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Tzintzun

versão impressa ISSN 0188-2872

Tzintzun  no.54 Morelia jul./dez. 2011

 

Reseñas

 

Antolín Sánchez Cuervo y Fernando Hermida de Blas (Coords.) Pensamiento exiliado español. El legado filosófico del 39 y su dimensión iberoamericana

 

Madrid, Biblioteca Nueva, CSIC, 2010, 324 págs.

 

Jorge de Hoyos Puente

 

Universidad de Cantabria

 

 

Desde los trabajos iniciales de José Luis Abellán a partir de la década de los sesenta del siglo pasado, la filosofía del exilio republicano ha constituido uno de los temas más importantes dentro del drama colectivo que representó la diáspora española de 1939. Lejos de ser un tema agotado, los estudios sobre distintos autores y filósofos continúan siendo una de las principales aportaciones dentro de los trabajos del exilio republicano. Un tema escrutado desde diferentes perspectivas, que representa para investigadores de distintas disciplinas de las ciencias sociales y humanas un pozo sin fondo. En ese sentido, el libro coordinado por Antolín Sánchez Cuervo y Fernando Hermida de Blas resulta un claro exponente de esta inquietud por conocer el pasado reciente. Se trata de un conjunto de estudios firmados por reconocidos intelectuales de la historia cultural y del pensamiento, que abordan desde una visión renovada el pensamiento filosófico exiliado y su compleja relación con el mundo latinoamericano. La experiencia de la salida obligatoria de su patria forzó a muchos intelectuales a buscar nuevos rumbos para sus investigaciones y la reflexión respecto del mundo hispano se convirtió en un tema central para varios de ellos. Este fenómeno común en muchos intelectuales e investigadores de diversas disciplinas científicas se manifestó especialmente en el mundo del pensamiento filosófico, acostumbrado a la interlocución con pensadores de diversas procedencias. A lo largo de los estudios del libro podemos asomarnos a ricos debates de aspectos muy variados que trataron de escrutar elementos medulares de la formación del pensamiento hispanoamericano, donde no faltaron referencias a la supremacía occidental frente al mundo hispano.

En primer lugar, el trabajo sobre Alfonso Reyes y su papel como receptor de los exiliados firmado por Evangelina Soltero y Fermín del Pino nos adentra en los antecedentes inmediatos a la llegada masiva de los republicanos españoles a México. La labor de Alfonso Reyes, residente en España entre 1914 y 1924, primero como exiliado y más tarde como diplomático, contribuyó a la construcción de redes intelectuales de gran trascendencia a la hora de comprender el establecimiento de mecanismos de solidaridad. Su papel como colaborador del Centro de Estudios Históricos y también del Ateneo de Madrid, así como sus publicaciones en las revistas liberales España y el diario de Ortega y Gasset, El Sol, facilitaron la difusión por el interés de destacados pensadores españoles sobre América. Sin la figura de Alfonso Reyes difícilmente se puede entender la sensibilidad hacia los intelectuales españoles despertada en México, pero resulta central también tener en cuenta la presencia de algunos de éstos en el México revolucionario. La presencia de Ramón María del Valle Inclán, José Gaos, Fernando de los Ríos o Vicente Blasco Ibáñez permitieron retomar desde un punto de vista cultural unas relaciones entre los dos países hermanos que vivieron políticamente de espaldas a lo largo del siglo XIX. Desde el interés mutuo por la cultura del otro, estos intelectuales y algunos otros facilitaron el establecimiento de nexos de unión que hicieron del hispanismo el núcleo central de ese nuevo clima.

Los trabajos de Javier Muguerza y Mari Paz Balibrea se adentran en la diversidad de opiniones de dos filósofos de la relevancia de José Gaos y Eduardo Nicol. Dos pensadores con lecturas muy diferentes en torno al hispanismo que confrontaron modelos de modernidad. Así, la lectura complementaria de los dos artículos permite comprender la supremacía en México de Gaos y su influencia posterior en el pensamiento mexicano. Dos intelectuales exiliados que alcanzaron en México y por extensión en Latinoamérica un predicamento muy superior al que cuentan en España. El trabajo de Mari Paz Balibrea tiene una trascendencia capital a la hora de entender la disparidad de criterio existente en la filosofía del exilio pero también en el fenómeno en su conjunto que tuvo que afrontar desde su posición en México no pocas contradicciones sobre su historia nacional. Entre sus múltiples retos los exiliados tuvieron que enfrentar a su llegada a México el discurso imperante frente a la Conquista, para lo cual se vieron obligados a reelaborar sus discursos. La visión paternalista de Nicol y su visión de la supremacía del pensamiento occidental estuvo presente en no pocos exiliados.

De gran interés es el texto de Antolín Sánchez Cuervo centrado en Joaquín Xirau, uno de los máximos representantes en México de la tradición institucionista. Formado en la escuela de Giner de los Ríos, la influencia del pensamiento krausista y su recepción en México plantean una interesante visión del cuestiona–miento de la propia historia de España por parte de los exiliados. Los trabajos de un historiador consagrado a su llegada al territorio mexicano como Rafael Altamira son una lectura complementaria imprescindible a la hora de asomarse a esta cuestión.

Por su parte, Carlos Nieto estudia la figura de Ferrater Mora, exiliado en Cuba, Chile y más tarde en Estados Unidos donde consagrará definitivamente su carrera, este exiliado catalán desarrolló una ingente labor siendo sin duda uno de los filósofos más reputados del exilio. Su estancia en Estados Unidos le permitió una proyección aún mayor que a otros exiliados radicados en Latinoamérica. Así, su idea de la tercera España y su catalanismo integrador asociado a la idea del "seny" es una visión sugerente que merece la pena ser profundizada.

El trabajo de José Luis Mora explora la relevancia de la figura del Quijote en el pensamiento exiliado. Sin ser un tema novedoso, el texto ilustra sobre las diferentes lecturas realizadas por pensadores tan dispares como Américo Castro o María Zambrano sobre una de las figuras consagradas en el imaginario colectivo del exilio. Perspectivas diversas de los modos de interpretar la obra cumbre de la literatura española que alcanzó categoría de mito en el exilio. Así, poetas como León Felipe o artistas como Rodríguez Luna imprimieron en el exilio una relevancia esencial en el personaje de Cervantes. El Quijote recogía la esencia de los exiliados en la medida en que su errante figura marcada por su lucha intemporal por unos ideales caballerescos, basados en la justicia y el honor.

Ricardo Tejada analiza el papel de los ensayos como género propicio para la reflexión dentro del pensamiento exiliado, un género recurrente para expresar la visión compleja en torno a la guerra civil y sus consecuencias, pero también un espacio propicio para reflexionar sobre la historia y los procesos de construcción nacional que marcaron la proliferación de exilios.

En la siguiente contribución el filósofo Reyes Mate se asoma al prolífico Max Aub, sin duda uno de los pensadores más relevantes del exilio, agitador de conciencias y referente indiscutibie dentro de la cultura exiliada contemporánea. Su condición de judío dentro del exilio republicano tiene una importancia central a la hora de configurar su vivencia de la experiencia traumática del destierro, que en su caso impregna toda su obra. Julián Sauquillo estudia la obra compleja de José Bergamín, un exiliado atípico por su militancia comunista y a su vez su adscripción católica. Bergamín se apoyó en relevantes intelectuales liberales del siglo XIX para reflexionar sobre el drama de España. Desde su visión católica del mundo, el exilio se convierte en una circunstancia, una penitencia desde la cual reflexionar sobre los problemas y dramas de España a la hora de constituirse como nación. Al igual que otros exiliados como Mariano Granados, la Conquista de América y los sueños de Imperio fueron vistos como una rémora, un lastre que impidió la consolidación de España como nación. En su condición de exiliados optaron por la reivindicación de los lazos hispanoamericanos como manera de restañar esas heridas históricas.

El libro finaliza con un estudio de Jesús Moreno Sanz sobre María Zambrano. La visión de la filósofa de Vélez–Málaga es bien conocida, especialmente su interpretación del exilio como una oportunidad para reflexionar al margen de la historia misma. El ella el exilio es interpretado como una oportunidad más allá del drama vivido, sin duda una visión optimista como la que nos plantea Moreno que permite cerrar el libro con una actitud positiva, de la cual nos hemos nutrido muchos de los investigadores que abordamos el exilio como problema historiográfico y cultural en la actualidad.

Por todo ello, la obra en su conjunto permite asomarse a la búsqueda de los pensadores exiliados de las raíces de la filosofía hispana. Desde perspectivas muy diferentes, se pone en evidencia la pluralidad y complejidad del pensamiento exiliado, sus modos de afrontar los principales retos en su calidad de desterrados políticos, nuevos horizontes de reflexión, marcados por el peso del lenguaje en unos casos y la influencia del pensamiento extranjero por otro. De esta manera, el lenguaje adquiere una importancia central como elemento constitutivo de la cultura contemporánea, eje esencial dentro del pensamiento del siglo XX que marcó al exilio republicano en toda su dimensión. Una lectura que trasciende la dimensión filosófica de la obra y que resulta una visión enriquecedora de la historia cultural del exilio republicano.