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Economía: teoría y práctica

versión impresa ISSN 0188-3380

Econ: teor. práct  no.34 México ene./jun. 2011

 

Presentación

 

La reciente crisis financiera mundial ha renovado el interés por estudiar la teoría keynesiana y poskeynesiana relativa a la crisis financiera y la especulación. En esa línea de investigación, Orlando Delgado Selley, doctorante de Estudios Sociales–Línea Economía Social de la UAM y profesor de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, inscribe su artículo "La hipótesis de la inestabilidad financiera y la crisis de 2007–2009", con que iniciamos el número 34 de Economía: Teoría y Práctica.

Tras estudiar los planteamientos teóricos de Minsky sobre la inestabilidad financiera, Delgado Selley se propone incorporar nuevos elementos de análisis de las entidades financieras actuales y con ello replantear la hipótesis de Minsky. Con base en esta investigación, el autor realiza un análisis comparativo de la naturaleza y la manera en la que se transita de un periodo de estabilidad a otro de inestabilidad en la reciente crisis de los créditos subprime y la que teóricamente aborda Minsky.

No obstante que el autor reivindica que la teoría de Minsky tiene validez para comprender los periodos de expansión así como los de crisis, y con ello contribuir a prevenir o atenuar las crisis financieras, él mismo advierte que los cambios en la naturaleza de las operaciones financieras incrementaron exponencialmente el riesgo sistémico. En tal sentido, Orlando Delgado considera necesaria la relectura de Keynes y los autores poskeynesianos, procurando desarrollar nuevos elementos de análisis teórico.

José Antonio Núñez y Elizabeth Ortega, ambos doctores en Economía y Ciencias Financieras, respectivamente, por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, se enfocan en analizar el tipo de cambio, variable que revela el desempeño de los ámbitos económico y financiero. Las variaciones en el tipo de cambio de las monedas, especialmente en relación con el dólar, implican riegos implícitos debido a la magnitud de los flujos comerciales y financieros que efectúan los países, particularmente las empresas, en el contexto de la globalización. Por tal razón, sus efectos llegan no solamente a las empresas globalizadas sino también a las locales, y pueden expresarse también en los flujos de operaciones líquidas y en el valor de los pasivos.

En su artículo "Continuous Time Models of Interest Rate: Testing Peso–Dollar Exchange Rate", los autores, considerando el tipo de cambio peso/dólar, proponen el desarrollo de modelos paramétricos de tiempo continuo. Su análisis empírico se apoya en las técnicas de propuestas por Ait–Sahalia, quien compara diferentes modelos paramétricos respecto a los modelos no paramétricos.

El ejercicio de incluir el salto Poisson en los modelos paramétricos de tiempo continuo se realiza para el caso del tipo de cambio peso/dólar en México. Para los autores, en este país el tipo de cambio ha transitado de un tipo de cambio fijo a lentamente fijo y de una banda de deslizamiento a un tipo flexible, debido a circunstancias específicas. En efecto, el desencadenamiento de la crisis financiera en 1994–1995 en México influyó notoriamente en la determinación de la paridad del tipo de cambio con base en un régimen de flotación y la transición hacia una mayor flexibilidad, respaldado por cambios en el marco institucional, reduciéndose considerablemente la intervención del Banco de México. En otras latitudes, en países afectados por crisis financieras que se han expresado en el tipo de cambio, también se ha recurrido a sistemas de tipo de cambio flexible para atemperar los efectos, aunque en México estas políticas han ido acompañadas por otras macroeconómicas y de reducida intervención del banco central.

Con base en el análisis de los resultados de su estudio empírico, Núñez y Ortega apuntan que aunque este tipo de modelos son insuficientes para explicar el comportamiento del tipo de cambio, la inclusión de los saltos de Poisson en algunos modelos de tiempo continuo puede ser útil para estos fines.

A más de 15 años de la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, es necesario conocer cuáles han sido los efectos para la economía mexicana. Son varias las aristas por analizar y discutir. Una de estas se inscribe en el ámbito de la tecnología. En el contexto de los procesos de regionalización y globalización en que se insertó México desde los años noventa, se registró un cambio drástico en el tipo de especialización de las exportaciones. En tal sentido, el perfil exportador de petróleo de México pasó hacia el de exportador de manufacturas de mayor intensidad tecnológica, asociadas al comercio intraempresa. El artículo "El efecto de la tecnología en las exportaciones manufactureras mexicanas a Estados Unidos" es de la coautoría de Ana Lilia Valderrama Santibáñez y Omar Neme Castillo, ambos doctores en Ciencias Económicas por la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional. Los autores se proponen demostrar que en el largo plazo las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos son impulsadas principalmente por factores tecnológicos y de organización industrial, considerando la función que tienen las capacidades tecnológicas en el corto plazo. Su análisis lo basan en un modelo de determinantes de las exportaciones en el que se especifican las variables tecnológicas y emplean técnicas de cointegración para una estimación rigurosa de las exportaciones en el largo plazo.

¿Qué función tiene la tecnología y cómo impacta en la competitividad del país en el comercio internacional? ¿La especialización tecnológica, el cambio estructural, la inversión extranjera directa y la ID impactan en las cuotas de mercado de las exportaciones? Éstas son algunas de las preguntas que subyacen en los estudios consultados. Los autores encuentran que al igual que en los países industrializados, en países en desarrollo se confirman el vínculo positivo entre tecnología, innovación y exportaciones.

Con base en los hallazgos de diversos estudios empíricos sobre el vínculo entre cambio tecnológico y el comercio internacional en los niveles macro y micro, los autores se proponen confirmar cómo la incoporación del progreso tecnológico (con indicadores como patentes, actividades de IyD, etcétera) tiene efectos positivos en el desempeño exportador del país (con indicadores como participación de mercado, probabilidad o decisión de exportar, volumen o valor de las exportaciones).

Los autores encuentran un mejor desempeño relativo de los factores tecnológicos comparado con los factores precio en un contexto de alto dinamismo exportador de las manufacturas mexicanas. Asimismo, observan que las capacidades tecnológicas y la competencia monopolística impactan las exportaciones. En este marco de reflexión, ¿cómo explicar la pérdida de competitividad tecnológica de las empresas locales exportadoras? Valderrama y Neme se centran en tratar de dilucidar las razones.

Finalmente, Economía: Teoría y Práctica cierra esta entrega con la contribución de los investigadores docentes de la Universidad Nacional de General Sarmiento de Buenos Aires, Argentina, Analía Erbes, Sonia Roitter y Marcelo Delfini. En su artículo "Organización del trabajo e innovación: Un estudio comparativo entre ramas productivas argentinas", los autores se enfocan en analizar los cambios que adoptan empresas argentinas en la organización del trabajo asociados con procesos de innovación.

¿Qué tipo de organización del trabajo favorece, en mayor medida, el desarrollo de los procesos de innovación y circulación de conocimiento? Ésta es una de las preguntas formuladas en esta investigación. En tal sentido, su reflexión se orienta a estudiar la función que tiene el tipo de organización laboral en la absorción de los nuevos conocimientos y cómo, a su vez, la adopción de innovaciones en las organizaciones fomenta la formación de capacidades laborales.

Con base en una encuesta aplicada a empresas de las ramas automotriz, textil, de maquinaria agrícola y siderúrgica, Erbes, Roitter y Delfini realizan un análisis factorial de correspondencias a fin de agrupar homogéneamente a las empresas (cluster) en función de las características de la organización laboral. Posteriormente aplican un modelo logit, en que se estiman los efectos de la organización del trabajo (proxy de los procesos de producción y la circulación de conocimiento) en la dinámica innovativa de las empresas. Se proponen mostrar que la existencia de un conjunto de características asociadas con la forma de organizar el proceso productivo, con la dinámica de adquisición de experiencias y con el grado de autonomía de los trabajadores define las posibilidades con las que cuenta una organización para crear y difundir conocimientos y, con ello, para desarrollar procesos de innovación.

Sus hallazgos son muy sugerentes y contribuyen a identificar y caracterizar la heterogeneidad de la organización laboral en las empresas de diferentes ramas seleccionadas en Argentina y comprender por qué las dinámicas innovativas más virtuosas prevalecen entre las empresas que se caracterizan por esquemas formativos.

 

Dra. Alenka Guzmán
Directora de la Revista