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Estudios sociales (Hermosillo, Son.)

Print version ISSN 0188-4557

Estud. soc vol.22 n.43 México Jan./Jun. 2014

 

Artículos

 

Intermediarios laborales en Morelos: abasto de jornaleros agrícolas en el centro y noroeste de México

 

Labor brokers in Morelos: Supply of farm laborers in Central and Northwestern of México

 

Adriana Saldaña Ramírez*

 

*Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Dirección para correspondencia: adrianasr_99@yahoo.com.

 

Fecha de recepción: enero de 2013
Fecha de aceptación: octubre de 2013

 

Resumen

La localidad de Tenextepango, en el estado de Morelos, se constituyó como centro de contratación de jornaleros agrícolas para labores en parcelas de pequeños productores de la zona desde los años sesenta. Sin embargo, en la primera década del siglo XXI es también fuente de abastecimiento de trabajadores para agroexportadoras en Sinaloa y Sonora. Se analiza aquí la operación de los distintos tipos de intermediarios laborales que ahí se concentran y que vinculan a empleados y empleadores geográficamente dislocados. Se compara a los "capitanes" que movilizan jornaleros para Morelos, Hidalgo, Puebla y Michoacán; y a los "mayordomos" que abastecen a productores en el noroeste del país. El escenario se complejiza más con la presencia de Estado que facilita el traslado de jornaleros a ciertos mercados de trabajo.

Palabras clave: migración, jornaleros agrícolas, agricultura comercial, intermediación laboral, mercados de trabajo rural.

 

Abstract

Tenextepango, in the state of Morelos, was established as a hiring center of farm laborers engaged in harvesting in the area since the sixties. However in the first decade of the century it is also a source of provision of farm laborers for exporting companies in the Northwestern of Mexico. This paper emphasizes the way that the different types of labor brokers in the area operate, to connect employees and employers who are geographically separated. Hiere is a comparisson between two types of labor brokers: the "capitanes" who mobilize farm laborers in Morelos, Hidalgo, Puebla and Michoacán, and "mayordomos" who send workers to the northwest part of the country. The scenario becomes complex with because the government's programs that support the transfer of farm laborers to certain labor markets.

Key words: migration, farm laborers, commercial agriculture, labor brokerage, labor rural market.

 

Introducción

En el presente artículo se analiza el funcionamiento de un centro de contratación en la localidad de Tenextepango, ubicada en el municipio de Ayala en la región centro-oriente del estado de Morelos, a partir de examinar las formas de operar de intermediarios laborales que vinculan a trabajadores agrícolas con diferentes empleadores.

Este actor, en escenarios de producción agrícola comercial, ha cobrado cada vez más importancia en los estudios sociológicos y antropológicos que se refieren a los mercados de trabajo agrícolas en nuestro país, aunque en diferentes regiones cumplían ya la función de conectar la oferta y demanda de trabajo desde los años sesenta. Como han señalado Quaranta y Fabio (2011), la presencia de intermediarios es resultado de la agricultura moderna, que les ha asignado la tarea de resolver el problema del reclutamiento de trabajadores para cultivos intensivos en mano de obra. Sánchez (2006) subraya la importancia de los sistemas de enganche en la traducción de la demanda de trabajo de los empleadores en diferentes temporadas, por lo que deben considerarse como creados y consolidados por ellos también como un instrumento para disciplinar la mano de obra y contener posibles conflictos laborales (Sánchez, 2012).

Tenextepango es un centro de contratación importante, ya que ahí se concentran trabajadores e intermediarios laborales para las cosechas de distintos productos en diferentes regiones, como las del ejote en la misma zona morelense, el Valle del Mezquital (Hidalgo), Izúcar de Matamoros (Puebla) y Yurécuaro (Michoacán). A estas se accede a partir de un intermediario que se conoce como "capitán", contratado por pequeños productores y bodegueros1 de las centrales de abasto de México y Puebla. Pero también se encuentran trabajadores que se movilizan para realizar tareas en hortalizas y frutas en Sonora y Sinaloa, a partir de otro intermediario laboral, el "mayordomo".

Los dos tipos de intermediarios con residencia en Tenextepango tienen formas distintas de operar, configuradas por el tipo de empleador y el mercado de trabajo que abastecen, pero ambos comparten como características la movilización de recursos de su capital social (contactos y relaciones con distintos actores) y de su capital simbólico (prestigio) para reclutar y movilizar trabajadores. Estos condensan características de lo que en la literatura se conoce como "intermediarios laborales tradicionales" (Vaneckere, 1998; citado en Sánchez, 2006: 64) que reúnen a la mano de obra en los lugares de origen y la transportan hacia donde es requerida; viven en las localidades rurales; financian gastos de transporte y entregan algún tipo de recurso por adelantado; cumplen la función de capataces en los lugares de cultivo; y cobran comisiones por trabajador reclutado o un monto proporcional al volumen del trabajo realizado.

Morelos hasta hace unas décadas no se consideraba como un estado expulsor de mano de obra de contextos rurales, sino más bien como receptor de jornaleros que llegaban de Guerrero, Oaxaca y Puebla (García, 2001), por su dinamismo agrícola sostenido por una gran masa de pequeños productores. En las primeras décadas del siglo XX, los trabajadores eran atraídos por la zafra cañera, pero desde la década de los cincuenta por las hortalizas recién introducidas en ese momento, que absorbían un gran número de mano de obra.

No obstante en las últimas dos décadas se ha agudizado la difícil condición económica de los pequeños productores que les ha impedido mantener la producción de hortalizas, lo que ha resultado en una contracción del mercado de trabajo, por lo que un gran porcentaje de jornaleros que se ocupaban en la entidad han decidido migrar a regiones más dinámicas en Sonora y Sinaloa.

 

Antecedentes de la producción hortícola en Tenextepango

La producción hortícola en Tenextepango se dinamizó desde finales de la década de los cincuenta, en un contexto en el que la industrialización del país era sostenida por la agricultura a partir de la producción de alimentos baratos que permitían reducir el costo de la reproducción de su fuerza de trabajo, un modelo de desarrollo caracterizado por su orientación "hacia adentro" (Rubio, 2001: 32, 35). Parte de este proceso derivó en una gran expansión comercial debido a la ampliación en la demanda de productos por parte de la población urbana, desarrollándose la infraestructura comercial y el avance de las vías de comunicación (Echánove, 2002: 51). Se impulsaron así nuevos productos en diferentes regiones agrícolas. En la zona de estudio se observó la llegada de comerciantes mayoristas del mercado de La Merced (ciudad de México), el centro mayorista más importante del país hasta los años ochenta del siglo XX, atraídos por el potencial de las tierras de riego, el buen clima para la producción en invierno, la ubicación cercana a la ciudad de México y las vías de comunicación que la conectan. Estos ofrecieron créditos y financiamientos (semillas, fertilizantes y dinero en efectivo) a los ejidatarios que contaban con parcelas de riego con una extensión de una a dos hectáreas, que desde entonces han laborado con escasa tecnología. Así alentaron la producción de hortalizas frescas, entre las que el ejote se erigió como la más importante.

La producción de ejote se consolidó entre los sesenta y setenta triplicándose el rendimiento de las tierras y la superficie sembrada. Fue en ese periodo que surgieron actores que se especializaron en diferentes tareas, desde la producción en campo hasta el trayecto de hacer llegar el producto a los consumidores. Arribó a la localidad un número significativo de originarios de otros lugares, entre los que destacaron los cosechadores de regiones indígenas de Guerrero, Oaxaca y Puebla que se ocupaban del corte manual, ya que el ejote absorbía grandes cantidades de mano de obra para esa tarea.

El ejote se debe cosechar entre los sesenta y setenta días de su siembra, periodo en el que hay solo tres días en que alcanza la madurez suficiente para su venta en fresco. Por ello desde siempre ha sido necesario tener bastantes manos para hacerlo en ese momento preciso y el producto tenga posibilidades de alcanzar un buen precio en el mercado. Los productores no participan en el precio final de su producto, la única manera en que estos pueden incidir es con la calidad, para lo que es necesario realizar un corte puntual, un manejo correcto poscosecha y el traslado casi inmediato al punto de venta.

Las primeras cuadrillas de cortadores, a finales de los cincuenta y principio de los sesenta, estuvieron compuestas de pobladores locales contratados directamente por el productor, pero al paso de los años, estos salieron de los surcos buscando los medios para participar ellos mismos como productores, lo que generó un incremento de la demanda de trabajo, que llevó a contratar indígenas y mestizos foráneos que llegaban a la zona.

 

La constitución de un centro de contratación

Para los sesenta Tenextepango era ya un centro de contratación de jornaleros agrícolas para las cosechas ejoteras en la zona, pues ahí se asentaban temporalmente. Aquí se entiende como centro de contratación al espacio especializado en el que la oferta y demanda se encuentran para llevar a cabo transacciones que definan un movimiento de bienes, en este caso, la fuerza de trabajo (Estrada, 2009).

En ese entonces se trataba de un jornalero-campesino, que alternaba su inserción en un mercado de trabajo fuera de su lugar de origen con las labores en la agricultura maicera de subsistencia en su parcela a lo largo del año. Éste llegaba con otros miembros de su familia, quienes participaban en la cosecha organizados en cuadrillas, en las que se integraban hombres, mujeres y niños.

De este conjunto de trabajadores, los pequeños productores alentaron el surgimiento de intermediarios laborales ("capitanes") con el propósito de abastecerse del número preciso de mano de obra para cortar sus huertas, en los momentos específicos de demanda. Esta fue una estrategia para reducir el riesgo de quedarse sin trabajadores, ante la competencia entre los mismos productores de Tenextepango y de otras localidades que llegaban directamente a la búsqueda de jornaleros (Sánchez, 2006).

Los "capitanes" fueron aquellos trabajadores migrantes que establecieron una relación directa de confianza con los productores, que contaban con experiencia migratoria previa y con un grupo de parientes y paisanos importante para la conformación de la cuadrilla (Sánchez, 2006). Ellos ejercieron una fuerza de atracción de personas de sus comunidades de origen y de vecinos, consolidando como fuentes de abastecimiento a las regiones de la Mixteca oaxaqueña y poblana y la Montaña de Guerrero, desde donde llegaban para laborar solo entre los meses de noviembre a marzo, y regresaban a sus comunidades de origen una vez que terminaba la temporada.

Así para los setenta, en Tenextepango se abastecían los pequeños productores de la misma localidad, pero también de otras en la región.

El proceso de asentamiento. Sin embargo, desde la década de los ochenta, un gran porcentaje de la población migrante comenzó un progresivo proceso de asentamiento residencial,2 que derivó en que actualmente haya nueve colonias alrededor de Tenextepango. Algunas se formaron desde mediados de los ochenta, otras en los noventa y las más recientes a partir del año dos mil.

El asentamiento de migrantes en regiones agroexportadoras en el noroeste del país ha estado ligado a la reestructuración productiva de las grandes empresas que han extendido la temporalidad de las labores y aumentado el rendimiento de las tierras demandando un número mayor de jornaleros. Sin embargo, en Morelos los pequeños productores que sustentan la producción ejotera, subordinados al capital comercial de la ciudad de México, no han cambiado significativamente su manera de trabajar la hortaliza casi desde su introducción en los cincuenta. El asentamiento en la región tuvo que ver con la extensión del mercado de trabajo más allá de la temporada invernal por la acción de los bodegueros.

En la década de los ochenta, los bodegueros de México cambiaron su sede de La Merced, a la recién construida Central de Abasto, lo que llevó a buscar nuevos horizontes para su abastecimiento de ejote también en primavera-verano fijando su atención en el Valle del Mezquital (Hidalgo). De esta manera, los bodegueros se suministraban a lo largo del año financiando la producción en ambas regiones, donde las cuadrillas de los "capitanes" de Tenextepango proveían de mano de obra.

Esta ampliación de la temporalidad de las cosechas ejoteras fue fundamental para que los trabajadores y sus familias decidieran residir en la zona, pues ahí podían conseguir un puesto de trabajo en alguna cuadrilla para laborar en Morelos e Hidalgo. Sin embargo, no se debe soslayar la degradación de las condiciones de vida en los lugares de origen, donde tenían pocas posibilidades de encontrar fuentes de ingreso y la crisis de la agricultura maicera de subsistencia. En muchos casos también influyeron las difíciles condiciones ambientales y de violencia -conflictos agrarios y siembra de enervantes-, particularmente en la Montaña de Guerrero.

Este proceso de asentamiento hizo visible el cambio del perfil del cosechador, de un jornalero-campesino que desarrollaba una migración pendular estacional a un jornalero asentado que para su sobrevivencia dependía de tiempo completo de la venta de su fuerza de trabajo.

Tenextepango como punto de partida. La particularidad del asentamiento de trabajadores en Tenextepango, es que desde el inicio fue al mismo tiempo punto de partida hacia el Valle del Mezquital (Hidalgo). No obstante, en la última década, el número de destinos hacia los que se dirigen los jornaleros se ha incrementado. Se encuentran cuadrillas que parten para realizar diversas tareas en la uva de mesa en Sonora y la cosecha de hortalizas vietnamitas de exportación en Sinaloa.

Estas nuevas migraciones al noroeste se deben interpretar como producto de la confluencia de diversos procesos. El primero tiene que ver con la contracción del mercado de trabajo del ejote en Tenextepango, que en décadas pasadas dio lugar a la llegada y asentamiento de población. Los pequeños productores han abandonado poco a poco la producción de la hortaliza por las pérdidas que han experimentado, endeudándose con los comerciantes mayoristas que los financian. Esto como resultado del aumento de los costos de los insumos utilizados que inflan la inversión para "levantar" una huerta y el bajo rendimiento de las tierras por la producción intensiva de ejote por décadas, que los ha hecho más vulnerables a la volatilidad de los precios en el mercado.

Otros procesos que han afectado, se han dado en las zonas agrícolas en la región noroeste del país. Ahí los empresarios han reestructurado sus formas de producir incorporando nociones de calidad y extensión de la temporalidad de los productos, que han incidido en la prolongación del trabajo y demandado un número mayor de jornaleros de las regiones de abastecimiento tradicional como Guerrero y Oaxaca, pero también de otras que no tenían experiencia en aquellos mercados de trabajo. Así, en las comunidades de origen de los asentados en Tenextepango se dinamizó la migración hacia esas regiones agrícolas, lo cual atrajo a parientes y paisanos en Morelos.

El flujo de jornaleros que se dirige a la uva de mesa a Estación Pesqueira (Sonora) inició a finales de los años noventa, a partir de contratistas de la región de Izúcar de Matamoros (Puebla) que tenían relaciones de parentesco con asentados en Tenextepango. Por otro lado, el flujo migratorio hacia Sinaloa comenzó durante la primera década del siglo XXI, cuando un contratista nahua originario de Ayotzinapa (Tlapa de Comonfort) de la Montaña de Guerrero, se dirigió a Tenextepango donde tenía familiares asentados para enganchar a trabajadores al corte de hortalizas vietnamitas en el Valle de Culiacán.

Con estas nuevas migraciones surgieron en Tenextepango intermediarios laborales conocidos como "mayordomos", que mantienen relaciones con grandes contratistas ubicados en otras regiones del país.

El surgimiento de los "mayordomos" no implicó la desaparición de los "capitanes", pues cada uno constituye el acceso a diferentes mercados de trabajo. Sus formas de operar dependen del sistema agrícola que abastecen, el constituido por pequeños productores vinculados a los comerciantes mayoristas de la ciudad de México y las grandes empresas agroexportadoras.

En ese contexto es que se explica que Tenextepango sea ahora un centro de contratación más dinámico, que ya no sólo abastece a mercados de trabajo locales y regionales en la zona morelense y en Hidalgo, sino también a mercados interregionales en Sinaloa y Sonora.

 

"Capitanes": contratación para la cosechas de ejote en el centro del país

Fue desde los años sesenta del siglo pasado que los "capitanes" se encargaron de reclutar y movilizar trabajadores a las huertas de ejote de pequeños productores, quienes los contrataban para que realizaran esas tareas, además de la de fiscalizar su trabajo entre los surcos. Estos también pagaban a los jornaleros por su trabajo, pues el productor daba el dinero al "capitán" para que remunerara a la cuadrilla (Sánchez, 2006).

Cuando los "capitanes" iniciaron sus operaciones, los trabajadores solo llegaban para el corte, por lo que para comprometerlos les ofrecieron una serie de servicios como el traslado de ida y vuelta a su pueblo; la vivienda en la zona durante el periodo de trabajo, rentando casas en obra negra o terrenos baldíos; la búsqueda diaria de huertas para cortar; el transporte del lugar de estancia hacia el campo y de regreso después de la jornada; el préstamo de dinero en emergencias y los servicios de salud cuando un trabajador leal sufría enfermedades o accidentes (Sánchez, 2006).

Con estos servicios, los "capitanes" mantenían a su cuadrilla y evitaban la deserción de trabajadores a partir del fortalecimiento de sus relaciones de amistad, parentesco y paisanaje, pero también construyendo relaciones clientelares con los jornaleros, quienes en la medida en que recibían estas prestaciones lo consideraban un buen o mal "capitán" aumentado o disminuyendo su capital simbólico (prestigio), que se reflejaba en su capacidad de reclutamiento.

Los "capitanes" no contaban con un gran capital económico, ya que surgieron de las mismas cuadrillas de trabajadores, por lo que para ofrecer estos servicios, establecieron relaciones con los transportistas de la zona quienes prestaban sus camiones y choferes para dar gratuitamente el traslado de la cuadrilla desde los pueblos de origen hasta Tenextepango y luego de su regreso al término de la temporada agrícola. A cambio, el "capitán" se comprometía con los transportistas a que el productor a quien cosechaba sus huertas, los contrataría para trasladar a México su carga de ejote (Sánchez, 2008).

Sin embargo, esta forma de operar de los "capitanes" ha cambiado a partir del asentamiento residencial de la población migrante, ya que han dejado de ofrecer transporte y vivienda a gran parte de los trabajadores, pero continúan prestando los demás servicios citados. Por ello existe una rotación constante de trabajadores entre las cuadrillas. No obstante, los jornaleros, a la hora de elegir vincularse a un "capitán" específico, siguen considerando su prestigio, el hecho de que otros parientes y paisanos se contraten con él y la posibilidad de acceder a créditos (Sánchez, 2006: 187).

En los asentamientos en Tenextepango se ha incrementado el número "capitanes", que han diversificado sus formas de operar. Ahora no solo existen aquellos que se contratan directamente con el pequeño productor, sino también los que tienen como "patrón" a los comerciantes mayoristas de la ciudad de México. Actualmente, de los 25 "capitanes" que se registraron durante la temporada agrícola 2011/2012, solo dos consiguen trabajo a partir de su relación directa con los productores ("viejos capitanes"), mientras que los restantes son contratados por un bodeguero o bróker ("nuevos capitanes").

Este cambio de la forma de operar de los "capitanes" ha estado ligado al comportamiento de los bodegueros en la zona. Cabe señalar que estos han agregado una nueva forma de abasto del ejote, ya no solo financian la producción sino que también se han dedicado a la compra de huertas listas para cortar, para lo cual han necesitado la contratación de sus propias cuadrillas de trabajadores.

Los bodegueros han desarrollado diferentes formas para ganarse la lealtad de los "nuevos capitanes", como el préstamo de dinero para cuestiones personales y créditos para comprar camiones donde trasladan a sus cuadrillas. Este tipo de transacciones han cobrado el tinte de relaciones clientelares, pues ahora la lealtad del intermediario está con ellos y no con los productores.

Los comerciantes que financian el ejote en Morelos tienen producción de esa hortaliza en Hidalgo, Puebla y Michoacán en el ciclo primavera-verano para complementar su abasto anual, por lo que piden a sus "capitanes" que al terminar la temporada en Morelos se dirijan con su cuadrilla a esos otros estados para realizar las cosechas.

El "nuevo capitán", que trabaja para el bodeguero, al mismo tiempo que recluta y moviliza a los trabajadores para el corte, funciona como un "vigilante" en campo que observa que el productor utilice los medios que se le proporcionaron para el cultivo de ejote y que evite la colocación del producto en el mercado a partir de otros actores que se encuentran en la zona.

El "nuevo capitán" se compromete con el bodeguero a cosechar solo las huertas que él financió o compró, absteniéndose de buscar laborar por su cuenta. Esta es una notable diferencia con los que se contratan directamente con el productor, quienes tienen un radio más amplio de toma de decisiones. No obstante, para ambos tipos de "capitanes" queda bajo su criterio el número y el perfil de los jornaleros que componen su cuadrilla (origen, género y edad).

 

Los "Mayordomos": reclutamiento de jornaleros para zonas agrícolas en el noroeste

Los "mayordomos", el otro tipo de intermediarios que opera en la zona de estudio, han surgido de la población asentada en Tenextepango, que arribó décadas atrás para las cosechas de ejote. Estos no tenían experiencia anterior como "capitanes", eran cortadores de las cuadrillas. Se trata de intermediarios laborales que no se vinculan directamente a las agroexportadoras a las que abastecen de mano de obra sino a grandes contratistas que viven fuera del estado de Morelos.

El "mayordomo" permanece subordinado a otros agentes intermediarios, formando un sistema de intermediación laboral que se configura como una cadena jerarquizada de actores, donde unos cumplen diferentes tareas y responsabilidades en la fase de reclutamiento y otros en el proceso productivo (Sánchez, 2013). La modalidad de intermediación laboral vinculada a las grandes empresas exportadoras, es un sistema piramidal controlado por las mismas que determinan las condiciones de vida y trabajo de los jornaleros migrantes, además definen el número de personas que se debe contratar en cada lugar y los momentos de llegada (Lara, 2001: 52).

 

Sistema de intermediación que opera para la contratación en Sonora

El flujo migratorio más antiguo hacia el noroeste del país desde Tenextepango, surgió a finales de los años noventa para desarrollar diferentes tareas de la producción de uva de mesa en Estación Pesqueira (Sonora), a partir de la influencia de contratistas y "mayordomos" poblanos que tenían parientes entre los asentados en la zona.

De acuerdo con Sariego y Castañeda (2007: 125) los productores de uva de mesa sonorenses prefieren a trabajadores jóvenes, mestizos y sin familia, lo cual es confirmado en la composición de las cuadrillas que parten desde Morelos. En efecto, los jornaleros que se enganchan en Tenextepango son mujeres y hombres solos, mayores de edad y, en gran parte, mestizos inmigrantes del Distrito Federal, Guerrero y Puebla asentados en distintas colonias.

Frente a la empresa, un gran contratista que habita en el estado de Sonora es el responsable de la coordinación del reclutamiento y traslado de los trabajadores. Este proceso comienza cuando la empresa se comunica con él para demandarle las cuadrillas que necesitará y los momentos en que serán requeridas. Este contratista se contacta con los "mayordomos", que se ubican en las localidades de origen o de residencia de los trabajadores para que inicien la difusión de las condiciones de vida y de empleo, que se hace de "boca en boca".

Los "mayordomos" son quienes realizan el reclutamiento real, a veces contando con el apoyo de algún ayudante, a partir de la invitación directa de trabajadores o por prácticas de autoreclutamiento de estos; viajan en los mismos camiones que su cuadrilla desde Morelos y son los responsables hasta su llegada a los campos agrícolas.

Una vez en la región de demanda, estos son los responsables de los trabajadores en los campamentos, de los problemas que puedan surgir en torno a su comportamiento o la salud. En cuanto a esto último, son ellos -con dinero del contratista- quienes pagan la atención médica si la requieren o simplemente atendiéndolos directamente. Es común que otorguen créditos a los jornaleros durante su estancia o recursos económicos para enviar a su familia que se quedó en el pueblo. Esta prestación toma un papel relevante, pues el pago a los jornaleros se realiza a los treinta días de trabajo, cuando la agroempresa considera que ha terminado el contrato, por lo que el trabajador suele pedir prestado al contratista o "mayordomo".

En los campos agrícolas, toma el puesto de jefe de cuadrilla y verifica el desempeño de los jornaleros, corrigiendo y capacitando en el proceso.

Por todo ello, en el mercado de trabajo alrededor de la uva de mesa, el "mayordomo" toma un lugar significativo, pues es considerado por los trabajadores como el "patrón" y este a su vez reconoce como su empleador al contratista. Por lo que ahí la agroempresa y su papel como usuaria real de la fuerza de trabajo, se difumina.

 

Los "mayordomos" y el enganche para Sinaloa

Por otro lado, la migración de trabajadores hacia Sinaloa inició en la primera década del siglo XXI, a partir de un contratista que habita en la Montaña de Guerrero, que invitó a parientes y amigos asentados en Tenextepango a sumarse a sus cuadrillas. Actualmente operan doce "mayordomos" que vinculan cuadrillas de jornaleros desde ahí con una empresa ubicada en el valle de Culiacán, que produce hortalizas vietnamitas de exportación.

Cada uno de los intermediarios cuenta con una cuadrilla de aproximadamente 35 personas, en su mayoría indígenas nahuas, entre los que se encuentran hombres y mujeres que pueden trabajar desde los catorce años. Los jornaleros se trasladan en familias, que por indicaciones de la empresa, no puede contar con más de dos miembros menores de catorce años y seis mayores de esa edad.

Semanas previas a la "cosecha", que es entre noviembre y mayo, el contratista de Guerrero se comunica con los "mayordomos" para indicarles el número de personas demandadas y los periodos en los que deberán llegar a los campamentos. Así, comienza sus tareas de reclutamiento de trabajadores en la zona.

Durante el trayecto a Sinaloa, el "mayordomo" viaja con su cuadrilla en el camión y será el responsable de la gente hasta la llegada a los campos, lo cual resulta de suma importancia, ya que la empresa contratante no los reconoce como trabajadores sino hasta que inician las labores en el campo, externalizándoles cualquier problema que se presente en el camino. En el apartado de "obligaciones" de un documento de la empresa contratante, obtenido durante la investigación en 2011, titulado Formato Único de Contratación de Jornaleros Agrícolas está establecido que: "La relación de trabajo se iniciará en el momento en el que el trabajador empiece a prestar sus servicios personales como trabajador del campo, el campo y cultivos propiedad de la empresa".

En los campos agrícolas, los "mayordomos" se convierten en supervisores de la calidad del corte de los jornaleros que él mismo reclutó. Sin embargo, este tiene la responsabilidad secundaria en la difusión de las normas demandadas por la empresa a los trabajadores al momento de desarrollar el corte, como bañarse antes de entrar al campo, que lleven el cabello corto o recogido, que no coman entre los surcos, que no practiquen el fecalismo al aire libre, que no usen anillos y pulseras, entre otras. Más bien, esa es labor principal de las trabajadoras sociales que son contratadas por la empresa, quienes realizan reuniones con los jornaleros desde Tenextepango semanas antes del embarque a Sinaloa y luego a su llegada al campamento. Estas insisten en la importancia de la incorporación de hábitos basados en las normas de inocuidad alimentaria demandadas a la empresa para la exportación de los productos.

Pero la labor de esta trabajadora social no termina aquí, sino que es ella misma la autoridad más importante en el campamento durante la estancia temporal de los trabajadores, se responsabiliza de vigilar su comportamiento y arreglar los problemas que surjan, siempre en constante comunicación con el contratista y "mayordomo".

A diferencia de la empresa en Sonora, la que se ubica en Sinaloa permanece visible como la contratante de los empleados y la coordinadora de todas las actividades relacionadas al campo y al campamento.

 

Los "mayordomos" fuera de la temporada de trabajo

Terminada la temporada agrícola en Sinaloa y Sonora3, los "mayordomos" y sus cuadrillas regresan a Tenextepango, donde se contratan en las cosechas de ejotes o en otras actividades como la albañilería, servicio doméstico o negocios propios que surgieron como nuevas formas de empleo en el proceso de asentamiento, mientras son llamados nuevamente por las empresas del noroeste. En el caso de los que se insertan en la agricultura, para vincularse al mercado de trabajo local y regional en Morelos deben incorporarse a una cuadrilla, como cualquier otro jornalero, encabezada por un "capitán".

Así los asentamientos y la producción comercial sustentada por pequeños productores en Tenextepango cumplen la función de un espacio de retaguardia, donde los trabajadores, entre ellos los intermediarios, pueden mantenerse en espera hasta que son demandados por las agroexportadoras.

 

El papel del Estado en las migraciones hacia el noroeste

En la última década ha sido significativa la presencia del Estado en la vinculación de trabajadores agrícolas con empleadores en Sinaloa y Sonora. La Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS), a través del Servicio Nacional de Empleo (SNE), ha puesto en marcha el Subprograma de Movilidad Laboral Interna (Sumli) para apoyar el enganche, en la modalidad Sector Agrícola y Sector Industrial y de Servicios. En cuanto a la primera, tiene como objetivo la población rural en condición de subempleo y desempleo en sus lugares de origen, que les obliga a buscar fuentes de ingreso en regiones de un mayor dinamismo económico, ofreciéndoles apoyo. Este programa se ha diseñado y desarrollado entendiendo que esa movilidad se da en condiciones poco favorables en términos de alimentación, transporte, alojamiento, servicios básicos de educación y salud (STPS, 2008).

En la zona de estudio, se ha observado que este ambicioso programa se reduce solo a proporcionar un apoyo económico de 1 400 pesos, para que los jornaleros cubran el gasto del traslado a las regiones agrícolas de trabajo y 800 pesos para el regreso a sus lugares de origen. Sin embargo, en el caso de Sinaloa es la empresa que los contrata la que de hecho se encarga de ello enviando camiones hasta Tenextepango, por lo que los trabajadores utilizan ese recurso económico para dejar algo de dinero a sus familiares que no viajan con ellos o para "irla pasando" mientras obtienen su primer pago (una semana después del inicio del trabajo). En el caso de los que se dirigen a la uva de mesa a Sonora, este dinero cobra más importancia, pues son ellos los que pagan su traslado ida-vuelta y reciben su pago hasta el término del periodo de trabajo, que es de aproximadamente un mes.

Cuando el Sumli consideró a Morelos como entidad expulsora en 2007, la migración hacia zonas de agricultura intensiva en Sinaloa y Sonora ya existía sobre la base de redes de intermediación laboral tradicional. De hecho son los "mayordomos" quienes avisan a los promotores del Sumli los momentos en los que son llamados por los contratistas para iniciar el reclutamiento, a partir de lo cual comienzan a realizar las gestiones para obtener los recursos económicos del programa gubernamental. Previo a todo esto, los promotores ya se han contactado con la empresa contratante.

Los promotores hacen el trato directamente con los "mayordomos" de la cuadrilla, pues ellos les dan las fechas en que se recogerán los papeles de cada trabajador y de la entrega de las tarjetas de prepago donde se les depositará el recurso. Por ello, a pesar de que en las reglas de operación de tal programa se indica que uno de los objetivos es la "desaparición" de los intermediarios, el Sumli se vincula a ellos para operar.

Los "mayordomos" citan a los trabajadores que quieren migrar y piden los papeles necesarios para hacer la gestión de recursos, resuelven los problemas que surgen en la relación con el programa de gobierno, traducen a los que no hablan español y apoyan el llenado de formatos a quienes no saben leer o escribir. Asimismo, son ellos los que están al pendiente de los atrasos en la llegada del recurso.

En la investigación se ha considerado que el apoyo económico que da el Sumli ha sido parte de los bienes tangibles que ofrece el "mayordomo" a su cuadrilla para lograr su lealtad y control, a pesar de que el dinero no sea del intermediario, si ha sido la vía para acceder a él. De esta manera, la gestión del apoyo económico ante el Sumli se ha vuelto uno de los servicios que otorgan los "mayordomos" a su cuadrilla, fortaleciendo su papel como intermediarios, a pesar de que el programa plantee su desaparición.

El Sumli no ha sido un espacio que les permita exigir a los trabajadores mejores condiciones laborales y de vida a sus empleadores. Esto se debe a que su capacidad de representación de los intereses de los jornaleros está debilitada por su papel en el reclutamiento de mano de obra para las grandes empresas. Sánchez (2006) sostiene que la posibilidad real de que los intermediarios representen y negocien los intereses de los trabajadores no solo depende de su juicio moral y cualidades personales, sino también de su posicionamiento estructural frente a empleadores y empleados.

El Sumli solo apoya a empleadores que cuentan con infraestructura para alojar a los jornaleros durante la temporada de trabajo y que puedan hacerse cargo de transportarlos desde los lugares de salida, condiciones que permiten que solo las grandes empresas -como las sinaloenses y sonorenses- y las asociaciones de productores puedan inscribirse para que sus trabajadores reciban el recurso económico. Los pequeños productores, como los ejoteros morelenses e hidalguenses al no ofrecer estas condiciones, quedan excluidos en la operación de tal programa. Esto implica, en los hechos, que el Estado apoye el enganche de trabajadores para grandes empleadores.

 

Conclusiones

La constitución de Tenextepango como centro de contratación de trabajadores de alta movilidad para mercados de trabajo en diferentes regiones agrícolas, se debe considerar como resultado de la confluencia, por un lado, de procesos que suceden en las regiones agrícolas comerciales donde se observa una reestructuración de las formas productivas y de trabajo que demandan un jornalero cada vez más disponible. Por otro lado, de procesos en las regiones de origen de los trabajadores que llevan a la degradación de las condiciones de vida, que alientan la salida de personas en búsqueda de trabajo y acceso a diferentes recursos. Esto ha sido resultado de una política dirigida al campo, bajo un modelo concentrador que busca apoyar la producción de vegetales y frutas de consumo urbano nacional e internacional. A la vez, el modelo desdeña la agricultura de autoconsumo de pequeños productores, por no ser competitivos desde el punto de vista del capital.

Los cambios de Tenextepango, como centro de contratación, se encuentran vinculados a procesos que suceden a nivel regional, nacional e internacional. Al mismo tiempo que muestra tendencias, tanto en la producción agrícola en la que se observa el fortalecimiento de la posición de grandes empresas agrícolas y comerciantes mayoristas en las cadenas de frutas y hortalizas en fresco como en la mano de obra que abastece a los mercados de trabajo agrícolas, que tiene que desarrollar estrategias complejas para poder sobrevivir, combinando su inserción en mercados de trabajo urbanos y agrícolas o solo agrícolas en diferentes regiones.

Las familias de jornaleros se encuentran en una situación de movilidad permanente tomando como punto de partida a Morelos. Hace varias décadas la modalidad migratoria más común era la pendular, del lugar de origen al de trabajo y de regreso al término de las cosechas de ejote. Ahora han complejizado sus trayectorias migratorias incluyendo otros destinos laborales y nuevas temporalidades a partir de Tenextepango, del que han hecho su lugar de residencia. Se observó un cambio en el perfil del trabajador agrícola, de ser jornalero-campesino que laboraba temporalmente por un salario, alternando con sus propias cosechas en su pueblo, a ser un jornalero asalariado de tiempo completo que se asentó en Tenextepango, el que, a su vez, es punto de partida hacia otras regiones agrícolas. Se pasó de un patrón migratorio pendular-estacional, a uno de migración-asentamiento-migración.

Para acceder a los diferentes mercados de trabajo deben establecer relaciones con intermediarios laborales: si es en las cosechas ejoteras en el centro del país con los "capitanes" o con los "mayordomos" en las labores de productos de exportación en el noroeste. Se diversifican los sistemas de intermediación laboral que conviven en la zona, que toman forma según el sistema agrícola que abastecen.

En este artículo se analizó la forma en la que operan los distintos intermediarios laborales que residen en Tenextepango, que reclutan y movilizan trabajadores desde ahí. Estos, para llevar a cabo sus tareas, se vinculan con otros actores; en el caso de los "capitanes" su capital social (redes de relaciones) incluye a productores, transportistas y bodegueros de la ciudad de México y Puebla. No menos importante es su capital simbólico (prestigio), que se ha construido a partir del establecimiento de relaciones clientelares con los integrantes de su cuadrilla.

El otro tipo de intermediario, el "mayordomo", guarda una posición subordinada en una larga cadena de agentes intermediarios que incluye a los contratistas y a una oficina de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS). Este, a diferencia de los "capitanes", depende de las indicaciones de las empresas para fijar el tamaño de la cuadrilla, horarios de trabajo, perfil de los jornaleros, condiciones de vida y fechas de reclutamiento.

El sistema de intermediación laboral ligado a las agroempresas exportadoras es más complejo, como han señalado otros investigadores (Lara, 2001; Sánchez, 2006), este distanciamiento es útil a los empresarios porque le permiten diluir sus obligaciones como empleadores, al mismo tiempo que se protegen de los posibles problemas en torno a la mano de obra durante la temporada agrícola. Un claro ejemplo de ello lo vemos con la empresa sinaloense, la cual no reconoce a los jornaleros como sus trabajadores, sino hasta su llegada a los campos agrícolas apoyándose en el "mayordomo" como responsable en el trayecto desde Morelos.

 

Agradecimientos

Se agradece al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología la asignación de la beca para cursar el Doctorado en Ciencias Agropecuarias y Desarrollo Rural, en la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos en la convocatoria número 290649, durante el periodo agosto 2011 a agosto 2014.

Se agradecen los comentarios sugeridos a este artículo de la Dra. Kim Sánchez, especialista en el tema de intermediarios laborales en mercados de trabajo agrícolas.

 

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Nota

1 A lo largo del texto se utilizará la palabra bodeguero, comerciante mayorista o mayorista para referirse a este actor.

2 Desde su presencia temporal, los migrantes se ubicaban en casas y terrenos dentro del pueblo, pues los pequeños productores no contaban con infraestructura para alojarlos. Este proceso de asentamiento difiere de aquel que se presenta en otras regiones como San Quintín (Baja California) y Culiacán (Sinaloa) analizado ampliamente por Laura Velasco (2007), Christian Zlolniski (2011) y Sara Lara (2011) en el que se pasa de campamentos ubicados en medio de los campos agrícolas a la formación de colonias.

3 En Sinaloa, la temporada de trabajo es, comúnmente, de noviembre a mayo que se realiza la cosecha; mientras que en Sonora hay tres periodos: en diciembre para la tarea de poda, febrero para el raleo y mayo para la cosecha-empaque.

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