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Tzintzun

versão impressa ISSN 0188-2872

Tzintzun  no.54 Morelia jul./dez. 2011

 

Reseñas

 

Tomás Pérez Vejo, Elegía criolla. Una reinterpretación de las guerras de independencia hispanoamericanas

 

México, Tusquets Editores, 2010, 324p. (Colección Centenarios, 10)

 

Manuel Geréz del Río

 

Universidad Autónoma de Querétaro

 

 

La labor historiográfica del doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, Tomás Pérez Vejo, es ya larga desde que en 1999 apareciera su libro Nación, identidad nacional y otros mitos nacionalistas. Con esta obra, el historiador cántabro inaugura su interés sobre la teoría de la nación y el nacionalismo y los procesos de construcción nacional en el mundo hispanoamericano. El también periodista e historiador del arte ha aportado, además, diversos trabajos que versan en las relaciones entre México y España, los usos políticos de la imagen, los usos de las fuentes icó–nicas y literarias en la historia, y la pintura de historia en México y España.

Elegía criolla. Una reinterpretación de las guerras de independencia hispanoamericanas parecería un libro más de coyuntura en la historiografía del bicentenario de las Independencias hispanoamericanas. Sin embargo, la interesante reintepretación historiográfica sobre el tema coloca el libro dentro de la vanguardia de las tendencias revisionistas de la historia de ese convulsivo periodo que dio fin a la Monarquía católica e inició la formación de lo que hoy conocemos como España y los países de América Latina.

¿Por qué volver al estudio de las guerras de independencia hispanoamericanas? Explica el autor que tanto la gente a través del imaginario colectivo como muchos historiadores dan por sentado que las guerras que desmembraron la Monarquía católica fueron guerras de liberación nacionales, cuyo objetivo era la descolonización. Esta idea perpetra la interpretación teleológica de la historia. El núcleo duro de estas interpretaciones es la afirmación de la existencia previa de identidades nacionales y de ahí el conflicto entre naciones. Es la pervivencia de lo que François–Xavier Guerra denominó las "interpretaciones clásicas" de las guerras de independencia.

La propuesta de este libro es intentar una nueva interpretación general que no dé por sentado lo anterior. El marco intepretativo de las guerras de independencia hispanoamericanas debe ubicarse en los problemas centrales que atañe el nacimiento de la modernidad en Occidente. Esto es el paso de la legitimidad de tipo tradicional del poder (la emanación del poder como voluntad divina a través de una dinastía monárquica) a la legitimidad como emanación de la voluntad del pueblo. De esta manera, los hechos acaecidos entre 1808 y la primera mitad del siglo XIX deben interpretarse a la luz de un problema político, el problema de las soberanías.

La originalidad del libro de Pérez Vejo radica en establecer como eje teórico el surgimiento de la nación como producto de la modernidad. De ahí que las afirmaciones de las "interpretaciones clásicas" carezcan de validez. Tomás Pérez Vejo establece, como marco interpretativo, precisamente las teorías políticas sobre la nación y los nacionalismos que aparecieran en la década de 1980 con los estudios de Enest Gellner, John Breully y Benedict Anderson. El uso de estos autores es importante porque centran el surgimiento de las naciones como producto de la modernidad, rechazando las tesis perennialistas, neoperennialistas y etnosimbolistas que, en términos generales, afirman la existencia de las naciones desde tiempos muy anteriores al siglo XIX (Clifford Geertz, Anthony D. Smith, Samuel Huntington, entre otros).

La voluntad de "no utilizar la nación como marco de análisis" radica en que "el objeto de estudio es el conjunto de la Monarquía católica y no las posteriores naciones surgidas de ella". Para entender las guerras de independencia, dice el autor, resulta imprescindible un marco interpretativo general que prescinda del análisis nacional.

Los movimientos que dieron fin a la Monarquía católica fueron un problema eminentemente político, centrado en la cuestión de la soberanía debido a la ausencia del legítimo rey y el rechazo a reconocer a José I como nuevo monarca. De aquí la importancia de "las guerras en las que los discursos y las ideologías, por primarios que hoy nos puedan parecer, y no los intereses fueron su núcleo fundamental."

El estudio abarca el periodo que va de 1808 a mediados del siglo XIX en Hispanoamérica. El eje de la argumentación se teje bajo la definición del Imperio español como una Monarquía católica –nombre con el que "universalemente era conocida"–. El empleo del término Moanrquía católica, dice Pérez Vejo, y no el de España, Monarquía hispánica o Imperio español obedece sobre todo a que el uso de cada uno de estos términos remite a realidades conceptuales distintas. "España tiene una clara connotación de Estado–nación contemporáneo, lo que resulta completamente anacrónico". La Monarquía católica no era un imperio como lo definiríamos en la actualidad –y lo dejó de ser cuando Carlos V abdicó la corona imperial para cederla a la rama de los Habsburgo de Austria–. El concepto de "monarquía compuesta" como un "conglomerado de reinos, provincias y señoríos unidos por la común fidelidad al monarca" es la mejor definición de la Monarquía católica y permite la comprensión de los hechos suscitados a partir de 1808 fuera del corsé interpretativo de las naciones. La importancia es radical puesto que Pérez Vejo define la Monarquía católica fuera de cualquier marco nacional, que implicaría dejar de pensar el mundo anterior al siglo XIX como una miríada de naciones latentes que entrarían en pugna a principios de aquel siglo.

De esta consideración, Pérez Vejo sustenta las siguientes aseveraciones: no hay una lucha entre españoles y criollos –que ya había señalado la historiografía revisionista–, por lo que el patriotismo criollo, señalado en la década de los setenta por David Brading como un protonacionalismo, sería inexistente a la luz de esta nueva postura. Para el autor, el patriotismo es innegable, sobre todo en los siglos XVIII y XIX, pero no adquiere tintes políticos hasta que no emerge la idea de nación como una comunidad politica. Aclara Pérez Vejo que las identidades dentro de la Monarquía católica eran "naturales", es decir, el lugar de nacimiento era importante pero no estaba politizado. De esta forma la identidad es una identidad de tipo étnico en cuanto a que ser español, por ejemplo, estaba relacionado a una cuestión étnico–cultural como ser "blanco", no español (peninsular) o criollo.

A ello se suma que la idea de las oposiciones –peninsular vs criollo– en la guerra era imposible, particularmente porque los peninsulares nunca fueron un grupo demográficamente importante en América. "Las guerras de independencia no fueron un problema de criollos contra peninsuales, tampoco de clases socíales ni, menos todavía, de naciones en conflicto..." Por ende, las guerras de independencia no fueron guerras que liberaran naciones preexistentes, ni una lucha de identidades confrontadas, ni una lucha de etnias/clases sociales.

La visión revisionista de la década de 1980, con historiadores como Brian Hamnett, John Tutino, François–Xavier Guerra y Jaime E. Rodríguez establecieron que el problema de la interpretación de las independencias hispanoamericanas radicaba en un hecho político –el problema de la nación– y un hecho histórico –la guerra civil–. Así, lo que provocó el desmebramiento de la Monarquía católica fue el vacío de poder que surgió con la invasión napoleónica a la península ibérica y las abdicaciones de Bayona, por lo que se convierte en un problema de soberanías. Pérez Vejo señala la aparición de dos tiempos a partir de este hecho histórico: el tiempo de las soberanías y el pueblo y el tiempo de las constituciones y las naciones. De esta forma "las naciones no fueron la causa de las guerras de independencia sino su consecuencia". Por lo que no existe un problema de naciones en conflicto sino de soberanía por la ausencia del monarca.

El segundo tiempo sólo fue posible "por el desplazamiento del reino por la nación como sujeto político; un cambio radical y de consecuencias imprevisibles."

De esta forma, Pérez Vejo comprueba que la percepción de las guerras suscitadas a partir de 1808 bajo connotaciones como revoluciones o guerras de independencia es una construcción a posteriori, desarrollada a partir de las exposiciones de libelistas como Servando Teresa de Mier y Carlos María Bustamante, y bajo los requerimientos de las nuevas naciones de formar una historia nacional. Así, dentro del espacio conceptual de la Monarquía católica como comunidad política, el levantamiento iniciado por Hidalgo se enmarcaría bajo esquemas bien definidos de revueltas similares a varias otras dentro de la lógica y demandas del Antiguo Régimen. De ahí que Pérez Vejo sostenga en llamarlas guerras civiles, como parte de esa comunidad política que era la civilización hispánica.