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Estudios sociales (Hermosillo, Son.)

Print version ISSN 0188-4557

Estud. soc vol.19 no.38 México July/Dec. 2011

 

Reseña

 

Historia de la clase media argentina. Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919–2003

 

Adrián Cammarota*

Ezequiel Adamovsky, 2009. Buenos Aires, Planeta, pp. 538. ISBN 978–950–49–2106–6.

 

* Estudiante de doctorado, Universidad Nacional General Sarmiento

 

* Dirección para correspondencia:
adriancammarota2000@yahoo.com.ar

 

Fecha de recepción: 3 de mayo de 2011
Fecha de aceptación: 19 de mayo de 2011

 

Historia de la clase media argentina. Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919–2003, tiene la virtud intelectual de emprender un desafío de gran envergadura. Éste es el de preguntarse cuándo y por qué determinados grupos adquieren la identidad de clase media en la Argentina. Según el autor, la expresión "clase media" remite a una suerte de imagen mental que se fue afianzando entre los años de 1930 y 1940. En rigor, su análisis supone que la construcción de esa identidad se produjo tardíamente, y que se entroncó con la idea misma de Nación.

La compulsa documental es profusa. Abarca diarios, revistas locales y nacionales, textos e imágenes que remiten a una representación de la clase media, publicados por autores argentinos de las más diversas ideologías; folletos y boletines de disímiles corporaciones, obras de teatro y películas. El material empírico está ordenado cronológicamente de 1920 hasta el año 2003.

Abordar una labor de investigación que contenga más de ochenta años de historia no es una tarea ni fácil ni habitual en los trabajos historiográficos. En las últimas décadas han predominado los análisis en periodos breves y temas acotados, ligados a los cortes de tipo político. No obstante, el desafío aquí se puede encarar dado que el autor logra concentrase en las representaciones de la clase media con un relato ameno y, en cierto sentido, pretencioso.

El recorte temporal comienza en la década de 1920 y va marchando cronológicamente hasta llegar al 2003, año que coincide con el ascenso al ejecutivo nacional del peronista Néstor Kirchner. De partida, el historiador destaca que a comienzos de 1920 hay síntomas de la existencia de una identidad de "clase media" en formación en un sector de la población (p. 27).

El libro se encuentra dispuesto en cuatro partes, a saber: "El escenario social en la Argentina entre 1860 y 1943"; "Hacia la formación de una identidad de 'clase media' (1919–1943)"; "La Argentina peronista (1944–1962)" y "Entre el sueño socialista y la imposición del capitalismo global. La clase media y una victoria que fue derrota, 1962–2003". A su vez, se halla dividido en dieciséis capítulos, en los que discurre el análisis propuesto con una dinámica coherente y efectivamente atractiva.

Adamovsky sostiene que la élite liberal que gobernó el país a fines del siglo XIX, definió un sentido de Nación sustentado en el binomio sarmientino "Civilización y Barbarie". Los pueblos originarios se radicaron en la plaza de los "perdedores" en el proceso de modernización que incorporó a la Argentina al mercado mundial con el modelo agroexportador. El proceso mismo generó una mayor desigualdad entre las diversas regiones del país. En esa dirección, su visión va a contrapelo de determinadas corrientes historiográficas que destacaron un sesgo igualitario en el desarrollo mencionado.

El autor estima que desde comienzos del siglo XX subyace una ausencia referencial a una "clase media". Fundamentándose en las obras que se propusieron describir las diferentes clases vernáculas, en boca de los ensayistas más destacados como José Ingenieros o Martínez Estrada, la mención a la clase media es casi nula. Habría que esperar hasta la década de 1930 para hallar referencias más sustanciosas hacia ese sector. Tampoco encuentra mención a la clase media en los textos elaborados por los reformistas universitarios del año 1918 en la ciudad de Córdoba. Menos aún en los numerosos textos gestados por el partido de la Unión Cívica Radical, que se suponía representante, por aquellos años, de una clase media en ascenso.

Desandando los derroteros de la obra, encontramos un concepto de clase que no remite a la homogeneidad. Empleados, comerciantes y docentes auspiciarán el imaginario de clase media. El respaldo documental le permite analizar la conformación de esa identidad social, a la que apelará el espectro político argentino en diferentes etapas históricas. En tal escenario, el término "clase media" fue convocado, según Adamovsky, durante la década de 1920 por el campo político de la época: liberales, nacionalistas de extrema derecha, grupos católicos, radicales y socialistas (capítulo VII). Puntualmente, la expresión comenzó a ser utilizada con fines políticos precisos. La élite gobernante apeló a esa identidad en construcción. El objetivo era debilitar la influencia comunista y anarquista que aglutinaba principalmente a los sectores de los trabajadores.

La misma élite intentó rearmar las jerarquías sociales que habían sido erosionadas por el proceso de modernización (capítulo III). A colación de esa aseveración, uno de los ejes más interesantes del análisis remite a las "operaciones de clasificación"; fueron forjados por la clase dirigente con el objetivo de separar y catalogar a las personas. La acción de clasificar se sustentó en un conjunto de operaciones político–culturales: el consumo, la publicidad, la vida social y el bienestar privado; la educación pública, las pautas de vivienda y la imposición de determinados códigos genéricos, construyeron un paradigma de "estilo de vida" (p. 72). Los tópicos combinaron un ideal de Nación y fueron proyectados por la élite hacia las clases populares. Por añadidura, los criterios de clasificación formarían parte de la identidad propia de "clase media" en la década de 1930.

La relación entre el peronismo y la clase media es abordada en los capítulos IX y X. Según el autor, en su primer y segundo mandato (1946–1955), "Perón hizo grandes esfuerzos por movilizar a la 'clase media', de modo de no depender sólo del apoyo de los trabajadores" (p. 245). Desde su punto de vista, el peronismo habría cosechado, en su origen, un consenso importante por fuera de las clases bajas, específicamente entre los sectores medios. Pero, paulatinamente, se fue gestando un sentimiento de oposición a los postulados gubernamentales. Por ejemplo, el fin de la autonomía en el ámbito universitario –que suponía ser un reducto de la clase media y de la élite– y los despidos de muchos profesores no afines a la ideología estatal; ello cosechó una suerte de distanciamiento entre el oficialismo y la comunidad educativa. Los antagonismos conllevaron al afianzamiento de una identidad de clase media ligada al antiperonismo. Tras el derrocamiento de Perón en 1955, la "clase media" se convirtió en una pieza central en el proceso de "desperonización de la sociedad" (capítulo XIII).

Según el historiador, en dos contextos puntuales, el derrocamiento de Perón y el de mayor aceptación del modelo neoliberal en la década de 1990, "...la identidad de 'clase media' constituyó un factor importante para dividir y enfrentar el cuerpo social, generando corrientes de opinión favorables a los proyectos de la élite y debilitando posibles resistencias" (p. 479).

Los últimos capítulos (XV y XVI) avanzan sobre los avatares sufridos por los distintos sectores sociales en la década de 1980. El programa neoliberal impulsado por el gobierno peronista de Carlos Menen (1989–1999), significó una ruptura sustancial en la cohesión de los sectores medios. La identidad se vio debilitada por el modelo económico que seguía fielmente las directivas del Consenso de Washington. El punto de inflexión fue la crisis del año 2001. La rebelión popular que desplazó del poder al entonces presidente Fernando De La Rua, no fue hegemonizada sólo por "la clase media", que ahora salía a la calle mancomunada con los sectores bajos de la sociedad, en protesta por las medidas económicas impulsadas por el gobierno (p. 458). En tal sentido, el largo periodo analizado le permite al autor preguntarse si luego de esa crisis, la "clase media" perdió el componente fuertemente antiplebeyo con el que surgió durante el peronismo.

En resumen, Adamovsky cumple con el objetivo propuesto. Es un libro que indaga en los imaginarios y, en cierta forma, en la esfera simbólica de un sector de la población. Hay que destacar, sin embargo, una inquietud en referencia a las fuentes utilizadas y a las pretensiones esbozadas por el historiador. A partir del uso de esas fuentes, en algunos tramos del trabajo, el autor pareciera proyectar a nivel nacional determinados fenómenos gestados en Buenos Aires. Quizás ese sea uno de los riesgos por el cual transita la obra.

A pesar de ese señalamiento, el libro heredará un lugar destacado en la historiografía local. Sus frutos intelectuales serán acopiados tanto por investigadores profesionales como por el público en general, teniendo en cuenta la vigencia de la temática relevada. Y abrirá las puertas para nuevos sondeos históricos que se realizarán desde el plano local y provincial, dando cuenta de la génesis de las clases medias en esas dos dimensiones geográficas mencionadas.