década del siglo XX, hasta pasar de ser un actor representado, a uno considerable, después competitivo y finalmente dominante. Sin embargo, se considera que tal vez aún sea muy pronto para hablar de un dominio consolidado en todo el estado, pues como se mostró en la Figura 2, para el año 2000, el PRI gobierna al 37.17% de la población, distribuida en 15 municipios.

Con respecto a las relaciones internacionales del partido, resalta su afiliación oficial a la Organización Internacional Demócrata Cristiana en 1998 (IDC), a la cual pertenecen cientos de partidos políticos de todo el mundo, entre los que destacan la Copey, de Venezuela; el Justicialista de Argentina; Democracia Cristiana de Italia, y la Unión Democrática Alemana, por citar algunos ejemplos (La Revista Peninsular, 1998). La vicepresidencia de dicha asociación recayó en Felipe Calderón Hinojosa en 1999 (La Jornada, 10 septiembre de 2000).

Además de lo anterior, "Castillo Peraza acercó al PAN a la influencia del catolicismo alemán y a la línea de pensamiento trazada desde el Vaticano por el Papa Juan Pablo II" (Venegas, 2000).

 

Territorio, grupos sociales y sociedad civil

Para caracterizar a la población que habita el estado de Guanajuato y relacionarla con su actitud política, se retoman los datos de las encuestas realizadas por el Laboratorio de Geografía Electoral y Estudios Municipales de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, en noviembre de 1997 y julio del 2000, en ambos casos, después de los comicios electorales y antes de la toma de posesión por parte de los candidatos elegidos. En 1997 la muestra fue de 869 personas y en 2000, de 868; en los dos casos los cuestionarios se aplicaron en las cabeceras municipales de los municipios de Acámbaro, Atarjea, Celaya, Comonfort, Irapuato, León, Moroleón, Pénjamo, Pueblo Nuevo, San Felipe, San Francisco, Iturbide y Silao, mediante un muestreo estratificado en el cual se consideraban las proporciones de población por edad y género reportadas en datos del INEGI.

En los municipios donde se aplicó la encuesta del Laboratorio señalado, se hace patente la gran variedad de espacios que conforman al estado. En este sentido, cuatro forman parte del corredor industrial del Bajío (Celaya, Irapuato, Silao y León), en donde habita el 44.8% de la población del estado. Estos mismos representan las zonas más urbanizadas y, en contra parte, se tiene a Atarjea, muy rural y con una mala comunicación por carretera con el resto del estado. En la muestra se encuentra León, el municipio con menor (muy bajo) grado de marginación;2 representantes de aquéllos con bajo grado de marginación como Silao, Acámbaro, Celaya e Irapuato; municipios de grado medio como Comonfort, Pueblo Nuevo y San José Iturbide y aquellos con alto grado de marginación como Atarjea, San Felipe y San Francisco del Rincón.

En cuanto a la dinámica de partidos, se encuentra representado Acámbaro, en donde el PRD parece estar en proceso de consolidación, Atarjea, donde el partido dominante sigue siendo el PRI, San José Iturbide, que en los últimos tres períodos ha tenido gobiernos municipales de distintos partidos (PARM, PRD y PAN), León en donde el PAN ha gobernado desde 1988 y Pueblo Nuevo, desde 1994. En el resto de los municipios ha habido una alternancia PRI-PAN en la última década. En Celaya, Moroleón y San Francisco del Rincón, dominada por el PAN, en Comonfort, Pénjamo y San Felipe, predominando el PRI, e Irapuato y Silao con el PRI en los dos primeros períodos y el PAN en los otros dos.

La población de la muestra tiene las siguientes características: para 1997 el 53% era de sexo femenino y 47% de sexo masculino, 40% con una edad entre los 18 y los 29 años, 32.3% entre los 30 y los 44 y 27.9% mayores de 45 años; 7.8% de ellos no tenía estudios, 12% inició la primaria y 19.2% la terminó, 31.3% contaban con estudios parciales o totales de secundaria o técnico equivalente, 14.5% llegó al nivel bachillerato (o equivalente) y el 15.2% siguió adelante en una carrera profesional. En el 2000 el 55% corresponde a mujeres y el 45% a hombres; 40.3% registra una edad entre 18 y 29 años, 31.3% entre los 30 y los 44, y 28.3% mayores de 45 años; 7.4% de ellos no tenía estudios, 37.7% inició la primaria y 22.1% la terminó, 26.5% tiene estudios parciales o totales de secundaria o técnico equivalente, 15.2% cursó el nivel bachillerato (o equivalente) y el 13% fue más allá en sus estudios.

A partir de los datos mostrados se infiere una mejoría en el nivel de estudios de los ciudadanos guanajuatenses. De los anteriores, 94% se declaró población católica, en este caso y como se afirmó con anterioridad, pertenecen principalmente a facciones de la iglesia de corte conservador, las que guían espiritualmente a los feligreses del estado.

Con respecto a la ocupación, destaca en 1997 el número de amas de casa (24.7%), después, los empleados en servicio (17.8%), los empleados comerciales (12.3%) y los empresarios comerciantes (11.7%). En el 2000 destacan de igual manera las amas de casa (24.1%) seguidas por los comerciantes establecidos (19.1%), los empleados de gobierno (12.4%) y los empleados en la industria (9.7%).

Entre los grupos sociales u organizaciones más importantes de Guanajuato, y que fueron destacadas por los que respondieron el cuestionario, se encuentran: los partidos políticos (25.5% en 1997 y 21.3% en 2000), seguidos en 1997 por instancias gubernamentales (12.7%) y, en el 2000, por clubes sociales (6.9%) y asociaciones deportivas (5.6%). Las otras organizaciones presentes en el territorio no fueron mencionadas de manera significativa. Cuando se les preguntó por la autoridad más importante del municipio, en ambos casos más del 77% (77.1 y 71.4%) respondió que el presidente municipal; el resto hizo alusión a una variedad de figuras o autoridades como el ayuntamiento, cabildo, caciques, cuerpos policiacos, gobernador, presidente, iglesia, etc. Cuando se les pidió señalar la autoridad en la que tenían más confianza (presidente municipal, gobernador, presidente de la República o ninguno), resalta que en 1997, cuando Fox era gobernador, el 42.2% lo favoreció, el 21.5% dijo que el presidente de la República y el 19.3% mencionó a su presidente municipal. En el 2000, en cambio, el 39.3% favoreció al presidente, el 24.2% al presidente municipal y el 20% al gobernador del estado. Ante la pregunta de si participan en una organización social, política, agrícola, empresarial o sindical, el 84.5% en 1997 y el 88% en 2000 afirmaron que no, lo cual habla de una baja participación comunitaria. Cuando se les interrogó sobre los medios de comunicación, resulta que hay una mayor confianza en la televisión, que en radio o periódico y entre los canales o cadenas de las que un mayor número de personas se manifestó como sus espectadores, se encuentran Televisa y TV Azteca. En contraposición, destacó la poca audiencia de los canales locales o estatales (0.1%).

Otro dato importante obtenido de ambas encuestas se refiere a la cultura política de la población. En este sentido se le preguntó ¿cómo se llama el gobernador del estado?, ¿a qué partido pertenece?, ¿cómo se llama el presidente municipal saliente?, ¿a qué partido pertenece?, ¿cómo se llama el presidente municipal entrante?, ¿a qué partido pertenece? y ¿cuánto dura un presidente municipal en su cargo? En 1997 el 48.2% respondió bien a todo, 17.9% contestó correctamente seis preguntas, 10.5% acertó a cinco, el 8% supo cuatro respuestas, el 5.5% sólo obtuvo tres aciertos, el 4% tuvo dos, el 3.4% únicamente una y el 2.4% no acertó en nada. Cabe destacar que, si se considera cada pregunta en lo individual, entre el 75% y el 86.2% de las personas respondió correctamente a cada una de ellas. La situación resalta en el caso de la encuesta del 2000, cuando el 60% erró en el nombre del gobernador, aunque el 75.6% respondió correctamente sobre el partido al cual pertenecía. En el resto de las preguntas, entre el 73% y el 86.4% respondía adecuadamente.

En la relación sociedad civil-gobierno es importante destacar que la gente se siente ajena a los grupos en el poder y, aunque el 21% piensa que los partidos políticos están pendientes de los ciudadanos, el 35.7% cree que los partidos políticos sólo piensan en ellos y en su grupo.

En la percepción de la población, los gobernantes han sido evaluados de forma intermedia. Es decir, para el año 1997, 59% los encuestados consideró que el desempeño de sus autoridades era regular, 21% que era malo y 18% que era bueno. Para el 2000, el 62% consideró que el desempeño era regular, el 20% que era malo y el 15%, bueno.

Entre los mayores problemas de la comunidad, los encuestados resaltaron en primer término aquéllos relacionados con los servicios públicos, después los de seguridad y, en tercer lugar, los de carácter social.

 

Dinámica regional electoral

La dinámica político-electoral del espacio guanajuatense se da en función de las relaciones entre los diversos elementos mencionados, tales como la cultura política, los diversos agentes y la historia regional, cada uno de ellos en su ámbito local, estatal, nacional e incluso internacional. A partir de estas combinaciones se ha ido conformando una región que favorece al Partido Acción Nacional, cuyo centro o polo de consolidación electoral se encuentra en el corredor industrial del Bajío, pero con especial fuerza en el municipio de León, Guanajuato.

Dentro de la historia regional cabe resaltar la influencia de la Iglesia en la zona y el que fue la base de los sinarquistas, por lo que partidos como el Partido Demócrata Mexicano tuvo su mayor peso en dicho espacio. La cultura tradicional de la sociedad ha llevado a que ésta se oriente más hacia los llamados partidos de derecha y, en este sentido, establezca mayores vínculos de identidad con sus vecinos del norte, oeste y este que con Michoacán, donde el PRD tiene mayor fuerza. De manera particular, la región panista se ve fortalecida por otros polos de consolidación electoral del PAN en Guadalajara y Querétaro, zonas con las que el Bajío tiene una intensa relación funcional. A otra escala, el gobierno federal y en especial el ejecutivo, que en este momento proviene del PAN de Guanajuato, también es un elemento que promueve la presencia de dicho partido en el estado, por un lado, y, por el otro, le da un mayor impulso al ámbito local guanajuatense y facilita su proyección en el ámbito global.

 

CONCLUSIONES

La opinión política de una sociedad es algo enteramente subjetivo. El votante no sólo se guía por su partido de preferencia ni tampoco se pueden pronosticar futuras elecciones únicamente en función de las características locales. Existen otros factores como la personalidad y discurso del candidato o los eventos de contingencia que pueden afectar los resultados de una votación. Es por ello que, aunque se habla de territorios políticos consolidados, en consolidación, o en competencia, no se pueden hacer predicciones seguras en función de la historia electoral y de la tipología de un lugar.

A pesar de lo anterior, existen ciertas características dentro de un espacio geográfico que favorecen la identidad de sus ciudadanos con los diversos grupos políticos. Como se mostró a lo largo del artículo, el conocimiento de la estructura, los actores y la dinámica del territorio pueden otorgar elementos que sirvan para entender el funcionamiento y dinámica de los partidos políticos en un espacio determinado.

La caracterización y análisis del sistema político, desde el punto de vista espacial, es una base para la comprensión de los territorios en relación con los ciudadanos que los integran. De igual manera, puede apoyar la planeación interna de los partidos, ya que por el momento los polos de consolidación electoral se han conformado de manera espontánea y atendiendo a las relaciones entre los diversos actores que caracterizan al espacio político. Sin embargo, es cuestión de los grupos políticos el tomar un papel más activo en la estructuración intencional de los espacios que no los favorecen o en aquéllos que, por el contrario, se orientan a ellos.

El análisis del comportamiento electoral desde la perspectiva regional apoya el entendimiento de la dinámica electoral espacial y le da un mayor sentido al papel de las características locales, que vistas sólo en función de la correlación entre lo social y lo político, no terminan por explicar la importancia del entorno geográfico con respecto a las fuerzas electorales locales.

 

NOTAS

1 Ello ocurrió a partir del éxito empresarial de los años setenta en Sillicon Valley en California, Estados Unidos. En México, Leonel Corona (1997:280; 2001:20) señala como ejemplos de casos regionales de valorización tecnológica, donde existe un cierto grado de concentración de empresas innovadoras, es decir, como polos de desarrollo, a las zonas metropolitanas de México, Guadalajara, Monterrey-Saltillo y Cuernavaca, así como el corredor Querétaro-Bajío y el triángulo de Ensenada-Tijuana-Mexicali.

2 De acuerdo con datos del Centro de Estudios Educativos, A C, utilizados por Rionda (2000:294).

 

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