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Revista mexicana de sociología

versión On-line ISSN 2594-0651versión impresa ISSN 0188-2503

Rev. Mex. Sociol vol.71 no.3 Ciudad de México jul./sep. 2009

 

Reseñas

 

Arturo Lara Rivero, coord. Co–evolución de empresas maquiladoras, instituciones y regiones: una nueva interpretación

 

Óscar F. Contreras

 

(México: UAM/ADIAT/Miguel Ángel Porrúa, 2007), 305 pp.

 

* El Colegio de Sonora. Centro de Estudios México–Estados Unidos, Universidad de California

 

Los estudios sobre las maquiladoras en México proliferaron a partir de los años ochenta del siglo pasado, cuando el crecimiento exponencial de este tipo de empresas las llevó a tener un peso cada vez mayor en los indicadores industriales y laborales del país. A partir de entonces las maquiladoras se convirtieron en uno de los fenómenos más estudiados y debatidos de la realidad mexicana, debido a su creciente relevancia económica y social, pero también en parte debido a la fuerte carga política e ideológica asociada a su evaluación; de manera implícita o explícita, el análisis de las maquiladoras suponía una toma de posición frente al modelo exportador adoptado como la principal estrategia de desarrollo en el país.

Durante algún tiempo el enfoque dominante en los estudios académicos fue el de la corriente "neotaylorista", una perspectiva particularmente crítica en relación con los impactos económicos y sociales de las maquiladoras en México. Entre las contribuciones más valiosas de esta corriente está el haber mostrado algunos de los aspectos más negativos de las maquiladoras: los bajos salarios como principal ventaja competitiva; los casi nulos encadenamientos productivos en la economía nacional; la intensificación del trabajo como estrategia para elevar la productividad; el deterioro ambiental resultante de una promoción indiscriminada y sin regulación y, en fin, los diversos mecanismos de control y subordinación de la fuerza de trabajo en el interior de la empresa.

Sin embargo esta perspectiva tuvo también grandes limitaciones, entre ellas la asimilación de los diversos y complejos procesos sociales de la empresa como meras estrategias gerenciales para el reforzamiento del control sobre la fuerza de trabajo. Este tipo de reduccionismo impidió que se analizaran adecuadamente las intensas transformaciones que las empresas maquiladoras empezaron a experimentar a finales de la década de 1980 y a lo largo de la de 1990. La introducción de nuevas tecnologías y nuevos métodos de gestión fue interpretada como una estrategia empresarial para intensificar las cargas de trabajo, reforzar los controles sobre el proceso productivo e incrementar la fragmentación y manipulación de los trabajadores. En una expresión que resumía bien la visión neotaylorista sobre los cambios en las maquiladoras, Alain Lipietz llegaría a decir, a finales de los ochenta, que se trataba de una "japonización de pacotilla". Con una formulación más analítica de esta apreciación, Enrique de la Garza habla de "toyotismo precario".

Pero quizá más pernicioso que este equívoco conceptual es el supuesto, ampliamente difundido entre los académicos adscritos a esa perspectiva, de que la tarea del análisis académico consiste en combatir este modelo de industrialización, en vez de explicar la trayectoria del modelo industrial, los procesos sociales de la empresa y sus relaciones con el entorno.

Hacia la segunda mitad de la década de 1990 ya era claramente identificable una corriente de pensamiento que desafiaba los planteamientos y las conclusiones de la corriente dominante. El cambio de enfoque se inició con la discusión del mismo tipo de problemas (reestructuración productiva, flexibilidad laboral), pero exploró otras opciones teóricas en busca de una mejor comprensión del mundo de la empresa.

Si bien durante los primeros años las bases teóricas para esta re–conceptualización no fueron siempre explícitas o consistentes, paulatinamente tanto su genealogía como su plataforma se han venido sistematizando. En este proceso ha tenido un papel destacado lo que se puede denominar genéricamente como el grupo Colef, aunque en realidad El Colegio de la Frontera es el nodo de una amplia red en la que participan investigadores de varias instituciones del norte de México. El grupo Colef , dentro del cual destaca el trabajo de autores como Jorge Carrillo, Alfredo Hualde y Rocío Barajas, entre otros, ha producido una gran cantidad de investigación empírica durante los últimos 20 años. Entre los temas abordados por estas investigaciones están la introducción de nuevas tecnologías, las nuevas prácticas gerenciales, los cambios en la composición de la fuerza de trabajo, los cambios en la organización de la empresa y la conformación de redes y conglomerados.

Por otra parte, aunque el trabajo de este grupo se desarrolló en buena medida en una constante polémica con la tradición neotaylorista dominante, por lo general se trató de una polémica implícita, episódica, y a veces puramente emocional. Más que una confrontación teórica o metodológica, se confrontaron conjuntos heterogéneos de conceptos y variables; más que un debate que permitiera confrontar la capacidad explicativa de las teorías, se confrontaron dos estrategias de evaluación centradas en las implicaciones políticas, en cuyos extremos subyace una visión que liga de manera más o menos mecánica la organización de la producción y del proceso de trabajo con las formas de dominación y manipulación de los trabajadores, frente a otra que asocia acríticamente las nuevas tecnologías y los nuevos métodos de gestión con el desarrollo y la modernización.

Hacia finales de la década de 1990, se produce la convergencia del grupo Colef con otra red académica que se puede denominar, también genéricamente, el grupo UAM–X (en realidad, otro nodo en el que participan investigadores de diversas instituciones del centro del país). Aunque sin la experiencia del grupo Colef en la investigación empírica, el grupo UAM–X había elaborado una plataforma teórica y metodológica más sofisticada, en conexión con la tradición de pensamiento latinoamericano sobre los problemas del desarrollo económico, pero sobre todo con los planteamientos más recientes de la economía institucionalista y evolucionista, para abordar temas como el aprendizaje tecnológico; los problemas de la adaptación, cooperación y formación de redes, y las relaciones de la empresa con el entorno institucional. Entre los investigadores de este prolífico grupo se encuentran Gabriela Dutrénit, Arturo Lara, Daniel Villavicencio, Alexandre Vera–Cruz y Mónica Casalet, entre otros.

Aunque estos dos grupos ya habían tenido diversos contactos previos, el marco donde se produce una colaboración más orgánica es el proyecto sobre "Aprendizaje tecnológico y escalamiento industrial. Generación de capacidades de innovación en la industria maquiladora de México", iniciado en 2001 bajo los auspicios de Conacyt. El libro aquí reseñado es uno de los muchos productos generados por ese proyecto.

El volumen, coordinado por Arturo Lara, está conformado por ocho capítulos que abordan un amplio espectro de problemas que van desde una visión macroeconómica sobre el impacto de las maquiladoras en la economía nacional hasta los micro–mecanismos del aprendizaje tecnológico en las empresas.

Uno de los capítulos (el segundo, de Mario Capdeville) ofrece una visión de conjunto sobre el impacto de las maquiladoras en la economía mexicana, en el marco de la globalización de los procesos productivos; el capítulo 3, de Arturo Lara, Carlos Hernández y Luz M. Sánchez, analiza la industria electrónica desde la perspectiva de la formación de clusters productivos; el capítulo 4, de Gabriela Dutrénit y Alexandre Vera–Cruz, se ocupa del proceso de acumulación de capacidades tecnológicas en tres grandes empresas instaladas en Ciudad Juárez; el capítulo 5, de Arturo Lara, Alejandro García y Jaime Arellano, aborda el proceso mediante el cual la evolución tecnológica y organizacional de las maquiladoras de autopartes implica un proceso de "co–evolución" de los talleres de maquinados locales; el capítulo 6, de Alexandre Vera–Cruz y Gabriela Dutrénit, analiza el mismo tipo de fenómeno, pero desde la perspectiva de la derrama de conocimiento por parte de las empresas transnacionales y el proceso de absorción por parte de las pequeñas empresas y las instituciones locales; este tema es retomado en el capítulo 7, de Anne–Gaëlle Croguennec y Arturo Lara, al analizar las relaciones entre empresas e instituciones en el interior de los clusters; por último, en el capítulo 8, Daniel Villavicencio analiza el proceso de consolidación de un entorno institucional en la frontera norte de México como resultado de la evolución de la industria maquiladora.

Mención aparte merece el primer capítulo, escrito por Arturo Lara, que propone un estimulante ejercicio de reconstrucción del programa de investigación implícito en la interpretación que de manera conjunta han venido desarrollando los grupos Colef y UAM–X. A partir de una lectura basada en la teoría evolutiva y con el interés centrado en los microfundamentos de los procesos de aprendizaje, adaptación e innovación, Lara intenta fundamentar la coherencia, continuidad y viabilidad de una trayectoria dispersa que ahora pretende reconocerse a sí misma como una tradición intelectual.

Más que reseñar puntualmente las contribuciones de cada uno de los trabajos, a continuación se comentan brevemente las dimensiones analíticas que atraviesan los estudios contenidos en el libro.

La primera dimensión se refiere a la articulación de lo global con lo local, centrando la atención en la dinámica de derrama y absorción de conocimiento en el marco de las redes globales de producción. Las relaciones de las empresas transnacionales con el medio local presentan un doble carácter: por un lado, las presiones del mercado global obligan a la provisión de capacidades externas, dando lugar a derramas de conocimiento en las localidades donde operan; por otra parte, los agentes locales (empresas, instituciones) sólo pueden absorber efectivamente el conocimiento diseminado si han desarrollado sus propias capacidades. La internalización del conocimiento requiere particularmente de un esfuerzo de apropiación tanto a nivel individual como organizacional, de ahí que para esta perspectiva el medio local adquiera un papel activo y no sólo sea un recipiente de decisiones externas.

La segunda dimensión relevante es la del entorno en el que operan las empresas. En este caso el énfasis analítico atañe en principio a los diversos vínculos y redes que influyen en el desempeño de las empresas y, más en general, en la operación de los mercados. El análisis de las condiciones del entorno que hacen posible la innovación y la creación de capacidades locales remite a los procesos de aprendizaje colectivo, en los que juega un papel central tanto el contexto territorial de los procesos de aprendizaje como la proximidad organizacional y cultural de los agentes.

Finalmente, la tercera dimensión es la referida a los procesos internos de la empresa. Porque el conocimiento no sólo representa la capacidad de elaborar nuevos conocimientos productivos, nuevos productos y procesos, sino también nuevas formas organi–zacionales. No basta con encontrar o recombinar las "rutinas" para adaptarlas a las condiciones del mercado: la innovación puede tener fuentes exógenas, pero también intervienen fuentes endógenas.

Así, las ventajas competitivas de la empresa derivan no sólo de sus capacidades tecnológicas y productivas, sino, de manera especial, de sus capacidades cognitivas. Éstas se basan en los procesos de percepción, interpretación y evaluación desarrollados al interior de la organización por los individuos que la conforman generando formas de interpretación cognitiva similares y lenguajes compartidos. El alineamiento de las percepciones supone una reducción de la distancia cognitiva entre los distintos agentes que interactúan, tanto en el interior de la empresa como en la relación entre empresas, y entre éstas y las instituciones.

En conjunto, se trata de una obra estimulante y novedosa, en la medida en que amplía el horizonte de interpretación no sólo del fenómeno de las maquiladoras, sino de las complejas articulaciones entre las empresas transnacionales y las economías y sociedades locales.

Una obra que además nos recuerda que la utilidad social del conocimiento está mediada por su capacidad explicativa y por el uso que hacen de él los actores, no por las buenas intenciones de los autores.

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