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Revista mexicana de sociología

versión On-line ISSN 2594-0651versión impresa ISSN 0188-2503

Rev. Mex. Sociol vol.74 no.1 México ene./mar. 2012

 

Reseñas

 

Salvador Martí i Puig y David Close (eds.). Nicaragua y el FSLN (1979-2009) ¿Qué queda de la revolución?

 

Verónica Álvarez*

 

(Barcelona: Edicions Bellaterra, 2009), 472 pp.

 

* Universidad de Salamanca

 

Treinta años después de la llegada al poder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Salvador Martí i Puig y David Close plantean varias interrogantes y ofrecen un balance de los legados de la revolución, analizando las profundas imbricacio- nes entre la historia reciente de Nicaragua y el devenir del Frente.

A lo largo de sus trece capítulos (incluido el de las conclusiones), se revisa el contexto en el que surgió y gestó su lucha el FSLN, se analizan las transformaciones que llevó a cabo en la política y la sociedad nicaragüenses —y su evolución a lo largo del tiempo—, la derrota en los comicios, el largo periodo en la oposición y, finalmente, la vuelta al poder, con Daniel Ortega como líder indiscutido del partido. De esta manera, el libro presenta pistas para responder a la pregunta planteada en el título: ¿Qué queda de la revolución?

Los diferentes textos reunidos en la obra demuestran que la revolución sandinista significó un cambio profundo en la sociedad nicaragüense y que tuvo aportes muy significativos: luego del derrocamiento de la dictadura somocista, que abrió la posibilidad de una nueva etapa en la política nacional, se implantaron políticas sociales orientadas a buscar una mayor equidad y justicia sociales, se establecieron nuevos patrones de cultura política, se fomentó el empoderamiento de amplios sectores de la sociedad antes relegados y se inició la construcción de las bases del Estado de derecho y del régimen democrático.

Cada capítulo aporta un análisis detallado de los diversos fenómenos que se desencadenaron a raíz de la revolución: las dinámicas y transformaciones que se dieron tanto entre los sandinistas como entre los antisandinistas y sus nuevas estrategias (apartados 2 y 3); el movimiento feminista autónomo —sus consensos y tensiones con el sandinismo— y su contracara, el antifeminismo (capítulo 4); la solidaridad internacional que despertó la causa revolucionaria y el protagonismo del FSLN en su difusión (capítulo 5); los cambios en la cultura política del país y el giro hacia un "pragmatismo resignado" (capítulo 6); las reformas constitucionales e institucionales y el excesivo coyunturalismo de algunas de ellas (capítulo 7); la progresiva politización de la justicia y la partidización del Poder Judicial (capítulo 8); las diversas reformas electorales, también politizadas, y la importancia de los comicios en la democracia nicaragüense como mecanismo de rendición de cuentas (capítulo 9); los avances y estancamientos en el desarrollo y la consolidación de la autonomía regional (capítulo 10); los progresos revo-lucionarios en las políticas contra la pobreza, su fragmentación posterior, la dependencia del financiamiento externo y las pocas expectativas gene- radas por la victoria del Frente en 2006 (capítulo 11); y, por último, un panorama sobre las políticas en materia agrícola y el cambio en la estructura agraria, con la desaparición, prácticamente, de las formas colectivas y estatales de producción (capítulo 12).

En sus textos, los autores van relatando la evolución experimentada desde la llegada del FSLN al poder, pasando por los años del modelo neoliberal, hasta llegar a la actualidad, con la vuelta del Frente al poder, y las expectativas, dudas y escepticismo que esto ha generado. En muchos casos, las conclusiones parecen coincidir con lo que plantea Pérez Baltonado en el capítulo 6 y que podría ser parte de la respuesta a la pregunta que domina la obra: en el camino se ha pasado de la utopía al pragmatismo, sobre todo si se considera cómo ha cambiado —a pesar de adjudicarse el monopolio de los símbolos revolucionarios— el discurso del Frente y el de Daniel Ortega, su líder indiscutido, como ya se dijo. Martí i Puig sostiene en el capítulo 2 que muy poco se parece este partido tan personalista a la guerrilla que triunfó en 1979 y a la organización de vanguardia que estuvo al mando hasta 1990. Ortega tiene, de acuerdo con lo que se plantea en el libro, una forma caudillista de ejercer el poder y ha desplegado estrategias para acomodar el sistema político a sus intereses partidarios. El cambio radical que se ha producido en el discurso del Frente y en el de su líder queda demostrado con los guiños que han dirigido a actores antes considerados enemigos, específicamente la Iglesia católica y Estados Unidos.

Uno de los grandes temas que se analizan en el libro, a través de las diversas facetas que aborda cada capítulo, es que el FSLN, aun sin estar al mando, tuvo importantes logros electorales a nivel regional y en el Poder Legislativo, y fue haciéndose del control de diferentes resortes del poder hasta constituirse en actor de veto. Como muestra paradigmática de esto, los autores coinciden al señalar que el pacto establecido entre Ortega y el liberal Arnoldo Alemán marcó la tendencia a partidizar la política y considerar las instituciones del Estado como un botín a repartir. Además, el correlato de este estilo de hacer política se ha reflejado, según se puede leer en la obra, en la consolidación de un presidencialismo muy marcado y prácticamente la ausencia de una accountability horizontal, en tanto que las instancias que deberían desempeñar esa labor (el capítulo de Elena Barahona sobre el Poder Judicial es muy ilustrativo al respecto) están en buena medida controladas por los partidos. De esta forma, a la tradicional oposición sandinismo-antisandinismo se le añade el nuevo cleavage pacto-antipacto, y esto se refleja, como señalan Close y Martí, en la nueva configuración del sistema de partidos. Las escisiones producidas en ambos lados del espectro ideológico son el resultado del rechazo de un sector de la sociedad y de la política nicaragüenses a las negociaciones partidistas.

Después del extenso análisis de la realidad nicaragüense presentado en la obra, los autores se plantean (capítulo 13) hasta qué punto se mantiene la excepcionalidad que la revolución y el FSLN demostraron al principio. Concluyen que el proyecto contrahegemónico, plural y diverso que abogaba por la justicia, la equidad y la inclusión social parece haberse diluido al paso del tiempo. Asimismo, que el FSLN ha ido perdiendo algunas de sus señas de identidad más emblemáticas y ha renunciado a muchos de sus principios al utilizar una lógica pragmática que lo asemeja a otras formaciones políticas tradicionales del país, pero ha demostrado ser el único partido dispuesto a implementar políticas contra la pobreza. Los autores sostienen, sin embargo, que Nicaragua aún no ha sido capaz de encontrar la senda del desarrollo sostenido, igualitario e inclusivo.

Por último, según las líneas trazadas en la obra, la concentración personalista del poder, las lógicas clientelares y caudillistas y el socavamiento de las instancias de responsabilidad (junto con el control ejercido sobre algunos medios de comunicación) han llevado a algunos autores a considerar al régimen en Nicaragua sólo como una democracia electoral e incluso como una partidocracia. Así las cosas, la pregunta sobre los legados de la revolución no parece tener una respuesta muy alentadora.

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