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Literatura mexicana

On-line version ISSN 2448-8216Print version ISSN 0188-2546

Lit. mex vol.27 n.1 México Jan./Jun. 2016

https://doi.org/10.19130/iifl.litmex.27.1.2016.908 

Reseñas

Edith Negrín, Alberto Enríquez Perea, Ismael Cavallo Robledo y Marcos G. Águila (coords.). Un escritor en la tierra. Centenario de José Revueltas. México: Fondo de Cultura Económica, 2014

Benjamín Garcíaa 

aUniversidad Nacional Autónoma de México; e-mail: fielrocinante@yahoo.com.mx

Negrín, Edith. Enríquez Perea, Alberto. Cavallo Robledo, Ismael. Águila, Marcos G. Un escritor en la tierra. Centenario de José Revueltas. México: Fondo de Cultura Económica, 2014.


A José Revueltas (1914-1976) se lo compara con los escritores rusos, se ve en su obra una especie de realismo al estilo de Chéjov o Tolstói, a ello se suma una capacidad tremenda para el horror. Philippe Cheron afirma: “tenía una mente bifronte (,) con una cara reflejaba el horror y (con) otra reía a carcajadas” (18). Este y otros temas se abordan en Un escritor en la tierra. Centenario de José Revueltas, una compilación de textos coordinada por Edith Negrín, Alberto Enriquez Perea, Ismael Carvallo Robledo y Marcos T. Águila.

Revueltas es un hombre difícil de abordar, por ello su obra también lo es. En su contribución, dice Elena Poniatowska: “A José Revueltas le era más familiar la muerte que la vida, el dolor que la alegría y, sin embargo, buscó siempre el calor de los hombres, el de los más desposeídos, los obreros, los campesinos, los ignorantes, los sin amor, los fracasados, los que terminan en la cárcel” (11).

Revueltas creó un universo; a diferencia, por ejemplo, de García Márquez, no repitió personajes, sino tipos (por no usar términos tan comprometidos como arquetipos, o estereotipos), los extraídos de su conocimiento de las calles: no sólo los desposeídos, también burgueses, como En algún valle de lágrimas, nanas, directores escolares ebrios, chicas decentes, músicos callejeros.

Usó un tipo de terror surgido no de lo desconocido, como en las historias de hombres lobo o brujas; tampoco de los temores primigenios, como en el caso de H. P. Lovecraft; sino a partir de describir el entretejido de los extremos humanos. El apando, por ejemplo, puede verse como crítica social, aunque destaca también lo hórrido, lo grotesco, las descripciones, por así llamarlas, nauseabundas, nefandas. Observamos otro tanto de su estética escatológica, por ejemplo, en la novela Los errores, donde el personaje conocido como El Muñeco es un siniestro padrote, mientras que Elena (nombre de santa) es un enano enamorado del asesino.

La mayor parte de los títulos de sus textos hacen referencia a lo tenebroso: El luto humano, En algún valle de lágrimas, Los errores, El apando; incluso Los motivos de Caín: también la idea expresada por el título de Los días terrenales (nombre elegido por Revueltas para englobar toda su obra) es de esa índole, después de todo, sólo hay días terrenales, si hay otros, serán los vividos por los dioses o los humanos antes de caer al reclusorio de la existencia.

Manuel Llanes García observa en la obra revueltiana “las resonancias más escatológicas del cuerpo” (101). Idea de ficción en los días terrenales. Edith Negrín, por su parte, expone: “El apando es, sin duda, la metáfora del lado más oscuro de la condición humana, el corazón de las tinieblas” (80). Sobre dicho escrito abunda: “El Carajo (personaje de El apando) está en la escala más baja de la condición humana: tuerto, tullido, tembloroso, cubierto de tatuajes, cicatrices y heridas purulentas, carece de dignidad y está hundido, siempre en el límite” (78), y “se corta las venas cada vez que ‘lo apandan’, para ir a la enfermería, pero pronto se recupera. Su madre, asimismo fea, envilecida y sórdida, vive arrepentida de haber engendrado. Ese hijo...” (78).

Este horror revueltiano viene de la experiencia sórdida de la reclusión: “La labor política clandestina por definición se asocia con limitaciones de espacio. Implica reunirse en secreto en sótanos y azoteas, pegar carteles por las noches en los muros urbanos, vivir cada día bajo la constante amenaza de la represión” (70). Por eso, parece inevitable ligar a Revueltas con El proceso y El castillo, esas dos cumbres de la desesperación opresiva, como indica Negrín:

La degradación del espacio carcelario es tal que se pervierte aun la idea del Paraíso, escrito así, con mayúscula. Se afirma que los guardianes, monos y sus monas, “atrapados en la escala zoológica”, estaban también “enjaulados”: “caminaban, copulaban, crueles y sin memoria, mona y mono dentro del Paraíso, idénticos, de la misma pelambre y del mismo sexo, pero mono y mona, encarcelados, jodidos” (79).

Su manera de abordar lo mexicano se parece a la mirada del cineasta Luis Buñuel con la controvertida cinta Los olvidados (no olvidemos que Revueltas fue también guionista cinematográfico), un viaje por un México más allá del “milagro” o del “Desarrollo Estabilizador”.

Edith Negrín halla en El apando la obra madura de Revueltas, donde reúne todo lo aprendido en su camino narrativo, donde “todo lo que queda del mundo es la cárcel, un universo deshumanizado donde impera la animalización y la codificación. Un universo donde se ha perdido por completo la solidaridad y la fraternidad, los valores supremos en cada una de las narraciones revueltianas” (80).

Como lo demuestra la última parte del libro, la obra de Revueltas también nos invita a dialogar con el pasado, sus perspectivas y frustraciones desde lo político, desde lo utópico y también desde la distopía. Se reflexiona sobre lo que no pudo ver Revueltas, articularmente la caída de la Unión Soviética y la caída de Las Torres Gemelas, momentos cumbres de la historia moderna cuya significación aún no es clara.

Probablemente la tragedia de un escritor marxista es el intento por conciliar su visión atroz de novelista acerca de la condición humana, con la fe requerida por la confianza en el mejoramiento del ser humano a manos del ser humano. Quizá por eso el Partido Comunista no podía conciliar con la obra del duranguense. Al respecto, Marcos Daniel Aguilar explica que Revueltas es visto como un escritor existencialista:

porque manifiesta las primarias pulsiones de la voluntad del individuo. Esto recuerda mucho la filosofía de Arthur Schopenhauer, en donde la persona, al enfrentarse con la idea de que un alma presa en un cuerpo mortal, decide anularse para dejar vivir a la humanidad como especie (123).

La visión política de Revueltas también valorada en el libro, forma parte de la historia de las ideas que han construido el debate político en México; sin embargo, la caída de la Unión Soviética desdibujó la perspectiva comunista del horizonte. Afortunadamente para los lectores, la obra literaria del autor es vigente, las calles de la ciudad, por transformadas que estén, siguen llenas de la presencia de El Muñeco, de Elena, del director ebrio, de El Carajo y de tantos otros personajes. Revueltas, sin duda, continúa siendo monstruosamente humano.

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