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Revista mexicana de sociología

versión On-line ISSN 2594-0651versión impresa ISSN 0188-2503

Rev. Mex. Sociol vol.69 no.4 México oct./dic. 2007

 

Reseñas

 

Ana Kipen, y Mónica Caterberg. Maltrato, un permiso milenario. La violencia contra la mujer

 

Maribel Hernández Cruz*

 

(España: Ediciones Interpón Oxfam, 2006), 203 pp.

 

* Facultad de Filosofía y Letras Universidad Nacional Autónoma de México

 

Las normas familiares, escolares, religiosas, entre otras, han sido el factor principal para reproducir las formas en que somos educadas las mujeres y los hombres; de ahí que estas normas también proveen formas de exclusión, marginación y desigualdad en la sociedad. El libro El maltrato, un permiso milenario, presenta la problemática de esta normatividad social en favor de la violencia contra las mujeres, así como el "permiso" de seguir educando bajo este precepto. De manera general, en el trabajo se comenta cómo repercute la violencia en la vida de las mujeres y qué claves educativas pueden ser viables para transformar esta problemática.

La primera parte del libro muestra de manera sustanciosa un recorrido sobre la historia de las mujeres. Este espacio del texto lo ocupan las autoras para ubicarnos desde dónde hemos sido construidas para llegar a ser las que ahora estamos aquí, en este espacio del camino histórico. El primer capítulo plantea el concepto mujer a través de la historia. Es fundamental considerar cómo al analizar la historia que nos construye, observamos cada pequeño escenario en donde se reproduce el sexismo; por ello considero necesario el trabajo de Mónica Caterberg y Ana Kipen, ya que sus aportaciones sobre el maltrato a las mujeres enriquecen las reflexiones sobre el género, la sociedad y la educación.

La sociedad, al estar regida por un aparato ideológico dominante, guía y domestica a los sujetos y acentúa la desigualdad de género. Es por ello que comparto con las autoras el hecho de que en la identidad se gesta la violencia, ya que asumimos ciertos roles, mandatos y estereotipos en nuestra identidad. No obstante, es por medio de las relaciones de género y la educación que se tiene la posibilidad de recrear la experiencia social. Las autoras presentan un escrito bien construido, esclareciendo el estado actual de la violencia a partir de la identidad de género.

A través del libro encontramos de qué forma la violencia es parte de la historia que se ha perpetuado de generación en generación y que hoy, sin duda, estamos trabajando para erradicarla. Desde el punto de vista de las autoras, la violencia

es el fracaso en la construcción de nuestra condición humana, de nuestra capacidad de comunicación y diálogo, y ejemplo claro de nuestra incapacidad para establecer un acuerdo ético. La violencia es el fracaso del diálogo: se actúa en lugar de dialogar. La violencia es una forma de ejercer el poder mediante el empleo de la fuerza, ya sea física, psicológica y política, con la intención de producir daño. De hecho, el poder es la fuerza necesaria que sostiene esta violencia.

Aunque se hace un trabajo arduo sobre la violencia, el concepto de poder está inmerso en todo el escrito.

Siguiendo con la estructura del libro, el capítulo III aborda los estereotipos socioculturales y se pone énfasis propiamente en el sexismo. Es de suma importancia este apartado pues se reconoce que hay cambios visibles en la condición de la mujer en lo escolar, profesional, laboral, erótico, sexual y en la propia consideración del amor. Las autoras presentan los estereotipos de manera clara, preguntándose cómo enfrentar la situación de seguir manteniéndolos. La educación en estos roles tradicionales y estereotipos nos ha llevado a incrementar el maltrato de una manera evidente. Aunque las autoras no entran en el análisis del patriarcado, la misoginia y el sexismo, dejan ver estos conceptos a lo largo de todo su trabajo, pues definitivamente su análisis está planteado desde los patrones socioculturales, apuntando al paradigma patriarcal.

Posteriormente, en el capítulo IV las autoras nos acercan a ejemplos ilustrativos sobre lo que se ha esbozado hasta este punto, y lo titulan "historias personales". En éstas se reconoce que la violencia se ha perfeccionado hasta el punto de dejar a las mujeres inmovilizadas, lo cual representa la expresión más intimidante del machismo en nuestra sociedad. ¿Cómo entender los problemas sociales sin hacer mención de las experiencias que hemos presenciado o protagonizado sobre la violencia? En seis relatos se revela la dominación masculina (que no necesariamente se expresa por la fuerza), y la subordinación por parte de las mujeres. En cada ejemplo se entrelazan la desigualdad y el maltrato (en el libro se exponen cuatro formas de maltrato: emocional o psicológico, físico, sexual y económico).

En el capítulo V se desmenuzan los conceptos de maltrato, abuso, agresión, violencia, y se brinda un análisis de los propios conceptos; en el caso específico del término maltrato las autoras exhiben los diversos contextos en donde se desarrolla: macrosistema, exosistema, microsistema y nivel individual. Además, se hace énfasis en que el maltrato no sólo se da por la fuerza, ya que se presenta en cualquier sutil circunstancia social. Asimismo, de una manera sintética hacen énfasis en que la violencia atraviesa todos los grupos sociales y a todos los niveles culturales. Nadie se escapa. No obstante, para poder identificar un mal social es necesario reflexionar sobre nuestra posición con respecto a este mal, en este caso el maltrato.

¿Cómo podemos reconocer que las mujeres son maltratadas? Las autoras realizan un esfuerzo por caracterizar a las mujeres maltratadas y el por qué toleran este maltrato. Esto es presentado como las características de la mujer maltratada (capítulo VI). Realmente la problemática de no reconocer algún tipo de opresión en nuestras vidas (clase, raza, sexo, etnia, estratificación social) se deriva de un desconocimiento de nosotras mismas y de nuestro mundo. ¿A qué me refiero con esto? Precisamente en su trabajo las autoras nos demuestran la necesidad de que las mujeres conozcan sus derechos y nos ofrecen algunas generalidades al respecto para poder identificar la manera en que son violentadas así como violados sus derechos. La pregunta que presentan en este capítulo y que asimismo responden es: ¿qué lleva a la mujer a tolerar la violencia conyugal?

No obstante, a modo de esquema nos presentan al tipo de hombre maltratador y qué características posee (capítulo VII). Lo que muestran con esta caracterización es la responsabilidad de la cultura y la educación al crear una serie de marcas y estereotipos sociales que construyen alrededor de la identidad de los hombres, lo cual simboliza socialmente la esencia de la masculinidad y, por ende, lo que da significado y aprobación al actuar de los hombres respecto a las mujeres. Aquí se entiende el "permiso" social del maltrato.

Aunque las autoras muestran el maltrato como concepto central, a partir del capítulo VIII enfocan su análisis en la violencia. Desde ahí empiezan a trabajar el concepto de familia y los tipos de violencia que se producen, recrean y mantienen en las estructuras familiares; asimismo, hacen énfasis nuevamente en las mujeres como sujetos subordinados y marginales en las relaciones violentas de género.

Un punto que salta a la vista se refiere a los mitos sobre la violencia familiar, los cuales se mantienen generacionalmente en la estructura social, arropados por los estereotipos y las prácticas machistas, contribuyendo así a la reproducción del sexismo principalmente. Al presentar los mitos dentro de la esfera familiar las autoras se trasladan a otras esferas de la sociedad y todo ello teje un entramado que, en el transcurso del tiempo, se instaura como parte del paradigma hegemónico.

Por otro lado, de modo sintético clasifican a los hombres según las formas de ejercer el control: los intimidantes, los censuradores, los reservados y los manipuladores. Este recurso de ordenar en grupos facilita la visualización de la violencia y cómo, de una u otra manera, las mujeres han sido víctimas de cualquiera de estas formas.

En un esfuerzo por presentar la problemática de la violencia, el libro aborda otros destinatarios de ésta como los niños y los ancianos (capítulo IX). En el libro se propone un pensamiento diverso, que lleve a apostar por la erradicación de la violencia, para que finalmente, en las futuras generaciones que ahora representan los niños, sean estos últimos los que puedan ser instruidos en otros modelos de vida.

Así pues, las autoras trabajan de una manera muy atinada la violencia de los hijos hacia los padres y el caso de las mujeres violentas. Estos dos aspectos son importantes, pero destaca sobre todo el último ya que muchas veces beatificamos a las mujeres como víctimas de la violencia, sin considerar que otras veces ellas incurren en actos violentos; las mujeres como principales educadoras en los diversos ámbitos sociales, también son las primeras en transmitir las desigualdades de género.

Cuando el libro aborda la violencia social (capítulo X), propone dar continuidad a muchos esfuerzos por eliminar la violencia familiar y la violencia de género. un primer paso es visualizar el problema y denunciar al maltratador, no obstante, para ello se requiere la concientización de las víctimas sobre la importancia de la denuncia y los medios para lograrlo.

En este punto nos enfrentamos a tener en cuenta la necesidad de educar o reeducar en una equidad de género. En el libro se hace mención a José Sanmartín, director del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, que dice: "[...] sigue habiendo una tolerancia social al maltrato de la mujer y no estamos educando para superar el sexismo". Lo cual es muy acertado, puesto que nos damos cuenta de que se requiere una cultura de la paz en las relaciones de género, ya que en primer lugar es ineludible la denuncia del problema para después ejercer los derechos que hayan sido violentados. De ello se puede derivar una reeducación sobre un enemigo constante: el machismo. Desafortunadamente se sigue consolidando un machismo social de manera generalizada, y será sólo a través de esfuerzos como el de este libro, que iremos desmenuzando este tipo de pensamiento, hasta el punto de desestructurarlo de nuestras mentes.

Hasta aquí el libro presenta la problemática del maltrato haciendo hincapié en el concepto de la violencia. En efecto, podemos considerar el problema, pero ¿qué podemos hacer ante tal situación?

En el último capítulo se presentan algunas nociones para revertir la violencia, siendo ésta una especie de guía de trabajo académico, o un recurso para empezar a trabajar una investigación profunda, es decir, se puede utilizar de manera personal o en pequeños grupos.

Este capítulo pone énfasis en la educación y la transformación como aspectos para revertir la violencia. Cuando hablamos de educación estamos abriendo el camino para discernir la violencia que viven multitudes de mujeres en todas los aspectos de sus vidas. Para trabajar el cómo revertir la violencia las autoras diseñan puntos concretos como: tratamientos, terapias, trabajo en grupos, talleres y casas donde se acoge a las mujeres. Es importante destacar que para que exista una transformación tenemos que pensar en cómo se ha construido nuestra educación, pues ¿durante cuánto tiempo hemos sido educadas y educados bajo los mismos preceptos?

Este trabajo posee importancia en tanto se entienda al maltrato como una problemática realmente gigantesca, que se mantiene en la sociedad porque no hemos sido capaces de eliminarla ni de entender que la complejidad del maltrato es de índole preventiva y remedial. Es preventiva en cuanto nos propone algunos puntos para la detección de la violencia, y remedial porque reconstruye nuestros propios escenarios sociales, en los que experimentamos el maltrato como parte de lo cotidiano.

El libro es un esfuerzo por denunciar al maltrato como síntoma y enfermedad del siglo XXI, en el que ninguna sociedad se salva de ello. De esta manera considero que el texto resulta sugerente, crítico, pero también suficientemente digerible desde el punto de vista teórico. Es notable que a pesar de abordar varios tópicos dentro de la problemática de la violencia, se logre un trabajo bien compilado y pueda ser útil en la investigación de los estudios de género.

El libro de Mónica Caterberg y Ana Kipen es ejemplo de que los profesionales comprometidos con su trabajo pretenden la mejora de la sociedad. La diferencia social de los sexos es el punto central para dar pie a la violencia de género y al machismo generalizado. No obstante, esto está cambiando gracias a los esfuerzos que se realizan día a día, como el texto aquí presente.

Este libro nos ha enseñado los principales problemas que se presentan por tolerar el maltrato pero, a su vez, nos ha dejado ver que tenemos la capacidad de pensar en alternativas para superar este permiso milenario.

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