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Revista mexicana de sociología

versión On-line ISSN 2594-0651versión impresa ISSN 0188-2503

Rev. Mex. Sociol vol.80 spe México sep. 2018

http://dx.doi.org/10.22201/iis.01882503p.2018.0.57772 

Artículos

Memorias imbricadas: terremotos en México, 1985 y 2017*

Eugenia Allier Montaño** 

** Doctora en Historia por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París, Francia. Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales. Temas de especialización: memoria, historia e identidad, conmemoraciones, política, historia del tiempo presente. Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, 04510, Coyoacán, Ciudad de México.

Resumen:

El 19 de septiembre de 1985, un fuerte sismo asolaba a la Ciudad de México. Dejó graves daños materiales y psicológicos. Exactamente 32 años después, el 19 de septiembre de 2017, un nuevo temblor afectaba a la capital del país. A través del análisis de los principales periódicos nacionales en septiembre de 2017, se observó el despertar de los recuerdos de lo vivido o escuchado acerca de 1985: las comparaciones fueron la tónica de los debates públicos, movilizando memorias sobre 1985 vinculadas con las zonas afectadas, la solidaridad ciudadana, la movilización juvenil en las labores de rescate, la inacción del gobierno.

Palabras clave: memoria social; terremoto; 1985; 2017; 19 de septiembre

Abstract:

On September 19th, 1985, a powerful earthquake devastated Mexico City, causing severe material and psychological damage. Exactly 32 years later, on September 19th, 2017, another earthquake struck the country’s capital. Through the analysis of the main national newspapers in September 2017, the awakening of memories of what was experienced or heard about 1985 was observed: comparisons were the thrust of public debates, mobilizing memories linked to the affected areas, citizen solidarity, youth mobilization in rescue efforts and government inaction.

Key words: social memory; earthquake; 1985; 2017; September 19th

En un futuro lejano, los seres humanos son esclavos utilizados por las máquinas para obtener energía, por lo que deben vivir suspendidos en cables mediante los cuales su energía es absorbida; a cambio, reciben sueños de una vida que no están viviendo. Una persona que no debía aparecer en cierto lugar, una repetición matemáticamente imposible, la visión de una mascota que ya había muerto: puras fallas de la Matrix, la computadora madre que domina en el futuro. Errores que nos recuerdan que la realidad está en otra parte, fuera de las máquinas. Cuando Neo se da cuenta de que vive realmente en la Matrix, entiende por qué a veces hay fallos en la programación de su vida: errores que se repiten porque no es la vida misma, sino el sueño vivido a través de los artefactos. Y eso será lo que le permita despertar del sueño, gracias a Morfeo y Trinity, para convertirse en el Elegido.1

¿Qué posibilidades existían de que se produjera un feroz terremoto el mismo día que, 32 años antes, había tenido lugar otro terremoto devastador? ¿Estamos viviendo en la Matrix y sólo se trata de un error? Hay quienes creen que no es una falla de la Matrix, simplemente parte de la vida. Por ello, dicen que, así como existen los corridos a las lunas de octubre, pronto aparecerán los corridos a los terremotos de septiembre. En todo caso, no fueron pocos los asombrados, escépticos, estremecidos ante el hecho de que exactamente 32 años después del terremoto de 1985 tuviera lugar un nuevo terremoto en la Ciudad de México.

“Otra vez un 19 de septiembre”. Ese pensamiento asaltó a miles de chilangos minutos después de la una de la tarde, cuando un potente terremoto de 7.1 grados en la escala de Richter sacudió la Ciudad de México dejando más de 280 víctimas mortales. Desde que el un sismo, en aquella ocasión de 8.1 grados, dejase unos 10 000 muertos, habían pasado 11 687 días sin que ningún otro terremoto hubiese causado ni un solo fallecimiento en la capital. Y, en ese periodo, sólo cinco terremotos de siete grados o más habían dejado daños. Era improbable que sucediera justo un 19 de septiembre... pero la historia, lamentablemente, a veces se repite (El País, 22 de septiembre de 2017).

Ante la escalofriante coincidencia, el periódico español El País decidió investigar las probabilidades científicas de que ello sucediera. Consultó a especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Mogens Bladt, investigador del Departamento de Probabilidad y Estadística de la UNAM, afirmaba categórico: “Así es la probabilidad”, y demostraba a través de diversos cálculos que los terremotos ocurren de forma aleatoria. La posibilidad de que suceda en la misma fecha que otro anterior es la misma exactamente a que ocurra en cualquier otro día: una entre 74. Según Bladt, “No es una probabilidad tan pequeña, quizá mucho menos de lo que muchos habrían esperado”. En todo caso, el periódico concluía: “Que se haya dado, subrayan los sismólogos, es pura casualidad: no hay nada que haga más probable un día que otro para que se produzca un terremoto. Puro azar” (El País, 22 de septiembre de 2017).

Azar o no, en este artículo quiero concentrarme en la aparición discursiva del 19-S de 1985 en el increíble 19-S de 2017. El objetivo no es entender científicamente la probabilidad de que dos de los más grandes terremotos en la historia de la Ciudad de México tuvieran lugar el mismo día de distintos años, sino cómo las memorias públicas de lo vivido en 1985 se movilizaron en 2017. Las aproximaciones para ello podrían ser múltiples: a través de los discursos en distintos medios de comunicación (televisión, radio, periódicos impresos y electrónicos, redes sociales, YouTube), a partir de testimonios (escritos y orales). No obstante, hacer el análisis de todo ese material no sólo sería muy amplio, sino que rebasaría los límites de un trabajo como éste.

Este artículo es parte de una investigación más vasta que tratará de dar cuenta justamente de esa amplitud de memorias en diversos formatos. Pero por ahora es sólo una primera aproximación. Por ello, me limito a estudiar la reactivación de las memorias del 85 en el 17 a través de 11 diarios nacionales en los primeros días después del terremoto del 19 de septiembre de 2017. La pregunta principal que guía este texto es: ¿qué recuerdos se movilizaron en 2017 respecto al terremoto de 1985? En ese sentido, se busca conocer a qué se le dio prioridad en las memorias públicas vehiculadas en los diarios nacionales sobre 1985 y las similitudes o diferencias que se visualizaron respecto a 2017. En este estadio de la investigación se trata de las primeras impresiones de un trabajo que debería ser más sistemático en los siguientes años.

Para lograr mi objetivo, el artículo está dividido en cuatro apartados. En primer término, un breve recuento de lo ocurrido el 19 de septiembre de 1985. En segundo lugar, una rápida revisión del terremoto de 2017. En tercer término, el análisis sobre las memorias públicas 2 de 1985 en 2017. Finalmente, unas conclusiones provisionales.

La primera vez: los días del terremoto de 1985

El jueves 19 de septiembre de 1985, aquellos que aún dormían a las 7:19:47 de la mañana en la Ciudad de México despertaron con un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter.3 Se trató de un terremoto trepidatorio y oscilatorio, que tuvo su epicentro en las costas de Michoacán y Guerrero, que también se verían afectadas por la magnitud del fenómeno natural. Durante 120 segundos, la tierra se sacudió con una intensidad que sus habitantes desconocían.4 Las estructuras parecieron cobrar vida. Al acabar, quienes no sufrieron daños en el lugar en el que se encontraban creyeron que podían continuar con su vida. Fue una ilusión. Al correr de las horas, los chilangos se percataron de que la vida cotidiana se había trastornado. Poco a poco la población fue descubriendo la magnitud de la tragedia. “Parecía que la tierra estaba viva, como si se quejara de sus entrañas. Cuando salimos a ver la gente estaba en la calle, gritando, llorando, había casas derrumbadas, paredes cuarteadas, banquetas rotas, parecía como si estuviéramos en guerra” (Gloria Solís de Campos, en Loaeza et al., 2005).

Poco a poco también comenzó una fuerte movilización social. La ciudad y su población no estaban preparadas ni para el terremoto ni para la devastación que lo seguiría. Cientos, miles de edificios públicos y privados, hospitales, escuelas, se vinieron abajo o colapsaron parcialmente. La respuesta gubernamental fue insuficiente y la ciudadanía se organizó frente a la desolación. Dos serían las respuestas casi inmediatas de la sociedad: por un lado, ayudar a los damnificados a través de víveres, creación de campamentos al lado de los edificios caídos, albergues y, lo más conmovedor, mover con manos y palas los escombros de las estructuras que se habían venido abajo para sacar a los sobrevivientes y los cuerpos: los grupos de rescate fueron muy valiosos y permitieron que la población asumiera un rol activo en la tragedia. Se trató de una movilización ciudadana nunca antes vista en la ciudad. Al respecto, señalaba Carlos Monsiváis:

De todas partes llegan a sumarse a los bomberos, a los granaderos, a los trabajadores del Departamento Central y de las delegaciones, a los policías del DF y del Estado de México. Convocada por su propio impulso, la ciudadanía decide existir a través de la solidaridad, del ir y venir frenético, del agolpamiento presuroso y valeroso, de la preocupación de otras vidas que, en la prueba límite, es ajena al riesgo y al cansancio. Sin previo aviso, espontáneamente, sobre la marcha, se organizan brigadas de 25 o 100 personas, pequeños ejércitos de voluntarios listos al esfuerzo y al transformismo: donde había tablones y sábanas surgirán camillas; donde cunden los curiosos, se fundarán hileras disciplinadas que trasladan de mano en mano objetos, tiran de sogas, anhelan salvar siquiera una vida (Monsiváis, Proceso, 23 de septiembre de 1985: 9).

De esos brigadistas surgieron unos muy especiales, una suerte de héroes no-anónimos, que se metían en los edificios en ruinas para rescatar a posibles sobrevivientes. Se fueron reuniendo y a los pocos días se les llamaba Los Topos. Hoy son una organización que presta ayuda internacionalmente en zonas de desastre.

Por otro lado, en los días siguientes se llevaron a cabo marchas para exigir solución al problema de las viviendas, y comenzaron a crearse una gran cantidad de organizaciones y asociaciones de damnificados: la Coordinadora Única de Damnificados, la Coordinadora de Luchas Urbanas, la Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular, la Unión de Vecinos y Damnificados; entre ellas luego destacaría la Asamblea de Barrios, que tendría un lugar muy importante en las movilizaciones sociales de los siguientes años (Cuéllar Vázquez, 1993).

Tras el sismo, el presidente de la República, Miguel de la Madrid, realizó un vuelo en helicóptero sobre la Ciudad de México, y posteriormente tuvo una reunión de emergencia con todo el gabinete. Ante los ofrecimientos de ayuda internacional, De la Madrid señaló: “Estamos preparados para atender esta situación y no necesitamos recurrir a la ayuda externa. México tiene los suficientes recursos y unidos pueblo y gobierno, saldremos adelante. Agradecemos las buenas intenciones, pero somos autosuficientes” (Poniatowska, 2005: 24). El presidente puso en acción el Plan DN-III, que fue objeto de burlas por parte de la población por la falta de organización para coordinar la ayuda por parte del gobierno.

Por si todo ello fuera poco, el 20 de septiembre, a las 19:37:13 de la tarde, se registró una fuerte réplica del sismo con magnitud de 7.5, agravando los daños y sobre todo el pánico entre la población. Unos 20 edificios más se cayeron. Los saldos del terremoto siguen sin ser definitivos. El 24 de septiembre, la Comisión Especial Pluripartidista presentaba en la Cámara de Diputados un informe afirmando que se habían caído 252 edificios y 165 habían sido dañados. Por su parte, De la Madrid afirmó en su IV Informe de Gobierno (del 1 de septiembre de 1986) que los edificios destruidos habían sido 412 y 5 728 habían quedado dañados, con 100 000 familias afectadas. El Sistema Sismológico Nacional refirió 400 edificios caídos y 30 000 viviendas destruidas.

Entre los edificios más emblemáticos dañados en el entonces Distrito Federal estuvieron buena parte del Centro Médico Nacional, el Hospital General de México, el Hospital Juárez, el CONALEP SSP, el edificio Nuevo León de la Unidad Nonoalco-Tlatelolco, tres edificios del Multifamiliar Juárez, el Hotel Regis, el Hotel del Prado, las oficinas de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, varios talleres de costura, Televisa Chapultepec.

Respecto al número de víctimas, los datos son inciertos. El 20 de septiembre, la Secretaría de la Defensa Nacional afirmó que había 2 000 muertos. Ese mismo día, el Instituto Mexicano del Seguro Social señalaba entre 3 000 y 6 000 víctimas. John Gavin, embajador de Estados Unidos en México, sugirió la cifra de 20 000. La agencia afp refirió entre 10 000 y 30 000 muertos. El Servicio Sismológico Nacional subrayó que hubo 40 000 muertos y alrededor de 4 000 personas rescatadas de los escombros.5

En 1985 el Fondo Monetario Internacional (FMI) había suspendido su ayuda a México. Sin embargo, luego del terremoto, en 1986 bancos internacionales decidieron cooperar con el Plan Brady, que acordaba prestar a México 6 000 millones de dólares, así como renegociar el 85% de la deuda, con lo cual se pagaría a 20 años con siete de gracia y a bajas tasas de interés. Se puso en marcha un acuerdo entre el gobierno y los sectores obreros, campesinos y empresariales para no subir los precios, no exigir demandas excesivas en salarios, y no elevar ganancias; a este acuerdo se le llamó Pacto de Solidaridad Económica. En 1987, el Banco de México se retiró del banco de divisas para proteger las reservas, lo que provocó que el dólar aumentara en 33%, lo que ocasionó un aumento en la inflación (Gollás, 2003).

El terremoto de 1985 fue un fenómeno natural que impactó la vida política, social y económica del país. Por ello, además debe ser considerado como un acontecimiento histórico, social y político. Existen diversos libros periodísticos y crónicas sobre el terremoto, algunos escritos por los que fueran los principales cronistas de los movimientos sociales del siglo XX: Carlos Monsiváis (2005) y Elena Poniatowska (2005; Cazés, 1995). Según algunas de estas crónicas, el terremoto de 1985 fue el “despertar de la sociedad civil” en México. Fueron tanto Monsiváis como Poniatowska quienes hicieron las primeras crónicas de 1985 y quienes dieron esta lectura inicial (que se ha ido transformando en hegemónica) del terremoto de 1985 como el “surgimiento de la sociedad civil”.6 En ese tono apareció en 2012 Septiembre. Zona de desastre, de Fabrizio Mejía Madrid y José Hernández. Tanto el de Poniatowska como este último conforman una polifonía de testimonios. En el mismo tenor se encuentra No hubo dragones. Testimonios scouts del terremoto de 1985 (Asociación de Scouts de México, 2015).

Hay algunos textos que buscan dar cuenta fotográfica y periodísticamente de lo ocurrido. Es el caso del libro coordinado por María Teresa Camarillo (1987), lo mismo que los textos de Daniel Aguilar et al. (2015), y el de Óscar Colorado Nates (2015).

Pocos son, sin embargo, los trabajos académicos. Está el número dedicado en 1986 al sismo por la Revista Mexicana de Sociología, “Sismo: desastre y sociedad en la Ciudad de México”, al igual que el libro de Martha Raquel Fernández García (1990). En 2005, Julia Preston y Samuel Dillon dedicaron un capítulo al terremoto en su libro El despertar de México. Episodios de una búsqueda de la democracia. Pero definitivamente es mucho lo que queda por investigar.

La repetición: los días del terremoto en 2017

El 7 de septiembre de 2017, un terremoto de 8.2 grados en la escala de Richter, con epicentro en el Golfo de Tehuantepec, en Chiapas, afectó seriamente los estados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco. La ciudad de Juchitán, en Oaxaca, fue particularmente dañada. Se reportaron cerca de 100 muertes en las tres entidades, 78 de las cuales tuvieron lugar en Oaxaca. Amplios sectores de la sociedad mexicana se movilizaron para ofrecer solidaridad.

El 19 de septiembre de 2017, los habitantes de la Ciudad de México nos despertamos sabiendo que se trataba de un aniversario más del terremoto de 1985. Sabíamos también, porque desde hacía días todos los medios de comunicación y los carteles en oficinas y edificios nos lo recordaban, que a las 11 de la mañana sería el simulacro para rememorar 1985 y para tener presentes las formas de evacuación convenientes en cada situación en que nos encontráramos. Hubo quienes pensaron con pereza en la necesidad de hacer el simulacro, y hubo quienes se lo tomaron seriamente, como cada año.

El jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, informó la existencia de una aplicación para teléfonos celulares que daría la alarma ante un temblor. ¿Era un presagio de lo que vendría poco más de dos horas después? Lo cierto es que por primera vez la tan conocida alarma sísmica no sonó antes del temblor, sino 11 segundos después: antes sentimos el movimiento que el sonido. Ello se debió a la cercanía del epicentro.

En cualquier caso, a las 13:14:40 del 19 de septiembre de 2017 la tierra volvió a moverse. Un movimiento telúrico con una magnitud de 7.1 grados en la escala de Richter cimbró el centro del país. Y si bien el terremoto no fue tan fuerte como otros que habían tenido lugar hacía poco, fue mucho más destructivo para la Ciudad de México debido a que su epicentro se localizó a un kilómetro de San Felipe Ayutla, Puebla, a unos cientos de kilómetros de la capital. Fue por ello que muchos de los daños se localizaron al sur de la ciudad, algo que no había ocurrido con anterioridad. En ese sentido, señala Wikipedia:

La prensa destacó profusamente la coincidencia en la fecha de este sismo con la del terremoto ocurrido en 1985, que también sucedió un 19 de septiembre. Sin embargo, aparte de la fecha, no existe mayor relación entre ellos, pues el terremoto de 1985 tuvo su epicentro en la costa del estado de Michoacán a una profundidad de 15 km, mientras que el sismo de 2017 tuvo su epicentro bajo la superficie del país […]. Específicamente, a este tipo de movimiento se le conoce con el nombre de sismo intraplaca (Wikipedia, 2018b).

Según un informe del Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, basado en datos y estadísticas elaboradas por agencias gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil y el sector académico, tras los sismos del 7 y el 19 de septiembre hubo 58 366 viviendas con daños en Chiapas, 28 371 en Puebla, 34 en Tlaxcala, 7 565 en el Estado de México, 15 704 en Morelos, y 5 180 en la Ciudad de México.7 El 17 de octubre de 2017, el presidente Enrique Peña Nieto reportaba 180 731 habitaciones afectadas en ocho estados: de ellas, 28% tenían un daño total (Instituto Belisario Domínguez-Senado de la República, 2017; Excélsior, 18 de octubre de 2017).

Respecto a la Ciudad de México, se reportaron 38 derrumbes en nueve delegaciones: Cuauhtémoc (12), Benito Juárez (11), Coyoacán (5), Tlalpan (3), Gustavo A. Madero (2), Álvaro Obregón (2), Iztapalapa (2) y Xochimilco (1) (Instituto Belisario Domínguez-Senado de la República, 2017) Una investigación de la UNAM identificaba que por las características del sismo del 19 de septiembre, los edificios ubicados en suelo firme con entre dos y ocho pisos de altura habrían sufrido mayores niveles de aceleración espectral en comparación tanto con el sismo de 1985 como con los edificios más altos ubicados en ese mismo tipo de suelo. En las construcciones ubicadas en suelo blando, fueron los edificios de entre 10 y 15 pisos los que enfrentaron mayores niveles de aceleración (Cruz Atienza et al., 2017).

Algunos edificios históricos de la Ciudad de México resultaron dañados. Entre ellos resaltan la Catedral, el Museo Nacional de Arte, la Iglesia de Nuestra Señora de la Madre, el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, la Parroquia de San Juan Bautista, el Templo de San Francisco Culhuacán y la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles.

Respecto a las víctimas, para el sismo del 7 de septiembre se registraron 76 fallecidos en Oaxaca, 15 en Chiapas y cuatro en Tabasco. Tras el terremoto del 19 de septiembre, se habían confirmado (para el 5 de octubre) 369 víctimas mortales: 228 en la Ciudad de México, 74 en Morelos, 45 en Puebla, 15 en el Estado de México, seis en Guerrero y una en Oaxaca (Instituto Belisario Domínguez-Senado de la República, 2017; Excélsior, 4 de octubre de 2017).

Sobre los fallecidos en la Ciudad de México (que son aquellos de los cuales se tiene mayor información), se puede saber que 200 eran adultos y 28 niños; 138 (61%) eran mujeres y 90 (39%) hombres. Patricio Solís y Alejandra Donají Núñez (2017) han sugerido que esto pudo deberse a la combinación de tres factores: la división del trabajo basada en el género, el tipo de edificios colapsados y la hora del sismo. Por supuesto, no descartan el azar ni la composición poblacional en la explicación del fenómeno.

La mayoría de los adultos muertos se concentraron en las delegaciones Cuauhtémoc y Benito Juárez, mientras que los menores de edad fallecieron en Tlalpan y Coyoacán. Y es que 19 niños murieron en el colegio Enrique Rébsamen, que se localizaba en Tlalpan. De hecho, este colegio y el Multifamiliar de Tlalpan 3000 (delegación Coyoacán) son los edificios que concentraron mayor número de muertos (Instituto Belisario Domínguez-Senado de la República, 2017) Otro lugar con alto índice de fallecidos fue el Instituto Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México, con cuatro muertos y 40 heridos.

El 19 de septiembre de 2017, al ir conociendo la magnitud de la tragedia, los habitantes de la Ciudad de México se volcaron a las calles para ayudar a los damnificados. Los edificios colapsados en la colonia Del Valle, en la Roma, en la Condesa, en Xochimilco, pronto se vieron rodeados de campamentos y puestos de ayuda, en los que muy rápidamente sobraron las personas deseosas de brindar auxilio, los alimentos y las medicinas donadas. Mientras las calles cercanas a los edificios derrumbados se congestionaban, colectivos de ciclistas y motociclistas se organizaron para trasladar alimentos, medicinas y herramientas. En esta nueva movilización ciudadana ante el desastre natural, las nuevas tecnologías tuvieron un papel central: los teléfonos celulares, Internet, las redes sociales. Twitter y Facebook tuvieron un lugar central en la organización de brigadas y grupos de rescate. En Twitter se creó el hashtag #revisamigrieta, por medio del cual arquitectos e ingenieros civiles señalaban la gravedad de las grietas a través de las fotos que los usuarios enviaban. Por su parte, miembros de la UNAM, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, la Universidad Autónoma Metropolitana y el Instituto Politécnico Nacional se conformaron en brigadas de apoyo, rescate, atención, acopio y ayuda psicológica: estudiantes, profesores y trabajadores dieron su apoyo en todas las labores. Profesores y estudiantes de psicología, medicina y trabajo social ofrecieron sus servicios para quienes estuvieran en crisis. Por su parte, la Facultad de Arquitectura de la UNAM capacitó a miles de estudiantes para revisar edificios y viviendas. Sobre la movilización social juvenil, Héctor Castillo Berthier ha señalado:

Miles de jóvenes organizaron el tránsito. Formaron cadenas humanas para retirar los escombros. Muchos más reunieron víveres, medicinas, herramientas y todo lo que hiciera falta para apoyar a los damnificados.

El objetivo central: rescatar con vida al mayor número de gente.

Intervinieron en algo que el gobierno no podía resolver solo. Demostraron que podían hacer lo que nadie hacía: ayudar y poner orden.

Los voluntarios obedecían las órdenes de militares, policías, bomberos y elementos de protección civil. Esto permitió, me parece, un mayor orden en el rescate de las víctimas, proceso que fue muy caótico en 1985.

Los jóvenes, masivamente, se dedicaron a poner en pie a la ciudad. Descubrieron que la suerte de uno y los problemas de otros nos importan a todos. Como se dice: “México es una familia de desconocidos, sin apellidos”; ésa es la enorme fuerza de nuestro pueblo.

En esta ocasión fue como darse un abrazo colectivo. Fue una forma de expresar el amor por los demás.

Con ello apareció el Nosotros: “Todos somos nosotros”.

Los padres de estos jóvenes lo hicieron antes, en el terremoto de 1985, y sin duda esa movilización social ayudó a fortalecer el avance de la democracia… Pero ese proceso no ha terminado (Castillo Berthier, 2018: 237).

El presidente Peña Nieto, seguramente conociendo la experiencia del gobierno de Miguel de la Madrid en 1985, se hizo presente muy pronto en las zonas afectadas, reafirmando su compromiso por ayudar a la población. El 19 de septiembre por la noche se realizó la “Declaratoria de Desastre” para las 16 delegaciones de la capital. Además, el presidente de la República decretó tres días de luto nacional. Por otra parte, es importante destacar que Peña Nieto nunca rechazó la ayuda internacional. Movilizó al Ejército y la Marina para que resguardaran los bienes de las víctimas, y para que ayudaran en las labores de rescate. En estas últimas también participaron miembros de la Cruz Roja Mexicana. Desde otros países llegaron los Topos de Chile, y apoyo desde China, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, Israel, Japón, Panamá, Paraguay y Perú (Instituto Belisario Domínguez-Senado de la República, 2017).

Desde el momento mismo del terremoto, muchos ciudadanos que habían vivido el sismo de 1985 comenzaron a recordarlo y a hacer comparaciones. En los días siguientes, a su vez, los medios de comunicación hicieron equiparaciones, vieron similitudes y diferencias.

La incredulidad ante la duplicación: memorias intercaladas de 1985 en 2017

De los 11 periódicos nacionales revisados para el 20 de septiembre de 2017, un día después del terremoto,8 ocho mencionan claramente un vínculo entre 1985 y 2017 (El Universal, Excélsior, La Jornada, Milenio, El Economista, El Sol de México, El Financiero, Crónica), uno es ambiguo (El Heraldo), y sólo dos no hacen ninguna referencia al terremoto de 1985 (Reforma, Esto). Comencemos por estos últimos.

Esto tituló su edición del 20 de septiembre “#FuerzaMéxico”, el hashtag que se haría célebre y que inundaría en los siguientes días periódicos, revistas, videos y las redes sociales. “Fuerza, México”, algo así como “Adelante, México. Tú puedes”. La famosa revista de la farándula ¡Hola!, en su versión mexicana, utilizaría la misma frase para ilustrar su portada del 30 de septiembre de 2017 (Imagen 8). Como balazo, Esto señalaría: “Sismo de 7.1 grados golpeó a nuestro país”. Ninguna referencia a 1985. Lo mismo para el periódico Reforma, que tituló su edición “Emerge solidaridad”, con el balazo “Van 224 muertos -117 en la CDMX- y 45 inmuebles colapsados”.

El caso de Reforma sorprende, pues toda la portada está dedicada al terremoto pero no hay una sola mención a 1985 en sus titulares y pies de página. Todas las notas están dedicadas a la catástrofe, pero no se resalta la coincidencia de la fecha. Sólo la nota principal se inicia haciendo referencia a 1985; bajo el título de “Sorprende sismo de 7.1; ciudadanos apoyan en medio del caos” se refiere: “La Ciudad de México volvió a cimbrarse por un nuevo sismo… y, una vez más, emergió, incondicional, la solidaridad e heroicidad de los capitalinos”. Y continuaba: “Treinta y dos años después del terremoto de 1985, el centro del país volvió a colapsarse un 19 de septiembre, esta vez por un sismo de magnitud 7.1 con epicentro en Morelos” (Reforma, 20 de septiembre de 2017). Queda por averiguar el porqué de la elección informativa. ¿Se trata de un comité editorial joven que busca cortar con el pasado? ¿Se debe a que en 1985 Reforma no existía? En todo caso, fue uno de los pocos medios escritos en no destacar en sus titulares la repetición.

Imagen 1 

En el caso de El Heraldo el encabezado es ambiguo: “19 negro y México en pie”. Imposible asegurar que se esté haciendo referencia al otro 19 de septiembre. Ilustra su portada una fotografía a color, de Leslie Pérez, en la que se observan tres pisos de un edificio habitacional. De lado derecho se vislumbra lo que queda de las ventanas de los tres departamentos: ruinas, y en las paredes laterales los ladrillos sin cemento y sin pintura. El Universal tuvo similitudes con El Heraldo. El terremoto de 1985 está en la portada pero no hace parte de los titulares, que rezan “Tragedia y emergencia por terremoto en 19-S”. Los balazos tampoco hacen referencia al 85: “Sismo de 7.1 grados sacude al centro del país, con saldo de 216 muertos”, “EPN: prioridad, rescatar a los sobrevivientes; hace llamado a la unidad”, y “Presidente ordena abrir servicios de salud a todas las personas lesionadas”. Es en dos de los artículos de fondo que aparece la referencia a los años 1980: “El mismo día de la peor desgracia”, de Héctor de Mauleón, y “Se hizo realidad un mal sueño”, de Gerardo Lammers.

Imagen 2 

Imagen 3 

Imagen 4 

Respecto a los otros siete diarios nacionales que sí mencionan en la portada, de manera evidente y en titulares, lo ocurrido 32 años antes, conviene resaltar que las palabras más utilizadas fueron “otra vez” y “otro”. Milenio encabezó “Otro 19-S letal”, con el balazo “Golpea nuevo sismo a 32 años del devastador del 85 y 12 días después del último de 8.2”. Lo mismo El Economista, cuyo titular fue “Otro S-19 maldito”. Por su parte, Crónica anunciaba: “Tragedia y solidaridad otra vez en un 19-S”, con la explicación “Sismo de 7.1 deja 226 muertos en el centro del país y revive el trauma”. El Financiero insistió: “Otra vez, 19-S”. En su edición del 20 de septiembre, las cabezas de las notas no hacen referencia a 1985, pero entre las varias fotografías que ilustran el número resaltan dos en el centro: una a colores de 2017, otra en blanco y negro de 1985. La foto de 1985 no tiene crédito, la de 2017 sí, es de Braulio Tenorio. Se trata de dos imágenes similares: un edificio colapsado y encima hombres trabajando. Pero en la de 2017 se observan también hombres en el piso, haciendo distintas labores de ayuda. En el pie de foto se señala: “32 años después. Unos cuarenta inmuebles colapsaron en la CDMX”.

Frente al “otra vez” de los periódicos ya mencionados, Excélsior optó por el titular “Vuelve la pesadilla”, explicado por el balazo: “Iban 217 muertos por terremoto”. En cuanto a sus notas de portada, señalaban: “19 de septiembre, otra vez la tierra retumbó” y “Dolor en el Rébsamen”. Acompañan la edición dos imágenes. Una, la pequeña, en la parte baja de la portada, muestra a un hombre cargando un cuerpo, a su lado un policía y tal vez un paramédico que ponen su mano en el hombro del individuo: una muestra de solidaridad ante lo que parece la pérdida de un ser querido (foto de Paola Hidalgo). Arriba, una foto que ocupa dos terceras partes de la portada: una imagen a color que muestra una panorámica de la Ciudad de México instantes después del terremoto: una nube de polvo rodea a los edificios, el polvo que dejan otros inmuebles al derrumbarse (foto de EFE).

Por su parte, El Sol de México mencionaba como titular la palabra “Fracturados”, explicándola con el balazo: “32 años después, el mismo día”. Sus encabezados también hicieron referencia al 85: “Escenas no vistas desde el terremoto del 85 regresaron a las mismas colonias que colapsaron”, “Se paralizó la capital: se cortó la telefonía, la luz, el transporte público, las vías principales se saturaron y hubo fugas de gas”, “Morelos, Pueblo, Guerrero y el Estado de México sufrieron también el temblor y cuentan muertos”. Se trata de uno de los pocos diarios nacionales cuyos encabezados principales recuperan la tragedia en otras zonas del país.

Imagen 5 

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Para los trabajadores de La Jornada, el terremoto del 19 de septiembre de 1985 tiene un significado especial. Ese día estaban cumpliendo un año de vida, y la noche anterior habían celebrado el hecho. Además, perdieron a varios de sus integrantes en el sismo. Así que no es casual que el 20 de septiembre de 2017 hayan encabezado su edición con el titular “Como siempre la solidaridad”. El diario fue uno de los principales actores en la construcción de la solidaridad civil en torno al temblor de 1985, así que no es de extrañar que hayan resaltado la solidaridad conocida 32 años antes. Ilustra la edición una gran fotografía que ocupa las cuatro quintas partes de la portada, realizada por Marco Peláez, que muestra un edificio en ruinas de fondo, y en el frente, por arriba, por abajo y por los lados, un hormiguero de personas pasando cubetas llenas de cascajo para liberar los edificios buscando a posibles sobrevivientes. En primer plano resaltan cuatro varones jóvenes que tienen las manos en alto: algunas de esas manos están en puño, ese puño que se tornó en un símbolo para pedir “silencio” ante el posible sonido de sobrevivientes. Ese mismo puño que ilustraría la portada de muchos periódicos y revistas en los siguientes días, como se puede ver también en el caso de la revista ¡Hola! (ver Imagen 8).

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Una revisión de revistas políticas, culturales y de sociales, demuestra que éstas no se hicieron eco de las memorias del 85. Ninguna revista política señaló algo referido al 19S-I: la edición del 24 de septiembre de Proceso muestra una foto de hombres trabajando en un derrumbe, con el título “La sociedad rebasa al gobierno”. Vértigo del 1 de octubre ofrece una fotografía de un grupo de rescatistas de Estados Unidos con el titular: “EU apoya a México. Prevalece la fraternidad en medio de la desgracia”.

Lo mismo ocurre con las revistas culturales: Nexos de noviembre está ilustrada con una imagen de una ciudad hundiéndose bajo la frase “¿Dónde estamos parados?”. La edición de octubre de Letras Libres no contiene ningún artículo sobre el tema, pero sobrepusieron media portada a la original que, en negro, señala “#fuerzaméxico” y más abajo “19/09/2017. 13:14:40. 7.1”; sin embargo, la de noviembre, que sí está dedicada al sismo, señala sobre la fotografía de un edificio caído: “19/09/2017. Salir de los escombros”. Rolling Stone de octubre puso un listón negro, pequeño, en su portada, con la leyenda “#FuerzaMéxico”.

En cuanto a revistas culturales, Relatos e Historias en México de noviembre de 2017 titula su número “19-S. Los días que serán historia”, y contiene seis artículos referidos al tema: el de Alejandro Rosas se llama “Tres sismos, tres épocas”; el de Guadalupe Loaeza, “Herida letal a la memoria”. La revista de divulgación de la UNAM ¿Cómo ves? publicó una edición especial: “Sismos. La física, la historia, los mitos y el impacto psicológico”, mientras Ciencia, de la Academia Mexicana de Ciencias, de enero-marzo de 2018, contiene el artículo “Zozobra. El sismo del 19 de septiembre”. Por último, Arqueología Mexicana de enero-febrero de 2018 se titula “Desastres en México. Una perspectiva histórica”.

Revisar todas las revistas de sociales llevaría un gran espacio, así que mencionaré únicamente tres ejemplos. Contenido, de noviembre de 2017, puso en su portada rostros de hombres y mujeres con cascos, listos para la solidaridad, con la leyenda “Resurge el México bueno”. TVNovelas optó por el “¡Fuerza México!”, acompañado de un listón negro, sobre la foto de un miembro de la Marina con un perro (“¡La gran Frida!”) en primer plano, y en segundo un hombre sobre escombros con lentes, casco y una gran bandera de México en la espalda. Abajo, en la parte izquierda, un recuadro con la foto de dos artistas y el lema “Famosos y sociedad civil se suman con su ayuda”. Lo mismo sucedió con ¡Hola! del 30 de septiembre, que en la parte de abajo tiene cuatro fotos de artistas vestidos informalmente y con gorras o casco, lo que indica que estuvieron en labores de ayuda: Renata Notni, Michelle Renaud, Jacky Bracamontes y Sebastián Rulli.

Es muy probable que las revistas, editadas unos días o semanas después del 19 de septiembre, una vez pasado el shock inicial del terremoto que se repetía en el mismo fatídico día, hayan optado por dirigir sus lecturas a otros aspectos ligados con la catástrofe. Se trata de ediciones pensadas con tiempo, quizá con más calma, una vez conocidos algunos aspectos y consecuencias del sismo que el 20 de septiembre no eran tan claros. Muchas de las revistas se hicieron eco del famoso lema “Fuerza México”, exaltando la solidaridad ciudadana y la falta de capacidad del gobierno ante la tragedia, o prepararon ediciones que explicaban el cataclismo desde la ciencia, la historia. Una visión que los periódicos no pudieron tener; en cambio, resaltaron la coincidencia de la fecha 32 años después, cuando el recuerdo de la tragedia pasada (con todas sus emociones: miedo, angustia, tristeza, descorazonamiento) estaba muy fresco.

Por su parte, la prensa internacional no destacó en la misma medida que la nacional el vínculo con 1985. Bild, The New York Times, Usa Today, Le Figaro no se refirieron a la catástrofe de 1985 en sus primeras páginas, ni en titulares, encabezados, pies de foto o los primeros párrafos de sus textos. Hubo, sin embargo, algunos periódicos estadounidenses y europeos que dedicaron líneas a la relación con el sismo de 1985. Así lo hizo The Houston Chronicle, por ejemplo. También The Washington Post, que tras su titular (“Scores dead after powerful quake jolts Mexico”) afirmaba “7.1-magnitud temblor hits on anniversary of devastating 1985 event”. El País de España no subrayaba el vínculo con 1985 ni en su titular ni en los primeros párrafos de su noticia “Un nuevo terremoto sacude nuevamente con fuerza la capital de México”, pero sí lo hacía más adelante en la primera página: “[…] Precisamente ayer se cumplían 32 años del terremoto más mortífero de la historia del país, que dejó decenas de miles de muertos, y muchos mexicanos participaban en un simulacro de evacuación organizado con motivo de aquella catástrofe”. El francés Le Monde mencionaba en uno de sus encabezados de nota: “C’est le même cauchemar qu’en 1985” (“Es la misma pesadilla que en 1985”).

De hecho, fueron particularmente los diarios latinoamericanos los que recordaron el terremoto vivido 32 años antes. Página 12 cabeceaba: “De repente, se abrió la tierra”, para luego explicar: “Exactamente 32 años después del terremoto que la destruyó en 1985, la Ciudad de México volvió a temblar. […]” Por su parte, el también argentino Clarín tuvo el titular: “México volvió a temblar: al menos 149 muertos y destrucción en el DF”, para exponer: “El mismo día en que se recordaba el sismo de 1985, que había provocado 10 000 muertos y devastado la capital mexicana, se produjo un temblor de 7.1 en la escala de Richter”. Una de sus principales notas señalaba “Aniversario trágico”: “La tierra se movió cuando recordaban el sismo de 1985 en un simulacro”. O Globo de Brasil titulaba su edición “Terremoto mata mas de 130 no México”: “Exactos 32 anos depois do terremoto mais devastador da Historia do México, que mato cerca de 10 mil pessoas, um sismo de 7.1 graus de magnitude destruiu pelo menos 27 prédios na capital. […]”. El colombiano El Tiempo señalaba: “México, en el desespero del rescate tras fuerte terremoto” para luego explicar: “Sismo golpea al país azteca exactamente 32 años después del peor que ha vivido”.

Si bien los diarios latinoamericanos tendieron a vincular ambos acontecimientos, el recuerdo no afloró de la misma manera que en los periódicos nacionales. Algo que llama la atención, sin embargo, es que en algunos casos los periódicos pusieron en primera plana los testimonios de sus connacionales destacados que vivían en México. El Mercurio, de Chile, refería el “dramático relato del jugador chileno y defensor del Toluca, Osvaldo González […]”. Por su parte, Prensa Libre, de Guatemala, afirmaba: “Rebeca Rubio sufre el terremoto en México: ‘Fue horrible ver cómo los edificios se caían’”.

Una primera revisión de lo publicado el 20 de septiembre de 2017 en los principales diarios nacionales (La Jornada, Excélsior, El Universal, Reforma) nos muestra elementos interesantes para conocer las memorias movilizadas del terremoto de 1985, 32 años después. En términos generales, se recuerda en primer término el aniversario, la conmemoración del 19S-I, incluso el simulacro realizado un par de horas antes (11 de la mañana) del nuevo sismo del 19 de septiembre de 2017. Como parte de las conmemoraciones se menciona la ceremonia de remembranza realizada por el gobierno de la Ciudad de México: la bandera a media asta en señal de duelo, así como el recuerdo de los lugares y el patrimonio afectados.

En cierto sentido, se puede decir que el sismo del 19 de septiembre permitió unir a las generaciones de 1985 y 2017, en muchos casos padres e hijos. Padres que siendo jóvenes vivieron el terremoto de 1985 y que habían trasmitido el horror oralmente. Hijos que en 2017 se enfrentaron a situaciones similares a las que habían vivido sus padres, y que de alguna manera tenían la herencia y la transmisión del conocimiento, del saber-hacer. Ejemplo de la juventud movilizada en 1985 es José Luis, quien en aquel entonces tenía 15 años y que junto con su pandilla de amigos salió a las calles para ofrecer su ayuda; 32 años después era profesor de la UNAM. (“‘Nos querían para sacar cuerpos’, dice hombre que hizo de rescatista en 1985”, El Universal, 19 de septiembre de 2017). Como parte de la conmemoración también se recordaba a los famosos que en 1985 habían sido solidarios: el caso emblemático era el del cantante de ópera Plácido Domingo, que había acudido a Tlatelolco a buscar a sus familiares, que donó importantes recursos en beneficio de los afectados, y que nuevamente en 2017 apoyaría a los damnificados. (“Plácido Domingo se solidariza una vez más con México”, El Universal, 20 de septiembre de 2017).

La movilización de “famosos”, personajes de la vida pública, particularmente artistas, es un tema muy recurrido en la prensa. Se recuerda tanto a quienes ayudaron en 1985, repitiendo en 2017, como a aquellos que lo hicieron por primera en el terremoto de 2017. En el primer caso está Salma Hayek, quien aparece en diversos diarios y revistas (“Dona Hayek para damnificados del sismo”, Reforma, 20 de septiembre de 2017; “Salma Hayek dona 100 mil dólares para víctimas del sismo”, Excélsior, 20 de septiembre de 2017).

Salma Hayek llamó a apoyar a las víctimas del terremoto e indicó que dio una importante donación: “Después del temblor de 1985 de la Ciudad de México, tuve que ser evacuada de mi departamento, mucha gente que conocía murió, incluyendo a un tío al que quería muchísimo. Yo he sido testigo de lo que pasa después de un terremoto de esta magnitud. Les pido que tengan compasión con esta gente. Voy a contribuir $100,000 ahora para UNICEF, ya que ellos tienen a equipos ayudando en las zonas alarmantes. Por favor, únanse conmigo y contribuyan con lo que puedan”, declaró a través de su cuenta de Instagram (¡Hola!, 30 de septiembre de 2017: 65).

Respecto a las memorias de 1985 en 2017, podemos señalar tres tendencias. En primer término, el surgimiento de los recuerdos de lo ocurrido 32 años antes. En segundo lugar, el vínculo entre las memorias y el presente. Finalmente, que las memorias se dividen en dos tipos: las similitudes y las diferencias.

Acerca de la tendencia referida a lo ocurrido en 1985, sin clave de comparación con 2017, ocho son los temas privilegiados. En primer lugar, lo vinculado con las zonas afectadas. En segundo término, la crisis de diversas instituciones, marcada por la falta de comunicación entre éstas. En tercero, la carencia de hospitales y servicios de salud para atender a los afectados. En cuarto lugar resaltan las labores de rescate y ayuda, destacando lo referido a la solidaridad del pueblo mexicano, y particularmente la participación de los jóvenes en los trabajos de salvamento. Respecto a esto, en el pie de foto de Marco Peláez que ilustra La Jornada del 20 de septiembre se lee:

Como en el terremoto de 1985, miles de habitantes de la Ciudad de México salieron a las calles a los pocos minutos de la tragedia de ayer, para participar en el rescate de víctimas en edificios colapsados. Cadenas de jóvenes trepados en montículos acarrearon escombros a mano limpia. Otros brigadistas, sin convocatoria formal, repartían agua, cubrebocas y alimentos a quien lo necesitara; también dirigieron el tránsito ante el caos vehicular. La imagen es de un inmueble que se derrumbó en la calle Escocia, esquina con Gabriel Mancera, en la colonia Del Valle (La Jornada, 20 de septiembre de 2017: 1).

En ese mismo sentido se expresan las experiencias de participación social en tareas de rescate, se citan testimonios, se mencionan los casos de salvamento y se refiere a los brigadistas. Frente a la amplia participación civil se interpela, como quinto punto, la inacción del gobierno y la no aceptación de ayuda externa de otros países. En sexto lugar, se habla de las consecuencias políticas que tuvo el terremoto de 1985: el despertar de la sociedad civil, la apertura democrática. Entre los cambios se mencionan también las transformaciones institucionales: las nuevas leyes de construcción, el inicio de una cultura de protección. En séptimo término, frente a los olvidos y la incapacidad de respuesta por parte del gobierno, se insiste en la reconstrucción autogestiva, así como en la tragedia de algunos afectados que 32 años después siguen viviendo en albergues, debido a los tiempos lentos de reconstrucción, como consecuencia de la falta de fondos. Finalmente, como octavo punto, se señalan los memoriales creados en los lugares de afectación, como la Plaza de la Solidaridad, construida en memoria de las víctimas del terremoto, al lado de la Alameda de la Ciudad de México, donde se derrumbó el Hotel Regis en 1985.

Tras esos recuerdos resaltados, comienzan las comparaciones entre 1985 y 2017. En primer lugar se observan las similitudes. Se insiste en que en ambos momentos la Ciudad de México se paralizó, cancelando las agendas deportivas y los diversos eventos programados en la ciudad, pese a las diferentes magnitudes de afectación. En segundo lugar, se refiere la enorme participación juvenil y la respuesta ciudadana ante los siniestros: en ese sentido, la importancia de jóvenes estudiantes parece ser central. En tercer término, y pese a las diferentes reacciones de las autoridades de gobierno en ambos momentos, se presenta una desconfianza en las instituciones a la hora de enfrentar la emergencia tanto en 1985 como en 2017, así como una aparente poca participación de los partidos políticos. Algo muy importante es que se rescata la existencia de una memoria de los sismos, que se pone en movimiento ante la nueva tragedia y que permite saber qué hacer.

Respecto a las labores de rescate, se insiste en que en ambos momentos hay grupos conformados por personas brigadistas que surgen de la propia sociedad. Las cadenas humanas son mencionadas en ambos momentos, así como la posibilidad de rescatar personas vivas dentro de los edificios derrumbados tanto en 2017 como en 1985. También se recuerdan los grupos que, surgidos en 1985, se han transformado en una institución organizada: es el caso de Los Topos.

Finalmente, hay un aspecto que parece unir a 1985 y 2017 de una forma singular. Se trata de afectados que han sido sobrevivientes de los dos terremotos. O, por el contrario, de siniestrados similares. En primer lugar, respecto a los decesos: las fábricas colapsadas de costureras en Viaducto en 1985 y el derrumbe en Chimalpopoca en 2017. Por otro lado, los daños: aquellos edificios que no fueron reforzados luego de 1985 y que finalmente se derrumbaron en 2017, particularmente en el corredor Condesa-Roma. Por último, los casos de decesos ficticios, presentes en ambas ocasiones: es el caso de “Mochito” en 1985 y de “Frida Sofía” en 2017, dos niños supuestamente enterrados en los escombros de edificios que, en realidad, eran sólo ficción.

Por último, respecto a las diferencias que resaltan entre 1985 y 2017, se encuentran en primer término las características físicas de ambos terremotos: la intensidad, la magnitud, el epicentro. A partir de ello, las distintas zonas geográficas de la Ciudad de México donde tuvieron un impacto, es decir, las disimilitudes en las zonas afectadas y el tipo de inmuebles que se vio dañado. Por otra parte, se observa que los impactos económicos del 19S-I y del 19S-II no fueron similares. Respecto a la participación ciudadana, se remarca que en 2017 hubo una mayor intervención femenina que en 1985. Finalmente, una divergencia relevante entre 1985 y 2017 se refiere a los medios de comunicación, particularmente por el uso de nuevas tecnologías y redes sociales, con lo cual el flujo de información era mayor. Dos ejemplos de ello. Primero, la nota de Cristina Hernández, “Lo salva su celular” (Reforma, 20 de septiembre de 2017: 1). El segundo es de Gloria Muñoz y se titula “Los de abajo. El chilango chido”: “En las calles de México se gesta, junto a la tragedia, una fuerza civil cuyos frutos no son sólo inmediatos, en la atención del rescate de vidas y el apoyo a damnificados, sino de mediano y largo aliento. Sí, como en 1985, pero ahora con celular y redes sociales. […]” (La Jornada, 20 de septiembre de 2017).

Un pasado presente: conclusiones provisionales

A quienes vivimos el terremoto de 1985, el 19 de septiembre de 2017 nos trajo inmediatamente a la memoria los dos minutos de movimiento telúrico de 32 años antes. Dice Castillo Berthier:

Para muchos, aparecieron de nuevo las imágenes del pasado: “No podemos esperar”; “Tenemos que movilizarnos”; “Tenemos que actuar…” Había que hacer algo.

[…] Y apareció el recuerdo: ¡Los radios! Había que buscar un radio para saber lo que sucedía. Y si no hay radio, buscar un auto y escuchar ahí las noticias (Castillo Berthier, 2018: 236).

Al escribir un artículo sobre la generación de 2017 que se movilizó ante el temblor, Castillo Berthier no deja de rememorar y compartir su propia experiencia de 32 años antes.

Mencionaré brevemente mi experiencia personal. El 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 de la mañana, cuando estaba saliendo de la ducha, en el cuarto empezaron a venirse abajo los libros, los cuadros, los discos; todos los objetos que estaban encima de los muebles, en medio de un crujir de paredes y con los cables de luz estallando y sacando chispas, rompiendo los vidrios de las casas.

[…] Había que mantener la calma, pero ante el ruido sordo que salía de la tierra, del techo y de los ladrillos desnudos, era imposible tranquilizarse.

Se dice que la energía liberada en esos dos minutos fue equivalente a la que generaría la explosión de 1 114 bombas atómicas de 20 kilotones cada una. No me cabe en la cabeza una equivalencia de ese tipo.

Una vez que se calmó el temblor, me asomé a la ventana: la fachada de la casa vecina había caído. La calle tenía una grieta enorme. Los latigazos de los cables de luz sonaban por todos lados. Y una fina nube de polvo gris empezaba a aparecer por todos lados.

No había luz, no había agua, no había teléfono… Me sentía aislado, como si estuviera en un lugar desconocido.

Vivía cerca del centro de la ciudad. Y salí de la casa para escuchar las historias de los vecinos. Hasta entonces entendí la magnitud del asunto. Mi vida había cambiado en dos minutos… ¿Y qué podía hacer? (Castillo Berthier, 2018: 234).

Después de 1985, nadie que vivió el terremoto volvió a ser indiferente ante un temblor. Más en algunas ocasiones que en otras, los recuerdos aparecían, al parejo de los miedos y la angustia. Para muchos de quienes éramos concientes en septiembre de 1985, la experiencia se transformó en una de las más fuertes en nuestra vida: la muerte, el caos, la solidaridad. Frente a una situación muy similar, ocurrida encima exactamente el mismo día 32 años después, fue inevitable que aflorara la memoria.

En esta ocasión no he podido analizar los testimonios recabados durante la investigación. Sin embargo, muchos de ellos dan cuenta de la imposibilidad de ver el presente sin el cristal del pasado. Mi amigo Pepe, vendedor de periódicos, vivió el 17 en la sureña esquina de Miramontes y Taxqueña: “El 85 me agarró en el centro, recogiendo los periódicos. Al sentir el de ahora pensé: ‘Debe haber estado muy fuerte. Si aquí se sintió así, cómo habrá estado en otros lados’”. Pepe no lo sabía, pero en esta ocasión, el movimiento telúrico se percibió más fuerte en la esquina en la que estaba que en el Zócalo. Para la generación del 85, los terremotos tenían una geografía determinada: el sur de la Ciudad de México estaba aislado de posibles daños, que sólo debían generarse en el Centro, la Roma, la Condesa. 2017 quebró las certidumbres. La próxima vez que tiemble, ¿quién podrá decirnos cómo y dónde será?

Yo misma, al recorrer varios kilómetros de la Ciudad de México para poder llegar a mi casa, iba rememorando no sólo la geografía del desastre de 1985, sino las imágenes de miles de personas marchando por la capital para lograr alcanzar sus hogares. Al comenzar a caminar, pensé: “Si encuentro mucha gente en la calle, es que el terremoto fue igual de devastador”. Sólo varias horas después, transitando sobre División del Norte (cerca de Río Churubusco) por la colonia Portales, vi a esos cientos deambulando como perdidos, en medio de edificios dañados y un caos vehicular. Al inicio de la caminata imaginé que, como en 1985, los automovilistas irían recogiendo paseantes para acercarlos a algún lugar. No fue así. Sobre Viaducto alcé el pulgar para conseguir un aventón: sólo después de un buen rato se paró un hombre de unos 40 años que iba con su hijo, para ofrecerme adelantar unas cuadras. Esta vez la solidaridad corrió por otros canales: los jóvenes se subieron a sus bicicletas y pedaleando llevaron picos y palas a donde se necesitaban. Los caminantes debieron caminar.

En cada acontecimiento histórico conviven tres generaciones: la que se encuentra en formación (0-30 años); la hegemónica (30-60), que en términos generales posee el control del poder político, social y económico; y la transmisora (60 en adelante) (Aróstegui, 2004). En 2017, 32 años después del terremoto de 1985, continuaban vivas dos generaciones que conocieron la angustia y el horror en el 19S-I: la generación en formación y la generación hegemónica, ahora convertidas en hegemónica y transmisora, respectivamente. El vínculo con el recuerdo seguía siendo fuerte para esas generaciones, que se vieron afectadas en momentos importantes de su propia existencia. Por ello, no es casual que ante la reactivación del fenómeno natural con alto impacto social, una gran cantidad de ciudadanos echaran mano de sus aprendizajes psicológicos, afectivos, sociales y de organización adquiridos 32 años antes.

Lo mismo puede decirse respecto a los diarios nacionales. Una buena parte de las referencias a 1985 fueron comparativas: aquello que fue similar, aquello que divergió. Pero además se localizan los recuerdos movilizados en el 19S-II respecto al 19S-I: las zonas afectadas, la crisis de las instituciones, la solidaridad del pueblo mexicano, la movilización juvenil en las labores de rescate, la inacción del gobierno, el despertar de la sociedad civil.

El terremoto de 1985 fue un fenómeno natural que impactó la vida política, social y económica del país. Por ello, además debe ser considerado como un acontecimiento histórico, social y político. La naturaleza provocó un movimiento telúrico que tuvo repercusiones en las estructuras habitacionales y colectivas. El terremoto de 1985 significó un sismo político, social y económico, si no para el país, sí para el entonces Distrito Federal, su capital.

El terremoto de 2017 nuevamente fue un fenómeno natural con impactos sociales y habitacionales. Sin embargo, no parece que haya tenido el mismo impacto en casi ninguno de los niveles. Por fortuna, el número de víctimas y de edificios derrumbados fue mucho menor. Y aunque se despertó una importante movilización social, no parece que se esté generando el mismo impacto que en 1985. Sin embargo, aunque ya estamos saliendo de la ola, puede que todavía no tengamos la perspectiva suficiente.

En cualquier caso, a partir de la conmemoración de 2018, 1985 no estará solo en el recuerdo de los chilangos. Su hermano menor, 2017, lo acompañará perpetuamente. Los recuerdos del horror, la tragedia, la solidaridad siempre presente de la sociedad civil, se verán multiplicados por dos… como multiplicada fue la tragedia.

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* Este artículo es resultado de los proyectos de investigación “19-S II. Experiencia, memoria y movilización social” y “Hacia una historia del presente mexicano: régimen político y movimientos sociales, 1960-2010” (PAPIIT IN401817). Sin el tenaz trabajo de Laura Andrea Ferro para recabar y ordenar la información este texto hubiera sido imposible: gracias. También fue importante la labor de Manuel Durán, Brenda Ileana Uribe Nava y Laura Salgado, así como de los otros integrantes del proyecto “19-S II”: César Iván Vilchis Ortega, Paola Pacheco Ruiz, Julio César Espinosa Hernández, Tamy Imai Cenamo, David Sánchez Cortés; a todos ellos: gracias. Asimismo, agradezco los comentarios y señalamientos de Miguel Armando López Leyva. Por último, un agradecimiento a David Monroy Gómez por la edición del texto.

1 Si bien la mayor parte de los seres humanos son esclavos, algunos han sido liberados y viven en la ciudad de Sion. Gracias a sus naves logran entrar de forma clandestina a la Matrix para liberar a otras personas conectadas. Es así como Neo (Keanu Reeves) será liberado por Morfeo (Laurence Fishburne) y Trinity (Carrie-Anne Moss) para finalmente convertirse en el Elegido. The Matrix, de 1999, fue dirigida por Lana y Lilly Wachowski, y protagonizada por Keanu Reeves, Laurence Fishburne y Carrie-Anne Moss.

2Hace tiempo que entiendo a la memoria pública como los ejercicios de recuerdo y olvido que se reflejan en el espacio público (la arena de discusión de un país): se trata de declaraciones, conmemoraciones abiertas, ceremonias, lugares de memoria. Es una memoria que consigue que los temas que moviliza logren surgir a la luz, ya que los mismos se construyen al aparecer en público; que consigan lazos comunes, debido a que van más allá de los protagonistas, y se destapen al tener accesibilidad. Es decir, que a través de lo anterior, los temas logren llegar a otros grupos, como nuevas generaciones u otros actores, que puedan incluirse en dichas memorias. Por todo ello, la memoria pública se diferencia de las memorias grupales o individuales, que quedan restringidas a un cierto número de individuos. Esta conceptualización nos permite salir de una comprensión limitada de las memorias y de los actores que las ponen en movimiento: no es la sociedad quien recuerda, sino sus grupos y actores sociales. Lo público nos permite también pensar que existen marcos generales de sentido, cuadros temporales compartidos, aunque el contenido pueda diferir.

3Datos del Servicio Sismológico Nacional: <http://www2.ssn.UNAM.mx> [última consulta: febrero de 2018].

4Según el Servicio Sismológico Nacional, el 19 de septiembre de 1985 se habría liberado una energía equivalente a 1 114 bombas atómicas: <www.ssn.UNAM.mx/website/jsp/Carteles/sismo85.jsp> [última consulta: marzo de 2018]. Wikipedia (2018a) tiene una gran cantidad de información sobre lo ocurrido, las consecuencias y las reacciones sociales y gubernamentales.

5<www.ssn.UNAM.mx/website/jsp/Carteles/sismo85.jsp> [última consulta: febrero de 2018].

6Sobre el surgimiento de la noción de sociedad civil ligado al sismo, ver Leal Martínez (2014).

7El 75.3% de los daños en la Ciudad de México se concentraron en las delegaciones Cuauhtémoc, Iztapalapa y Benito Juárez (Instituto Belisario Domínguez-Senado de la República, 2017).

8Los diarios son publicados en la Ciudad de México y distribuidos en todo el país. También tienen una versión en línea.

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