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Investigaciones geográficas

versión On-line ISSN 2448-7279versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.45 México ago. 2001

 

Ideas y planteamientos teóricos sobre los territorios periurbanos. Las relaciones campo-ciudad en algunos países de Europa y América

 

Theoretical ideas and proposals on periurban territories. Country side-city relationships in some European and American countries

 

Héctor Ávila Sánchez*

 

Programa de Estudios Regionales, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM–UNAM), Apdo. Postal 4–106. 62431 Cuernavaca, Morelos. E–mail: ahector@correo.crim.unam.mx

 

Recibido 16 de noviembre de 2000
Aceptado en versión final: 27 de marzo de 2001

 

Resumen

El fenómeno de la periurbanización ha sido estudiado en diferentes países, en contextos distintos y bajo diversas lógicas de análisis. Sin embargo, existen situaciones y procesos comunes. Desde las transformaciones del espacio físico, los cambios en la esfera productiva, o bien, la manera en que los actores sociales que viven y actúan en los espacios periurbanos adecúan su manera de pensar y de desarrollar su vida cotidiana, identifican su territorio y se identifican dentro de él. Los orígenes de la periurbanización están en los países desarrollados, en los que se experimentó el proceso de contraurbanización, especialmente en las metrópolis de Estados Unidos y en algunos países europeos Sin embarga, a nivel internacional, las causas y fines son distintos: mientras que en los países industrializados el fenómeno obedece a la relocalización espacial de las actividades productivas y al mejoramiento del habitat y de los espacios para el ocio, en los países pobres, el periurbano se expresa de manera diferente, en su dinámica se interrelacionan fenómenos como la expansión incontrolada de las urbes, las migraciones del campo a las ciudades, el mercado ilegal de tierras y el precarismo urbano, entre otros.

Palabras clave: Periurbanización, contraurbanización, expansión metropolitana, movilidad, coronas urbanas jerarquización.

 

Abstract

The periurbanization phenomenon has been studied in several countries under various contexts and fallowing different analytical approaches. Nevertheless, common situations and processes become evident. From transformations of the physical space, changes in production or the way in which social actors living and developing in periurban spaces adapt their thinking and day-to-day life, identify their territory and become identified within it. The origin of peri-urbanization relies in developed countries, where the process of counter-urbanization took place, especially In cities of the United States and some European countries. However, at an international level, causes and goals differ: whereas in industrialized countries this phenomenon results from the spatial relocation of productive activities and the improvement of habitat and leisure spaces, in poor countries peri-urban space expresses in a different way: its dynamics is defined by the interrelation of phenomena such as the uncontrolled expansion of urban space, countryside-to-city migrations, illegal land trade and urban poverty, among others.

Key words: Peri-urbanization, counter-urbanization, urban expansion, mobility, urban crowns, hierarchical arrangement.

 

PLANTEAMIENTO GENERAL

A partir cie la segunda mitad del presente siglo, las ciudades en el mundo entero han desarrollado un ritmo de crecimiento notable. En unas, sobre todo en los países dependientes, la tendencia alcanzó proporciones excesivas, que derivaron en gigantescas metrópolis e inclusive en megalopolis. Si bien las grandes ciudades en el mundo continúan con una determinada tendencia en el crecimiento natural, ésta se ha modificado a lo largo de los años.

Así, en los países desarrollados se manifestó, a mediados de la década de los años setenta, una tendencia regresiva en el proceso de crecimiento de las ciudades. En Inglaterra y Estados Unidos se denominó a dicho fenómeno counterurbanization. Consistió, sobre todo, en el regreso o retorno de los flujos poblacionales hacia el ámbito rural, en un contexto en el que se incluía la deslocalización de las actividades productivas, así como también el desarrollo de actividades inmobiliarias y terciarias en general, hacia la periferia e inclusive en el ámbito rural. Toda vez que se ha ahondado en el análisis del fenómeno y que se han señalado diversas precisiones en cuanto al significado del término, hoy en día se identifica al proceso de manera general como periurbanización.1

Se trata, en primera instancia, de un fenómeno demográfico: la gente abandona las zonas urbanas, hacia las zonas suburbanas y las zonas rurales, lejos de los centros urbanos. En el Reino Unido, a partir de los años cincuenta, se detectó un incremento en la población rural y. en esa misma década, la población se concentró en las zonas periurbanas y en las zonas rurales ubicadas alrededor de los principales centros urbanos. En los años setenta la población rural creció notablemente, inclusive en las regiones rurales más apartadas de Escocia. País de Gales y otras zonas del Norte del reino, siendo el suceso más significativo del fenómeno de la contraurbanización británica. Como fenómeno post-industrial de desconcentración, la contraurbanización posee también un carácter económico. Tanto en Francia como en Gran Bretaña se han observado importantes cambios en la división espacial del trabajo, notablemente en el crecimiento económico rural (Buller. 1991:41).

En la mayor parte de los países industrializados se ha tratado de alentar el desarrollo regional a través de la descentralización industrial. Se ha pretendido atraer la mano de obra liberada por la modernización agrícola, con la intención de retenerla y aminorar la hipertrofia en las grandes metrópolis regionales. Se ofrecieron ventajas fiscales y se pusieron a disposición espacios industriales equipados y con infraestructura; en Francia se renovó parcialmente la fisonomía industrial del campo, a través de la implantación de nuevas actividades (automotriz, mecánica, materiales plásticos, química, electricidad, electrónica, etc.) en zonas sin tradición industrial, En la Gran Bretaña, el Gran Consejo de Londres desarrolló un mecanismo denominado "contratos de expansión" a través de los cuales, en algunas poblaciones situadas fuera del green belt de la capital, se atrajo la instalación de diversas industrias y empleos, pero dejando a los distritos en libertad de crear los equipamientos de proximidad de los que se beneficiarían los habitantes del medio rural. Otros programas exitosos de este tipo, de aliento a la economía local, se constataron en East Anglia en Bavaria (Alemania) y el Mezzogiorno italiano.

En los países ex socialistas se constataron algunas dificultades en la integración de la industria en el medio rural, debido sobre todo al carácter centralmente planificado de la economía; se desarrollaron planes y programas para reducir las disparidades campo-ciudad y mejorar sustancialmente las condiciones de vida rural, aunque las dificultades de integración estaban fuertemente condicionadas por la Insuficiencia de las infraestructuras regionales (Barreré, 1988:55-56).

Las manifestaciones territoriales del fenómeno dieron lugar a la elaboración de teorías generales sobre la emergencia de un nuevo sistema de poblamiento, Se planteaba la existencia de un "retorno al campo", posteriormente conceptuado bajo el término contraurbanización (Berry. 1976). Otros autores señalaban el "renacimiento" de las zonas no metropolitanas (Kayser, 1990; 1993); también se insistía en una repartición menos concentrada de la población en procesos tales como la desconcentración y redistribución demográfica, así como la reestructuración regional de la economía y el espacio (Champion, 1992). Sin embargo, los diferentes enfoques coinciden en que ocurre una fase de transición de una sociedad industrial a una post-industrial, donde los espacios rurales pueden ser "favorecidos' y en los cuales es posible observar una urbanización difusa, y donde se pueden identificar los espacios rururbanos o periurbanos Durante el decenio de los años ochenta el fenómeno se comportó de manera irregular: en Estados Unidos, Dinamarca y Suecia, la desconcentración urbana se revirtió y derivó en nuevas concentraciones; en Holanda el fenómeno siguió su curso y aumentó en Bélgica, Francia y la República Federal de Alemania (Courgeau, 1991:95).

La manifestación espacial más clara del proceso de periurbanización lo constituye la conformación de coronas o espacios periféricos concéntricos, en las cuales se entrelazan actividades económicas y formas de vida que manifiestan características, tanto de los ámbitos urbanos como de los rurales. Tiene lugar en numerosas ciudades en el mundo, independientemente del nivel de desarrollo económico del país al que pertenezcan.

Sin embargo, las causas por las que se conforman las coronas periféricas varían según el grado de desarrollo del país en cuestión. En los países industrializados, la periurbanización ocurre fundamentalmente por dos razones: por un lado, debido a la descentralización de los sectores industrial y comercial, desde su localización original, hacia la periferia de las ciudades, e inclusive en el ámbito rural inmediato a la urbe; la otra razón tiene que ver con el éxodo poblacional hacia el campo, como una alternativa en cuanto a la calidad de vida que hay en las ciudades, así como también por el desarrollo de las actividades recreativas, de la segunda vivienda y las actividades turísticas o de esparcimiento.

Hasta la década de los años ochenta, otra era la situación en los países emergentes y en los pobres. Ahí las ciudades crecieron a un ritmo acelerado y se generaron procesos y fenómenos urbanos, diferentes en forma y esencia a los que ocurrían en los países desarrollados. La expansión de las ciudades en los países pobres tenía lugar, sobre todo, por el flujo continuo de migrantes rurales hacia las urbes. De manera natural, las zonas periféricas de la ciudad eran el espacio idóneo para ser ocupado legal o ilegalmente por estos pobladores, debido al bajo costo que tenía el suelo.

Sin embargo, en el marco del cambio de paradigma de la producción post-fordista, el patrón territorial internacional de los últimos quince años ha configurado lo que se conoce como el nuevo «modelo territorial flexible», que se deriva, a su vez, de la fragmentación territorial de los procesos productivos que afectan a los sistemas urbanos y los subespacios en su ámbito (urbanos y rurales). En este contexto ocurren nuevas tendencias regionales en el crecimiento urbano y metropolitano: se establecen nuevas centralidades y se efectúa la relocalización de las actividades manufactureras en ciudades medias y pequeñas: se intensifican los vínculos internos, dando lugar a redes y subsistemas urbanos y rurales (desconcentración productiva e industrialización local o rural). El nuevo modelo territorial ha dado lugar a desarrollos megalopolitanos en una red urbano-rural compleja, incorporando ciudades pequeñas y áreas urbano-rurales con funciones precisas para el conjunto del sistema urbano, en diferentes niveles espaciales (Aguilar, 1999:147-151).

El proceso es patente en la región central de México, donde la industria se dispersa y abandona las áreas metropolitanas tradicionales, al tiempo que se relocaliza la población y se fortalece la terciarización de la ciudad interior. La población y las actividades no agrícolas se dirigen (siguiendo las principales vías radiales de comunicación), hacia un mayor número de ciudades pequeñas, en detrimento de las áreas más pobladas (Delgado et al.. 1999:181-183).

El espacio periurbano se encuentra muy desarrollado en las grandes capitales y en las principales ciudades de los distintos países de América Latina, de manera muy diferente al periurbano de los países industrializados. En Latinoamérica se trata principalmente de un espacio periurbano habitacional, donde la población vive en condiciones muy variadas. Lo mismo se encuentran barrios de población acomodada, colindando con zonas marginales, muy pobres: casas que van desde las que se erigen con materiales de desecho, como madera, cartón y láminas, hasta las construcciones que cumplen con las formalidades arquitectónicas; al mismo tiempo coexisten las actividades informales, con las que tienen un cierto grado de tecnificación. En las ciudades capitales latinoamericanas es común observar la existencia de áreas residenciales (condominios) en zonas de acceso restringido para población de altos ingresos, apartadas de la ciudad. Este fenómeno se observa en ciudades como La Paz o Lima, donde se han desarrollado fraccionamientos un tanto alejados del frente urbano (30-40 km en promedio), pero estrechamente ligados a su dinámica. En Brasilia, ante el surgimiento de asentamientos espontáneos, se construyeron fraccionamientos a 30 km de la capital, aunque las ocupaciones continuaron a lo largo de las carreteras (Colín, 1992:109-112).

El análisis de los factores de la dinámica periférica, el de las formas de la periurbanización y las transformaciones territoriales, revelan numerosos puntos comunes con la periurbanización de otras ciudades en el mundo, aunque se distinguen ciertos rasgos característicos de lo periurbano latinoamericano. El procesa está esencialmente marcado por una heterogeneidad de los agentes sociales y los procesos espaciales, con una alta movilidad e incidencia en el juego de fuerzas que construyen el territorio

El continente latinoamericano presenta altas tasas de urbanización. Para el año 2000, la proyección de la población establecía 382 millones de habitantes, con una tasa de urbanización de 75% en promedio, aunque muy heterogénea, pues pasaba del 85% en algunos países como Argentina, Chile, Uruguay y Venezuela, mientras que no alcanzaba el 40% en otros como Guatemala y Haití (CEPAL-ILPES, 2000:7). Este crecimiento, si bien se fortaleció en los últimos decenios, ha sido precedido por medio siglo de aumento demográfico. Durante los años sesenta-setenta, el crecimiento se dio sobre todo a partir de la población rural, cada vez más numerosa, sobre superficies de vocación agrícola cada vez más escasas, lo que obligó a los recién llegadas a buscar formas diversas de subsistencia, sobre todo en el sector terciario (Collin, 1992:105-107).

En los años ochenta hubo desplazamientos temporales de población entre las zonas rurales vinculadas a la reconversión productiva, por labores estacionales o por prácticas agrícolas itinerantes de campesinos sin tierra, en zonas de un alto riesgo ecológico.

Este proceso se reforzó en la década de os años noventa, así como también la movilidad intrametropolítana (CEPAL-ILPES, 2000:18-19).

El periurbano latinoamericano se ha configurado también por el avance de la urbanización a lo largo de los ejes de salida de las ciudades y, por otra parte, de poblamientos difusos. En un momento determinado, tiene lugar la ocupación de toda una zona geográfica con dominancia rural, provocando de manera espectacular la penetración urbana, sea en un valle o en una vertiente: sería el caso del valle de Chalco en la cuenca de México.

El avance de la periurbanización afecta tanto a las zonas agrícolas sin gran valor, como también a aquéllas donde se han realizado inversiones públicas recientes (por ejemplo, las zonas Irrigadas). Se manifiestan cambios importantes en la utilización de las superficies Por ejemplo, en la sabana de Bogotá, la fértil planicie de pasturas bajo irrigación donde se criaba ganado, se ha cedido el lugar al cultivo de flores demandadas por el mercado urbano (Ibid. AQQ). Lo mismo sucede en el valle de Cuernavaca, en el estado de Morelos, México, donde se incrementó el cultivo de flores y forrajes, en detrimento de cultivos alimenticios como maíz y frijol (Ávila, 1997:53-58).

En otros casos, la construcción de grandes obras, como por ejemplo, un aeropuerto internacional, favorece el fraccionamiento y urbanización de las zonas agrícolas aledañas. La puesta en marcha del aeropuerto de Medellín. Colombia, a 60 km de la ciudad, transformó ¡a reglón agrícola del río Negro en una verdadera zona periurbana (Collin, 1992:118). Este mismo proceso está presente en el aún pendiente proyecto de construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, en la zona del ex lago de Texcoco,2 espacio agrícola y de regeneración ambiental, localizado al oriente de la zona metropolitana. En primera instancia, dicha obra conduciría a nuevas e importantes transformaciones del espacio rural y del medio ambiente En esa parte subsiste aún una cantidad considerable de productores agrícolas, así como una actividad manufacturera basada en pequeñas industrias de confección de ropa y textiles, que son uno de los sustentos principales en la economía local. La actividad aeroportuaria, en la que predominan los servicios de corte urbano, afectaría notablemente a las actividades agrícolas y pecuarias; su expansión requerirá en mayor medida de espacios e inducirá cambios en el uso del suelo y en la conservación del ambiente, así como en la estructura productiva local (Ávila, 1999).

Tradicionalmente, la dinámica de los espacios periurbanos ha sido analizada en mayor medida desde el punto de vista de los urbanistas, que los ubican más bien a partir de la expansión de las ciudades y de cómo las zonas rurales que circundan a la urbe se van transformando, ubicándose finalmente estos espacios en una determinada jerarquía dentro del conjunto urbano. Sin embargo, el fenómeno se observa de manera distinta desde una perspectiva más afín a la estructuración y/o dinámica de los territorios rurales. En este trabajo se trata de abordar el estudio de las relaciones campo-ciudad, pero enfocado más desde lo rural que desde lo urbano. De cómo los actores o agentes sociales rurales viven y experimentan estos cambios. Desde esta perspectiva es posible conocer el fenómeno en otra dimensión, es decir, a partir de las transformaciones que experimentan los espacios rurales que están en contacto con las áreas urbanas, es decir, con las zonas que absorben a las ciudades en su expansión; de las situaciones socioespaciales que se derivan y que experimentan los habitantes de dichos ámbitos (el rural y el urbano) en cuanto a tales espacios en mutación.

En los países Industrializados, la influencia de la ciudad sobre el mundo rural va más allá de los límites que establecen las estadísticas demográficas al espacio periurbano. Por ejemplo, de la explotación agrícola tradicional, donde el tiempo de trabajo no se contabilizaba, se pasa a una economía de gestión, en la que la noción de empresa se introduce progresivamente en la explotación; ha tenido lugar una modernización técnica con el fin de hacer crecer la producción y contar con mejores posibilidades de incorporarse a la economía mercantil; se transforman los comportamientos de los actores de la producción: el traslado al campo es en coche; se mecaniza el proceso, se desarrollan sistemas intensivos (irrigación, invernaderos, ganadería industrializada, etc.); se conforma un pensamiento técnico, que requiere a su vez de una formación escolar técnica; los medios de comunicación, sobre todo la televisión por vía satelital, han introducido cada vez más a la sociedad rural en la esfera del consumo;3 inclusive las casas requieren cada vez más de un mayor consumo de energía eléctrica, debido a las necesidades de equipamiento (sistemas de refrigeración o calefacción, telefonía, acceso a Internet, etc.). Se señala a este respecto que se trata, en cierto sentido, de una "des-ruralización" (Niggemann, 1984, citado por Barrere:53).

Desde la perspectiva del desarrollo rural también es posible analizar la dinámica periurbana desde distintos ángulos; sea desde la perspectiva de la construcción identitaria de los habitantes del territorio, en tanto que proyecto de vida, de su cultura y de la manera en que aprehenden y usan el territorio, identificándose con el mismo en términos de un patrimonio cultural, como un lugar de aprendizaje y de preservación de la memoria colectiva (Bages y Granie, 1998).

El territorio periurbano ha sido también visualizado a partir de las nuevas expresiones y organizaciones políticas que ahí tienen lugar, en términos de conjuntar dichas expresiones emanadas tanto de lo urbano como de lo rural. Se analiza asimismo, a partir de la construcción política del territorio periurbano, en términos de las estrategias del desarrollo local (Ibid.). Algo similar ocurre en lo referente a la composición de las fuerzas políticas, con requerimientos y reivindicaciones que se remiten a su origen.4 En este sentido, las fronteras entre la ciudad y el campo son cada vez más difusas.

El espacio periurbano tiene igualmente un carácter heterogéneo, debido a que ahí manifiestan y desarrollan su vida cotidiana dos grupos de actores con lógicas diferentes, lo que hace de este espacio un medio de actividades diversas. Dichas lógicas de transformación del territorio implican que al interior se debe reconocer un abanico de actores, los verdaderos agentes del proceso. Se trata de os actores públicos que tienen, a su vez un amplio margen de intervenciones y de gestiones que varían según el nivel institucional concernido que les rige y en el que actúan: el Estado, la provincia y la comuna o el municipio. Por su parte, los actores económicos varían según el tamaño y el sector de la producción en el territorio periurbano; por ejemplo, es muy distinto ser productor hortícola, que ser productores de cereales y criadores de ganado. También hay que considerar a grandes productores de frutas y legumbres que cuentan con parcelas diseminadas en las periferias de las ciudades, Estas dos lógicas tienen necesidad de una formación previa del espacio para desarrollarse: la parcelización o (orificación de las tierras, con la posible intervención de agentes inmobiliarios extraños a lo periurbano (caso de casi todas las metrópolis en América Latina, participando en la creación del mercado ilegal de las tierras). En cuanto a los actores sociales, son muy diversos, toda vez que son diferentes los grupos sociales que se instalan en la periferia metropolitana; unos buscan un pedazo de tierra barata para vivir, mientras que otros buscan la tranquilidad y el esparcimiento. Para los sectores más pobres, el espacio periurbano ofrece la opción más accesible para hacerse propietario de un lote individual y construir poco a poco su propio alojamiento. Pero también se acrecienta la tendencia a la adquisición de las residencias secundarías y de otros espacios de esparcimiento de grupos sociales del centro de la ciudad y de los barrios acomodados (Bozzano, 1993:121-132).

El fenómeno periurbano, sobre todo en lo que concierne a su perspectiva urbana, ha sido ampliamente estudiado en diferentes países europeos (Inglaterra, Alemania, Italia, España, Francia), así como también en Estados Unidos y Canadá; se conocen también algunas investigaciones respecto a la situación en América del Sur y en México.

 

EN TORNO AL CONCEPTO DE PERIURBANIZACIÓN

La definición del espacio periurbano involucra un amplio espectro de situaciones y actores que participan en su conformación. Las primeras referencias al concepto se encuentran en la literatura anglosajona de los años cuarenta, donde se describen los espacios del commuting, de los traslados necesarios polla disociación de espacios de residencia y trabajo, así como del comercio. A partir de 1945 se acelera este movimiento en los Estados Unidos, en la megalopolis americana de la costa este y en las grandes ciudades californianas, donde las clases medias y acomodadas se alejan de las grandes centros urbanos; se trataba del "... pasaje de una sociedad industrial y urbana, a una sociedad de servicios, exurbanizada o suburbanizada, con densidades más débiles y con consecuencias sobre la utilización del suelo". El fenómeno se reproducía de manera general en las grandes ciudades de Europa, Canadá, Japón, Australia y en algunos países en desarrollo como México, Brasil y Argentina (Hicks, 1980, citado por Barreré, 1988:48).

Inicialmente, el fenómeno se conceptualizaba bajo el término de franja urbano-rural. Dicho término denota una transición entre las formas de vida rural y urbana. Se reconocía la trascendencia de los medios automotrices del transporte, como impulsores del proceso de extensión de las ciudades, modificando las zonas agrícolas alrededor de la ciudad. El desarrollo de las carreteras, sobre todo las autopistas y el patrón radial de las mismas, dio lugar a que la franja urbana ocupara el paisaje rural. Asimismo, ocurría un crecimiento residencial, estimulado por la flexibilidad de la transportación entre el límite y el centro de la ciudad.

También se señala que los especuladores inmobiliarios persuadían a la población empleada en las oficinas y fábricas de los suburbios, a construir casa en el área de la franja (Yadav. 1987:2).

 

LA PERIURBANIZACIÓN EN ESTADOS UNIDOS

En Norteamérica se utilizaba el término para darle significado "al área construida justo fuera de los límites corporativos de la ciudad"; se distinguía la noción de "franja- límite" como un área distintiva, no caracterizada ni por lo rural, ni por lo urbano y en la cual inicialmente se presentaron patrones mixtos de uso del suelo; además, las características sociales de la población de la franja mostraban una transición entre lo rural y lo urbano (Ibid.: 2-3).

Las escuelas de Estados Unidos y Canadá fían considerado tradicionalmente al espacio periurbano en términos de la dinámica urbana, es decir, como una consecuencia propia de la evolución natural de las ciudades; es un proceso en el que interviene una población creciente que requiere de nuevos espacios donde pueda encontrar una mejor calidad de vida, en un ámbito relativamente cercano a la urbe. Por tanto, se considera que el proceso (la interacción urbano-rural) se desarrolla a partir de un flujo continuo de personas y mercancías. Las Innovaciones tecnológicas, el mejoramiento de las vías y los medios de transporte han hecho posible la dispersión de la población y el traslado de las actividades económicas hacia la periferia como una evolución de la ciudad regional, donde es posible ubicar núcleos de nuevas construcciones, así como también áreas dispersas de pueblos y aldeas en ámbitos de producción agrícola (Ibid.7).

En las principales ciudades de Estados Unidos, la progresiva concentración de las actividades financieras, decisionales y comerciales en los centros de negocios, derivó en la saturación de los servicios requeridos en esos ámbitos, principalmente la vivienda y las oficinas (que incrementaron rápidamente su valor), así como las universidades y los centros de investigación. Tal situación dio lugar a una amplia desconcentración selectiva, que se manifiesta en el desarrollo de suburbios horizontales, principalmente amplias zonas habitacionales asentadas sobre "áreas verdes" alrededor de las metrópolis (Dézert. 1992:51).

En los estudios sobre el tema en los Estados Unidos, predominaba la idea en torno a la renovación de lo rural, al tiempo que se percibía una revitalización de las circunscripciones rurales americanas a principios de la década de los años setenta. Se trataba de una ruptura del proceso de urbanización que experimentaban los Estados Unidos desde mucho tiempo atrás; dicho proceso ocurría de manera más o menos similar en Europa occidental, con algunas excepciones. En el renacimiento de las comunas rurales tuvieron un papel fundamental las migraciones internas, sobre todo de la población urbana joven hacia las zonas rurales, los llamados "neo-rurales". Otros fenómenos que ocurrían de manera paralela eran la descentralización de las actividades manufactureras y de otras industrias; el crecimiento en el establecimiento de jubilados en el campo, la expansión de las universidades estatales en estos ámbitos, así como una tendencia creciente de las actividades de esparcimiento son las principales razones, las mismas en la mayoría de los países desarrollados (Courgeau, 1991:91-92). Años más tarde ha tenido un papel fundamental la movilidad poblacional en términos de la expansión del hábitat urbano en el medio rural, así como de los traslados diarios (en ambos sentidos) entre el domicilio y el espacio de trabajo (Ávila, 2000:3).

Alrededor de una veintena de grandes ciudades en los Estados Unidos ha desarrollado una economía ampliamente ligada al fenómeno de la periurbanización. Varios factores explican dicha tendencia (Castells, 1990; Dézert, 1992; Castells y Hall, 1994):

1. La contra-urbanización.

2. El desarrollo de los medios de transporte y la proliferación de rutas terrestres rápidas.

3. El desarrollo de las grandes superficies comerciales (los mails).

4. La descentralización de los campus o los Institutos universitarios ligados a los laboratorios de investigación. La creación de las tecnópolis.

5. El crecimiento de las zonas suburbanas ocupadas por familias jóvenes (técnicos, investigadores e ingenieros, ligados a las empresas de alta tecnología).

6. La preferencia por el habitat natural (los "amantes" de la naturaleza).

Existen cuatro tipos dominantes del periurbano alrededor de las grandes metrópolis de los Estados Unidos (Dézert, 1992:52-53):

a) El periurbano residencial que surge durante los años de 1920 a 1930, que después se desarrolló de forma programada durante la época del New Deal, en que se comienza a hablar de ciudades-jardín o de nuevas ciudades; se trataba esencialmente del concepto de Green Towns. Por ejemplo, el condado de Fairfax, en la región de Washington, fue transformado de una zona de economía rural, en zonas habitacionales y comerciales para los empleados en la administración federal; el mismo fenómeno ocurrió en Berkeley y Palo Alto al sur de San Francisco y en Boston. Chicago y Nueva York, para alojar a los nuevos migrantes: en el caso de Los Ángeles, se multiplicaron los suburbios, sobre todo en la parte norte, debido a la inmigración masiva y al desarrollo de la industria cinematográfica.

b) El desarrollo en comunidad, de principios de la década de los años sesenta, que consistió en la asociación de pequeños edificios, tiendas, oficinas, hoteles y clubes deportivos, organizados a su vez como una nueva ciudad alrededor de un gran centro comercial. Así surgió la nueva ciudad de Columbia, entre Washington y Baltimore.

c) Ese tipo de desarrollo sirvió de base a la expresión territorial de la nueva era industrial de la informática y la alta tecnología. La tendencia en los años sesenta y setenta fue la de instalar campus en las zonas verdes periurbanas, próximas a las zonas habitacionales: fue el caso del condado de Fairfax en el cinturón de Washington. La agencia aeroespacial NASA se instaló en las cercanías, en la nueva ciudad de Reston, donde se habían instalado hasta 1992. 2 000 empresas hightech (lbid.:54). En California, en las localidades de Stanford y Palo Alto, cercanas al Silicon Valley, se han instalado numerosos laboratorios universitarios directamente vinculados al proceso productivo. Un fenómeno de similares características ha tenido lugar en la región de la carretera 128 de Boston, donde ha sido decisiva la presencia de instancias como el MIT y la Universidad de Harvard, en el fortalecimiento del soporte científico del polo tecnológico. En algunos casos, se trató de la conversión de zonas con un carácter marcadamente rural (en ocasiones con sociedades agrícolas tradicionales), en las que fas inversiones y las innovaciones tecnológicas dieron margen a un dinamismo repentino (Castells y Hall, 1994:27-28).

d) Otra manifestación del periurbano lo constituyen los complejos aeroportuarios, mediante la acción de una "aerociudad"; es el caso del corredor Dulles en la vecindad del aeropuerto John F. Dulles en Washington; una situación similar guarda el complejo de oficinas y hoteles, salas de conferencias, establecido en torno al aeropuerto de Dallas-Forth Worth.

Un tipo de ocupación del espacio periurbano, recientemente constituido, es el de los suburbios establecidos en torno a un parque recreativo, como los que se han desarrollado en el Orange County, cercano a Los Ángeles, California y en Orlando, Florida.

El desarrollo de los espacios periurbanos ha dado lugar a otros fenómenos de índole social. Por ejemplo, a la segregación social. Se considera que el establecimiento de zonas habitacionales periurbanas deriva necesariamente en una segregación poblacional, mayor que la que ocurre en el centro de la ciudad o en los barrios tradicionales de migrantes y obreros. Desde su creación, las zonas habitacionales periurbanas de los Estados Unidos han sido ocupadas principalmente por población blanca americana (Dézert, 1992:55).

En resumen, la expansión creciente del periurbano en los Estados Unidos se explica por la flexibilidad en el proceso productivo de las empresas norteamericanas, para quienes lo esencial es el contacto rápido y la accesibilidad, además de que los intercambios que se establezcan, tengan la mayor fluidez posible. En lo general, este modelo de expansión urbana y desarrollo del periurbano se ha reproducido en otros países industrializados, con las particularidades propias de cada país, sobre todo por el papel que han desempeñado los espacios rurales en la construcción del entorno territorial. Es el caso de las sociedades europeas, en las que el referente a lo rural implica el reconocimiento del rol que tiene la herencia cultural y la tradición en la existencia de una identidad rural, que ha persistido aún en los lugares que han sido alcanzados por el mundo urbano.

 

LOS ESTUDIOS PERIURBANOS EN FRANCIA

El estudio de lo periurbano ocupa un lugar importante en el espectro del debate teórico sobre los procesos territoriales en los diferentes países de la Unión Europea. Ya sea que se analice bajo enfoques de la economía espacial, o bien, a partir de considerar a los procesos sociales como los decisivos en el establecimiento de las diversas actividades en el territorio, sus modelos de funcionamiento, las relaciones de proximidad que se establecen, así como los procesos de identificación socio-espacial que ahí ocurren, etc. En esta vertiente, la Geografía francesa ha recorrido un amplio trecho, que encuentra sus raíces en la tradición vidaliana, de gran arraigo en los países latinoamericanos y en otros europeos como España. En ese sentido, el interés de ahondar en el enfoque francés sobre la periurbanización radica en el amplio espectro disciplinario y metodológico que en ese país se ha constituido en torno a los procesos territoriales, de los que son parte importante los estudios urbano-rurales. La vertiente del análisis territorial en Francia ha construido un "... eje de análisis más voluntarista [...] (que incorpora tanto) ... los fundamentos de la economía espacial como los de la geografía humana..." (Benko y Lipietz, 2000: 7).

Las ideas sobre la periurbanización se bosquejaban en Francia desde principios de los años sesenta,5 aunque el desarrollo más amplio del concepto ocurre hasta 1975, sobre todo a partir de la obra de Bauer y Roux.6 quienes identifican al fenómeno (la rurbanización) como la última fase de un proceso de urbanización. A principio de los años setenta, el análisis sobre la conformación de las coronas periurbanas7 interpuestas entre las ciudades y el campo amplió el enfoque y, a partir de entonces, se contempló al conjunto que formaban la ciudad, las zonas periurbanas y el espacio rural, como un ámbito ampliamente interrelacionado, revelador de las transformaciones del aparato productivo y de las relaciones sociales, en el que se expresaban las nuevas formas de la división social del espacio. En cuanto al espacio rural, dedicado principalmente a las funciones de producción agrícola, se transformó paulatinamente en un espacio de consumo y de residencia, en términos del trabajo, para los habitantes del espacio urbano (Berger, 1984; 1989).

Desde un punto de vista cuantitativo, el estudio de la periurbanización atrajo la atención de los investigadores franceses, sobre todo a partir de mediados de la década de los años setenta: ya entonces, la expansión difusa y rápida de la urbanización planteaba problemas de ordenamiento, de equipamiento y de planificación. Hacia mediados de los años ochenta se visualizan otros espacios urbanos, a partir de nuevas situaciones: la crisis de los grandes conjuntos urbanos, la recuperación o rescate de algunas de sus partes y la creación de zonas de actividad de alta tecnología. Se trató, en cualquier caso, de estudios demográficos que estudiaban la difusión de la población urbana en las áreas rurales y que la mayor parte de las veces se limitaban "... a medir el ritmo del crecimiento urbano e identificar los territorios afectados" (Jailiet y Lotton, 1998:4).

Otro enfoque, de corte fundamentalmente cualitativo, ha estudiado al espacio periurbano en diferentes perspectivas: como un frente avanzado de la urbanización, como espacio de distensión o alivio de la ciudad; también como el ámbito donde se desarrollan nuevas formas de hábitat, o bien, como el espacio para la descentralización de funciones; se han utilizado, para tal fin, vocablos diversos (e indistintos) como periurbanización, rurbanización, contraurbanización, revertimiento urbano, franja rural-urbana, etc. (Calenge y Jean, 1997:392). También se han empleado otros como naturbanización, exurbanización, ciudad-jardín, etc. (Jaillet y Lotton. 1998:5).

Actualmente, la noción de periurbanización es muy ambigua y dispersa. Las confusiones en cuanto a la delimitación de los territorios periurbanos provienen, más que de cuestiones metodológicas, de los problemas de definición del concepto, ligados al fenómeno. Además, los diferentes autores que lo han estudiado incorporan su propia interpretación. Así, frente a esta pluralidad de definiciones y de métodos se toma difícil la elaboración de una visión de conjunto, debido sobre todo a que la gran mayoría de los trabajos sobre la periurbanización que se hacen en Francia son estudios de caso. Los trabajos denotan la gran Influencia de la escuela regionalista francesa, derivando en enfoques más descriptivos que analíticos (ibid.).

A principios de la década de los años ochenta, las ideas acerca de la producción del espacio urbano periférico ocuparon un lugar importante en la literatura francesa sobre el territorio. En términos generales, bajo dicho concepto se ha considerado que el crecimiento periférico de las ciudades debe analizarse a partir de la producción del espacio., sea mediante una estrategia de localizaciones o de desconcentraciones de actividades industriales y de servicios, o bien, por la creación de conjuntos de residencias individuales, ligadas al sector de la construcción; el proceso consiste, asimismo en una intrincada conversión de suelos agrícolas, en terrenos a construir, cuya renta cambia radicalmente al transformarse el uso del suelo; sin embargo, en estos espacios transformados se reconstruyen a la vez los aparatos locales de gestión del espacio, en los que surgen nuevas capas sociales; la acción de esos nuevos residentes, en el ámbito en transformación, sobre el desarrollo de su medio local de vida, conforma los elementos que contribuyen a producir, a valorar, a conformar un nuevo espacio periurbano (Jaillet y Jalabert. 1982:7-12).

En el contexto de la producción del espacio periférico se ha utilizado también el término rurbanización, para referirse, sobre todo, a la aparición o instalación de formas típicamente urbanas en zonas rurales alejadas de la ciudad (principalmente enclaves industriales, aunque también conjuntos habitacionales). De esta manera, tanto la periurbanización como la rurbanización son presentados como fenómenos de consumo de tierras agrícolas. En términos físico-espaciales, se ubicó al espacio periurbano como la zona intermedia entre la ciudad "acabada" y los territorios rurales. Se le consideró también como una forma de crecimiento urbano anárquico y desordenado, amenazante para la producción agrícola.

Históricamente, en algunas ciudades de países industrializados se han conocido procesos de periferización, donde las formas han variado en función del estado que guarda el sistema económico (el modo de producción) y el de la sociedad (la reproducción de la fuerza de trabajo). Por tanto, se deben valorar estos procesos como productores de una forma de organización espacial, resultado de cambios económicos, políticos y sociales que afectan en un momento determinado a la formación social. Según este enfoque, en la conformación del espacio periurbano ha incidido la localización y la retocalización de determinadas actividades económicas, como por ejemplo la industria, (sobre todo la que utiliza tecnología de punta); también se ha fortalecido la tendencia en cuanto a la descentralización del aparato administrativo, que en aras de reinstalar los distintos niveles de la administración pública, requiere de nuevos y amplios espacios que se encuentran, por lo general, en las zonas rurales. Finalmente, la transformación física del espacio desarrolla un nuevo juego de relaciones entre el poder del espacio central y los segmentos locales de gestión del espacio (nuevos requerimientos de planificación, otras necesidades en cuanto a equipamiento, etc.), sobre todo en términos de los objetivos sociales, del poder local (Ibid.).

Existe otro concepto ampliamente ligado a la producción del espacio periurbano. Se trata de as coronas periféricas. Son zonas más o menos definidas, que se han formado alrededor del espacio urbano: así. se reconoce la existencia de coronas que no son continuas ni estables, sea en su geometría y en sus funciones con respecto a los ámbitos contiguos. Pueden ser dos o más coronas periféricas, dependiendo de las características del conglomerado urbano. La primera es aquella que está pegada a la ciudad, la de los suburbios. Forma parte de la aglomeración. Es prácticamente parte del continuum urbano. La segunda corona es, por lo general, menos evidente: es aquella donde finaliza la urbanización, donde el espacio era de tipo agrícola no hace mucho tiempo, pero que tiene ya un carácter marcadamente urbano: ahí se encuentran los fraccionamientos o terrenos parcelados en venta: mercado de bienes, de agentes inmobiliarios y promotores. La tercera corona es aquella donde los procesos de urbanización han enfrentado una agricultura y una sociedad rural en pleno funcionamiento, si no es que en pleno vigor. La construcción urbana está localizada y limitada, individualizada y en función de determinantes precisos: tamaño de las parcelas, ubicación, calidad de las tierras, etc. (Kayser et Schektman-Labry, 1982:27).

Desde un punto de vista más próximo al ámbito rural, la creación del espacio periurbano adquiere otras manifestaciones. Ocurren distintos fenómenos que afectan a los procesos agrícolas y, en general, de la vida de los habitantes rurales. Transformaciones que se diversifican en términos de la formación social a la que pertenecen. No es lo mismo la conformación del espacio periurbano en Francia, que en México o en Brasilia, o que en los Estados Unidos; en la caracterización de lo periurbano será fundamental la condición y situación tanto del sistema urbano (lugar de la ciudad en la jerarquía del sistema), como de la estructura agraria locales (tipos de propiedad de la tierra, formas de organización de los productores, etc.). Debido a ello, la existencia del espacio periurbano será diferente según sean las condiciones de la estructura social y productiva en cada país. Por ejemplo, en los países poco desarrollados, en la tercera corona, que es prácticamente el espacio rural, se alojan un buen número de talleres maquiladores, principalmente de textiles y para la fabricación de ropa y calzado.8

Recientemente, en los estudios sobre periurbanización se ha enfatizado en torno a los procesos internos que las originan; se trata de las nociones de polarización, diferenciación y jerarquización; (Jaillet y Lotton, 1998); si bien se considera una serie de factores que incide en la organización de la modificación de los espacios rurales, hay un marcado énfasis en el carácter urbano del proceso. Varios ejes temáticos respaldan a esta línea de estudios. Por ejemplo, la de los espacios periféricos como lugar para el desarrollo del habitat, con sus expresiones residenciales diferenciadas: se analizan, también, los efectos de la polarización económica ejercida desde el centro de la ciudad y la descarga residencial sobre el campo (centro-periferia), que a su vez derivan en la conformación de nudos suburbanos en ámbitos rururbanos. Se estudian, además, la difusión de la urbanización y la noción de las "coronas periféricas".

Por otro lado, se analiza el rol de los espacios periféricos como conjunción de las lógicas económicas, políticas y sociales, toda vez que dichos espacios forman parte del espacio económico. Se enfatiza en la división del trabajo y el habitat, el desplazamiento de las industrias y la conformación de un esquema concéntrico, el surgimiento de subcuencas de empleo en relación con subcuencas del habitat, etcétera.

Otra vertiente en estos estudios lo constituyen las lógicas territoriales e inmobiliarias, a partir de las posturas que ejercen los diferentes actores sociales que participan en el proceso y de cómo la segmentación de los espacios periféricos deriva en la existencia de submercados territoriales.

También se aborda lo referente a la gestión política diferenciada de los espacios periurbanos. Se traía de los mecanismos de negociación que requieren la repartición de las subcuencas del empleo, la valorización de la tierra, así como los mecanismos de acceso al habitat, entre otros. Implica, asimismo, la instauración de reglas de urbanización para que las entidades político-territoriales (las comunas en el caso francés) refuercen su imagen y el nivel de bienestar en su territorio (Ibid.:3-15).

Hoy día en diversos países de Europa occidental, el espacio rural ha experimentado cambios profundos. En Francia, por ejemplo, mediante el análisis de datos estadísticos y censales se ha llegado a la conclusión de que el campo ya no es ese mundo homogéneo donde la identidad estaba enteramente dada por su actividad principal, la agricultura. Se ha llegado a la conclusión de que "lo agrícola no hace más lo rural".9 En el contexto francés, actualmente deben distinguirse varios "campos", más o menos urbanizados, más o menos aislados. Asimismo, las relaciones que actualmente se establecen entre el campo y las ciudades son también diferentes. En principio, se trata de los grandes potos urbanos, que concentran cada vez más los empleos. Es el lugar de trabajo de una gran parte de quienes habitan en el campo. En la zona rural se han desarrollado los llamados "polos rurales", que mantienen una fuerte complementariedad con el tejido de las pequeñas comunas circundantes.

Así más que establecer una estricta división entre lo rural y lo urbano, debe plantearse la existencia de espacios con dominante rural (incluyendo los polos rurales), así como de espacios con dominante urbana, en el que figuran un buen número de pequeñas comunas rurales, fuertemente polarizadas por los centros urbanos (lbid:7-9).

 

LA PERIURBANIZACIÓN EN EL CONTEXTO DE LA POLÍTICA EUROPEA DE ORDENACIÓN DEL TERRITORIO

En la actualidad, los estudios en torno a la evolución y al futuro de los espacios periurbanos, en los distintos Estados que conforman a la Unión" Europea, privilegian la cuestión del habitat y su acceso a las infraestructuras (del transporte y los servicios urbanos), como el factor central mediante el que se desarrollan las relaciones campo-ciudad. Dicho énfasis en la planificación de dichos espacios se debe a los volúmenes crecientes de población que se mueve desde las ciudades hacia la periferia (y al ámbito rural inclusive) y viceversa (European Union, 1999).

En diversos países miembros de la Unión se prioriza el análisis a partir de marcos como las ciudades-región para Alemania (Hannover, Sttutgart): Francia (Toulouse. Burdeos): Italia (Bolonia, Padua); o Suecia (Estocolmo, Goteburgo), Se trata de la conformación de capitales regionales entre 500 mil y 2.5 millones de habitantes, que funcionan como centros de gestión y de servicios de alto nivel, en ámbitos territoriales que cuentan con regiones rurales de gran dinamismo y un determinado grado de industrialización. Reproducen en escala menor el nivel de especialización de las capitales nacionales (Hall, 2000: 11-12). Por otro lado, se propone analizar la problemática a través de las redes de ciudades, como en el caso de Bélgica (Bruselas, Amberes y Brujas) y Luxemburgo. Se refiere, en este caso, a la existencia de un nivel de organización espacial superior al de la ciudad; en este esquema, la red urbana está constituida por las relaciones que se establecen entre todas las ciudades de un mismo territorio, desarrollando mecanismos internos de regulación y evolución para cada ciudad del sistema, así como en su relación con los espacios rurales (Offner y Pumain. 1996:204).

Asimismo, hay otros temas en el centro de la discusión en torno a la diferenciación de los espacios rurales, relacionados con el crecimiento de las ciudades; se trata por una parte, de la dinámica de la urbanización y sus consecuencias, en términos de las distancias al campo (lejanía o proximidad); por el otro, de la evolución de la dinámica agrícola en los distintos países miembros de la Unión, sobre todo por la vigencia de la Política Agrícola Comunitaria (PAC); ésta es, desde hace medio siglo, uno de los pilares de la construcción territorial europea, que tiene como objetivo el mantener el tejido social en las zonas rurales y evitar la emigración a las ciudades, para lo que ha instaurado mecanismos altamente proteccionistas y de subsidios a la producción agrícola y ganadera (El País, p. 33).

No se tiene la misma percepción en todos los países europeos de la diferenciación espacial entre lo urbano y lo rural. Las diferencias varían según el tamaño del país o, aún más, de acuerdo con el armazón urbano con la que se cuente. En países pequeños como Holanda o Dinamarca, dicha oposición no es un problema mayor, pues las jerarquías de los centros urbanos están equilibradas con respecto a su ámbito espacial; por otro lado, en países más grandes, como Suecia, las zonas urbanas tienen una amplia o muy fuerte relación con las zonas rurales, ya que existe una fuerte movilidad entre el domicilio y el lugar de trabajo; sin embargo, tiene un gran peso la continuidad de lo urbano. Sucede lo contrario en Portugal, que es el país más débilmente urbanizado de Europa, donde sólo 49% de la población vive en los centros urbanos mayores de 2 000 habitantes (European Union, 1999:5).

La estructura del armazón urbano tienen diferencias de enfoque. Existen dos grandes modelos que caracterizan a la mayor parte de los países europeos:

1) Aquéllos donde existe et dominio o la Influencia decisiva de la ciudad capital sobre el resto del país: Francia. Inglaterra, España, Irlanda e incluso Austria; la armatura urbana (de la misma primacía de tipo centro-periferia), es similar en la mayoría de los países de Europa Central y del Este (Polonia, República Checa, Hungría).

2) La red "en malla", característica de los países que se localizan en el corazón económico de Europa, desde Milán hasta Amsterdam: Alemania, Suiza, Holanda, Bélgica o Italia. Las ciudades están en competencia entre ellas, en ámbitos o espacios muy restringidos: por tanto, tas mallas son muy cerradas.

De la misma manera, existen diferencias en cuanto a los conceptos de ordenación del territorio, que varían según el país del que se trate; en ese sentido, hay un renovado interés por aclarar los temas y/o conceptos del debate: ciudad, campo, jerarquía urbana, redes urbanas, ejes de desarrollo, etc. Así por ejemplo, en Alemania se desarrolla la noción de redes urbanas con énfasis en la teoría de los lugares centrales, Por su parte, en Suecia se desarrolla un enfoque por regiones urbanas funcionales. Para Portugal, las ciudades pequeñas y medianas constituirían eslabones esenciales, susceptibles de impulsar el despliegue urbano en la difusión del desarrollo hacia el campo circundante. España, por su parte, insiste también en los sistemas urbanos y el fortalecimiento de las redes de ciudades a partir de la existente.

La expansión espacial de las aglomeraciones se aceleró brutalmente en la mayor parte de los países europeos, con el fuerte aumento de acceso a la propiedad de casas-habitación individuales. También la construcción de infraestructuras de transporte rápido ha contribuido a la difusión del habitat y de ciertas actividades en la periferia de las ciudades, en distancias cada vez más alejadas de los espacios de fuerte densidad y de la concentración de las viviendas.

La expansión urbana se materializa por las movilidades residenciales o por el deslizamiento de las actividades industriales y comerciales desde el centro hacia la periferia, aunque las causas son diferentes según los países. Por ejemplo, en Luxemburgo se trata de simples movilizaciones diarias del domicilio al trabajo, o bien, de estrategias empresariales fundadas en diversos criterios económicos (rentabilidad, necesidades espaciales, existencia de infraestructuras, exenciones impositivas locales, etc.). En el caso de Portugal, el actual crecimiento urbano tiene varias causas, entre las que destacan la difusión del habitat, la generalización territorial de los modos o formas de consumo urbano, el desarrollo de nuevas formas de trabajo y la ampliación de las cuencas del empleo, la aparición de nuevas técnicas de información y de comunicación y la búsqueda de nuevos espacios en las zonas rurales por parte de los citadinos, en términos de una mejor calidad de vida (Ibid. 7).

Estos movimientos de dispersión, de los que depende una gran parte del renacimiento demográfico del campo (Kayser, 1993), ha borrado, desde hace muchos años, los perímetros de delimitación entre los espacios de las ciudades y del campo. Así. se considera que el renacimiento rural es resultado de un doble movimiento: por un lado, el de los habitantes del medio rural que permanecen en su ámbito y, por otra, la continua llegada de población urbana al campo. Este es un proceso que se observa ampliamente en las coronas periurbanas y en los espacios rurales que circundan a las áreas metropolitanas.10

Otro aspecto que ha tomado relevancia en la política europea de ordenación del territorio tiene que ver con la sustentabllidad del crecimiento de las ciudades; ¿cómo conciliar la protección del ambiente con la expansión urbana? Se vuelve imprescindible que la nueva relación campo-ciudad mantenga y mejore el tejido económico, social y ecológico del campo. Esto lleva a las posiciones del desarrollo durable, enfatizadas por Holanda y España, que insisten sobre el patrimonio natural y el encuentro del equilibrio entre conservación y desarrollo.

Por otro lado, ¿cuáles son las funciones asignadas a los espacios rurales en los diferentes Estados de la Unión Europea? Se trata de definir no sólo las características y actividades propias del campo (agricultura, ganadería, explotación forestal, turismo, etc.), sino también su recomposición en términos de las transformaciones en curso (reforma de la Política Agrícola Comunitaria, despliegue urbano, etc.) y las que están por venir (nuevas relaciones campo-ciudad). En los distintos países, el ámbito espacial del campo se percibe de manera diferente. En Suecia, el campo tendría la, tendencia a convertirse, de alguna manera, en amortiguador del crecimiento urbano. En los Países Bajos (Holanda), sería más bien una zona verde para las prácticas turísticas de los citadinos. Para Portugal, el riesgo mayor de la expansión urbana sería el que el campo se convierta en el basurero de las ciudades, recibiendo todas las actividades no deseadas por los centros urbanos (industrias contaminantes, descargas urbanas, entre otras).

Actualmente, para una mejor comprensión del fenómeno periurbano y su planificación en Europa, se enfatiza en una serie de estudios que analizan aspectos fundamentales como la expansión del habitat y sus consecuencias sobre los desplazamientos de la población, así como la constatación de la evidencia real en el aumento en la construcción de casas individuales; también en el análisis de la extensión y la potencialidad de las cuencas de la mano de obra. Otro elemento fundamental en la dinámica de lo periurbano, lo constituye la evaluación de los efectos de las infraestructuras del transporte rápido, sobre la localización de las actividades (nudos de comunicación, difusión o capilaridad a partir de las ciudades); ello llevaría a la elaboración de cartografía local del fenómeno para las zonas de fuerte densidad poblaclonal zonas naturales, zonas periurbanas, etc., así como sus ventajas y repercusiones territoriales. También se requiere elaborar un inventario de los costos de. la periurbanización (superficies agrícolas absorbidas, gastos de desplazamientos, dispersión de los servicios), desarrollando materiales cartográficos que den una idea de la presión que ejerce la ciudad sobre el ámbito rural. Por último, a través de dichos estudios, se pretende arribar a una definición de las nuevas formas de centralidad inducidas por la expansión de las ciudades (Ibid.: 12-15).

 

LA CONFORMACIÓN DE LOS ESPACIOS PERIURBANOS EN MÉXICO

Hoy día en México son patentes las transformaciones territoriales que han ocurrido como consecuencia de la expansión incontrolada de las zonas urbanas; tanto las ciudades grandes como las medias crecieron sin control en la década de los años setenta: si bien la tendencia comenzó a revertirse hacia la década de los años ochenta, no dejaba de progresar. Enormes extensiones de terreno agrícola fueron incorporadas en la jerarquía y la dinámica de las grandes ciudades. Un ejemplo lo constituye el oriente de la Ciudad de México, donde se constituyó una de las conurbaciones más grandes del país, la que está conformada por el corredor urbano asentado en el vaso del ex lago de Texcoco. Nuevos centros urbanos se consolidaron (Ciudad Nezahualcóyotl) y otros de menor jerarquía experimentaron transformaciones territoriales que manifestaban una transición entre lo rural y lo urbano, sin definición clara hacia un ámbito o hacia el otro.

En efecto, en lo que se refiere a su configuración espacial, el proceso de la periurbanización parece Ir en la misma dirección en cuanto a las formas en que se manifiesta en los países desarrollados (Delgado. 1999:82), aunque con causas diferentes y con matices estructurales y territoriales propios. En los países industrializados, el proceso periurbano se ha configurado principalmente a partir del traslado de la población y de las actividades productivas hacia la periferia; en México el proceso sigue la misma dinámica, en una estructura territorial ampliamente condicionada por la evolución del modo de producción capitalista, con las características propias del subdesarrollo que ha enmarcado a la sociedad mexicana y que en determinadas situaciones la diferencian. Por ejemplo, en situaciones como la existencia de la segunda residencia, o bien, la movilidad cotidiana de a población perlurbana, que en gran medida alimentan el proceso en los países industrializados, si bien están en aumento, tienen aún muy poca relevancia para explicar el fenómeno en sociedades como las de Latinoamérica y, en especial, la mexicana.

Más bien habría que destacar ampliamente lo que se refiere a los cambios en el uso del suelo que ocurren en las ciudades, como consecuencia de las ocupaciones legales e ilegales de tierras en la periferia de las ciudades, fenómeno que alimenta en gran medida la expansión urbana.

Procesos conexos como la concentración económica, la crisis del sector agrícola, el crecimiento de la población y la migración hacia los centros urbanos, el encarecimiento y nulo acceso al suelo urbano, la precariedad y la pobreza, entre otros, pueden explicar la existencia y desarrollo del fenómeno periurbano en una buena cantidad de ciudades de México.

Si bien ya se han elaborado algunos trabajos que apuntan en esta dirección, sigue siendo un tema pendiente el estudio de las implicaciones territoriales que ocurren en el sector agrícola urbano y periurbano, en el contexto de la globalización económica, sobre todo a raíz de las modificaciones hechas a la legislación agraria en 1992 y la promulgación de (a nueva Ley Agraria; en este mismo contexto globalizador deben analizarse los efectos de la apertura comercial sobre los espacios agrícolas periurbanos, así como las consecuencias que ocurrirían en dicho ámbito, a partir de la puesta en marcha de los distintos acuerdos y tratados económicos que ha suscrito México con diferentes bloques regionales en el mundo (Ibid.).

La dinámica del crecimiento urbano sobre las áreas rurales ha sido un tema abordado por las instancias gubernamentales en México, más o menos desde la década de los años cincuenta. Desde entonces, importantes extensiones de tierras ejidales y comunales se han incorporado a la zona urbana, generalmente bajo la forma de expropiaciones: tierras que originalmente estaban destinadas a usos agrícolas, pasaban a ser susceptibles de urbanización, si bien los cambios eran operados por autoridades agrarias. Hacia finales de los años setenta, el precarismo urbano sobre terrenos comunales y ejidales comenzó a tomar proporciones elevadas. La creciente presión migratoria provocaba la venta ilegal de tierras de propiedad social. Así, el precarismo y la marginalidad son dos fenómenos que han acompañado a la expansión urbana durante la segunda mitad del siglo XX (Seyde, 2000:72-73).

A principios de la década de los años setenta, el Estado mexicano instaura ex-profeso, diversos organismos para enfrentar de manera específica lo referente a la expansión urbana en terrenos rurales. Para ese fin, en 1971 se crea el Instituto Nacional para el Desarrollo de la Comunidad y la Vivienda Popular (INDECO), con objeto de desarrollar programas habitacionales y legitimar la tenencia de la tierra. Dicho organismo adquiría terrenos ejidales y comunales, aunque al mismo tiempo solicitaba y se beneficiaba de expropiaciones con fines urbanos. En 1974 se crea la Comisión para la Regulanzación de la Tenencia de la Tierra (CORETT), con el fin de ejercer acciones sobre las propiedades irregulares y programar la disponibilidad de espacios libres para el crecimiento urbano.

En 1992 tiene lugar la reforma constitucional al artículo 27. Se establece la posibilidad de privatizar el ejido, con lo que los ejidatarios están en libertad de disponer de su propiedad. En cuanto a lo urbano, en la Ley Agraria se prevé que las tierras ejidales que están en el área de crecimiento de un centro de población, deben sujetarse a la normativa y leyes en materia de asentamientos humanos; la Ley Agraria ya no limita a promotores y beneficiarlos de las expropiaciones ejidales y comunales, quienes pueden realizar esta acción de manera personal, directa; los ejidatarios pueden constituir sociedades mercantiles entre sí y pueden aportar las tierras comunales o ejidales a una sociedad (González y Vargas, 2000:62). Sin embargo, la realidad es diferente y se ha percibido que las modificaciones a la legislación agraria, que pretendían otorgar seguridad jurídica a los posesiónanos de tierras, han provocado que se incremente la especulación del suelo (Ibid. ;66).

Actualmente, en el diagnóstico del Programa Nacional de Desarrollo Urbano 1995-2000 se establece la necesidad de incorporar 150 000 ha de tierras rurales al desarrollo urbano, a fin de atender los efectos de la dinámica de expansión urbana en las cuatro zonas metropolitanas y de las 116 principales ciudades medias del país; de esa cantidad, 105 mil hectáreas, dos tercios del total de tierra urbanizare, es patrimonio de ejidos y comunidades (Seyde, 2000:71-72). La irregularidad en la tenencia de la tierra representa más del 65% del crecimiento urbano nacional y de este universo, cerca de 80% es producto de la necesidad de vivienda de parte de los grupos de mayor marginación, con familias urbanas con Ingresos por debajo de los tres salarios mínimos, por lo que sólo tienen acceso a la oferta de lotes irregulares (Ibid.: 83-84).

Hoy día la gestión y regularización de los espacios periurbanos, en las ciudades medias y las distintas metrópolis mexicanas, se lleva a cabo a través de un organismo denominado Programa de Incorporación del Suelo Social (PISO), que coordina la Incorporación de suelo a fin de equilibrar los beneficios de los núcleos agrarios, con la participación del sector privado; dicho programa "... tiene por objetivo inducir el cambio de propiedad de las tierras ejidales ubicadas en espacios de expansión urbana, ... (para) constituir bolsas de suelo que permitan la oferta oportuna de suelo legal y apto para proyectos de equipamiento urbano, desarrollo regional y vivienda" (Ibid.: 85).

La intervención gubernamental en los procesos de Incorporación de uso para suelo urbano se enfoca principalmente al suelo de origen ejidal y comunal. La irregularidad en la tenencia de la tierra sigue siendo uno de los problemas centrales de las zonas urbanas del país. La experiencia de un gran número de casos de regularización demuestra que cuando se adquiere ilegalmente un predio ejidal es posible legalizarlo y adquirir el título de propiedad, con lo que se podrá demandar la dotación de infraestructura urbana. La irregularidad en la tenencia de la tierra va acompañada de ventas disfrazadas, de Invasiones; lo ejecutan organizaciones que promueven la ocupación irregular y generalmente, son ellos mismos los gestores para la regularización. (ibid.:66).

 

LA AGENDA DE LOS ESTUDIOS PERIURBANOS EN MÉXICO

En México hay una agenda pendiente en cuanto a este tipo de estudios. El proceso de transformación en los espacios urbano-rurales ofrece un amplio ámbito de investigación, bajo distintas vertientes. Desde la caracterización específica de lo periurbano, partiendo de la producción del espacio, hasta las diferentes modalidades del crecimiento urbano sobre las áreas rurales a partir de la expansión de las metrópolis, fenómeno de gran vigencia en el contexto de la globalización.

Otra vertiente de estudio contemplaría el uso de los territorios periurbanos en términos de la incidencia sobre el ambiente: por ejemplo, la ruptura de los paisajes y las modalidades en el uso de los recursos naturales. En cuanto a la cuestión ambiental en los espacios urbano-rurales, destaca por su urgencia el estudio de la Intensa degradación de los cuerpos de agua, los suelos y el tratamiento de los desechos sólidos.

Una cuestión de fundamental importancia en el análisis de los espacios periurbanos, la constituyen las transformaciones territoriales, debido a factores económicos, especialmente las que se derivan de los ajustes estructurales en la economía (cambios en el régimen de propiedad de las tierras, políticas sociales y de Inversión en los ámbitos urbano y rural, etc.). También es importante conocer su trascendencia o efectos en la economía local, como los cambios en el uso de la tierra (de agrícolas a urbanos o industriales, etc.), el desarrollo de actividades industriales, artesanales y de maquila, la práctica de actividades primarias (agricultura, ganadería, silvicultura, acuicultura, etc.) a nivel familiar, o bien, el paulatino crecimiento del sector servicios.

En especial, destaca el conocimiento de la dinámica y modalidades bajo las que se practica la agricultura periurbana, que en los últimos años ha adquirido una gran relevancia, por su creciente participación en los mercados urbanos y en la conformación de los sistemas alimentarios de los espacios periurbanos y en la generación del empleo local.

Desde e punto de vista de la construcción identitaria de los habitantes del periurbano, hay que analizar los nuevos roles y las estrategias que adoptan los actores locales en las zonas de transición urbano-rural; las redes sociales-territoriales que ahí existen; las nuevas identidades que construyen los habitantes del periurbano. El imaginario social, el sentido de la pertenencia territorial y lo simbólico-territorial en cuanto al patrimonio cultural.

En resumen, las diferentes manifestaciones expresadas en el espacio periurbano, constituyen una importante veta de estudios, acerca de un fenómeno que persistirá bajo nuevas formas y modalidades en el contexto de la economía global.

 

NOTAS

1 Inicialmente se retoma el concepto utilizado en la literatura francesa. Se refiere a la extensión continua de la ciudad y a la absorción paulatina de los espacios rurales, se trata del espacio donde se desarrollan prácticas agrícolas (agricultura urbana y periurbana) y pecuarias ligadas a los mercados urbanos y donde se incorporan otras actividades, no necesariamente de carácter primario.

2 Lugar del que se ha cuestionado, entre otras cosas, la viabilidad en las condiciones físicas de la ubicación específica. Especialistas en Edafología han demostrado la inconsistencia del material lacustre que conforma el suelo de la zona, lo que pudiera provocar hundimientos en las pistas de aterrizaje bajo un uso intenso (La Jornada, 20 de octubre de 2000:39).

3 En los últimos años se ha generalizado el uso de las comunicaciones electrónicas, principalmente Internet, en la vida cotidiana de las explotaciones agrícolas de algunos países europeos; sea para estar al corriente de las transacciones de los productos agrícolas en los principales centros financieros y comerciales en el mundo, o bien, para la promoción de los productos artesanales del terreno (vinos, quesos, pan, mermeladas, charcuterías, patés, etc.), de amplia demanda y la mayoría, bajo denominación de origen.

4 La composición de las asambleas (parlamentos ocales) ha ido cambiando paulatinamente en los espacios periurbanos franceses. En esos órganos se ha reforzado la presencia de representantes políticos que proceden de las ciudades capitales (regionales o departamentales), debido a que han cambiado de lugar de residencia en los años recientes. Dichos cuadros (jefes de empresas, jubilados, burócratas, administradores, profesionistas liberales, etc.), han ido reemplazando a los políticos locales, de antiguas familias con tradición en la región. "Des élus: entre questions rurales et revendications urbaines" (Le Monde, 1999:13).

5 "el periurbano es todo aquello que está alrededor de la ciudad y que en realidad hace parte de la ciudad por las actividades y los modos de vida de tos habitantes; comprende todo el espacio de la nueva urbanización por la lotificación y las construcciones individuales [...] con frecuencia se utiliza el término como banlieu [...], es un espacio mayor de traslados; el empleo de sus habitantes está provisto esencialmente por la aglomeración urbana", Brunei et al., 1992.

6 La rurbanisation, ou la ville éparpillée, 1976.

7 Que se refiere concretamente a la difusión de nuevas construcciones, sobre todo conjuntos habitacionales, en el espacio rural que circunda a las ciudades.

8 Si bien, la mayoría de estos talleres se ubica en las zonas marginales del espacio urbano.

9 Hacia 1990, 90% de los hogares que habitan el espacio con dominancia rural no registraban a ningún trabajador agrícola; otro dato revelador es que, en ese año, menos de 20% de los empleos rurales eran empleos agrícolas. Desde principios de los años ochenta, las tendencias muestran un fuerte retraimiento del número de empleos agrícolas en todos los tipos de espacios rurales; dicho proceso ocurre en el marco de la organización de los mercados agrícolas en el ámbito europeo, que incita más bien al agrandamiento de las explotaciones agrícolas, que al mantenimiento de un gran número de agricultores (INSEE-INRA, 1998:6).

10 En el departamento de L'lle-de France, donde se encuentra París, cerca de dos tercios de la población recién instalada en el espacio rural, provienen de la aglomeración parisina (Berger y Génard, op cit.).

 

REFERENCIAS

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