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Revista mexicana de sociología

versión On-line ISSN 2594-0651versión impresa ISSN 0188-2503

Rev. Mex. Sociol vol.81 no.4 México oct./dic. 2019  Epub 07-Nov-2019

http://dx.doi.org/10.22201/iis.01882503p.2019.4.57983 

Sobre el 80 aniversario de la RMS

La producción científica en un contexto de transformación social

Judit Bokser Liwerant* 

*Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Universidad Nacional Autónoma de México

En el marco de entornos crecientemente complejos y en permanentes procesos de transformación, las ciencias sociales asumen un compromiso de autorreflexión para dar cuenta de un cabal entendimiento de los nuevos tiempos y circunstancias. La inusitada suma de tendencias, acontecimientos y coyunturas, a la vez novedosas e inciertas, ha propiciado interrogantes y respuestas de diferentes comunidades científicas en la evaluación de los cambios y sus consecuencias, en los métodos y las categorías empleadas para su comprensión y, finalmente, en su lugar en la sociedad.

Las últimas décadas han significado el surgimiento de núcleos, tendencias y dinámicas que han conducido a cambios en los modos de organización colectiva, en la configuración del espacio público y en la vigencia o legitimación de nuevos relatos y visiones sobre el mundo. Todo ello ha modificado los tradicionales focos de atención de las disciplinas sociales y planteado nuevos.

La acelerada modificación de fronteras, tanto materiales como culturales, externas como internas, ha incidido, con diferentes ritmos e intensidades, en la exploración de las propias fronteras que perfilan las trayectorias de conocimiento.

En dicho contexto, junto a la diversidad disciplinaria y el pluralismo teórico que caracterizan a las ciencias sociales, destaca una doble tendencia en su desarrollo. Por una parte, la especialización del conocimiento social y la diversificación de las disciplinas, que se han manifestado en una permanente depuración teórica y analítica, en una mayor especificidad en los instrumentos y técnicas de investigación y análisis, y en un perfil específico más definido. Por la otra, una creciente interacción y convergencia entre las disciplinas que conduce a la revisión de las fronteras del conocimiento y de los paradigmas teóricos, que se van redefiniendo para enfrentar con recursos conceptuales renovados los profundos cambios de la realidad.

Así, son los encuentros en las fronteras del conocimiento los que, hoy por hoy, alientan los logros y aciertos de nuestras disciplinas y permiten su desarrollo. Al tiempo que la idea de un solo universo cognoscitivo queda superada y se hace necesario pensar en una diversidad de universos que afloran, las interacciones, los traslapes disciplinarios y las convergencias entre ellos se ven crecientemente alentados.

En las ciencias sociales, estos cambios se manifiestan en nuevos encuentros de conocimiento, núcleos temáticos emergentes, reelaboraciones teóricas y, en fin, un amplio ejercicio de renovación de la creación científica. El cuestionamiento y las nuevas incursiones conceptuales y metodológicas devienen el eje que configura la elasticidad y la movilidad de las fronteras de las disciplinas. Ciertamente, ello requiere nuevas directrices para la evaluación del conocimiento que, sin abandonar el rigor, asuman la flexibilidad necesaria para abrirse a lo nuevo.

Para toda esta nueva época del saber, las revistas científicas son una plataforma esencial que promueve precisamente los encuentros y las interacciones, y retroalimenta de este modo a comunidades epistémicas que se vinculan, interactúan y amplían así los márgenes del saber y su socialización.

Las revistas devienen el momento y el espacio privilegiado en el que se confronta el quehacer individual de la producción científica con la conversación epistemológica, con la mirada del Otro: el evaluador primero, el público después.

Se trata de una relación compleja entre campos de conocimiento, disciplinas, su organización e institucionalización, y las comunidades científicas que las producen y vehiculan. Académicos e investigadores construyen espacios que comparten formas de organización y de difusión. El saber no se da en el vacío y las plataformas para su difusión forman parte de él.

Las revistas científicas han ido adquiriendo un papel crecientemente relevante como garantes de la calidad del conocimiento. En tanto la publicación en las mismas está sujeta a un arbitraje por otros miembros de la comunidad, se considera que el hecho de publicar un trabajo en una revista que contará con este mecanismo de evaluación es un apoyo y una medida de su calidad.

Las revistas adquirieron así una función central en el proceso de evaluación, con el desafío que implica ponderar el conocimiento ante la diversidad temática y metodológica. En tanto un comité de pares no necesariamente tiene la posibilidad ni el conocimiento especializado para analizar en detalle todas o las publicaciones, confía a la vez en el juicio de los pares que dictaminaron favorablemente el artículo o ensayo para su publicación. Esto requiere una confianza en los procesos internos de las revistas, para lo cual se han implantado diversas estrategias para establecer criterios editoriales y procedimentales que permitan elaborar juicios de calidad. La convicción de que este proceso requiere de científicos sociales comprometidos con una concepción rigurosa y plural del conocimiento es esencial.

Es primordial, a la vez, deslindar cuáles son los alcances y las limitaciones tanto epistémicas como institucionales que impactan en la producción científica actual, y cuál es nuestro lugar como revistas de las ciencias sociales

La inclusión de indicadores bibliométricos es polémica en todas las áreas del conocimiento. En el campo de las ciencias sociales y humanidades en América Latina, el tema es particularmente complejo, ya que la producción en el área no está suficientemente representada en las bases de datos de las que se parte para construir los principales indicadores utilizados -tal como el factor de impacto-, lo cual constituye un sesgo importante en el análisis de la producción académica regional.

En este sentido, puede afirmarse que el nuestro es un campo que constituye una “doble periferia”: disciplinaria y lingüístico-geográfica. La periferia disciplinaria se refiere a las limitaciones específicas de los indicadores bibliométricos basados en citas para dar cuenta de la producción en las ciencias sociales. La periferia lingüística da cuenta de la limitación en la cobertura de publicaciones realizadas en español y portugués, y en idiomas diferentes del inglés, en general. Finalmente, la periferia geográfica está estrechamente relacionada con la segunda y se vincula con la potencial marginación entre las revistas de mayor impacto, de las agendas de investigación de interés local en los países de América Latina. Veamos las siguientes consideraciones puntuales:

  • Según el Scientific Journals Ranking (SJR), de los aproximadamente 16 millones de artículos citables en Scopus, solamente el 7.7% son de ciencias sociales y humanidades. La UNESCO, en su Informe Mundial sobre las Ciencias Sociales de 2016, advirtió que alrededor del mundo, cinco países o regiones concentran 72% de las publicaciones a nivel mundial: Unión Europea, China, Estados Unidos, Japón y Rusia.

  • Con datos del SJR, se observa que alrededor de 90% de todos los artículos de ciencias sociales publicados en revistas científicas no son citados.

  • Según el Journal Citation Report y la Web of Science, menos de un tercio de la producción de revistas académicas están dirigidas a las ciencias sociales y las humanidades.

  • La revista latinoamericana con el mejor lugar en el ranking del SJR, Ethnobiology and Conservation, se encuentra en el lugar 860 a nivel mundial, mientras que la Revista Chilena de Derecho, segunda en la región, ocupa el lugar 1 161.

  • Según un análisis de 2012 titulado “De un modelo centrado en la revista a un modelo centrado en las entidades, la publicación y la producción científica en la nueva plataforma Redalyc.com”, del investigador Eduardo Aguado López, en el caso de México, sólo 20% de los investigadores de ciencias sociales que forman parte del Sistema Nacional de Investigadores tienen, al menos, un artículo en Scopus.

Sin lugar a dudas, se refleja la división entre el quehacer de la investigación en ciencias duras y aquel de las ciencias sociales y las humanidades. Las diferencias profundas que existen dentro de la construcción de metodologías en las segundas hacen que sea más difícil establecer un debate de conjunto, que pueda ser compartido transdisciplinariamente. Por otro lado, el método cartesiano de las ciencias exactas homologa experiencias y procesos del quehacer de la investigación.

Debe realizarse una revisión y una crítica de los sistemas de indexación, que tienen la característica de no diferenciar entre publicaciones de ciencias exactas o naturales y de ciencias sociales y humanas, por lo que los criterios de evaluación están enfocados en las ciencias naturales, donde existe una corriente principal, lo cual no sucede en ciencias sociales, en las cuales la construcción del conocimiento es mucho más risomática. En efecto: es necesaria una crítica a la idea de que existe una sola corriente o una corriente principal dentro de las ciencias sociales y humanidades. Debemos, sin duda, reivindicar el pluralismo teórico y metodológico.

La fragmentación instrumental entre las ciencias duras y las ciencias sociales y humanidades se refleja en la divulgación del conocimiento en dos aristas: la primera es el medio de difusión, el paper o artículo, que en su conformación constriñe la presentación de argumentos y prefiere una estructura lineal, sin una gran cantidad de preguntas abiertas, y con resultados explicitados. Por otro lado, se refleja también en los instrumentos de medición del impacto, donde están pensadas las citaciones en flujos lineales y genealógicos, donde la cita, como mecánica del dispositivo, se toma como el testigo de la presencia del lector.

Todo ello, en el contexto de un quehacer científico que se presenta como marginal dentro de la investigación en su conjunto. Sin embargo, es muy posible que esta representación esté siendo producida por el instrumento mismo. Las comunidades epistemológicas de las ciencias sociales y las humanidades no consumen disciplinalmente su información a través de artículos.

Paralelamente, nuestra reflexión debe dirigirse a las transformaciones en el entorno social. En el marco de la sociedad del conocimiento, en la que el conocimiento en general gestiona nuevas relaciones con la producción científica y las demandas del mercado, se convierte así en un valor central en la vida colectiva y el mercado impone sus reglas férreas. Las relaciones de las ciencias sociales con las diferentes esferas y actores se diversifican, y también los espacios de generación de conocimiento se multiplican. Junto a las universidades se consolidan think-tanks, centros de investigación privados, etcétera, que responden muchas veces a la necesidad de privilegiar estudios de corto plazo, con miras a la definición de políticas, y con criterios de evaluación con otras características.

Al mismo tiempo, en el ámbito de las revistas comienzan a surgir nuevas formas de publicación, altamente redituables, que están pensadas como modelo de negocios en lugar de difusión de conocimiento y creación de comunidades científicas; los números incluyen una gran diversidad de temáticas y artículos, lo que dificulta la especificidad de los mismos. Estos “mega-journals” publican aproximadamente 2.5% de los artículos científicos a nivel global. Para poner un ejemplo, en 2015, Public Library of Science publicó 27 000 artículos.

En este contexto, y a pesar de los avances reconocidos, algunos datos del Informe UNESCO de 2016 sobre la situación actual de las ciencias sociales son, ciertamente, alarmantes:

  • Sólo una cuarta parte de los investigadores pertenece a las ciencias sociales (cuando la matrícula de estudios en Ciencias Sociales y Humanidades rebasa 40% de la población universitaria).

  • Sólo 5% de los que se encuentran en el sector privado pertenecen a las ciencias sociales, y 8% de los investigadores que trabajan en el gobierno son científicos sociales.

  • De los investigadores en educación superior, 40% son científicos sociales; en el sector no lucrativo, 35%.

  • Del total de científicos sociales, más de tres cuartas partes (83%) se desempeña en educación superior.

Todo ello indica una gran concentración de las ciencias sociales en el ámbito educativo (y público) y una compleja dificultad para vincular sus diversas disciplinas con otros sectores de la sociedad, tanto en los ámbitos social, privado y empresarial, como en las instancias gubernamentales. El contexto contemporáneo exige alentar una mayor vinculación de las ciencias sociales con los actores, organizaciones y ámbitos de la realidad social que requieren de manera creciente de sus conocimientos y que pueden beneficiarse de la seriedad y el rigor de la academia.

Las ciencias sociales, tanto en el imaginario colectivo como en el seno mismo de las instituciones generadoras de investigación, fueron ubicadas, históricamente, en el papel de observador crítico y relector de lo acontecido a posteriori. Actualmente, la sociedad, con sus diferentes actores institucionales y colectivos, interroga a las ciencias sociales y exige adecuación temporal y sustantiva de sus intervenciones y aportaciones, lo que, sin pedir una renuncia al momento autorreflexivo del conocimiento, se traduce en una demanda de mayor inserción en la realidad a través de la definición de nuevos compromisos que puedan ayudar a incidir en la generación de propuestas para la realidad.

Con la mirada en el siglo XXI, las ciencias sociales se encuentran ante el desafío de revalorización de sus aportes, ampliando sus públicos y sus interacciones. Para las ciencias sociales latinoamericanas se plantea el desafío de insertarse en el debate internacional, romper etnocentrismos y crear redes convergentes. En este desafío, las revistas científicas tienen un rol importante que jugar como escenario y vehículo del saber social, y al hacerlo, se afirman como un valioso engranaje de las ciencias sociales tanto en su proceso creativo como en su encuentro con la sociedad, junto con los contextos culturales.

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