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Estudios sociales (Hermosillo, Son.)

versión impresa ISSN 0188-4557

Estud. soc v.16 n.32 México jul./dic. 2008

 

Artículos

 

Tejiendo sueños y tiñendo fracasos: experiencias de mujeres artesanas en una comunidad maya en Yucatán, México

 

Wilian de Jesús Aguilar Cordero*, Esperanza Tuñón Pablos**, Eduardo Bello Baltazar*** y Francisco Gurri García****

 

* Candidato a Doctor en Ciencias en Ecología y Desarrollo Sustentable. Universidad Autónoma de Yucatán. Correo electrónico: acordero@tunku.uady.mx

** Colegio de la Frontera Sur. Unidad Campeche. Correo electrónico: etunon@ecosur.mx

*** Colegio de la Frontera Sur. Unidad Villahermosa, Tabasco. Correo electrónico: fgurri@ecosur.mx

**** Colegio de la Frontera Sur. Unidad San Cristobal, Chiapas. Correo electrónico: ebello@ecosur.mx

 

Fecha de recepción: octubre 2007.
Fecha de aceptación: febrero 2008.

 

Resumen

El crecimiento económico en el estado de Yucatán se ha dirigido más hacia el sector terciario (servicios), a pesar de la situación de inestabilidad y precariedad del sector primario, representado por un amplio sector rural que está en la marginalidad y la pobreza. Representativo de ellos es el espacio geográfico de la ex zona henequenera del estado, donde se realizó el presente estudio de caso. Aquí se analizan dos momentos en la formación y construcción del grupo Ixchel, mujeres artesanas de la comunidad maya de Sahcabá, Yucatán, México. En el primero se destaca la forma en la que las mujeres del grupo lograron llegar a acuerdos con sus consortes y pudieron reacomodar sus actividades domésticas, lo que les permitió involucrarse con mayor tiempo en la organización y la administración del grupo. En el segundo momento, se analizan las situaciones de conflicto interno del grupo y la concentración de poder sobre la toma de decisiones en una sola persona, hechos que al no ser resueltos colectivamente conllevaron a la desintegración del grupo. Las situaciones mencionadas son explicadas a partir de las propias experiencias de las mujeres del grupo Ixchel.

Palabras clave: Ixchel, empoderamiento, poder doméstico, desintegración.

 

Abstract

Economic growth in the State of Yucatan has been directed mostly towards the tertiary sector (services) in spite of the instability and precarious situation of the primary sector, represented by a wide and impoverished rural sector living marginality. The former henequen–growing zone is a representative geographic reference, where the present case study was conducted and two moments in the formation and construction of the Ixchel group. Such a group is formed by women artisans in the Mayan community of Sahcaba, Yucatan, Mexico. First, we highlight the different ways in which women reached agreements with their male counterparts that enabled them to re–accommodate their domestic activities, so that more time could be dedicated to group organization and administration. Secondly, we analyze the group internal conflict and the decision making power in a single person, unresolved collective facts that resulted in group rupture. Both situations are explained from direct experiences shared by women from Ixchel Group.

Key words: Ixchel, empowerment, domestic power, disintegration.

 

Introducción

Desde hace más de una década (1993) el Departamento de Manejo y Conservación de Recursos Naturales Tropicales (protrópico) de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), ha realizado investigación interdisciplinaria, participativa y con enfoque de sistemas con diversos grupos de productores (as) de la comunidad de Sahcabá, en Yucatán, México. Ello se ha realizado teniendo como estrategia la generación de opciones de desarrollo sostenible que integren el vasto conocimiento campesino con el científico con el propósito fundamental de facilitar la aceptación y adopción de agro–tecnologías que permitan mejorar la calidad de vida de las comunidades de la región.

Para lograr dicha estrategia protrópico ha mantenido una presencia constante en las comunidades y un trabajo de acompañamiento con los productores (as) en cuanto a su organización y capacitación; aspectos importantes, pero no los únicos que se deben valorar y estudiar en el proceso de transferencia de tecnologías. En efecto, también es necesario conocer lo que ocurre en el ámbito doméstico en cuanto al ejercicio del poder, el empoderamiento (Pérez et al., 2004: 11)1 y la toma de decisiones respecto a la adopción de las agro–tecnologías, aspectos que pueden facilitar y/o dificultar el éxito de las innovaciones tecnológicas.

En relación con lo anterior, se considera necesario que cualquier proyecto de investigación en el ámbito socio–productivo debe valorar y conocer lo que sucede en la unidad doméstica (Wilk y Netting, 1984; Hammel, 1984; Netting, 1993; Velázquez, 2003)2 con respecto a las propuestas de desarrollo, ya que en el espacio bio–sociocultural se construyen los criterios locales que sirven para valorar si se participa o no en dichos proyectos.

En este trabajo se analizan dos momentos o procesos socio–históricos que vivió un conjunto de mujeres artesanas organizadas en el grupo Ixchel. Primero, se analizan los criterios endógenos que las mujeres valoraron para formar y participar en el grupo y los acuerdos a los que llegaron con sus cónyuges con respecto a los deberes del hogar para poder integrarse a la dinámica organizativa y productiva del grupo. En un segundo momento, se describe cómo se fueron creando las diferencias de entendimiento en lo interno del grupo y que derivaron en conflictos que afectaron la organización y el manejo administrativo, mismos que al no lograr resolver generaron la desaparición del grupo Ixchel.

El análisis de esa experiencia que podría pensarse como "fracasada", puede resultar aleccionadora para otros intentos de organización de las mujeres en el ámbito del México rural.

 

Enfoque teórico

Para estudiar lo sucedido en el ámbito de lo doméstico con relación a la toma de decisiones sobre la participación de las mujeres artesanas del grupo Ixchel, se tomó como base el concepto de poder doméstico, entendido como "la probabilidad de hecho de prevalecer en la toma de decisiones conyugales, sean cuales sean los estándares "buenos", de jure, es decir, públicos" (Gilmore, 1990: 955). En este sentido, la toma de decisiones dentro del poder doméstico no sólo tiene que ver con la capacidad de imponer un orden en las decisiones sobre lo que concierne a las relaciones sexuales, matrimoniales, de residencia, divorcio y la educación de los niños, sin tener en cuenta el origen de esta habilidad, sino también con las actividades económicas generadoras de ingreso a la economía familiar y que pueden ser aportadas tanto por hombres como por mujeres. El que la mujer aporte ingresos al gasto familiar puede permitirle, en un momento dado, tener un espacio para negociar un nuevo reparto del "poder doméstico". Así, el hecho de que las mujeres puedan compartir el poder proviene de un proceso que podríamos considerar explícita o implícitamente como una negociación, ya que no se da por hecho en el "modelo" previo (Bastos, 1999).

Ahora bien, dentro de estas relaciones de poder, Bastos (1998:205) señala que las mujeres son capaces, en muchos casos, de prevalecer en las decisiones del poder doméstico, aunque signifique estar en oposición a la de los cónyuges. Lo interesante es que todo ello lo realizan sin romper las reglas que otorgan al cónyuge el papel fundamental en la toma de decisiones. En este mismo sentido, Chávez (1998) señala que también existe un "poder encubierto" donde las mujeres hacen uso del poder de un modo efectivo, trascendiendo la esfera de lo privado. Es un poder conquistado mediante intenso trabajo, luchas y esfuerzos individuales realizados en el interior de cada hogar y, aunque éste no sea realmente un poder adquirido por la lucha colectiva, sino más bien un mecanismo de toma de decisiones que se ejerce a través de un poder donde no se cuestiona del todo la autoridad masculina y no se evidencia a nivel público, sí se logra una mayor aceptación masculina de las actividades desarrolladas por la mujer.

Para analizar el segundo momento y/o proceso de desintegración del grupo Ixchel, consideramos que el modelo de Rowlands (1997) es el más adecuado, ya que en él se toma al empoderamiento como un proceso que se manifiesta en tres dimensiones:

a) dimensión personal.3 Se caracteriza por la confianza, la autoestima, el sentido para generar cambios, las habilidades para formar ideas, expresarse, participar, organizar su tiempo personal, interactuar fuera del hogar e incrementar el sentimiento de que las cosas son posibles. Aunque existen factores que pueden inhibir el proceso como son el fatalismo, machismo, oposición activa del compañero, problemas de salud, pobreza, dependencia, falta de control del tiempo, falta de control de fertilidad, cuidado y obligaciones con los hijos y control del ingreso familiar por parte del hombre, también existen factores impulsores como son la actividad fuera del hogar, formar parte de un grupo y participar en sus actividades, terminar con el aislamiento, viajar, ampliar amistades, darse tiempo para sí mismas, compartir problemas, contar con el apoyo de otras mujeres y desarrollar nuevos conocimientos.

b) dimensión colectiva. Se refiere al trabajo en equipo, mismo que es fortalecido por el sentido de identidad del grupo, la capacidad para producir cambios, la dignidad del grupo, la auto–organización y la autogestión que permita al grupo negociar con otros en condiciones de equidad y, en un momento dado, de participación política. Sus factores limitantes más comunes son el machismo, las comunidades sin cohesión, la falta de control sobre la tierra, la falta de apoyo técnico, la opresión internalizada reforzada desde afuera, la dependencia de individuos clave, la oposición activa, la cultura caudillista, las políticas locales inestables y las fuerzas religiosas conservadoras. Los factores impulsores son el apoyo de la religión, la identificación de las propias necesidades, el recibir estímulo de los grupos, el desarrollo de liderazgo y compromiso local, las redes de trabajo con otras organizaciones, el apoyo incondicional de la organización, la base espiritual liberadora, la autonomía como metodología de trabajo, el respeto a la organización de actividades que generen pequeños ingresos, la capacitación en el manejo de conflictos y la discusión sobre sexualidad.

c) dimensión de las relaciones cercanas. Se manifiesta en la capacidad de transformar las relaciones para poder influir, negociar y tomar decisiones dentro de éstas que beneficien al grupo y/o equipo de trabajo. Entre sus factores inhibidores destacan el machismo, alcoholismo del compañero, violencia del hombre, expectativas culturales de la mujer, control del ingreso familiar por el hombre, dependencia de la mujer y opresión internalizada. Como factores impulsores se hallan el concepto y los conocimientos de los "derechos de las mujeres", la percepción crítica de la desigualdad, el compartir problemas con otras mujeres, viajar, terminar con el aislamiento y participar en grupos (Rowlands, 1997: 213–245).

Estas dimensiones están estrechamente condicionadas por sus factores inhibidores e impulsores y se encuentran interrelacionados, pero no significa que se dé el empoderamiento de las mujeres en todas las dimensiones citadas, como fue el caso de las mujeres artesanas del grupo Ixchel en la comunidad maya de Sahcabá como veremos más adelante. Ello, porque en cada dimensión hay que tomar en cuenta la experiencia personal, la experiencia grupal en lo colectivo y las experiencias de las relaciones que hayan tenido las mujeres.

Aunado a las tres dimensiones, consideramos, como bien señala Hidalgo (2002: 52–56) que hace falta dar más énfasis al conflicto4 como un elemento que marca todo el proceso, así como incluir los elementos de negociación y compensación, y recalcar que el modelo de empoderamiento es un proceso heterogéneo, no acabado y que varía en cada contexto.

Los conceptos teóricos, poder doméstico y empoderamiento, permitirán explicar los acuerdos y arreglos llevados a cabo en las unidades domésticas entre las mujeres artesanas y sus cónyuges para que ellas trabajaran las artesanías y así mismo, entender las situaciones de conflicto interno del grupo Ixchel que al no ser resueltos colectivamente conllevaron a su desintegración.

 

Metodología

Área de estudio

La comunidad de Sahcabá es una comisaría que pertenece a la cabecera municipal de Hocabá que se encuentra comunicada con Mérida, la capital del estado de Yucatán, por una carretera pavimentada de 56 kilómetros (vía Tahmek). Limita al norte con el municipio de Xocchel, al noroeste con Hocabá, su cabecera municipal, y por la parte sur y sureste con el municipio de Sanahcat y Homún (mapa 1).

La economía ambiental parte de la suposición de que los problemas ambientales dimanan de las fallas de mercado. En un libro frecuentemente citado, David Pearce y sus coautores explican:

La población total del municipio de Hocabá es de 5,312 habitantes de los cuales 2,737 son hombres y 2,575 son mujeres; 3,482 son las personas mayores de 15 años. El 77% de la población es católica. El lenguaje dominante en el Municipio es el español, sin embargo, el idioma predominante es el maya. Éste es hablado por 72% de la población total (5, 312). El 66% (3, 523) es bilingüe y 6% (330) monolingüe (INEGI, 2000).

De acuerdo con datos proporcionados por el INEGI (2002), de la población económicamente activa (PEA) de 1,744 personas, 28% (496 personas) se dedican a actividades primarias como la agricultura, ganadería y caza; 42% (734 personas) a actividades secundarias como la industria manufacturera, construcción y electricidad; y 28% (490) personas a actividades terciarias, comercio, turismo y servicios; 23 personas se dedican a otras actividades. En cuanto a la distribución por género, la PEA está compuesta en su mayoría por hombres que representan 79%; las mujeres sólo ocupan 21%. La población económicamente inactiva es de 2,079 lo que hace 39% de la población total N= 5 312.

Aunado a la poca incorporación de la fuerza de trabajo a las actividades agrícolas y pecuarias, la extrema pobreza en la ex zona henequenera es alarmante, y el caso del municipio de Hocabá no es la excepción. Según datos del INEGI (2003) de la población económicamente activa inserta en el mercado de trabajo, 88% percibe de medio hasta dos salarios mínimos; 3% de tres hasta cinco salarios mínimos y solamente 0.19% más de diez salarios mínimos. Estos porcentajes de ingresos–salario, convierten al ejidatario ex henequenero en uno de los más pobres en México.

Las principales actividades económicas que desempeña la gente del municipio de Hocabá son: artesanal, ganadera, apícola, milpa, urdido de hamacas. En la comisaría de Sahcabá, la actividad económica que representa una alternativa de ingreso complementario para la economía familiar, sobre todo para las mujeres, es la artesanía. Es producida a partir del aprovechamiento de la fibra de henequén, materia prima que es comprada en una comunidad vecina, ya que desde 1992 no cuentan con los subsidios del gobierno para la producción del henequén; además de que después de la liquidación de los campesinos henequeneros, muchos terrenos con el cultivo fueron abandonados y los ejidatarios regresaron poco a poco a la práctica de la milpa tradicional de roza–tumba–quema (r–t–q), actividad que les asegura la subsistencia (Medellín et al., 1994; Cano, 1997). Los tintes naturales que usan para las artesanías se obtienen de las plantas que traen del monte y que sirven para elaborar distintos productos como carpetas, portavasos, bolsos, manteles de mesa y alhajeros que son vendidos en Mérida, y en otras ciudades (figura 1).

A manera de síntesis, la población de Hocabá es eminentemente campesina y desde la década de los setenta vive una difícil situación ocasionada por la decadencia del agave "henequén" que en otro tiempo fuera considerado como el "oro verde de la península" y que concluyó en la década de los noventa cuando el gobierno del estado finiquita a los últimos campesinos henequeneros. Sumado a esta situación, entra en marcha el programa de certificación de tierras ejidales (PROCEDE), que parceló el ejido y lo privatizó poniendo al campesino en una situación de difícil decisión en cuanto a si vende o no su único patrimonio familiar, la tierra (Baños, 1993). La situación opresiva ha conllevado a que la mayoría de las comunidades campesinas de la ex zona henequenera viva en la pobreza y pobreza extrema.

 

Trabajo de campo

El trabajo de campo se realizó en dos temporadas, de febrero a abril y de mayo a julio del 2005. Inicialmente se efectuaron revisiones y análisis de las diversas publicaciones (Medellín et al., 1994; Moo, 1985, 1998; Jiménez, 1997; Ortiz, 1999; Jiménez, et al., 2003) e informes técnicos producidos por protrópico sobre el grupo de productoras "Ixchel". Estos datos fueron analizados con la técnica social del "Análisis de contenido", de carácter descriptivo, que tiene por objeto, la identificación y catalogación de la realidad empírica de los textos o documentos (Piñuel, 2002: 9). La información obtenida de los documentos fue sistematizada, contrastada e incorporada al análisis de los datos obtenidos en el trabajo de campo. De esta forma se logró comparar la información secundaria con la información primaria.

En la primera temporada se buscó establecer el Rapport5 con las productoras, y lograr un mejor acercamiento con ellas. Se ubicaron los domicilios y, con fechas establecidas por las mismas artesanas, fueron visitadas y se aplicaron los cuestionarios (N=13). Los cuestionarios fueron llenados por las jefas de familia, y diseñados para obtener la siguiente información: a) la composición de la unidad doméstica, b) las actividades productivas de todos los miembros de la unidad doméstica, c) las necesidades económicas y toma de decisiones en la resolución de problemas de la familia, d) quién toma en última instancia las decisiones sobre la adopción o no de las tecnologías y e) cuáles son los criterios que se toman en cuenta a la hora de decidir si adoptan o no.

La información permitió conocer, cómo y quiénes tomaron las decisiones sobre la participación de las mujeres artesanas en el grupo Ixchel.

De las mismas encuestas se obtuvo el número de personas para participar en el proyecto artesanal y se seleccionaron cuatro informantes clave que se encargaron directamente de la organización y administración del grupo. Éstas fueron entrevistadas durante los meses de mayo y junio de 2005. Para ello se usó una guía de entrevistas semi–estructuradas diseñada para obtener información sobre la historia del inicio del proyecto artesanal, que dio pauta para formar el grupo, conocimientos técnicos, aspectos de organización y función del trabajo artesanal en la unidad doméstica, formas de participación social y adopción de tecnologías, criterios endógenos para el manejo de conflicto y toma de decisiones, avances, dificultades y experiencias significativas sobre la adopción de las agro–tecnologías. La información permitió contrastar y validar el conocimiento generado de los cuestionarios y aportar datos para analizar y explicar los problemas internos que sucedieron en el grupo y que conllevaron a su desintegración.

Antecedentes históricos de protrópico y las mujeres de Sahcabá

La historia del vínculo de PROTRÓPICO–UADY–Mujeres artesanas de Sahcabá inicia en 1992 con el proyecto "Alternativas agroforestales para la zona ex henequenera" y con dos actividades de investigación en Sacaba. La primera fue "Diagnóstico del estado nutricional de la población" y dos años después (1994) el "Diagnóstico rural participativo de la población". Con el diagnóstico rural se conocieron las actividades productivas de la comunidad y se determinaron opciones productivas para ayudar a la gente (Medellín et al., 1994). Una opción productiva fue el proyecto "Diversificación de tejidos de productos de henequén" que fue el pivote para apoyar y fortalecer la propuesta y solicitud de las mujeres interesadas en organizarse como un grupo de productoras artesanales y cuyo objetivo fue incrementar los ingresos familiares a través de la comercialización de productos de henequén y difundir la aplicación de sistemas tradicionales de aprovechamiento de recursos naturales (figura 2).

En febrero de 1994 en Sahcabá, se crea el Grupo de Tejedoras de Henequén que posteriormente, se llamó Ixchel, sus cinco fundadoras realizaron actividades como la hechura de cortes más finos y diseños con bordados en productos como carpetas, bolsas, juegos de manteles, portavasos y cigarreras; y pruebas de obtención de tintes naturales a partir de especies vegetales como el chukum (Habardia albicans), tzalam (Lysiloma latisiliquum), zapote (Pouteria mammosa), cho'o' (Dalea scandens vco. paucifolia) y achiote (Bixa orellana).

En cuanto a la organización del grupo, acordaron reunirse una vez a la semana para la distribución de actividades, discusión de problemas y planteamiento de soluciones. Asimismo, a través de protrópico se gestionó un apoyo inicial otorgado en 1994 por el Programa de Acción Forestal (PROAFT) para la compra de materia prima y herramientas de trabajo. Aprendieron, tambien a través de la capacitación de protrópico, a mejorar el teñido con tintes naturales, identificar y localizar las especies de tintes en el monte. Elaboraron muestrarios de tejidos artesanales de fibra de henequén (sosquil) teñidos a partir de raíces y cortezas arbóreas, como el tamay (Zuelenia guidonia) y el choluul (Apoplanesia paniculada), así como un muestrario de productos terminales.

La organización del grupo permitió a las mujeres artesanas participar en diversas ferias artesanales organizadas por el gobierno del estado de Yucatán a través de instituciones como la Casa de las Artesanías; ventas directas en la fmvz y en la misma población de Sahcabá. A fines de 1997, la Asociación Mexicana de Arte y Cultura Popular A.C. (AMACUP) establece contrato con el grupo Ixchel para comprar sus productos, pero con la condición de manufacturar sólo diseños de esta empresa, que no muy convencidas las mujeres aceptaron. La producción del grupo estaba más encaminada al turismo nacional y era entregada a esta comercializadora. Sin embargo, ellas continuaban vendiendo en pequeña escala al comercio local, en ferias y en sus hogares; aún hoy de manera individual comercian en sus casas algunos productos.

 

Resultados

Diálogo entre mujeres y hombres en la unidad doméstica: acuerdos dentro del poder doméstico

Antes de comenzar el diálogo con sus cónyuges, las mujeres valoraron las posibilidades reales de poder organizarse como grupo base para facilitar y mejorar la comercialización del producto artesanal obtenido del trabajo en la unidad doméstica. Un factor para que las mujeres decidieran formar el grupo Ixchel fue la capacidad de fuerza de trabajo disponible en la unidad doméstica. En las trece unidades domésticas encuestadas, la colaboración de las mujeres, hijas, tías, nueras, suegras fue determinante ya que apoyaron en la producción artesanal. Las redes de parentesco juegan un papel relevante en el trabajo, aunque en el caso específico del grupo Ixchel esta actividad estaba más concentrada en el apoyo de las unidades domésticas que se encuentran en un mismo solar. No significa que en algunas ocasiones no requirieran del apoyo de unidades domésticas de otros solares. Los hombres participaron en el trabajo artesanal (cónyuges, hijos, suegros), aunque con menos frecuencia, sólo en cuatro unidades domésticas de N=13 se registró la participación continua de ellos.

Aunado a la necesidad de contar con el apoyo de los miembros de la unidad doméstica, las mujeres ponderaron otros dos criterios: el conocimiento local para decidir ingresar y formar el grupo y el beneficio económico. De las trece unidades domésticas entrevistadas, 85% de las mujeres señalaba que tenían un conocimiento previo sobre el trabajo del sosquil (hilo) de henequén y de algunos tintes naturales que habían aprendido a través de la enseñanza generacional de sus madres. Tal conocimiento previo fue reforzado mediante la capacitación como señala la asesora externa del grupo Ixchel:

...a pesar de que ya tenían conocimientos previos [las mujeres] sobre el trabajo artesanal, el hecho de compartir experiencias entre ellas les permitió reforzar conocimientos, además de los cursos de capacitación que les impartieron a través de AMACUP, ellas aprendieron nuevos modelos y el uso de otros tintes naturales que existían en los montes del pueblo y que ellas no conocían (Moo,1995).

Asimismo, el factor económico fue considerado por 44% de las unidades domésticas encuestadas como uno de los principales, debido a que el estar conformadas como grupo Ixchel les permitió el acceso a mejores oportunidades de financiamientos y a una mayor circulación de la mercancía y, por consiguiente, un mayor apoyo a la economía familiar.

Después de valorar la importancia de formarse como grupo artesanal, faltaba un último paso, "dialogar" con los cónyuges para que les permitieran asistir a las reuniones, la capacitación y a todas las actividades propias de un grupo artesanal. A través del diálogo continuo las mujeres lograron acordar con los cónyuges que podrían asistir al grupo Ixchel siempre y cuando no tuvieran que estar saliendo del pueblo y que no olvidaran sus "deberes" en el hogar, como son el cuidado de los niños, la alimentación, la limpieza y la atención a los cónyuges. El acuerdo–condición que las limitaba, sobre todo en cuanto a espacio y tiempo6 al parecer de las mujeres artesanas, no causó mayor problema en la participación de ellas en las diversas actividades del grupo como señala una entrevistada ante la pregunta ¿No le quitó tiempo para la casa el hecho de que trabaje artesanía, no causó problemas al interior de la familia? Ella señaló "...no, porque me gusta [el trabajo artesanal], mayormente trabajo en la tarde o de muy noche, como hasta la una de la mañana, pero esto no es siempre así, sólo cuando teníamos pedidos trabajo hasta muy noche, pero ni modos, hay que apoyar con los gastos familiares" (E. Dzulub, entrevista personal, 16 de junio de 2005).

A pesar de la percepción de las mujeres artesanas, la realidad fue que esta regla hegemónica de poder patriarcal sí fue un factor inhibidor con respecto al tiempo que las mujeres podían dedicarle a las reuniones de trabajo del grupo y que, a su vez, dificultó el proceso de empoderamiento en su dimensión personal; ya que como señala Moo (1995) algunas mujeres comentaron que no lograban cumplir sus compromisos o no podían acudir a las reuniones del grupo Ixchel porque debían llevar a sus hijos al doctor, realizar los deberes del hogar, lavar, planchar y atender a los hijos y al cónyuge.

A pesar de esta situación de adversidad, las mujeres del grupo Ixchel con el paso del tiempo y constatando los beneficios económicos que conseguían para el gasto familiar, lograron motivar a sus cónyuges, para que se involucraran un poco más en la actividad artesanal. Aunque, realmente el trabajo de los cónyuges se limitaba ayudar sólo cuando la mujer tenía muchos pedidos, a veces iban a recolectar plantas tintóreas, pero quienes frecuentemente lo hacia eran las mujeres, que habían aprendido a reconocer en el monte, los principales lugares de abundancia y variedad de dichas plantas. Al parecer los jefes de familias jóvenes tienen cierta disposición para aceptar acuerdos y tomar decisiones conjuntas con sus esposas y transitar hacia un poder doméstico y apoyar a sus cónyuges para fortalecer el proceso de empoderamiento a través del poder individual, como señala una de las entrevistadas:

En Sahcabá, si [los maridos] te dicen que no puedes salir es que no puedes. En mi caso, yo no me dejé, me valoré a mí misma y cuando yo le decía a mí esposo que tengo que ir, es que tengo que ir. Él se acostumbró, hasta orita donde yo quiera ir puedo ir sola o a veces él me acompaña. Cuando fui a México le dije y lo entendió. Aunque sí había mujeres del grupo que tenían problemas con sus esposos, aunque en general eran mujeres grandes [+ 60 años] que sus cónyuges constantemente las regañaban y no las apoyaban. En el caso de los matrimonios jóvenes sí hay el apoyo de los maridos (E. Herrera, entrevista personal, 18 de junio de 2005).

Las mujeres del grupo Ixchel mediante el diálogo con los cónyuges lograron alternar el trabajo doméstico con el artesanal requerido por el grupo; llegaron al grado de controlar el proceso de trabajo, de producción y circulación de la mercancía, y obtener beneficios económicos,7 aunque desafortunadamente no fue suficiente para mantener la cohesión del grupo y la permanencia de éste, como se verá más adelante.

 

Primeros enfrentamientos entre las mujeres del grupo Ixchel

Después de haber conocido la situación que vivieron las mujeres en el ámbito del hogar para poder llegar a acuerdos con los cónyuges para trabajar las artesanías y, sobre todo, para constituirse como grupo organizado, ahora se analizará cómo ellas enfrentaron los diversos problemas que se suscitaron en el ámbito interno del grupo de productoras artesanales.

El grupo original (1994) propuso como requisito de ingreso: a) tener disposición para realizar un tejido fino; b) plantear ante reunión de grupo su interés de ingreso; y c) asistir a las reuniones que se realizaran. Las mujeres, tanto jóvenes y adultas mayores, en un principio, no tuvieron ningún problema por cubrir estos requisitos y las actividades se fueron desarrollando sin dificultades (Moo, 1995). Sin embargo, a medida que el grupo iba creciendo, paulatinamente empezaron a surgir problemas personales, sobre todo en el aprendizaje y desarrollo de habilidades y destrezas en la elaboración de nuevas muestras de artesanías que algunas mujeres no compartían con las otras. La conducta individualista8 de no compartir conocimientos y no trabajar en equipo no sólo afectó al grupo, sino que fue un factor inhibidor para el desarrollo del empoderamiento en su dimensión colectiva.

Para 1995, el grupo llevaba a cabo actividades de comercialización; aquí se presentaron los primeros problemas de organización con respecto a quiénes debían ir a la ciudad de Mérida para vender en las ferias o comprar productos. Aunque se discutía colectivamente, no todas querían ir, porque sus cónyuges no las dejaban o porque tenían que ir al médico o cuidar sus hijos.9 Las mujeres que hacían las ventas y las compras generalmente contaban con el apoyo de sus cónyuges, y se iban perfilando como las líderes, como fue el caso de doña Elidé, quién a lo largo de los diez años de vida del grupo, fungió como presidenta (Moo, 1998).

Aunado a los problemas mencionados, en una evaluación participativa realizada por Murrúa y Moo (1997) se señalaron otros problemas de la organización que afectaban la dinámica del grupo y que limitaban su empoderamiento (cuadro 1).

 

Conflicto relevante, no resolución del problema y ruptura del grupo Ixchel

Inicialmente PROTRÓPICO pagaba la renta de una casa en el poblado donde, pese a los problemas señalados, las mujeres se reunían cada semana; posteriormente, al no contar con el apoyo de la casa fueron espaciándose cada vez más las reuniones al grado de tenerlas sólo cuando había algo urgente que tratar. De la misma manera, los pedidos hechos por AMACUP continuaron repartiéndose entre las mujeres artesanas, aun con una serie de desacuerdos y malos entendidos, continuaban trabajando como grupo. La situación nos hace suponer que no todo problema deviene en conflicto. Puede haber un problema o problemas que afectan a varios actores y no producirse el conflicto; aunque, en el momento en que una de las partes se siente afectada directa o indirectamente e inician acciones, se puede generar el conflicto.

Doña Edith comenta ante este hecho, que las mujeres que formaban el grupo Ixchel "...lo que buscan en el grupo era hacer cosas bonitas, bolsas, carpetas, manteles, trabajamos muy bien. Aunque poco a poco ella [la presidenta] comenzó acaparar el trabajo y ella fue la que provocó que el grupo se desintegrara. De hecho la dejamos en el 2004 y ella se quedó con todo, con la cuenta del banco y con todos los contactos".

El conflicto que conllevó a la ruptura del grupo se generó durante el año 2003 cuando el grupo recibió dos grandes financiamientos que fueron objeto de discordia. El primero con un monto de $86,000 aportado por gobierno federal y estatal. El segundo con un monto de $9,675.00 de gobierno federal.

La presidenta del grupo Ixchel manejaba los contactos con las instituciones (AMACUP, PROTRÓPICO, PROAFT, Asociación para la Integración Social A. C. (APIS), gobierno estatal y federal) y gestionaba los recursos económicos y los pedidos. Para el grupo, la administración no fue del todo clara y comenzó a generar "malos entendidos" y diferencias con respecto a los compromisos y sobre todo con respecto a la gestión de recursos económicos otorgados por Desarrollo Social del gobierno del estado de Yucatán. En una reunión donde se platicó sobre las condiciones para recibir este apoyo, la presidenta informó que un requisito para el financiamiento era que debían ser nueve mujeres, y como sólo eran cinco, incluyó a cuatro de sus parientes (tías, abuela y suegra).10 Esta decisión unilateral no agradó a las demás mujeres, como señala una de ellas:

Las cuatro mujeres que formamos el grupo Ixchel, y que todavía quedábamos, íbamos a la casa de la presidenta y le decíamos cuándo nos iba a dar el dinero y ella nos daba evasivas y decía que todavía no tenía el dinero. Nosotras empezamos a dudar y cuando supimos que vendría un ingeniero de Desarrollo Social aprovechamos hablar con él y dijo que nosotras también teníamos derecho a ese recurso que se había entregado. Se lo dijimos [a la presidenta] y ella dijo que sólo podía darnos la cantidad de $5,000. Aunque realmente nunca nos los dio; es por esto que las demás mujeres se dieron cuenta que ella se quedaba con todo el dinero, y no daba nada (A. Chin, entrevista personal, 26 de junio de 2005).

El conflicto relevante fue la manera en cómo se gestionó el financiamiento otorgado por la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno del estado de Yucatán y cómo se manejó el recurso económico, ya que la presidenta decidió y el grupo no tuvo la fuerza ni el poder para resolver la situación, pues ni la directiva pudo hacer nada, como señala la tesorera del grupo:

Para mí, el problema fue el dinero, el apoyo, por qué [la presidenta] no lo compartió y ella dijo que ella lo solicitó; realmente no pudimos hacer nada, ¿qué podíamos decir? ¿qué podíamos hacer? Ella tenía el poder, ni nos logramos reunir para discutir sobre el conflicto, aunque los de Desarrollo Social dijeron que el dinero era de todas, mejor decidimos cada una abandonar al grupo y seguir trabajando por nuestra cuenta con nuestra familia (E. Dzulub, entrevista personal, 16 de junio de 2005).

En las entrevistas a las cuatro mujeres artesanas de la directiva, se les preguntó sobre cuál o cuáles habían sido las posibilidades de solucionar el problema, el cien porciento contestó que una persona clave que pudo haber ayudado a solucionar el problema era Mucuy Kak Moo (ex coordinadora externa del grupo) a quién le tenían absoluta confianza y respetaban sus puntos de vista y la consideraban una buena mediadora para resolver el problema, lo mismo que la compañera de APIS A.C., aunque las entrevistadas insistieron en que si el grupo hubiera estado más unido, se habría podido cambiar a la presidenta.

 

Conclusiones

A nivel individual, cada una de las participantes, a través del diálogo y los acuerdos en su unidad doméstica, lograron contar en diferentes niveles con el apoyo de sus cónyuges, hijos y demás familiares para incrementar o, en su caso, cumplir con los productos artesanales ofrecidos, sobre todo en las unidades domésticas donde los cónyuges son jóvenes. Esto nos hace reflexionar en que en Sahcabá, el ámbito del hogar no necesariamente está cargado de un autoritarismo patriarcal por parte del jefe de familia, sino que existen posibilidades de que se construyan espacios dentro del poder doméstico, donde la mujer no sólo participe en la toma de decisiones sobre la familia, sino que se establezcan las condiciones para que ella se pueda incorporar al mercado de trabajo y generar ingresos económicos que contribuyan al mejoramiento de la economía familiar. Aunque, no fue el caso para todas las mujeres, sobre todo para las de más de cincuenta años, que pese a ganar ciertos espacios de trabajo, el dominio patriarcal siguió siendo vertical y conllevó a que las mujeres en esta situación no lograran empoderarse en la dimensión personal.

El grupo Ixchel aunque mejoró el proceso de producción artesanal y contó con el apoyo de AMACUP para la circulación de la mercancía, proceso último en el cual la mayoría de los pequeños productores rurales tiene serias dificultades, no consiguió consolidarse como un equipo de trabajo. Es decir, las mujeres artesanas no lograron empoderarse como equipo de trabajo. De hecho, algunas, sobre todo las más jóvenes, transitaron hacia un poder doméstico, sin que ello quiera decir que lograron del todo fortalecer su empoderamiento en la dimensión personal, mucho menos lograron consolidar su transición hacia los otros dos niveles, dimensión colectiva y de relaciones cercanas. Esto se debe a que las dimensiones se hallan relacionados al sentido de identidad de grupo, capacidad para producir cambios, auto–organización y autogestión y la capacidad de transformar las relaciones humanas para poder influir, negociar y tomar decisiones que beneficien al grupo y/o equipo de trabajo, cosa que no sucedió con el grupo.

La experiencia del grupo Ixchel muestra lo complejo que es el camino hacia la autonomía de los grupos organizados de pequeños productores rurales asesorados por agentes externos. Fue el caso de las mujeres artesanas asesoradas por PROTRÓPICO quién desde su propia percepción consideró adecuado finalizar el acompañamiento; pero que desde la percepción de las mujeres artesanas no fue el mejor momento para dejarlas solas, ya que aún no habían logrado consolidarse como equipo de trabajo.

Finalmente, esta es una experiencia de aprendizaje significativo no sólo para las productoras rurales, sino también para los grupos externos (académicos, gubernamentales y ONGs) que inician procesos de transferencia y adopción de tecnologías. Éstos deben reflexionar sobre la relevancia de valorar aspectos de género y poder, así como de toma de decisiones y manejo de conflictos en las unidades domésticas y en los grupos productivos de base.

 

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Notas

1 El empoderamiento se refiere al poder, a la adquisición de poder. Adquirir poder significa hacerse de habilidades, capacidades y destrezas; éstas no implican solamente el conocimiento de un oficio, también aluden a experiencias exitosas en gestión de recursos, conocimiento de derechos y obligaciones (ciudadanización), información sobre oportunidades, sobre el dónde, cuándo, cómo y con quién. Por eso la adquisición de poder se da a través de la experiencia, no solamente de la capacitación.

2 En este trabajo se entenderá como unidad doméstica al grupo social mínimo con el máximo número de actividades intersectadas y superpuestas; y que, a su vez, representa la unidad de residencia, producción y consumo organizada entorno a la reproducción cotidiana y generacional; se encuentra conformada por familiares y no familiares, y dentro de ella tiene lugar un variado tipo de relaciones intradomésticas, tanto de colaboración como de conflicto, a través de las cuales los miembros de las unidades domésticas toman decisiones y asignan tareas, con base en criterios de edad y sexo.

3 Esta misma dimensión es planteada por Pérez et al. (2004: 14,16) como la dimensión de individuación y es claramente la más personal y se encuentra involucrada en las otras: capacidad de decidir frente a los recursos; posibilidad de ejercer los derechos; experiencias de autonomía en el nivel familiar.

4 Se entiende al conflicto como una situación en la cual dos o más partes, individual o grupalmente, perciben que tienen objetivos mutuamente incompatibles.

5 Consiste en lograr establecer empatía con los informantes, es decir, apertura de las personas a cooperar con el estudio, ser considerado como una persona inobjetable, penetración en la vida cotidiana, entender y compartir el mundo simbólico de los informantes, así como su lenguaje y sus perspectivas (Sánchez, 2001).

6 Con espacio y tiempo nos referimos a las limitantes que las mujeres tenían en cuando a que ellas querían salir de la población (desplazarse a la ciudad de Mérida y /o asistir a las reuniones de trabajo) y no lo podían hacer con facilidad, pues necesitaban del permiso de los cónyuges. Con respecto al tiempo, su "prioridad" era realizar los deberes domésticos y si sobraba tiempo podían asistir a las reuniones del grupo Ixchel (Moo, com. pers.).

7 El 46% (N= 13) de las mujeres artesanas encuestadas señaló que el beneficio económico no fue del todo mal y que éste servía para los gastos de alimentos (53%), insumos (19%), escuela (14%) y aparatos electrónicos (14%) (Fuente: encuesta propia, 2005).

8 De hecho, esta conducta individualista, según León (2001: 16,17) se caracteriza por "hacer las cosas por sí mismo", "tener éxito sin la ayuda de los otros" y que en un momento dado se llega a desconectar de las otras personas en los niveles sociopolítico, histórico, de lo solidario, de lo que representa la cooperación y lo que significa el preocuparse por el otro.

9 La situación sociocultural refleja las dificultades que tuvieron las mujeres artesanas para lograr un empoderamiento personal, pese a que habían logrado "convencer a sus cónyuges de las bondades del trabajo en equipo de las artesanías" ya que los factores inhibidores como dependencia del cónyuge y falta de control de su tiempo estaban siendo limitantes reales que afectaron la participación continua y que dificultaron el proceso de empoderamiento.

10 Las cinco familias que componían al grupo Ixchel, no tenían ningún lazo de parentesco, sólo eran amigas. En cambio las cuatro que incorporó la presidenta al proyecto para recibir el financiamiento, eran parientes de ella.