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Investigaciones geográficas

versión On-line ISSN 2448-7279versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.42 México ago. 2000

 

Dinámica regional de Yucatán 1980-20001

 

Ana García de Fuentes* Josefina Morales**

 

* Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN (CINVESTAV), Unidad Mérida, Sección de Ecología Humana, Mérida, Yucatán. E-mail: INFO@KIN.CIEAMER.CONACYT.MX

** Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, Circuito Escolar, Cd. Universitaria, 04510, Coyoacán, México, D. F.

 

Recibido: 10 de agosto de 1999
Aceptado en versión final: 23 de febrero de 2000

 

Resumen

La globalización ha impulsado profundas transformaciones regionales en medio de una larga crisis estructural y ha desplazado el eje de la producción económica en Yucatán que descansó en el siglo XX en la monoproducción exportadora del henequén. Tres ejes de la política neoliberal se aplican en la región: la privatización de la empresa pública, la apertura al capital extranjero y la reorientación de la producción hacia el mercado exterior, y afectan toda la estructura económica de la región, al mismo tiempo que se consolida la recomposición del capital regional en el contexto de la del capital nacional, Los nuevos ejes de la dinámica regional, la porcicultura, la industria maquiladora y la renovación de la infraestructura de transporte y comunicaciones, modifican los procesos territoriales de la entidad e imprimen nuevas modalidades a la inserción internacional de estas frontera.

Palabras clave: Globalización y región, Yucatán, México.

 

Abstract

Amidst a long structural crisis, globalization has promoted deep regional transformations in Yucatan that have moved the axis of its economic production, which during the 20th Century rested exclusively in the production of henequén for export. Three axes of the neoliberal policy are applied in the region: privatization of public businesses, opening to foreign investment, and reorientation of production toward the external market. These axes affect the whole economic structure of the region, while, at the same time, there is a consolidation in the re-accommodation of regional capitals in line with the re-composition that is taking place within capitals at a national level. The new axes of regional dynamics, namely swine raising, contract manufacturing industry, and the renovation of the communications and transportation infrastructure, modify the territorial processes in Yucatan, imprinting new features to the international insertion of this border zone.

Key words: Globalization and region, Yucatán, Mexico.

 

INTRODUCCION

Las transformaciones provocadas por el llamado proceso de globalización, cuyos ejes son un inédito nivel de concentración y centralización del capital que implica su acumulación global, nuevos mecanismos de extracción de plusvalía que han reorganizado el proceso de trabajo y la revolución científico-técnica que revoluciona las fuerzas productivas, han impulsado la fragmentación y el cambio de escala de los procesos productivos, multiplicando las contradicciones económicas, sociales y políticas a escala local, regional, nacional e internacional.

Este proceso se presenta en medio de una crisis estructural de largo plazo caracterizada por bajas tasas de crecimiento, modificaciones en el ciclo de reproducción y recurrentes crisis sectoriales. En el caso de México, a partir de la crisis de la deuda en 1982 y la caída de los precios internacionales del petróleo, la economía se transforma violentamente como resultado de la imposición de nuevas formas de inserción en la economía internacional.

Tres políticas definen este proceso: la privatización de la empresa pública, la apertura del mercado interno al capital extranjero y la reorientación de la producción a la exportación, al mismo tiempo que la participación en sistemas fragmentados de producción industrial trasnacional, las llamadas maquiladoras. Este fenómeno repercute en el desarrollo regional al romper procesos de integración regional e incluso del mercado nacional y convertir zonas específicas en plataformas territoriales de exportación.

Las fronteras adquieren nueva dimensión estratégica. La del norte, más dinámica y cada vez más vinculada hacia el sur de Estados Unidos, plantea la configuración de una nueva región trasnacional. La del sur, indígena, exhibe con el levantamiento zapatista del 1 de enero de 1994 la cuestión indígena no resuelta. Y la península de Yucatán, frontera caribeña, experimenta procesos claves como la explotación petrolera, el turismo y la maquila, en medio de ancestrales estructuras socio-políticas marcadas por la dominación indígena y el caciquismo priísta.

 

ANTECEDENTES: YUCATÁN, EMPORIO REGIONAL

Desde el último cuarto del siglo pasado la economía de Yucatán giró en torno al cultivo, industrialización y exportación del henequén.2 Su momento de mayor exportación fue 1916 (201 QQO tons). A partir de 1929 la producción henequenera descendió y se recuperó ligeramente durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea. Su participación en la economía estatal fue mayoritaria hasta la década de 1970, en que la contracción fue vertiginosa tanto en su fase agrícola como industrial.3

Ante el desplome del henequén, el Estado subsidió la fase agrícola para mantener un precio bajo a la iniciativa privada, que participaba en las etapas más rentables, como la desfibración y la industrialización. Entre 1961-64 compró las cordelerías y creó el complejo CORDEMEX; finalmente, adquirió las desfibradoras y para 1976 tenía el control total del proceso (Villanueva, 1990).

El henequén fue el elemento rector de la configuración regional de Yucatán, el eje de la acumulación de capital durante más de un siglo (1987-1990). Esta monoproducción definió una región homogénea relativamente estable, que hacia 1970 concentraba la actividad económica y 68.1% de la población, con Mérida como centro, Progreso, puerto exportador y lugar de veraneo de la burguesía local, y 58 municipios productores de henequén. La estructura regional del resto del estado la conformaba una pequeña región histórica de agricultura comercial, situada al sur, en la zona de mejores suelos, que concentraba 7.8% de la población. Un 24.1% restante de la población se distribuía en pequeños poblados dispersos en un enorme espacio de economía milpera tradicional en el que predominaba la población indígena.

La riqueza generada por el henequén y las actividades vinculadas dio lugar al crecimiento de un centro urbano muy importante, Mérida, que llegó a ser, por su tamaño, la quinta ciudad del país durante el porfiriato.

En 1970 el ingreso de la mitad de la población económicamente activa de la entidad aún dependía en forma directa del henequén (García, 1995). El eje dinámico de la economía, más que el henequén, empezó a ser el subsidio a éste, que fue creciendo y se mantuvo hasta la década de los noventa creando una derrama económica que repercutió en el desarrollo del comercio.

Durante el expansionismo estatal se realizaron inversiones públicas para crear alternativas a la monoproducción henequenera. La citricultura se inició en 1964 con el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo al Plan Chaac y se consolidó en la década de 1970, Se orientó a la producción de naranja para cubrir la demanda de Florida en la temporada baja de otras zonas. Este plan se desarrolló en municipios del sur en una franja que, por sus condiciones de suelo relativamente mejores al del resto del estado, tenía una tradición de agricultura comercial. Se creó infraestructura de riego y se brindó apoyo técnico, crédito y variedades mejoradas.

La pesca fue apoyada con obras de infraestructura (puerto de abrigo y caminos, energía eléctrica, teléfono, agua potable) y financiamiento para la actividad y su proceso industrial (Fraga y Rodríguez, 1995), lo que atrajo población a la costa, con su consiguiente incremento.

En 1978 se puso en marcha el "Programa de Diversificación Agroindustrial para la Zona Henequenera Yucateca", que impulsó algunas producciones como la horticultura, la floricultura y la producción de sábila.4

La avicultura se impulsó desde principios de los años setenta, habiéndose logrado el auto-abastecimiento de la zona, cuya producción se concentró rápidamente en tres modernas empresas, mientras que la porcicultura, que alcanzó un importante desarrollo, creció dentro de la estructura ejidal en condiciones tradicionales.

Estas actividades primarias tuvieron un fuerte impacto social y territorial, sin embargo, desde el punto de vista económico su significado fue muy limitado. En 1985 el sector primario de Yucatán representaba sólo 9.3% del PIB estatal (Cuadro 1).

 

Dinámica demográfica

A lo largo del siglo XX, Yucatán pasó de ser una entidad expulsora de población a ser receptora en las dos últimas décadas. Con excepción del período 1910-1921, registró tasas de crecimiento por debajo del promedio nacional, e incluso del peninsular. A partir de 1970, si bien mantiene un saldo migratorio negativo, éste disminuye y desde 1980 la población del estado empieza a crecer a una tasa superior a la nacional.5

Dos aspectos permiten comprender el alcance de esta dinámica demográfica. Por una parte, Yucatán continúa expulsando un elevado porcentaje de población rural; sin embargo, su capital se convirtió en una de las ciudades medias de equilibrio, receptora de inmigrantes urbanos principalmente del centro del país. Por otra, en el contexto peninsular, continúa siendo la entidad más poblada, pero su importancia relativa ha disminuido de 69.1% en 1970 a 53.6% de la población total en 1995. La creación de Cancón, la colonización de Quintana Roo y la explotación petrolera en la Sonda de Campeche explican este fenómeno.

En 1995 la población de Yucatán superaba el millón y medio de habitantes (INEGI, 1995). En comparación con el resto del país su poblamiento es inferior al promedio (tiene 1.7% de la población y 2.1% de la superficie nacionales). Sin embargo, hay que remarcar que en el contexto de la península presenta una alta concentración de población, ya que con un 28.2% de la superficie concentra más de la mitad de sus habitantes.

La distribución de la población en la entidad es muy irregular. Destaca la gran concentración de la zona metropolitana de Mérida con 472 hab/km2; le sigue la ex región henequenera con una densidad de 31 hab/km2. En contraste, la región ganadera (el oriente) tiene una densidad es de sólo 13 hab/km2 y como caso extremo cabe distinguir el municipio de San Felipe, cuya densidad de sólo 2 hab/km2; el resto del estado, zonas maicera y frutícola, registra densidades de 15 hab/km2.

La población que vive en localidades de más de 15 000 habitantes pasó de 32.7% de la total en 1970 a 55.7% en 1990. Existen pocas ciudades y el salto jerárquico es muy grande. Destaca Mérida como centro cuya influencia regional supera los límites estatales. Esta ciudad presenta un fuerte proceso de metropolización con Umán, Kanasin y Progreso, y concentra prácticamente la mitad de la población del estado en 1995.

El salto al siguiente nivel en jerarquía urbana es cualitativa y cuantitativamente muy grande. Valladolid, Tizimín y Ticul son centros de organización comarcal, cuya población representa apenas entre un 4 y 6% de la de Mérida, ya que ninguno alcanza los 40 mil habitantes.

En un siguiente escalón, más determinado por sus funciones que por el número de habitantes, que fluctúa entre 15 000 y 25 000, están Motul, Izamal y Hunucmá en la ex zona henequenera, y Tekax, en el sur, mientras que en las regiones maicera y ganadera no existe ninguna localidad que cubra este escalón (Figura 1).

Las localidades entre 10 000 y 15 000 habitantes concentraban en 1990 sólo 2.8% de la población y aquéllas entre 5 000 y 10 000 habitantes, 9.14%; mientras que en las localidades rurales (menos de 5 000) vivía 32,4% de los habitantes.

La población de núcleos muy pequeños, inferiores a 2 500 habitantes, se mantiene elevada (21.4% en 1990), si bien tiende a decrecer (35% en 1970). La población dispersa, es decir, la que vive en asentamientos de una y dos viviendas, aunque estadísticamente es muy baja (0.76% del total), es importante desde el punto de vista geográfico por el gran territorio que ocupa.

En este caso están las regiones ganadera y maicera: en la primera, 33% de la población vive en localidades de menos de 2 500 habitantes y 3.2% está dispersa; en la segunda, 47.46% vive en localidades de ese tamaño, pero la dispersión extrema es menor, 1.8% del total (García et al, 1996).

 

LA CRISIS Y EL DESPLAZAMIENTO DEL EJE DE PRODUCCIÓN

A pesar del deterioro de la producción henequenera, el subsidio continuó hasta principios de los años noventa, soportando una economía cuya planta industrial, comercial y de servicios adquirió desde los años setenta una dinámica propia vinculada principalmente al desarrollo de Cancón (Ramírez, 1991).

Las décadas de 1970 y 1980 se caracterizaron por el desplazamiento paulatino del eje de acumulación de capital, que de ese binomio henequén-subsidio se orientó al comercio, la construcción y los bienes inmobiliarios; sectores entrelazados con un carácter muy especulativo, que facilitan su rápida reproducción. Ramírez señala que "el rápido proceso de monopolización del sector comercio y su acelerada centralización y acumulación de capitales en un pequeño grupo de empresarios, ha ido en incremento conforme se prolonga la situación nacional de crisis económica". En Yucatán el sector terciario concentró en 1985 un 69.3% del PIB frente a 57.6% nacional, con una agricultura en abandono y un sector industrial que contribuía apenas con 13.4% del PIB contra un promedio nacional de 23.3%.

Determinante en este proceso fue el desarrollo de Cancún. Su construcción fue fundamental en el sostenimiento de la economía de Yucatán por el empleo de obreros de la construcción que remitían su salario a sus familias en la entidad; por el consumo de materiales de construcción que dinamizó esta industria; por el desarrollo de las constructoras yucatecas que abarcaron un importante porcentaje de las obras; por los requerimientos de productos y servicios de todo tipo para los que Mérida resultó el centro urbano más cercano capaz de proporcionarlos. La burguesía yucateca participó en la construcción, la venta de materiales para construcción y de productos de primera necesidad; y más tarde estableció en Cancón sucursales de sus comercios.

Elemento multiplicador en la reproducción del capital fue la construcción que generó en 1980 un 9% del PIB estatal y proporcionó 23.8% de la ocupación industrial. Se vincula también a la creación de infraestructura en el propio estado: carreteras en la década de los setenta, la ampliación del aeropuerto, la autopista Mérida-Cancún, la terminal remota del puerto de Progreso y la construcción de vivienda y de locales comerciales que en Mérida alcanzó proporciones descomunales.

Una característica fundamental de este período es el descenso de la actividad manufacturera por la caída del henequén, que de representar 21.9 % del PIB estatal en 1970, cifra cercana al promedio nacional de 23.7%, cayó a 13.4% en 1985.

Las políticas neoliberales y la globalización se insertan en una región cuya economía era poco significativa en el contexto del país, con sólo 1.1% del PIB nacional en 1985, dominada por la especulación comercial, financiera e inmobiliaria y donde el gran peso del capital estatal y del subsidio se mantienen hasta principios de los noventa.

 

POLÍTICAS NEOLIBERALES Y TENDENCIAS EN LA GLOBALIZACIÓN

Los tres ejes del proceso globalizador nacional ya mencionados se presentan en Yucatán, donde adquieren características regionales: la privatización se expresa en el abandono estatal de la monoproducción henequenera, proceso contradictorio y difícil que culminó con la liquidación de los 8 000 obreros de Cordemex en 19916 y con la terminación del subsidio a los campesinos henequeneros en 1992. Acciones que representaron una profunda transformación económica y social en la región, al dejar prácticamente sin ocupación a la población de 58 municipios.

Existen otras acciones públicas con impactos importantes. A manera de ejemplo, se tiene el manejo del puerto de altura, ampliado con inversión estatal y que se concesionó a la iniciativa privada, así como la desregularización de la reserva territorial de la ciudad de Mérida.

 

PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN

En relación con el proceso de industrialización, el sector manufacturero de Yucatán, fundamentalmente agroindustrial, registró profundas transformaciones en los últimos 25 años y presenta ahora un crecimiento significativo del empleo, que pasó de 32 000 ocupados en 1988 a 55 000 en 1993, este incremento de 71.2% es superior al del empleo en el comercio (principal fuente de ocupación en el estado), que fue de 55.86%. Sin embargo, la participación en los ingresos generados por las empresas industriales disminuyó; de representar un 60% del valor de los ingresos del comercio bajó a 44.76% en el mismo periodo;7 su participación en el PIB empezó a recuperarse muy lentamente hasta después de 1993 y en 1996 apenas representa 14.1% (Cuadro 1).

La ampliación del mercado regional impulsa a un buen número de industrias, al mismo tiempo que se registra una concentración y recomposición del capital con la llegada de los grandes monopolios nacionales y trasnacionales, que compiten con los grupos locales por el dominio de este mercado. Fuertes capitales comerciales locales desplazan a la vieja aristocracia henequenera en algunos sectores, mientras que en otros, ésta se asocia, vende o es desplazada por los grupos extra-regionales.

Las grandes empresas pasan a formar parte de monopolios nacionales o trasnacionales, que utilizan sus plantas peninsulares como plataforma de exportación para el Caribe y Centroamérica, como es el caso del cemento, el pan industrializado y la cerveza.

Durante la crisis destaca la brutal caída de la industria henequenera (textil de fibras duras), que de representar 34,5% del valor y 45.6 del empleo en 1970, descendió a 7.3 y 13.9%, respectivamente, en 1988 y con el cierre de Cordemex cayó hasta el 3.4 y 5.2%, respectivamente (Cuadro 2).

Entre 1988 y 1993 destaca el crecimiento del sector alimenticio, que alcanza 49% del valor de la producción industrial, al mismo tiempo que disminuye su participación en el empleo de 36 a 33.7%. Esta actividad registra un cambio cualitativo, ya que pasó de las pequeñas Industrias de productos de primera necesidad a importantes empresas de alcance regional, principalmente en las ramas aceitera, que en 1993 representa 29.7% del valor de la industria alimenticia; cervecera, refresquera y de agua purificada (27,6%); harinera (13.3%) y la de embutidos y procesamiento de carne (8.8%); mientras que el procesamiento de pescados y mariscos disminuye su participación, ya que predomina el congelado-fresco (fresh frozen) para exportación, con poco valor agregado.

La reorientación del sector primario hacia la ganadería, y particularmente hacia la porcicultura y avicultura con fines de exportación, convierte a la entidad en importante importadora de grano y procesadora de alimentos balanceados. Esta rama industrial surge en los setenta y es una de las orientaciones fundamentales de especialización regional, con 11.2% del valor de la producción en 1993, año en que la entidad ocupó el quinto lugar nacional en esta producción, a pesar de que en la región no se produce grano y todos sus insumos son de importación. Esta rama continúa su crecimiento con los grandes proyectos porcícolas que iniciaron en 1991-92. Las plantas de alimentos balanceados dominan ahora el paisaje industrial entorno a Mérida.

Otro cambio notable es el desarrollo de la industria del vestido, muy vinculado a las maquiladoras, que con calzado y textil constituye la segunda fuente de empleo manufacturero en el estado al pasar de 12.5% en 1988 a 30.3 en 1993; su vinculación con la maquila explica también su baja participación en el valor de la producción, de sólo 6.1% en ese último año.

La rama de materiales de construcción junto con la construcción fue, como ya se dijo, uno de los motores de la economía desde los años setenta y durante la crisis. En 1993 contribuyó con 10.5% del valor de la producción manufacturera. La industria del plástico tuvo un auge durante los años ochenta, pero es uno de los sectores que más han resentido las nuevas condiciones económicas de los noventa. La producción metálica, de maquinaria y equipo, con innumerables talleres que abastecen a las otras ramas y sectores crece a partir de la década de los ochenta, y contribuía con 8.5% de la producción en 1993.

El sexenio salinista se caracterizó en Yucatán, al igual que en el resto del país, por una brutal recomposición del capital y por la expansión de poderosos grupos económicos a escala nacional e incluso trasnacional. En Yucatán es sólo hasta los años noventa que estos grupos logran romper el férreo control de la burguesía local sobre su mercado, mantenido más tiempo que en otros lugares, por el tradicional aislamiento y pobreza relativa que caracterizó a esta región, y porque su reciente desarrollo se hizo al amparo de Cancún, que les permitió crecer y consolidarse a escala peninsular durante la crisis.

Cementos Mexicanos (CEMEX) tercera productora de cemento en el mundo, gran exportadora y casi monopolio absoluto en el país, se fusiona con Cementos Maya, que ya era la principal industria local; Protexa, con sede central en Monterrey y con capital extranjero, instala una planta en Yucatán (Extrumex) para surtir de tubería de gran diámetro y alta presión a la industria petrolera del sureste. Rotoplas empieza a penetrar el mercado de tanques de almacenamiento de agua y en 1994 establece una planta para surtir desde aquí el mercado de la península. La Cervecería Modelo compra también la mayor parte de las plantas cerveceras del país, incluyendo la Cervecería Yucateca, constituye un gran monopolio nacional e incrementa sus exportaciones.

MASECA, el gran monopolio que domina hoy la materia prima para la producción de la tortilla (base alimenticia del país), establece plantas en todo el territorio, incluyendo la de Yucatán, desde la que domina el mercado centroamericano; se da una brutal lucha por romper el monopolio refresquero de "Embotelladora Peninsular" (Coca Cola, Cristal, agua purificada Cristal, envases plásticos y puestos de venta directa) y sólo hasta 1994 logra establecerse la concesión de Pepsi Cola, que también produce agua purificada "Electropura"; incluso en la industria del pan de fuerte tradición local, la Panificadora BIMBO compra la empresa TREVI en 1990 y crea un gran centro de producción para el sureste y Centroamérica.

En el análisis de la localización territorial de la industria destacan dos procesos, que sin llegar a romper la histórica centralización del sector en Mérida, sí modifican su papel, principalmente en relación al empleo: a) la expansión de la producción sobre el área metropolitana de Mérida (Umán, Kanasín, Progreso) y b) la amplia dispersión sobre el medio rural y las ciudades más pequeñas.

Mérida concentraba 82.4% del valor de la producción industrial en 1980, proporción que desciende ligeramente a 81.05% en 1993. Si se considera a los municipios industriales del área metropolitana, este porcentaje se incrementó de 89.5 a 92.1% en el mismo período, mientras que aumenta la participación de Mérida desciende la de los municipios aledaños en 4%. En esta zona la industria muestra su mayor diversidad y aquí se concentra prácticamente toda la industria de alimentos balanceados, plástico, química, editorial y metálica.

En los últimos años el número de trabajadores industriales fuera de la zona metropolitana de Mérida pasó de 32.3% en 1980 a 34.3% en 1993. Esta tendencia se fortalece con el boom maquilador, que multiplica las instalaciones industriales fuera de la capital. A la presencia del trabajo en el propio hogar, manifiesto en actividades como costura, bordado y tejido de hamacas, por encargo de empresas urbanas o en pequeñas empresas familiares, se agrega la instalación de maquiladoras, predominantemente de confección, en gran número de ciudades pequeñas y pueblos. El número de trabajadores en maquiladoras fuera de Mérida en 1999 es superior a las 8 000 personas en más de 30 establecimientos (Figura 1).

 

La maquiladora

Las primeras maquiladoras de Yucatán se establecieron a mediados de los ochenta, pero hasta la década siguiente esta industria muestra su importancia regional (García y Pérez, 1996). En 1990, 14 empresas ocupaban a 2 637 personas, para 1998 había ya 61 maquiladoras ocupando a 17 000 trabajadores (INEGI,1998).

Yucatán, por su ubicación, desempeña un papel particular en relación a este sector, a pesar de que el número de sus empresas y trabajadores en sentido estricto pueden resultar poco significativos a escala nacional. El número de maquiladoras en la entidad es cercano a las 71 empresas registradas en Jalisco, que tiene este tipo de industrias desde 1980, a las de Aguascalientes (67) y Puebla (62), y superior a las del Estado de México (50), Guanajuato (45), Sinaloa (10) y Baja California Sur (7), Es importante señalar que, además, existen en Yucatán otras empresas locales que operan como maquiladoras por capacidad ociosa.

En esta actividad industrial, como se sabe, destaca la participación del trabajo femenino obrero, sector que en Yucatán representó 64.7% del total, superior en 17.8% al promedio nacional de 46.9% (INEGI, nov. 1998). Proporción que también contrasta con la participación de la mujer en la ocupación industrial general en el estado, que fue de sólo 23% y en la ocupación total que fue de 21% (INEGI, 1990).

Entre los apoyos estatales para atraer a estas industrias se encuentran: a) la construcción de la terminal remota en el puerto de altura de Progreso (7 km mar adentro), la ampliación y modernización de las instalaciones aeroportuarias, infraestructuras fundamentales, ya que los insumos y productos finales de las maquiladoras se mueven por mar hacia los puertos de Florida y del Mississippi, y por aire hacia Houston y California, b) El sistema de capacitación para costear el entrenamiento de la mano de obra, que consiste en el pago, por parte del gobierno estatal, de una beca equivalente a un salario mínimo profesional durante el periodo de capacitación del trabajador en la fábrica, además de apoyo de transporte y, en ocasiones, beca o media beca alimenticia, c) Una guardería del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en el Parque de Industrias No Contaminantes, donde en 1996 se habían instalado siete maquiladoras.

El capital privado local, como ya se mencionó, construyó, con apoyos del gobierno federal, ese parque industrial y locales para vender o rentar a las industrias que vinieran a establecerse. En etapa más reciente, con la política de ubicación en pueblos más pequeños, los gobiernos municipales compiten por atraer a los inversionistas ofreciéndoles sin costo el terreno urbanizado.

Pero lo más importante es el abatimiento de los salarios para poder competir con los niveles internacionales y nacionales en la lucha por atraer capitales. Téngase presente que el salario obrero en México (dos salarios mínimos en promedio8) es equivalente a 48 ctvs. de dólar por hora, cuando el salario mínimo en Estados Unidos es superior a cinco dólares la hora y el industrial por lo menos al doble.9

En 1996, la remuneración media anual del trabajador obrero de la maquila en el país era de 31 732 pesos, en tanto que en Yucatán los trabajadores recibían apenas 55.7% de esta media nacional, 52.7% de lo que recibían los de Baja California y menos de la mitad que los de Chihuahua. En relación con los trabajadores administrativos y técnicos, la diferencia entre Yucatán y las entidades del norte era aún su remuneración media, apenas equivalente a 39.8% de la que recibían los de Chihuahua y a 47% de la de los empleados de Baja California (INEGI, 1998).

La región, por su relativa pobreza industrial y el largo control político de la población, a través de una economía basada en el subsidio (y su contraparte, la corrupción de líderes), no tiene un antecedente inmediato de organización sindical, a diferencia de la frontera norte, con tradición en sus cercanas zonas mineras e industriales, y con una fuerza de trabajo constituida por inmigrantes de todo el país, trabajadores ilegales expulsados de Estados Unidos y los propios trabajadores que rotan entre las maquiladoras en un proceso que empezó hace 30 años (García y Pérez, 1996).

Es evidente la vinculación de las maquiladoras de Yucatán con Estados Unidos: de las 60 empresas maquiladoras que había en 1997, 32 eran de capital estadounidense, cuatro de capital mexicano-estadounidense y una chino-estadounidense, además de que las cuatro maquiladoras de Hong Kong operan a través de su subsidiaria en Estados Unidos; sólo hay una de capital canadiense y una de la Comunidad Europea (italiana). El capital mexicano, y particularmente el yucateco, tiene presencia en 31 de las maquiladoras, de ellas exclusiva en 27.

Por tipo de productos existe una diferencia significativa en relación con el norte del país, donde predominan la maquila eléctrica, electrónica y de autopartes, mientras que en Yucatán la rama más importante es la confección de prendas de vestir y accesorios (industria del vestido), que concentra más de 75% del empleo.

Otros sectores representados son: el de joyería, la mecánica dental, el pulido de piezas metálicas de precisión y, en el ramo de servicios, la captura y procesamiento de información.

Un análisis del tipo de trabajo, tanto en la confección como en la mayoría de las otras maquiladoras, muestra que ambas tienen en común procesos con requerimientos manuales, que exigen mayor aporte creativo, individual, artesanal, que los procesos repetitivos del ensamble de partes eléctricas o electrónicas.

Un nuevo aspecto que destaca en la maquila yucateca es que, a partir de 1996, estas industrias empiezan a instalarse en ciudades y pueblos pequeños: Izamal, Motul, Tekax, Tekit y Valladolid, entre otras, que tienen desde 2 500 habitantes hasta alrededor de 40 000, en los casos de Valladolid y Tizimín, En estas localidades se ubican las maquiladoras de mayor tamaño de la entidad.

 

El comercio y los servicios

En este sector, también a partir de 1990, llegan a la región grandes empresas de capital extrarregional y franquicias estadounidenses, entre las que destacan: Chedrahui (cadena de supermercados originaria de Veracruz), Comercial Mexicana, Club de Precios asociado con Aurrerá, SAM's, La Parisina y franquicias de lavanderías de ropa y restaurantes estadounidenses: Burger King, Kentucky Fried Chicken, Mc Donalds, Subway, así como VIP'S, del grupo Aurrerá y Sanborn's.

Como se ha dicho, uno de los ejes de la globalización es la reorientación de la producción hacia la exportación. Estimaciones de SECOFI elaboradas con base en las cifras de la aduana de Yucatán10 calculan el valor en dólares del comercio exterior del Estado para 1995 en 238.3 millones las exportaciones y 334.8 millones las importaciones.11 De las exportaciones, cerca de un 25% corresponde a productos de otras regiones, que se comercializan desde Yucatán por empresarios yucatecos, principalmente a Cuba;12 del porcentaje restante (75%), más de la mitad corresponde a la exportación de las maquiladoras; cerca de una cuarta parte a pescados y mariscos, un 16% a alimentos frescos o procesados, de los que el más importante es la miel, y en menor medida, los condimentos y el jugo de naranja; y cerca del 9% a textiles, tanto confección de prendas de vestir, como productos de fibras duras naturales y sintéticas.13

De las importaciones de Yucatán, de un 3 a 4% se destina a otros estados; aproximadamente 30% corresponde a las maquiladoras, un 40% se destina a cereales y oleaginosas (maíz, trigo y soya) la hidrogenadora yucateca (aceites, jabones, etc.) y a las plantas de alimentos balanceados para ganado; un 12% a maquinaria y equipo; del resto, lo más importante está destinado a los productos para las "tiendas de importaciones".14

Muy pocas empresas monopolizan la actividad exportadora del estado, aparte de las maquiladoras. En el Programa de Empresas Altamente Exportadoras (AITEX)15 están registradas 12 empresas, de las cuales cinco exportan miel, dos son las principales henequeneras privadas, dos exportan pescados y mariscos, una es productora de condimentos alimenticios, otra, confecciona ropa (exporta toda su producción a Italia) y la última es la unión de ejidos citricultores que opera la planta de jugo de naranja.

Existen otras contadas empresas, equivalentes en valor de exportación, que por diversas razones no pertenecen a este programa; destacan cuatro comercializadoras registradas (una exporta exclusivamente a Cuba, otra a Cuba y a Centroamérica y las dos restantes a Estados Unidos). A Cemex se le ubica en este nivel, aunque su política de exportación de carácter global implica que sus exportaciones desde la planta de Yucatán sean variables y que destaquen las que salen por Quintana Roo hacia Centroamérica. Otras dos empresas exportadoras son de un mismo grupo que produce textiles sintéticos (redes de pesca y cordel).

De los países receptores de este comercio exterior, destaca el predominio absoluto de Estados Unidos, que con las nuevas condiciones del Tratado de Libre Comercio, incluso ha redireccionado algunos flujos antes dirigidos a Europa.

 

Capitalización del sector agropecuario

Otra actividad importante de la economía de Yucatán vinculada al proceso de globalización es la ganadería. El territorio y ciertas ventajas naturales de la forma y ubicación del estado le confieren un valor como reserva estratégica de producción de carne, tanto de bovino como de cerdo y pollo.

En Yucatán la ganadería bovina con carácter comercial se inició en la década de 1950 como resultado de sus condiciones naturales, ya que fue la única región del país que se mantuvo libre de la fiebre aftosa.16 Sin embargo, su desarrollo se da en los años setenta y ochenta, cuando las zonas áridas del norte del país empiezan a especializarse en cría de becerros para exportación a Estados Unidos. La contraparte de esta especialización fue la expansión de la ganadería tropical, de menor calidad, para abastecer el mercado interno, hacia Chiapas, Tabasco, Campeche y, en menor medida, Yucatán, donde se desarrolla como actividad secundaria de sectores medios de la burguesía urbana, para los que la inversión en tierras con objetivos a futuro predomina sobre la productividad a corto plazo. Es una ganadería extensiva de rendimientos muy bajos, que geográficamente se concentra en los municipios poco poblados del oriente (Figura 2).

La ganadería en 1993 representaba 82.4% del valor de la producción agropecuaria y la agricultura sólo 17.5%; de la primera, 32.04% lo proporcionaba la porcicultura, 31.3% la avicultura y 19.1% la ganadería bovina. Esta última ocupa, sin embargo, 59.3% de la superficie cultivada, ahora dedicada a pastizales (Eastmond, 1999). El objeto de estas producciones es, a futuro, la exportación y para ello están cubriendo las medidas sanitarias.

La avicultura tecnificada y de carácter comercial se inició desde los años setenta, mientras que el desarrollo de la porcicultura en los ochenta fue de carácter ejidal, vinculado a los programas de reordenación henequenera ya mencionados, y es hasta los noventa que es rápidamente penetrada por el gran capital. El destino de la porcicultura es hasta ahora el mercado regional, sin embargo, aquí se hace más evidente el papel que se le quiere asignar en el mercado globalizado: el del gran centro abastecedor de una enorme región que abarca el sur y sureste de México, Centroamérica y el Caribe, además de cortes seleccionados para mercados de alto nivel adquisitivo de Estados Unidos y Japón (Figura 2).

La otra cara de este mercado globalizado es la importación de granos de Estados Unidos, ya que en Yucatán no se producen, así como otros insumos para preparar los alimentos balanceados; la harina de pescado, insumo de esta misma producción, proviene de Chile. En este enfoque no se desarrollan economías de escala, un ejemplo es que las harineras de carácter artesanal, en las que se basó parte de la pesca regional, desaparecen en la medida en que surge un enorme potencial de mercado para este producto.17

La porcicultura y la avicultura yucatecas tienen altos niveles de tecnificación: la genética ha sido fundamental, por ejemplo, en el caso de los puercos, todos los pies de cría originales se importaron y ahora hay cinco plantas productoras de pies de cría en el estado. En la avicultura las reproductoras y progenitoras se mantienen con clima controlado mediante inyectores de aire y extractores; ya se erradicó la fiebre porcina clásica y se están atacando las otras afecciones posibles, tanto en cerdo como en pollo, para cumplirlos requerimientos zoosanitarios internacionales para su exportación. En ambos casos, a pesar de que las elevadas temperaturas inciden en los rendimientos, se logran tiempos de desarrollo y competitividad en la relación kg alimento/kg peso, con ventajas en costo de mano de obra, tierra, créditos, etcétera.

La importancia de estas producciones se pone de manifiesto, pues Yucatán se encuentra catalogada entre los primeros estados productores de pollo y cerdo del país, y como ya se señaló, ocupaba el quinto lugar como productor de alimentos balanceados.

Las dos actividades presentan un alto grado de monopolización. En pollo son cinco los grandes productores de capital local, extra regional y trasnacional, como por ejemplo, Campi del grupo UNIVASA; cuatro se dedican a carne y uno monopoliza la producción en huevo. En el puerco los productores ejidales están siendo desplazados, si bien, una estrategia ha sido asociarlos a grandes proyectos con participación minoritaria, ya que la presencia del llamado "sector social" permite el acceso a créditos en condiciones preferenciales e incluso, en un caso, acceso a gran parte de los fondos del "Programa de Solidaridad" en los años del salinismo. En el estado hay diez grandes productores, de los que destacan tres: la familia de un ex gobernador (Loret de Mola) y los dos "Mega proyectos", uno de capital local con participación de importantes políticos y el otro originalmente del grupo Desc, asociado con una empresa avícola de Estados Unidos y ahora integrado al primero. Estos proyectos han incorporado como maquiladores (o aparceros) a los productores medianos con suficiente capital para modernizarse y satisfacer los estándares requeridos.

La porcicultura es un claro ejemplo del acelerado y brutal proceso de reacomodo y fusión de capitales en esta etapa. Otro se presenta en la industria de alimentos balanceados, donde con la devaluación cambian las condiciones de importación del grano, elevando su precio; la respuesta es el regreso de las trasnacionales a la región (Cargill y Purina), que empiezan a desplazar a los productores locales, que son los mismos grandes productores de cerdo y pollo.

De la producción agrícola destaca el crecimiento de la horticultura, que en 1992 representa 4% del valor de la producción agropecuaria, superior ya al de la fruticultura (3.8%). En ella se ha reportado la mayor tecnificación (invernaderos), pero es una producción limitada a pocos municipios. En cuanto a la fruticultura, el principal producto es el cítrico, en 1970 la superficie cosechada de naranja fue de 2 958 ha, para 1990 se había incrementado casi cinco veces, cosechándose 14 025 ha (Gobierno del Estado de Yucatán, 1972; INEGI, 1992). Por otra parte, los costos de operación han sido muy altos, el subsidio al sector social ha estado presente y los precios del cítrico a nivel internacional han bajado por la competencia de otras zonas.

En la entidad se mantiene una producción hortícola y frutícola para el mercado local, dominada por pequeños productores, cuya importancia económica no ha sido suficientemente valorada, ya que gran parte se realiza en cultivos de traspatio. Por otra parte, los cultivos de maíz y frijol ocupan 21.8% de la superficie cultivada, pero su valor sólo es 4.9% de la producción agropecuaria (Eastmond, 1999).

La pesca aumentó su producción de 16 000 ton en 1971 a 38 000 en 1992, y pasó de la producción para procesamiento industrial (harineras) a productos para consumo humano. En 1990 la pesca brindaba ocupación a más de 16 000 trabajadores, sin contar la ocupación en actividades conexas. Durante este proceso crece la participación del sector privado y se reduce la del sector social, que pasa a depender del primero, de empresas que controlan desde el financiamiento a las cooperativas para la adquisición de lanchas, motores y avíos, hasta la producción de hielo para los centros de recepción y la compra del producto para su comercialización. Al igual que las otras actividades, su destino ha sido el mercado nacional (Yucatán es el principal abastecedor de mero y pulpo al país), pero en este caso la exportación ya desempeña un importante papel.

 

LOS IMPACTOS TERRITORIALES DE LA GLOBALIZACIÓN

Yucatán es un buen ejemplo de las transformaciones brutales de la geografía económica de una región tradicionalmente mono-productora y monoexportadora, cuya pérdida de mercado fue soportada por un mecanismo de subsidio federal y que ante la acometida neoliberal queda hoy sujeta al libre juego del mercado internacional, enfrentando una tardía búsqueda de alternativas de competitividad en un contexto de crisis económica y presión social, más agudos aún que el resto del país, ya que en 1990 un 38.8% de la población ocupada percibió menos de un salario mínimo, mientras que el promedio nacional fue de 26.5% (INEGI, 1990).

Ante un desempleo en ascenso, las maquiladoras, caracterizadas por altos requerimientos de mano de obra, se perfilan como opción prioritaria en las políticas estatales. Sin embargo, se debe recordar que esta modalidad industrial es resultado de la revolución del proceso de trabajo que ha permitido dividir la cadena de operaciones de la producción de un bien final, para que éstas se realicen en forma simultánea o sucesiva en diversas unidades de producción localizadas en países diferentes. El objeto de esta fragmentación es abatir los costos, al aprovecharse las ventajas comparativas que ofrecen diversos espacios a cada parte del proceso productivo. Pero esas ventajas son cambiantes, por ello los lugares de producción son aleatorios y ofrecen condiciones de instalación amortizables a muy corto plazo; de lo contrario, pueden ser abandonados en cualquier momento por el cambio de las condiciones o porque otro espacio les ofrece mayor redituabilidad.

En Yucatán el factor que define su instalación es el de las características de su mercado laboral, ya señaladas; el bajo valor del peso le confiere un nivel tristemente competitivo en sus costos. Los menos de 90 dólares mensuales son inferiores a los de Honduras, que con Haití, se considera uno de los dos países más pobres de América, donde el salario obrero promedio en las maquiladoras es de 100 dólares, según información verbal de la Asociación de Maquiladoras de San Pedro Sula.

Lo importante aquí es destacar que el terrible deterioro en el poder adquisitivo de los trabajadores es la condición fundamental de permanencia de estas empresas en el país y que cualquier mejoría en los salarios reales significa la salida de estas empresas, y el desempleo de sus trabajadores. En Yucatán esta presión será más evidente en las localidades pequeñas, donde una o dos maquiladoras generan un porcentaje tal de empleos, que la vida completa del pueblo pasa a depender de ellas.

El empleo que se ofrece en la región es predominantemente femenino -maquiladoras, trabajo doméstico, comercio- factor que incide en un momento en que la construcción, principal alternativa de trabajo masculino ante la caída del henequén, es inestable. El impacto social empieza a ser evidente en observaciones de campo donde se aprecia el incremento de la migración masculina, el alcoholismo, la ruptura familiar, las familias monoparentales donde la mujer lleva toda la carga y los pueblos de niños y ancianos.

Una de las características de la competencia trasnacional en la globalización es la lucha por el dominio de los recursos planetarios, y el territorio, el espacio, es en sí mismo un recurso; su control implica el de los recursos estratégicos. En el caso de Yucatán, la ganadería se desarrolla a expensas de la milpa tradicional, actividad predominantemente de autoconsumo, que permite aún subsistir a un amplio sector de la población.

En lo social, la crisis y la globalización han generado brutales procesos migratorios que muestran una descomposición de la estructura demográfica rural, pirámides de población totalmente desequilibradas, con predominio de mujeres en las edades activas por la migración intensiva de hombres, particularmente entre los 20 y 24 años, cuyo número es menor de la mitad del de las mujeres en esas edades, con las implicaciones sociales de esta disparidad, que corresponde al período de matrimonios; el descenso de los nacimientos es muy brusco en el último período, además de otras manifestaciones que sería necesario interpretar con análisis en campo. Hay que destacar que pirámides de este tipo caracterizan a bastantes municipios (Córdoba et al., 1999).

A pesar de que la milpa como complejo cultural productivo (Arias, 1993 y Terán, 1994) aún se conserva en una amplia región del oriente y sur del estado, 23 municipios (Figura 1), y empieza a recuperarse, aunque de manera parcial por falta de condiciones, en la región ex henequenera, el acelerado proceso de globalización necesariamente va a romper con el proceso de transmisión de esta cultura milenaria.

La articulación de Yucatán al mercado nacional fue un proceso reciente e incompleto, su inserción internacional lo destruye antes de consolidarlo, Esto es evidente en la manufactura, con el cierre de innumerables industrias, en los alimentos balanceados donde las trasnacionales se reinsertan aprovechando la caída de un boom que duró poco. La carne destinada al mercado nacional, se orienta a la exportación. Todo esto en medio de una brutal competencia que lleva a fusiones, reacomodos, subordinaciones de un pequeñísimo grupo hegemónico, al desplazamiento de los medianos y pequeños empresarios y a la pérdida de poder adquisitivo y oportunidades para las mayorías.

Yucatán, por su cercanía con Estados Unidos y su posición estratégica frente al Caribe y Centroamérica, por su carácter de península, por su aislamiento del centro y por su atraso, resulta un espacio privilegiado para la expansión del gran capital.

 

NOTAS

1 Este trabajo es un resultado parcial del proyecto "Globalización y Regionalización Económica de México", financiado por el CONACyT, número de referencia 28544S.

2 El henequén (Agave four coydes) es una planta de fibra dura, semejante al sisal. Su desarrollo estuvo relacionado con la tecnificación de la agricultura en Estados Unidos y otros países.

3 Las causas del descenso han sido estudiadas por varios autores y pueden sintetizarse en que Yucatán perdió su monopolio absoluto por la aparición de las fibras sintéticas y el surgimiento de otros países productores de fibras duras naturales (Brasil y Tanzania), que compiten en el mercado internacional con mayores rendimientos y costos de producción más bajos.

4 Este programa, además, depuró la nómina de los sujetos a crédito del Banco de Crédito Rural, de 80 000 a 50 000. Posteriormente, en 1984 se estableció el Programa de Reordenación Henequenera, que continuó el proceso de depuración de la nómina de campesinos dependientes del crédito al henequén, hasta llegar a 37 000 en 1991.

5 Entre 1960-1970 la tasa de crecimiento medio anual de la población de Yucatán fue de 2.13% mientras la nacional era de 3.44%; en la siguiente década se registraron tasas similares de alrededor de 3%, en la década de los ochenta fue superior la de Yucatán (2.8% vs. la nacional de 2.22%) y entre 1990-1995 esta diferencia se acentuó, al crecer la población nacional a 1.6% por año y la de Yucatán a 2.68%.

6 La privatización se dio de manera parcial: una pequeña parte de las instalaciones y maquinaria (5-10% a lo sumo) opera en el rubro textil en cuatro empresas privadas, el resto de la enorme Instalación se está integrando a un proyecto inmobiliario denominado "Mérida 2000", en el que un grupo de inversionistas locales se asoció con el Estado para crear un centro de convenciones, cines, hoteles, parques, etc., inaugurado en diciembre de 1998.

7 Datos del INEGI (1989) reportan que el comercio concentró 62.95% de los gastos y 57.11% de los ingresos de todas las empresas formales de Yucatán. Para 1993 estos porcentajes se elevaron a 65.69 y a 59.51%, respectivamente, mientras que la industria manufacturera sólo generó 24.6 y 27.60% de éstos (INEGI, 1994).

8 En 1999 el salario mínimo en la zona A, la de más alto salario de las tres en las que se divide el país, es de 34,45 pesos diarios. Comisión Nacional de Salarios Mínimos, desplegado en La Jornada el 30 de diciembre de 1998. Para Yucatán, zona C, el salario mínimo es 15%, inferior al nacional En la maquiladora yucateca se pueden llegar a percibir, excepcionalmente, hasta 1.5 salarios mínimos por productividad.

9 El tipo de cambio al que se estima es de diez pesos por dólar.

10 Esta aduana controla el tráfico del puerto marítimo y del aeropuerto internacional de Mérida.

11 En este cálculo no se incluye el valor de los productos importados o exportados por otras aduanas del país que, para el caso de Yucatán, se considera es bajo.

12 De Progreso sale un barco semanal y dos más quincenales con productos a ese país.

13 Algunas industrias tradicionales de henequén se reconvirtieron hacia el producto sintético, destacando la exportación de piola tensada de polietileno y de redes para pesca, también a Estados Unidos.

14 Por su aislamiento, en Yucatán se creó un comercio de importaciones vinculado al puerto libre de Chetumal. Si bien este aislamiento se rompió, el pequeño grupo de importadores, que durante largo tiempo monopolizó esta actividad, intenta mantenerla centrada en manufacturas de muy bajo precio.

15 Este programa, destinado a empresas que exportan más de dos millones de dólares anuales, consiste en brindar facilidades administrativas por parte de aduanas, devolución del IVA en cinco días (el período normal es de 40), prioridad en servicios y prioridad crediticia. Este programa era excluyente del de maquiladoras, apenas recientemente se abrió a éstas, con lo que las maquiladoras de Yucatán se benefician de sus ventajas.

16 A principios de la década de los cincuenta el país se vio afectado por la fiebre aftosa y Estados Unidos, para Impedir que la epizootia llegara a su territorio, impuso la aplicación del llamado "rifle sanitario", que significó el sacrificio de prácticamente todo el hato ganadero de México. Yucatán, por su aislamiento, permaneció libre de la fiebre y participó con pies de cría en la reposición del inventario ganadero del país. A esto se añade la terminación del ferrocarril al sureste, que facilitó su transporte en pie.

17 La harina de pescado local es de baja calidad por el tipo de procesos y porque utiliza desechos o especies menos competitivas para este fin frente a las de aguas frías como la anchoveta.

 

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