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Revista mexicana de sociología

versão impressa ISSN 0188-2503

Rev. Mex. Sociol vol.72 no.1 México Jan./Mar. 2010

 

Artículos

 

Las comunidades religiosas protestantes y su tránsito hacia lo político–electoral en Colombia, 1990–20071

 

Protestant Religious Communities and their Shift towards Political and Electoral Issues in Colombia, 1990-2007

 

Javier Duque Daza*

 

* Politólogo. Doctor en Ciencia Política. Facultad Latinoamericana de Ciencias sociales, México. Profesor de la Universidad del Valle, Colombia. Líneas de investigación: partidos políticos, elecciones e instituciones, elites y clase política. Dirección: Calle 34, 9–143, Casa M1, Jardín de lili, Cali, Colombia. Tel.: 316 4829 729, fax: 3392315, correo electrónico jduque86d@hotmail.com.

 

Recibido: 7 de noviembre de 2008
Aceptado: 28 de septiembre de 2009

 

Resumen

El presente artículo estudia el surgimiento, las características y las dinámicas electorales de las organizaciones políticas confesionales protestantes en Colombia. A partir del enfoque de la conjunción de factores sociales e institucionales (cleavages y cambio institucional) se plantea que el surgimiento de estas organizaciones en la década de 1990 conjuga una tradición organizativa expansiva y consolidada de estas agrupaciones con un nuevo marco de oportunidades. Esto posibilitó la participación en la competencia electoral de forma exitosa y el acceso al Congreso de la República y otras instancias subnacionales.

Palabras clave: dinámicas electorales, organizaciones políticas confesionales, protestantismo, Colombia, competencia electoral.

 

Abstract

This article studies the emergence, characteristics and electoral dynamics of Protestant political organizations in Colombia. Based on an approach using that combines social and institutional factors (cleavages and institutional change), the author proposes that the emergence of these organizations in the 1990s implied the combination of an expansive, consolidated organizational tradition of these groups with a new framework of opportunities that allowed for their successful participation in elections and access to Congress and other sub–national organizations.

Key words: Electoral dynamics, confessional political organizations, Protestantism, Colombia, elections.

 

La presencia de un mayor o menor número de actores en competencia en un sistema de partidos ha sido explicada a partir de tres enfoques diferentes. Uno ha estado centrado en las condiciones sociales preexistentes, en los cleavages2 que existen en la sociedad; otro ha subrayado el papel de las reglas electorales que incentivan o no la presencia de nuevas fuerzas políticas; el tercero ha recurrido a la conjunción de factores sociales, políticos e institucionales.

El enfoque de los cleavages ha destacado la premisa según la cual entre mayor sea la diversidad social y cultural en una sociedad, mayor será el número de partidos que emergen en la dinámica de búsqueda de representación. En esta perspectiva, los partidos políticos son el resultado natural de la presencia de fracturas en la sociedad, de divisiones socio–estructurales que generan la movilización y la politización de los diversos sectores, lo cual se expresa en el surgimiento de organizaciones que dan cuenta de sus intereses. Se considera que las identidades sociales generan intereses comunes, simpatías partidistas e identidades colectivas que hacen que la elección de un partido tenga connotaciones de clase social, religiosas, sectoriales y étnicas. Si hay un número mayor de cleavages, esto se refleja en el número de partidos que existe en la sociedad (Grum, 1958; Eckstein y Apter, 1963; Lipset y Rokkan, 1967; Harmel y Robertson, 1985; Horowitz, 1985; Ordershook y Shvetsova, 1994).

Este enfoque presupone que los grupos son capaces de organizarse en el escenario político y considera que los que surgen de la dinámica de las fracturas en la sociedad se agregan y/o combinan entre sí dando origen a configuraciones específicas según los contextos. En los casos en los cuales existen ciertas fracturas sociales y no han surgido nuevos partidos políticos de ellas, se ha matizado el argumento planteando que los conflictos han sido absorbidos por otros de mayor impacto en la sociedad y la función de agregación de intereses de los partidos ha sido más amplia al incorporar a diversos sectores a través de alianzas y fusiones (Lipset y Rokkan, 1967).

En la perspectiva de los conflictos se podría considerar teóricamente que en todas las sociedades surgirían tantas diferenciaciones partidistas como fracturas sociales existieran, lo cual no siempre sucede. Por ello, se plantean las condiciones que pueden favorecer o dificultar la emergencia de partidos. Para Von Beyme (1989), tres factores inciden en este proceso en contextos sociales con presencia de fracturas y conflictos: por una parte, es más difícil que surjan cuando existe una fuerte identificación de los electores con los partidos existentes, lo cual deja poco espacio para nuevas opciones partidarias; por otra parte, también se dificulta cuando se han presentado experiencias históricas traumáticas, como guerras o conflictos nacionales que generan una fuerte resistencia a la fragmentación de los partidos existentes, pues persiste el temor de que las divisiones sean causantes del hundimiento del sistema democrático. Asimismo, cuando existe un elevado grado de unión en el nivel organizativo entre partidos y grupos de interés, los partidos existentes se resguardan frente a posibles divisiones.

En consecuencia con sus presupuestos, para este enfoque el sistema de partidos sería un reflejo de las divisiones, conflictos o fracturas que hacen presencia en la sociedad, si se generan ciertas condiciones que permitan cristalizar las nuevas organizaciones partidistas.

Por su parte, el enfoque centrado en las instituciones subraya la incidencia determinante de las reglas electorales en la presencia de un mayor número de partidos en una sociedad. Esta perspectiva parte de la premisa según la cual, si se modifican las instituciones, se afecta la forma en que se comportan los actores. Este enfoque está vinculado inicialmente a las conocidas leyes de Duverger (1954), de acuerdo con las cuales el sistema de representación proporcional tiende a un sistema de partidos múltiples, rígidos e independientes; el sistema mayoritario con dos vueltas tiende a un sistema multipartidista, con partidos flexibles e independientes y la mayoría simple y el voto único favorecen al bipartidismo, por cuanto los electores evitan desperdiciar sus votos en terceros partidos que no tienen posibilidades de ganar y, a su vez, la dirigencia política evita gastar su tiempo y recursos en candidaturas sin posibilidades, prefiriendo formar coaliciones y/o sumarse a alguna de las opciones existentes. Posteriores desarrollos han destacado aspectos de los sistemas electorales que inciden en la mayor o menor presencia de partidos políticos, como la presencia o no de umbral electoral, el tamaño de los distritos y la existencia de reglas de discriminación positiva (Duverger, 1954; Sartori, 1968; Rae, 1971; Lijphart, 1990; Taagepera y Shugart, 1989).

Si al enfoque de los cleavages se le ha criticado su posición de sobredeterminación social y la presunción de la organización de los diversos actores sociales, al segundo se le ha señalado que postula una lógica causal inversa: asume que son los sistemas electorales los que determinan el sistema de partidos, cuando en realidad sería al revés, pues serían los partidos en su interacción quienes llevarían a cabo el diseño de las instituciones.3 De igual forma, se plantea como una crítica a esta perspectiva su énfasis en la variable institucional y el desconocimiento de las condiciones sociales de los diversos sistemas políticos y contextos específicos (Amorin y Cox, 1997).

En la perspectiva de la complementariedad entre las variables sociales e institucionales, Amorin y Cox (1997) plantean un tercer enfoque que asume que existe una interacción entre la heterogeneidad social y las reglas electorales, a partir de la cual se puede explicar la presencia de un mayor número de partidos en una sociedad. Para estos autores, considerar que la estructura social es importante para la formación y competencia de los partidos no implica negar la importancia de las estructuras electorales. A su vez, afirmar que la estructura electoral afecta la competencia de forma importante no implica asumir que la estructura social sea irrelevante. El sistema político tendrá más partidos sólo si tiene muchos cleavages y cuenta, a su vez, con un sistema electoral suficientemente permisivo para permitir su surgimiento sobre dichos cleavages.

En consonancia con el tercer enfoque, el surgimiento de organizaciones de minorías religiosas en América Latina ha sido explicado a partir del fortalecimiento organizativo y el crecimiento de adeptos de las diversas confesiones protestantes y evangélicas en competencia con la tradicional hegemonía católica, las cuales transitaron hacia lo político electoral en un nuevo contexto de aperturas democráticas y con nuevas oportunidades de acceso a espacios de poder político. Las nuevas organizaciones se constituyeron, a su vez, en un medio para obtener beneficios materiales y simbólicos a través del establecimiento de leyes que reimpulsaron su consolidación.

A partir de estas consideraciones, el presente artículo analiza el surgimiento, las características y las dinámicas electorales de las organizaciones políticas confesionales protestantes en Colombia. Con base en el enfoque de la conjunción de factores sociales e institucionales, plantea como argumento central que su surgimiento a comienzos de la década de 1990 implicó la conjugación de una tradición organizativa expansiva y consolidada con un nuevo marco de oportunidades que posibilitó la participación en la competencia electoral de forma exitosa y el acceso al Congreso de la República e instancias subnacionales de poder político.

El texto consta de cuatro partes. La primera presenta de forma sucinta la expansión de las iglesias protestantes en América Latina y en Colombia. la segunda describe las organizaciones políticas religiosas protestantes en Colombia y sus principales características. La tercera analiza sus dinámicas en la competencia electoral nacional. Finalmente, se presentan algunas conclusiones.

 

LA CONSOLIDACIÓN Y EXPANSIÓN DE LAS IGLESIAS PROTESTANTES

Como fenómeno social, la llegada de las iglesias protestantes a América Latina corresponde a la segunda mitad del siglo XIX, y su expansión y crecimiento se dio desde la segunda mitad del XX. En el subcontinente se presentó una continuidad de la hegemonía religiosa desde la Colonia hasta mediados del siglo XX, con presencia de una iglesia católica fuertemente organizada y una población mayoritariamente creyente; por ello, como lo plantea Jean–Pierre Bastian (1997), hacia mediados del siglo XX todavía era difícil advertir expresiones religiosas en América Latina que no fueran católicas, o que no tuvieran un lazo estructural con las jerarquías católicas.4 Hacia 1960, en muy pocos países de América Latina la población protestante excedía 3%, sólo en cinco países excedía 5%. Un cuarto de siglo más tarde, en la mayoría de los países del subcontinente la presencia de protestantes había aumentado de forma sustancial: en todos los países excedía de 5%, y en más de la mitad de éstos sobrepasaba 15%. En las décadas intermedias se presentó un proceso de conversión religiosa de un sector importante de la población, en el cual incidió una diversidad de factores internos y externos.

Con la globalización y la transnacionalización se generaron mejores condiciones para la circulación, la comunicación y la influencia de algunas organizaciones internacionales en América Latina. Se presentó una mayor expansión de los movimientos religiosos, especialmente de Estados Unidos, y América Latina se hizo receptora de muchas iglesias que establecieron sucursales, enviaron personas, mensajes y programas orientados a reclutar adherentes para su credo. Se crearon las condiciones para una oferta de bienes simbólicos que ofrecía salvación espiritual en contextos sociales en los cuales las transformaciones demográficas, económicas y sociales habían acrecentado la exclusión de amplios sectores de la población. La nueva oferta encontró amplios sectores sociales inmersos en la pobreza que fueron receptivos a nuevas propuestas religiosas y que estaban en la búsqueda de nuevas alternativas y expectativas. A ello se sumó cierto desencanto con la iglesia católica, incapaz de reformarse y de generar mayores vínculos con la población.

Las nuevas iglesias propiciaron dinámicas de reconstrucción de vínculos sociales y de un sentido comunitario para sectores desesperanzados. Se generaron posibilidades de una fusión emocional comunitaria a sectores desvinculados y desintegrados. Para quienes habían perdido vínculos comunitarios y tenían un vacío relacional, las nuevas iglesias ofrecían una opción de solidaridad y de lazos de confianza y comunión que resultaba atractiva. "En la sociedad global del mundo de la exclusión, donde se vive la confrontación con el otro en la lucha por la sobrevivencia, las iglesias pentecostales y evangélicas ofrecían una hermandad, el acceso a una ayuda recíproca que se beneficia de las redes reconstruidas" (Bastian, 1997: 200).

Con la expansión de su presencia y de sus fieles, muchas de las iglesias protestantes crearon partidos confesionales sobre la base de estos lazos comunitarios organizados por las nuevas redes eclesiásticas. Desde la década de 1980 surgió este tipo de organizaciones políticas en muchos países de América Latina (como Guatemala, Perú, El salvador, Brasil, Venezuela). Entre 1987 y 1995 en 11 países se crearon cerca de 30 partidos confesionales, dándose un auge de los políticos de Dios (Bastian, 1997).5 aunque con ciertas particularidades, éstos presentaron algunas características comunes: se constituyeron como organizaciones comunitarias–políticas sustentadas en fuertes vínculos y solidaridades; se fundamentaron en las estructuras organizativas de su respectiva iglesia, combinando y fusionando lo religioso y lo político; se basaron en el voto corporativista, cohesionado y disciplinado ("un hermano vota por un hermano"); mantuvieron un acceso privilegiado a los medios de comunicación, ya sea porque eran propietarios de canales radiales o de televisión o porque compraron espacios para su proselitismo; no tuvieron reparos en servirse del púlpito con fines electorales; configuraron relaciones verticales de autoridad entre los pastores y los fieles; manejaron abundantes recursos económicos, en parte obtenidos a través del donativo financiero del fiel, como elemento central del culto, como reconocimiento del poder carismático del dirigente (Bastian, 1997: 160–167).

Con su fortalecimiento y tránsito hacia organizaciones político–confesionales, se generó una situación nueva para los estados latinoamericanos, los cuales debían dialogar con nuevos sectores que plantearon sus propias reivindicaciones, opuestas y en confrontación con la otrora hegemonía católica. En cuanto fortalecieron su base, ampliaron el número de sus seguidores y se insertaron en la competencia electoral de forma exitosa, se constituyeron en actores que demandaron beneficios materiales y simbólicos. En los términos del enfoque de los cleavages, al expresar una división socioestructural que generó la movilización y la politización de un sector, se expresó el surgimiento de organizaciones partidistas que dieron cuenta de intereses sectoriales.

Si bien Bastian (1997) avanza en una caracterización de estas organizaciones, los estudios de caso permiten establecer matices y/o particularidades por países. Dicha labor trasciende los alcances de este escrito, el cual se centra en el caso colombiano que, como veremos, muestra características diferenciales, especialmente las relacionadas con un fuerte sentido de pragmatismo que conduce a que un sistema partidista ampliamente fragmentado con cambios en las reglas del juego electoral genere estrategias de alianzas y coaliciones con partidos del "establecimiento" liberal y conservador.

En el caso de Colombia, no obstante el alto predominio histórico de la iglesia católica, las iglesias protestantes surgieron desde mediados del siglo XIX bajo el auspicio de organizaciones extranjeras y a partir de la década de 1930 iniciaron una gradual expansión (Cepeda, 2007). se fue ampliando la presencia de protestantes nacionales preparados por las misiones extranjeras,6 y durante dicha década se dio una mayor expansión con iglesias procedentes especialmente de Estados Unidos,7 lo cual continuó en las dos décadas siguientes.8 Durante el Frente Nacional (1958–1974), el número de protestantes no excedía de 100 mil y el surgimiento de muchas nuevas iglesias constituía la expresión de las frecuentes divisiones y subdivisiones por algunas diferencias doctrinales, pero también por intereses particulares y ambiciones personales. Desde la década de 1970 surgieron muchas nuevas iglesias que instrumentaron nuevas formas de proselitismo religioso, con estrategias de comercialización y la creación de infraestructuras organizativas, el manejo de medios de comunicación y congregaciones masivas de sus seguidores (Cepeda, 2007).9

Junto con la consolidación y expansión de las iglesias protestantes se generó un viraje en sus posiciones respecto del poder político. Tradicionalmente se habían mantenido al margen de la política partidista como minorías en un medio en donde el catolicismo había sido prácticamente hegemónico. Esta situación se empezó a modificar a finales de la década de 1980, y por primera vez en 1990 se presentó un candidato a elecciones que reivindicaba su pertenencia a una organización religiosa protestante. El mismo año, en el marco de la convocatoria a las elecciones para la asamblea Nacional Constituyente, las comunidades protestantes se organizaron y presentaron una lista que les permitió obtener dos de los 70 escaños de la asamblea que promulgaría una nueva constitución política.

Con su fortalecimiento organizativo y la expansión y crecimiento del número de seguidores, las iglesias protestantes contaban con nuevas condiciones para repensar sus relaciones con el poder político, a través de lo cual podrían incidir en el establecimiento de igualdad de condiciones frente a la religión católica, de regulación de las relaciones sociales acordes con su concepción del ser humano y de la sociedad. De igual forma, constituía un camino para los intereses y ambiciones personales de los pastores y líderes religiosos de las múltiples iglesias que durante las últimas décadas habían consolidado su presencia en el país.

Con la Constitución Política de 1991 se establecieron nuevas reglas de juego que contribuirán de forma decisiva al tránsito de las organizaciones protestantes al ámbito electoral y a los escenarios de debate político en el país. la nueva carta consagró la libertad religiosa y de cultos, y estableció el carácter no confesional del Estado colombiano. Posteriormente, mediante la ley 133 de 1994, se estableció que a partir de entonces las iglesias y confesiones religiosas eran reconocidas como tales por medio de Personerías Jurídicas Especiales.10 Este nuevo marco dio base jurídica e igualdad de condiciones a las iglesias cristianas no católicas. Emergieron nuevos movimientos políticos fundados sobre la base de iglesias protestantes que se diferenciaban entre sí y respecto a la iglesia católica, y que aspiraban a consolidarse, ser vehículos de los intereses de estas minorías religiosas y permitir el acceso a espacios de poder político para sus líderes.

 

ORIGEN Y PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS DE LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS CONFESIONALES PROTESTANTES

Las organizaciones de protestantes en Colombia se constituyeron como agrupaciones político–partidistas sobre la base de las estructuras de las iglesias que se habían consolidado y expandido en las últimas décadas en el país. Su condición religiosa ha determinado el carácter rígido de su sistema de creencias, de sus prácticas y hábitos, que operan como elementos centrales de pertenencia y adhesión. Como organizaciones políticas están integradas exclusivamente por los creyentes y su funcionamiento gira en torno a los líderes que encarnan la doble condición de guías espirituales (pastores) y dirigentes políticos.

La presencia de liderazgos personalizados entre los pastores (y en algunos casos, también entre sus familiares cercanos) hace que éstos sean el centro alrededor del cual gravitan todas las acciones organizativas, los cuales cuentan con el apoyo de los miembros de las congregaciones religiosas y logran desarrollar una importante capacidad de movilización de éstos en las elecciones. las adhesiones adquieren un matiz comunitario y en ellas la presencia de incentivos colectivos constituye el principal factor movilizador, reafirmado con estrategias modernas de proselitismo con el uso intensivo de medios masivos de comunicación.

Durante el periodo analizado, participaron en la competencia electoral cuatro organizaciones confesionales, tres de ellas en todas las elecciones de forma directa entre 1990 y 2002, y una, de más reciente creación, entre 2002 y 2007. En todos los casos, dicha participación les ha permitido acceder al Congreso de la República y, al menos durante un periodo, al Concejo de Bogotá, ciudad en la cual concentran su mayor influencia política y social.

Estos movimientos políticos presentan cinco características en común:

i) El sentido de comunidad, ligado al de la organización política. A partir de los seguidores de las congregaciones religiosas, los movimientos de cristianos conjugan religión y política, y se configura una militancia comunitaria especial, a la vez religiosa y política. Se generan vínculos y lazos de identidad individual y colectiva; las personas encuentran en ellas un sentido comunitario, la posibilidad de generar nuevos vínculos y redes sociales y en muchos casos, medios para rehacer sus relaciones sociales y de familia. Las nuevas redes sociales actúan, en momentos de crisis, como red de apoyo en situaciones de desempleo, luto o enfermedad. Asimismo, el pastor adquiere la dimensión de un líder paternal; incluso, se generan relaciones de índole más horizontal entre miembros de la comunidad religiosa provenientes de diferentes estratos sociales (Pereira, 1996; Beltrán, 2003). Este sentido de comunidad se hace extensivo a la movilización y el apoyo a los pastores de la iglesia cuando sea requerido: a través de éstos, los líderes de las diferentes iglesias viabilizan su acceso a cargos de elección popular. El vínculo religioso deviene en apoyo político y las sedes religiosas operan como escenario de proselitismo. Esta especie de pastoreo electoral conlleva el manejo de las creencias de sus fieles, convertidos en adeptos políticos, con una fidelidad que involucra, en muchos casos, a las familias.

ii) la presencia de liderazgos personalizados en los pastores, quienes son, a su vez, fundadores, líderes y candidatos a las elecciones del Congreso de la República.

iii) Una amplia base de adherentes y cobertura nacional, apoyada en los templos e instalaciones religiosas y una eficiente movilización de sus apoyos. Se constituyen en un "un rebaño que sigue las orientaciones políticas del pastor, que cuenta, además, con la infraestructura para alimentar sus maquinarias que se encuentran en la frontera entre la religión y la política; acuden a la espiritualidad para llegar al poder. La mayoría de los grupos cristianos tienen periódicos, emisoras radiales y programas en los canales de televisión (Revista Semana, núm. 1217, agosto, 2005).

iv) Han logrado acceder a escaños en el Congreso de la República y en algunos de los concejos de las capitales más importantes del país, entre ellos el de Bogotá.

v) la mayoría de los movimientos cristianos no católicos se estructuran en torno a grupos familiares, cuyos miembros son los candidatos en las elecciones. En todos los casos se configura un núcleo dirigente cerrado y con jerarquías indiscutidas.

 

Movimiento Unión Cristiana (MUC)

El MUC se conformó en 1989 bajo los auspicios de la Confederación Evangélica de Colombia que aglutinaba a luteranos, pentecostales, bautistas, carismáticos y presbiterianos. a raíz de la convocatoria de la asamblea Nacional Constituyente (ANC) en 1990, este movimiento presentó una lista a las elecciones en representación de la Confederación Evangélica de Colombia (Cedecol), producto de una asamblea extraordinaria de la confederación celebrada en octubre de 1990, en la que las diversas organizaciones asistentes decidieron presentar una lista que aglutinara a las distintas iglesias. En la asamblea, las iglesias presentaron como candidatos para encabezar la lista a los pastores y abogados Jaime Ortiz y Arturo Mejía Borda. La lista incluyó un total de 13 nombres, y en las elecciones obtuvo la sexta votación nacional (115 201 votos), lo que le permitió acceder a dos de los 70 escaños. La campaña fue adelantada solicitando el apoyo a todos los pastores, quienes movilizaron a los miembros de sus respectivas iglesias.11

En la ANC el movimiento planteó la necesidad de modificar el preámbulo de la Constitución, de tal forma que se mantuviera el nombre de Dios, pero se eliminara el carácter de Estado confesional ligado a la iglesia católica, es decir, que se estableciera la libertad de cultos oficialmente en el país. De igual forma, impulsaron el establecimiento de la libertad de enseñanza, la cual pretendía contrarrestar la enseñanza obligatoria de la religión católica (Semana, núm. 449, 1991). Con su presencia en la ANC, la cual tuvo una composición heterogénea y con minorías de los partidos políticos liberal y Conservador, se logró imprimir a la nueva Constitución un carácter pluralista, multicultural e incluyente, tras una larga historia de exclusión y de la primacía del catolicismo como religión oficial.12

A partir de su creación, el MUC ha actuado especialmente en Bogotá y aunque se define como una organización confesional,13 también ha planteado reivindicaciones de índole social general.14

Desde su participación electoral en 1990, el MUC ha tenido una presencia continua en el escenario político–electoral del país. En 1991 obtuvo escaños en el senado y en la Cámara de Representantes (con Fernando Mendoza Arcila y Vivian Morales, respectivamente) y para el periodo 1994–1998 fue elegido senador el ex miembro de la asamblea Nacional Constituyente, Jaime Ortiz. En estas elecciones se generó un debate interno por las candidaturas y se produjo una escisión en la que varias iglesias agrupadas bajo la denominación Movimiento Independiente Frente de Esperanza y Fe postularon a Viviane Morales a la Cámara de Representantes, y fue elegida. En las elecciones de 1998, el movimiento perdió sus escaños en el Congreso; por su parte, el Frente de Esperanza y Fe obtuvo un escaño en cada cámara (en el senado con Viviane Morales y en la Cámara de Representantes por la circunscripción de Bogotá con la ex actriz Nelly Moreno). Posteriormente, Viviane Morales estableció vínculos con el Partido liberal, de cuya dirección formó parte entre 1999 y 2001. En las elecciones de 2006 para el senado participó dentro de la lista del Partido liberal con voto preferente, pero no logró ser elegida.

Aunque en las elecciones de 1998, 2002 y 2006 el MUC no obtuvo escaños en el Congreso de la República, ha mantenido su participación electoral en los planos nacional y local, y obtuvo escaños en el concejo de Bogotá en las elecciones de 1997, 2000 y 2003. En las elecciones de 2006, regidas por las normas establecidas mediante la reforma política de 2003, el movimiento se adhirió al Partido Colombia Viva en cuya lista al senado participaron los pastores Víctor Velásquez (representante legal del movimiento) y Enrique Gómez, fundador de la iglesia Bethesda, considerada como una de las megaiglesias del país.15 En conjunto, la votación de ambos candidatos superó los resultados obtenidos en las elecciones anteriores del MUC; no obstante, ninguno de los dos logró ser elegido. Tras los escándalos por nexos de congresistas con los grupos paramilitares, donde el Partido Colombia Viva resultó involucrado, el pastor Enrique Gómez accedió al senado gracias a la pérdida de la investidura de los dos senadores elegidos por este partido.

La participación del MUC en estas elecciones se caracterizó por la expresión de cierto pragmatismo electoral que se expresó en la decisión de adherirse a otro partido, ante el riesgo que implicaba no superar el umbral o barrera electoral y con ello no ser incluido en la distribución de escaños de acuerdo con el método de cifra repartidora. Esta adhesión se concretó por la modalidad de lista con voto preferente, lo cual posibilitó la canalización individual del electorado y la etiqueta partidista jugó el papel práctico de "paraguas", bajo el cual se agruparon algunos candidatos de diversas procedencias, entre ellos muchos de los que habían sido expulsados de otros partidos por sus presuntos vínculos con grupos paramilitares.16 No obstante el pragmatismo, se presentaron dos candidatos, pastores de iglesias diferentes, lo cual fragmentó el electorado y limitó la posibilidad de acceder a un escaño.

 

Partido Nacional Cristiano (PNC)

El PNC fue creado en 1990 por la Misión Carismática Internacional, fundada en 1983 por César Castellanos y su esposa, Claudia Rodríguez, inicialmente como una pequeña congregación que rápidamente fue creciendo. su presencia en el escenario electoral se inició en 1990, cuando Claudia Rodríguez fue candidata a la presidencia de la República (obtuvo 33 645 votos, 0.5% del total de la votación). Este mismo año participó en las elecciones para la asamblea Nacional Constituyente, formando parte de la lista presentada por el MUC. El PNC se apoya en el movimiento que se ha ido expandiendo y que para 2005 contaba con 47 sedes en Colombia, España, Canadá, Estados Unidos y Chile (Semana, núm. 1217, 2005).

El PNC funciona sobre la base de una megaiglesia que, como lo planteábamos anteriormente, se caracteriza por poseer multitudinarias membresías; por el posicionamiento que sus líderes logran en los campos religioso, económico y social; por sus estrategias de optimización que considera que cada miembro de la iglesia representa un voto en la acción política y, en términos económicos, un diezmo; por contar con líderes carismáticos que a su vez son gerentes de empresas; por la realización de reuniones masivas; por el uso estratégico de los medios de comunicación; por tener liderazgos que se destacan por sus habilidades de administradores, que se muestran como ungidos para hacer curaciones y milagros y tienen una gran influencia sobre sus seguidores (Beltrán, 2003; 2007).

Desde sus comienzos, el movimiento ha estado dirigido por el núcleo familiar de los esposos César Castellano y Claudia Rodríguez, y el padre de ella, Alfonso Rodríguez, quien fue concejal de Bogotá por el Partido liberal. En su participación electoral para el periodo 1991–1994, Claudia Rodríguez de Castellano fue elegida al senado; para la Cámara de 1994–1998, Colin Campbell; Crawford Christie para el periodo 1998–2002; al senado fue elegido César Castellano, reemplazado por Luis Enrique Salas, quien luego fue reelegido para el periodo 2002–2006 por Bogotá en la Cámara. En las elecciones de alcaldes de 2000, el PNC postuló como candidata a la alcaldía de Bogotá a Claudia Rodríguez, quien obtuvo la tercera mayor votación (175 855 votos). En 2002 fue elegido al senado José María Villanueva, mientras que Claudia Rodríguez fue nombrada embajadora en Brasil, después de haber apoyado públicamente la candidatura de Álvaro Uribe Vélez, ganador de las elecciones. En 2006, el movimiento se adhirió al partido Cambio Radical17 y Claudia Rodríguez fue elegida de nuevo al senado mediante una lista con voto preferente.

En este caso, el éxito electoral ha sido mayor que el del MUC. El movimiento ha establecido una estrategia que ha demostrado ser funcional en el mantenimiento y reproducción de los fieles y de los electores. la estrategia se denomina G12 y consiste en que cada miembro de la organización, después de un proceso de adoctrinamiento en la escuela de liderazgo, debe reunir una célula integrada por 12 discípulos o seguidores a quienes debe iniciar en la fe, acompañar en su capacitación y convertir en jefes de sus propias células. El número de células y de personas que se vuelven líderes es indicador del carisma del líder y cada discípulo debe obediencia y sumisión a su líder o padre espiritual. Esta estrategia permite estructurar una organización de tipo piramidal y jerarquizada. En la parte superior de la pirámide está el gran profeta y enviado de Dios, rodeado de sus 12 servidores de mayor confianza. Cada miembro activo de la organización participa de las reuniones masivas en los coliseos, en las clases de las escuelas de liderazgo y en dos reuniones semanales obligatorias, una con sus 12 discípulos y otra con sus 11 condiscípulos; cada miembro se inserta así en una red de relaciones y vínculos comunitarios. Los compromisos económicos de los miembros incluyen el diezmo, las compras de las cartillas, las entradas a los conciertos y la matrícula en la escuela de liderazgo (Beltrán, 2004; Cepeda 2007). Esta estrategia de proselitismo se combina con la "escuela de líderes", que consiste en preparar a los seguidores durante un semestre en el estudio de la Biblia, doctrina básica, y la naturaleza y visión del grupo religioso. ambas estrategias son complementadas con el uso intensivo de los medios de comunicación, la radio y la televisión, así como una editorial propia que publica los folletos y libros de propaganda (Cepeda, 2007).

El PNC se caracteriza por su pragmatismo electoral, el cual se ha expresado en sus apoyos a las candidaturas presidenciales. En las elecciones de 1994 apoyó al candidato liberal Ernesto Samper, quien posteriormente legislaría en favor de las comunidades protestantes, impulsando la ley 133 de 1994. En las elecciones de 1998 apoyó al candidato liberal Horacio Serpa Uribe, quien en una reunión de la Misión Carismática Internacional fue honrado por el pastor César Castellanos; éste pidió el apoyo a los fieles para el candidato y profetizó que sería elegido presidente; sin embargo, perdió las elecciones (Beltrán, 2004). En las elecciones de 2002, en las cuales el candidato liberal serpa Uribe se enfrentó al candidato de una coalición multipartidista, Álvaro Uribe Vélez, el PNC brindó su respaldo a este último candidato, quien después de ganar las elecciones nombró a Claudia Rodríguez de Castellanos como embajadora en Brasil. De nuevo, en las elecciones de 2006 apoyó la candidatura a la reelección del candidato Uribe Vélez.

Durante todo el periodo 1990–2006, el PNC siempre ha contado con representación en las corporaciones públicas. Su mayor electorado está concentrado en Bogotá, en donde ha obtenido escaños en el concejo en las elecciones de 1997, 2000 y 2003.

 

Compromiso Cívico Cristiano con la Comunidad (C4)

Es la versión nacional de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo, promovida por el laico estadounidense William Bright desde mediados del siglo XX. En Colombia se denominó primero Cruzada Estudiantil Universitaria y se inició en Cali en 1963 en la Universidad del Valle, avalada por el movimiento universitario norteamericano Campus Crusade for Christ Internacional y dirigida por el ecuatoriano Néstor Chamorro Pesantes.18

Desde 1972 se extendió a otras ciudades del país, para 1977 tenía sedes en más de 30 ciudades. Desde 1992 su director operativo ha sido Jimmy Chamorro, hijo del fundador en Colombia de la Cruzada Estudiantil. Este movimiento se ha caracterizado desde sus orígenes por la utilización de convocatorias a concentraciones masivas de sus fieles, por la utilización de diversas emisoras de su propiedad (la cadena radial Colmundo Radio) y una profusa propaganda escrita (Semana, núm. 449, 1991; Cepeda, 2007).

El C4 incursionó por primera vez en el escenario electoral en 1991, después de la suspensión del mandato del Congreso de la República por parte de la asamblea Nacional Constituyente. Jimmy Chamorro fue elegido al senado; en las elecciones siguientes fue reelegido para los periodos 1994–1998, 1998–2002 y 2002–2006. Para las elecciones de 2006, Jimmy Chamorro reivindicó la autonomía del movimiento y anunció su candidatura al senado y la presentación de listas a la Cámara en 28 de los 32 departamentos del país. Aunque se plantearon invitaciones para integrarse a otros partidos, presentó sus propios candidatos al considerar que no encajaban en ninguno de los otros partidos políticos, respecto de los cuales expresó: "difícilmente uno puede encontrar una organización en la que no hayan mercaderes de la política, que llegan al Congreso de la República comprando votos o financiados por personas sospechosas, ya sea narcotraficantes o paramilitares" (El Tiempo, 3 de enero de 2006).

En las elecciones, la lista sin voto preferente obtuvo mayor votación que muchos de los candidatos que resultaron elegidos (86 609 votos), no obstante, no alcanzó a obtener el umbral o barrera electoral (establecida en 184 001 votos), por lo cual no fue tomado en cuenta en la distribución de escaños mediante la cifra repartidora. También perdió el escaño en el Concejo de Bogotá y su candidato para la circunscripción especial de Cámara para los colombianos en el exterior, Rubén Darío Pérez, pastor residente en Venezuela, tampoco obtuvo la curul.

Este movimiento ha defendido desde sus comienzos su sentido de comunidad religiosa y su propósito de ser parte de los procesos de decisión política. En sus estatutos fundacionales se planteaba al respecto:

es una asociación de ciudadanos, unidos por su fe en Jesucristo, hombre singular de la historia, como el más fuerte factor de cohesión social y la mejor garantía del futuro, y con el claro objetivo del desarrollo del individuo y la comunidad. Hombres y mujeres que a partir de esta experiencia personal con Dios han sido renovados para desarrollar dichos principios; y conscientes de la necesidad de participar en las justas democráticas y estar presentes en el proceso histórico de nuestra patria (Estatutos de Compromiso Cívico Cristiano).

De igual forma, el movimiento político se ha caracterizado por expresar un sentido de cruzada y "rescate" de los valores perdidos, un llamado al orden y a la armonía en la sociedad, bajo los principios de convivencia fundada en las creencias cristianas.19 El movimiento se presenta como la opción salvadora de la sociedad colombiana.20 Con un fuerte sentido mesiánico, se ha opuesto a la legalización del aborto y a la ley de uniones de homosexuales, y explica que dicha ley violaría la Constitución porque contradice la forma en que se constituye una familia en Colombia.

Además de sus planteamientos relacionados con los valores y el orden social, el senador Chamorro ha presentado iniciativas de reforma política a través de dos propuestas de referendo: el primero en 2000, orientado a revocar el Congreso y promover una reforma que eliminara las asambleas departamentales y redujera el tamaño del Congreso, y el segundo, en 2005, que planteaba la reelección de alcaldes y gobernadores. También fue el autor de la iniciativa que condujo a la aprobación en 2002 en el Congreso de Colombia de la aceptación del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, según el cual desde 2009 se podrá castigar delitos atroces que queden en la impunidad en el país www.terra.com.co/elecciones2006/partidos.

En términos operativos, ha funcionado con base en células, pequeñas agrupaciones encargadas del estudio de la Biblia y de la oración; éstas tienen un propósito de reclutamiento político–ideológico y algunas de ellas tienen un carácter familiar. su estructura organizativa ha estado encabezada siempre por un miembro de la familia, primero el padre, luego la madre (cuando falleció éste en 2003) y posteriormente el hijo. Existen directores de distritos, regionales y de división.

 

Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA)

En 1972 fue creada la iglesia de Jesucristo Internacional por parte de Luís E. Moreno y María Luisa Piraquive como un grupo de oración, cuando decidieron separarse de las iglesias pentecostales de las que habían formado parte. Tras la muerte de Luis Eduardo Moreno en 1996, su esposa le sucedió a la cabeza de la iglesia. Con su rápida expansión pasó a ser una organización consolidada con sedes en Estados Unidos, Ecuador, Panamá, Costa Rica y España.

Sobre la base de la iglesia, en 2000 se creó el movimiento político MIRA, el cual participó por primera vez en las elecciones de 2000, en las cuales obtuvo 53 curules en asambleas y concejos en todo el país, y en 2002 logró una curul en el senado con Alexandra Moreno. En las elecciones de 2003 obtuvo también un escaño en el Concejo de Bogotá, y de nuevo en 2006 participó con listas propias en las elecciones, en las cuales obtuvo dos escaños al senado (Alexandra Piraquive y Manuel Antonio Virgüez) y uno en la Cámara de Representantes en la circunscripción de Bogotá (Gloria Stella Díaz).

Según sus fundadores, el MIRA fue creado como un mandato divino. De acuerdo con su principal líder, "el espíritu santo se anticipó con revelaciones acerca de la iglesia y su participación en el gobierno, sólo que para ese entonces no podíamos siquiera imaginar el alcance de las mismas ni su significado. Inesperadamente Dios propició las cosas, movió los corazones e incitó la creación del Movimiento Político MIRA" (Cepeda, 2007). Con este tipo de justificación extra mundana, el MIRA se ha constituido en una empresa familiar política exitosa, que se ha expandido de forma gradual y le ha permitido a su líder principal acceder y mantenerse en el Congreso de la República desde su primera participación en las elecciones.

Aunque es el movimiento político confesional de más reciente creación, es el que mayor electorado ha logrado movilizar. En las elecciones de 2006 obtuvo de forma independiente la más alta votación alcanzada por un movimiento de índole confesional en el país, y en su proceso organizativo, para 2006 tenía directorios en 31 departamentos del país; sólo en Guainía, ubicado en la región selvática limítrofe con Brasil, no tenía presencia organizativa.

La iglesia y el movimiento político cuentan con más de 180 templos en 160 ciudades del país y funcionan como una empresa familiar: la señora María Luisa Piraquive es la cabeza visible de la iglesia y su hija, Alexandra Moreno Piraquive, ha sido senadora en dos periodos consecutivos y actúa como la líder del movimiento. El esposo de una sobrina, Carlos Alberto Baena, es pastor de la iglesia en Bogotá, y en 2003 fue elegido concejal de la capital. Otra característica del movimiento es su gran capacidad económica y su carácter empresarial. Con base en los diezmos y las ofrendas de sus miles de adherentes, se ha constituido en una sólida organización económica y política (Revista Cambio, 2005). Aunque es el movimiento político de índole religiosa más reciente, fue el que obtuvo la mayor votación en las elecciones de 2002 y de 2006 (véase el cuadro 2). De igual forma que las agrupaciones confesionales mencionadas, el MIRA utiliza las actividades religiosas con fines de proselitismo político, y en la competencia electoral logra movilizar de forma eficiente apoyos que le han permitido acceder al Congreso de la República y al Concejo de Bogotá.21

Comparte con las otras organizaciones confesionales protestantes la defensa de la estructura familiar y su rechazo a las propuestas de legalización del aborto en Colombia. El movimiento plantea que se deben mejorar las condiciones sociales y de educación sexual para prevenir embarazos no deseados y combatir la violación. Además, que se deben utilizar todos los medios médicos para detectar y tratar embarazos de riesgo para evitar que lleguen a poner en riesgo la vida de las madres. Asimismo, aunque apoya el respeto de las diversas minorías, se opone abiertamente a algunos derechos exigidos por los homosexuales, como la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.

 

LAS DINÁMICAS ELECTORALES DE LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS CONFESIONALES

La presencia de las organizaciones políticas confesionales protestantes en el escenario electoral durante el periodo 1990–2007 presentó cinco características centrales.

En primer lugar, en términos absolutos y relativos, han tenido un crecimiento sustancial de su electorado. A partir de la primera incursión de estas organizaciones en las elecciones de 1990, con motivo de la convocatoria a la asamblea Nacional Constituyente, han surgido nuevas agrupaciones y, en conjunto, sus electores se han multiplicado (véase el cuadro 2 y la gráfica 1). Producto de su éxito electoral han tenido presencia de forma continua en el Congreso de la República: en el senado con dos escaños en los periodos 1991–1994 y 1994–1998 y tres curules en los periodos 1998–2002, 2002–2006 y 2006–2010. En la Cámara de Representantes han obtenido un escaño en los periodos 1991–1994 y 2002–2006 y dos para los periodos 1994–1998 y 1998–2002. En las elecciones de 2006, la votación de todas las organizaciones confesionales cristianas superó los 400 mil votos y cerca de 5% del total de éstos. Dicho aumento del electorado se ha presentado con variaciones en la capacidad de movilización entre las distintas organizaciones. De acuerdo con el predominio de alguna de estas organizaciones, a lo largo del periodo se suceden tres momentos: inicialmente es el MUC el que logra mejores resultados (1990–1994), posteriormente el C–4 y el PNC (1994–2002), y en el último ciclo electoral el MIRA se constituyó en la organización de mayor éxito. Como ya lo mencionamos, ésta se ha expandido por todo el país y cuenta con una gran estructura económica, con un periódico, emisoras de radio y una programadora de televisión, elementos que le dan el carácter de megaiglesia.

En segundo lugar, no obstante sus rasgos comunes como minorías religiosas y políticas, las diversas organizaciones confesionales no han actuado de forma coordinada en las elecciones. Con excepción de la participación en la asamblea Nacional Constituyente, en la cual presentaron una sola lista, en todas las elecciones del periodo cada organización ha participado por su cuenta. Esto se explica por la existencia de una gran autonomía de las distintas iglesias, centradas en liderazgos de sus propios pastores, que en el momento de la competencia electoral actúan de forma fragmentada, como minorías dentro de una minoría, centradas en las aspiraciones del pastor y líder espiritual y político. Cada agrupación compite con base en sus propios fieles y los que éstos logren movilizar; y cuando han decidido actuar en alianzas, lo han hecho con otros partidos y no con agrupaciones protestantes. Se asumen como rivales en el mercado electoral.

Después de la reforma política de 2003, y ante los riesgos que podía implicar para las minorías políticas el establecimiento del umbral o barrera electoral, hubo un intento de unificación de los distintos partidos cristianos por iniciativa de Jimmy Chamorro del C–4, pero fracasó y en las elecciones se presentaron dos movimientos que conservaron sus etiquetas habituales (C–4 y MIRA), y otros dos optaron por presentar sus candidatos en listas con voto preferente dentro de otros partidos (los pastores del MUC en la lista del Partido Colombia Viva y el PNC en las de Cambio Radical). El pastor Enrique Gómez, quien se postuló dentro de la lista de Colombia Viva, planteó que su decisión le permitía diferenciarse de otros partidos cristianos que "utilizaban la palabra de Dios en beneficio propio".

En tercer lugar, todas las organizaciones políticas confesionales obtienen votos en la gran mayoría de las circunscripciones y presentan un bajo índice de concentración del electorado (véase el cuadro 3). El acceso a escaños en el senado por parte de estas organizaciones políticas, de igual forma que de otros partidos minoritarios del país, obedece al éxito de la estrategia dispersa que también ha dado resultado a las organizaciones étnicas indígenas. En estos casos, aunque Bogotá constituye la circunscripción en la cual obtienen mayor votación (con excepción del C–4, cuya fortaleza electoral es el Valle del Cauca), estos movimientos logran votos en todos los departamentos, lo cual da cuenta de la presencia de iglesias cristianas en todo el país, reforzada con la utilización intensiva de los medios de comunicación propios. No obstante, aunque el electorado disperso contribuye a la obtención de escaños a través de la circunscripción nacional para el senado, en las elecciones para la Cámara de Representantes ninguna de las organizaciones cristianas logra acceder a curules fuera de Bogotá.22

No fue sino hasta las elecciones de 2002 que la estrategia dispersa en las elecciones al senado dio mejores resultados a estas organizaciones, pues la gran fragmentación de los partidos liberal y Conservador, así como el surgimiento de numerosos pequeños partidos desagregados de éstos, generaba una amplia competencia intrapartidista, lo cual se expresaba en el número creciente de listas en disputa por escaños y en la exigencia de un número relativamente bajo de votos para obtener una curul. Con un distrito único nacional, con reglas laxas en la conformación de partidos y la inexistencia de umbral o barrera electoral, en el contexto de amplia fragmentación las organizaciones políticas confesionales cristianas obtuvieron siempre escaños en el senado. La situación en las elecciones para la Cámara de Representantes ha sido diferente. Con excepción de Bogotá, en donde han obtenido escaños, en estas elecciones los partidos pequeños debían competir con diversas facciones liberales y conservadoras, en algunos casos (pocos) también con otros nuevos partidos que contaban con una fuerte implantación electoral, lo cual dificultaba la obtención de escaños a partidos nuevos y minoritarios.

Después de la reforma política de 2003, las agrupaciones político–confesionales modificaron parcialmente sus estrategias electorales. Con el cambio institucional se estableció el umbral electoral, se instrumentaron las listas únicas con la posibilidad de voto preferente y se modificó la fórmula electoral del sistema Hare al D'Hond, con la modalidad de cifra repartidora. Los cambios generaron un nuevo escenario para los pequeños partidos, orientado a propiciar su agrupación, a riesgo de quedar excluidos de la representación y de perder el reconocimiento jurídico.23 La actuación de las organizaciones cristianas en el escenario electoral se vio afectada por la reforma: se generaron dos tipos de comportamientos. Dos organizaciones optaron por mantener su autonomía y presentarse solas a las elecciones, corriendo el riesgo de no obtener el umbral y con ello perder la posibilidad de obtener escaño y mantener el reconocimiento legal (el MIRA y el C–4). Mientras que el MIRA obtuvo dos curules en el senado y una en la Cámara, el C–4 no logró sobrepasar el umbral, aunque obtuvo la más alta votación de toda su historia. Otras dos organizaciones (el PNC y el MUC) optaron por incorporarse a otros partidos. De éstas, el PNC obtuvo una en el senado, en la lista de Cambio Radical, y la segunda, con dos candidatos diferentes, quedó marginada inicialmente del Congreso de la República, pero tras las investigaciones de vínculos entre congresistas y grupos paramilitares que condujeron a la cárcel a los dos senadores elegidos por Colombia Viva, el pastor Enrique Gómez accedió al senado.

La cuarta característica del desempeño electoral de estas organizaciones políticas se refiere a su fuerte implantación en Bogotá. su acceso a escaños en el Concejo de Bogotá se explica por la conjunción de dos factores: por una parte, debido a la mayor presencia de sus actividades religiosas en la capital, en la cual cuentan con sus "centros de operaciones", con todos los apoyos de infraestructura, los medios de comunicación, la mayor densidad de sus fieles y la presencia y contacto directo de sus liderazgos pastorales con los fieles y electores potenciales; por otra parte, gracias a las transformaciones que se han presentado en la política bogotana producto de los cambios institucionales establecidos por la Constitución de 1991. En primer lugar, al prohibirse la acumulación de mandatos a partir de la cual congresistas o diputados podían ser a la vez concejales, se liberó un espacio para la competencia y se empezó a superar la tradición según la cual las personalidades de los partidos tradicionales aglutinaban un gran electorado en las listas que encabezaban. Al ir desapareciendo la figura del gran elector se incrementó aún más la competencia intrapartido, se fragmentaron los electorados y los partidos pequeños encontraron más posibilidades de obtención de curules. El aumento de la competencia permitió que las votaciones se distribuyeran entre un número mayor de candidatos y con ello disminuyó el total de votos requerido para obtener un escaño. En segundo lugar, como ocurrió también en el Congreso de la República, la laxitud en los requisitos para crear partidos favoreció la aparición de nuevas agrupaciones políticas desde 1991, y aunque la reforma política de 2003 se orientó a incentivar la agrupación a través de la creación del umbral y las listas únicas, el reconocimiento legal de un partido se mantiene si éste obtiene representación en el Congreso de la República, y las nuevas agrupaciones políticas pueden presentar candidatos al cumplir con el requisito de recolección de firmas de ciudadanos que le sirven de respaldo (50 mil firmas). En tercer lugar, el aumento del tamaño del Concejo de Bogotá permitió también la llegada de nuevos partidos en el marco de un sistema más abierto y competitivo. El Concejo pasó de tener 20 miembros durante la década de 1990 a 28 en 1992, 35 en 1994, 40 en 1997, 42 en 2000 y 45 en 2003.

En el nuevo marco normativo se dio el aumento del número de partidos que tienen presencia en el Concejo de Bogotá, entre los cuales se encuentran las organizaciones cristianas que han incrementado su electorado en términos absolutos y relativos (véanse los cuadros 5 y 6).

Producto de la presencia de partidos nuevos y cada vez más numerosos que tienen éxito electoral y obtienen curules en el Concejo Municipal, Bogotá ha transitado de un alto predominio bipartidista a un sistema multipartidista. Esto constituye la expresión de la apertura de la oferta política y del surgimiento de nuevos comportamientos del electorado; en tal sentido se estarían presentando ciertos cambios en la cultura política, por lo menos en el electorado urbano. En 1990, sólo cuatro partidos tenían presencia en el Concejo de Bogotá, pero gradualmente va aumentando el número y en las últimas elecciones del periodo analizado (2003), ya bajo las reglas de juego establecidas por la reforma política, 13 partidos obtuvieron escaños y tres de éstos correspondieron a organizaciones cristianas.

En suma, las agrupaciones político–confesionales protestantes han logrado insertarse en la competencia electoral de forma exitosa en Colombia. su presencia en las elecciones y el acceso a las corporaciones públicas de elección popular ha representado la expresión de una ruptura de la hegemonía histórica del catolicismo en la sociedad colombiana; de igual forma, constituye la expresión de estrategias no coordinadas de grupos minoritarios que, no obstante, logran mantenerse en la política partidista con base en la movilización electoral que combina fidelidades religiosas con estructuras organizativas eficientes y liderazgos religiosos capaces de generar un sentido de pertenencia en miles de fieles adherentes que devienen en electores.

 

CONCLUSIONES

A la luz de los diversos enfoques que han analizado el surgimiento de partidos políticos, las organizaciones políticas confesionales en Colombia se explican desde un enfoque que combina dos factores. Por una parte, la existencia de una tradición organizativa con un sentido de comunidad y de fuertes lazos vinculantes con la presencia de liderazgos que logran movilizar un número de adeptos cada vez mayor. Por la otra, la presencia de cambios institucionales que impulsan el tránsito hacia lo político electoral en un nuevo contexto de apertura democrática y con nuevas oportunidades de acceso a espacios de poder político.

Desde esta perspectiva se superan los enfoques que centran el análisis en aspectos sociales, especialmente las fracturas sociales (cleavages), de igual forma que aquellos análisis neoinstitucionales que atribuyen a las reglas de juego un papel preponderante en la explicación del surgimiento de las organizaciones políticas y que desconocen los factores sociales e históricos. Igualmente, se reconoce el papel del liderazgo en los procesos políticos en determinados contextos sociales.

En cuanto a los nexos entre población–organización política, en términos de Alan Ware (1996), en este tipo de organizaciones existen vínculos de solidaridad e identificación con otros miembros de un grupo social concreto, que puede ser un grupo religioso o una comunidad lingüística. El tránsito de lo social a lo político se funda en estos nexos que se caracterizan por su estabilidad y por mantener la fidelidad frente a otras ofertas políticas. Como lo planteamos anteriormente: "un hermano vota siempre por un hermano". Los vínculos se refuerzan con un manejo sofisticado de sus propios medios de comunicación y se destaca la importancia de fortalecer la imagen del líder–pastor. Aunque predominan los incentivos colectivos y de identidad, en algunos casos también se ha recurrido a incentivos selectivos en el manejo del electorado.

La inserción en el espacio electoral de las organizaciones confesionales genera una dinámica de rápido crecimiento de adeptos de las diversas confesiones protestantes y evangélicas en competencia con la tradicional hegemonía católica. Una vez que obtuvieron escaños en la asamblea Nacional Constituyente en 1990, y desde 1991 en el Congreso de la República, las nuevas organizaciones se constituyeron, a su vez, en un medio para obtener beneficios materiales y simbólicos a través del establecimiento de leyes que reimpulsaron su consolidación.

Aunque Colombia sigue siendo una sociedad con una elevada presencia de católicos, el campo religioso se ha venido configurando de una forma más plural en las últimas décadas. Como expresión de la presencia de diversas iglesias protestantes en un nuevo contexto regido por instituciones que consagran la libertad religiosa y que han representado mayores posibilidades para la presencia de minorías políticas en el escenario electoral, desde comienzos de la década de 1990 surgieron organizaciones políticas vinculadas a iglesias protestantes que incursionaron en la competencia electoral de forma exitosa.

La presencia de este tipo de organizaciones políticas expresa la existencia de una mayor diversidad social y religiosa, especialmente en las últimas dos décadas. Los cambios institucionales coadyuvan a que se evidencie un fenómeno que estaba latente desde décadas anteriores y que en países como Guatemala, El salvador, Brasil, Perú o Venezuela ya habían transitado al escenario político electoral.

El éxito de estas organizaciones se ha expresado en su capacidad de movilización de electores con el propósito de acceder a escaños en las corporaciones de representación popular. Esta movilización presenta como rasgo particular la presencia de la categoría de elector–fiel, la cual expresa no sólo cierta fidelidad hacia la iglesia y a su líder–pastor, sino también la presencia de feligresía que deviene en electorado, de adhesiones fundadas en relaciones de pertenencia comunitaria, en las cuales el motor central movilizador gira en torno a incentivos de tipo colectivo.

La capacidad de movilización de este electorado confesional ha estado vinculada también al manejo intensivo de los medios masivos de comunicación, a la utilización de estructuras organizativas de las diversas iglesias y a la presencia de liderazgos que combinan el carácter religioso con la proyección política.

La expresión pastoreo electoral describe muy bien este tipo de organizaciones que compiten no sólo con otros partidos, viejos y nuevos, tradicionales o emergentes, sino también con otras organizaciones de similares características. la competencia entre diversas organizaciones confesionales devela la presencia de un campo religioso que comparte ciertos atributos, pero que también expresa divergencias surgidas por la presencia de rivalidades entre los pastores–líderes y entre iglesias que se disputan un sector creciente de la sociedad que busca alternativas en el campo de las creencias religiosas.

 

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Notas

1 Este artículo fue elaborado gracias a la contribución del Programa Regional de Becas del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso). El trabajo forma parte de los resultados del proyecto "Colombia: subinstitucionalización organizativa del bipartidismo y emergencia de alternativas políticas" que fue premiado con una beca de investigación en el Concurso Partidos, movimientos y alternativas políticas en América Latina y el Caribe, Programa de Becas Clacso–Asdi de promoción de la investigación social, convocado en 2005 en el marco del Programa de Becas Clacso–Asdi para investigadores semisenior de América Latina y el Caribe. El autor agradece al politólogo Sergio García sus aportes a este trabajo como asistente de investigación.

2 Con Amorin y Cox (1997) podemos definir los cleavages como las diferencias sociales duraderas que pueden resultar politizadas, o pueden permanecer latentes, e implican la presencia de fracturas o divisiones étnicas, religiosas, de lengua, de ocupación, o divisiones en las cuales los grupos han desarrollado identidades colectivas sobre la base de la existencia de una organización, como iglesias o sindicatos.

3 En la formulación de Lipset y Rokkan se planteaba al respecto: "las maniobras electorales pueden impedir o demorar la formación de un partido, pero una vez que éste ha tomado forma y se ha asentado, resulta difícil cambiar su carácter modificando tan sólo las condiciones de agregación electoral. En realidad, en la mayoría de los casos, tiene poco sentido tratar los sistemas electorales como variables independientes y los sistemas de partidos como dependientes. Los estrategas de los partidos tendrán en general influencia decisiva sobre la legislación electoral y optarán por los sistemas de agregación que consoliden su propia posición, bien a través de un aumento de su representación, a través del refuerzo de las alianzas preferidas o a través de mecanismos contra movimientos de escisión. En términos teóricos, quizá pueda tener sentido la hipótesis de que sistemas de mayoría simple originarán oposiciones bipartidistas en los sectores culturalmente más homogéneos de un Estado y sólo generarán otros partidos a través de divisiones territoriales. Sin embargo, la única base convincente para esta generalización procede de países con una historia continuada de agregación de mayoría simple desde los inicios de la política democrática de masas. Hay pocas pruebas firmes y mucha inseguridad en cuanto a los efectos de posteriores cambios en las leyes electorales sobre los sistemas de partidos: una razón simple es que los partidos ya asentados en el Estado influirán mucho en la amplitud y la dirección de estos cambios y, cuanto menos, se mostrarán reacios a que se les borre de la existencia por una votación" (1967: 262).

4 Estas consideraciones respecto del surgimiento y consolidación de las iglesias protestantes en América Latina se basan en Bastian, 1994 y 1997, y en Scháfer, 1992.

5 En algunos países, la influencia llegó hasta la cúspide del poder político, como lo señala Bastian (1997: 158–159, nota 2). "se trata del evangélico bautista Carlos García, vicepresidente de Perú (1991–1992); del pentecostal Jorge serrano Elías, presidente de Guatemala (1991–1993) y de su vicepresidente evangélico Gustavo Espina Salguero; del prebisteriano Godefrodo Marín, candidato a la elección presidencial venezolana en 1987; del dirigente de la secta pentecostal de los israelitas, Ezequiel Ataucusi, candidato a las elecciones presidenciales peruanas en 1991 y en 1995; de la congregacionalista Iris Machado Rezende, candidata a las elecciones primarias del PMDB [Partido do Movimento Democrático Brasileiro] para la selección del candidato a las elecciones presidenciales brasileñas de 1989 y a la vicepresidencia por el mismo partido en 1995. Además, cabe señalar las tentativas fracasadas del general Efraín Ríos Montt, pentecostal, a la candidatura presidencial guatemalteca en 1990 y en 1995".

6 Durante este periodo surgieron diversas iglesias que se autodenominaban como históricas: presbiterianas, luteranas, bautistas, metodistas, calvinistas y menonitas. La primera iglesia bautista se habría establecido en San Andrés y Providencia en 1845 (Cepeda, 2007).

7 De acuerdo con Juana de Bucana (1995), entre 1930 y 1945 se establecieron en Colombia veinte iglesias protestantes: los bautistas independientes, en 1930, procedentes de Brasil; la Iglesia Misionera Independiente en 1930; la asamblea de Dios en 1932, procedente de Venezuela; los Hermanos Unidos en 1933; la Pro–Cruzada Mundial en 1933, los esposos Clark en 1937 y la Misión santidad del Calvario, procedentes de gran Bretaña; la Misión latinoamericana en 1937, llegada de Costa Rica; la Iglesia Cuadrangular en 1942, procedente de Estados Unidos; la Misión Indígena de sur América en 1934; la Misión luterana Evangélica en 1936; la Misión de los andes en 1939; la Misión Bautista del sur en 1941; la Iglesia Metodista Wesleyana en 1942; la Unión Evangélica América del sur en 1942; la sociedad Misionera Interamericana en 1943; los Hermanos Menonitas en 1945, y la Iglesia Evangélica Menonita en 1945.

8 Entre 1958 y 1976 arribaron al país las siguientes iglesias: la Cruzada Hispanoamericana (1958), la Iglesia de Dios (1958–1960), la Iglesia de Dios Pentecostal (1958–60), la Misión de las Tribus Nuevas (1958–60), Misiones Mundiales (1958–60), la sociedad de amigos (1960), la sociedad Misionera latinoamericana (1960), la Iglesia de Dios (1961), la Iglesia Menonita (1964), la Iglesia Evangélica Enmaus (1970), la Iglesia Evangélica Filadelfia (1974) y la Iglesia del Nazareno (1976) (de Bucana, 1995).

9 El número de miembros de estas iglesias se fue incrementando especialmente en la década de 1990, y oscilaría entre 5% y 10% de la población total de 40 millones de habitantes (Moreno, 2002).

10 La ley establece que el Estado garantiza el derecho fundamental a la libertad religiosa y de cultos. Ésta reconoce la diversidad de las creencias religiosas, las cuales no constituirán motivo de desigualdad o discriminación ante la ley que anulen o restrinjan el reconocimiento o ejercicio de los derechos fundamentales. De igual forma, mediante el Ministerio de gobierno se reconoce personería jurídica a las iglesias, confesiones y otras denominaciones religiosas, así como a sus federaciones, confederaciones y asociaciones que lo soliciten. la ley determina que las iglesias y confesiones religiosas con personería tendrán, entre otros derechos, los siguientes: a) crear y fomentar asociaciones, fundaciones e instituciones para la realización de sus fines con arreglo a las disposiciones del ordenamiento jurídico; b) adquirir, enajenar y administrar libremente los bienes muebles e inmuebles que consideren necesarios para realizar sus actividades; c) ser propietarias del patrimonio artístico y cultural que hayan creado, adquirido con sus recursos o esté bajo su posesión legítima, en la forma y con las garantías establecidas por el ordenamiento jurídico; d) solicitar y recibir donaciones financieras o de otra índole de personas naturales o jurídicas y organizar colectas entre sus fieles para el culto, la sustentación de sus ministros y otros fines propios de su misión; e) tener garantizados sus derechos de honra y rectificación cuando ellas, su credo o sus ministros sean lesionados por informaciones calumniosas, agraviantes, tergiversadas o inexactas.

11 Véase al respecto "somos juristas cristianos". Entrevista con Jaime Ortiz Hurtado. El Espectador, 12 de diciembre de 1990, p. 12a, y "El pastor que sorprendió al país", El Tiempo, 12 de diciembre de 1990, p. 3a.

12 La iglesia católica reaccionó en contra de la nueva carta política. En la Conferencia Episcopal celebrada en el mes de septiembre de 1991, la iglesia católica planteó que la nueva Constitución desconocía la historia y la religión predominante del país y era mezquina con Dios: "la Constitución desconoce el ‘hecho católico' colombiano y, por tanto, desconoce un elemento constitutivo de la identidad misma del país. Parecería hecha para ciudadanos de otras latitudes y de otros credos. Los constituyentes católicos no estuvieron a la altura en la defensa de los principios de fe que el pueblo católico, que los eligió, tenía derecho a esperar de ellos. Al invocar esta realidad sociológica, no es nuestra intención lamentar la desaparición de un supuesto privilegio sino referirnos al deber que tiene el Estado de respetar y atender un derecho fundamental del hombre, el religioso. En el caso de nuestra patria nadie puede negar la indiscutible mayoría católica del país. En la memoria histórica cultural de nuestra Nación debe aparecer, como fundamento de todo ordenamiento jurídico, la realidad de su ethos plasmado en todo un proceso de siglos. En el preámbulo, después de muy discutibles consideraciones, los Constituyentes fueron mezquinos con Dios al recortar expresamente sus atributos y obraron de espaldas a la historia de quinientos años de catolicismo en la Nación" (Conferencia Episcopal de Colombia. LVI asamblea Plenaria Extraordinaria, 16 a 18 de septiembre de 1991).

13 En sus estatutos se plantea al respecto: "el marco ideológico a partir del cual el movimiento se propone realizar su gestión pública en la vida de la sociedad y del Estado, tiene como principio fundamental el seguimiento de las enseñanzas contenidas en la santa Biblia, asumida en su integridad, como lo que es para la fe cristiana y, consecuentemente lo que ella ofrece a la sociedad colombiana en todos los órdenes de la vida individual y social […]. El movimiento Unión Cristiana es un medio legítimo para los cristianos de acceder a niveles de responsabilidad en el manejo del Estado, a fin de contribuir en la construcción de una sociedad influida por los principios de la palabra de Dios en todos los órdenes" (Estatutos Movimiento Unión Cristiana, capítulo II, artículos 5 y 6. sin fecha.).

14 En términos genéricos sus estatutos plantean que el movimiento propende por lograr la convivencia pacífica, consolidar un Estado social y democrático de derecho que asegure el imperio de la ley y la realización de la dignidad integral del hombre, establecer la justicia social dentro una equitativa distribución de la riqueza y de oportunidades, garantizar la libertad de empresa y la propiedad e iniciativa privada y el desarrollo y la modernización de los diferentes sectores de la economía, especialmente de la economía solidaria (Estatutos Movimiento Unión Cristiana, capítulo II, artículo 6). Con motivo de la elección a la ANC, Jaime Ortiz planteó al respecto: "lo que hemos venido promoviendo en las iglesias y en la calle a través de nuestra propaganda es una verdadera libertad de conciencia y de religión, la defensa y vivencia real de los derechos humanos, la oportunidad para abogar por una verdadera justicia social, un servicio civil compensatorio como alternativa al servicio militar obligatorio y una mejor distribución de la riqueza y equilibrio en las oportunidades" (El Espectador, 12 de diciembre de 1990).

15 El Centro Misionero Bethesda funciona como una megaiglesia que cuenta con 140 iglesias en todo el país, tiene nueve emisoras que transmiten programas cristianos todos los días y dos canales de televisión; posee además un centro de formación técnica, un colegio y un instituto bíblico (Vélez, 2006). En 2006 incursionó por primera vez en la competencia electoral con la candidatura al senado del pastor y principal líder Enrique Gómez, quien formó parte de la lista con voto preferente del Partido Colombia Viva. la participación en política de este pastor cristiano es diferente a la de quienes han creado su propia organización política con base en iglesias protestantes. En su primera incursión en las elecciones, lo hizo dentro de un partido y no a nombre del MUC.

16 Colombia Viva surgió en 2003 como resultado de la reforma política. Para las elecciones de 2006 el partido empezó a disolverse, pues sus miembros prefirieron unirse a otras agrupaciones políticas que apoyaban al presidente y candidato Uribe Vélez. En las elecciones de 2006, la lista de Colombia Viva estuvo encabezada por el pastor cristiano Enrique Gómez y logró obtener las curules en el senado para Dieb Maloof, Vicente Blel y Habib Merheg, los cuales fueron detenidos por orden de la Corte suprema de Justicia a comienzos de 2007, acusados de vínculos con el paramilitarismo, fraude electoral y colusión para delinquir (El Tiempo, 17 y 19 de octubre de 2004 y 16 de febrero de 2007; Revista Semana, núm. 1294, 2007).

17 Este partido fue creado en 1998 por un grupo de políticos que habían hecho parte del Nuevo liberalismo, movimiento liderado por Luis Carlos galán, quien luego fue asesinado. En las elecciones de 2002 avaló candidaturas de varios liberales que abandonaron este partido para apoyar la candidatura de Álvaro Uribe Vélez. Después de las elecciones de 2002, el movimiento atrajo a otros movimientos que habían coexistido dentro del Partido liberal: Colombia siempre, Movimiento sin Corrupción Colombia y Voluntad Popular; a él se sumaron posteriormente otros congresistas y ex dirigentes del Partido liberal. En las elecciones de 2006 obtuvo 15 escaños en el senado y 21 en la Cámara de Representantes; posteriormente, cuatro representantes a la Cámara y dos senadores del partido fueron vinculados a procesos penales por vínculos con grupos paramilitares (véase: www.terra.com.co/elecciones_2006/partidos/12–01–2006).

18 Cuando el movimiento surgió, predominaba en las universidades colombianas un ambiente político dominado por organizaciones de izquierda múltiples y diversas, las cuales comenzaron a calificarlo de avanzada ideológica y política del imperialismo norteamericano (véase al respecto Cepeda, 2007).

19 En sus estatutos se establece: "porque aunque vivimos en una época sin precedentes en cuanto a los avances y conquistas realizados por el hombre, como nunca antes nos vemos avocados a crisis y conflictos sin precedentes. Se han perdido los valores que le dan sentido a la vida, y por ello nuestra sociedad se encuentra afectada por diferentes problemas como el divorcio, el deterioro de las relaciones entre padres e hijos, la pereza, la mediocridad y la falta de liderazgo efectivo en todos los niveles, que exigen una respuesta integral. Porque hay desempleo, hambre, miseria, ansiedad, depresión, dudas, inseguridad; factores que nos llevan a ver cómo ante nuestros propios ojos se destruyen la armonía y la paz. Porque es axiomático el hecho que de nada sirve cambiar las estructuras entre tanto la naturaleza humana permanezca igual" (Estatutos de Compromiso Cívico Cristiano: 1).

20 Al respecto plantean sus estatutos: "el Compromiso Cívico Cristiano con la Comunidad pretende ser, para la clase dirigente, para el líder y todo aquel que influya en la vida de los hombres, como aquel sonido de trompeta que alerta por un despertar del espíritu y la conciencia, para que vuelvan su mirada a Dios y recurran a su sabiduría. ¿En qué forma lo haremos? Todo recurso que Dios ponga en nuestras manos servirá, y seguramente lo utilizaremos al máximo. Con premura, con afán, pues el gemir del pueblo de Colombia se hace cada vez mayor, y es en la clase dirigente en donde deben generarse las soluciones. Creemos que Dios respalda la autoridad y muestra su favor hacia aquellos que se deciden por obrar bien" (Estatutos de Compromiso Cívico Cristiano: 1).

21 Con base en un video realizado por la revista Cambio, se plantea una descripción de la realización de una de las intervenciones del pastor de la iglesia y concejal de Bogotá: "El diablo quiere acabar con el MIRA y ese gusto no se lo vamos a dar. Quiero ser muy sincero con ustedes: llevo tres años en el Concejo de Bogotá y me he dado cuenta de cómo trabajan ellos (los concejales). Son implacables y compran votos y sólo van por los votos. Nos toca hacer igual, ser astutos. Me adelanto: el próximo año, cuando abran elecciones, voy por la gente y la inscribo. Permítanme la sinceridad. Y en marzo del 2006 voy y los recojo y los llevo a la urna y me cercioro si mis votos aparecen. No hay otra opción". De igual forma, el artículo describe cómo se realiza el proceso de recolección de fondos, que ha permitido que el movimiento maneje sumas millonarias en sus campañas: "poco antes de empezar, los asistentes recogen sobres dispuestos en dos repisas, una a cada lado del salón, les meten billetes y luego los introducen por unas ranuras que hay en las paredes y que llevan a una bóveda blindada. Finalizada la colecta, un pastor entona cánticos para iniciar la ceremonia que dura más o menos 90 minutos. aparte de los seis mil asistentes al templo de las Ferias, entre 20 mil y 25 mil seguidores de esta iglesia acuden el domingo a los 180 templos restantes en 160 ciudades y pueblos del país" (Revista Cambio, 2005).

22 En Colombia, el Congreso de la República está conformado por dos cámaras: el senado, en el cual se elige una circunscripción nacional con 100 escaños y dos más para los grupos indígenas en un distrito especial; y la Cámara de Representantes, conformada por 166 escaños elegidos, de los cuales 161 son de distritos departamentales, dos de distrito especial para los grupos indígenas, dos de distrito especial para las minorías negras y uno de los colombianos que residen en el exterior.

23 La reforma estableció que sólo los partidos que obtuvieran un mínimo equivalente a 2% del total de los votos de cada elección para el senado podrían acceder a escaños y mantener su reconocimiento legal, y para las demás elecciones (Cámara de Representantes, Concejos Municipales y asambleas Departamentales) el umbral sería de 50% de la aplicación de la fórmula del cociente electoral. Cuando un distrito para Cámara sólo elige dos escaños, el umbral está representado por 30% del cociente electoral. Estos umbrales representan un obstáculo para muchos pequeños partidos que deben decidir desaparecer o agregarse a otros partidos. Las nuevas organizaciones que desearan presentarse a las elecciones podrían hacerlo mediante la consecución de 50 mil firmas de apoyo de ciudadanos.

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