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Estudios sociales (Hermosillo, Son.)

Print version ISSN 0188-4557

Estud. soc vol.20 n.39 México Jan./Jun. 2012

 

Nota crítica

 

De eufemismos y fetiches. Repensando el desarrollo, explorando el posdesarrollo

 

Euphemisms and fetishes. Rethinking development, exploring the postdevelopment

 

Juan Masullo Jiménez.*1

 

* Estudiante del Departamento en Ciencia Política de la Central European University. Budapest.

 

Dirección para correspondencia:
masullo_juan@student.ceu.hu

 

Fecha de recepción: diciembre de 2010
Fecha de aceptación: agosto de 2011

 

Resumen

La presente nota crítica está inspirada en la obra El desarrollo ¿Progreso o ilusión? Aportes para el debate desde el ámbito rural, editada por Olga Lucía Castillo en 2007. No constituye una reseña en su sentido más estricto, tampoco una crítica. Es una reflexión en torno a diversos interrogantes que los diferentes contribuidores del ¿Progreso o ilusión? implícita o explícitamente, abren. Indaga sobre la construcción social de la idea de desarrollo y su estado actual. Identifica problemas e invita a indagar posibles vías para salir de un callejón que parece no tener salida. Le hace seguimiento a la crítica cultural que al desarrollo, como concepto y práctica, plantea el posdesarrollo. Encuentra en éste útiles herramientas para despejar el camino y explorar alternativas (al desarrollo) y, a la vez, señala desafíos y riesgos. Sin embargo, lo que yace en el fondo de la discusión es una preocupación por el bienestar de los pueblos del llamado Tercer Mundo, aquellos que, siendo objeto de diversas tecnologías políticas, han sido re-subjetivizados como necesitados de desarrollo.

Palabras clave: desarrollo, subdesarrollo, deconstrucción, posmodernismo.

 

Abstract

This short essay is inspired by the volume edited by Olga Lucía Castillo, El Desarrollo ¿Progreso o ilusión? Aportes para el debate desde el ámbito rural, published in 2007. It is neither a book review nor a critique; rather, it is a general reflection on some of the questions raised, implicitly or explicitly, by the volume's different contributors. In dealing with the social construction of the idea of development and its current status, it invites the reader to search for possible escape routes to what seems to be a 'dead-end street'. This essay presents post-development's critique as a useful approach for the designing of alternatives to development, both as a concept and a practice; at the same time, it identifies crucial challenges and risks. Nonetheless, underlying the discussion is a genuine concern for the well-being of many of the inhabitants of the so-called "Third World" who have been the object of diverse political technologies through which they have been constituted and framed as subjects in need of development.

Key words: development, underdevelopment, deconstruction, postmodernism, posdevelopment.

 

Desde hace décadas el desarrollo, como discurso y como práctica, en cualquiera de sus versiones, ha sido la respuesta hegemónica para, prácticamente, los males que agobian a las naciones atrasadas del llamado Tercer Mundo. En este acontecer, acudiendo a las palabras que usa Zygmunt Bauman (2001) para referirse a la noción de globalización, la idea de desarrollo ha caído en una corriente de moda; se encuentra hoy en boca de todo el mundo y se ha transformando en un fetiche, en un conjuro mágico, en la llave maestra para abrir las puertas de cualquier misterio presente y futuro. Dadas las múltiples formas que ha tomado la noción de desarrollo en los últimos sesenta años, sus contornos se han vuelto difusos y las maneras en las que puede ser interpretado y reinterpretado son tantas y, a veces tan diferentes, que el requerimiento social de desarrollo ha dejado de ser una demanda substantiva. Así como señala Sen (1992) en un análisis similar sobre la idea de igualdad, hemos vaciado de sustancia la idea de desarrollo.

La situación crítica por la que atraviesa la construcción social de la idea de desarrollo, evidente en la multiplicidad de adjetivos que se le han añadido, ha despertado un creciente e incómodo desencanto en determinados sectores de la academia, preocupada y comprometida con asuntos conexos. La obra El desarrollo ¿Progreso o ilusión? Aportes para el debate desde el ámbito rural (2007), que da vida a esta nota crítica, puede ubicarse dentro de esa misma comunidad académica desencantada. No gratuitamente, su editora académica, la doctora en Estudios del Desarrollo de Cardiff University, Olga Lucía Castillo, señala en la introducción que "[...] esta múltiple fragmentación [del concepto y de las prácticas del desarrollo] pueden ser leídos como el fracaso de dicha noción y como la incapacidad de sus prácticas para sostener una idea de bienestar para todos, idea cada vez más lejana" (Castillo, 2007: 13). Así, lo que está en el fondo de la discusión a la que invita esta nota crítica es una preocupación por el bienestar de los pueblos del Tercer Mundo, aquellos que, siendo objeto de diversas tecnologías políticas, han sido re-subjetivizados como necesitados de desarrollo.

En este escrito se busca recoger el debate central que sitúa en la base de la obra citada y que, desde diferentes perspectivas, sus autores abordan. En las palabras introductorias queda claramente estipulado que, desde una posición crítica y analítica, los documentos incluidos discurren por los campos de la noción de desarrollo y sus prácticas y los relacionan con temas específicos en los que los autores ponen el acento. Lo anterior se hace, no obstante, sin perder de vista una fuerza centrípeta articuladora: el debate en torno al concepto y las prácticas del desarrollo. Tanto la obra como el debate al que incita son de total vigencia para el avance de una ciencia social que, en palabras de Santos (2009), se sostenga sobre un paradigma científico-social de un "conocimiento prudente para una vida decente".

 

El debate: ¿Un callejón sin salida?

Si bien la utilización de la noción de desarrollo, sea como término o concepto, data de ya tiempo, siguiendo a Gustavo Esteva (1992), a Wofgang Sachs (1992), a David Slater (1993), a Arturo Escolar (1996), a Gilbert Rist (2002) entre otros, es lícito identificar en la segunda posguerra, específicamente en el discurso del presidente estadounidense Harry S. Truman, un punto de quiebre importante. Sin lugar a duda, una idea que presente, incluso en las discusiones filosófico-políticas de la Antigüedad griega,2 no surgió en aquel momento; no obstante, fue en ese contexto en el que adquirió una connotación específica de la que aún hoy no se ha podido librar. Tras el uso geopolítico del término "subdesarrollo",3 en medio de la reconstrucción de la posguerra y de la puesta en marcha de discursos que asociaban directamente el desarrollo con crecimiento económico y el subdesarrollo con un estado de carencia, se le imprimió a la idea de desarrollo un carácter político-económico que iba a moldear las relaciones entre Estados. Con las palabras de Truman, por lo menos tres cuartas partes del globo, en oposición a los modelos desarrollados empíricamente identificables en Norteamérica y Europa Occidental, pasaron automáticamente a ser pueblos subdesarrollados y, por ende, sujetos de intervención.

Su aceptación, incluso entre los ahora autoidentificados como subdesarrollados, por medio de un manejo (bio)político de las aspiraciones de los pobladores del "Tercer Mundo", fue cuasi-mecánica y prácticamente automática, aunque no libre de puntos de resistencia. La generalización de la noción se esparció con impar rapidez por el mundo y, en cuestión de unos años, construyó y legitimó, en torno a sí, un dispositivo de poder de alcance global. "Nunca antes una palabra [desarrollo] había sido universalmente aceptada el mismo día de su acuñación política. Una nueva percepción, de uno mismo y del otro, quedó establecida de pronto. Doscientos años de construcción social del significado histórico-político del término 'desarrollo' fueron objeto de usurpación exitosa y metamorfosis grotesca" (Esteva, 1992: 54).

Una vez que se establece la dicotomía desarrollo/subdesarrollo y se acepta mundialmente la necesidad de "desarrollar" al "subdesarrollo", la idea deviene en objeto de (i) institucionalización, por ejemplo en las Naciones Unidas, Instituciones Financieras Internacionales (ifi) y agencias locales de desarrollo; y (ii) profesionalización en prestigiosas universidades, think-tanks y departamentos de investigación de las IFI.4 Con la profesionalización nace, como rama independiente de estudio y en un primer momento como objeto exclusivo de economistas, el campo de estudios del desarrollo tal y como lo conocemos hoy.

Sin entrar en detalle, es posible identificar, por lo menos, tres grandes grupos de propuestas que han marcado la trayectoria de esta profesionalización, algunas han alcanzado sólido impacto en la arena gubernamental: la modernización, las necesidades básicas y las denominadas propuestas alternativas. A su vez, dos vertientes más generales de concebirlo han sido trasversales a algunas de esas grandes propuestas: la primera, pone el acento en la transición de tipos societales, es decir, la transferencia de lo pre-moderno a lo moderno, suponiendo la "superación" de "lo tradicional" e incluso el paso de "lo rural" a "lo urbano" vía crecimiento económico, industrialización y urbanización. La segunda, algo posterior y con un tinte más social (en oposición a la primacía economicista y reduccionista de las primeras propuestas), se enfoca en la reducción de la pobreza y al alcance de mayores niveles de calidad de vida. Adicionalmente, podrían añadirse también seis enfoques teóricos, estrechamente ligados a lo anterior, para aproximarse concretamente al desarrollo. Siguiendo a Kay (2007), en una cronología histórica a partir de la segunda posguerra, estos son: modernización, estructuralismo, dependencia, neoliberalismo, neoestructuralismo y, en el ámbito más específico de lo rural, estrategias de vida (rural live-hoods). A los enfoques habría que añadir un séptimo, el postestructuralismo, que sirve de referencia epistemológica y analítica de una propuesta más reciente y radicalmente distinta: el posdesarrollo.5

Además de las ya conocidas propuestas alternativas que tienden a resaltar un rostro más social/humano6 del desarrollo y que así rebosan los estrechos límites de la sinonimia entre desarrollo y crecimiento económico, algunos capítulos de la obra de Castillo (2007) se esfuerzan por destacar dimensiones cruciales del desarrollo que no hacen parte de su "núcleo duro" y que, de alguna manera, han sido recogidas por los principales exponentes del posdesarrollo. Es el caso, por ejemplo, de los capítulos "Ética y desarrollo rural" en el que Matijasevic enfatiza en la cuestión ética del desarrollo -específicamente en el sector rural-, y "Desarrollo, conflicto y conflicto armado" en el que Tobón profundiza en la relación entre conflicto, violencia y desarrollo.

Matijasevic, apostándole al ejercicio de repensar y comprender realmente lo que es el desarrollo, integra una fuerte preocupación, de índole eminentemente ética, en torno a los procedimientos y resultados de las prácticas de desarrollo. En este sentido, hace un rico aporte al debate central desde una dimensión que, puede decirse, ha sido marginal y que pocos han considerado notable como los componentes económicos, científicos y políticos del desarrollo. En sus palabras, esa aproximación ética es entendida "[...] como la reflexión crítica sobre sus fines y medios, pero también como la reflexión sobre el tipo de racionalidad que domina los discursos, el sentido que se atribuye a la interacción con las comunidades y la conciencia sobre los impactos que pueden derivarse de las prácticas para el desarrollo" (Matijasevic, 2007: 40).

Matijasevic, en un esfuerzo desmitificador, arroja el desarrollo "al ruedo del debate moral" tal y como hace décadas sugería Denys Goulet (1971), preponderante referencia teórica de la "ética del desarrollo" (Crocker, 1991, 2002:1). De esta manera, pone el acento en el sentido normativo del desarrollo y entiende por desarrollada aquella sociedad cuyas instituciones, formales e informales, se aproximan a lo que los pueblos consideran fines valiosos y medios prudentes.

Por su parte, Tobón, estudiando la relación entre conflicto y desarrollo, empieza a esbozar una respuesta a la siguiente pregunta, pensando principalmente el caso colombiano: ¿En qué sentido el conflicto armado afecta el desarrollo? Su preocupación sitúa la discusión en torno al desarrollo en un espacio sociopolítico, donde si bien lo económico juega un papel importante, no es un aspecto medular ni mucho menos concluyente. El aporte que el autor hace desde su estudio al debate central sobre la teoría y la práctica del desarrollo es muy pertinente y reside en el reconocimiento de que "[...] la forma y características que asume dicha relación [conflicto armado y desarrollo] dependen y están determinadas por la circunstancia, coyuntura, realidad y especificidad del conflicto de que se trate, por las causas que lo originaron y por el entorno internacional o regional en el cual se desarrolla" (Tobón, 2007: 54).

La reivindicación de la especificidad contextual supone un serio cuestionamiento a la manera en que comúnmente, incluso en el seno de orientaciones críticas y consideradas "alternativas", se ha entendido el desarrollo en nuestras sociedades, mediado por modelos exportados y condicionados, discursos hegemónicos y recetarios universales. Sin duda, la globalización neoliberal ha exacerbado la tendencia, exocentrada y universalista, de concebir el desarrollo, cristalizada con claridad en el modelo macroeconómico que, encontrando hoy desafíos en varios países de América Latina y agrietado a nivel global por el breakdown económico de 2009, ha sido hegemónico en prácticamente todo el "Tercer Mundo" desde por lo menos el llamado Consenso de Washington.

Es, entonces, que la obra que da vida a esta nota crítica proporciona nuevos elementos a la discusión de lo que parece ser un "callejón sin salida". Aunque sin desarrollar una posición clara respecto al posdesarrollo, propuesta que queda consignada de manera explícita en el capítulo introductorio, sus perspectivas críticas y la inclusión de nuevas dimensiones, además de resaltar la complejidad inherente al objeto de estudio, despiertan la pregunta que queda consignada en el título de Castillo: ¿Progreso o ilusión?

 

Posdesarrollo: ¿Una luz en el callejón?

Múltiples son las razones que han estimulado a autores de diferentes lugares del mundo a explorar salidas radicales que, lejos de abogar por más "desarrollos alternativos" o "mejores desarrollos", le han apostado a la deconstrucción de la noción misma y han dado forma a lo que hoy se conoce como posdesarrollo.7 Entre las razones que se encuentran en el corazón del creciente desencanto, que motivó la propuesta de posdesarrollo, se destacan: (i) la insistente asimilación entre desarrollo y crecimiento económico, aún hoy presente y exacerbada en la agenda neoliberal de desarrollo; (ii) la poca operacionalización práctica de una noción polisémica y a veces contradictoria; (iii) la disgregación y fragmentación del desarrollo que, influida por el pensamiento cartesiano y el modelo de ciencia moderna hegemónico hace siglos, castra la posibilidad de visiones de mundo holísticas e integrales basadas en otras racionalidades; (iv) la fuerte carga ideológica que, en imaginarios individuales y colectivos, conlleva la noción de desarrollo en cualquiera de sus múltiples acepciones.

En la obra, con la que se establece un diálogo, no hay, pese a las expectativas despertadas en la introducción, una apuesta clara por el posdesarrollo ni esfuerzos concretos de reconstrucción. No obstante, en sus contenidos, algunos bastante críticos, se ecuentran luces para avanzar en esta dirección. Los diferentes autores revelan vigencia de la cercanía entre desarrollo y crecimiento económico -por ejemplo bajo la noción de mujeres en desarrollo (MED) de las Naciones Unidas (Ramos, 2007:135 - 158)-, dan cuenta de las múltiples formas que puede tomar el concepto según perspectivas analíticas, y develan la carga ideológica inherente a la idea de desarrollo resaltando sus repercusiones prácticas. Sin lugar a duda, las diferentes propuestas pueden enriquecerse, haciendo eco de las ideas que la editora académica esboza en la introducción, con referencias más claras y puntuales respecto a su posición frente al posdesarrollo y la utilización de herramientas teóricas y estrategias de lectura más cercanas a aquellas que dan vida a esta propuesta.

Siguiendo a Escobar, el posdesarrollo no busca proponer una nueva versión de desarrollo; todo lo contrario, su objetivo es "[...] cuestionar precisamente los modos en que Asia, África y Latinoamérica llegaron a ser definidas como "subdesarrolladas" y, por consiguiente, necesitadas de desarrollo" (Escobar, 2005:2).8 Así, con raíces en el postestructuralismo y cercano a un tipo particular de concebir el posmodernismo, el posdesarrollo parece proponerse desde por lo menos dos perspectivas: una que podría llamarse "moderada" y otra abiertamente "radical". La primera, reconociendo la validez del argumento central en contra de las implicaciones de los discursos y las prácticas alrededor del desarrollo y las relaciones asimétricas que toman forma en el encuentro conocimiento-poder, "[...] sugiere 'no lanzar todo por la borda', sino rescatar algunas nociones y argumentos planteados desde dichos discursos" (Castillo, 2007: 12). La segunda, propone hacer tabula rasa e "[...] invoca un esfuerzo imaginativo que permita incluso no seguir haciendo uso de este término [desarrollo]" (Castillo, 2007: 12). Vale la pena añadir que, en cualquiera de las dos vertientes, no se trata sencillamente de deconstruir el desarrollo, sino también, y fundamentalmente, de dejar de acercarse al proceso en singular -sea con la palabra que sea-. Para el posdesarrollo, lo plural aparece como reconocimiento y reivindicación, no tanto de las múltiples dimensiones que abarca el desarrollo -lo que podría conducir a caer en la misma trampa de la disgregación-, sino de los diversos caminos que pueden tomarse para llegar a su vez a diversos destinos.

 

Algunas consideraciones y precauciones

Considerando el terrible fatum de la noción de desarrollo y la urgencia de transformaciones estructurales y emancipadoras que demandan nuestras sociedades, es válido y alentador encontrar en el posdesarrollo una luz que pueda alumbrar el callejón oscuro y, aparentemente, sin salida por el que nos ha conducido una idea de desarrollo colonizada por la economía, los indicadores macro-económicos, la tendencia a universalizar la especificidad cultural e histórica, en muchos casos libre de consideraciones éticas y apoyada en dispositivos institucionales y científicos fuertemente articulados. No obstante, al estudiar y aproximarse a esta propuesta, para que avance en espacios académicos y logre tener impactos positivos en terreno, es necesario adoptar una actitud reflexiva y crítica.

Si bien la apuesta por la superación de los prejuicios conceptuales es urgente, es igualmente imperioso trascender el plano de las discusiones semánticas. Teniendo presente que hay una seria preocupación respecto a las múltiples acepciones e implicaciones del uso de la noción de desarrollo, se entiende que sea en este campo donde nace y toma forma la propuesta. Sin embargo, resulta inaplazable la conciencia y el compromiso de no agotar los esfuerzos, de trascenderlos, para no perder de vista "lo que está más allá del texto" y no aferrarnos a una "textualidad" sin puntos de referencia. En ese sentido, el posdesarrollo, además de probarse coherente en tanto concepción teórica y crítico-cultural, debe mostrarse empíricamente viable en tanto práctica.9 Por lo demás, ello sería un proceder coherente con sus principales fuentes teóricas, como las diferentes voces del postestructuralismo francés que, en muchas ocasiones, han sido utilizadas en el posdesarrollo de manera muy restringida y, en ocasiones, superficial.

Otra precaución gira en torno a la posibilidad de caer en un escepticismo radical y en un relativismo absoluto, cuyas implicaciones son evidentes. Considerando que de alguna manera el posdesarrollo se enmarca, o por lo menos se acerca, a la corriente posmoderna, el riesgo de caer en posiciones extremadamente escépticas, relativistas y negacionistas está siempre presente. El riesgo cobra aún mayor preponderancia si resaltamos que la discusión, en este caso específico, gira alrededor de un asunto bastante delicado para la situación presente y futura de muchos pueblos del denominado "Tercer Mundo". Por ello, el escepticismo radical y el relativismo absoluto, características cercanas a lo que Santos (1999, 2009) llamaría el posmodernismo celebratorio, no puede llevarnos al nihilismo, la inacción y hacer de nosotros bien sea cuerpos dóciles (conformismo) o cuerpos extraños (indiferencia) (Santos, 2009: 83 - 92). El posdesarrollo, como propuesta teórica y como praxis social emancipadora, descansa en la posibilidad de constitución de una nueva racionalidad plural que se sostenga en una epistemología que permita el rescate de los conocimientos y subjetividades excluidas.10 La epistemología de oposición, en la construcción de una contra-historia, aparece como el mejor antídoto para no caer en el relativismo extremo e inerte y para así hacer de la teoría, práctica.

Ya para cerrar, vale la pena anotar que el ejercicio de deconstrucción de la noción de desarrollo no supone necesariamente el rechazo al diálogo con los avances teóricos y prácticos que, aunque surgieron desde el mismo espacio discursivo del desarrollo, han permitido llevar la discusión a espacios que rebosan los límites del economismo, tecnicismo y reduccionismo. Entre éstos se hallan, por nombrar algunos, Desarrollo y libertad (2000) de Amartya Sen, Economía descalza (1984) y Desarrollo a escala humana: una opción para el futuro (2000) de Manfred Max-Neef y, en el ámbito del desarrollo rural, propuestas como la compilada por Pérez, Farah y Grammont de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá,11 la de Enrique Leff del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México,12 de Eduardo Gudynas del Centro Latinoamericano de Ecología Social13 o de Carlos Walter Porto Gonçalves de la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro.14 El llamado, que recoge el espíritu del posdesarrollo y al que deben buscar aportar obras como la de Castillo, es a ser "radicales'" (en grados y niveles diferentes) en nuestra posición respecto al discurso del desarrollo y sus implicaciones prácticas, sin dejar de ser reflexivos.15 Esto es, fundamentalmente, que la "radicalidad" no implique rechazar un diálogo serio y abierto con las propuestas alternativas de desarrollo que han surgido del mismo campo discurso del desarrollo y que, en muchas ocasiones, han terminado por alimentarlo. Si la determinación final es inclinarse por la vertiente más radical del posdesarrollo y hacer tabula rasa, que esto sea el resultado de un diálogo transparente y riguroso entre diferentes racionalidades y nunca una decisión a priori. Que el posdesarrollo no constituya una nueva forma de epistemicidio16 como del paradigma científico moderno que le dio vida.

 

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Notas

* Nota crítica a propósito de la obra de Olga Lucía Castillo (ed.) (2007) El desarrollo ¿Progreso o ilusión? Aportes para el debate desde el ámbito rural. Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana.

1 El autor agradece los valiosos comentarios críticos a una versión preliminar de esta nota crítica por parte de los evaluadores externos de la revista de investigación Estudios Sociales. En la medida en que fue posible, los comentarios fueron tenidos en cuenta y se expresan en esta versión definitiva.

2 Diferentes autores han trazado una genealogía del concepto de desarrollo dando cuenta de las más importantes transformaciones que su significado ha experimentado. Además de Rist (2002), ver Nisbet (1969; 1986), Slater (1994) y Brigg (2009).

3 Se alude al uso geopolítico de la idea de desarrollo y subdesarrollo, siguiendo a Slater (1993, 2004), en dos valiosos sentidos: (i) la (re)configuración espacial de la sociedad; y (ii) los modos cambiantes de la subjetividad territorial.

4 Para las nociones de institucionalización y profesionalización del desarrollo ver Escobar, 1995.

5 Vale la pena anotar que desde el postestructuralismo o, más precisamente, desde una vertiente del posmodernismo cercana a éste, algunos autores han propuesto salidas que difieren en lo fundamental del posdesarrollo. Es el caso de Parfitt (2002) que, usando lo que llama "teoría postmoderna", procura demostrar que no estamos ante el "fin del desarrollo" y que algunas formas de éste pueden ser complementarias a los proyectos emancipatorios de los movimientos sociales.

6 Entre éstas, que ya hoy componen una nutrida lista, pueden destacarse propuestas de desarrollo humano como la del PNUD, la de desarrollo a escala humana del chileno Manfred Max-Neef y el análisis que presenta Amartya Sen en Desarrollo y Libertad (1999).

7 Para profundizar en los diferentes elementos que dan vida y forma a este concepto ver, principalmente: M. Rahnema y V. Bawtree (eds.) (1997), Sachs (ed.) (1992) y Escobar (1995, 2005).

8 Ninguna de las contribuciones de la obra editada por Castillo parecen proponer una nueva versión, más refinada, de desarrollo. No obstante, tampoco establecen -por lo menos no de manera clara y decidida- una crítica a la manera en la que una porción considerable del mundo fue constituida como necesitada de desarrollo.

9 Al respecto, tanto la presente nota crítica como la obra con la que establece un diálogo, ponen al descubierto, por su ausencia, un campo en el que el posdesarrollo, para avanzar como concepto y como práctica, tiene mucho camino por recorrer. Concretamente me refiero a la exploración de puntos de contacto entre "lo rural" y el posdesarrollo a la luz de preguntas como ¿De qué manera aproximarse a la especificidad de los problemas de "lo rural" desde la perspectiva del posdesarrollo? ¿Qué herramientas analíticas, teóricas y prácticas proporciona el posdesarrollo para estudiar los problemas específicos de "lo rural"? En la obra de Escobar (1995), en el estudio de las comunidades del Pacífico colombiano se adelantan algunas aspectos que pueden resultar útiles para adelantar una agenda de investigación sobre esta línea.

10 Esta idea se elabora en lo que Santos (2009) llama "epistemología del Sur" y "sociología de las ausencias y las emergencias". Ver, particularmente, Santos (2009: 12 - 14 y 98 - 159).

11 Para esta propuesta recomiendo ver Pérez, Farah y Grammont (comp.) (2008).

12 Ver, entre varios otros, (1998) Saber ambiental: sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder. México, Siglo XXI/UNAM/PNUMA (tercera edición, revisada y aumentada, 2003; quinta edición, 2007)

13 Ver, entre varios otros, (2010) "Desarrollo sostenible: una guía básica de conceptos y tendencias hacia otra economía" en Revista Latinoamericana de Economía Social y Solidaria, 4 (6): 43-66.

14 Ver, entre varios otros, Porto (2001) Geografías-movimientos sociales, nuevas territorialidades y sustentabilidad.

15 La idea de reflexividad como atributo del posdesarrollo ha sido documentada y resaltada por Ahorro (2008) quien la considera una característica central de lo que llama la segunda o la del posdesarrollo.

16 Esta noción es tomada de Santos (2009) y se refiere, en términos generales, a la manera en la que el privilegio epistemológico que la ciencia moderna se concede a sí misma resulta en la destrucción de todos los conocimientos alternativos que podrían desafiar ese privilegio. El epistemicidio es así tanto destrucción de conocimientos como destrucción y descalificación de prácticas sociales y agentes sociales que operan acorde a esas otras formas de conocimiento. Ver Santos (2009: 60 - 97).

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