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Revista mexicana de sociología

versión On-line ISSN 2594-0651versión impresa ISSN 0188-2503

Rev. Mex. Sociol vol.75 no.3 México jul./sep. 2013

 

Reseñas

 

Lucía Álvarez Enríquez (coordinadora). Pueblos urbanos. Identidad, ciudadanía y territorio en la ciudad de México

 

Margarita Camarena Luhrs

 

(México: Universidad Nacional Autónoma de México-Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades/Miguel Ángel Porrúa, 2011), 394 pp.

 

Instituto de Investigaciones Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México

 

Los estudios del entorno espacial e histórico de los pueblos originarios de la Ciudad de México contenidos en este libro demuestran que los asentamientos precursores y los intercambios culturales y con el medio provocan paisajes que nutren y se nutren de identidades humanas originarias. Proponen, además, que junto con esas identidades persisten valores cohesionadores extraordinarios. Explican cómo y por qué estas identidades, que son espacial y temporalmente únicas, anteceden pero también son posteriores a procesos de incorporación/expulsión y pertenencia/re-apropiación territorial, por medio de los cuales se incorporan nuevas costumbres y representaciones inseparablemente sujetas por horizontes geográficos y a paisajes culturales.

La obra reseñada transcurre en un contexto de pueblos originarios que se vuelven centro de identidades. En ella se constata cómo, al paso de los siglos, se han decantado y se conservan plenas de sentido identidades fundadoras cuya significación se ha ido transformando, pero que subsiste a través de los cambios y sigue vigente en la vida pública de la gran capital.

Las ciudades y más de 200 pueblos del entorno de la Ciudad de México-Tenochtitlan albergaban a cerca de 2 millones de personas en el momento de la Conquista. Ese entorno formado por pueblos originarios ha seguido sosteniendo las numerosas refundaciones de la gran capital. Hasta la fecha, siguen siendo una clave fundamental de la totalidad de las 16 delegaciones que conforman el Distrito Federal. Como su unidad orgánica, de extraordinaria plasticidad modular y simétrica, se transmite a cada momento por medio del orden dado a los espacios, que ha continuado repitiéndose, adaptándose, es posible retrotraer a la actualidad la sucesión de sus cambios, y eso hace muy interesante este libro.

La domesticación del espacio mítico y originario de los hermosos lagos entre volcanes del centro de México ha registrado insólitos esfuerzos civilizatorios para lograr una continuidad de las tierras que superara las fracturas levantadas por islas y lagos en el Valle de México. Este largo proceso llevó desde las fundaciones originales de pueblos y ciudades a los efectos devastadores de la conquista de 1521, y luego, a lo largo de 500 años de reordenamientos sucesivos, a mantener activas cosmovisiones distintas, sobre las cuales han seguido ajustándose identidades y territorios.

Si se han reemplazado unas fachadas y trazas de las ciudades y pueblos, con otros usos y conceptos traídos por los conquistadores y las autoridades imperiales, éstos también fueron reemplazados luego por otras visiones y fisonomías acordes con las ideologías liberalistas de la Independencia y posteriores. A través del siglo XX se han ido traduciendo hasta hoy en una serie de ampliaciones de la Ciudad de México. Estas transformaciones sustanciales son comprendidas por los nueve colaboradores de este libro coordinado por Lucía Álvarez Enríquez, quienes revelan la trascendencia histórico-espacial que poseen las identidades de los pueblos originarios.

Los autores nos descubren a los pueblos originarios de la Ciudad de México, mucho más allá de las presiones que los han "invisibilizado" secularmente. Se ofrecen al lector un novedoso enfoque y muy importantes evidencias que demuestran hallazgos de historia y presente en el transcurso de los espacios rurales que fueron urbanizados. La exposición de estos descubrimientos es atractiva y rigurosa, especialmente porque demuestra cómo subsisten visiones que siguen dándole pleno sentido al entorno de la moderna Ciudad de México, con los cuales subsiste la otrora gran Tenochtitlan, a través de todas sus transformaciones.

Iván Gomezcésar, en "Pueblos y ciudad de México", presenta el panorama de retos y realizaciones del libro. María Ana Portal y Lucía Álvarez nos ofrecen los "Conceptos y ruta metodológica", para enfocar mejor los horizontes de tiempo y espacio de los pueblos originarios/pueblos urbanos, sobre los que se fundan poderosas tradiciones e identidades autónomas; también dan contexto a la colaboración de todos los demás autores. Enseguida, Leticia Cruz y Marisol Gutiérrez hacen una reconstrucción territorial e histórica de la continuidad, organización, presencia o desaparición virtual territorial, de 11 de los pueblos originarios de la Cuenca de México, su historia territorial compartida y su lucha por la autonomía, demostrando que su presencia, no su "vacío", explica muchos problemas de hoy. María Ana Portal y Cristina Sánchez Mejorada estudian el espacio social y el territorio de San Pablo Chimalpa, Cuajimalpa, y explican sus dimensiones comunales y sus transformaciones, en las que se muestran prácticas comunales vigentes, profundamente enraizadas en el parentesco. Lucía Álvarez, en su estudio "Cuautepec, Gustavo A. Madero", expone en qué consiste el espacio del pueblo, los cambios de su patrimonio y vida pública.

El ya mencionado Iván Gomezcésar, en su texto sobre Santa María Aztahuacán, Iztapalapa, descubre la existencia de numerosos lazos de relación y solidaridad, de parentesco y compadrazgo, presentes en el sistema de cargos y, más allá de la organización conjunta de festividades, en la vitalidad y la capacidad de adaptación a los cambios del entorno urbano. Patricia Ramírez Kuri, en "Culhuacán, Iztapalapa y Coyoacán", revela cómo en la producción del espacio local, que es espacio social, van surgiendo identidades propias, vida pública y formas de organización de estos pueblos originarios. Lucía Álvarez, en "San Pedro Tláhuac, Tláhuac", concreta un largo estudio sobre el espacio y la vida pública del lugar, revelando territorios en los que conversan su vida pública y su identidad. En el "Epílogo", con el propósito de la recuperación de los pueblos originarios, la reconstrucción de su identidad, su pertenencia y sus formas de vivir la ciudadanía, se descubre un elemento especial mediante el cual la comunidad política originaria se actualiza y sigue concretándose como espacio público de convivencia.

En esta exploración académica colectiva e interdisciplinaria se revela una coherencia territorial de los pueblos originarios que converge a lo largo de los cambios en la historia y los espacios de la moderna Ciudad de México. Ello se pone de relieve en diversos momentos de este proceso, en los que se ha apreciado cómo subsistieron los pueblos del entorno de la Ciudad de México de antaño, por la coherencia de sus agrupaciones de familias o por las unidades territoriales, conservadas a través de la sucesión de muy diversas instituciones propias y ajenas.

En la base de la moderna Ciudad de México subsisten complejos fenómenos de la relación social, con identidades que son inseparables de las cualidades de los sitios en los que se fundan y de los sentidos con que se adoptan y adaptan. Con la organización espacial de los pueblos originarios, tal como lo prueban con todo cuidado los autores, surgen pautas de adaptación que también moldean las geografías de los sitios que sirven de asiento, cobijan y alimentan a estas culturas.

La profusa cantidad de documentos, ilustraciones y mapas que acompañan al libro hace evidente que sí hay una historia territorial prolongada hasta el presente, y que con ella subsisten identidades comunes que impactan todo el tejido urbano. Con el abandono y el cambio topográfico de los lugares, esas identidades también cambian drásticamente. Y así como se mantienen identidades, que se consolidan y cambian conforme los pueblos van dándoles sentido y significado a las conciencias que tienen de la vida, pueden dejar de hacerlo.

Los pueblos urbanos originarios, auténticas entidades sociales cuya presencia permea el conjunto urbano de la Ciudad de México, tienen una influencia que va mucho más allá de sus demarcaciones territoriales y culturales. Con sus territorios y su cultura se exaltan todas las otras pluralidades culturales que forman la capital del país.

Este libro es fuente de consulta novedosa para estudiosos expertos de los pueblos originarios y de la Ciudad de México en cualquiera de sus épocas. Da noticia e informa de las raíces culturales que forman identidades, y que resultan poderosas fuerzas espaciales y culturales en el contexto de la historia y el tiempo que vuelven actualidad plena de sentido las cosmovisiones y los sentidos de los pueblos originarios de México.

El volumen es relevante especialmente por la actualidad y la pertinencia de los contenidos; presenta temas e ideas que se comprueban con procedimientos rigurosos, y sigue un hilo argumental que los autores comparten interdisciplinaria e interinstitucionalmente. La estructura del libro da contexto muy adecuado al análisis y pone de relieve los resultados encontrados.

Con esto se abre un planteamiento común por parte de los autores y la coordinadora: "Asumir que la historia y la realidad de los pueblos urbanos es parte constitutiva de la realidad y de la problemática urbana, [...] que conduce a repensar, entre otras cuestiones, las formas de gobierno y de representación de la ciudad" (390), conceptos con los que revaloran la ciudadanía a partir del respeto a las diversas maneras de vivir la pertenencia y de lograr apropiarse de la ciudad.

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