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Estudios sociales (Hermosillo, Son.)

versión impresa ISSN 0188-4557

Estud. soc vol.24-25 no.47 México ene./jun. 2016

 

Reseñas

Apuntes sobre la evolución histórica del control estadounidense del mercado mundial de alimentos

Notes on the historical evolution of American control of the world food market

Bruno Lutz* 

* Universidad Autónoma de México, Xochimilco, México.

Rubio, Blanca. 2014. El dominio del hambre. Crisis de hegemonía y alimentos. México: Colegio de Posgraduados, Juan Pablos Ed, UAZ, UNAM, Universidad de Chapingo,


Esta última obra de Blanca Rubio aborda las estrategias comerciales del gobierno y las transnacionales estadounidenses del sector agroalimentario, por lo que hubiera podido titularse: Apuntes sobre la evolución histórica del control estadounidense del mercado mundial de alimentos. Abundantemente ilustrado con tablas y gráficas, el libro está dividido en cuatro apartados: 1) la emergencia del poder alimentario mundial de Estados Unidos en la era de la posguerra, 2) la crisis del orden agroalimentario en las décadas de 1970-1980, 3) el neoliberalismo y la agroalimentaria mundial, 4) la crisis capitalista y alimentaria en las dos primeras décadas del siglo XXI.

La autora señala, atinadamente, que la expresión "crisis alimentaria" es inadecuada para referirse a la situación contemporánea del mercado mundial de alimentos, porque no hay ni desabasto de productos agrícolas, ni tampoco un grave e irreversible desajuste del proceso de producción-comercialización. Hay innegables desequilibrios (72% de los países son deficitarios en alimentos básicos), hay una banalización de las estrategias comerciales poco escrupulosas, hay distorsiones de las reglas del libre mercado por los mismos países que lo promocionan, hay un puñado de agroempresas transnacionales que dominan el mercado mundial de alimentos, hay con más frecuencia problemas climatológicos (huracanes, sequías, inundaciones y nevadas) que perjudican los cultivos, pero no hay crisis alimentaria global.

La estrategia comercial norteamericana ha contribuido a lo largo del siglo XX en acrecentar los fenómenos de exclusión, pobreza alimentaria, explotación por desposesión y despojo de los recursos naturales de los países del sur. Blanca Rubio recuerda el papel jugado por el Plan Marshall, los acuerdos de Bretton Woods, la creación del Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que consolidaron un sistema financiero mundial basado en la convertibilidad del dólar. En 1940, las exportaciones agrícolas de Estados Unidos representaban 10% de las exportaciones totales; cinco años después se había elevado a 37%. En los años subsiguientes destacaron el acelerado proceso de mecanización de la agricultura y la denominada Revolución verde que contribuyó a aumentar la productividad de las grandes explotaciones agrícolas de México y Brasil, entre otros países. También debe mencionarse la contratación masiva de jornaleros agrícolas mexicanos (tema que hubiera merecido una mención en la obra reseñada), lo cual permitió abaratar el costo de la mano de obra en la producción agrícola estadounidense. El gobierno de los Estados Unidos aprobó leyes para fomentar la colocación de sus excedentes agrícolas en el mercado mundial como la famosa PL480, además de privilegiar un mercado internacional más abierto y otorgar masivos subsidios al sector agroindustrial interno. En el periodo de posguerra hubo un aumento sin precedentes de la productividad del trabajo, un bajo costo de insumos y alimentos, una elevación del consumo interno y, por ende, del nivel de vida. Aunado a lo señalado, debe recordarse la internacionalización de las empresas estadounidenses a través de sus filiales. Entre 1940 y 1970 aproximadamente, se aceleró el proceso de migración campo-ciudad dando pie a un proceso general de "desruralización". La autora recuerda que las diferentes estrategias comerciales de los Estados Unidos respondieron a consideraciones políticas en el marco de la guerra fría y los conflictos armados en los cuales estuvo directa u indirectamente involucrado.

En 1968, el 78% de las exportaciones estadounidenses iban dirigidas a los países en vía de desarrollo. En la década siguiente, Estados Unidos era el primer exportador mundial de granos. Mediante facilidades de pago, vendió sus excedentes de trigo a los países del tercer mundo, al mismo tiempo que difundía una dieta de tipo occidental que daba un lugar preponderante a alimentos con base en la harina de trigo. Este último punto hubiera, quizá, podido ser abordado en el libro reseñado ya que la transformación de la forma de comer de las poblaciones de los países periféricos facilitó la colocación de grandes cantidades de cereales que eran usualmente poco consumidos, así como bebidas gaseosas azucaradas identificadas con la cultura alimentaria estadounidense.

En 1973-1974 estalló la primera crisis capitalista global que puso al descubierto la fragilidad de los mecanismos empleados por los Estados Unidos para asegurar su hegemonía en el mercado global de materias primas. El incremento del precio del petróleo contribuyó a disparar la inflación, frente a la cual se consolidaron las organizaciones sindicalistas. Ya en los ochenta, el movimiento obrero logró ser parcialmente subyugado debido a las medidas de austeridad implementadas por los gobiernos de los países occidentales. En 1982 sobrevino la declaración de insolvencia de México. La devaluación del dólar y los ajustes tácticos de las tasas de interés permitieron a los Estados Unidos recobrar nuevamente su posición hegemónica en el mercado de las materias primas entre 1985 y 1995.

En el marco de la globalización se fue constituyendo un nuevo orden mundial basado en el predominio de la inversión especulativa por sobre lo productivo, lo cual tuvo como consecuencia un proceso gradual de reajuste de las relaciones entre los diferentes sectores de la sociedad. Las empresas transnacionales aprovecharon las ventajas competitivas de la "era tecnológica e informática", acelerando y masificando sus transacciones comerciales.

La búsqueda incesante de nuevos mercados para colocar los excedentes agropecuarios no tuvo como único resultado el otorgamiento de subsidios para la exportación, sino que la sociedad de consumo pasó a ser una sociedad de abundancia. Eso trajo como consecuencia un aumento de la dieta promedio de las personas junto con una mayor ingestión de harinas blancas, productos lácteos y carne. En el periodo posterior, la consolidación de la clase media (en la India y China, principalmente) se manifestó, entre otras cosas, con un incremento del consumo de carne. Esta situación ha tenido una repercusión directa sobre la demanda cárnica, pero también propició la elevación del precio de los cereales (para forrajes), así como de los fertilizantes.

En los noventa la dependencia alimentaria de los países del Tercer Mundo se incrementó merced la inundación del mercado internacional con cereales subsidiados tanto por los Estados Unidos como por la Unión Europea. "Debido a las enormes deudas contraídas en los años setenta por los países subdesarrollados, durante los años ochenta y noventa fueron compelidos a instaurar las políticas de ajuste estructural como requisito para recibir los préstamos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial" (Rubio, 2014: 122). Aquí debe agregarse algo que no está en la más reciente obra de Blanca Rubio, a saber el control de los países occidentales de los mecanismos de control y calidad de los productos agropecuarios. Al poseer la hegemonía en cuanto a la definición e interpretación de las reglas del juego comercial mundial, los países agro exportadores lograron subvalorar los granos producidos en los países del Tercer Mundo al mismo tiempo que sobrevalorar sus propios productos. Más precisamente, hicieron más estrictas y coercitivas las reglas de sanidad e inocuidad de los productos agrícolas en la medida en que más países lograban cumplir cabalmente con las mismas, de tal forma que las naciones industrializadas siguieron manteniendo una ventaja comercial. Asimismo, las normas que rigen el comercio mundial de granos imponen una jerarquización de las variedades de semillas y una valoración diferenciada de los mismos. Incluso el mercado orgánico está controlado por un puñado de empresas certificadoras que poseen la facultad exclusiva de otorgar o no un sello de calidad.

En la primera década del siglo XXI, China se ha posicionado como el principal acreedor del gobierno estadounidense al mismo tiempo que forma parte del grupo de países emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Como bien se sabe, este grupo ha logrado oponerse al dictado de los países occidentales, como en la Cumbre de Cancún en 2003. Los Estados Unidos han visto desmoronar su dominio absoluto en el mercado mundial de granos ya que los BRICS y algunos países del Golfo Pérsico han adquirido tierras agrícolas de buena calidad en el extranjero y han expandido el sistema de agricultura por contrato, con tal de asegurar su soberanía alimentaria. Asimismo, a pesar de la renovación constante de la política neocolonial de los Estados Unidos para adaptarse ventajosamente a un contexto internacional cambiante, países emergentes ocupan un mayor lugar en el sector de los granos.

Finalmente, el lector descubrirá en la obra El dominio del hambre. Crisis de hegemonía y alimentos una serie de interesantes anotaciones sobre la evolución de la estrategia comercial estadounidense en materia agroalimentaria, en un periodo que va de la segunda guerra mundial hasta nuestros días. Esta detallada descripción, realizada con fuentes secundarias en español, permite entrever las fortalezas y contradicciones de la hegemonía político-económica de los Estados Unidos por lo que el público, en general, encontrará en este libro, de atractiva portada, referencias de utilidad para reflexionar sobre lo que está en juego en el comercio mundial de alimentos.

Recibido: Octubre de 2014; Aprobado: Noviembre de 2014

Dirección para correspondencia: brunolutz01@yahoo.com.mx

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