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Revista mexicana de sociología

versión On-line ISSN 2594-0651versión impresa ISSN 0188-2503

Rev. Mex. Sociol vol.68 no.4 México oct./dic. 2006

 

Reseñas

 

Luisa Paré, y Elena Lazos Chavero. Escuela rural y organización comunitaria: instituciones locales para el desarrollo y el manejo ambiental

 

Helio García Campos

 

(México: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales-Plaza y Valdés, 2003), 405 pp.

 

Estación de los Tuxtlas-Sierra de Santa Marta, Veracruz.

 

La educación ambiental, también de nominada recientemente educación hacia el desarrollo sustentable (Unesco), acumula ya más de 30 años de haberse constituido como un campo de práctica e investigación, a raíz de la institucionalización de las políticas internacionales y nacionales destinadas al abordaje de la problemática del deterioro ambiental y el manejo de los recursos naturales.

Luisa Paré y Elena Lazos presentan la sistematización de una serie de experiencias de educación ambiental realizadas en una región del sur del estado de Veracruz, México, tanto en ámbitos escolarizados como no escolarizados, compilando cuatro años de trabajos en los que se realizaron actividades y talleres, "durante los cuales se construyeron las matrices de los problemas que parecían ser los más graves o importantes y (que) sirvieron para identificar las alternativas que podrían solucionarlos". Su búsqueda estuvo enfocada en insertar una visión local-regional dentro de los programas escolarizados o vinculados a grupos comunitarios, para generar procesos participativos comunitarios orientados por el eje del manejo sustentable de los recursos naturales. Si bien la intervención educativa fue el instrumento a través del cual se propusieron abordar la problemática de las comunidades y la región, su propósito fue crear o asentar espacios de acción colectiva para desencadenar procesos de gestión ambiental, apropiados por los actores locales, más allá de la intervención de las asesoras o los agentes externos.

En México, así como en otros países de Latinoamérica, la mayoría de las personas dedicadas al campo de la educación ambiental han sido biólogos o profesionales formados en las ciencias naturales, y aunque en los últimos años esta tendencia ha tendido a equilibrarse con la participación de científicos y promotores sociales, artistas o técnicos, este libro, escrito por antropólogas y desde la "antropología de la acción", sigue siendo un suceso a la vez relevante y singular.

Se reconoce en la obra una diferencia importante en el planteamiento de las preguntas e hipótesis de las investigaciones involucradas con respecto a cómo lo haría un educador ambiental "estándar", pues las autoras no establecen como prioridad principal la atención de la "problemática ecológica", sino que abordan a ésta desde un enfoque más amplio, como problemática socioambiental, poniendo de relieve y partiendo de aspectos relacionados precisamente con el componente social. son abordados aspectos básicos tales como: el papel de la participación comunitaria como "nodo conflictivo" para entender y enfrentar los retos de la construcción de la sustentabilidad; la situación de las escuelas bilingües y su carencias y problemas estructurales; la percepción que los maestros y padres de familia tienen sobre el papel que juegan en relación con el ámbito burocratizado de las instituciones y las comunidades donde se desarrollan las experiencias educativas, así como las posibilidades y limitantes de la relación escuela-comunidad como un espacio de reflexión sobre el estado actual y futuro de los recursos naturales. Desde esta perspectiva, van engarzando paulatinamente otros elementos para explorar las maneras de reconstruir las relaciones sociedad-comunidad-entorno natural, uno de los objetos de la educación ambiental, dentro de la cual se ha discutido la posible superación de los "enfoques esencialistas", como los estrictamente conservacionistas que se han criticado a los profesionales con ascendencia en las ciencias naturales.

Con suficiente claridad se define el contexto donde se vivieron las experiencias, aspecto por lo general poco realzado en muchos trabajos de educación ambiental. En este caso el marco es el que constituye la sierra de santa Marta, en el sur del estado de Veracruz, región emblemática por contener en su territorio a la Reserva de la Biosfera Los Tuxtlas, el mayor espacio natural protegido de la entidad, habitado, entre otros grupos, por población nahua del sur, con quienes trabajaron las investigadoras. Los detalles sobre las instituciones escolares de las localidades, las condiciones bajo las que se impulsaron las iniciativas de intervención, los actores participantes, las apreciaciones sobre las relaciones entre los actores involucrados (magisterio, niños, padres de familia, directivos, autoridades, etcétera), permiten un panorama completo para comprender algunas de las razones por las cuales se dificulta la construcción de "comunidades educativas".

Uno de los núcleos de integración de los trabajos es el que se refiere a la indagación de lo que Paré y Lazos denominan las "instituciones locales para el desarrollo y el manejo ambiental", la escuela y la comunidad. Esta perspectiva conduce sus trabajos de educación ambiental, buscando respuestas sobre el cómo hacer realidad uno de los principales postulados del sistema educativo contemporáneo —la constitución de la "comunidad educativa"—, reconociendo que el proceso de enseñanza-aprendizaje sólo se puede dar involucrando a las familias y al conjunto comunitario donde se inserta la escuela.

En relación con el concepto de instituciones, comparten con algunos autores de la antropología y la sociología la perspectiva de que, entre la escuela y los grupos comunitarios "se desvanece la distinción entre regla y práctica, encontrando que más que una estructura fija de reglas estaría siendo constantemente reelaborada de tal modo que las prácticas cotidianas constituirían instituciones en un momento dado". En sus trabajos, sin embargo, ellas descubren la inexistencia de reglas, o cómo estas muchas veces no se cumplen, debilitando el importante factor organizativo que se proponen abordar.

En el libro destaca la variedad de enfoques a partir de los cuales se llevaron a cabo las intervenciones en las comunidades y en las escuelas. De hecho, en algunas de sus obras anteriores (Miradas indígenas sobre una naturaleza entristecida, 2000), ya las autoras habían marcado una pauta para esta región en particular, a partir de la recuperación de testimonios sobre la percepción de la población nahua de la sierra de santa Marta, acerca del proceso de deterioro ambiental ocurrido en el territorio en la segunda mitad del siglo XX. Dejaban en claro entonces su posición acerca de la necesidad de un cambio en las políticas educativas y agropecuarias, para lograr un buen manejo de los recursos naturales. En esta ocasión explicitan su orientación pedagógica hacia la definición o construcción de un "sujeto social con capacidad de encauzar las aportaciones de los agentes externos, o de dialogar con sus propuestas para impulsar un proceso de desarrollo regional desde adentro", lo que emprenden de manera central en Escuela rural y organización comunitaria, o sea, el análisis de las condiciones reales sobre las que se establecen los esfuerzos para formar a esos sujetos sociales por la vía educativa, con el propósito de investigar sobre los procesos dirigidos a impulsar la hoy denominada sustentabilidad del desarrollo en el ámbito rural.

Dedicados a la evaluación de sendos procesos de carácter educativo, estos trabajos no poseen los elementos de un análisis convencional sobre las intervenciones educativas, es decir, la aplicación y evaluación de un currículum como tal; sin embargo, destacan muchos de los elementos que normalmente se desatienden como parte del diseño curricular, en este caso, las características ambientales y culturales de la región, así como el papel de los agentes —sociales e institucionales— que influyen en los procesos educativos.

Una parte de las actividades se enfocaron al ámbito escolar, induciendo una serie de experiencias destinadas a movilizar propuestas concretas para la exploración de las posibilidades de vinculación entre los principales actores de la "comunidad educativa": los directivos, los docentes, los alumnos y los padres de familia. Al haberse llevado a cabo en comunidades indígenas, uno de los aspectos que destacan es el análisis particular de lo que concluyen en denominar "el fracaso de la enseñanza bilingüe".

La otra vertiente de los trabajos se realizó alrededor de experiencias de organización de grupos comunitarios para la realización de proyectos productivos: uno, el proyecto artesanal para carpinteros de la comunidad indígena de Pajapan, y otro sobre ecoturismo comunitario en la Reserva de la Biosfera. Estos casos sirven para indagar el impacto que dos propuestas productivas innovadoras tuvieron en su momento, para contribuir a la viabilidad social y económica de proyectos orientados hacia la búsqueda de procesos de apropiación sustentable de los recursos.

En el libro existen referencias concretas al papel de los agentes externos, en este caso las investigadoras, quienes conducen propiamente —fuera del currículum escolar, pero en el espacio pedagógico de la escuela —el proceso educativo, procurando obtener y mantener el interés y la colaboración de los docentes o directivos de las instituciones u organizaciones. A diferencia de otros trabajos dentro de la educación ambiental que se limitan a sistematizar o a describir lo que pasa en el aula o en el entorno donde se lleva a cabo la intervención educativa, aquí son las investigadoras las que "agitan" el proceso educativo en las comunidades, en el aula o fuera de ella, con la intención de valorar sus efectos o permitir que se expresen las condiciones que permiten, o no, la instauración de las propuestas.

Aunque no se explicitan siempre las influencias teóricas, normativas, institucionales y los agentes —presentes o distantes— en la conformación de este proceso curricular no formal, es evidente que las perspectivas como las que plantean la "planeación participativa", las "innovaciones locales para la sustentabilidad", la "educación de adultos", la "educación popular ambiental" y la "agroecología", por mencionar las más notorias, tuvieron un lugar durante la organización y la gestión de estos trabajos.

Paré y Lazos mencionan que, aunque existen avances importantes en cada uno de los casos en que intervinieron, algunos de ellos no se consolidaron o rindieron los frutos esperados. sin embargo, este trabajo no se proponía sólo demostrar la viabilidad de la intervención educativa realizada, sino analizar y explorar los retos que conlleva la creación de una propuesta orientada a formar cuadros locales, activos, protagonistas directos de la construcción de una cultura proactiva hacia la sustentabilidad del desarrollo.

Una pregunta que orienta sus propósitos de investigación es: ¿por qué cuando se trata de llevar a la práctica la instrumentación y la operativización de la sustentabilidad, se encuentran rápidamente sus límites? Refieren entonces una serie de casos donde se aprecian las frecuentes causas del desencuentro entre las comunidades y el magisterio, entre otros; el nivel de anquilosamiento burocrático; "los individualismos, los conflictos, el clientelismo y las relaciones de poder". Aparentemente los casos de éxito en la vinculación escuela-comunidad son muy escasos, pero la única manera de conocer su dinámica es la generación y evaluación de experiencias concretas como las que aquí se presentan.

La otra modalidad de intervención se propone explorar la interacción de las dinámicas donde confluyen los criterios de mercantilización con los valores de la conservación y la ética de bienestar colectivo comunitario. Alrededor de los casos de organizaciones de artesanos carpinteros y un grupo de ecoturismo comunitario, se exploran algunas vías pedagógicas para la sensibilización sobre el uso depredatorio y antisustentable de los recursos naturales. Una es el proyecto de reconversión de carpinteros motosierristas en artesanos, que identifica y persigue fortalecer el nivel organizativo y normativo de las organizaciones para contrarrestar los malos manejos y la falta de transparencia de una protoempresa, con perspectivas de certificarse con un ecolabel. La otra es la instauración y la adaptaciones que sufre un proceso para promover el uso ecoturístico en la comunidad de Adolfo López Mateos. En ambos casos la preocupación es que el aspecto económico productivo no avasalle las posibilidades de construir una nueva manera de apropiación de los recursos naturales y los correspondientes valores proambientales.

Finalmente, al hacer el balance de las experiencias presentadas, Paré y Lazos reflexionan sobre la insuficiencia de trabajar solamente con el propósito de reconstituir a las instituciones tradicionales para lograr un uso cuidadoso de los recursos naturales, dada la avanzada condición de deterioro que sufren las comunidades indígenas y los grupos campesinos en los mecanismos para tomar acuerdos locales consecuentes con el propósito de mejorar las relaciones de dependencia sociedad-naturaleza a esa escala.

Destaca por ello su aseveración de la dimensión política que la educación ambiental debe tener, considerando

la alta variabilidad ambiental que se da en espacios pequeños y en tiempos cortos; la heterogeneidad comunitaria donde las relaciones de poder son fundamentales para entender las instituciones que, a distintos niveles, influyen en el acceso y control sobre los recursos; la existencia de instituciones externas y actores no locales; el traslape de las instituciones (locales, regionales y externas) y su compleja interacción, y las asimetrías en el acceso al poder y a la información (lo que ha) generado una falta de confianza y de cooperación, (bloqueando) constantemente las intenciones de una acción colectiva alrededor de un interés común.

Así, las sugerencias que se hacen tanto a los cuadros institucionales, directivos y magisteriales, como a las comunidades involucradas en proyectos innovadores productivos con una orientación hacia la sustentabilidad, subrayan la importancia de seguir poniendo en marcha iniciativas que permitan producir insumos de utilidad para los programas de educación ambiental en la región. Sin ser estos esfuerzos del todo nuevos, quienes realicen actividades en este campo se podrán sentir ahora estimulados por la pauta que han inaugurado estas enriquecedoras experiencias.

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