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Estudios sociales (Hermosillo, Son.)

Print version ISSN 0188-4557

Estud. soc vol.21 n.41 México Jan./Jun. 2013

 

Artículos

 

El papel de las remesas en los hogares de Chiapas ¿Consumo, inversión o ahorro? ¿Una vía para el desarrollo?

 

The role of remittances in the households of Chiapas Consumption, investment or savings? A path for development?

 

Óscar Peláez Herreros* Julieta Martínez Cuero** Roberto Fernando García Ramírez***

 

* El Colegio de la Frontera Norte. Dirección para correspondencia: opelaez@colef.mx

** Universidad Autónoma Metropolitana

*** Universidad Insurgentes

 

Fecha de recepción: mayo de 2012
Fecha de aceptación: octubre de 2012

 

Resumen

En el trabajo se analiza la relevancia de las remesas en la estructura económica de los hogares de Chiapas y el uso que se les da. El objetivo es conocer en qué medida contribuyen a la reproducción económica en la entidad. Primero se revisa la discusión teórica sobre la conceptualización de las transferencias y su capacidad para actuar como palanca del desarrollo económico; posteriormente, se calcula la proporción de hogares receptores de remesas y la relación que mantienen con los niveles y estructuras de ingresos y gastos de las familias. Se encontró que las remesas tienden a sustituir a las remuneraciones por trabajo que los hogares dejan de percibir al trasladarse al extranjero alguno de sus miembros y que en el corto plazo, una parte significativa de las remesas se destina al ahorro.

Palabras clave: remesas, ingresos de los hogares, gastos de los hogares, ahorro, inversión productiva.

 

Abstract

The aim of this paper is to analyze the relevance of remittances in the economic structure of the households in Chiapas, as well as the use of them, with the intention of knowing the extent they help to the economic reproduction in the state. To do this, first we review the theoretical discussion on the conceptualization of these transfers and their ability to act as a lever of economic development. Then, with data from the ENIGH 2010, we calculate the proportion of households receiving remittances and the relationship of these transfers with the levels and structures of income and expenditure of families, finding that remittances tend to replace the labor remunerations that households lose when a member goes abroad. Also, it is found that, in the short term, a significant proportion of remittances go to savings.

Key words: remittances, household income, household expenditure, savings, productive investment.

 

Introducción

En Chiapas, la emigración internacional es un fenómeno reciente que ha cobrado importancia en la última década (López, 2009; López, Sovilla y Escobar, 2009; López, Sovilla y García, 2011). Antes del año 2000, los flujos migratorios internacionales de la entidad no eran significativos en comparación con los de regiones clasificadas como "históricas" en este aspecto (Durand y Massey, 2003:87-92). Autores como Martínez (1999) o Balkan (2001), incluso, analizaban por qué los chiapanecos no emigraban dadas sus condiciones de vida y bajos niveles de bienestar. No en vano, se trataba de la entidad federativa con menor índice de desarrollo humano (Conapo, 2001a; PNUD, 2003) y mayores niveles de pobreza (Coneval, 2009 y 2010), rezago social (Coneval, 2010) y marginación (Conapo, 2001b) de toda la república mexicana. Aunque la presencia de chiapanecos ya era notable en ciertas entidades de la federación, fue a partir de entonces cuando se inició la emigración también hacia los Estados Unidos (Villafuerte y García, 2006; Rus y Rus, 2008; López, Sovilla y García, 2011) .

Autores como Villafuerte y García (2008), López (2009) o López, Sovilla y Escobar (2009), entre otros, han examinado las causas de esta dinámica, y han encontrado que el surgimiento y rápida intensificación del fenómeno migratorio a finales de los noventa no responde a un único motivo, sino a la suma e interacción de factores estructurales con cambios asociados a la adopción del modelo neoliberal y con algunos hechos ocasionales, como el rompimiento de las cláusulas económicas de la Organización Internacional del Café (OIC) o la destrucción de los modos de vida y producción causada por los huracanes Mitch y Stan. Solo la combinación de todos esos elementos permite explicar el tránsito desde la permanencia hacia una emigración relativamente generalizada. Según datos de Conapo (2012), elaborados con información del Banco de México, Chiapas pasó de ocupar el lugar veintisiete en volumen de remesas familiares recibidas en 1995, a ser la once en 2003. Su participación en el total de remesas enviadas a México se elevó desde el 0.5% hasta el 2.9% en esos años. Posteriormente, la nueva situación ha tendido a mantenerse. En 2010, Chiapas fue la entidad número trece de la república que más dinero ingresó vía remesas; alcanzó a representar el 2.7% del total nacional. En términos per cápita, avanzó desde la posición treinta en 1995, cuando solo superaba a Tabasco y Quintana Roo, hasta la diecinueve en 2003. llegó a ser la entidad federativa número veinte que mayor volumen de remesas por habitante recibió en 2010.1

Con respecto a este tipo específico de transferencias unilaterales, diversos investigadores como Ratha (2003) o Terry (2006) argumentan que pueden constituirse en "importantes fuentes de financiación externa" del crecimiento económico y el desarrollo, lo cual sería muy relevante en el caso específico de Chiapas. Otros investigadores son escépticos al respecto. Por ejemplo, Canales (2004) argumenta que las remesas actúan como cualquier otro rendimiento del trabajo, por lo que no cabe esperar que potencien el crecimiento y el desarrollo económico en medida muy diferente a la de los sueldos y salarios pagados en el territorio nacional. Desde esa perspectiva se entiende que las remesas "no pueden sustituir la responsabilidad del Estado y la acción del mercado en la promoción del desarrollo económico y el bienestar de la población" (Canales, 2008: 25), mientras que la primera línea de discusión ampara el laissez-faire.

En este trabajo se analiza la estructura de ingresos y gastos de los hogares de Chiapas con el objetivo principal de conocer la medida en la que las remesas pueden estar contribuyendo a la reproducción económica en la entidad e impulsando el desarrollo en el sentido planteado por Barkin (1972: 74) o Chenery y Syrquin (1975), esto es, como crecimiento acompañado por cambio estructural. La recepción de remesas no solo debería dotar de mayores ingresos a las familias receptoras sino que, además, estas deberían dar un uso diferente a sus recursos (cambio en la estructura de gastos), destinando mayor proporción de su ingreso a inversión y menos a consumo.

Para verificar la hipótesis, en primer lugar, se revisa la literatura sobre la utilización y los efectos de las remesas en las economías receptoras. En el segundo apartado se presentan los datos, así como la metodología de análisis. Como se explica, se recurre a información de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de 2010 aprovechando su representatividad a nivel de Chiapas. En el tercer apartado se calcula la proporción de hogares receptores de remesas y la relación que mantienen con los niveles y las estructuras de ingresos y gastos de las familias. Como principal aportación original, a diferencia de otros estudios, en este caso se distingue entre el uso que los hogares que reciben alguna remesa hacen de todo su ingreso y el uso que se da solo a las remesas. Se encontraron diferencias significativas entre ambas situaciones. Se analizan, adicionalmente, las características que llevan a que ciertos hogares sean más propensos que otros a recibir remesas. El artículo se cierra con un apartado que reúne las principales conclusiones obtenidas a partir del análisis propuesto.

 

Estudios sobre los efectos de las remesas

Si bien la emigración internacional y la recepción de remesas por parte de los hogares chiapanecos son fenómenos relativamente recientes, el análisis de los efectos de las remesas en México ha sido tema de debate desde los años setenta; se ha desarrollado, como mencionan Arroyo y Berumen (2000) o Canales (2008), en el marco de dos perspectivas capitales: la estructuralista histórica y la funcionalista.2 El enfoque estructuralista predominó desde la década de los setenta hasta finales de los ochenta. su idea central radicaba en que la migración no solo es incapaz de resolver los problemas estructurales, que, precisamente, se encuentran en el origen de la emigración, sino que, además, los agrava, causando distorsiones y frenando el desarrollo de las localidades receptoras de ingresos foráneos al hacerlas más dependientes del "centro" del sistema económico mundial. se entiende que la migración provoca actitudes consumistas, en esencia, "consumo ostentoso" de bienes no producidos localmente, lo que daña el tejido productivo tradicional y convierte a los receptores de remesas en dependientes de estos flujos. El resultado es la generación de un círculo vicioso de atraso y emigración o, como lo denominó Reichert (1981), "síndrome migratorio", en el que "la emigración es vista como un proceso de drenaje de los recursos laborales y de capital humano de los países en desarrollo, en general, y de las áreas rurales atrasadas, en particular" (De Haas, 2008: 28).

A finales de la década de los ochenta y durante los noventa, la perspectiva de análisis cambió hacia el enfoque funcionalista, según el cual la emigración y las remesas pueden constituirse en instrumento o motor de desarrollo económico de las regiones de origen de los emigrantes a través de su utilización como capital productivo y del consecuente surgimiento de empresas a nivel local y regional. Entre los estudios del segundo enfoque se encuentran los amparados por organismos gubernamentales, como los de Ratha (2003), Orozco (2003 y 2004) o Terry (2006). Orozco (2003), por ejemplo, argumenta que las remesas otorgan poder económico a los hogares rurales, disminuyendo sus índices de rezago. En esta misma línea se encuadran los trabajos que atribuyen a las remesas el financiamiento de inversiones productivas y la formación de capital humano (Márquez, 2007), dando lugar a efectos multiplicadores sobre su cuantía inicial.

En relación con los efectos multiplicadores de las remesas, destaca la investigación realizada por Durand, Parrado y Massey (1996). En ese trabajo "se estima que la llegada de dos millardos de migradólares genera 6.5 millardos de dólares en producción adicional en México, con efectos multiplicadores particularmente fuertes en la industria manufacturera y los servicios", esto es, "generan una actividad económica que representa el 10% de la producción de México y el 3% de su Producto Interno Bruto" (Durand, Parrado y Massey, 1996: 440-1). No obstante, otros trabajos, como los de Wiest (1984), Rubenstein (1992), Binford (2002), Corona (2007) o Fuentes (2011), han mostrado que la derrama (macro)económica mencionada apenas tiene impacto en las comunidades menos desarrolladas, por lo general de características rurales, ya que los efectos multiplicadores de las remesas y su capacidad para potenciar el crecimiento económico tienden a transferirse hacia las regiones urbanas y/o industrializadas del país,3 o incluso fuera de él, a través de su empleo en la adquisición de bienes de consumo producidos y comercializados en regiones diferentes a las de los emigrantes.

El argumento entronca en una tercera línea de discusión que se ha venido fortaleciendo a lo largo de la década más reciente y que consiste en una visión crítica de los enfoques estructuralista y funcionalista, ya que cuestiona los conceptos y conclusiones alcanzadas por estos. Desde esa perspectiva, se asevera que el "síndrome migratorio" es un dilema falso. La emigración no constituye una adicción que, como epidemia infecciosa, va atacando y afectando a más familias y comunidades, sino que, más bien, se trata de un fenómeno que refleja la carencia de oportunidades para la generación de empleo en las regiones expulsoras de mano de obra. De acuerdo con Canales y Montiel (2004), el hecho de que la migración sea un fenómeno que crezca de manera exponencial se debe a la presencia de serios problemas estructurales. El fracaso del Estado, las fallas del mercado en la generación de empleos y la escasez de inversión productiva son factores que impulsan la movilidad laboral.

Entre los trabajos que acompañan la visión crítica hacia estructuralistas y funcionalistas destacan las investigaciones realizadas por Canales (2001, 2002, 2004, 2006a y b, y 2008), quien cuestiona la carga otorgada a las remesas como fondo de inversión generador de desarrollo y de mejoras en las comunidades de origen de los emigrantes. Canales (2001) argumenta que las remesas, a pesar de registrarse como transferencias y ser fuente de divisas para el país, no sustituyen a las tareas del Estado en la promoción del crecimiento y el desarrollo económico. Las remesas constituyen una retribución al factor trabajo que preferentemente se usa en la reproducción familiar. Por ello, no cabe esperar, ni se puede exigir, que se conviertan en inversión en una medida distinta a los sueldos o salarios pagados en el interior del país. En esta dirección, se hace un reiterado énfasis en aclarar que las remesas no representan un ahorro del migrante, sino la parte de su salario a la que su familia aún no ha tenido acceso. Debido a ello, la entrada de ingresos-remesas no necesariamente se tiene que ver reflejada en proyectos de inversión privada que estimulen el crecimiento económico de la localidad o región de origen de los migrantes.

De acuerdo con Arroyo y Berumen (2000), Canales (2001, 2002, 2004 y 2006a y b), Arroyo y Corvera (2003), Canales y Montiel (2003 y 2004), Corona (2007), López, Sovilla y Escobar (2009), entre otros, el grueso de las remesas se destina, principalmente, a consumo directo de los hogares y en mucho menor grado a ahorro o inversión.4 Lo mencionado hace que, dadas las limitaciones en la estructura productiva y comercial de las regiones de origen de los emigrantes, los efectos multiplicadores y de arrastre que se atribuyen a las remesas no redunden en la economía local, sino que se dispersen por la estructura productiva y de negocios ya existente en otras partes del país. Con ello, apenas se fomenta el desarrollo, el crecimiento económico y la generación de empleos en las regiones rezagadas, que quedan al margen de los efectos multiplicadores debido a que no disponen de una base de elementos iniciales que multiplicar. Las mayores concentraciones urbanas, que cuentan con infraestructuras suficientes y ofertas diversificadas de bienes y servicios, son las que tienden a captar las compras de los hogares receptores de remesas, absorbiendo la mayor parte de los efectos beneficiosos asociados a estas.5

En fechas recientes, López, Sovilla y García (2011) han estudiado el impacto macroeconómico de las remesas en Chiapas. En este caso, se pretende realizar un análisis desde una perspectiva más microeconómica aprovechando la representatividad de la ENIGH 2010 para la entidad.

 

Fuentes de datos y metodología de análisis

Para analizar el uso que los hogares de Chiapas hacen de las remesas, así como su incidencia en las estructuras de ingresos y gastos, la proporción que representan en el ingreso total o la relación que su recepción guarda con la tenencia de negocios, se recurre a los datos oficiales de la ENIGH 2010. Como se desprende de los documentos metodológicos que acompañan a la encuesta, la misma es representativa para el área geográfica objeto de estudio ya que fue una de las cuatro entidades (junto con el Distrito Federal, el Estado de México y Yucatán) que firmaron convenios de colaboración con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) para "ampliar la muestra a tres mil viviendas y así obtener información a nivel estatal con desglose de localidades de dos mil quinientas y más habitantes y localidades de menos de dos mil quinientos habitantes" (INEGI, 2011a: 4). Esta última característica permite atender, además, la sugerencia de Canales (2000) consistente en distinguir entre zonas rurales y urbanas dentro de la entidad.6

Teniendo en cuenta estos aspectos, en primer lugar, se calcula la proporción de hogares que recibe remesas, estudiando si existen diferencias significativas según su condición rural o urbana. se analiza el impacto de las remesas en la cuantía y estructura de los ingresos (esquema 1 del anexo) mediante la aplicación de pruebas chi-cuadrado (x2) y de los contrastes estadísticos de medias y proporciones pertinentes, considerando el carácter categórico de la información que se desea comparar.

Conociendo estas características de los ingresos, se procede a estudiar las estructuras de gasto de los hogares con la intención de develar el uso que los chiapanecos hacen de las remesas recibidas. Para ello, el gasto total se desagrega en sus principales rubros teniendo en cuenta, además, que en la ENIGH, por definición, el gasto corriente no monetario iguala al ingreso corriente no monetario, ocurriendo lo mismo con las erogaciones no monetarias, lo que permite descartar los gastos no monetarios y quedarse únicamente con los monetarios como posible destino de las remesas.

Las diferentes partidas de gasto monetario se clasifican en consumo, inversión o ahorro atendiendo a la tipología propuesta por Lozano (2000:55), que prácticamente coincide con la de Canales (2008:57). De este modo, se entiende que casi todo el gasto corriente es consumo, mientras que las erogaciones monetarias son ahorro o inversión, salvo por las excepciones señaladas en el esquema 2 del anexo.

Al respecto, cabe comentar que se adopta una perspectiva cercana a lo que en la actualidad se entiende por "desarrollo" (PNUD, 2012: 7) a partir del enfoque de capacidades de Sen (1983). Es por ello que los gastos en salud o en educación, por ejemplo, se contemplan como inversiones (en capital humano) y no como consumo de estos servicios, a pesar de no encajar en la definición tradicional de inversión.7 Sin mayores complicaciones, Lozano (2000:55) ve posible "considerar como inversión productiva los gastos en educación y salud, ya que éstos valorizan la fuerza de trabajo". Asimismo, clasifica la compra de vehículos, maquinaria y herramienta como "inversión en bienes de capital", y la adquisición de terrenos y casas como "inversión en bienes duraderos".

Las tipologías de Canales (2008) o Corona (2007) resultan similares ya que también distinguen entre inversión en capital físico (equipo, instalaciones, herramientas y animales) e inversión en capital humano (educación y salud). Corona (2007:109) incluso considera que los gastos en celebraciones familiares y comunitarias "representan verdaderas inversiones en capital social", algo que otros autores hubiesen catalogado como "consumo ostentoso".8 En cualquier caso, llevar la clasificación a este otro extremo tampoco resulta operativo ya que, por ejemplo, hasta el gasto en alimentación puede entenderse como una inversión básica en salud que contribuye a mejorar el desarrollo y bienestar de las personas.

Debido a la ausencia de acuerdo unánime sobre lo que debe considerarse consumo o inversión, en esta investigación se ha optado por una perspectiva cercana a la vigente definición de desarrollo y se ha dotado a la clasificación de un cierto grado de flexibilidad al no agregar plenamente los rubros principales, y presentar también resultados intermedios, como inversión en educación o en vivienda, o consumo de alimentos.

Más clara resulta la delimitación del ahorro que, en esencia, no es más que inversión o consumo diferido en el tiempo. Según Lozano (2000:55), las remesas clasifican como ahorro cuando "son depositadas en cuentas bancarias o simplemente guardadas «debajo del colchón»". En la ENIGH figura el epígrafe "depósitos de ahorro", que evidentemente es ahorro de las familias. Asimismo, se considera que todo el ingreso que no se gasta (en consumo o en inversión), también constituye ahorro (o desahorro si los gastos superan a los ingresos). Dado que en la ENIGH, por definición, los gastos no monetarios son idénticos a los ingresos no monetarios, el ahorro diferencial se puede calcular tanto a partir de los ingresos y gastos totales como de los monetarios, obteniendo en ambos casos el mismo resultado.

Con la distinción que se establece entre consumo, inversión y ahorro se comprueba si los hogares que reciben remesas tienen una mayor propensión a la inversión de sus ingresos, en línea con el argumento funcionalista, o si, por el contrario, no muestran diferencias significativas en sus estructuras de gasto con respecto a los hogares que no reciben estas transferencias.

A diferencia de otros estudios, se debe notar que no todos los hogares receptores de remesas cuentan con acceso a cuantías similares y que tampoco estas representan porcentajes, tan siquiera, parecidos del ingreso de las familias. En el caso específico de Chiapas, hay hogares en los que todo el ingreso monetario procede de remesas, mientras que en otros en los que menos del 5% es atribuible a esta fuente según datos de la ENIGH 2010.9 Al considerar "los hogares que reciben remesas" se está teniendo en cuenta a un buen número de hogares cuyo ingreso, y en consecuencia su gasto monetario, se ve mínimamente influido por estas transferencias.

Para analizar el uso exclusivo de las remesas, en vez del uso de todo el ingreso monetario de los hogares que reciben alguna remesa (lo cual también se hace, como se ha comentado en párrafos anteriores), se considera la distribución del ingreso monetario por rubros de gasto de cada familia receptora de remesas, pero imputando solo la parte correspondiente a la proporción que estas transferencias representan en el ingreso de cada hogar.10 Al agregar las otras cifras por rubros de gasto, se consigue una mejor aproximación del uso que se da realmente a las remesas.

A partir de los datos de la ENIGH también es posible contrastar si los hogares receptores de remesas son más proclives a tener negocios propios que los no receptores. Como se ha comentado, la perspectiva funcionalista considera las remesas como una forma de ahorro que tiende a orientarse al financiamiento de proyectos de inversión productiva a través de la formación y consolidación de negocios y establecimientos comerciales de los migrantes (Massey y Parrado, 1998). Este aspecto se verifica distinguiendo el ámbitos rural y el urbano, dada la desigual proporción de hogares receptores de remesas en estos entornos y las diferencias estructurales existentes para la creación y expansión de estas actividades.

Finalmente, con la intención de develar las características que hacen más probable que un determinado hogar perciba remesas, pi, frente a otros, se estiman sendos modelos logit:

donde Φ es la función de distribución normal estandarizada. Siguiendo la propuesta de Canales (2008:185-205), se recurre a variables: I) contextuales, II) sociodemográficas del hogar, III) relativas al jefe del hogar y IV) socioeconómicas del hogar. Las primeras incluyen la condición rural-urbana y el grado de marginación, como se detalla en el esquema número tres del anexo. Con ellas se trata de confirmar si entre los hogares rurales la proporción de receptores de remesas es mayor que entre los urbanos, o viceversa, y lo mismo al comparar las áreas con mayor y menor marginación de la entidad. Las variables sociodemográficas que se incorporan al modelo son el tamaño y la clase de hogar. Del jefe del hogar se considera: el género, la edad y el grado de escolaridad. Las condiciones socioeconómicas del hogar se reflejan a través de la tasa de ocupación laboral de los integrantes del hogar, la tenencia de vivienda en propiedad y el porcentaje que representan los ingresos por negocios en el ingreso total del hogar.

A diferencia de Canales (2008), que recurre a datos de la ENIGH 2005 para todo México,11 en esta ocasión se utiliza información de la ENIGH 2010 solo para Chiapas dadas las singularidades ya comentadas de esta entidad. En el caso de Canales (2008), prácticamente todas las variables aquí expuestas, y algunas más, resultan relevantes para explicar el perfil de los hogares con mayor probabilidad de recibir remesas. En este caso se tratará de ver qué diferencias y semejanzas existen entre el patrón entonces descrito y el actual de Chiapas.

 

Resultados

Incidencia de las remesas en la cuantía y estructura de los ingresos de los hogares de Chiapas

La relevancia de las remesas puede verse, en primera instancia, a través de la proporción que representan en el total de ingresos. En el caso de Chiapas, se tiene que, a nivel agregado, solo el 3.22% de los hogares percibe remesas, lo que constituye el 1.52% del ingreso total de las familias en el año 2010. Al distinguir por hogares rurales y urbanos, se observa una mayor incidencia de las remesas en las zonas rurales, donde el porcentaje de hogares receptores se eleva hasta el 4.65%, frente al 2.04% de las áreas urbanas. La diferencia lleva a rechazar la hipótesis de independencia entre ambas características.12 Lo mismo ocurre al tener en cuenta la participación de las remesas en los ingresos, ya que representan el 4.43% del ingreso total de los hogares rurales y el 0.40% en los urbanos.13

Si bien el impacto de las remesas en el conjunto de la economía chiapaneca es bastante reducido, particularmente en las localidades de más de dos mil quinientos habitantes, para los hogares receptores, estas transferencias suelen ser su principal fuente de ingreso. En términos medios, las remesas representa el 43.04% del ingreso total de los hogares que las reciben en la entidad. De nuevo, es posible encontrar diferencias significativas entre áreas rurales, donde representan hasta el 58.03% del ingreso de los hogares receptores, y urbanas, donde su participación es solo del 20.45%.

Un aspecto relevante que también cabe analizar es si los hogares receptores de remesas cuentan con un ingreso inferior, semejante o superior a los no receptores. En este caso, se encuentra que el ingreso promedio de los hogares que perciben remesas supera ligeramente al de los hogares sin acceso a esta fuente de ingreso (cuadro 1). La diferencia resulta muy amplia entre los hogares rurales (19,703 pesos frente a 11,614 pesos),14 mientras que en los urbanos, incluso cambia el sentido de la comparación, y es superior el ingreso de los hogares no receptores.15 Asimismo, destaca la gran diferencia de ingresos entre las áreas rurales (11,990 pesos) y urbanas (25,612 pesos) de Chiapas. Debido a ello, las remesas estarían reduciendo la brecha de ingresos rural-urbana, aunque a costa de ensanchar las diferencias al interior del ámbito rural (Arrazola, 2011).

Por deciles de ingreso (gráfica 1), se vuelve a apreciar el escaso impacto de las remesas en el conjunto de la economía estatal. Solo en el quinto y en el decil de ingreso más alto muestran una participación superior al dos por ciento de los ingresos totales. Su distribución no presenta un patrón claro, a diferencia de lo que ocurre con los ingresos por trabajo, que aumentan con el nivel de ingreso, o con las transferencias gubernamentales, que se reducen. si acaso, las remesas estarían beneficiando en mayor medida a las familias que disfrutan de mayores ingresos y a algunas de los deciles intermedios, y no tanto a las más pobres, aunque sin grandes diferencias.

En relación con el debate sobre si las remesas se destinan a proyectos de inversión o a financiar el consumo directo de las familias, la comparación de las estructuras de ingreso de los hogares receptores y no receptores puede empezar a clarificar esta cuestión, que se retoma en el siguiente subapartado con el estudio de las estructuras de gasto. Como se aprecia en el cuadro 2, las remesas tienden a compensar la menor percepción de rendimientos por trabajo. A pesar de ser clasificadas como transferencias monetarias, su origen es la remuneración de las actividades laborales desempeñadas fuera de México. Actúan, por tanto, como sustitutivas del ingreso que se deja de percibir a través del concepto "trabajo" (remunerado en el interior del país) a causa del traslado del trabajador al extranjero para desarrollar actividades laborales (retribuidas en el exterior) y que se contabilizan en su hogar en forma de "remesas".

Como ya se ha indicado, en promedio, las remesas representan el 43.04% del ingreso total de los hogares que las perciben. En los hogares no perceptores, las remuneraciones del trabajo son la mayor partida de ingreso; llegan a representar el 48.29% del total, frente al 17.59% en los hogares con remesas. Considerando de forma conjunta ambos rubros, las diferencias se reducen, ya que, entonces, el 48.29% del ingreso de los hogares sin remesas se compara con el 60.63% que los hogares con remesas obtienen por la venta de factor trabajo tanto en el interior como en el exterior de México. La menor remuneración porcentual por trabajo de los hogares sin remesas se compensa con mayores aportaciones a través de los rubros de "negocio" y "rentas", donde las diferencias son estadísticamente significativas al 95% de confianza.

Como muestra el cuadro 2, los ingresos por negocio son porcentualmente mayores en los hogares que no perciben remesas. No obstante, como se observa en el cuadro 3, los hogares con remesas son más propensos a tener negocios.16 Hasta un 57.52% de los hogares receptores reporta ingresos por negocios, mientras que solo el 43.95% de los hogares no receptores disfruta de estos. El hecho de que más negocios reporten menos ingresos está relacionado con la mayor proporción de ingreso obtenido vía remesas, pero también con el carácter más rural que urbano de los emigrantes chiapanecos, así como de sus actividades, que clasifican como "negocio" aunque, en su mayor parte, son explotaciones agropecuarias destinadas al autoconsumo y venta de algún excedente, lo que explica que su capacidad de generar ingresos se reduzca al emigrar alguno de los integrantes del hogar.

Uso de las remesas: consumo, inversión o ahorro

En la discusión sobre si las remesas pueden constituirse en motor del crecimiento económico y el desarrollo de las regiones rezagadas, se ha hecho especial hincapié en el uso que los hogares dan a las transferencias. Como se observa en el cuadro 4, apenas existen diferencias entre las estructuras de gasto de los hogares receptores y no receptores de remesas en Chiapas. En ambos casos, la mayor parte del ingreso se destina a consumo; es el gasto en alimentación una partida muy relevante al ocupar un tercio del ingreso monetario. Tampoco hay grandes diferencias en cuanto a inversión se refiere. La discrepancia más notoria entre estos tipos de hogares se encuentra en el ahorro, concretamente, en la brecha entre ingresos y gastos monetarios. Los hogares perceptores de remesas disponen de un volumen significativamente mayor de ingresos que no gastan, en comparación con los hogares que no reciben remesas, lo cual guarda relación con su mayor nivel de ingreso, especialmente en el ámbito rural, como se ha visto.

Al tener en cuenta el uso exclusivo de las remesas, y no el del ingreso total de los hogares que reciben alguna remesa, en el sentido comentado al describir la metodología de análisis, la diferencia en las estructuras de gasto es aún mayor. Concretamente, se tiene que el 41.14% del ingreso obtenido por remesas no se gasta, lo que sumado a los depósitos, lleva a que el 47.33% de las remesas se ahorre. Este mayor ahorro se realiza a costa de las proporciones destinadas a consumo (45.51°%)17 e inversión (7.16%).18

A la luz de los resultados, parece claro que el uso inmediato que los hogares dan a las remesas es, fundamentalmente, el ahorro, es decir, son ingresos que, en un principio, no se consumen ni se invierten. Una de las claves para explicar la coherencia de este resultado, que no necesariamente contradice los hallazgos de otras investigaciones,19 se encuentra en la esencia de la ENIGH, que solo tiene en cuenta el lapso de un trimestre. En ese periodo, considerando que con mucha probabilidad el migrante habrá permanecido fuera del país todo el tiempo y que la comunicación con su hogar no es sencilla, la familia receptora de remesas se habrá limitado a acumularlas y darles, en parte, el uso habitual que da al resto de ingresos. Como señalan Mendoza y Díaz (2008: 62) y se comprueba en la siguiente sección, "la mayor parte de los hogares o familias que reciben remesas tienen jefa de hogar como jefe sustituto, lo que indica que se trata de familias divididas por el fenómeno migratorio donde la disponibilidad para emprender actividades productivas es prácticamente anulada por el peso de las tareas domésticas y de cuidado de los hijos".

Si en los datos presentados se prescinde de la parte que se destina al ahorro, la división de las remesas entre consumo e inversión es prácticamente idéntica a la del ingreso de los hogares receptores, pero también a la de los no receptores de estas transferencias internacionales. En todos los casos, alrededor de un 85% del ingreso que no se ahorra se dedica a consumo y el 15% restante a inversión, incluyendo educación y salud.

Teniendo en cuenta que el ahorro no es más que consumo o inversión aplazado en el tiempo, a partir de los datos analizados, solo cabe concluir que no hay evidencia de que las familias receptoras de remesas tengan patrones de gasto distintos a las no receptoras, ni tampoco de que las remesas se usen en conceptos o en proporciones diferentes a los de cualquier otra fuente de ingreso. Con la información disponible, no es posible conocer el uso concreto que los hogares dan finalmente a la parte de las remesas que no gastan durante el trimestre reflejado en la ENIGH. Bien las pueden destinar a mejorar su parcela de cultivo, a la construcción o ampliación de su vivienda (Salas y Pérez, 2007:238) o incluso a "inversión en capital social" al regreso del migrante mediante la celebración de fiestas comunitarias donde el "consumo ostentoso" de bienes producidos fuera de la región muestre la señal inequívoca del éxito de la experiencia migratoria, aunque en algunos casos ésta no haya sido tan exitosa.

En relación con las características específicas de los hogares receptores de remesas, de las cuales ya se han esbozado algunas, como el predominio de los hogares rurales frente a los urbanos o la menor percepción de ingresos por negocios, en el siguiente apartado se analizan otras más, así como su incidencia en el hecho de que ciertos hogares sean más propensos a la emigración internacional de alguno de sus integrantes y a la percepción de remesas, lo cual condiciona el uso que se hace de ellas y ayuda a explicar los resultados que ya fueron comentados.

Características de los hogares perceptores de remesas

Al estimar los modelos logit y probit mencionados en la sección dos, se encuentra que algunas de las variables inicialmente planteadas no son significativas en el caso de Chiapas. Así ocurre con el grado de marginación que, una vez controlado por la condición rural o urbana de los hogares, resulta no añadir capacidad explicativa al modelo. Lo mismo cabe decir de la clase y del tamaño de hogar, lo mismo que la edad y del grado de escolaridad del jefe de familia, que no aportan información sobre qué tipo de hogar registra mayor probabilidad de recibir remesas.

Las variables estadísticamente significativas son las que figuran en el cuadro 5. Tanto el modelo logit como el probit arrojan resultados similares, que solo cambian en el valor de los parámetros dadas las diferencias existentes en las expresiones matemáticas que distinguen cada caso. Los signos de los coeficientes y los niveles de significación son idénticos, dando lugar a una sola interpretación.

Como evidencia el signo positivo de la estimación, la probabilidad de encontrar hogares receptores de remesas es mayor en el ámbito rural que en el urbano, lo cual coincide con los resultados del análisis descriptivo anterior y con otras investigaciones. No cabe decir lo mismo de las variables relacionadas con las características sociodemográficas de los hogares, que resultaron no significativas y fueron excluidas del modelo final al no aportar información relevante. En cuanto al género del jefe de hogar, la evidencia muestra que los hogares con jefes femeninos son más propensos a recibir remesas, lo que puede estar relacionado con las mayores dificultades que estas enfrentan para acceder a ciertos puestos de trabajo y obtener ingresos, forzando a que alguno de los integrantes de la familia emigre y envíe remesas, pero, sobre todo, con el propio proceso migratorio, eminentemente masculino cuando implica un desplazamiento internacional, lo que da pie a que la mujer funja como jefe sustituto.

Las últimas tres variables significativas de los modelos reflejan características socioeconómicas de los hogares. La tasa de ocupación se relaciona de forma inversa con la recepción de remesas, indicando que los hogares con menor proporción de ocupados en actividades laborales (en México) son más propensos a recibir estas transferencias. Lo mismo ocurre con los hogares que perciben menos ingresos por negocios. En cuanto a la tenencia de vivienda, sin embargo, se observa una relación directa, siendo más probable encontrar hogares con remesas entre los que disfrutan de vivienda en propiedad, lo que estaría relacionado con el hecho de que el proceso migratorio sea selectivo a causa de los costos que implica el traslado a otro país (Stark, Taylor y Yitzhaki, 1986; Mckenzie y Rapoport, 2007).

Estos resultados, salvo las variables no relevantes, se corresponden con los encontrados por Canales (2008) para todo el territorio mexicano con datos de la ENIGH 2005. No existen, por tanto, grandes diferencias en los factores que determinan la recepción de remesas a pesar de haberse considerado espacios y momentos diferentes.20 No obstante, en el caso de Chiapas cabe destacar la significación de las variables socioeconómicas incorporadas al análisis, frente a la mínima información aportada por las restantes, con las únicas excepciones del ámbito rural-urbano y el género del cabeza de hogar. Esto puede ayudar a entender, no solo los motivos, sino también los efectos que la emigración internacional puede llegar a tener en las poblaciones de origen.

 

Reflexiones finales

Al analizar los datos de la ENIGH 2010, se ha encontrado que los hogares de Chiapas que reciben remesas son relativamente pocos, pero que en ellos estas transferencias representan casi la mitad de sus ingresos. Asimismo, se ha constatado la idea de que las remesas deben conceptualizarse como un fondo salarial. No en vano, sustituyen a las remuneraciones por trabajo (realizado en el territorio nacional) que los hogares dejan de percibir al trasladarse alguno de sus miembros a laborar en el extranjero. Esto no impide, sin embargo, que, al ser mayores las remuneraciones en el exterior, los hogares con remesas obtengan una retribución total por trabajo (nacional y extranjero) superior a la de los hogares sin remesas, especialmente en las áreas rurales, lo que, por otra parte, da sentido a la emigración.

A partir del análisis realizado, no hay evidencia de que las remesas estén generando cambios significativos en la distribución de ingresos o en los patrones de consumo-inversión. Los hogares con remesas, o las propias remesas, no se invierten en proporción distinta a las retribuciones del trabajo ganadas en territorio nacional. No hay cambio en la estructura de gastos. La única diferencia que se observa es que, al menos en el muy corto plazo, los hogares que reciben remesas acumulan una mayor proporción de ingresos que no gastan y que por tanto ahorran, principalmente, al margen del sistema bancario.

También se ha comprobado que los negocios en funcionamiento apenas aportan ingresos a las familias, ya que en su mayor parte se trata de actividades tradicionales de autosubsistencia que generan algún beneficio por la venta de excedentes. Como se ha señalado, las familias perceptoras de remesas son más propensas a tener negocios, pero los rendimientos de éstos tienden a ser menos importantes en sus estructuras de ingresos debido al mayor peso relativo de las remuneraciones por trabajo.

Los problemas estructurales que padece la economía chiapaneca y que pueden estar coartando la inversión en actividades productivas, no solo de las remesas sino también del resto de recursos, quedan evidenciados por el hecho de que más de las tres cuartas partes de la población viva en situación de pobreza (Coneval, 2011), lo que da idea de las características y del tipo de mercado interno al que se enfrentan los productores. Debido a ello, al escaso volumen que representan las remesas en un ingreso total de por sí raquítico, y al hecho de que no haya evidencia concluyente de que estas transferencias estén contribuyendo a cambiar la estructura de gastos de los hogares, no parece legítimo presentarlas como promotoras del desarrollo. si bien es cierto, tampoco hay indicios de que estén resultando perjudiciales, ya que contribuyen a aliviar la difícil situación en que se encuentran algunas familias, aportando mayores ingresos de los que obtendrían a cambio del trabajo realizado en la entidad.

En cualquiera de los casos, un acompañamiento de estas transferencias, y del resto de recursos e iniciativas, con verdaderas políticas de desarrollo regional que modifiquen las condiciones estructurales ahora existentes podría potenciar los efectos positivos de estas y dar lugar a mejores resultados, ya que ambas formas de acción son más complementarias que sustitutivas.

 

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Notas

1 Para el cálculo de los volúmenes de remesas per cápita se utilizó la información de remesas de Conapo (2012) y la de población del Conteo de Población y Vivienda 1995 y los Censos de Población y Vivienda de 2000 y 2010. Los datos de población del año 2003 se obtuvieron mediante interpolación lineal de los de 2000 y 2010.

2 Antes de la fase estructuralista, De Haas (2008) y Canterbury (2010) identifican una etapa "desarrollista" en el ámbito mundial que abarca las décadas de los cincuenta y los sesenta. Desde la perspectiva "desarrollista", los emigrantes, a su regreso, se constituyen en importantes agentes de cambio e innovación, mientras que las remesas 'mejoran la distribución del ingreso y la calidad de vida más que otros métodos de desarrollo" (Keely y Tran, 1989:500).

3 No se ignora, por tanto, la acción del flujo circular de la (macro)economía, como critican Mendoza y Díaz (2008:42).

4 Canales y Carrizales (2009:333) concluyen que "incluso en comunidades que por su alto dinamismo económico atraen importantes proyectos de inversión, las remesas productivas representan menos del 5% del volumen global de remesas".

5 No obstante, Lozano, Huesca y Valdivia (2010) argumentan que el hecho de que las remesas se destinen a consumo, lleva a que paguen impuestos indirectos, que sirven para financiar programas de promoción del desarrollo y de combate a la pobreza en las regiones más necesitadas.

6 A partir del diseño de la propia ENIGH, los hogares pertenecientes a localidades de dos mil quinientos y más habitantes se consideran "urbanos", mientras que los de localidades de menos de dos mil quinientos habitantes se clasifican como "rurales".

7 Keynes (1965:63) comentaba que el criterio para distinguir el consumo de la inversión es "la línea que separa al consumidor del empresario". Si se adopta esta perspectiva más tradicional, en la ENIGH es imposible identificar partida alguna que clasifique como inversión, principalmente porque la encuesta está diseñada para captar los ingresos y gastos de los hogares y no de los empresarios. Este contratiempo se resuelve parcialmente al recurrir al enfoque del desarrollo humano.

8 Hay que tener en cuenta que, especialmente en las áreas rurales, el gasto en capital social facilita la vida en común, generando beneficios sociales, políticos y económicos, y creando vínculos con personas de dentro y fuera de la comunidad.

9 Cabe destacar que se está haciendo referencia al "ingreso monetario" y no al "ingreso total" de los hogares. Específicamente, el 2.93% de los hogares receptores de remesas en Chiapas tiene a estas transferencias como única fuente de ingreso monetario. En el extremo opuesto, para el 5.32% de los hogares receptores, las remesas no llegan a representar siquiera el 5% de su ingreso monetario.

10 Lozano, Huesca y Valdivia (2010: 156) realizan un ejercicio similar para computar el IVA asociado exclusivamente al gasto de las remesas.

11 Huesca, Calderón y García (2009) proceden de modo similar ajustando un modelo logit multinomial con datos de la ENIGH de 2000 y 2005 para distintas regiones del territorio mexicano. El modelo que se estima en el presente artículo se asemeja más al de Canales (2008).

12 Con una confianza del 99% se puede afirmar que existe una relación positiva entre la localización rural de los hogares y la recepción de remesas. Lo mismo se puede decir de la diferencia de proporciones, significativa al 99% de confianza.

13 Aunque la ENIGH 2010 es representativa para Chiapas en cuanto a estructuras de ingreso y gasto total de los hogares, el escaso número de estos que reciben remesas implica una muy importante reducción de la muestra. Ello alerta sobre el posible riesgo de establecer generalizaciones a partir de los resultados obtenidos del análisis exclusivo de esta partición. No obstante, los resultados pueden interpretarse con la prudencia necesaria a modo de aproximación y compararse con los de otras investigaciones realizadas a nivel nacional (Canales, 2008) y regional (Huesca, Calderón y García, 2009). Como se verá, no hay grandes diferencias con estas, lo que garantiza una cierta robustez de las conclusiones.

14 Cabe advertir que, en términos medios, la amplia diferencia en favor de los hogares receptores de remesas se explica casi exclusivamente por las propias remesas que, como se ha mencionado, representan el 58.03% del ingreso de los hogares rurales receptores. Al prescindir de esta aportación, y sumar la contribución que el emigrante haría en el sistema productivo local, el ingreso de ambos grupos tiende a igualarse, lo que indica que, en muchos casos, los hogares no dependen de las remesas en sentido estricto, a pesar de ser su principal fuente de ingreso.

15 La diferencia de ingresos entre hogares receptores y no receptores de remesas solo es estadísticamente significativa en el caso de los hogares rurales. Tanto en el grupo de hogares urbanos como en el total, no hay evidencia suficiente para rechazar la hipótesis de igualdad de promedios.

16 También cabría interpretar que los hogares con negocios son más propensos a tener emigrantes. Esta fuente de ingreso facilitaría la financiación necesaria para costear el proceso migratorio.

17 La parte gastada en consumo se distribuye del siguiente modo: alimentos (22.92%), vestido y calzado (2.41%) y otros consumos (20.18%).

18 El porcentaje destinado a inversión se obtiene de la suma de los siguientes rubros: cuota por vivienda y servicios y materiales (0.13%), educación (2.61%), salud (3.00%), balance de negocios (0.26%), otras inversiones (1.17%).

19 Mendoza y Díaz (2008) obtienen un resultado similar a partir de la ENIGH 2004. En su caso, las remesas estarían ayudando a que las "familias ahorren o a que paguen adeudos, pero no son determinantes de las operaciones con pasivos de los negocios" (p. 53)

20 Gran parte de los resultados también se corresponden con los de Huesca, Calderón y García (2009).

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